* «En su santidad el Señor se hace bautizar como todos los pecadores, para revelar la infinita misericordia de Dios. El Hijo unigénito, en quien somos hermanos y hermanas, viene, en efecto, para servir y no para dominar, para salvar y no para condenar. Él es el Cristo redentor; carga sobre sí lo que es nuestro, incluido el pecado, y nos da lo que es suyo, es decir, la gracia de una vida nueva y eterna. El sacramento del Bautismo realiza este acontecimiento en todo tiempo y lugar, introduciéndonos a cada uno de nosotros en la Iglesia, que es el pueblo de Dios, formado por hombres y mujeres de toda nación y cultura, regenerados por su Espíritu. Dediquemos entonces este día a hacer memoria del gran don recibido, comprometiéndonos a testimoniarlo con alegría y coherencia»
Vídeo completo de la transmisión en directo de Vatican News traducido al español con las palabras del Papa en el Ángelus
* «Mi pensamiento se dirige a lo que está sucediendo en estos días en Oriente Medio, en particular en Irán y en Siria, donde tensiones persistentes están provocando la muerte de muchas personas. Espero y rezo para que se cultiven con paciencia el diálogo y la paz, buscando el bien común de toda la sociedad. En Ucrania, nuevos ataques, particularmente graves, dirigidos sobre todo contra infraestructuras energéticas, precisamente cuando el frío se vuelve más intenso, golpean duramente a la población civil. Rezo por quienes sufren y renuevo el llamamiento a cesar las violencias y a intensificar los esfuerzos para llegar a la paz»
11 de enero de 2026.- (Camino Católico) “En las horas oscuras, el Bautismo es luz; en los conflictos de la vida, el Bautismo es reconciliación; en la hora de la muerte, el Bautismo es la puerta del cielo”, ha reflexionado el Papa León XIV en la Fiesta del Bautismo del Señor, a la hora del Ángelus, en la plaza de San Pedro, ante decenas de miles de fieles. Anteriormente, a las 9'30 de la mañana ha celebrado la santa Misa en la capilla Sixtina bautizando a 20 bebés, hijos de trabajadores del Vaticano y en su homilía también ha profundizado sobre el Bautismo de Jesús y el nuestro.
Reflexionando sobre el evangelio hodierno, León XIV ha recordado cómo Jesús se bautizó en el río Jordán, y cómo al hacerlo se manifestó toda la Trinidad: el Hijo en el agua, el Espíritu Santo descendiendo como paloma, y la voz del Padre proclamando: “Este es mi Hijo muy querido”. El Papa ha señalado que, de esta manera, “Dios no mira el mundo desde lejos, al margen de nuestra vida, de nuestras aflicciones y de nuestras esperanzas. Él viene entre nosotros con la sabiduría de su Verbo hecho carne, haciéndonos parte de un sorprendente proyecto de amor para toda la humanidad”.
Al final del Ángelus, León XIV dirige un pensamiento a Irán, escenario de protestas y de violentas represiones, y a Siria, donde continúan los enfrentamientos entre el ejército gubernamental y las milicias kurdas: "Perseguir el bien común de toda la sociedad". Luego invoca la paz en Ucrania, que vive a oscuras y con frío debido a los "graves" ataques rusos: "Cesad las violencias e intensificad los esfuerzos por la paz". En el vídeo de Vatican News se visualiza y escucha la meditación del Santo Padre traducida al español, cuyo texto completo es el siguiente:
SOLEMNIDAD DE LA EPIFANÍA DEL SEÑOR
FIESTA DEL BAUTISMO DEL SEÑOR
PAPA LEÓN XIV
ÁNGELUS
Plaza de San Pedro
Domingo, 11 de enero de 2026
Queridos hermanos y hermanas, ¡feliz domingo!
La fiesta del Bautismo de Jesús, que hoy celebramos, da comienzo al Tiempo Ordinario. Este periodo del año litúrgico nos invita a seguir juntos al Señor, a escuchar su Palabra e imitar sus gestos de amor al prójimo. De ese modo, confirmamos y renovamos nuestro Bautismo, es decir, el sacramento que nos hace cristianos, liberándonos del pecado y transformándonos en hijos de Dios, por el poder de su Espíritu de vida.
El Evangelio que hoy escuchamos describe cómo surge este signo eficaz de la gracia. Jesús, cuando se hizo bautizar por Juan en el río Jordán, «vio al Espíritu de Dios descender como una paloma y dirigirse hacia él» (Mt 3,16). Al mismo tiempo, de los cielos abiertos se oyó la voz del Padre que decía: «Este es mi Hijo muy querido» (v. 17). Toda la Trinidad se hace presente en la historia: así como el Hijo desciende en las aguas del Jordán, así el Espíritu Santo desciende sobre Él y se nos da como fuerza de salvación por medio suyo.
Queridos hermanos, Dios no mira el mundo desde lejos, al margen de nuestra vida, de nuestras aflicciones y de nuestras esperanzas. Él viene entre nosotros con la sabiduría de su Verbo hecho carne, haciéndonos parte de un sorprendente proyecto de amor para toda la humanidad.
Es por eso que Juan el Bautista, lleno de asombro, preguntó a Jesús: «¿Y tú acudes a mí?» (v. 14). Sí, en su santidad el Señor se hace bautizar como todos los pecadores, para revelar la infinita misericordia de Dios. El Hijo unigénito, en quien somos hermanos y hermanas, viene, en efecto, para servir y no para dominar, para salvar y no para condenar. Él es el Cristo redentor; carga sobre sí lo que es nuestro, incluido el pecado, y nos da lo que es suyo, es decir, la gracia de una vida nueva y eterna.
El sacramento del Bautismo realiza este acontecimiento en todo tiempo y lugar, introduciéndonos a cada uno de nosotros en la Iglesia, que es el pueblo de Dios, formado por hombres y mujeres de toda nación y cultura, regenerados por su Espíritu. Dediquemos entonces este día a hacer memoria del gran don recibido, comprometiéndonos a testimoniarlo con alegría y coherencia. Precisamente hoy he bautizado a algunos niños, que se han convertido en nuestros nuevos hermanos y hermanas en la fe. Qué hermoso es celebrar como una única familia el amor de Dios, que nos llama por nuestro nombre y nos libera del mal. El primero de los sacramentos es un signo sagrado, que nos acompaña para siempre. En las horas oscuras, el Bautismo es luz; en los conflictos de la vida, el Bautismo es reconciliación; en la hora de la muerte, el Bautismo es la puerta del cielo.
Recemos juntos a la Virgen María, pidiéndole que sostenga cada día nuestra fe y la misión de la Iglesia.
Oración del Ángelus:
Angelus Dómini nuntiávit Mariæ.
Et concépit de Spíritu Sancto.
Ave Maria…
Ecce ancílla Dómini.
Fiat mihi secúndum verbum tuum.
Ave Maria…
Et Verbum caro factum est.
Et habitávit in nobis.
Ave Maria…
Ora pro nobis, sancta Dei génetrix.
Ut digni efficiámur promissiónibus Christi.
Orémus.
Grátiam tuam, quǽsumus, Dómine,
méntibus nostris infunde;
ut qui, Ángelo nuntiánte, Christi Fílii tui incarnatiónem cognóvimus, per passiónem eius et crucem, ad resurrectiónis glóriam perducámur. Per eúndem Christum Dóminum nostrum.
Amen.
Gloria Patri… (ter)
Requiem aeternam…
Benedictio Apostolica seu Papalis
Dominus vobiscum.Et cum spiritu tuo.
Sit nomen Benedicat vos omnipotens Deus,
Pa ter, et Fi lius, et Spiritus Sanctus.
Amen.
Después de la oración mariana del Ángelus el Papa ha dicho:
Queridos hermanos y hermanas:
Como ya he mencionado, esta mañana —según la costumbre de la fiesta del Bautismo de Jesús— he bautizado a algunos recién nacidos, hijos de empleados de la Santa Sede. Ahora quisiera extender mi bendición a todos los niños que han recibido o recibirán el Bautismo en estos días, en Roma y en todo el mundo, confiándolos a la protección maternal de la Virgen María. De modo particular rezo por los niños nacidos en condiciones más difíciles, tanto de salud como por los peligros externos. Que la gracia del Bautismo, que los une al misterio pascual de Cristo, actúe eficazmente en ellos y en sus familiares.
Mi pensamiento se dirige a lo que está sucediendo en estos días en Oriente Medio, en particular en Irán y en Siria, donde tensiones persistentes están provocando la muerte de muchas personas. Espero y rezo para que se cultiven con paciencia el diálogo y la paz, buscando el bien común de toda la sociedad.
En Ucrania, nuevos ataques, particularmente graves, dirigidos sobre todo contra infraestructuras energéticas, precisamente cuando el frío se vuelve más intenso, golpean duramente a la población civil. Rezo por quienes sufren y renuevo el llamamiento a cesar las violencias y a intensificar los esfuerzos para llegar a la paz.
Y ahora los saludo a todos ustedes, romanos y peregrinos presentes hoy en la Plaza de San Pedro. ¡Grazie, thank you, muchas gracias!
En particular saludo al grupo de la Escuela “Everest” de Madrid y a la asociación “Bambini Fratelli” de Guadalajara, en México: “Dejemos que los niños sueñen”.
¡A todos ustedes les deseo un feliz domingo!
Papa León XIV
Fotos: Vatican Media, 11-1-2026








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