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sábado, 23 de mayo de 2026

Zuza Knez, cantautora: «Luchaba contra la depresión, ansiedad, trastornos alimenticios y el trastorno obsesivo-compulsivo y encontré a Dios de la forma más profunda, que me guiaba y me transformó en mi interior»

Zuza Knez en los momentos más difíciles de su vida es cuando se encontró profundamente con Dios  / Foto: Archivo Zuza Knez 

* «Lo que más deseo es fortalecer mi relación con Dios. Invitarlo cada vez más a mi vida diaria, aprender a confiar en Él, vivir consciente de su presencia. Sueño también con una familia basada no solo en la religiosidad, sino en una verdadera relación con Dios, en el amor, el respeto y el apoyo mutuo. Quiero seguir creando música. Aún no sé adónde me llevará, tal vez conciertos, conferencias, nuevos proyectos. Solo sé que quiero hacerlo para su gloria. Siento también que mi vocación es acompañar a las personas: hablar con ellas, brindarles apoyo y compañía. Por eso estoy considerando la enfermería. Trabajar con ancianos, personas con discapacidad y quienes reciben cuidados paliativos es algo que me toca muy de cerca. Me gustaría estar a su lado en los momentos difíciles, para brindarles paz, esperanza y compañía»

Camino Católico.- Zuza Knez es una joven cantautora y creadora de contenido polaca dedicada a la música cristiana contemporánea. Su trabajo se centra en compartir su fe y testimonio a través de canciones y redes sociales, utilizando plataformas como Spotify y YouTube para difundir su mensaje. Ella misma define su creación como música "para la gloria del Señor". Durante años, luchó contra la ansiedad, los trastornos alimenticios, la sensación de vacío y la escrupulosidad. Hoy, alza la voz para apoyar a otros. La historia de Zuza Knez demuestra que incluso la crisis más difícil no tiene por qué ser el final, y que Dios puede encontrarse en el sufrimiento. Esta es su historia vital.

Con un gran vacío interior se encuentra con Dios 

“Mi relación con Dios ha cambiado mucho con el paso de los años. Vengo de una familia muy religiosa, así que la religión ha sido importante para mí desde la infancia. Siempre he tenido este deseo de estar cerca de Dios. Sentía un anhelo por Él en mi interior, que mi alma me impulsaba en esa dirección. Pero durante mucho tiempo, no entendí que la fe es una relación, no solo religiosidad. Sentía algo que me atraía, pero no sabía bien qué era. Cuando era adolescente, viví crisis más serias. Seguía yendo a la iglesia, pero a menudo lo hacía más por obligación que por convicción interior. Surgieron muchas preguntas, dudas e incertidumbres. Y fue entonces —paradójicamente, durante un tiempo de adversidad— cuando algo empezó a cambiar. Las experiencias difíciles me dieron espacio para profundizar. Para buscar a Dios de verdad, no solo por costumbre. Entonces empecé a experimentar su acción y su amor. Esta relación empezó a cobrar vida. Comprendí que no era algo añadido a la vida, sino la fuente de sentido. Hoy puedo decir que para mí Dios ya no es solo importante de nombre, sino que es realmente lo más importante”, cuenta a Misyjne

Su cambio vital de construir una relación con Dios “fue cuando tuve la primera experiencia de vacío interior. Atravesaba un momento difícil y sentía claramente que me faltaba algo. Que había un vacío interior que nada podía llenar. Fue entonces cuando Dios empezó a manifestarse de una forma diferente, más personal. No como una idea, ni como un conjunto de reglas, sino como Alguien real. El cambio de entorno también me ayudó muchísimo. Conocí a personas que vivían su fe de una manera auténtica. Empecé a conectar con comunidades, a participar en diversos eventos y a conocer gente para quienes la fe era la vida. Esto tuvo un gran impacto. En aquel momento, atravesaba una etapa muy difícil, sobre todo en mi segundo año de instituto. Luchaba contra la depresión, trastornos alimenticios y el trastorno obsesivo-compulsivo. Era una época agotadora mentalmente. Y, sin embargo, fue allí donde encontré a Dios de la forma más profunda. La terapia también me ayudó. Encontré una terapeuta que también era creyente. Durante nuestras conversaciones, nunca me impuso nada, sino que me ayudó a descubrir el sentido de la vida, a organizar la realidad y a encontrar a Dios en todo ello. Fue un proceso lleno de altibajos, pero fue entonces cuando la relación con Dios comenzó a hacerse real”.

Zuza Knez en las experiencias vitales de oscuridad y enfermedad pudo construir una profunda relación con Dios  / Foto: Archivo Zuza Knez 

“Un paso importantísimo fue cuando empecé a abrirme a los demás”

La cantautora durante ese difícil periodo asegura que “tuve momentos en que pensé que la vida no tenía sentido y me preguntaba si Dios existía. Cuando uno atraviesa la oscuridad, surgen pensamientos muy difíciles. Especialmente durante períodos de depresión severa, tuve momentos en que todo parecía carecer de sentido. También tuve pensamientos suicidas o de autolesión. Pero nunca actué. A pesar de todo el sufrimiento, sentía profundamente que la vida era un regalo. Que era algo sagrado. Esto me frenaba. En ese momento todavía estaba bastante perdida, incluso en mi fe, así que surgieron preguntas y dudas. Era natural. La enfermedad afecta la forma en que piensas, cómo percibes el mundo y tus emociones. Pero de repente, en un momento de crisis, recibí el regalo de la gratitud y un sentido de significado. Era algo que no podría haberme dado a mí misma. Comencé a ver que incluso este sufrimiento podía transformarme. Estaba agradecida no por el dolor en sí, sino porque Dios me guiaba a través del proceso que vivía. Que no me estaba arreglando de una vez por todas, sino transformándome en mi interior, en lo más profundo. Y hoy sé que fue un regalo tremendo. Pero al mismo tiempo, mi relación con Dios en ese momento también era difícil. Me convertí en escrupulosa, algo con lo que mi confesor me ayudó mucho más tarde a lidiar.

Zuza Knez explica con detalle cómo y cuándo fue consciente que algo en ella andaba mal: “No fue en un momento preciso, porque todo se desarrolló a lo largo de los años. Ya en sexto grado, comencé a experimentar problemas con el trastorno obsesivo-compulsivo. Esto me acompañaba de una ansiedad considerable. Más tarde, aparecieron síntomas depresivos. Ya al ​​final de la primaria y al comienzo de la secundaria, era evidente que algo me pasaba, también en lo que respecta a la alimentación y la autoimagen. Al principio, no podía identificarlo. Sentía que algo andaba mal, pero no sabía exactamente qué me sucedía. Recuerdo que intenté consultar con un psicólogo en ese entonces, pero aún no estaba preparada para una relación a largo plazo. Me aislaba y me decía a mí misma: ‘Quizás no sea nada grave’. No fue hasta mi segundo año de preparatoria que encontré terapia, casi por casualidad. Estaba pasando por momentos difíciles y una amiga me sugirió que probara la terapia. Fui y fue una de las mejores decisiones de mi vida. La terapia me ayudó a comprender lo que me sucedía. Pero un paso importantísimo fue cuando empecé a abrirme. Durante mucho tiempo, no le conté a nadie lo que me pasaba. Era ambiciosa, perfecta y todo parecía estar bien. Por fuera, todo se veía bien. Entonces empecé a contarles la verdad a mis amigos y familiares.  

Llegó un momento que tomó conciencia que lo que le pasaba era serio: “Tras una larga enfermedad, sufrí un episodio anoréxico muy grave. Fue el peor momento de mi vida, una experiencia límite. Mi cuerpo estaba completamente agotado, al igual que mi mente. Fue entonces cuando algo se rompió. Me sacudí y sentí la necesidad de luchar por mí misma. Mis padres tuvieron que intervenir porque la situación era muy grave. Volví a terapia, consulté con una psiconutricionista y comencé un tratamiento psiquiátrico. La experiencia con la medicación también fue muy importante para mí. Gracias a ella, comprendí que no se trataba solo de mi debilidad o falta de fuerza de voluntad, sino de un problema real con una dimensión biológica. De repente, el mundo empezó a verse más brillante. Me resultó más fácil levantarme, actuar y retomar mi vida cotidiana. Eso no significa que todo desapareciera de inmediato, pero había espacio para la recuperación.

Zuza Knez le gustaría formar una familia y que sus hijas la vean y se vean así mismas hijas del Rey: Hijas de Dios / Foto: Archivo Zuza Knez 

“Dios vivió conmigo la enfermedad”

Respecto a si culpaba a Dios de lo que sucedía comparte que “hubo momentos así. No en el sentido de acusar a Dios de ‘Tú me hiciste esto’, sino más bien en el de la incomprensión. Me preguntaba: ‘¿Por qué está pasando esto?’: ‘¿por qué está tardando tanto?’; ‘¿Qué sentido tiene todo esto?’. Era más ira, fruto de la impotencia, que rebelión contra Dios. No entendía el significado de este sufrimiento. Hoy lo veo de otra manera. No creo que Dios me enviara la enfermedad. Pero creo que Él la vivió conmigo y fue capaz de sacar algo bueno de ella”.

Zuza Knez habla de cómo está actualmente: “Hoy me encuentro en un lugar completamente diferente. Los trastornos alimenticios son un proceso del que se tarda mucho en recuperarse. Incluso cuando los síntomas remiten, quedan ciertas cicatrices, como patrones de pensamiento, reflejos y sensibilidades. No diría que sufro de anorexia o bulimia hoy en día. Ya no tengo los síntomas típicos. Pero sé que esta experiencia deja huella, y a veces vuelven los momentos difíciles, sobre todo en épocas de estrés o de mucha intensidad en la vida. Después de mi episodio anoréxico, recuperé peso e incluso lo subí. Esto puede ser difícil para mí porque todavía estoy aprendiendo a verme de forma saludable. Pero hoy me centro mucho más en cuidarme que en controlarme. También pienso en el futuro. Me gustaría tener hijas algún día, y quiero que, cuando me miren, vean a una mujer que conoce su valor como hija del Rey, y que ellas mismas se vean como hijas hermosas y valiosas del Rey: Dios.

Los episodios de escrupulosidad que se manifestaron en su fe dice que “para mí, estaban estrechamente relacionados con el trastorno obsesivo-compulsivo. Tenía pensamientos intrusivos y blasfemos sobre Dios, los santos y la fe. Eran completamente indeseados, pero cuanto más intentaba alejarlos, más volvían. Me hacía sentir como la peor persona del mundo. Pensaba que era terriblemente pecadora y sentía que esto me alejaba de Dios. Hubo momentos en que dejé de comulgar porque sentía que no era digna. Y a menudo, no se trataba de pecados, o solo de pecados veniales. También tenía un perfeccionismo moral enorme. Todo tenía que ser perfecto. Revisaba las cosas una y otra vez. Tenía miedo de cometer el más mínimo error. Confesarme era muy difícil en aquel entonces. Me confesaba durante mucho tiempo, analizaba los detalles y volvía a pensar en lo mismo. Solo un buen confesor me ayudó mucho. Gracias a él, empecé a comprender qué es realmente el pecado y qué es la enfermedad.

La música le acerca a Dios

Siguiendo el Instagram de Zuza Knez, ella explica que la música te acerca a Dios: “La música me ha acompañado desde la infancia. Siempre he cantado, tocado y creado. Experimenté con diferentes estilos, aprendí y busqué mi camino. En algún momento, me di cuenta de que quería que mi música tuviera significado. Empecé a escribir canciones, tocar la guitarra y crear mi propia música. Desde niña, también soñé con tener mi propio canal de YouTube. Con el tiempo, descubrí que la música cristiana es la que me aporta mayor significado. Esa que trae esperanza. Que puede convertirse en una oración. En uno de mis viajes, me acerqué a la gente por primera vez. La respuesta fue maravillosa. Cantaron conmigo, aprendieron las letras y oraron a través de las canciones. Fue una experiencia extraordinaria. Fue entonces cuando me di cuenta de que quería seguir este camino de forma más consciente. Empecé a grabar, publicar y desarrollarme. Hoy, la música es una herramienta para mí. Creo que Dios puede tocar corazones y ayudar a otros a través de ella”.

Zuza Knez desea vivir siempre en presencia de Dios / Foto: Archivo Zuza Knez 

Preguntada sobre qué se diría hoy así misma si estuviera deprimida, tuviera un trastorno alimenticio y sintiera que no tenía salida, ella responde: “Primero, me gustaría entenderme mejor. No con eslóganes, sino preguntándome: ‘¿Por qué estás aquí? ¿Qué te falta? ¿Qué te duele de verdad?’. Porque a menudo, debajo de los síntomas, hay una necesidad más profunda de amor, atención, seguridad, relaciones, una necesidad de ser valorada. También le diría a Zuza que no se rinda. Que se responsabilice de su proceso. Que permita que otras personas entren en su vida. También le diría que el mundo no gira en torno a su apariencia. Que a la gente le importa más quién eres que cómo te ves. Y que, aunque te desvíes del camino correcto muchas veces, lo más importante es volver a encarrilarte. No la perfección, sino volver a encarrilarte es la clave”.

Zuza Knez concluye explicando que desea para su futuro: “Lo que más deseo es fortalecer mi relación con Dios. Invitarlo cada vez más a mi vida diaria, aprender a confiar en Él, vivir consciente de su presencia. Sueño también con una familia basada no solo en la religiosidad, sino en una verdadera relación con Dios, en el amor, el respeto y el apoyo mutuo. Quiero seguir creando música. Aún no sé adónde me llevará, tal vez conciertos, conferencias, nuevos proyectos. Solo sé que quiero hacerlo para su gloria. Siento también que mi vocación es acompañar a las personas: hablar con ellas, brindarles apoyo y compañía. Por eso estoy considerando la enfermería. Trabajar con ancianos, personas con discapacidad y quienes reciben cuidados paliativos es algo que me toca muy de cerca. Me gustaría estar a su lado en los momentos difíciles, para brindarles paz, esperanza y compañía”.

viernes, 19 de diciembre de 2025

Belén Ayuso, cantante católica: «Cantaba reguetón, me sumergí en el sexo, el alcohol, caí en depresión y le clamé a Dios: `Si existes, o me sanas o me llevas contigo; si me sanas, te dedico mi vida y mi voz para siempre’; y Él me sanó»

Belén Ayuso contando su testimonio en 'Ecclesia es Domingo' de 13 TV

* «Yo me siento completamente un milagro, soy testigo de la misericordia tan grande que tiene Dios, porque yo he sido muy perdonada. Dios ha cambiado mi manera de sentir, mi manera de pensar, mi manera de tratar a los demás. Las liberaciones son muy dolorosas, Dios tiene que destruir todo lo que tú eres para convertirte en lo que Él quiere que seas» 

Vídeo del testimonio de Belén Ayuso en el  programa 'Ecclesia es Domingo' de 13 TV

Camino Católico.-  La cantante Belén Ayuso, conocida por su pasado en el reguetón y por su proceso de conversión, ha relatado en 'Ecclesia es Domingo' de 13 TV un recorrido vital marcado por la oscuridad, la búsqueda y, finalmente, una profunda experiencia de fe. Durante la conversación, la artista murciana ha compartido cómo ha transformado su vida, su música y su relación con Dios tras años de ansiedad, depresión, malas compañías y violencia de género.

Ayuso asegura estar viviendo una etapa completamente renovada. “En mi vida ahora mismo tengo una paz que me da Dios, que me permite hacer todo esto con muchísima ilusión”, ha confesado la artista, subrayando el contraste con su pasado artístico: “Yo vengo del reguetón y mis letras iban en contra de todo lo que dice Dios: apología a las drogas, alcohol, lujuria, todo lo que va en contra de la palabra de Dios.” 

La artista admite que el cambio ha sido tan radical que sólo puede atribuirlo a la acción divina. “Yo me siento completamente un milagro, soy testigo de la misericordia tan grande que tiene Dios, porque yo he sido muy perdonada”.

Preguntada por si en la actualidad encuentra espacios donde expresarse sin ser juzgada, Belén Ayuso reconoce avances, aunque también episodios incómodos: “Tengo espacios donde puedo hablar de mi fe con total libertad, pero hace un par de días, en una televisión nacional, pasé un mal trago que no te puedes imaginar”. 

Aun así, la cantante siente que el clima cultural ha cambiado y que cada vez más artistas hablan de espiritualidad sin complejos. En este sentido, afirma sentirse preparada: “Aunque tenga críticas, aunque muchas personas no lo entiendan, yo me siento muy fuerte y me da muchísima felicidad cantar para Dios”.

Belén Ayuso empezó a cantar reguetón y sumergirse en ambientes no adecuados

Reguetón, malas compañías, depresión y ansiedad 

La cantante ha explicado que empezó en el mundo del reguetón empujada por una adolescencia marcada por la rebeldía: “Yo era una pieza que no te puedes imaginar, me encantaba la fiesta, salir por la noche... Me junté con muy malas compañías, que me incitaban a salir, a beber, lo típico. En ese momento, me sentía muy perdida, con muy malos hábitos, y lo que quería era cantar reggaetón porque lo que me gustaba era bailar y salir de fiesta”. 

Su relación con su familia también se deterioró en esa etapa: “Yo era un toro desbocado, mis padres son muy tradicionales, trabajadores, con bases cristianas, y ver que su hija se tira al reggaetón con ese tipo de letras estaban escandalizados”.

Belén reconoce que “yo en ese momento estaba llena de pecado, llena de mal, en la oscuridad. Siempre digo que el infierno existe porque yo he estado en él. El infierno es un estado físico, mental, psicológico, espiritual, es como sentirte en una cárcel de la cual no puedes salir. Tenía mucha ansiedad, depresión, y estaba medicada: “Las pastillas me relajaban, pero no me daban la paz, sobrevivía”, ha recordado.


Así era la estética de Belén Ayuso antes de convertirse a Cristo

Sexo, alcohol y prácticas esotéricas

Reconoce que “mi espíritu no estaba en sintonía con el Señor, como estoy ahora, que canto para Dios y siento una paz, aunque tenga problemas, porque todos en este mundo tenemos problemas, pero la diferencia es que Dios te da una paz en medio de esos problemas que yo no quiero perderla por nada del mundo. Y le pregunto al Señor: ‘¿por qué me has dejado pasar por todo esto si Tú me amas?’  Y el Espíritu Santo me reveló que Dios me ha permitido pasar por toda esa oscuridad porque sabía perfectamente que el tocar tan bajo me iba a permitir mirarlo, acercarme al Señor, y que ya una vez que yo estuviera en esa presencia de Dios, yo ya nunca querría volver atrás”.

De hecho, “me había adentrado en el en sexo, alcohol... Todo lo que te puedas imaginar. Por eso, siempre digo que las oraciones nunca son en balde. Mi abuela, por ejemplo, rezaba muchísimo por mí en esa época y yo siempre le digo: ‘abuela, gracias a tus oraciones, me encontré con el Señor’.

En esa búsqueda de alivio, Belén Ayuso admite haber entrado en prácticas esotéricas: “Nosotros estamos diseñados para vivir en la presencia de Dios. Muchas veces intentamos llenar ese vacío que solo llena Dios con cosas que si tú estás lejos de Él no son las adecuadas. En mi caso fue con las cartas. Practicaba adivinación a través de cartas, me entró un espíritu de adivinación” relata la artista, precisando que llegó a acertar predicciones a sus amigas. Pero asegura que aquello abrió una puerta peligrosa: “Me empezaron a pasar muchas cosas en casa… caí muy enferma”.

Belén Ayuso sumergida en el esoterismo adivinaba con las cartas del taror

El encuentro con Dios y la sanación

Ese deterioro emocional y espiritual la llevó finalmente a una certeza: “Ni pastillas, ni psicólogos… nada. O acudía al más grande o de ahí no me sacaba nadie”, señala tajante.

Ella admite que “no tengo ni palabras para explicar cómo lo hizo el Señor. Entré en esa depresión tan mala, en esa ansiedad, y me rendí ante el Señor porque yo ya no quería vivir, sobrevía, Siempre he creído en Dios, pero no siempre lo obedecía. Yo estaba muy alejada de Dios. Pensaba que me iba a ir mejor vivir a mi manera. Vivía como si alguien me estuviera asfixiando, así. Todo el día cogiendo aire, muy mala”.

Y llegó el momento crucial: “Un día me rendí ante el Señor y le dije: ‘Señor, si tú existes, que sé que existes, por favor, te lo pido, sáname, porque yo así ya no quiero vivir. O me sanas o me llevas contigo. Yo te prometo que si tú me sanas, Señor, y me quitas toda esta enfermedad, todo este mal, yo te dedico mi vida y mi voz para siempre’. Y Dios me sanó”.

Belén Ayuso cantando a Dios después de que Él la sanara

Maltrato de género manipulando en nombre de Dios

Uno de los testimonios más duros de Belén Ayuso ha sido cuando ha compartido el maltrato que sufrió en una relación. “Ha sido el proceso más complicado y difícil de mi vida, cuando eres una mujer que sufres violencia de género, no quieres contarlo por no hacer sufrir a la familia”. 

La manipulación emocional marcó aquella etapa: “Entré en un bucle, él utilizaba mucho el tema de Dios para manipularme”. En medio de ese aislamiento, su fe se convirtió en refugio: “Una mujer maltratada suele estar muy sola, yo ahí necesité muchísimo del Señor”, apunta.


Belén Ayuso ahora evangeliza con la música y la Palabra de Dios

Tras su proceso de conversión, Ayuso describe una profunda renovación personal: “Dios ha cambiado mi manera de sentir, mi manera de pensar, mi manera de tratar a los demás”.

Pero admite que no fue fácil: “Las liberaciones son muy dolorosas, Dios tiene que destruir todo lo que tú eres para convertirte en lo que Él quiere que seas”. Esta reconstrucción afectó todos los ámbitos de su vida, incluida su relación con sus padres: “Ha cambiado muchísimo, nos ha llenado a todos de luz”, agradece.

martes, 24 de septiembre de 2024

Dios es un Dios de presente / Por Conchi Vaquero

 


Camino Católico.-  La enseñanza la realiza Conchi Vaquero Callejas, laica casada y madre de dos hijos, miembro de la Comunidad Familia, Evangelio y Vida, quien reflexiona en esta enseñanza sobre la acción de Dios en nuestra vida. Dios es un Dios de presente y en nuestra oración y en cada situación debemos experimentar que somos amados profundamente por Él. Pensar en el futuro nos trae ansiedad y depresión porque nos centramos en unas preocupaciones y problemas que no existen.

Conchi Vaquero pertenece también al grupo de oración Familia, Evangelio y Vida de la parroquia de la Inmaculada Concepción de Vilanova i la Geltrú, Barcelona, España, donde ha sido grabada en directo esta charla, el lunes 28 de marzo de 2011.

domingo, 14 de julio de 2024

Amanda Grace golpeada por el aborto, la ansiedad y el alcohol, clamó a la Virgen: «Quítame la obsesión por el alcohol. Me salvó y me quitó la adicción»

 


* «Fue la Virgen. Cuando me mostró su amor lloré de alegría:  Estaba a punto de morir y la Virgen me salvó… Dios te está esperando para que le llames y pueda obrar milagros en ti como ha hecho en mí»

Camino Católico.-  Aunque Amanda Grace conocía la fe desde pequeña porque fue criada en una familia católica irlandesa, el ritmo que fue tomando su vida, que giraba en torno a sus estudios, amigos, etc, la llevó a un profundo alejamiento de Dios. Pero acabó refugiándose del vacío en el que vivía hundiéndose en el alcohol, vicio que tomó el control de su vida hasta el punto de convertirse en una alcohólica. Un programa de doce pasos y el reconocimiento de su propia debilidad la fue llevando de regreso a los brazos del Señor y de la Virgen, a quien tenía una especial devoción y a quien acudía como madre ante cualquier dificultad.

El padre de Amanda era miembro de la Legión de María y asiduo a peregrinaciones marianas y es quien le inculcó la devoción a la Virgen. Tal y como explica Amanda Grace en el programa de testimonios «Cambio de Agujas» de de H.M. Televisión, que se visualiza y escucha en el video superior, “siempre la sentía cercana” y cuando tenía dificultades, continuamente la llamaba y recibía su ayuda: “Estaba embelesada por su manto, la veía siempre junto a mí y desde que era una niña la rezaba con frecuencia”.

miércoles, 19 de enero de 2022

Alix vivía desde niña graves crisis de ansiedad: «Grité a Dios: ’¡Haz algo. Es demasiado para mí!’ Hizo que personas me ayudaran. Me ha enseñado a confiar en Él»

 


* «A mis ojos, Dios estaba ahí cuando todo pasaba y ausente cuando las cosas no iban. Sin embargo, en ese instante, la muerte de Jesús, Hijo de Dios, en la cruz y lo que padeció por cada uno de nosotros se hizo algo concreto. Comprendí que mis angustias, esos clavos que me traspasaban, Él también los vivía, conmigo. Eso nos unió de una forma mucho más sincera y completa que antes»

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miércoles, 25 de junio de 2014

Anna Clendening: De la ansiedad y la depresión al Aleluya en el escenario televisivo del programa “America’s got talent”

25 de junio de 2014.- (Mauricio Artieda /Catholic-link.com / Camino Católico) Anna Clendening es una joven británica de 20 años. Sufre de un cuadro médico de ansiedad y depresión. Durante mucho tiempo su difícil condición la mantuvo siempre en casa, alimentando miedos que la alejaban del contacto con otras personas. Con la ayuda de sus padres descubre la música y encuentra en ella un instrumento para sobrellevar la angustia y una fuente de valoración y estima personal. Su presentación en “America’s got talent” es impresionante.

martes, 20 de marzo de 2012

El camino de Devin Rose: ateo orgulloso, agnóstico deprimido, protestante dudoso, católico ferviente


* Viviendo con ansiedad y continuos ataques de pánico llegó a desear la muerte hasta que, después de muchos años, rezó su primera oración: «Dios, tú sabes que yo no creo en ti, pero estoy en problemas y necesita ayuda. Si eres real, ayúdame»

* «Dios se precipitó y era como nada de lo que antes hubiera podido experimentar. Me dio el coraje y la fuerza para afrontar mis ansiedades y empezar a superarlas […] Dios me dio esperanza para hacerle frente a mi desesperación, y la fe y el amor empezaron a sanar mis profundas heridas»

26 de marzo de 2012.- Devin Rose nació en una familia de tradición cristiana, entendiendo con eso que lo eran sólo de nombre. De hecho, en casa le habían inculcado que los hombres provenían de una evolución del “fango original”. Por eso, no es de maravillarse que en su adolescencia, una vez obtenido el uso de razón, Devin se haya declarado con orgullo no creyente. Había nacido un ateo.

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miércoles, 17 de septiembre de 2008

Testimonio de Clara después de haber abortado

Clara es una mujer que abortó y comparte su testimonio de lo que ha sufrido por años, su vida nunca ha vuelto a ser la misma; actualmente ella está en tratamiento para rehabilitarse del Síndrome Posaborto en el Instituto para la Rehabilitacion de la Mujer y la Familia A.C. (IRMA)
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viernes, 13 de junio de 2008

La psicología redescubre el poder del perdón

Entrevista con Robert Enright
El perdón es de Dios y no podemos pensar en el perdón como una técnica psicológica más


MADISON (Wisconsin), (ZENIT.org).- El mensaje evangélico del perdón ha llevado a la fundación de un instituto psicológico, que demuestra su eficacia para la curación personal y la paz en el mundo.

Robert Enright, psicólogo, creó el Instituto Internacional del Perdón en 1994 con el fin de aplicar años de investigación en la práctica del perdón. Es coautor de «Helping Clients Forgive: An Empirical Guide for Resolving Anger and Restoring Hope» (Ayudar a los clientes a perdonar: Guía empírica para Resolver el Odio y Restaurar la Esperanza”), publicado por American Psychological Association Books, 2000.

En esta entrevista, el doctor Enright comparte con Zenit sus conclusiones.

--¿Qué efectividad ha tenido el perdón como terapia?

--Enright: ha sido muy variada. Algunos grupos de investigación obtuvieron excelentes resultados científicos con la terapia del perdón, mientras que otros no.

Como afirma Richard Fitzgibbons en nuestro libro, una causa de los diferentes resultados es el tiempo y el cuidado que el terapeuta dedica al paciente.

Perdonar a otro por una profunda injusticia lleva su tiempo. Los instrumentos de cura a menudo insisten en la terapia «breve», la cual no da suficiente tiempo al cliente para recorrer el itinerario doloroso y terapéutico del perdón.

Uno de nuestros proyectos de investigación, con Suzanne Freedman, de la Universidad de Northern Iowa, era con sobrevivientes de incestos. Estas valientes mujeres necesitaron mucho tiempo, en torno a un año, para perdonar a quienes habían abusado de ellas. Valió la pena el esfuerzo.

Cuando comparamos el grupo experimental, que ha recibido terapia del perdón, con un grupo de control que no la ha recibido, en el primero se reduce de manera significativa la ansiedad y la depresión. Después de que el grupo de control iniciara y completara la terapia del perdón, ambos mostraron una mejora significativa en sus síntomas de ansiedad y depresión.

Aunque un año parece mucho tiempo, deberíamos darnos cuenta de que algunas de las mujeres sufrían desórdenes emocionales desde hacía 20 ó 30 años antes de perdonar.

Vemos resultados similares con otros grupos: hombres y mujeres en comunidades de rehabilitación de drogas; pacientes terminales de cáncer; matrimonios a punto de divorciarse; adolescentes presos; pacientes cardíacos y otros.

--¿Qué pasos debe dar una persona que desea curarse mediante el perdón?

--Enright: Seguir el propio itinerario de perdón es otra razón del éxito observado en la terapia del perdón. El doctor Fitzgibbons y yo ofrecemos un itinerario de perdón, científicamente avalado en nuestra obra. Este itinerario es ampliamente descrito en mi libro «Forgiveness Is a Choice» («El perdón es una opción») para el público en general.

En este itinerario, en primer lugar, las personas deben reconocer que han sido tratadas injustamente, reconocer humildemente que esto les ha supuesto un choque emocional y que están verdaderamente enfadadas.

A continuación, si desean empezar la terapia del perdón, deben explorar lo que es perdón y lo que no es perdón. Por ejemplo, cuando las personas perdonan, no están condonando, excusando u olvidando lo que han hecho contra ellas. Pueden reconciliarse o no reconciliarse.

Perdonar es reducir el resentimiento y aumentar la benevolencia y el amor hacia alguien que ha sido injusto. Esta es una opción personal, un acto de la voluntad. Reconciliarse es para dos personas recuperar la mutua confianza. Esto requiere la cooperación de ambas partes. Uno puede perdonar al ofensor y al mismo tiempo mirar a sus espaldas.

Luego recomendamos que la gente se implique en lo que el doctor Fitzgibbons llama «perdón cognitivo». Son pensamientos de perdón y declaraciones dirigidas a la persona que ha sido injusta. En ese estado, la persona no necesita abordar al ofensor sino realizar este perdón cognitivo en su interior.

Parte del perdón cognitivo es pensar en la persona como un todo, sin definirla sólo por sus pecados. Todos somos más que nuestras acciones. Somos vulnerables. Somos hijos de Dios.

Al perdón cognitivo sigue el perdón emocional, la apertura de uno mismo a la compasión y al amor hacia este hijo de Dios que te ha golpeado. Esto es difícil y puede llevar su tiempo. Algunas personas en la terapia no están preparadas para este paso y merecen comprensión.

Para nosotros sigue siendo un misterio saber cómo crece en el corazón humano esta compasión por quienes realizaron y realizan grandes injusticias. Seguramente la gracia de Dios actúa en este caso, pero nosotros como científicos no tenemos el lenguaje para describirlo plenamente. La ciencia es limitada, al igual que los intentos humanos de comprender el misterio.

Más allá del perdón emocional, está la difícil tarea de «soportar el dolor» de lo que ha sucedido. Quien perdona no puede hacer que el reloj vuelva atrás y deshacer el daño, pero puede tomar la valiente decisión de aceptar el dolor y ser un instrumento de bien para el ofensor.

Para un cristiano, esto nos lleva a identificarnos con Cristo que sufre en la cruz por nuestros pecados. Él soporta el dolor por nosotros. Nosotros hacemos lo mismo por los demás después de haber sido perdonados.

--¿Qué ha aprendido sobre los niños y el perdón?

--Enright: Los niños parecen tener corazones cálidos y abiertos al perdón. Por consiguiente, la educación al perdón es una posibilidad real para ellos.

Al mismo tiempo, pienso que a los niños se les puede desanimar a perdonar si están rodeados por quienes ridiculizan o son indiferentes hacia el perdón. Por consiguiente la educación al perdón es vital.

Mis colegas Jeanette Knutson, Anthony Holter y yo hemos trabajado en escuelas católicas y estatales de Belfast, Irlanda del Norte, los últimos tres años, ofreciendo programas de perdón para las primeras tres clases de educación general básica. Preparamos a los profesores y ellos imparten el programa a los niños.

Hemos publicado recientemente un libro gráfico infantil sobre el perdón, «Rising above the Storm Clouds» («Superar las Nubes de Tormenta»), para niños de entre 4 y 10 años, que usamos en el programa de tercero. Este año iremos al quinto curso y el siguiente, a la educación secundaria.
Hemos descubierto que niños tan pequeños como los de seis años, pueden aprender sobre el perdón y de esta manera reducir la cólera excesiva. Estamos en Belfast para ofrecer el don del perdón a esta ciudad circundada de guerra. Esperamos que los niños, al pasar los años, se conviertan en completos perdonadores, desde el punto de vista teológico, filosófico y psicológico

Esperamos que, armados con esta profunda comprensión del perdón, cuando sean adultos, forjen una paz más satisfactoria en su comunidad que la de sus predecesores.

Tanto Juan Pablo II como Benedicto XVI nos han enseñado que el perdón es la más importante vía hacia la paz en este mundo. Nuestro trabajo en Belfast es sencillamente actuar siendo conscientes de esto.

--¿Qué consejo daría a la gente sobre la práctica del perdón en su vida diaria?

--Enright: Primero, el perdón es de Dios y no podemos pensar en el perdón como una técnica psicológica más. Perdonar es entrar en el misterio de la cruz de Cristo.

Esta es una enseñanza difícil en efecto, pero vale la pena esforzarse por comprenderla. Aunque las personas perdonen sin pretender deliberadamente obedecer a Dios, este comportamiento les puede permitir abrirse a Él.

En segundo lugar, la gente que perdona necesita saber qué es el perdón y qué no es el perdón. Perdonar es ofrecer amor incondicional al ofensor. No es un acto de debilidad. Cuando una persona perdona, debería buscar justicia. Si a uno le estropean el coche, puede perdonar y al mismo tiempo presentar la factura de la reparación al causante.

En tercer lugar, el perdón está íntimamente ligado a la gracia de Dios. Por este motivo, la oración, la recepción de los sacramentos y la confianza en la acción de Dios en el corazón humano forman parte del perdón.

A quienes se sitúan fuera de estas avenidas de la gracia, les digo que no podemos entender completamente la obra de Dios.
Incluso tras veinte años de estudio del perdón, todavía me sorprendo. He visto ateos declarados y fervorosos cristianos perdonar con buenos resultados. Por tanto, un punto importante es estar abiertos al misterio del perdón, sin tener en cuenta el historial personal.

--¿Qué consejo daría a quienes tienen especial dificultad en perdonar a los demás, como quienes han perdido a sus seres queridos en los atentados del 11 de septiembre?

-- Enright: Perdonar a los demás no es algo puntual, como encender una luz en la oscuridad. Para muchos de nosotros, el perdón supone un camino en el que cargamos nuestra cruz por quien nos ha hecho daño.

Esto requiere tacto y paciencia con uno mismo y tiempo. Se aprende mucho cuando se acepta el peso y el dolor de la cruz.

Por eso, a quienes no pueden perdonar, les pregunto: «¿Estás listo para explorar lo que es o no es el perdón?». Esta pregunta no pide a nadie que perdone sino más bien examinar lo que es el perdón.

Cuando una persona ya conoce las dimensiones del perdón, yo le pregunto: «¿Estás preparado para examinar el perdón de la persona que te ha hecho daño, en su forma más básica? ¿Deseas tratar de no hacer daño a esa persona?». Esta pregunta no pide a la persona que ame al ofensor sino refrenar en sí misma lo negativo, refrenar el deseo de hacer daño incluso de modo sutil.

Luego viene la pregunta: «¿Deseas el bien para esa persona?». Esto cambia el enfoque hacia lo positivo, hacia al menos un deseo, aunque no sea una acción deliberada, el bien de otra persona.

Todas estas preguntas pretenden mover a la persona ofendida hacia una mayor cercanía en el amor. Si aún rechaza el perdón, debemos comprender que su «no» enfático hoy no es necesariamente la última palabra. Esta persona puede cambiar mañana.

--¿Qué añade a la comprensión del perdón el aspecto de la fe y la imitación de Cristo?

--Enright: Cristo es amor. El perdón que ofrecemos es un acto de amor. Siempre que se perdona, se sea o no consciente de ello, se entra en el amor de Cristo manifestado por su cruz.

Mi colega Jeanette Knutson logró hacer que yo lo comprendiera. A través de los años, he venido a comprobar un gran misterio, que brotaba con fuerza en la obra de Juan Pablo II el Grande «Salvifici Doloris»: perdonar es entrar en el sufrimiento redentor a favor de otra persona.

Nos unimos a Cristo en su cruz para la salvación de quien nos ha ofendido. Para decir «sí» conscientemente a esta gran alegría a pesar del sufrimiento. Perdonar es no dar importancia al sufrimiento que has tenido que experimentar a causa del pecado de otro.

De hecho, siguiendo la enseñanza del cardenal Walter Kasper en su libro, «Sacramento de unidad», no sólo imitamos a Cristo cuando perdonamos, sino que entramos en unión con él. Este es otro gran misterio análogo al de la unión de Cristo con su Iglesia. Cuando perdonamos, experimentamos este modo de unión con él por el bien de otra persona.

Así Dios en su sabiduría ha dispuesto muchos modos por los que podemos unirnos a su Hijo: mediante la participación en el cuerpo de Cristo, a través de la Eucaristía, y por medio del perdón amoroso e incondicional de los demás.

Necesitamos aclarar esto más a menudo a la gente que desea profundizar sobre el perdón.

--¿Qué proyectos tiene entre manos el Instituto del Perdón?

--En la próxima década o en la siguiente, trabajaremos con niños afectados por entornos de guerra y otros ambientes de violencia, mediante programas de educación al perdón en escuelas, casas y lugares de culto.

El perdón ha sido casi completamente ignorado por el movimiento pacifista, pero sin perdón no hay paz duradera. Dado que lleva tiempo aprender y apreciar el perdón, debemos empezar con niños para reforzar la probabilidad de que aprendan bien la lección.

De manera que tratamos de convencer a los filántropos de que el perdón, centrado especialmente en los niños, debe ser parte de cualquier esfuerzo en favor de la paz. Relacionado con esto, hay un programa para ayudar a los familiares.

Muy a menudo, en las zonas de guerra, la gente se casa con profundas heridas y odios que se prolongan durante generaciones. Deseamos ofrecer programas de perdón a las familias para que puedan reducir su propio odio y no lo transmitan a sus hijos.

Esencialmente, tratamos de introducir la noción de la escuela, la casa y el lugar de culto como «comunidades de perdón», donde la gente se anima mutuamente en su misterio de perdón. ¿Nos podemos permitir perder tiempo sin crear semejantes comunidades de perdón?