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viernes, 24 de abril de 2026

Homilía del P. Félix Castedo y lecturas de la Misa de hoy, viernes de la 3ª semana de Pascua, 24-4-2026

24 de abril de 2026.- (Camino Católico) Homilía del P. Félix Castedo y lecturas de la Santa Misa de hoy, viernes de la 3ª semana de Pascua, emitida por 13 TV desde la Basílica de la Concepción de Madrid.

Santa Misa de hoy, viernes de la 3ª semana de Pascua, 24-4-2026

24 de abril de 2026.- (Camino Católico) Celebración de la Santa Misa de hoy, viernes de la 3ª semana de Pascua, presidida por el P. Félix Castedo, emitida por 13 TV desde la Basílica de la Concepción de Madrid.

Misterios Dolorosos del Santo Rosario, desde el Santuario de Lourdes, 24-4-2026

24 de abril de 2026.- (Camino Católico).- Rezo de los Misterios Dolorosos del Santo Rosario correspondientes a hoy, viernes, desde la Gruta de Massabielle, en el Santuario de Lourdes, en el que se intercede por el mundo entero. 

Palabra de Vida 24/4/2026: «Mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida» / Por P. Jesús Higueras

Camino Católico.- Espacio «Palabra de Vida» de 13 TV del 24 de abril de 2026, viernes de la 3ª semana de Pascua, presentado por el padre Jesús Higueras en el que comenta el evangelio del día. 

Evangelio: San Juan 6, 52-59:

En aquel tiempo, disputaban los judíos entre sí:

– «¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?».

Entonces Jesús les dijo:

– «En verdad, en verdad os digo: si no coméis la carne del Hijo del hombre y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día.

Mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida.

El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él.

Como el Padre que vive me ha enviado, y yo vivo por el Padre, así, del mismo modo, el que me come vivirá por mí.

Éste es el pan que ha bajado del cielo: no como el de vuestros padres, que lo comieron y murieron; el que come este pan vivirá para siempre».

Esto lo dijo Jesús en la sinagoga, cuando enseñaba en Cafarnaún.

Adoración Eucarística con el P. José Aurelio Martín en la Basílica de la Concepción de Madrid, 24-4-2026

24 de abril de 2026.- (Camino Católico) Adoración al Santísimo Sacramento con el P. José Aurelio Martín Jiménez, emitida por 13 TV desde la Basílica de la Concepción de Madrid.

El amor de Dios no es un sentimiento pasajero, sino un don constante que sostiene la vida incluso en medio de la fragilidad / Por P. Carlos García Malo

 


jueves, 23 de abril de 2026

Papa León XIV en homilía en Guinea Ecuatorial, 23-4-2026: «Celebrando juntos la Eucaristía, que deis testimonio con vuestras vidas de la fe que salva, para que la Palabra de Dios se convierta en pan bueno para todos»

* «En Jesús se nos da una posibilidad sorprendente: Dios se da a sí mismo por nosotros. ¿Confío en que su amor es más fuerte que mi muerte? Al decidir creerle, cada uno de nosotros elige entre una desesperación cierta y una esperanza que Dios hace posible. Entonces nuestra hambre de vida y de justicia encuentra alivio en las palabras de Jesús: ‘El pan que yo daré es mi carne para la Vida del mundo’»

Vídeo de la transmisión en directo de Vatican News, traducido al español, con la homilía del Papa León XIV 

* «¡Cristo lo es todo para nosotros!. En Él encontramos plenitud de vida y de sentido: ‘Si estás oprimido por la injusticia, Él es la justicia; si tienes necesidad de ayuda, Él es la fuerza; si tienes miedo de la muerte, Él es la vida; si deseas el cielo, Él es el camino; si estás en las tinieblas, Él es la luz’ (S. Ambrosio, De Virginitate, 16,99). Con la compañía del Señor, nuestros problemas no desaparecen, pero son iluminados: así como toda cruz encuentra redención en Jesús, así en el Evangelio la historia de nuestra vida encuentra sentido. Por eso hoy cada uno de nosotros puede decir: ‘Bendito sea Dios, que no rechazó mi oración, ni apartó de mí su misericordia’ (Sal 66,20). Él siempre nos ama primero; su palabra es para nosotros Evangelio, y no tenemos nada mejor para anunciar al mundo» 


23 de abril de 2026.- (Camino Católico)  “Celebrando juntos la Eucaristía, que deis testimonio con vuestras vidas de la fe que salva, para que la Palabra de Dios se convierta en pan bueno para todos” ha subrayado el Papa León XIV en su homilía en la Santa Misa que ha presidido en el Estadio de Malabo, en el último día de viaje apostólico a Guinea Ecuatorial. Dirigiéndose a unos 30 mil fieles presentes en la instalación deportiva, el Santo Padre ha inspirado su reflexión en la lectura de la liturgia del día de los Hechos de los Apóstoles que relata el encuentro de Felipe con un viajero que, desde Jerusalén, regresa a África.



“Las Escrituras que acabamos de escuchar nos interpelan, preguntándonos a cada uno de nosotros “si sabemos” y “cómo” leemos las páginas bíblicas que hoy compartimos”, expresa el Pontífice abriendo su reflexión. Se trata – puntualiza – de una invitación tan seria como providencial, porque nos prepara para leer juntos el libro de la historia, es decir, las páginas de nuestra vida, que Dios sigue inspirando con su sabiduría. En el vídeo de Vatican News se visualiza y escucha la homilía del Papa, cuyo texto íntegro es el siguiente:




VIAJE APOSTÓLICO DE SU SANTIDAD EL PAPA LEÓN XIV

A ARGELIA, CAMERÚN, ANGOLA Y GUINEA ECUATORIAL

(13-23 DE ABRIL DE 2026)


SANTA MISA


HOMILÍA DEL SANTO PADRE


Estadio de Malabo

Jueves, 23 de abril de 2026



Queridos hermanos y hermanas:

Quiero empezar saludando con afecto a esta Iglesia particular de Malabo con su pastor y, a la vez, expresar mi sentido pésame a toda la comunidad archidiocesana, a los hermanos sacerdotes y a los familiares por el fallecimiento, hace algunos días, de su Vicario General, Monseñor Fortunato Nsue Esono, que recordamos en esta Eucaristía.

Invito a vivir con espíritu de fe este momento de dolor y confío en que, sin dejarse llevar por comentarios o conclusiones apresuradas, se haga plena luz sobre las circunstancias de su muerte.

Las Escrituras que acabamos de escuchar nos interpelan, preguntándonos a cada uno de nosotros “si sabemos” y “cómo” leemos las páginas bíblicas que hoy compartimos. Se trata de una invitación tan seria como providencial, porque nos prepara para leer juntos el libro de la historia, es decir, las páginas de nuestra vida, que Dios sigue inspirando con su sabiduría.

Compartiendo el camino de un viajero que, desde Jerusalén, regresa precisamente a África, el diácono Felipe le pregunta: «¿Comprendes lo que estás leyendo?» (Hch 8,30). Aquel peregrino, un eunuco de la reina de Etiopía, le responde de inmediato con humilde sagacidad: «¿Cómo lo puedo entender, si nadie me lo explica?» (v. 31). Su pregunta se convierte así no sólo en una apelación a la verdad, sino en una expresión de curiosidad. Observemos con atención quién está hablando: es un hombre rico, como su tierra, pero esclavo. Todos los tesoros que administra no son suyos; suyas son las fatigas, que benefician a otros. Este hombre tiene inteligencia y cultura, y lo demuestra tanto en el trabajo como en la oración, pero no es plenamente libre. Esta condición está grabada dolorosamente en su cuerpo; se trata, en efecto, de un eunuco. No puede generar vida, todas sus energías están al servicio de un poder que lo controla y lo domina.

Precisamente mientras regresa a su patria, África, convertida para él en lugar de servidumbre, el anuncio del Evangelio lo libera. La Palabra de Dios, que tiene en sus manos, produce un fruto sorprendente en su vida: cuando encuentra a Felipe, testigo de Cristo crucificado y resucitado, el eunuco se convierte no sólo en lector de la Biblia, es decir, espectador, sino en protagonista de un relato que lo involucra, porque se refiere precisamente a él. El texto sagrado le habla y suscita su pregunta sobre la verdad. Así es como este africano se adentra en la Escritura, que es hospitalaria para con todo lector que quiera comprender la Palabra de Dios. Entra en la historia de la salvación, que es hospitalaria para con todo hombre y mujer, especialmente para con los oprimidos, los marginados y los últimos. Al texto escrito corresponde ahora el gesto vivido; al recibir el Bautismo, ya no es un extraño, sino que se convierte en hijo de Dios, en nuestro hermano en la fe. Esclavo y sin descendencia, este hombre renace a una vida nueva y libre en el nombre del Señor Jesús. Nosotros seguimos hablando de su rescate, precisamente mientras leemos las Escrituras.

Como él, también nosotros hemos sido hechos cristianos por el Bautismo, heredando la misma luz, es decir, la misma fe, para leer la Palabra de Dios. Para reflexionar sobre las profecías, para orar los salmos, para estudiar la Ley y proclamar el Evangelio con nuestra vida. Todos los textos bíblicos, en efecto, revelan en la fe su verdadero sentido, porque en la fe fueron escritos y transmitidos hasta nosotros; por eso su lectura es siempre un acto personal y también eclesial, no un ejercicio solitario o meramente técnico.

Leemos juntos la Escritura como un bien común de la Iglesia, teniendo como guía al Espíritu Santo, que inspiró su composición, y a la Tradición apostólica, que la ha custodiado y difundido por toda la tierra. Como pide el eunuco, también nosotros podemos comprender la Palabra de Dios gracias a una guía que nos acompaña en el camino de la fe, como lo fue el diácono Felipe, quien «tomó la palabra y, comenzando por este texto de la Escritura, le anunció la Buena Noticia de Jesús» (v. 35). El viajero africano estaba leyendo una profecía que se cumplió para él en aquel entonces, como se cumple hoy para nosotros: el siervo sufriente del que habla el profeta Isaías (cf. Is 53,7-8) es Jesús, aquel que, mediante su pasión, muerte y resurrección, nos redime del pecado y de la muerte. Él es el Verbo hecho carne, en quien encuentra cumplimiento toda palabra de Dios: revela su intención originaria, su sentido pleno y su fin último.

Como afirma Cristo, «sólo el que viene de Dios ha visto al Padre» (Jn 6,46). En el Hijo, el Padre mismo muestra su gloria: Dios se hace ver, oír y tocar. A través de los gestos de Jesús, el Redentor, Él da plenitud a lo que hace desde siempre, esto es, dar vida. Crea el mundo, lo salva y lo ama para siempre. Jesús les recuerda a quienes lo escuchan un signo de esta providencia constante: «Sus padres, en el desierto, comieron el maná y murieron» (v. 49). Se refiere así a la experiencia del éxodo; un camino de liberación de la esclavitud que, sin embargo, se convirtió en un vagar agotador durante cuarenta años, porque el pueblo no creyó en la promesa del Señor, llegando incluso a añorar Egipto (cf. Ex 16,3). Bajo el yugo del faraón, el pueblo comía los frutos de la tierra; Dios, en cambio, los conduce al desierto, donde el pan sólo puede venir de su providencia. El maná es, por tanto, prueba, bendición y promesa que Jesús viene a cumplir. A aquel signo antiguo le sucede ahora el sacramento de la Alianza nueva y eterna: la Eucaristía, pan consagrado por aquel que ha descendido del cielo para hacerse nuestro alimento. Si los que comieron el maná «murieron» (Jn 6,49), «el que coma de este pan vivirá eternamente» (v. 51), porque Cristo está vivo. ¡Él es el Resucitado y continúa dando su vida por nosotros!

A través del éxodo definitivo que es la Pascua de Jesús, todo pueblo es liberado de la esclavitud del mal. Mientras celebramos este acontecimiento de salvación, el Señor nos llama a una elección decisiva: «El que cree, tiene Vida eterna» (v. 47). En Jesús se nos da una posibilidad sorprendente: Dios se da a sí mismo por nosotros. ¿Confío en que su amor es más fuerte que mi muerte? Al decidir creerle, cada uno de nosotros elige entre una desesperación cierta y una esperanza que Dios hace posible. Entonces nuestra hambre de vida y de justicia encuentra alivio en las palabras de Jesús: «El pan que yo daré es mi carne para la Vida del mundo» (v. 51).

¡Gracias, Señor! Te alabamos y te bendecimos, porque has querido hacerte para nosotros Eucaristía, pan de vida eterna, para que podamos vivir para siempre. Precisamente ahora, queridos amigos, mientras celebramos este sacramento de salvación, podemos exclamar con alegría: “¡Cristo lo es todo para nosotros!”. En Él encontramos plenitud de vida y de sentido: «Si estás oprimido por la injusticia, Él es la justicia; si tienes necesidad de ayuda, Él es la fuerza; si tienes miedo de la muerte, Él es la vida; si deseas el cielo, Él es el camino; si estás en las tinieblas, Él es la luz» (S. Ambrosio, De Virginitate, 16,99). Con la compañía del Señor, nuestros problemas no desaparecen, pero son iluminados: así como toda cruz encuentra redención en Jesús, así en el Evangelio la historia de nuestra vida encuentra sentido. Por eso hoy cada uno de nosotros puede decir: «Bendito sea Dios, que no rechazó mi oración, ni apartó de mí su misericordia» (Sal 66,20). Él siempre nos ama primero; su palabra es para nosotros Evangelio, y no tenemos nada mejor para anunciar al mundo. Esta evangelización nos involucra a todos, a partir del Bautismo, que es sacramento de fraternidad, baño de perdón y fuente de esperanza. A través de nuestro testimonio, el anuncio de la salvación se hace gesto, se hace servicio, se hace perdón; en una palabra, se hace Iglesia.

Como enseñaba el Papa Francisco, verdaderamente «la alegría del Evangelio llena el corazón y la vida entera de los que se encuentran con Jesús» (Exhort. ap. Evangelii Gaudium, 1). Al mismo tiempo, cuando compartimos esta alegría, percibimos aún mejor el riesgo de «una tristeza individualista que brota del corazón cómodo y avaro, de la búsqueda enfermiza de placeres superficiales, de la conciencia aislada. Cuando la vida interior se clausura en los propios intereses, ya no hay espacio para los demás, ya no entran los pobres, ya no se escucha la voz de Dios, ya no se goza la dulce alegría de su amor» (Ibíd., 2). Ante tal cerrazón, es precisamente el amor del Señor el que sostiene nuestro compromiso, especialmente al servicio de la justicia y de la solidaridad.

Por ello, os animo a todos vosotros, Iglesia que peregrina en Guinea Ecuatorial, a continuar con alegría la misión de los primeros discípulos de Jesús. Leyendo juntos el Evangelio, que seáis anunciadores apasionados, como lo fue el diácono Felipe. Celebrando juntos la Eucaristía, que deis testimonio con vuestra vidas de la fe que salva, para que la Palabra de Dios se convierta en pan bueno para todos.


PAPA LEÓN XIV



Fotos: Vatican Media, 23-4-2026

Santa Misa de hoy, jueves de la 3ª semana de Pascua, presidida por el Papa León XIV, en Guinea Ecuatorial, 23-4-202


Foto: Vatican Media, 23-4-2026


23 de abril de 2026.- (Camino Católico El Papa León XIV ha celebrado esta mañana del jueves la Santa Misa, ante 30.0000 personas, en el estadio de Malabo, Guinea Ecuatorial, antes de tomar el avión de vuelta a Roma, concluyendo así su viaje a cuatro países de África. En su homilía el Santo Padre ha subrayado que “celebrando juntos la Eucaristía, que deis testimonio con vuestras vidas de la fe que salva, para que la Palabra de Dios se convierta en pan bueno para todos”. En el vídeo de Vatican News se visualiza y escucha toda la celebración. 


Homilía del P. Heliodoro Mira y lecturas de la Misa de hoy, jueves de la 3ª semana de Pascua, 23-4-2026

23 de abril de 2026.- (Camino Católico) Homilía del P. Heliodoro Mira y lecturas de la Santa Misa de hoy, jueves de la 3ª semana de Pascua, emitida por 13 TV desde la Basílica de la Concepción de Madrid.

Santa Misa de hoy, jueves de la 3ª semana de Pascua, 23-4-2026

23 de abril de 2026.- (Camino Católico) Celebración de la Santa Misa de hoy, jueves de la 3ª semana de Pascua, presidida por el P. Heliodoro Mira, emitida por 13 TV desde la Basílica de la Concepción de Madrid.

Misterios Luminosos del Santo Rosario, desde el Santuario de Lourdes, 23-4-2026

23 de abril de 2026.- (Camino Católico).- Rezo de los Misterios Luminosos del Santo Rosario correspondientes a hoy, jueves, desde la Gruta de Massabielle, en el Santuario de Lourdes, en el que se intercede por el mundo entero. 

Palabra de Vida 23/4/2026: «Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo» / Por P. Jesús Higueras

Camino Católico.- Espacio «Palabra de Vida» de 13 TV del 23 de abril de 2026, jueves de la 3ª semana de Pascua, presentado por el padre Jesús Higueras en el que comenta el evangelio del día. 

Evangelio: San Juan 6, 44-51:

En aquel tiempo, dijo Jesús al gentío:

«Nadie puede venir a mí si no lo atrae el Padre que me ha enviado. Y yo lo resucitaré en el último día.

Está escrito en los profetas: «Serán todos discípulos de Dios.» Todo el que escucha al Padre y aprende viene a mí.

No es que alguien haya visto al Padre, a no ser el que está junto a Dios: ese ha visto al Padre. En verdad, en verdad os digo: el que cree tiene vida eterna.

Yo soy el pan de la vida. Vuestros padres comieron en el desierto el maná y murieron; este es el pan que baja del cielo, para que el hombre coma de él y no muera.

Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre.

Y el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo».

Adoración Eucarística con el P. José Aurelio Martín en la Basílica de la Concepción de Madrid, 23-4-2026

23 de abril de 2026.- (Camino Católico) Adoración al Santísimo Sacramento con el P. José Aurelio Martín Jiménez, emitida por 13 TV desde la Basílica de la Concepción de Madrid.

«Bendecid, pueblos» nos recuerda que nadie queda fuera de la invitación: todos estamos llamados a reconocer el bien que Dios obra, incluso en medio de lo cotidiano / Por P. Carlos García Malo

 


miércoles, 22 de abril de 2026

Papa León XIV en homilía en Guinea Ecuatorial, 22-4-2026: «Incluso en los momentos de oscuridad, estamos llamados a permanecer fieles al Evangelio, a anunciarlo, a vivirlo en plenitud y a dar testimonio de él con alegría»

* «Este compromiso requiere perseverancia, cuesta esfuerzo, a veces sacrificio, pero es el signo de que somos verdaderamente la Iglesia de Cristo. La primera lectura que hemos escuchado nos narra en pocos versículos cómo una Iglesia que anuncia con alegría y sin temor el Evangelio es también una Iglesia que, precisamente por eso, puede ser perseguida (cf. Hch 8,1-8). Pero, por otra parte, el mismo libro de los Hechos de los Apóstoles nos dice que, mientras los cristianos se ven obligados a huir y se dispersan, muchísimos se acercan a la Palabra del Señor y pueden ver con sus propios ojos que los enfermos en el cuerpo y en el espíritu son sanados. Esos son los signos prodigiosos de la presencia de Dios, que generan gran alegría en toda la ciudad (cf. vv. 6-8)» 

Vídeo de la transmisión en directo de Vatican News, traducido al español, con la homilía del Papa León XIV 

* «El lema de mi visita es “Cristo, Luz de Guinea Ecuatorial, hacia un futuro de esperanza”, y quizá precisamente este sea hoy el hambre mayor: hay hambre de futuro, pero de un futuro habitado por la esperanza, que pueda generar una nueva justicia, que pueda dar frutos de paz y fraternidad. Y no se trata de un futuro desconocido, que debamos esperar de forma pasiva, sino de un porvenir que precisamente nosotros, con la gracia de Dios, estamos llamados a construir. El futuro de Guinea pasa por las decisiones que ustedes toman; está confiado a su sentido de la responsabilidad y al compromiso compartido de custodiar la vida y la dignidad de cada persona» 

 


22 de abril de 2026.- (Camino Católico)  “Incluso en los momentos de oscuridad. Con esta confianza, arraigada más en la fuerza de su amor que en nuestros méritos, estamos llamados a permanecer fieles al Evangelio, a anunciarlo, a vivirlo en plenitud y a dar testimonio de él con alegría. Dios no nos privará de los signos de su presencia y, una vez más, como nos dijo Jesús en el Evangelio que acabamos de escuchar, será para nosotros ‘el pan de vida’ que saciará nuestra hambre”. Ha sido la exhortación del Papa León XIV en su homilía  a los 100.000 fieles reunidos en la misa que ha celebrado, este miércoles 22 de abril, en la Basílica de la Inmaculada Concepción de Mongomo, que se trata del edificio religioso más grande de África central. 




El Pontífice los ha animado a no tener miedo y les ha invitado a ser “constructores de un futuro de esperanza, de paz y de reconciliación”. También ha hablado de la importancia de la llamada a “continuar hoy el camino trazado por los misioneros, los pastores y los laicos que los han precedido”. A todos y a cada uno - recuerda - se les pide un compromiso personal que abarque la vida por completo, para que la fe, celebrada de manera tan festiva en sus comunidades y en sus liturgias, alimente sus actividades caritativas y la responsabilidad hacia el prójimo, para la promoción del bien de todos. 




Antes de la celebración eucarística, en la entrada de la Basílica, el Papa bendijo la primera piedra de la que será la catedral de Ciudad de la Paz. En el vídeo de Vatican News se visualiza y escucha la homilía del Papa, cuyo texto íntegro es el siguiente:




VIAJE APOSTÓLICO DE SU SANTIDAD EL PAPA LEÓN XIV

A ARGELIA, CAMERÚN, ANGOLA Y GUINEA ECUATORIAL

(13-23 DE ABRIL DE 2026))


SANTA MISA


HOMILÍA DEL SANTO PADRE


Basílica de la Inmaculada Concepción (Mongomo)

Miércoles, 22 de abril de 2026



Queridos hermanos y hermanas:


En esta espléndida basílica catedral, dedicada a la Inmaculada Concepción, Madre del Verbo encarnado y Patrona de Guinea Ecuatorial, nos hemos reunido para escuchar la Palabra del Señor y celebrar el memorial que Él nos ha dejado como fuente y culmen de la vida y de la misión de la Iglesia. La Eucaristía contiene verdaderamente todo el bien espiritual de la Iglesia: es Cristo, nuestra Pascua, que se nos entrega; es el Pan vivo que nos sacia; es la presencia que nos revela el amor infinito de Dios por toda la familia humana, que sigue saliendo también hoy al encuentro de cada hombre y mujer.


Me alegra poder celebrar junto con ustedes, dando gracias al Señor por los 170 años de evangelización en estas tierras de Guinea Ecuatorial. Se trata de una ocasión propicia para recordar todo el bien que el Señor ha realizado y, al mismo tiempo, deseo expresar mi gratitud a los numerosos misioneros, misioneras, sacerdotes diocesanos, catequistas y fieles laicos que han entregado su vida al servicio del Evangelio.


Ellos han acogido las expectativas, las preguntas y las heridas de su pueblo, iluminándolas con la Palabra del Señor y convirtiéndose en signo del amor de Dios en medio de ustedes; con su testimonio de vida, han colaborado a la venida del Reino de Dios, sin miedo a sufrir por su fidelidad a Cristo.


Es una historia que no pueden olvidar, que, por un lado, los une a la Iglesia apostólica y universal que los precede y, por otro, los ha acompañado para que ustedes mismos se conviertan en protagonistas del anuncio del Evangelio y del testimonio de la fe, cumpliendo aquellas palabras proféticas pronunciadas en tierra africana por el Papa san Pablo VI: «Vosotros africanos, ya sois misioneros para vosotros mismos. La Iglesia de Cristo está verdaderamente arraigada en esta tierra bendita» (Homilía al concluir el Simposio de Obispos de África, Kampala, Uganda, 31 julio 1969).


Desde esta perspectiva, están llamados a continuar hoy el camino trazado por los misioneros, los pastores y los laicos que los han precedido. A todos y a cada uno se les pide un compromiso personal que abarque la vida por completo, para que la fe, celebrada de manera tan festiva en sus comunidades y en sus liturgias, alimente sus actividades caritativas y la responsabilidad hacia el prójimo, para la promoción del bien de todos.


Este compromiso requiere perseverancia, cuesta esfuerzo, a veces sacrificio, pero es el signo de que somos verdaderamente la Iglesia de Cristo. La primera lectura que hemos escuchado nos narra en pocos versículos cómo una Iglesia que anuncia con alegría y sin temor el Evangelio es también una Iglesia que, precisamente por eso, puede ser perseguida (cf. Hch 8,1-8). Pero, por otra parte, el mismo libro de los Hechos de los Apóstoles nos dice que, mientras los cristianos se ven obligados a huir y se dispersan, muchísimos se acercan a la Palabra del Señor y pueden ver con sus propios ojos que los enfermos en el cuerpo y en el espíritu son sanados. Esos son los signos prodigiosos de la presencia de Dios, que generan gran alegría en toda la ciudad (cf. vv. 6-8).


Así, hermanos y hermanas, aunque las situaciones personales, familiares y sociales que vivimos no siempre sean favorables, podemos confiar en la obra del Señor, que hace brotar la buena semilla de su Reino por caminos que desconocemos, aun cuando parece que todo a nuestro alrededor es estéril, e incluso en los momentos de oscuridad. Con esta confianza, arraigada más en la fuerza de su amor que en nuestros méritos, estamos llamados a permanecer fieles al Evangelio, a anunciarlo, a vivirlo en plenitud y a dar testimonio de él con alegría. Dios no nos privará de los signos de su presencia y, una vez más, como nos dijo Jesús en el Evangelio que acabamos de escuchar, será para nosotros “el pan de vida” que saciará nuestra hambre (cf. Jn 6,35).


¿Cuál es el hambre que sentimos? ¿De qué tiene hambre hoy este país? El lema de mi visita es “Cristo, Luz de Guinea Ecuatorial, hacia un futuro de esperanza”, y quizá precisamente este sea hoy el hambre mayor: hay hambre de futuro, pero de un futuro habitado por la esperanza, que pueda generar una nueva justicia, que pueda dar frutos de paz y fraternidad. Y no se trata de un futuro desconocido, que debamos esperar de forma pasiva, sino de un porvenir que precisamente nosotros, con la gracia de Dios, estamos llamados a construir. El futuro de Guinea pasa por las decisiones que ustedes toman; está confiado a su sentido de la responsabilidad y al compromiso compartido de custodiar la vida y la dignidad de cada persona.


Es necesario, por tanto, que todos los bautizados se sientan implicados en la obra de evangelización, se conviertan en apóstoles de la caridad y en testigos de una nueva humanidad.


Se trata de participar, con la luz y la fuerza del Evangelio, en el desarrollo integral de esta tierra, en su renovación, en su transformación. Son muchas las riquezas naturales que el Creador les ha dado; los exhorto a cooperar para que puedan ser una bendición para todos. Que el Señor los ayude a convertirse cada vez más en una sociedad en la que cada uno, según sus respectivas responsabilidades, trabaje al servicio del bien común y no de intereses particulares, superando las desigualdades entre privilegiados y desfavorecidos. Que crezcan los espacios de libertad y que se salvaguarde siempre la dignidad de la persona humana; pienso en los más pobres, en las familias en dificultad; pienso en los reclusos, a menudo obligados a vivir en condiciones preocupantes de higiene y de sanidad.


Hermanos y hermanas, se necesitan cristianos que tomen en sus manos el destino de Guinea Ecuatorial. Por eso quiero animarlos: ¡no tengan miedo de anunciar y dar testimonio del Evangelio! Sean ustedes los constructores de un futuro de esperanza, de paz y de reconciliación, continuando la obra que los misioneros comenzaron hace 170 años.


Que la Virgen María Inmaculada los acompañe en este camino. Que ella interceda por ustedes y los haga discípulos generosos y alegres de Cristo.


PAPA LEÓN XIV



otos: Vatican Media, 22-4-2026