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lunes, 11 de mayo de 2026

Paloma Carmona González y Luis Ángel Soler Areta, padres de 15 hijos: «Son un don de Dios y me casé confiando en que el Señor actuara en nuestro matrimonio; nunca nos planteamos tener X hijos y pensamos que lo que viniera del cielo, iba a ser bueno»


Paloma Carmona González, su marido y sus quince hijos forman la familia más numerosa de la Comunidad de Madrid / Foto: Cedida por Paloma Carmona González

* «Para mí ser madre es una carrera sin meta en la que he tenido que saltar muchos obstáculos  siempre con la ayuda de mi esposo Luis y de Dios que siempre llega donde yo no puedo. Tengo a la Virgen María como Madre y referente, porque me ha ayudado mucho en todo lo que he necesitado» 

 Vídeo del testimonio de Paloma Carmona González y Luis Ángel Soler Areta en el programa 'Ecclesia es Domingo' de 13 TV

Camino Católico.- «Mi familia nace hace 41 años cuando mi marido, Luis Ángel Soler Areta, y yo decidimos casarnos por la Iglesia y confiando que Dios siempre estuviese en medio de nuestro matrimonio. Él ha sido fiel, ha estado grande y estamos alegres, aunque también hemos tenido dificultades» afirma Paloma Carmona González, madre de 15 hijos, de entre 39 y 16 años, que forma parte del Camino Neocatecumenal, a Sandra Madrid en Infomadrid.

Tener hijos, asegura Paloma Carmona González, fue algo que ella y su marido Luís  nunca se plantearon, sino que se fiaban de lo que Dios les iba indicando / Foto: Cedida por Paloma Carmona González

El Señor siempre ha sido fiel

Sin embargo, lo que no es tan natural es tener 15 hijos. Algo que, según asegura Paloma, su marido y ella nunca se plantearon, sino que se fiaban de lo que el Señor les fuera trayendo. «Los dos venimos de familias grandes, los dos tenemos nueve hermanos, y nos educaron igual dentro de la Iglesia. Yo me casé muy jovencita confiando en que el Señor actuara en nuestro matrimonio. Nunca nos planteamos tener X hijos. Pensamos que lo que viniera del cielo, iba a ser bueno para nosotros», explica a Paula Baena en El Debate.

“No me siento especial, me siento agradecida por haber hecho esta obra que Dios me ha dado. No me planteé cuando me casé en tener muchos hijos, me fié del Señor y he tenido 18 embarazos, tres no llegaron a término, y estos quince hijos son un don del Señor que he recibido bien”, ha explicado Paloma en 'Ecclesia, es domingo' de 13 TV.

Luis Ángel reconoce que el peor momento llegó con el tercer hijo: “Yo decía que si Paloma tiene a uno en brazos y yo a otro, ¿qué hacemos con el tercero que nace? Era una montaña. Pero poco a poco, a lo largo de la historia el Señor, nos fue enseñando a no temer, no hay nada imposible para Dios. Yo decía cómo lo vamos a hacer, el piso... y Paloma me decía alégrate, no temas, nada es imposible para Dios”.

El matrimonio, que pertenece al Camino Neocatecumenal, se conoció en la parroquia. Paloma en un primer momento no veía a su futuro marido como el padre de sus hijos, aunque reconoce que “me atrajo su voz, su forma de cantar”.

Luis Ángel, en cambio, pronto se enamoró de Paloma, que era hija del responsable del Camino Neocatecumenal en su comunidad parroquial. Para la familia, esta realidad eclesial “ha sido la base de nuestro acompañamiento” y el canal para traspasar la fe a sus hijos. “La mayor herencia que nos han dejado nuestros padres es que estamos aquí de paso, que nuestra vida tiene un fin que es el Cielo”.

Para Paloma, la cofundadora de los 'kikos', Carmen Hernández, fue también inspiración en la maternidad: “Ella decía que la mujer tenía el útero, que es la fabrica de la vida”. De ahí que para ella sea doloroso que haya mujeres que rechacen ese don.

Paloma, que estudió Administrativo, explica que decidió no trabajar para cuidar de su familia. Su primer hijo nació a los 15 meses de casarse, «y a partir de ahí empezaron a llegar los demás». Asimismo, destaca que «ha sido fantástico no perderme ni un momento de sus vidas». En este sentido afirma que ha renunciado a mucho pero que ha recibido más. 

Rememora sus inicios como madre -tuvo a sus primeros nueve hijos en nueve años- como complicados, también da gracias porque han sido «muy buenos». «El sueño lo respetaban. Hemos dormido muy bien. Seis horas pero muy bien dormidas», celebra.

Aunque reconoce que a lo largo de la crianza de sus hijos -de los cuales seis todavía siguen bajo el techo paterno, mientras que el resto ya les han dado 28 nietos, y otros cuatro en camino. “Se sabe hasta la fecha de nacimientos de cada uno”, comenta Luis Ángel refiriéndose a su mujer en 'Ecclesia, es domingo' de 13 TV , donde han contado como es la vida en una familia tan numerosa.

Ha habido dificultades y momentos complicados, como cuando su marido se quedó en paro estando ella embarazada de su décimo tercer hijo, subraya que al final el Señor siempre les ha dado lo que han necesitado. «Quiero decir que nunca nos ha faltado de nada. Hemos comido todos los días», subraya.

Paloma Carmona González y su marido con todos sus hijos y nietos / Foto: Cedida por Paloma Carmona González

«Educarlos en el amor y en el perdón»

También explica que su oficio- vocación es ser madre. «Para mí ser madre es una carrera sin meta en la que he tenido que saltar muchos obstáculos», siempre con «la ayuda de Luis», que es el padre de familia, y de «Dios que siempre llega donde yo no puedo».

Como familia, Paloma destaca que viven muchas alegrías, por ejemplo, cuando ves cómo tus hijos «se quieren, se perdonan, se aman, se ayudan y se aconsejan». En definitiva, «disfrutan unos de los otros». Además destaca que su familia «es una piña». Somos 53 entre hijos, nietos, nueras, yernos. En este sentido recuerda que su marido y ella han intentado «educarlos en el amor y en el perdón», y así que lo hagan con los demás. Y nos da la clave: «fiarnos de Dios». En este aspecto recuerda también a la Virgen María como «Madre y referente», porque «me ha ayudado mucho en todo lo que he necesitado».

Loa comentarios de las personas

Interrogada sobre qué comentarios ha recibido de la gente a lo largo de su vida por tener tantos hijos, Paloma sentencia que le han dicho «muchas tonterías». «¡Me han llegado a decir que si era una equivocación! Pero nosotros siempre hemos dado testimonio de nuestra fe», señala.

Con todo, admite que, al principio, lo pasaba mal porque la gente se metía mucho con ella. «Yo pensaba, '¿pero me meto yo en su vida, señora?'», evoca. «Íbamos en la furgoneta y veías a la gente contando cabezas, y yo salía y les decía ¡vamos diez! o los que fuéramos», cuenta, divertida.

Pero las críticas por sus 18 embarazos, dieron paso a muestras de admiración. «Madres del cole se quedaban asombradas y yo les daba hasta envidia. Me decían 'si yo hubiera hecho como tú, Paloma, y hubiera tenido otro hijo...», declara.

Paloma Carmona González y su marido con todos sus nietos / Foto: Cedida por Paloma Carmona González

Paloma señala que su familia llama la atención. Lo que más suele preocupar a la gente es la organización, pero cuando vienen a casa y nos conocen, lo que más les sorprende «es la relación que tenemos entre todos».

Sobre el descenso de la natalidad generalizada que existe en España, esta madre de familia numerosa cree que se debe, en parte, a que «la sociedad ha apartado a Dios de sus vidas y, si apartas al dueño de la vida, ¿para qué vas a dar vida?». Al mismo tiempo, también apunta a que esta generación «valora mucho el trabajo y el dinero, que está muy bien valorarlo, pero no te puede manipular ni condicionar para una serie de cosas».

En este sentido, sostiene que ellos nunca han «hecho las cosas sobre el papel, tipo en agua gastamos X... porque si realmente lo hiciéramos así, no podríamos vivir». «Mi marido, además, ahora está jubilado y todavía tenemos seis hijos en casa, o sea que sería imposible. Pero bueno, de todas hemos salido», agrega.

“Vivimos con un engaño de la sociedad, de que un hijo cuesta tanto, de que si el trabajo, todo se hace un mundo, tienes un hijo y le tienes que llevar a mil cosas... Mis hijos han hecho el deporte que han querido, no les he llevado a mil cosas, y mis hijos son felices. No hay que dar caprichos absurdos a los hijos”, afirma.

Pero esto no significa que todo haya sido un camino de rosas, como sostiene Luis Ángel: “Hemos recibido de nuestros hijos mucho más de lo que hemos dado, pero hemos dormido poco muchas noches, las enfermedades, accidentes, penurias económicas... tantas cosas que hemos tenido pero en todos los acontecimientos ha habido una palabra de esperanza y un mirar al cielo”, ha aseverado.

La educación tampoco es tarea sencilla con quince hijos, pertenecientes a generaciones distintas. El matrimonio tuvo un apoyo importante en sus hijos mayores. “Cuando tuve mi primer hijo y empezó la adolescencia, no había móviles todavía. A mi los móviles no me gustan mucho porque tienen muchos peligros. Viendo la sociedad les vas educando según ves lo que hay. Los mayores me han ayudado en muchos temas como la organización de la casa”, ha expresado Paloma.

Para Luis Ángel, lo más importante es que sus hijos “son buenas personas y se quieren”. De hecho, la relación tan cercana que mantiene la familia genera extrañeza en su entorno: “Somos una piña, con los mayores sobre todo tengo una confianza que no es normal. Yo veo compañeros de trabajo con problemas con sus hijos y es una bendición”.

En este sentido, Paloma asegura no haber sentido ninguna frustración como consecuencia de la maternidad: “Yo tengo una fortaleza fuera de lo normal, he podido con todo y no me he quejado de nada. Eso lo aprendí de mi madre. No me siento frustrada para nada, me siento muy realizada teniendo tantos hijos. No cambiaría nada de lo vivido y hemos pasado situaciones de sufrimiento”.

Una forma de vivir que no ha estado exento de críticas en el exterior: “Cuando iba al colegio con los niños, las mamis se metían conmigo y yo le dije una vez a una: '¿yo me meto con usted? Pues respéteme'. Yo he sido feliz con mi vida”, afirma convencida.

martes, 13 de enero de 2026

Andrés Giménez abandonado por sus padres los perdonó, tuvo éxito como portero de fútbol, pero será sacerdote: «Vi el amor de Dios encarnado en personas y doy mi vida para que el otro pueda encontrar a Cristo»

Andrés Giménez se forma como seminarista en el Redemptoris Mater de Friburgo, en Suiza

* «Tenía esta frase de Dios dentro de mí: '¡Ama a tus enemigos!'. Mis enemigos eran mis padres: ellos me habían abandonado. No estuvieron presentes en los momentos más importantes de mi vida. Y Dios me llamaba a amarlos. Así mi vida empezó a cobrar un nuevo sentido… No doy mi vida por el sacerdocio en sí mismo, doy mi vida al servicio de la Iglesia para llevar esta buena noticia que he experimentado. A través de mí, mi madre encontró a Cristo y yo a través de ella. Como dice Benedicto XVI, el cristianismo no es sólo una idea, sino un encuentro. Experimentar el amor de Cristo a través de otra persona»   

 Camino Católico.- Originario de Paraguay, Andrés Giménez cursa su último año de estudios en el seminario Redemptoris Mater de Friburgo. Esta es la historia y el testimonio de este exfutbolista que descubrió el amor de Dios al perdonar a sus padres.

"En el fondo, no quiero ser sacerdote, pero si respondo 'sí' a esta llamada, es porque sé que no estoy solo... Porque mi vocación no me pertenece solo a mí. La lleva la Iglesia y la apoya la comunidad", explica Andrés Giménez en Cath.ch, en la recta final de su formación sacerdotal.

Nacido en 1992, Andrés creció en Caaguazú, Paraguay. Es el quinto y menor de los hijos de su familia y describe a ésta como católica y muy tradicional. Durante su infancia, tenía reglas estrictas que seguir, como la de llegar siempre a casa antes del atardecer.

“Nuestra familia era muy unida, pero d mis padres se separaron y quedó completamente destrozada”

“Recibimos valores cristianos, como el respeto, la generosidad, la amabilidad y las buenas costumbres. Nuestra familia era muy unida. Vivíamos juntos en el campo, teníamos todo a nuestro alcance: un campo de fútbol en casa, los amigos venían a jugar, etc. Incluso aprendí a montar a caballo antes de aprender a montar en bicicleta. Pero por circunstancias bastante confusas, mis padres se separaron. Mis hermanas se fueron con mi madre. Mis hermanos y yo fuimos criados por mis abuelos maternos. Y nuestra familia quedó completamente destrozada”, recuerda el seminarista.

Cuando tenía 10 años, Andrés y sus hermanos se mudaron a Asunción, la capital de Paraguay. “Me encontré solo. Sin familia, recibí apoyo de mis amigos. Me enseñaron las cosas de la vida. Aunque mis abuelos siempre me criaron bien, con valores y principios, mis amigos llenaron ese vacío familiar. Y más tarde, cuando me uní a la Iglesia, redescubrí también esta forma de comunidad”.

Cuando falleció su abuelo, Andrés perdió a una figura importante. Con el inicio de la secundaria, las amistades y la adolescencia, comenzó a perder contacto con los valores que le inculcaron en casa. Alrededor de los 16 años, regresó a la iglesia, pero sin ningún interés en lo que allí sucedía. Solo quería prepararse para su confirmación, la única manera de poder casarse más adelante. En ese momento, comenzó a hacerse preguntas existenciales: "¿Para qué vivir de cierta manera si al final todos morimos? Realmente no encontraba sentido a mi vida".

Necesitaba a mi padre, pero él no estaba allí

Un día, lo invitaron a un torneo de fútbol con su club local. “Jugaba de defensa. Tuvieron que reemplazar al portero y ponerme de portero. Ese día, unos ojeadores me descubrieron y me ofrecieron un viaje a Sudamérica, y quizás incluso a Europa. Me pidieron que preparara un expediente para el viaje, pero necesitaba el permiso de mi padre, a quien no veía desde hacía once años. Tuve un mes para encontrarlo, pero no lo logré…”.

Este suceso enfureció profundamente a Andrés. “Por primera vez en mi vida, necesité a mi padre, y él no estaba. Esto me impulsó a 'matar a mi padre en mi corazón', a repudiarlo. Si algún día llegaba a ser alguien y él me necesitaba, yo tampoco estaría allí”.

Andrés fue seleccionado entonces para un club que ascendía de segunda a primera división. "De repente me encontré en la máxima categoría, a pesar de no tener formación deportiva previa. Descubrí este mundo, que me pareció maravilloso y se convirtió en mi razón de vida. Como jugador, al ver a la afición, me di cuenta de que era capaz de alegrar a los demás. Eso es lo que me impresionó del fútbol".

Andrés Giménez en un entrenamiento | Foto de archivo - DR

"Mi hermano es más feliz que yo"

Pero cuando su entrenador le informa de la oportunidad de desarrollarse y jugar con la selección nacional, vuelve a cuestionarse su existencia, justo cuando su madre empieza a tener problemas de salud. Al mismo tiempo, nota que su hermano Sandro, que asiste a un grupo juvenil en la iglesia, parece más feliz que él. Se siente atraído por ellos y se une al grupo.

En el verano de 2009, Andrés cursaba el instituto público, pero aún pasaba la mayor parte del tiempo en el campo, con dos entrenamientos diarios en el club Rubio ñu , un M17 de 1.ª división . Al mismo tiempo, asumió la coordinación de un grupo de jóvenes de la parroquia, voluntarios en obras de caridad, que visitan leproserías y les llevan medicamentos.

Andrés Giménez con la equipación de portero (verde) en el club Rubio ñu, en Asunción | Foto de archivo - DR

Casi por casualidad, se unió al Camino Neocatecumenal, pero se enfrentó a un obstáculo. “Escuchaba el catecismo. Algo me hablaba, pero no lo entendía. Porque todo lo que me faltaba en mi familia, como el amor paternal, significaba que, para mí, el amor de Dios no existía o no podía tocarme. Y si algunas personas me querían, era solo porque me veían como un chico guapo, un futbolista, alguien... Fue a través de lo que hice que compré ese tipo de amor. Y por mi parte, yo tampoco podía amar. Sentía una incapacidad para amar a los demás”.

"El amor debe existir."

Luego, en su comunidad del Camino Neocatecumenal, conoció a una pareja que había adoptado a un niño. Cuando el niño tuvo dificultades, sus padres adoptivos acudieron a la iglesia en busca de ayuda. "¿Cómo pueden estas personas entregarse y sacrificarse por un 'desconocido', por un niño que ni siquiera es suyo?", se preguntaba Andrés. "Debe significar que el amor existe".

En la comunidad a lo largo del camino, Andrés está rodeado de personas cercanas que, como él, emprenden un viaje para redescubrir el bautismo que recibieron. “Vi cómo este amor de Dios se encarnaba en personas reales, y eso me hizo cuestionar las cosas”.

Andrés Giménez escribe su tesis de maestría sobre la liturgia de la Vigilia Pascual

En el Camino Neocatecumenal, Andrés explica que uno de los pasos consiste en reconocer la cruz que uno lleva. “Mi cruz fue el abandono de mis padres. Sentirme abandonado y tener que triunfar en la vida por mi cuenta me hizo dudar de la existencia de Dios. Para mí, Dios no existía, o sólo existía en teoría. La realidad práctica era tener que madrugar para entrenar. Se había convertido en una razón para vivir”.

Fútbol: una disciplina para toda la vida

El fútbol siguió siendo el sostén de Andrés durante un tiempo, ya que le inculcó cierta disciplina en la vida. "Durante mi primer año en el club Libertad , tenía que levantarme a las 3 de la mañana para ir a entrenar. Durante un mes, sábado tras sábado, éramos unos treinta porteros, entrenando con un sistema de eliminación directa. Los jóvenes que eran convocados al final de la mañana podían volver la semana siguiente, y a los demás los dejaban ir".

“Semana tras semana, me seguían convocando, aunque no venía de ningún sitio y ni siquiera conocía todas las reglas del fútbol. Me eligieron, y ni siquiera sabía por qué. ¡Pero me sentí elegido!”, dice.

En ese momento, un catequista le gritó: “Quieres ser futbolista, pero ¿te has preguntado qué quiere Dios para ti? Para mí, estaba claro: si Dios me dio este talento, es porque quería que fuera jugador. Y triunfar en la cancha es un testimonio cristiano... Eso pensé. Pero entendí que no era necesariamente lo que Dios tenía planeado para mí”.

Andrés Giménez, ex portero convertido en seminarista en Friburgo

"Ama a tus enemigos"

Esta reflexión transformó por completo su vida. "Tenía esta frase de Dios dentro de mí: '¡Ama a tus enemigos!'. Mis enemigos eran mis padres: ellos me habían abandonado. No estuvieron presentes en los momentos más importantes de mi vida. Y Dios me llamaba a amarlos. Así mi vida empezó a cobrar un nuevo sentido".

Participar en la catequesis del Camino Neocatecumenal le permitió descubrir la riqueza del bautismo. “Lo que más influyó en mi camino fue precisamente la estructura del Camino: un trípode. Con la Liturgia de la Palabra los jueves por la noche, la Eucaristía los sábados por la noche y una reunión de vida comunitaria —una "convivencia"— un domingo al mes para rezar Laudes, comer juntos y compartir nuestras experiencias del mes. Es decir, cómo Dios había obrado en nuestras vidas”.

Dos años después, durante una llamada vocacional, se encontró de pie. “No puedo explicar cómo. Mientras escuchaba el catecismo, me di cuenta de que estaba de pie cuando el sacerdote nombró a los posibles candidatos. Así que me ofrecí para ingresar al seminario y me uní al grupo de discernimiento vocacional. Además del horario regular del Camino, teníamos tres reuniones los lunes al mes: una Eucaristía, una sesión de intercambio y una Lectio Divina”.

Admitir los propios errores

Para Andrés, experimentar el amor de Dios significó primero reconocer su propia culpa. “Si Dios dio a su Hijo por mí, es porque me amó. ¿Para qué ser sacerdote si no soy capaz de amar? Para aceptar a Dios como Padre, tuve que perdonar a mi padre. Así que no pude entrar al seminario sin obtener el permiso de mi padre, un padre al que había repudiado. Sin saber dónde vivía, logré encontrarlo en menos de un día. Éramos completos desconocidos, pero poder ofrecerle mi perdón sin que se sintiera juzgado me ayudó mucho en mi camino”.

Estar junto al lecho de muerte de su madre también fue un momento decisivo para el seminarista. “Nunca olvidaré su mirada. Por primera vez en mi vida, me sentí amado incondicionalmente. Incluso después de que cerraran su tumba, fue su mirada la que quedó grabada en mi mente. Esa mirada me hizo comprender que la vida es eterna y que la muerte no es el final. Y gracias a su muerte, pude experimentar la vida y comprender su significado”.

"Dios existe y lo necesito"

Gracias a este acontecimiento, Andrés está convencido: Dios existe y lo necesita. “Fue esta experiencia la que me hizo aceptar este llamado. No doy mi vida por el sacerdocio en sí; la doy al servicio de la Iglesia para compartir esta buena noticia que he experimentado. A través de mí, mi madre conoció a Cristo, y yo a través de ella. Como dijo Benedicto XVI, el cristianismo no es solo una idea, sino un encuentro. Experimentar el amor de Cristo a través de otra persona. A eso me siento llamado: a dar mi vida para que otros puedan encontrar a Cristo”.

Tras dos años de estudios filosóficos y preparatorios, y tres años de trabajo misionero entre el sur de Francia y Suiza, Andrés llegó a la Suiza francófona en septiembre de 2017. Formó un grupo de seminario con Ricardo Fuentes, ahora sacerdote, primero en Orbe y luego en Friburgo, mientras reanudaba sus estudios teológicos en la Universidad. “Mi tesis de maestría se centrará en la Vigilia Pascual, con la liturgia como iniciación al misterio, siguiendo el modelo del Camino Neocatecumenal, que se forma en y a través de la liturgia”.

¿Futbolista o sacerdote?

¿Se siente Andrés más futbolista o sacerdote hoy? “Esa fue precisamente la pregunta que le hice a un grupo de niños durante una Vigilia Pascual: ¿Es más importante para ustedes ser futbolista o sacerdote? Y un niño de nueve años me respondió sin dudarlo: sacerdote. Así que le pregunté por qué. En sus propias palabras, me dijo: porque, a diferencia de un futbolista, un sacerdote es necesario para las necesidades de la Iglesia”.

jueves, 28 de agosto de 2025

Sara Bargueño, artista de 23 años: «Dios en mi vida es el centro de todo y sin Él, que me inspira, no haría ninguna obra y si no lo tuviera no sabría llevar el sufrimiento y me habría rendido rápido»


"Dios me ha regalado este don para ponerlo al servicio de Dios y de los demás", comenta Sara Bargueño / Foto: Sara Bargueño

* «Mis padres siempre me enseñaron que cuando tuviese algún acontecimiento de angustia, preocupación, sufrimiento… buscase a Dios y rezase, así que siempre ha sido lo que he hecho… Intento rezar y leer la Palabra, escuchar las homilías, los evangelios, o incluso frases de santos, que me ayudan a crear mis imágenes. Siento que cuando eso me falta, cuando estoy más alejada y no me nutro de la Palabra de Dios, me cuesta muchísimo dibujar, tener ideas nuevas, se me viene el mundo encima y trabajo a desgana. Por eso antes de pintar intento siempre leer algo de lo que he dicho anteriormente y así Dios me ayuda en mi trabajo… Me gustaría que la gente que viera mi obra se emocione, se le ablande el corazón, le remueva algo por dentro, se haga preguntas, que empatice, que busque a Dios…» 

Camino Católico.-   Sara Bargueño es una joven artista española, concretamente pintora, ilustradora y escultora, tiene 23 años y está recién casada. Ha vivido toda su vida en Toledo, pero ahora "vivo en Cantabria, muy feliz", reconoce a Juan Cadarso en Religión en Libertad.

Con un Grado Superior de Ilustración en la Escuela de Arte de Toledo, Sara pone siempre la fe en el centro de su arte y dedica cada mañana a encontrar belleza en los lienzos –y en el resto de soportes que utiliza–, para poner así en juego todos los dones que de Dios ha recibido.

Su tío y el libro de laudes

"Mi rutina es siempre parecida. Me levanto temprano, sobre las 7:30 y desayuno con mi marido hasta que él se va a las 8:00. Y enseguida me pongo a trabajar, contesto mensajes... Por las tardes suele cambiar... Hay días en los que tengo que ir a Santander a la celebración de la Palabra, o a alguna preparación, porque los dos estamos en el Camino Neocatecumenal", comenta Sara.

A esta joven sonriente, la vocación le viene casi de cuna. "Desde que tengo uso de razón he querido ser artista. De hecho, tengo recuerdo de un verano estar aquí en Santander (porque siempre hemos veraneado aquí) y decirle a mi madre: 'Yo quiero vivir aquí porque tiene mar y montaña, y vivir de pintar cuadros'. Lo que no sabía era que eso se iba a cumplir... y mucho menos que mis cuadros fuesen religiosos", dice sorprendida.

Sara Bargueño procura poner siempre la fe en el centro de su arte / Foto: Sara Bargueño

"Yo pinto desde siempre, pero nunca había hecho dibujos cristianos, ni tampoco se me había ocurrido, a pesar de vivir siempre la fe. Antes de la pandemia, mi tío quiso hacer un libro de laudes para niños, y me pidió que hiciese dibujos sencillos. Fueron los primeros dibujos cristianos que hice en mi vida. No estaban muy allá, eran en papel y después los escaneé para poder ponerlos en el libro, se notaba que necesitaba práctica", añade la joven. 

Y, sobre su arte, confiesa: "Al principio creaba lo que a mí me ayudaba, lo que me inspiraba en el momento… hoy soy un poco más consciente de lo que realmente se puede hacer con el arte católico e intento siempre hacer algo que pueda ayudar al otro, que pueda evangelizar. Al final esa creo que es mi misión, Dios me ha regalado este don para ponerlo al servicio de Dios y de los demás, evangelizando y dando a conocer al mundo que Dios te ama tal y como eres. Ese mensaje para mí es la clave de todo".

La belleza de lo sagrado

A pesar de que no siempre fue así, a Sara, actualmente, la temática que más le gusta es la del arte cristiano. "Mi estilo se caracteriza por una expresión visual de la fe desde una mirada dulce, luminosa y esperanzadora. Me enfoco en representar la belleza de lo sagrado y transmitir los valores cristianos a través de ilustraciones, tanto para niños como para adultos", explica a este medio.

"Visualmente son ilustraciones sencillas y cálidas, con colores suaves y personajes amables, para hacer que los contenidos religiosos sean cercanos, especialmente en el contexto infantil, sin perder el respeto y la profundidad que merece".

Con respecto a sus obras, a Sara le gusta mezclar lo abstracto con lo figurativo. "Nunca hago un lienzo completamente abstracto, siempre hay algún elemento reconocible. Me gusta trabajar así porque, por un lado, encaja muy bien en los hogares, es decorativo y armonioso. Pero también, y sobre todo, porque yo no he vivido físicamente lo que ocurrió en la Biblia. No sé exactamente cómo fueron esos momentos, así que los imagino de una forma más libre, más simbólica. Para mí, el arte abstracto refleja esa distancia con lo vivido", se sincera.

"Mi tío quiso hacer un libro de laudes para niños, y me pidió que hiciese dibujos sencillos", cuenta Sara Bargueño / Foto: Sara Bargueño

"Creo que la belleza puede ayudar a salvarnos, pero el único que nos puede salvar es Dios. Hoy en día hay mucho arte bastante raro, y la mayoría no tiene que ver con el aspecto religioso. A mí me gustaría hacer un cambio, y mezclar algo más moderno con la idea tradicional, como por ejemplo en mi obra del Sagrado Corazón de Jesús, donde mezclo estas dos ideas".

Pero, si hay un pilar en el arte y en la vida de Sara ese es la fe. "Crecí en una familia católica, mis abuelos eran del Camino (...). Mis padres siempre me enseñaron que cuando tuviese algún acontecimiento de angustia, preocupación, sufrimiento… buscase a Dios y rezase, así que siempre ha sido lo que he hecho".

"El papel de Dios en mi obra es lo principal. Sin Dios no haría ninguna obra. Él es quien me inspira, quien me ayuda y me da las ideas. Normalmente se me ocurren las ideas enseguida y ahí es cuando digo que Dios me ha revelado lo que tengo que dibujar. Cuando esto no ocurre, es que algo va mal. Es que no rezo lo suficiente, o algo me distancia, como por ejemplo el pecado", añade la joven artista.

"Dios en mi vida es el centro de todo. Con todo lo que he vivido, si no tuviese a Dios en mi vida, no sé qué sería de mí, la verdad. No sabría llevar el sufrimiento y me habría rendido rápido", confiesa Sara.

"Intento rezar y leer la Palabra, escuchar las homilías, los evangelios, o incluso frases de santos, que me ayudan a crear mis imágenes. Siento que cuando eso me falta, cuando estoy más alejada y no me nutro de la Palabra de Dios, me cuesta muchísimo dibujar, tener ideas nuevas, se me viene el mundo encima y trabajo a desgana. Por eso antes de pintar intento siempre leer algo de lo que he dicho anteriormente y así Dios me ayuda en mi trabajo".

Un bonito deseo

Sara cuida con esmero sus cuentas en redes sociales (Instagram:@_sara.b.g y su web www.sarabg.com), a donde cada día le llegan numerosos mensajes de ánimo. "Hay mucha gente que me escribe diciéndome que gracias a mis dibujos han vuelto a rezar, o que justo han visto una ilustración mía que es lo que necesitaban en ese momento de su vida", confiesa.

"Al final veo cómo ayudan los dibujos a las personas y eso es lo que me da fuerzas para seguir. Cuando estoy un poco decaída y pienso qué estoy haciendo con mi vida, recuerdo esos comentarios y realmente me ayuda a seguir", asegura.

En los cinco años que lleva trabajando, Sara Bargueño ha recibido numerosos encargos que luego han figurado incluso en carteles. Recientemente, participó en la exposición VIVO, que se hizo en el Arzobispado de Toledo, donde expuso uno de sus cuadros, titulado "PERDÓNALOS".

Sara Bargueño ha participado en la exposición VIVO con su obra "PERDÓNALOS" / Foto: Sara Bargueño

"Me gustaría que la gente que viera mi obra se emocione, se le ablande el corazón, le remueva algo por dentro, se haga preguntas, que empatice, que busque a Dios…", pide Sara, como deseo para sus creaciones. 

Y, además, para concluir, con la llegada de un nuevo Papa, tiene un anhelo muy especial: "Para mí sería un sueño poder pintarle, a parte de que tengo muchas ganas de ir a Roma. Así que cuando organice el viaje, hago el cuadro y me lo llevo sin pensar, a ver si hay suerte".