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sábado, 28 de marzo de 2026

Papa León XIV a los jóvenes en Mónaco: «Las palabras y los gestos del testimonio nacen de una relación profunda con Dios, en la que nosotros mismos encontramos las respuestas fundamentales de la vida»

* «Ante los desafíos, Jesús nos recomendó: «Cuando los entreguen, no se preocupen de cómo van a hablar o qué van a decir […]. No serán ustedes los que hablarán, sino que el Espíritu de su Padre hablará en ustedes» (Mt 10,19-20). Se refería a las persecuciones sufridas por el Evangelio, pero podemos aplicar sus palabras a cualquier circunstancia en la que la caridad nos pida afrontar una prueba importante para nosotros y para los demás»

    

Vídeo de la transmisión en directo de Vatican News, traducido al español, con todo el discurso del Papa 

* «Hay que despejar la puerta del corazón, para que el aire sano y oxigenante de la gracia pueda volver a refrescar y revitalizar sus habitaciones, y para que el fuerte viento del Espíritu Santo pueda volver a henchir las velas de nuestra existencia, impulsándola hacia la verdadera felicidad. Todo esto, queridos amigos, requiere oración, momentos de silencio y de escucha, para acallar el frenesí del hacer y del decir, de los mensajes, los reels y los chats, y para profundizar y saborear la belleza de estar juntos de verdad y de manera concreta. San Carlo Acutis, a este respecto, hablaba de la Eucaristía como la ‘autopista hacia el Cielo’ y de la Adoración eucarística como de un baño de sol, capaz de broncear el alma» 


 28 de marzo de 2026.- (Camino Católico)  Ante la Iglesia de Santa Devota, Patrona del Principado de Mónaco, León XIV se ha reunido con jóvenes y catecúmenos e inspirándose en el ejemplo de la santa mártir y en el de San Carlos Acutis, les ha recordado que “las palabras y los gestos del testimonio y de la esperanza no se improvisan ni proceden de nosotros mismos: nacen de una relación profunda con Dios, en la que nosotros mismos encontramos las respuestas fundamentales de la vida. Si el canal de su acción en nosotros”. Esto ha propuesto el Papa León XIV a la comunidad católica del Principado de Mónaco reunida en la Catedral de la Inmaculada Concepción la mañana de este 28 marzo durante su visita apostólica.

El Papa León ha respondido a las preguntas de cuatro jóvenes: Benjamin, Andreia, Ethan y Sophie que le preguntaron al Pontífice cómo podían conciliar la fe católica con las dificultades de una sociedad distraída respecto a la espiritualidad e indiferente a las necesidades de los más vulnerables.

“Estoy feliz de estar aquí con ustedes, y los saludo cordialmente” expresa el Pontífice, después de haber escuchado atentamente los testimonios, a los numerosos jóvenes que lo habían estado esperando con entusiasmo. El Papa agradece también al Arzobispo por las palabras que le ha dirigido y ha iniciado su discurso observando que la Iglesia que hacía de marco al encuentro estaba dedicada a una santa “joven valiente” que supo “dar testimonio de su fe frente a la violencia de sus perseguidores, hasta llegar al martirio” y de la cual quisieron  “borrar todo recuerdo suyo y, en cambio, su sacrificio llevó aún más lejos el mensaje de paz y amor del Evangelio”.

“Esto nos ayuda a reflexionar sobre el hecho de que el bien es más fuerte que el mal, incluso cuando, en ocasiones, parece que por el momento vaya perdiendo. No sólo eso, también nos recuerda que el testimonio de la fe es una semilla que puede alcanzar y fecundar corazones y lugares lejanos, mucho más allá de nuestras expectativas y posibilidades” ha reflexionado León XIV. En el vídeo de Vatican News se visualiza y escucha toda la alocución del Santo Padre traducida al español, cuyo texto completo es el siguiente:


VIAJE APOSTÓLICO DE SU SANTIDAD LEÓN XIV

AL PRINCIPADO DE MÓNACO

ENCUENTRO CON LOS JÓVENES Y LOS CATECÚMENOS

DISCURSO DEL SANTO PADRE

Zona frente a la Iglesia de Santa Devota

Sábado, 28 de marzo de 2026

Queridos hermanos y hermanas,

queridos jóvenes,

queridos amigos, ¡buenos días!:

Estoy feliz de estar aquí con ustedes, y los saludo cordialmente. Agradezco al Arzobispo las palabras que me ha dirigido.

Como se ha señalado, la iglesia en la que nos encontramos está dedicada a santa Devota, patrona del Principado de Mónaco; una joven valiente que supo dar testimonio de su fe frente a la violencia de sus perseguidores, hasta llegar al martirio. Su cuerpo, procedente de Córcega, llegó providencialmente hasta aquí, a lo que hoy es la costa monegasca. Querían aniquilarla, borrar todo recuerdo suyo y, en cambio, su sacrificio llevó aún más lejos el mensaje de paz y amor del Evangelio. Esto nos ayuda a reflexionar sobre el hecho de que el bien es más fuerte que el mal, incluso cuando, en ocasiones, parece que por el momento vaya perdiendo. No sólo eso, también nos recuerda que el testimonio de la fe es una semilla que puede alcanzar y fecundar corazones y lugares lejanos, mucho más allá de nuestras expectativas y posibilidades.

Recientemente, en esta iglesia, dedicada a la memoria de la santa mártir Devota se ha sumado la de san Carlo Acutis, otro joven enamorado de Jesús, fiel a su amistad con Cristo hasta el final, aunque en tiempos y modalidades completamente diferentes: en la caridad, en el apostolado en internet —del cual lo veneramos como patrono— y, por último, en la enfermedad.

Queridos jóvenes, estos dos santos nos animan y nos impulsan a imitarlos. De hecho, también hoy, como se ha recordado, la fe se enfrenta a desafíos y obstáculos, pero nada puede empañar su belleza y su verdad. Prueba de ello son los numerosos hombres y mujeres de todas las edades que, cada vez en mayor número, desean conocer al Señor y piden el Bautismo.

En sus testimonios han hablado de todo esto. Benjamin, a quien agradezco lo que ha compartido, pregunta cómo hacer para no alejarse de sí mismo, de los demás y de Dios por las distracciones de un mundo —el nuestro— en constante cambio. Su pregunta es importante y se refiere a un aspecto fundamental de la vida cristiana: la vitalidad de la relación con Cristo y, en ella, el sentido de unidad que se crea en nosotros mismos y con los demás. Al respecto, un gran formador de jóvenes dijo que “la raíz de la unidad de vida está en el corazón, […] es un hecho del corazón, es un don de Dios, que hay que pedir con humildad” (cf. C.M. Martini, Da Betlemme al cuore dell’uomo, 2013).

Las épocas moderna y posmoderna nos han enriquecido con muchas cosas buenas, que nos ofrecen estímulos y posibilidades antes desconocidas y en muchos ámbitos: desde el cultural hasta el médico y de la salud, desde el técnico hasta el de la comunicación. Sin embargo, también nos plantean importantes desafíos que no podemos ignorar y que debemos afrontar con lucidez y conciencia. Como dijo Benjamin, vivimos en un mundo que parece ir siempre de prisa, ávido de novedades, amante de una fluidez sin vínculos, marcado por una necesidad casi compulsiva de cambios continuos: en las modas, en la apariencia, en las relaciones, en las ideas e incluso en dimensiones constitutivas de la identidad de la persona.

Pero lo que da solidez a la vida es el amor; la experiencia fundamental del amor de Dios, ante todo, y luego, por extensión, la experiencia iluminadora y sagrada del amor mutuo. Y amarse recíprocamente, si por un lado requiere estar abiertos a crecer y, por lo tanto, a cambiar, por otro exige fidelidad, constancia y disposición al sacrificio en la vida cotidiana. Sólo así la inquietud encuentra paz ―nosotros también anhelamos la paz― y se llena el vacío interior del que hablaba Andreia, no con cosas materiales y pasajeras, ni siquiera con el reconocimiento de miles de “me gusta”, o con afiliaciones condicionantes, artificiales, a veces incluso violentas. Hay que despejar la puerta del corazón de estas cosas, para que el aire sano y oxigenante de la gracia pueda volver a refrescar y revitalizar sus habitaciones, y para que el fuerte viento del Espíritu Santo pueda volver a henchir las velas de nuestra existencia, impulsándola hacia la verdadera felicidad.

Todo esto, queridos amigos, requiere oración, momentos de silencio y de escucha, para acallar el frenesí del hacer y del decir, de los mensajes, los reels y los chats, y para profundizar y saborear la belleza de estar juntos de verdad y de manera concreta. San Carlo Acutis, a este respecto, hablaba de la Eucaristía como la “autopista hacia el Cielo” y de la Adoración eucarística como de un baño de sol, capaz de broncear el alma.

Quizás esta podría ser también una respuesta a la pregunta de Ethan sobre la preparación para recibir el Bautismo la noche de Pascua: es necesario vivir la Semana Santa en la contemplación de los misterios de la Pasión, en un clima propicio para escuchar la voz del Espíritu y lo que ocurre en el propio corazón, convirtiéndola en una ocasión para una serena y profunda revisión de la propia vida, pasada y presente.

Y si esto es importante para la vida espiritual y la oración, lo mismo vale para el ejercicio de la caridad. Ethan preguntaba cómo podemos dar testimonio del don de la vida que recibimos en Cristo; y Sophie se preguntaba cómo ser testigos de esperanza para quienes, marcados por el sufrimiento, corren el riesgo de perder la luz y el consuelo de la fe. Ante los desafíos, Jesús nos recomendó: «Cuando los entreguen, no se preocupen de cómo van a hablar o qué van a decir […]. No serán ustedes los que hablarán, sino que el Espíritu de su Padre hablará en ustedes» (Mt 10,19-20). Se refería a las persecuciones sufridas por el Evangelio, pero podemos aplicar sus palabras a cualquier circunstancia en la que la caridad nos pida afrontar una prueba importante para nosotros y para los demás. Las palabras y los gestos del testimonio y de la esperanza no se improvisan ni proceden de nosotros mismos: nacen de una relación profunda con Dios, en la que nosotros mismos encontramos las respuestas fundamentales de la vida. Si el canal de su acción en nosotros está abierto, y si también lo está el intercambio recíproco, con el cual hacemos de esa relación de amor un don común y compartido, podemos confiar en que las palabras adecuadas y la fuerza necesaria para actuar vendrán en el momento oportuno.

En este sentido, podríamos interpretar también la hermosa, aunque a veces malinterpretada, frase de san Agustín: «Ama y haz lo que quieras» (Homilía séptima sobre la primera carta de san Juan a los partos, 7, 8). Ama, es decir, sé un don gratuito para Dios y para los demás; sé cercano, no te alejes, incluso cuando no puedas resolver todos los problemas ni arreglar todas las dificultades. Permanece allí, con amor y con fe. Mónaco es un país hermoso, pero la verdadera belleza la llevas dentro de ti, cuando sabes mirar a los ojos a quien sufre o a quien se siente invisible entre las luces de la ciudad.

Así fue como santa Devota encontró la fuerza para entregar su vida por completo, y así fue como san Carlo Acutis vivió su camino hacia la santidad, dejando un sendero de luz incluso en el mundo del ciberespacio.

Queridos jóvenes, no tengan miedo de entregarlo todo —su tiempo, sus energías— a Dios y a los hermanos, de entregarse por completo al Señor y a los demás. Sólo así encontrarán un gozo siempre nuevo y un sentido cada vez más profundo en la vida. El mundo necesita de su testimonio para superar las derivas de nuestro tiempo y afrontar sus desafíos, y sobre todo para redescubrir el buen sabor del amor a Dios y al prójimo.

A ustedes, jóvenes catecúmenos que se preparan para el Bautismo, y a ustedes que ya han recibido ese don de la gracia, les confío mi más cordial deseo: que puedan vivir en Cristo una vida plena y auténtica; que puedan ser, por el bien de todos, en la fe, la esperanza, la justicia y la caridad; constructores de paz. Ustedes son el rostro joven de esta Iglesia y de este Estado. Mónaco es un país pequeño, pero puede ser un gran taller de solidaridad, una ventana a la esperanza. Lleven el Evangelio a las decisiones de su trabajo, a su compromiso social y político, para dar voz a quienes no la tienen, difundiendo la cultura del cuidado. Hagan que todo sea un don de ustedes para Dios y vívanlo todo como una misión, que los quiere a los unos y a los otros como amigos en Cristo y fieles compañeros de camino.

Los encomiendo a la intercesión de María, nuestra Madre, de santa Devota y de san Carlo Acutis. Y les imparto de todo corazón mi bendición.

PAPA LEÓN XIV

Fotos: Vatican Media, 28-3-2026

Papa León XIV a la comunidad católica en Mónaco: «Anuncien el Evangelio de la vida, la esperanza y el amor; lleven a todos su luz para que sea defendida y promovida la vida desde su concepción hasta su fin natural»

* «Es importante que el anuncio del Evangelio y las formas de la fe, tan arraigadas en la identidad y sociedad de ustedes, se preserven del riesgo de reducirse a costumbre, aunque sea buena. Una fe viva es siempre profética, capaz de suscitar preguntas y ofrecer provocaciones: ¿estamos realmente defendiendo al ser humano? ¿Estamos protegiendo la dignidad de la persona en la protección de la vida en todas sus fases? ¿Es realmente justo y está inspirado en la solidaridad el modelo económico y social vigente? ¿Ese modelo está habitado por la ética de la responsabilidad, que nos ayuda a ir más allá de la lógica del intercambio de cosas equivalentes y del lucro como fin en sí mismo, para construir una sociedad más justa?»  

    

Vídeo de la transmisión en directo de Vatican News, traducido al español, con toda la homilía del Papa 

* «Mantener la mirada fija en Jesucristo, nuestro abogado ante el Padre, genera una fe arraigada en la relación personal con Él, una fe que se hace testimonio, capaz de transformar la vida y renovar la sociedad» 


28 de marzo de 2026.- (Camino Católico)  “Deseo animarlos a prestar un servicio apasionado y generoso en la evangelización. Anuncien el Evangelio de la vida, de la esperanza y del amor; lleven a todos la luz del Evangelio para que sea defendida y promovida la vida de todo hombre y de toda mujer desde su concepción hasta su fin natural”. Esto ha propuesto el Papa León XIV a la comunidad católica del Principado de Mónaco reunida en la Catedral de la Inmaculada Concepción la mañana de este 28 marzo durante su visita apostólica.


“Cristo es el centro dinámico, el corazón de nuestra fe, y es a partir de esta centralidad que quisiera dirigirme a ustedes”, ha dicho el Papa a los sacerdotes y a los religiosos, religiosas, y laicos presentes. En el vídeo de Vatican News se visualiza y escucha toda la homilía del Santo Padre traducida al español, cuyo texto completo es el siguiente:

VIAJE APOSTÓLICO DE SU SANTIDAD LEÓN XIV

AL PRINCIPADO DE MÓNACO

ENCUENTRO CON LA COMUNIDAD CATÓLICA

HOMILÍA DEL SANTO PADRE

Catedral de la Inmaculada Concepción

Sábado, 28 de marzo de 2026

Queridos hermanos y hermanas:

Ante Dios y en presencia de Dios tenemos un abogado: Jesucristo, el justo (cf. 1 Jn 2,1-2). Con estas palabras, el apóstol Juan nos ayuda a captar el misterio de la salvación. En nuestra fragilidad, cargados con el peso del pecado que marca nuestra humanidad, incapaces de abrazar con nuestras solas fuerzas la plenitud de la vida y de la felicidad, hemos sido alcanzados por Dios mismo por medio de su Hijo Jesucristo. Él —afirma el Apóstol—, como víctima de expiación, cargó sobre sí el mal del hombre y del mundo, lo llevó con nosotros y por nosotros, pasó por él transformándolo y liberándonos para siempre.

Cristo es el centro dinámico, el corazón de nuestra fe, y es a partir de esta centralidad que quisiera dirigirme a ustedes, mientras saludo cordialmente a Su Alteza el Príncipe Alberto, a Su Excelencia Mons. Dominique-Marie David, a los sacerdotes y a los religiosos y religiosas presentes, expresando a todos ustedes la alegría de estar aquí y de compartir su camino eclesial.

Contemplando a Cristo como “abogado”, en referencia a la lectura que hemos escuchado, quisiera ofrecerles algunas reflexiones.

La primera se refiere al don de la comunión. Jesucristo, el justo, intercediendo por la humanidad ante el Padre, nos reconcilia con Él y entre nosotros. Él no viene para realizar un juicio condenatorio, sino para ofrecer a todos su misericordia que purifica, sana, transforma y nos hace parte de la única familia de Dios. Su talante compasivo y misericordioso lo convierte en “abogado” para defensa de los pobres y de los pecadores, ciertamente no para secundar el mal, sino para liberarlos de la opresión y de la esclavitud y hacerlos hijos de Dios y hermanos entre sí. No es casualidad que los gestos realizados por Jesús no se limiten a la curación física o espiritual de la persona, sino que también comprendan una importante dimensión social y política; la persona sanada es reintegrada, con toda su dignidad, a la comunidad humana y religiosa de la cual, a menudo precisamente por su condición de enfermedad o de pecado, había sido excluida.

Esta comunión es el signo por excelencia de la Iglesia, llamada a ser en el mundo reflejo del amor de Dios que no hace acepción de personas (cf. Hch 10,34). En este sentido, quisiera decir que la Iglesia, aquí en el Principado de Mónaco, posee una gran riqueza: ser un lugar, una realidad en la que todos encuentran acogida y hospitalidad, en esa mezcla social y cultural que es un rasgo típico de ustedes. El Principado de Mónaco, en efecto, es un pequeño estado habitado, sin embargo, de manera variada por monegascos, franceses, italianos y personas de muchas otras nacionalidades. Un pequeño estado cosmopolita, en el que a la variedad de procedencias se asocian también otras diferencias de tipo socioeconómico. En la Iglesia, tales diferencias nunca se convierten en ocasión de división en clases sociales; al contrario, todos son acogidos en cuanto personas e hijos de Dios, y todos son destinatarios de un don de gracia que impulsa la comunión, la fraternidad y el amor recíproco. Este es el don que proviene de Cristo, nuestro abogado ante el Padre. En efecto, todos hemos sido bautizados en Él y, por eso, afirma san Pablo, «ya no hay judío ni pagano, esclavo ni hombre libre, varón ni mujer, porque todos ustedes no son más que uno en Cristo Jesús» (Ga 3,28).

No obstante, me parece necesario subrayar un segundo aspecto: el anuncio del Evangelio en defensa del hombre. Deseando que todos acojan la buena noticia del amor del Padre, Jesús se coloca como “abogado” principalmente para defensa de aquellos que eran considerados abandonados por Dios y que son juzgados como olvidados y marginados, haciéndose voz y rostro del Dios misericordioso que «otorga el derecho a los oprimidos» (Sal 103,6).

Pienso entonces en una Iglesia llamada a hacerse “abogada”, es decir, a defender al hombre: al hombre en su integridad y a todos los seres humanos. Se trata de un camino de discernimiento crítico y profético orientado a promover un «“desarrollo integral” de la humanidad, que respete su dignidad e identidad auténticas, así como su fin último, el cual remite a un misterio de comunión plena con el Dios Trinidad y entre nosotros» (Comisión Teológica Internacional, Quo vadis, humanitas?, 22). 

Este es el primer servicio que el anuncio del Evangelio debe prestar: iluminar a la persona humana y a la sociedad para que, a la luz de Cristo y de su Palabra, descubran su propia identidad, el significado de la vida humana, el valor de las relaciones y de la solidaridad social, el fin último de la existencia y el destino de la historia.

A este respecto, deseo animarlos a prestar un servicio apasionado y generoso en la evangelización. Anuncien el Evangelio de la vida, de la esperanza y del amor; lleven a todos la luz del Evangelio para que sea defendida y promovida la vida de todo hombre y de toda mujer desde su concepción hasta su fin natural; ofrezcan nuevos mapas de orientación capaces de frenar aquellos impulsos del secularismo que corren el riesgo de reducir al hombre al individualismo y de fundar la vida social sobre la producción de la riqueza.

Es importante que el anuncio del Evangelio y las formas de la fe, tan arraigadas en la identidad y sociedad de ustedes, se preserven del riesgo de reducirse a costumbre, aunque sea buena. Una fe viva es siempre profética, capaz de suscitar preguntas y ofrecer provocaciones: ¿estamos realmente defendiendo al ser humano? ¿Estamos protegiendo la dignidad de la persona en la protección de la vida en todas sus fases? ¿Es realmente justo y está inspirado en la solidaridad el modelo económico y social vigente? ¿Ese modelo está habitado por la ética de la responsabilidad, que nos ayuda a ir más allá de la «lógica del intercambio de cosas equivalentes y del lucro como fin en sí mismo» (Benedicto XVI, Carta enc. Caritas in veritate, 38), para construir una sociedad más justa?

Queridos amigos, mantener la mirada fija en Jesucristo, nuestro abogado ante el Padre, genera una fe arraigada en la relación personal con Él, una fe que se hace testimonio, capaz de transformar la vida y renovar la sociedad. Esta fe necesita ser anunciada con instrumentos y lenguajes nuevos, también digitales, y todos deben ser introducidos y formados en ella con continuidad y creatividad. Esto vale en particular para aquellos que se están abriendo al encuentro con Dios —los catecúmenos— y para los que vuelven a comenzar, hacia quienes les pido tener una atención particular.

Que su santa patrona, la virgen y mártir Devota, los inspire con su ejemplo, y que María Santísima, Virgen Inmaculada, interceda por ustedes y los guíe siempre a lo largo de este camino.

PAPA LEÓN XIV

Fotos: Vatican Media, 28-3-2026

Papa León XIV ante el príncipe Alberto de Mónaco: «Confiar en la providencia de Dios; creemos que el Reino de Dios es semejante a una semilla; esta fe sólo cambia el mundo si no eludimos nuestras responsabilidades»

* «A los ojos de Dios, nada se recibe en vano. Como Jesús sugiere en la parábola de los talentos, cuanto nos ha sido confiado no debe enterrarse, sino que debe ponerse en circulación y multiplicarse en el horizonte del Reino de Dios. Dicho horizonte es más amplio que el horizonte privado y no se refiere a un mundo utópico: el Reino de Dios, al que Jesús ha consagrado su vida, está cerca, porque está en medio de nosotros y sacude las configuraciones injustas del poder, las estructuras de pecado que excavan abismos entre pobres y ricos, entre privilegiados y descartados, entre amigos y enemigos. Cada talento, cada oportunidad, cada bien depositado en nuestras manos tiene un destino universal, una exigencia intrínseca de no ser retenido, sino redistribuido, para que la vida de todos sea mejor»

    

Vídeo de la transmisión en directo de Vatican News, traducido al español, con todo el discurso del Papa 

* «La fe católica —ustedes son de los pocos países del mundo que la tienen como religión de estado— nos sitúa ante la soberanía de Jesús, que compromete a los cristianos a ser en el mundo un reino de hermanos y hermanas, una presencia que no aplasta, sino que libera; que no separa, sino que une; dispuesta a proteger siempre con amor toda vida humana, en cualquier momento y condición, para que nadie sea excluido jamás de la mesa de la fraternidad» 

28 de marzo de 2026.- (Camino Católico)  “Es necesario confiar en la providencia de Dios aun cuando predomina el sentido de impotencia o de insuficiencia, porque nosotros creemos que el Reino de Dios es semejante a una semilla minúscula que se convierte en árbol; Naturalmente, esta fe sólo cambia el mundo si no eludimos nuestras responsabilidades históricas”. Con estas palabras, el Papa León XIV se dirigió a la población del Principado de Mónaco, en la primera cita de su primer viaje apostólico internacional de 2026, con la visita a la familia principesca. La visita del Pontífice de poco menos de 9 horas al Principado de Mónaco, inició en la mañana de este sábado 28 de marzo con la llegada al helipuerto de la ciudad-estado, donde fue recibido por autoridades civiles y eclesiásticas. Sucesivamente, tuvo lugar la ceremonia de bienvenida en el Palacio de los Príncipes, que incluyó una visita de cortesía al Príncipe Alberto II.


El Santo Padre, asomado desde el balcón del Palacio de los Príncipes,  ha descrito la pequeña ciudad-estado “asomada al Mediterráneo” que se ubica “entre los países fundadores de la unidad europea” y destacó su “vocación al encuentro y al cuidado de la amistad social, hoy amenazados por un ambiente generalizado de cerrazón y autosuficiencia”. En el vídeo de Vatican News se visualiza y escucha toda la alocución del Santo Padre traducida al español, cuyo texto completo es el siguiente:

VIAJE APOSTÓLICO DE SU SANTIDAD LEÓN XIV

AL PRINCIPADO DE MÓNACO

VISITA DI CORTESÍA A S. E. EL PRÍNCIPE DE MÓNACO

SALUDO DEL SANTO PADRE

Palacio del Príncipe de Mónaco

Sábado, 28 de marzo de 2026

Alteza Serenísima,

queridos hermanos y hermanas:

Estoy contento de poder vivir esta jornada junto con ustedes y ser, así, el primero entre los Sucesores del Apóstol Pedro en visitar el Principado de Mónaco en tiempos modernos, una ciudad-estado que se distingue por el vínculo profundo que la une a la Iglesia de Roma y a la fe católica.

Su tierra, asomada al Mediterráneo y ubicada entre los países fundadores de la unidad europea, posee en su independencia una vocación al encuentro y al cuidado de la amistad social, hoy amenazados por un ambiente generalizado de cerrazón y autosuficiencia. El don de la pequeñez y una herencia espiritual viva comprometen su riqueza al servicio del derecho y de la justicia, especialmente en un momento histórico en el que la ostentación de la fuerza y la lógica de la prevaricación perjudican al mundo y amenazan la paz. En la Biblia, como saben, los pequeños marcan la historia. Las auténticas espiritualidades mantienen viva esta conciencia. Es necesario confiar en la providencia de Dios aun cuando predomina el sentido de impotencia o de insuficiencia, porque nosotros creemos que el Reino de Dios es semejante a una semilla minúscula que se convierte en árbol (cf. Mt 13,31-32). Naturalmente, esta fe sólo cambia el mundo si no eludimos nuestras responsabilidades históricas.

La composición plural de su comunidad hace de este país un microcosmos, a cuyo bienestar contribuye una minoría vivaz de personas locales y una mayoría de ciudadanos procedentes de otros países del mundo. Entre ellos, no pocos ocupan cargos de considerable influencia en el ámbito económico y financiero, muchos otros llevan adelante tareas de servicio, y numerosos son también los visitantes y turistas. Habitar aquí representa para algunos un privilegio y, para todos, una llamada específica a interrogarse sobre su lugar en el mundo.

A los ojos de Dios, nada se recibe en vano. Como Jesús sugiere en la parábola de los talentos, cuanto nos ha sido confiado no debe enterrarse, sino que debe ponerse en circulación y multiplicarse en el horizonte del Reino de Dios. Dicho horizonte es más amplio que el horizonte privado y no se refiere a un mundo utópico: el Reino de Dios, al que Jesús ha consagrado su vida, está cerca, porque está en medio de nosotros y sacude las configuraciones injustas del poder, las estructuras de pecado que excavan abismos entre pobres y ricos, entre privilegiados y descartados, entre amigos y enemigos. Cada talento, cada oportunidad, cada bien depositado en nuestras manos tiene un destino universal, una exigencia intrínseca de no ser retenido, sino redistribuido, para que la vida de todos sea mejor. Por eso Jesús nos enseñó a rezar: «Danos hoy nuestro pan de cada día» (Mt 6,11); y al mismo tiempo nos dice: «Busquen primero el Reino y su justicia» (Mt 6,33). Esta lógica de libertad y de compartir está en el fundamento de la parábola del juicio universal, que tiene a los pobres en el centro: el Cristo juez, que se sienta en el trono, se identifica con cada uno de ellos (cf. Mt 25,31-46).

La fe católica —ustedes son de los pocos países del mundo que la tienen como religión de estado— nos sitúa ante la soberanía de Jesús, que compromete a los cristianos a ser en el mundo un reino de hermanos y hermanas, una presencia que no aplasta, sino que libera; que no separa, sino que une; dispuesta a proteger siempre con amor toda vida humana, en cualquier momento y condición, para que nadie sea excluido jamás de la mesa de la fraternidad. Es la perspectiva de la ecología integral, que sé que es muy importante para ustedes.

Encomiendo al Principado de Mónaco, por el vínculo tan profundo que lo une a la Iglesia de Roma, el compromiso especial de profundizar en la Doctrina Social de la Iglesia y elaborar buenas prácticas locales e internacionales que manifiesten su fuerza transformadora. Incluso en una cultura poco religiosa, muy secularizada, el modo de abordar los problemas típicos del Magisterio social puede revelar a nuestro tiempo —un tiempo en el cual a muchas personas les resulta difícil esperar— la gran luz que viene del Evangelio.

Gracias a una fe antigua serán, así, expertos en las cosas nuevas; no tanto persiguiendo los bienes que pasan, a menudo novedades que envejecen en una temporada, cuanto hallándose preparados de frente a desafíos sin precedentes, que sólo se afrontan con un corazón libre y con una inteligencia iluminada. «Ustedes comprenden muy bien —decía san Pablo VI en el 75º aniversario de la Rerum novarum— que para caminar se necesita la luz, para promover un progreso social se necesita una doctrina […]; es el pensamiento el que guía la vida; y si el pensamiento refleja la verdad —la verdad sobre el hombre, sobre el mundo, sobre la historia, sobre las cosas—, entonces el camino se puede continuar de manera directa y ágil; de lo contrario, el camino se hace lento, incierto, duro o aberrante». [1] ¡Son palabras muy actuales! Por eso, invoquemos a María, Trono de la Sabiduría y Causa de nuestra alegría, para que siempre nos conduzca con la mente, el corazón y las decisiones hacia Cristo, Príncipe de la paz.

Pax vobis! ¡Que la paz esté con ustedes!

PAPA LEÓN XIV

[1] S. Pablo VI, Homilía en el LXXV aniversario de la Encíclica “Rerum Novarum” (22 mayo 1966).


Fotos: Vatican Media, 28-3-2026

Homilía del P. José Aurelio Martín y lecturas de la Misa de hoy, sábado de la 5ª semana de Cuaresma, 28-3-2026

28 de marzo de 2026.- (Camino Católico) Homilía del P. José Aurelio Martín Jiménez y lecturas de la Santa Misa de hoy, sábado de la 5ª semana de Cuaresma, emitida por 13 TV desde la Basílica de la Concepción de Madrid.

Santa Misa de hoy, sábado de la 5ª semana de Cuaresma, 28-3-2026

28 de marzo de 2026.- (Camino Católico) Celebración de la Santa Misa de hoy, sábado de la 5ª semana de Cuaresma, presidida por el P. José Aurelio Martín Jiménez, emitida por 13 TV desde la Basílica de la Concepción de Madrid.

Misterios Gozosos del Santo Rosario, desde el Santuario de Lourdes, 28-3-2026

28 de marzo de 2026.- (Camino Católico).- Rezo de los Misterios Gozosos del Santo Rosario correspondientes a hoy, sábado, desde la Gruta de Massabielle, en el Santuario de Lourdes, en el que se intercede por el mundo entero. 

Palabra de Vida 28/3/2026: «Os conviene que uno muera por el pueblo» / Por P. Jesús Higueras

Camino Católico.- Espacio «Palabra de Vida» de 13 TV del 28 de marzo de 2026, sábado de la 5ª semana de Cuaresma, presentado por el padre Jesús Higueras en el que comenta el evangelio del día.

Evangelio: San Juan 11, 45-56:

En aquel tiempo, muchos judíos que habían venido a casa de María, al ver lo que había hecho Jesús, creyeron en él. Pero algunos acudieron a los fariseos y les contaron lo que había hecho Jesús.

Los sumos sacerdotes y los fariseos convocaron el Sanedrín y dijeron:

«¿Qué hacemos? Este hombre hace muchos signos. Si lo dejamos seguir, todos creerán en él, y vendrán los romanos y nos destruirán el lugar santo y la nación».

Uno de ellos, Caifás, que era sumo sacerdote aquel año, les dijo:

«Vosotros no entendéis ni palabra; no comprendéis que os conviene que uno muera por el pueblo, y que no perezca la nación entera».

Esto no lo dijo por propio impulso, sino que, por ser sumo sacerdote aquel año, habló proféticamente, anunciando que Jesús iba a morir por la nación; y no sólo por la nación, sino también para reunir a los hijos de Dios dispersos.

Y aquel día decidieron darle muerte. Por eso Jesús ya no andaba públicamente entre los judíos, sino que se retiró a la región vecina al desierto, a una ciudad llamada Efraín, y pasaba allí el tiempo con los discípulos.

Se acercaba la Pascua de los judíos, y muchos de aquella región subían a Jerusalén, antes de la Pascua, para purificarse. Buscaban a Jesús y, estando en el templo, se preguntaban:

«¿Qué os parece? ¿Vendrá a la fiesta?»

Los sumos sacerdotes y fariseos habían mandado que el que se enterase de dónde estaba les avisara para prenderlo.

Misterios Gozosos del Santo Rosario en la Parroquia Asunción de Nuestra Señora, Torrelodones, 28-3-2026

28 de marzo de 2026.- (Camino Católico) Misterios Gozosos del Santo Rosario correspondientes a hoy, sábado, en la parroquia Asunción de Nuestra Señora, Torrelodones, emitido por 13 TV.

Oración de los esposos que esperan un hijo

 


Pidamos a la Virgen que nos enseñe a amar con humildad, constancia y pureza de intención / Por P. Carlos García Malo