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domingo, 28 de diciembre de 2025

Homilía de Mons. Francisco Cerro, Arzobispo de Toledo, y lecturas de la Misa de hoy, domingo, Fiesta de la Sagrada Familia, 28-12-2025

28 de diciembre de 2025.-  (Camino Católico) Homilía de Mons. Francisco Cerro, Arzobispo de Toledo, y lecturas de la Misa de hoy, domingo, Fiesta de la Sagrada Familia, emitida por 13 TV desde la Catedral de Toledo.

Santa Misa de hoy, domingo, Fiesta de la Sagrada Familia, en la catedral de Toledo, 28-12-2025

28 de diciembre de 2025.-  (Camino Católico)  Celebración de la Santa Misa de hoy, domingo, Fiesta de la Sagrada Familia, presidida por Mons. Francisco Cerro, Arzobispo de Toledo, emitida por 13 TV desde la Catedral de Toledo.

Homilía del P. Javier Martín y lecturas de la Misa de hoy, domingo, Fiesta de la Sagrada Familia, 28-12-2025

28 de diciembre de 2025.-  (Camino Católico).- Homilía del P. Javier Martín, FM, y lecturas de la Santa Misa de hoy, domingo, Fiesta de la Sagrada Familia, emitida por Magníficat TV.

Santa Misa de hoy, domingo, Fiesta de la Sagrada Familia, 28-12-2025

28 de diciembre de 2025.-  (Camino Católico).- Celebración de la Santa Misa de hoy, domingo, Fiesta de la Sagrada Familia,  presidida por el P. Javier Martín, emitida por Magníficat TV.

Misterios Gozosos del Santo Rosario, desde el Santuario de Lourdes, 28-12-2025

28 de diciembre de 2025.- (Camino Católico).- Rezo de los Misterios Gozosos del Santo Rosario, de hoy, domingo, Octava de Navidad, desde la Gruta de Massabielle, en el Santuario de Lourdes, en el que se intercede por el mundo entero. 

Palabra de Vida 28/12/2025: «Toma al niño y a su madre y huye a Egipto» / Por P. Jesús Higueras

Camino Católico.- Espacio «Palabra de Vida» de 13 TV del 28 de diciembre de 2025, domingo, Octava de Navidad, Fiesta de la Sagrada Familia, presentado por el padre Jesús Higueras en el que comenta el evangelio del día.

Evangelio: San Mateo 2, 13-15.19-23:

Cuando se retiraron los magos, el ángel del Señor se apareció en sueños a José y le dijo:

«Levántate, toma al niño y a su madre y huye a Egipto; quédate allí hasta que yo te avise, porque Herodes va a buscar al niño para matarlo».

José se levantó, tomó al niño y a su madre, de noche, se fue a Egipto y se quedó hasta la muerte de Herodes para que se cumpliese lo que dijo el Señor por medio del profeta:

«De Egipto llamé a mi hijo».

Cuando murió Herodes, el ángel del Señor se apareció de nuevo en sueños a José en Egipto y le dijo:

«Levántate, coge al niño y a su madre y vuelve a la tierra de Israel, porque han muerto los que atentaban contra la vida del niño».

Se levantó, tomó al niño y a su madre y volvió a la tierra de Israel.

Pero al enterarse de que Arquelao reinaba en Judea como sucesor de su padre Herodes tuvo miedo de ir allá. Y avisado en sueños se retiró a Galilea y se estableció en una ciudad llamada Nazaret. Así se cumplió lo dicho por medio de los profetas, que se llamaría nazareno.

Homilía del evangelio del domingo: Llamados a reconstruir el tesoro de la familia con las armas del amor, el servicio, la humildad y el perdón / Por P. José María Prats

* «La autoridad del padre de familia es legítima cuando, como en el caso de San José, expresa la justicia y la voluntad de Dios. El padre debe ser obedecido en la medida en que él, a su vez, es obediente a Dios»

Domingo de la Sagrada Familia - A

Eclesiástico 3, 2-6.12-14  /  Salmo 127  /  Colosenses 3, 12-21  / San Mateo 2, 13-15.19-23

P. José María Prats / Camino Católico.-  El evangelio de hoy narra la huida de la Sagrada Familia a Egipto y su retorno posterior a Nazaret tras la muerte del rey Herodes, que había intentado asesinar al Niño Jesús.

El gran protagonista de este evangelio es San José. Es a él a quien Dios pide por medio de su ángel que lidere a la Sagrada Familia según sus designios: «Levántate, coge al niño y a su madre y huye a Egipto ... levántate, coge al niño y a su madre y vuélvete a Israel».

En la segunda lectura, San Pablo confirma esta autoridad del padre dentro de la familia: «Mujeres, vivid bajo la autoridad de vuestros maridos, como conviene en el Señor». Algunos comentaristas creen que esta atribución de la autoridad al padre es meramente un reflejo de la sociedad patriarcal de aquella época. Sin embargo, en la carta a los Efesios, San Pablo desmiente esta tesis al afirmar que el marido y la mujer son respectivamente sacramento de Cristo y de su Iglesia, por lo que «el marido es cabeza de la mujer, como Cristo es Cabeza de la Iglesia». (Ef 5,23).

La Escritura, por tanto, sostiene que, según el designio de Dios, la vocación del padre conlleva asumir la autoridad y el liderazgo de la familia. Muchas personas consideran que esta afirmación es inaceptable y acusan por ello a la Biblia de machismo. Detrás de esta acusación se esconde, en realidad, una comprensión nada cristiana de la autoridad que la confunde con autoritarismo.

En primer lugar hay que aclarar que la autoridad es un bien que promueve la unidad y la paz en la familia. Cuando hay que tomar una decisión, después de dialogar y de escuchar el parecer de cada miembro, es necesario que alguien tenga la última palabra y los demás la asuman con respeto; de lo contrario la familia se romperá o se deteriorará mucho la convivencia.

Pero lo que más subraya Jesús es que la autoridad no es un privilegio o un instrumento para imponerse, sino una exigencia de servir y velar por los demás: «Sabéis que los jefes de las naciones las dominan como señores absolutos, y los grandes las oprimen con su poder. No ha de ser así entre vosotros, sino que el que quiera llegar a ser grande entre vosotros, será vuestro servidor» (Mt 20,25-26). La autoridad del padre en la familia no es, por tanto, un privilegio, sino más bien una carga, una responsabilidad exigente y preciosa a la vez que debe ejercerse desde el amor y el servicio. Y los demás miembros de la familia deben ayudar al padre a llevar esta carga con su obediencia y su colaboración al bien de todos.

Finalmente, la autoridad del padre es legítima cuando, como en el caso de San José, expresa la justicia y la voluntad de Dios. El padre debe ser obedecido en la medida en que él, a su vez, es obediente a Dios.

La figura del padre y su autoridad dentro de la familia ha sido atacada ferozmente. El espíritu de confrontación marxista que alentaba la lucha de clases entre proletarios y burgueses se ha reeditado en nuestra sociedad postindustrial como lucha de sexos, presentando al padre como explotador de la madre e instigando la revolución feminista. La consecuencia de destruir la autoridad del padre que, bien ejercida, era fuente de unidad y cohesión, ha sido destruir también la propia familia, que es el mayor bien de la sociedad.

Frente a este modelo de confrontación tan destructivo, los cristianos estamos llamados a reconstruir el tesoro de la familia con las armas del amor, el servicio, la humildad y el perdón. Así nos lo ha pedido San Pablo en la segunda lectura: «vestíos de la misericordia entrañable, bondad, humildad, dulzura, comprensión. Sobrellevaos mutuamente y perdonaos, cuando alguno tenga quejas contra otro. El Señor os ha perdonado: haced vosotros lo mismo. Y por encima de todo esto, el amor, que es el ceñidor de la unidad consumada».

P. José María Prats


Evangelio: 

Después que se fueron los Magos, el Ángel del Señor se apareció en sueños a José y le dijo:


«Levántate, toma contigo al niño y a su madre y huye a Egipto; y estate allí hasta que yo te diga. Porque Herodes va a buscar al niño para matarle». 


Él se levantó, tomó de noche al niño y a su madre, y se retiró a Egipto; y estuvo allí hasta la muerte de Herodes; para que se cumpliera el oráculo del Señor por medio del profeta: De Egipto llamé a mi hijo.


Muerto Herodes, el Ángel del Señor se apareció en sueños a José en Egipto y le dijo: 


«Levántate, toma contigo al niño y a su madre, y ponte en camino de la tierra de Israel; pues ya han muerto los que buscaban la vida del niño».


Él se levantó, tomó consigo al niño y a su madre, y entró en tierra de Israel. Pero al enterarse de que Arquelao reinaba en Judea en lugar de su padre Herodes, tuvo miedo de ir allí; y avisado en sueños, se retiró a la región de Galilea, y fue a vivir en una ciudad llamada Nazaret; para que se cumpliese el oráculo de los profetas: «Será llamado Nazareno».


San Mateo 2, 13-15.19-23

Contemplar a la Sagrada Familia nos invita a acoger la voluntad de Dios con sencillez / Por P. Carlos García Malo

 


sábado, 27 de diciembre de 2025

Homilía íntegra inédita de Benedicto XVI, de las 82 nunca publicadas, de su libro "Dios es la verdadera realidad": «El mundo necesita la luz de Cristo y debemos descubrir a Jesús, creer y dejarnos transformar por Él»

* «Solo vivimos si nuestro corazón se asemeja al de Jesús, el corazón divino. Este es el propósito del Evangelio: que el verdadero samaritano, Cristo, nos conforme a sí mismo, transforme nuestro corazón de piedra en un corazón de carne, y con ese corazón de carne sepamos qué hace… Oremos al Señor para que transforme nuestros corazones y nos ayude a encontrar lo que debemos hacer en cada momento de nuestra vida. ¡Amén!» 

11 de diciembre de 2025.- (Camino Católico)  Presentamos el texto completo de una homilía de BenedictoXVI, pronunciada el 14 de julio de 2013 en el Monasterio Mater Ecclesiae y nunca publicada, avanzada por Vatican News, incluida en el nuevo volumen de la Editorial Vaticana, que ya está a la venta. El libro "Dios es la verdadera realidad" recopila 82 sermones pronunciados siendo Papa Emérito tras su renuncia. Esta es la homilía íntegra del evangelio del Samaritano:



Queridos amigos,


Este Evangelio del Samaritano nos conmueve constantemente. La dramática relevancia de esta parábola quedó patente durante la visita del Papa a Lampedusa. Hemos visto, y seguimos viendo, el creciente número de víctimas de la violencia en todo el mundo y, por otro lado, como dijo el Papa: «La anestesia del corazón... la globalización de la indiferencia». ¿Qué está sucediendo?


En el capítulo 18 del Apocalipsis, San Juan nos habla del colapso de una gran civilización, profetizado para la ciudad de Roma. Muestra cómo esta civilización también creó un sistema de comercio, enumerando las numerosas cosas que se compraban y vendían en él. Finalmente, dice que estos comerciantes también comerciaban con personas y almas humanas (cf. Ap 18,13). Las almas humanas, las personas humanas, se habían convertido en mercancías, y así, al final, esta civilización se derrumba, porque ya no es cultura, sino anticultura.


Esto es precisamente lo que le sucede a la humanidad, a los individuos, cuando el alma humana se convierte en mercancía. Pensemos en esos traficantes que prometen llevar a personas del Cuerno de África a los paraísos terrenales de Occidente. No les importa el destino de estas personas; incluso podrían ahogarse en el mar; en realidad solo les interesa el dinero; para ellos, las personas son mercancías que les traen dinero. Lo mismo ocurre en muchas otras situaciones; pensemos en quienes en Rumania venden chicas, prometiéndoles buenos puestos en Occidente, pero en realidad las venden para la prostitución. Los seres humanos son considerados mercancías y nada más. Pensemos en la tragedia de las drogas: personas que ya no ven el sentido de la vida, que ya no ven la belleza; anhelan la belleza y la bondad, pero caen en las redes de estos narcotraficantes, en los falsos paraísos que destruyen. Una vez más, los seres humanos son meras mercancías explotadas para ganar dinero; lo mismo ocurre con tantas otras víctimas de la violencia en África, niños soldados, todo esto... Vemos cómo la humanidad ha caído en manos de ladrones y espera que el samaritano la salve.


En este punto, surgen dos preguntas. La primera es: ¿cómo es posible este fenómeno? ¿Cómo podemos explicarlo en una civilización tan rica y desarrollada como la nuestra? Pero la más importante surge como consecuencia: ¿qué debo hacer? En definitiva, no deberíamos hacer una consideración general; en definitiva, la pregunta del Evangelio es la misma que la del resto de la ley: ¿qué debo hacer? Pero primero, queremos comprender un poco por qué es así, para comprender mejor nuestra misión, nuestras posibilidades, nuestra tarea.


La era moderna nació con dos grandes ideales, que son las fuerzas impulsoras de su camino: el progreso y la libertad. Nos dijimos: ya no dejamos el mundo solo en manos de Dios, ya no esperamos simplemente la otra vida; tomamos la iniciativa, el timón de la historia, la guiamos por la senda del progreso. En realidad, el progreso existe, todos lo sabemos. Si comparo el mundo de mi infancia, mi juventud, con el de hoy, hay una inmensa diferencia; no parece ser el mismo mundo. Y vemos cómo, solo en los últimos treinta años, el progreso acelerado ha cambiado el mundo: en el mundo de las comunicaciones, ahora se pueden hacer cosas increíbles, inimaginables incluso hace cincuenta años; en la medicina, en la tecnología que afecta a la vida humana, etc., hay progreso, la humanidad tiene posibilidades que antes eran inimaginables. Pero surge la pregunta: ¿es verdadero progreso?


También hay un progreso real. Si consideramos que hoy existen instituciones internacionales que buscan prevenir y evitar conflictos, sanar y proteger a los enfermos; si vemos cómo ha crecido la sensibilidad hacia las personas con discapacidad, los enfermos y los excluidos, y el respeto por otras naciones y razas, debemos decir que este es un progreso no solo en nuestro poder, sino también un progreso del alma, un progreso de la humanidad, del humanismo, del respeto por los demás. Y me parece que podemos decir, sin falsas ideologías, que este progreso es el resultado de la presencia de la luz del Evangelio en el mundo, porque esta luz nos ha permitido ver a los débiles, a los que sufren, a los demás, como seres humanos, como hijos de Dios, como amados por Dios, como mis hermanos y hermanas.


Esta visión de la humanidad, nacida del Evangelio, ha trascendido los confines del cristianismo y se ha convertido en patrimonio de la humanidad. Comprendemos que todos somos verdaderamente hermanos; incluso los pobres son nuestros hermanos; incluso quienes pertenecen a otra raza o religión son miembros de la misma familia. Debemos trabajar para prevenir la violencia, romper las cadenas del mal, ayudar. Sin duda, hay progreso. Pero también debemos decir que, sin embargo, el progreso sigue siendo muy ambiguo; de hecho, hay incluso una recaída para la humanidad. Precisamente si consideramos Lampedusa y todo lo que hemos mencionado, vemos cómo el poder humano, con todas sus posibilidades, también puede tener el poder de la destrucción. Si el hombre empieza a producirse a sí mismo, a fabricar al hombre, y a considerarlo una mercancía, algo para explotar, todo este progreso se convierte en un instrumento de autodestrucción; ya no es progreso, sino una amenaza. El poder del progreso solo puede ser útil si la luz del Evangelio es más fuerte que todas estas tentaciones humanas, y solo así las cosas no nos destruyen, sino que construyen humanidad.


Pasemos a la otra palabra: libertad. Aquí también hay un progreso real, sin duda en la superación de la esclavitud, en la igualdad entre hombres y mujeres, en el respeto a la infancia, etc. Pero aquí también encontramos una libertad destructiva; así, vemos que el mundo de las drogas vive en nombre de la libertad, pero obliga a la humanidad a la esclavitud más radical y destructiva, que es una caricatura de la libertad. Esta libertad, que no es libertad en absoluto, sino que me da solo libertad, para que pueda hacer lo que quiera, es una libertad que se convierte en una esclavitud antes impensable.


¿Pero qué debo hacer? ¿Qué puedo hacer? El abogado conocía la respuesta, pero era solo teórica, una pregunta académica para debatir: "¿Quién es, en última instancia, mi prójimo?". No sale del mundo intelectual y académico; sobre todo, su forma de plantear la pregunta es egoísta: "¿Qué debo hacer para salvarme?". Su prioridad es su propia salvación personal. El samaritano es totalmente diferente. No sabemos si conocía las palabras del Deuteronomio, pero el Evangelio dice que "tuvo compasión", y la expresión griega es mucho más radical: "Su corazón se conmovió", es decir, se conmovió interiormente, tanto que tuvo que hacer algo. Su corazón se conmovió, pero no solo eso: sabía qué hacer, lo que tenía que hacer, porque su corazón habló y le mostró el camino.


También pienso en una palabra del profeta Ezequiel, donde Dios dice: «Les quitaré el corazón de piedra y les daré un corazón de carne» ( Ezequiel 36:26). Este es el punto: el «corazón de piedra», que todos tenemos por el pecado original, que tienen quienes explotan la miseria humana para lucrarse, nos impide comprender cuánto podemos y debemos hacer; necesitamos un «corazón de carne», que nos muestre el camino. También pienso en un texto del profeta Oseas, donde Dios habla de sí mismo. Dios ve todos los increíbles pecados de Israel, ve que, según la justicia, debería destruir este reino y dice: «Pero no lo haré; mi corazón se conmueve dentro de mí» (cf. Oseas 11:8).


El corazón de Dios es tal que no puede destruir al hombre; es tal que debe ayudarlo, correr tras él; es tal que sale de sí mismo, se hace hombre para salvar a la humanidad; Dios salió de sí mismo, su corazón lo impulsó. Así vemos que el verdadero samaritano de la humanidad es Jesucristo, el Hijo de Dios, quien emprendió este camino, viendo la miseria humana con el corazón herido, herido por esta realidad. Es Él quien nos da el aceite y el vino, los Sacramentos, la Palabra de Dios; es Él quien nos da refugio, la Iglesia; es Él quien nos guía, nos transforma, para que también nuestros corazones sean como el suyo.


Así vemos lo esencial. Esto significa que solo vivimos si nuestro corazón se asemeja al de Jesús, el corazón divino. Este es el propósito del Evangelio: que el verdadero samaritano, Cristo, nos conforme a sí mismo, transforme nuestro corazón de piedra en un corazón de carne, y con ese corazón de carne sepamos qué hacer. El mundo necesita la luz de Cristo, y solo si la luz de Cristo, la llama de su amor, transforma el corazón, cada uno de nosotros sabrá qué hacer y cuándo hacerlo. La fe misma transforma el mundo. La respuesta que debemos dar, por tanto, es descubrir a Jesús, creer en Jesús, dejarnos transformar por Jesús, para que nuestro corazón se convierta en un corazón de carne y nos diga qué hacer. La luz de Cristo es la respuesta necesaria.


Oremos al Señor para que transforme nuestros corazones y nos ayude a encontrar lo que debemos hacer en cada momento de nuestra vida. ¡Amén!


Benedicto XVI


Fotos: Vatican Media

Homilía del P. José Aurelio Martín y lecturas de la Misa de hoy, sábado, San Juan, apóstol y evangelista, 27-12-2025

27 de diciembre de 2025.- (Camino Católico) Homilía del P. José Aurelio Martín Jiménez y lecturas de la Santa Misa de hoy, sábado, Octava de Navidad, San Juan, apóstol y evangelista, emitida por 13 TV desde la Basílica de la Concepción de Madrid.

Santa Misa de hoy, sábado, San Juan, apóstol y evangelista, 27-12-2025

27 de diciembre de 2025.- (Camino Católico) Celebración de la Santa Misa de hoy, sábado, Octava de Navidad, San Juan, apóstol y evangelista, presidida por el P. José Aurelio Martín Jiménez, emitida por 13 TV desde la Basílica de la Concepción de Madrid.

Misterios Gozosos del Santo Rosario, desde el Santuario de Lourdes, 27-12-2025

27 de diciembre de 2025.- (Camino Católico).- Rezo de los Misterios Gozosos del Santo Rosario, de hoy, sábado, Octava de Navidad, desde la Gruta de Massabielle, en el Santuario de Lourdes, en el que se intercede por el mundo entero. 

Palabra de Vida 27/12/2025: «El otro discípulo corría más que Pedro; se adelantó y llegó primero al sepulcro» / Por P. Jesús Higueras

Camino Católico.- Espacio «Palabra de Vida» de 13 TV del 27 de diciembre de 2025, sábado, Octava de Navidad, San Juan, apóstol y evangelista, presentado por el padre Jesús Higueras en el que comenta el evangelio del día.

Evangelio: San Juan 20, 1 a. 2-8:

El primer día de la semana, María la Magdalena echó a correr y fue donde estaban Simón Pedro y el otro discípulo, a quien Jesús amaba, y les dijo:

«Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto».

Salieron Pedro y el otro discípulo camino del sepulcro. Los dos corrían juntos, pero el otro discípulo corría más que Pedro; se adelantó y llegó primero al sepulcro; e, inclinándose, vio los lienzos tendidos; pero no entró.

Llegó también Simón Pedro detrás de él y entró en el sepulcro: vio los lienzos tendidos y el sudario con que le habían cubierto la cabeza, no con los lienzos, sino enrollado en un sitio aparte.

Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro; vio y creyó.

Misterios Gozosos del Santo Rosario en la Parroquia Asunción de Nuestra Señora, Torrelodones, 27-12-2025

27 de diciembre de 2025.- (Camino Católico) Misterios Gozosos del Santo Rosario correspondientes a hoy, sábado, en la parroquia Asunción de Nuestra Señora, Torrelodones, emitido por 13 TV.

San Juan Apóstol, el discípulo amado, nos enseña que la verdadera grandeza nace de permanecer cerca del Señor / Por P. Carlos García Malo