
“Las dificultades que presenta el panorama mundial en este comienzo del nuevo milenio nos inducen a pensar que sólo una intervención de lo alto (...) puede hacer esperar un futuro menos oscuro”, escribió Juan Pablo II (Rosarium Virginis Mariae, 49). El cuidado de la paz reclama de cada uno un constante dominio de sí mismo. Si en el corazón de las personas persisten rencores y malquerencias, no puede germinar allí la paz. Se debe purificar el alma del afecto al pecado. De allí la importancia de la propia lucha interior y de que cada uno se proponga pequeñas y grandes ascensiones en la vida espiritual.
Hemos sido creados para amar. El amor es la más alta forma de existencia. Para ser uno mismo hay que salir de sí mismo. ¿Cómo salir de sí mismo? Pensando en hacer felices a los demás, en hacerles el bien a los demás y a uno mismo. Y el bien personal supone, muchas veces, buscar la purificación, el sacrifico pequeño y escondido. Todos son llamados a la santidad, es decir, al amor. Leer más...
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