
El espíritu malo es siempre favorable a los ejercicios espirituales, siempre que no se trate de una espiritualidad de la Encarnación. Pero también es favorable a un apostolado muy activo, siempre que no sea el de la caridad. «Mientras conceda más importancia a las reuniones, a los panfletos, a la política, a los movimientos, a las causas y a las cruzadas que a las oraciones, a los sacramentos y al amor al prójimo, será de los nuestros» [escribe C.S. Lewis, en Cartas del Diablo a su sobrino]. Leer más...
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