
5 de marzo de 2010.- Bajo pena de ser acusados de apóstatas por la Sharia islámica, alrededor de 300.000 musulmanes de la etnia malaya ocultan que se han cambiado de religión, una doble vida que desconocen hasta sus familias. La Constitución de Malasia les obliga a profesar el Islam y si no lo hacen, las consecuencias pueden ser terribles: cárcel y cursos de reeducación. Bajo su brillante fachada como directivo de una multinacional americana, Francis, el nombre con el que oculta su identidad real por miedo, guarda un secreto que no conocen ni su familia ni sus amigos. Francis no es un asesino en serie, ni un violador de niños, ni un ladrón y ni siquiera defrauda a Hacienda, pero podría ser considerado un criminal en Malasia. Leer más...
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