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domingo, 22 de marzo de 2026

Robert Steele era alcohólico hasta que Dios lo sanó y es sacerdote ayudando a otros adictos: «La pornografía aísla a las personas y la confesión regular es un ancla que las lleva a la luz, donde comienza la sanación»

El sacerdote neozelandés Robert Steele / Foto: Diócesis de Auckland

* «La vergüenza y el miedo al juicio a menudo les impiden buscar ayuda, creando un ciclo de secretismo. A menudo se malinterpreta la confesión como un ritual de culpa, pero en realidad es una de las mayores fuentes de sanación. Recibir la confesión con frecuencia, semanalmente o cada dos semanas, ayuda a fortalecer la resiliencia, porque cada confesión no solo absuelve el pecado, sino que también derrama la gracia sacramental, fortaleciéndonos para resistir la tentación. Muchos adictos en recuperación testifican que la confesión es su ‘botón de reinicio’, un lugar seguro para empezar de nuevo sin temor al juicio»

Camino Católico.-  Fue una vocación tardía, muy tardía. Robert Steele tenía 57 años en 2008 cuando el obispo le impuso las manos para transferirle el orden sacerdotal. Llevaba siete sin tomar una gota de alcohol, una adicción que arrastraba desde su adolescencia, durante cerca de 40 años. «Descubrí que Dios no había desperdiciado mi sufrimiento», asegura en una entrevista con The Catholic Weekly. «Las experiencias de las que antes me avergonzaba se convirtieron en parte de mi vocación pastoral», reconoce ahora este sacerdote católico neozelandés que lleva años acompañando a personas con problemas de adicción.

El padre Steele es el párroco de la iglesia de San Patricio en Pukekohe, al sur de Auckland (Nueva Zelanda). Tras años viviendo en la culpa y la vergüenza, ha plasmado toda su experiencia vital de lucha en un libro que ha titulado ‘A Journey of Hope: Combating Pornography on the Internet’ (Un viaje de esperanza: Combatiendo la pornografía en internet). En él, el sacerdote neozelandés se atreve a abordar un tema que genera mucho silencio: cómo avanzar hacia la sanación y la libertad para aquellas personas atrapadas en patrones compulsivos de contenido sexual en línea. Argumenta que es una crisis que afecta la salud mental, la vida espiritual e incluso la capacidad de los jóvenes para imaginar su futuro.

Sus reflexiones surgen de su experiencia pastoral, pero también de su propia historia personal de recuperación. Antes de ingresar al seminario, Steele luchó contra el alcoholismo durante su juventud. Tras enfrentarse a la adicción y abrazar la sobriedad, finalmente discernió su vocación sacerdotal. Hoy cumple 25 años sin alcohol, un hito que a menudo cita como prueba de que las heridas personales pueden convertirse en la base de una vida de servicio.

Camino de adicción, sufrimiento y la gracia de Dios

“Crecí en un entorno obrero bastante común y corriente, y como muchos hombres de mi generación, caí en comportamientos adictivos durante mi juventud. El alcohol era mi principal problema, pero debajo de eso había cuestiones más profundas: soledad y heridas sin resolver. Durante mucho tiempo intenté manejar la vida a mi manera, y simplemente no funcionó”. cuenta el padre Robert Steele.

Durante varios años trabajó en el sector turístico y hotelero, llegando a ser profesor universitario en esa área. Pero no era feliz.  

“Mi punto de inflexión llegó cuando finalmente admití que no podía arreglarme a mí mismo. Ingresé a rehabilitación, abracé la sobriedad y comencé un largo y honesto proceso de sanación interior. Ese camino me enseñó humildad, autoconocimiento y a confiar en la gracia divina. Ahora llevo 25 años sobrio”. 

A medida que superaba lentamente su alcoholismo, resurgió un interés por el sacerdocio que había permanecido latente durante mucho tiempo. Fue ordenado sacerdote en 2008, a la edad de 57 años. 

“Descubrí que Dios no había desperdiciado mi sufrimiento. Las experiencias de las que antes me avergonzaba se convirtieron en parte de mi vocación pastoral. Regresé al seminario más adelante, por la gracia de Dios, y fui ordenado sacerdote, llevando conmigo una profunda compasión por quienes sufren. Mi vocación es inseparable de mi recuperación. El sacerdocio es la forma en que Dios transformó mis heridas en una fuente de servicio”.

El libro del padre Steele, por ahora solo disponible en inglés

Cómo combatir la pornografía

En su país, el 54 % de los chicos jóvenes y el 14 % de las mujeres jóvenes ven pornografía al menos una vez a la semana. Unas cifras similares a las que se manejan en el resto del mundo occidental. “Lo que me preocupa aún más que los porcentajes es la edad de la primera exposición. Muchos niños se enfrentan a la pornografía a los 9, 10 u 11 años”, explica el padre Steele. “En esa etapa, sus cerebros y estructuras morales no están ni remotamente preparados para procesar lo que ven”, constata. Eso, inevitablemente, crea unas cadenas que son muy difíciles de romper. Él, que ha tenido que desembarazarse de las del alcohol, sabe bien de qué habla y aborda en su libro como hacer frenta a la pornografía.

“Desde una perspectiva de salud pública, la pornografía está ahora fuertemente vinculada a la ansiedad, la depresión, la disfunción sexual, la ruptura de relaciones, las visiones distorsionadas de la intimidad y el aumento de los patrones de adicción. Neurológicamente, reconfigura los circuitos de recompensa de maneras sorprendentemente similares a las drogas”, señala.  

Y subraya que “desde una perspectiva espiritual, es igualmente grave. La pornografía entrena al corazón para consumir en lugar de amar. Erosiona la capacidad de entrega, fidelidad, respeto por el cuerpo y una intimidad auténtica. En cuanto a las vocaciones y la práctica de la fe: no diría que la pornografía es el único factor, pero estoy convencido de que es uno importante. Cuando los hombres viven con vergüenza crónica, secretismo y comportamientos sexuales compulsivos, les resulta mucho más difícil imaginar el sacerdocio, el matrimonio o un compromiso profundo con Dios”.

“Romper el ciclo de la adicción a la pornografía se desarrolla en tres dimensiones: neurológica, emocional y espiritual. La libertad duradera no es simplemente una cuestión de fuerza de voluntad; es un camino de gracia.  Y los puntos de hidratación en la larga carrera hasta la meta son las prácticas tradicionales de la Iglesia Católica: la confesión frecuente, la Eucaristía, la dirección espiritual, el ayuno y los actos de sacrificio, y la devoción a la Santísima Virgen”,   explica el padre Steele.

“La terapia, el software de seguimiento, los grupos de apoyo y las intervenciones basadas en la neurociencia son realmente útiles”, afirma. “Pero sin fe, falta algo esencial: sentido, perdón, esperanza y trascendencia. La adicción no es solo un problema de comportamiento. Es una herida relacional y espiritual”. 

“Para los católicos, el poder de la confesión suele pasarse por alto, pero es una piedra angular del éxito espiritual, ya que la vergüenza es la atadura más fuerte para quienes no pueden dejar de consumir pornografía”, asegura el sacerdote.

“La adicción a la pornografía aísla a las personas. La vergüenza y el miedo al juicio a menudo les impiden buscar ayuda, creando un ciclo de secretismo”, escribe el padre Steele en ‘Un viaje de esperanza’.

“A menudo se malinterpreta la confesión como un ritual de culpa, pero en realidad es una de las mayores fuentes de sanación. La vergüenza nos dice que nos escondamos, pero la confesión nos saca de las sombras y nos lleva a la luz, donde comienza la sanación. Para alguien que lucha contra la pornografía, la confesión regular se convierte en un ancla”, asegura.

“Recibir la confesión con frecuencia, semanalmente o cada dos semanas, ayuda a fortalecer la resiliencia, porque cada confesión no solo absuelve el pecado, sino que también derrama la gracia sacramental, fortaleciéndonos para resistir la tentación. Muchos adictos en recuperación testifican que la confesión es su ‘botón de reinicio’, un lugar seguro para empezar de nuevo sin temor al juicio”, comparte.

La recuperación puede ser un camino largo y arduo. Incluso los cristianos convencidos pierden la esperanza y dejan de orar. “Llegan a un punto en el que dicen: ‘¿Para qué molestarse? ¿Para qué orar por esto? Porque no lleva a ninguna parte’”.  

“Siempre animo a quienes acompaño y les digo que nunca se rindan. Que sigan orando. La recuperación es lenta. Las recaídas son comunes, por desgracia. Pero el progreso es lento pero constante”, subraya.  

La pornografía entrena al corazón para consumir en lugar de amar. Erosiona la capacidad de entregarse a uno mismo, la fidelidad, el respeto por el cuerpo y la intimidad auténtica / Foto: Pexels.com.

Si la pornografía es un problema tan grave, ¿por qué los feligreses no oyen hablar de ello con más frecuencia? El padre Steele afirma que “los sacerdotes no son indiferentes, pero deberían pronunciarse al respecto. A algunos les preocupa avergonzar a los feligreses, provocar reacciones negativas o no tener el lenguaje adecuado. Otros, simplemente, no se sienten capacitados para abordar la adicción sexual,” asegura. 

“Pero el silencio tiene un precio. Cuando los jóvenes y los padres nunca oyen a la iglesia hablar con claridad, compasión y pragmatismo sobre la castidad y la pornografía, asumen que la iglesia no comprende su mundo. Eso es trágico. Necesitamos más predicación, más catequesis y más honestidad pastoral. No de una manera moralizante o que avergüence, sino de una manera sanadora, esperanzadora y que diga la verdad”, reflexiona. 

Los padres no pueden permitirse el lujo de ignorar el atractivo de la pornografía para sus hijos. Las búsquedas en Google o las atractivas ventanas emergentes atraen a muchos niños a los rincones oscuros de internet. Y siempre existirá la presión de grupo para explorar terrenos prohibidos.  

El padre Steele tiene cuatro palabras de consejo para los padres: "Sean tempranos y sean honestos". Y añade: “Los padres deben dar por sentado que sus hijos se encontrarán con pornografía, en lugar de preguntarse si podrían hacerlo. Las conversaciones sobre el cuerpo, el sexo y la seguridad en internet deben comenzar mucho antes de lo que la mayoría de los padres creen”. 

Por otra parte, “también es necesario crear un entorno donde los niños no tengan miedo de decir la verdad. Si un niño confiesa haber estado expuesto y recibe ira o pánico, aprenderá a esconderse. Las herramientas prácticas también importan: filtros, aplicaciones de control, reglas para los dispositivos. Pero ningún filtro reemplaza una relación sólida y un diálogo abierto”, asevera.  

Como complemento de  «Un viaje de esperanza», el padre Steele también ha publicado una parábola moderna, «El viaje de Miguel: una novela de lucha, gracia y libertad». Narra la historia de un joven atrapado por la pornografía que, poco a poco, logra liberarse con la ayuda de la oración y el consejo de un sacerdote comprensivo. Padres y adolescentes podrían encontrarla útil. 

Para los adictos a la pornografía, ¿existe un Matt Talbot, el irlandés santo considerado el santo patrón de los alcohólicos?  “Todavía no, aunque San Carlos Acutis es venerado por su “pureza, devoción eucarística y uso de la tecnología para el bien. Creo sinceramente que Dios está suscitando testigos modernos que algún día serán reconocidos como santos de esta lucha. Vivimos en un nuevo campo de batalla espiritual, y el cielo siempre provee nuevos héroes» concluye el padre Steele.

martes, 3 de marzo de 2026

Javier Alonso: «Viví una experiencia de sanación muy fuerte, y dejé la pornografía completamente; Clamé a Dios. ‘Si lo has hecho con un ateo, ¡hazlo conmigo, que yo creo en ti!; Y Jesucristo me sanó»

Javier Alonso, autor de 'Más allá del laberinto', sanado por Dios de la adicción a la pornografía / Foto: Cedida - El Debate 

* «Automáticamente, fue como si una nube negra abandonara mi cabeza y mi corazón: en aquellos tres segundos, Jesús me había sanado. Cuando era joven, yo leía este tipo de cosas extraordinarias y pensaba que solo le pasaban a frikis o a santos, pero es que las he vivido. Este fue un momento excepcional, pero también veo frutos en la oración cotidiana: recomiendo, a quien se enfrente al problema que tenía yo, que no solo recen por su sanación, sino también para que Dios le conceda autoconocimiento, que le haga saber de dónde viene el tema»

Camino Católico.-  El 97% de los hombres que rondan los 50 años ha consumido pornografía de forma voluntaria al menos una vez en los últimos seis meses, según un estudio publicado en 2022 por la Universidad de Valencia y la Universidad Jaume I de Castellón. Javier Alonso (Barcelona, 1977) no era una excepción: empezó a consumir pornografía durante la adolescencia y mantuvo el hábito como «regulador emocional» con el paso de los años, también tras conocer al amor de su vida, casarse y tener a sus cuatro hijos.

Sin embargo, la historia de este emprendedor catalán sí es excepcional: hoy vive una vida libre de pornografía, gracias a un arduo trabajo interior y, sobre todo, a una poderosa experiencia de sanación durante un retiro católico. Alonso explica su periplo en ‘Más allá del laberinto' (Albada), y es entrevistado por Guillermo Altarriba Vilanova en El Debate para hablar sobre su experiencia luchando contra una lacra que lastra a la gran mayoría de hombres hoy en día.

–En Más allá del laberinto ud. expone con mucha valentía su intimidad. ¿Qué le llevó a escribirlo?

–Hace ocho años viví una experiencia de sanación muy fuerte, y dejé la pornografía completamente. Al principio lo llevé en secreto, pero con el tiempo empecé a explicarlo: primero a mi mujer, luego me pidieron que diera charlas en colegios, o en retiros… Tenía la sensación de que me habían tocado 180 millones de euros, que no podía quedarme esa riqueza para mí. El libro es una forma de decir al mundo que a ti también te pueden tocar 180 millones de euros.

Portada del libro 'Más allá del laberinto' de Javier Alonso / Foto: Albada Editorial

–Pero no es un manual al uso sobre cómo abandonar el consumo de pornografía.

–No, no lo es. Es un modo de decirle a una persona que consume porno que no es un casquibano ni un guarro, sino que puede deberse a su debilidad. A mí me pasaba: consumía en momentos de tristeza y soledad. Para explicar por qué me sentía así, me tuve que explicar a mí mismo, y ese es el recorrido que hago en el libro, trazando mi vida desde diferentes ángulos: tanto desde lo que podría ser mi perfil de LinkedIn hasta las inseguridades que hay entre bastidores.

–¿En nuestra sociedad es tabú reconocer que uno consume pornografía?

–El verdadero tabú no es decir «he consumido pornografía», sino «me he sentido miserable por consumir pornografía», porque la pornografía está blanqueada. Hay sexólogos que la recomiendan en pequeñas dosis, por ejemplo. Pero la realidad es que la mayoría de las personas presentan un consumo problemático de pornografía, y me da igual si es una vez al mes o una vez al día: cualquier consumo es problemático.

–¿Por qué?

–Antes de 2005 o 2006, con la pornografía ocurría lo mismo que con los cavernícolas del Paleolítico: la comida era escasa y había que salir a buscarla. La revolución de internet tal y como lo conocemos ha sido –haciendo el símil– como meter a ese cavernícola en el bufet libre del hotel Hilton. ¿Y qué pasa? Que se vuelve loco.

Si durante este Paleolítico la cuestión era un tema moral, en la actualidad es también un tema de salud: hay muchos estudios científicos que prueban que la pornografía actúa de forma similar a una droga. Especialmente, a la cocaína, por los picos de dopamina que genera: te induce a repetir el comportamiento y a escalarlo, en busca de la novedad constante.

–En el libro lo compara con un virus informático que cortocircuita el cerebro…

–Efectivamente, porque nuestro sistema de recompensa está configurado para hacernos sobrevivir. Al hiperestimularlo con la pornografía, hace que prefieras eso a una relación sexual sana… lo cual no es bueno para la supervivencia. Y no es el único problema que tiene: los estudios han mostrado que muchas parejas y matrimonios se separan por la pornografía, o que cada vez más jóvenes tienen disfunción eréctil y problemas de autoestima.

También hablo sobre la desconexión empática: cuando uno ve un vídeo pornográfico tiene que ‘apagar’ una parte de su empatía para convertir a alguien en algo. O el tema de los scripts sexuales: la pornografía dicta a la gente cómo comportarse en la cama, enseñándoles a ellos a ser agresivos y a ellas, a ser sumisas.

–Más allá del laberinto está profusamente documentado. ¿Este tipo de disfunciones neurológicas son reversibles?

–Sí. Lo que se ha visto estudiando los movimientos NoFap de EEUU –que abogan por abandonar la masturbación, algo muy ligado a la pornografía– es que cuando uno deja de consumir hay una suerte de ‘recableado’. Se fortalece la conexión del córtex prefrontal con el sistema de recompensa, y aumentan la regulación, la inhibición de comportamientos perniciosos y la fuerza de voluntad.

Javier Alonso, sanado por Dios de la adicción a la pornografía, durante la entrevista / Foto: G. Altarriba - El Debate 

–Tras estos años estudiando y divulgando acerca del tema, ¿cuál cree que es el principal mito vigente sobre la pornografía?

–La idea preconcebida de que es imposible que el hombre viva sin masturbarse o sin ver pornografía de vez en cuando. Y que, si existe alguno, tiene que ser un reprimido sexual. He descubierto en mi propia vida que esta verdad implícita es mentira. En mi caso, como explico en el libro, estuve un año y pico sin consumir tras recurrir a una coach, por ejemplo, y cuando recaí podría haber vuelto con ella.

–Pero no lo necesitó: se lo pidió a Dios, y asegura que Él se lo concedió.

–Lo explico en el libro: estaba en un retiro organizado por los jesuitas, con mi familia. Leí en La Vanguardia una entrevista a Raúl Eguía, y en ella él contaba: «Una noche, al borde del suicidio, grité: ‘¡Si existes, sácame de aquí ahora!’. Me rendí y quedé limpio de la adicción de la noche a la mañana». Más tarde, rezando, recordé aquello y le dije a Jesús: «Si lo has hecho con Raúl, que era ateo, ¡hazlo conmigo, que yo creo en ti!».

Automáticamente, fue como si una nube negra abandonara mi cabeza y mi corazón: en aquellos tres segundos, Jesús me había sanado. Cuando era joven, yo leía este tipo de cosas extraordinarias y pensaba que solo le pasaban a frikis o a santos, pero es que las he vivido.

Este fue un momento excepcional, pero también veo frutos en la oración cotidiana: recomiendo, a quien se enfrente al problema que tenía yo, que no solo recen por su sanación, sino también para que Dios le conceda autoconocimiento, que le haga saber de dónde viene el tema.

–¿Qué otros consejos le daría a alguien que haya intentado dejar la pornografía y no lo consiga?

–Primero, le daría la enhorabuena. Y segundo, que se lo diga a alguien de confianza lo antes posible: su pareja, un amigo, un sacerdote, un terapeuta... Que busque una relación. Y en tercer lugar, tiene que ser capaz de mirarse al espejo y preguntarse: «¿Estoy dispuesto a dejar de hacer esto el resto de mi vida?». No es si puede, sino si quiere: la respuesta tiene que ser un «sí» al 100%.

Y quería dejar una última reflexión: en el libro me expongo mucho. De hecho, lo más pornográfico de ‘Más allá del laberinto’ no es cuando hablo de pornografía. No me apetecía nada, pero no creo que haya sido gratuito, porque sé que el testimonio va a tocar el corazón a mucha gente. A las mujeres que se sientan traicionadas por sus maridos, para que les entiendan; a los padres, para que hablen con sus hijos sobre esto; a los que están luchando, para que les dé esperanza. Y espero que todos conozcan a Aquel que me liberó, el que aparece al final.

sábado, 10 de mayo de 2025

Joey Pontarelli se sumergió en la pornografía para escapar del dolor traumático del divorcio de sus padres cuando tenía 11 años: «Empecé a orar, conocí mi fe, busqué el plan de Dios para mi vida y sané de mi adicción»

Joey Pontarelli

Camino Católico.-  "El día más doloroso de mi vida fue el de la separación de mis padres. Yo tenía 11 años. Mamá nos lo dijo a mí y a mis hermanos. Todo mi mundo se hizo añicos", recuerda Joey Pontarelli en Portaluz. En su angustia rememora que sin saber qué hacer se escondió en el armario de su habitación y lloró. Sentimientos de soledad, abandono e incluso de culpa lo abatían. "A partir de ese día, me volví amargado, enfadado y triste". 

Para lidiar con el dolor, Joey recurría con frecuencia a la masturbación. Asimismo, cuando un amigo le introdujo en la pornografía, esta se convirtió en su droga preferida. "El porno me ofrecía una vía de escape del dolor, pero siempre me dejaba una sensación de vacío. Ya de joven sabía que quería ser feliz, y la pornografía no me hacía feliz".

Fueron pasando los años 5, 10, 15 y su afectividad continuaba herida. Necesitaba cambiar, quería curar las heridas que le había dejado la ruptura de sus padres, así que buscó ayuda... "un libro, un conferenciante, un retiro, lo que fuera. No encontré nada. La ayuda para gente como yo era prácticamente inexistente. Nadie daba consejos sobre cómo afrontar lo que me afectaba".

Joey Pontarelli

Casi sumido en el hastío comenzó a orar, pequeños momentos de súplica a Dios y otros intensos, prolongados. La oración trajo frutos cuando descubrió un día en la web al conocido conferencista católico Jason Evert fundador de Chastity Project (chastity.com). "Escuchar a @jasonevert me ayudó a dejar la pornografía y vivir una vida pura. También al conseguir nuevos amigos católicos pude conocer mi fe, vivirla, construir virtudes y buscar el plan de Dios para mi vida", confidencia.

Joey se aferró a Cristo y poco a poco fue sanando las heridas, a la par que su alma era moldeada por "la gracia de Dios a través de mi vida de oración", señala. Hace años que está libre de la adicción a la pornografía.

"Superé mi miedo al amor, y ahora llevo 7 años casado con mi mujer. Tenemos 3 hijos (1 en el cielo, 2 en la tierra). Me encanta ser padre. El matrimonio ha sido desafiante pero hermoso. Ciertamente me ha hecho un mejor hombre y no lo cambiaría por nada del mundo", afirma.

Uno de los frutos de este proceso de sanación ha sido fundar @restoredhelp, una fundación que ofrece ayuda a jóvenes cuyos padres se han divorciado.  "Nuestro contenido les ayuda a sanar y a construir la virtud, para que no acaben repitiendo ese ciclo que yo viví. Es hermoso ver a Dios usar mi quebrantamiento para ayudar a otras personas. Me recuerda lo que dijo San Agustín: «En mi herida más profunda vi tu gloria, y me deslumbró»".

martes, 17 de diciembre de 2024

Fede Carranza, cantante de Jésed: «era inseguro, me aboqué en la pornografía, la sexualidad y el alcohol hasta que dije: ‘Señor, ya no quiero estar lejos de ti. Extraño vivir en paz. Quiero corregir el rumbo’»


Fede Carranza, cantante del Ministerio de Música católico Jésed

* «Dios no es un padre de acuerdos. Dios sale a buscarte. Toma tu corazón y lo exprime, te convierte, te sostiene y te da vida. Recuerdo que Tomás mete su mano y toca el costado de Cristo y le dice “Señor mío y Dios mío…mi Dios”. Pensé: “Tengo que hablar con San Francisco de Asís”» 

Testimonio de Fede Carranza entrevistado en un vídeo por Veronica Brunkow 

Camino Católico.- Fede Carranza, cantante del Ministerio de Música católico Jésed, hasta poder testimoniar a Cristo ha tenido que recorrer un largo camino no exento de dificultades: “De adolescente andaba con inseguridades y las tapaba, no las sanaba; empiezo a incursionar en la pornografía y en la impureza”, dice entrevistado en un vídeo por Veronica Brunkow.  También la promiscuidad sexual y su embriaguez reiterada con alcohol le determinaron la vida. 

El inicio de su conversión se produjo cuando tocó fondo estudiando en la universidad y despertó después de una noche de alcohol. Se encontraba tan mal que fue a buscar silencio en la capilla y  “le dije al Señor: ‘Ya no quiero estar lejos de ti, Señor. Me hartan las cosas, extraño vivir en paz. Quiero corregir el rumbo’”. Así empezó su combate para descubrir el amor de Dios. Esta es una síntesis de su historía de vida que cuenta en el vídeo:    


Fede Carranza estuvo en Asís orando durante su camino de conversión

«Dios no quiere un contrato contigo, o tu servicio. Dios te quiere a ti. Dejé que el Señor me mostrara cómo manejar mi vida»       
   
 

Mi historia es la historia del hijo pródigo. Nací en Monterrey. De adolescente, quería explorar otras cosas y descubrir más sobre mí mismo. Yo tenía todo en la casa de mi padre. Tenía amigos a raíz de su interés por la música. Yo andaba con inseguridades y las tapaba, no las sanaba; así que empiezo a incursionar en la pornografía y en la impureza para tapar mi inseguridad. Si no ves la muerte como natural, todo se distorsiona y se contamina. Varias personas cercanas murieron. Termine la Preparatoria y me fui de casa, lleve una vida muy mundana. Ya no quería tapaderas para mi inseguridad. Empecé a andar con amigos que traían la misma crisis que yo.

Mi rompimiento con Dios fue lento, pero salir de casa de mi padre fue como un símbolo. Cuando me embriagaba en compañía de amigos, sacaba mis inseguridades y eso te acaba de romper porque nadie te arropa. Hacer confidencias en ese estado te lleva a caer en vacíos. Cuando tropiezas en vacío no ves el piso, es como tropezar en la noche: No sabes con qué te vas a golpear ni de dónde cogerte. Eso pasa en las relaciones sexuales fuera del matrimonio: crees que tienes todo bajo control y no es así, caes en el vacío. Vuelven a mi mente pensamientos deprimentes.

Estaba en segundo año de universidad, estaba reprobando. No me interesaba nada el estudio; no sabía cuánto gastaba mi papá en mí. Un día me dijo mi padre: ¿No te gustaría estudiar en Estados Unidos en Stubenville? Yo le dije que sí, me fui un verano, me encantó. En enero del 2008 me fui a estudiar la carrera de Comunicación. Allí toqué fondo. Desperté en la casa de un amigo, nos habíamos emborrachado, yo tenía la camisa sucia y me estallaba la cabeza. Me fui a mi habitación y no podía dormir. Pensé: “Me tengo que ir a un lugar silencioso”. Busqué la capilla, era domingo y había Misa. Me quedé y le dije al Señor: “Ya no quiero estar lejos de ti, Señor. Me hartan las cosas, extraño vivir en paz. Quiero corregir el rumbo”.


Fede Carranza, cantando con el Ministerio de Música católico Jésed

Me dije: “No tengo brújula. Estoy reventado. Ando en concupiscencias…”. Regresé a Monterrey y traté de portarme bien con algunas excepciones. Le dije al Señor: “Te sirvo pero te deshonro”. Me di cuenta de que me estaba dañando, había una rotura entre mi alma y mi cuerpo. Esto duró cuatro años, hasta que una amiga me dijo: “No te veo contento, andas deprimido y no eres de una pieza. Necesitas ayuda profesional”. Después de cuatro sesiones me dice la psicóloga: “El problema es que no te amas, no te has aceptado, rechazas tu infancia”. Había empezado a hablar con un sacerdote y le dije; “No quiero orar”. Me dijo: “Lo entiendo, porque no conoces a Dios”. Me hirió, y era verdad, me hirió Dios con la llama de amor viva. Sentí el amor paternal de Dios que exprimía mi corazón con amor, te quebranta y te cura.

Dios no es un padre de acuerdos. Dios sale a buscarte. Toma tu corazón y lo exprime, te convierte, te sostiene y te da vida. Recuerdo que Tomás mete su mano y toca el costado de Cristo y le dice “Señor mío y Dios mío…mi Dios”. Pensé: “Tengo que hablar con San Francisco de Asís”.

Decidí ir dos semanas a Europa y aprovechar para ver a mi hermana que vive en Holanda.

En el primer día del viaje fui a Segovia, donde está enterrado San Juan de la Cruz. En el altar hay una oración que dice: “No me quitarás Dios mío lo que una vez me diste en tu único Hijo Jesucristo, en que me diste todo lo que quiero, por eso me holgaré que no tardarás si yo espero. Míos son los cielos y mía es la tierra; mías son las gentes, los justos son míos, y míos los pecadores; los ángeles son míos y la Madre de Dios y todas las cosas son mías y el mismo Dios es mío y para mí, porque Cristo es mío y todo para mí. Entonces ¿qué pides?, ¿qué buscas alma mía? Tuyo es todo esto y todo es para ti. No te pongas a menos ni repares en migajas que se caen de la mesa de tu Padre. Sal fuera, gloríate en Su gloria, escóndete en ella y goza y alcanzarás las peticiones de tu corazón”.

Fede Carranza

Comprendí que, si alguien sabe historias de amor es Dios.

Decido pasar tres días en Asís, apagar teléfonos y guardar silencio. Llegué a Asís, a rezar ante la tumba de San Francisco. Me dije a mí mismo: “Dios no quiere un contrato contigo, o tu servicio. Dios te quiere a ti”.

Comprendí que la mística católica se ha perdido en estos tiempos. La vida mística va a salvar a la humanidad porque es la única manera en que vamos a amarnos a nosotros mismos y a los demás. Si supiéramos lo que valemos, amaríamos la vida… Los que abortan o matan es porque ellos mismos no saben lo que valen.


Fede Carranza

Cuando regresé dejé que el Señor me mostrara cómo manejar mi vida. Fui con la psicóloga y me dijo: “Ya dejaste de ser niño. Ahora hablas como hombre. Ya no necesitas mi ayuda”.

Volví con el sacerdote y le dije: “Descubrí que no sé nada”. El comentó: “Este es el mejor momento para conocer a Dios”.

Lo primero que descubres cuando Dios te quebranta es que Él siempre ha estado siempre allí, contigo. Ahora sirvo al Seños sin condiciones. Estoy feliz, estoy pleno en Él. Me agarro de tres cosas: de la lectura inteligente de los evangelios, que son un mapa para conocer a Jesucristo. Me apoyo en los santos, en sus escritos, y en los sacramentos.

 Fede Carranza

Ministerio de Música católico Jésed