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domingo, 18 de enero de 2026

Sofía Acosta resucitó tras una hora muerta: el milagro que beatificó a la Madre Catalina de María Rodríguez: «Desde el punto de vista médico yo le puedo decir, que, de seguro... estaba muerta. No existía nada»

Sofía Acosta en su casa del Barrio Modelo de San Miguel de Tucumán, junto a un retrato de Catalina de María, que murió en 1896 y dejó como obra el Colegio Hermanas Esclavas del Corazón de Jesús

* «Para nosotros la Madre Catalina de María Rodríguez ya es una santa. Hizo un doble milagro, al evitar que quedaran daños cerebrales, pero el Vaticano sólo reconoció el de la resurrección para beatificarla. Ahora falta otro para que la Iglesia la declare Santa» 

       

Vídeo del testimonio de quienes vivieron la resurrección de Sofía Acosta, milagro obrado por la Madre Catalina de María Rodríguez

Camino Católico.- "Yo resucité de entre los muertos gracias a la intercesión de la Madre Catalina. Me hace muy feliz que la Iglesia la haya reconocido como Beata, por el milagro que obró en mí, aunque para mí ella es una santa", dice Sofía Acosta, recordando el 22 de abril de 1997, cuando la Madre Catalina la regresó a la vida después de una hora de su muerte. La milagrada vive en el  Barrio Modelo de San Miguel de Tucumán en Argentina, junto a su esposo, Leonardo Oscar Valdez, y a su otra hija, Eugenia.

Sofía Acosta y su esposo Leonardo junto a su nieto y sobrinos en el año del milagro, 1997

Sofía recuerda que aquella noche se había sentado para coser una pollera. Nada la preocupaba: "Yo estaba sana y me fui hasta la casa de Eugenia (que vive a la par, puerta de por medio) a decirle que ya tenía lista la ensalada que le había prometido. Y cuando regresé para avisarle a mi esposo que la cena estaba lista, me desvanecí".

Eugenia escuchó el estruendo y corrió para ver qué estaba sucediendo: "La vi a mi mamá tirada en el piso de la cocina. Mientras mi papá corría a buscar al médico, que vive enfrente, yo le pedía a ella que no me deje… Fue ahí cuando la escuché expirar. Salí desesperada en busca de un taxi… Justo encontré a un vecino que estaba entrando el auto en el garaje y le pedí que nos llevara al hospital. Cuando la levantamos con mi esposo y el vecino para subirla al auto, ella estaba dura, blanca. Recuerdo que no la podíamos sujetar. Era impresionante el peso que tenía. Hasta sacarle la dentadura postiza nos resultaba imposible, por lo rígida que estaba".

Después de cuarenta minutos lograron llegar al sanatorio Galeno para que recibiera los primeros auxilios, pero las tareas de reanimación no tuvieron éxito.  "El doctor Osvaldo Malmoria nos informó que había fallecido de muerte súbita –recuerda Eugenia–. En medio de semejante desesperación, mi papá le dice que le saque el corazón a él y se lo ponga a mi madre, pero el médico insiste que ya estaba muerta. Entonces yo le ruego al doctor que haga un último intento, porque estaba convencida de que la Madre Catalina la iba a salvar. Creo que él volvió a reanimarla porque se apiadó de nosotros. Mientras tanto, yo le rezaba a la Madre Catalina".

El cardiólogo José Luis Olguín fue quien primero atendió a Sofía y así lo recuerda: “Bajo rápido, evalúo y veo a una paciente que estaba en paro respiratorio, sin signos vitales, sin pulso, sin presión...”. También el médico de cabecera de la paciente, doctor Arturo Venturini, corrobora que ya no había nada que la ciencia médica pudiere hacer... “Desde el punto de vista médico yo le puedo decir, que, de seguro... estaba muerta. No existía nada, no existía nada”. 

Es el propio médico Malmoria quien en breves palabras narra el milagro: “...Seguimos intentando recuperarla y en algún momento la paciente recuperó la actividad cardiaca”. Sofía fue trasladada a la unidad coronaria para una mejor atención pues mantenía un edema pulmonar y se suponía una grave afección cerebral. Las posibilidades de supervivencia se consideraban escasas o al menos con secuelas. Mientras tanto comenzaron las cadenas de oración y las alumnas del Colegio rezaban fuertemente por la curación de Sofía, madre de una de sus profesoras. 

El matrimonio en el Colegio de las Hermanas Esclavas del Sagrado Corazón de Jesús, en Tucumán

Eugenia explica por qué encomendó a su mamá a Madre Catalina y no a otro santo: “Porque Catalina fue la fundadora del colegio Hermanas Esclavas del Corazón de Jesús donde yo trabajo como maestra de Inglés en jardín de infantes, y sabía que no me iba a fallar. Y así fue, porque al rato salió el doctor Malmoria a decirnos que mi mamá había vuelto. La clave para que me concediera el milagro fue pedirlo con mucha Fe”.

Delante de su casa, Sofía rodeada por su familia y la Hermana Marita, de las Esclavas que fundó Catalina

Por su parte Sofía comparte lo que recuerda que vivió mientras estaba clínicamente muerta: “Yo lo único que vi fue un campo inmenso con flores amarillas. Iba muy feliz por medio de un sendero y sentía una gran paz interior, mientras una pequeña luz me iba guiando. A medida que avanzaba se iba agigantando, y de pronto me topé con un precipicio enorme. Fue entonces cuando mi madre y un sobrino que habían fallecido me sujetaron fuerte de los brazos, para que no cayera al vacío. Mi madre me gritó: "¡Vamos, salí!". Fue tan real que hasta ahora me miro los brazos buscando una marca de ese agarrón. Por algo Dios y la Madre Catalina me hicieron volver”.

Josefa Saturnina Rodríguez –luego Madre Catalina de María– nació en Córdoba el 27 de noviembre de 1823

Josefa Saturnina Rodríguez –luego Madre Catalina de María– nació en Córdoba el 27 de noviembre de 1823. A los 29 años se casó con el coronel Manuel Antonio de Zavalía. Su matrimonio duró 13 años. Cuando en 1865 enviudó concretó su vocación eclesiástica. El 29 de septiembre de 1872 fundó el instituto de las Hermanas Esclavas del Sagrado Corazón de Jesús. Y en 1877, invitada por el Cura Brochero, hoy santo, se instaló en Villa del Tránsito (localidad que hoy lleva el nombre del cura gaucho). Murió el 5 de abril de 1896 y fue declarada Venerable el 17 de diciembre de 1997 por el papa Juan Pablo II.


La hermana Marita, Sofía y su hija Eugenia

Las 72 horas posteriores a la "muerte y resurrección" de Sofía estuvieron cargadas de incertidumbre. "El pronóstico no era alentador. Tenía un derrame cerebral severo, porque su cerebro había estado 40 minutos sin oxígeno", rememora Eugenia. Su hija, junto a la comunidad educativa del colegio, se unieron en oración y al canto de "mandarina, mandarina/ Señor, haz el milagro por la Madre Catalina", pedían por su pronta recuperación.

Mientras tanto, por sugerencia de una compañera, colocó bajo la almohada de su madre una reliquia de la Madre Catalina (una estampita con una oración que tiene un pedazo de su manto). "Se ve que otra vez nos escuchó, porque mamá no tardó en recuperarse y no tuvo que padecer secuelas. Para nosotros ella ya es una santa. Hizo un doble milagro, al evitar que quedaran daños cerebrales, pero el Vaticano sólo reconoció el de la resurrección para beatificarla. Ahora falta otro para que la Iglesia la declare Santa".

Mientras cae la tarde, se suma a la charla la hermana Marita Barrionuevo, Madre Superiora del Colegio Hermanas Esclavas del Corazón de Jesús y vice postuladora ante la Congregación para la Causa de los Santos. Ella fue una de las encargadas de recopilar minuciosamente los archivos médicos y los testimonios que permitieron beatificar a la Madre Catalina: "El proceso canónico comenzó en 2012. Se hizo declarar a los testigos y una junta médica analizó su resurrección. El tribunal eclesiástico no tardó en dictaminar en el caso de Sofía, porque las pruebas fueron contundentes. Los electrocardiogramas certificaron que ella había estado muerta, y eso fue fundamental para que se aceptara el milagro".

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