* «Estamos llamados a hablar con Dios, no para comunicarle lo que Él ya sabe, sino para revelarnos a nosotros mismos. De ahí la necesidad de la oración, en la que estamos llamados a vivir y a cultivar la amistad con el Señor. Esto se realiza, primeramente, en la oración litúrgica y comunitaria, en la que no somos nosotros quienes decidimos qué escuchar de la Palabra de Dios, sino que es Él mismo quien nos habla por medio de la Iglesia. Además, se cumple en la oración personal, que tiene lugar en el interior del corazón y de la mente. Durante la jornada y la semana del cristiano no puede faltar el tiempo dedicado a la oración, a la meditación y a la reflexión»
Video completo de la transmisión en directo realizada por Vatican News con la alocución Papa León XIV ha hecho en nuestro idioma
* «En Jesús, Dios nos hace hijos y nos llama a hacernos semejantes a Él a pesar de nuestra frágil humanidad. Nuestra semejanza con Dios, entonces, no se alcanza mediante la transgresión y el pecado, como sugirió la serpiente a Eva (cfr. Gen 3,5), sino en la relación con el Hijo hecho hombre. Las palabras del Señor Jesús que hemos recordado – “Yo los llamo amigos” – son retomadas en la Constitución Dei Verbum, que afirma: ‘Por esta revelación, Dios invisible (cfr. Col 1,15; 1Tm 1,17) habla a los hombres como amigos, movido por su gran amor, y mora con ellos (cfr. Bar 3,38), para invitarlos a la comunicación consigo y recibirlos en su compañía’ (n. 2)»
14 de enero de 2026.- (Camino Católico).- “Dios se nos revela a sí mismo por medio de su Palabra y, como sucede en una relación de amigos, se alimenta y consolida mediante el intercambio de palabras sinceras. Por eso, el Señor nos invita a la escucha, para que su Palabra penetre en nuestras mentes y en nuestros corazones… Solo cuando hablamos con Dios podemos también hablar de Él”, ha subrayado León XIV en la audiencia general de hoy, 14 de enero, en el Aula Pablo VI, en la que ha dedicado su catequesis al tema “Dios habla a los hombres como amigos” y a la Constitución dogmática sobre la divina Revelación, en el marco del nuevo ciclo dedicado a “Los documentos del Concilio Vaticano II”, que inició la semana pasada.
La amistad, el diálogo y la oración son los elementos que deben distinguir la relación con Dios, indica el Pontífice, quien partió de una premisa: la “gracia” de “hacernos amigos de Dios en su Hijo”, como explica San Agustín comentando el Evangelio de Juan. Porque “no somos iguales a Dios, pero Dios mismo nos hace semejantes a Él en su Hijo”, continua el Papa. Si en la Alianza entre Dios y el hombre “hay un primer momento de distancia” y “el pacto” es “asimétrico” - “Dios es Dios y nosotros somos criaturas” -, “con la venida del Hijo en la carne humana”, “en Jesús, Dios nos hace hijos y nos llama a hacernos semejantes a Él a pesar de nuestra frágil humanidad”.
“Nuestra semejanza con Dios, entonces, no se alcanza mediante la transgresión y el pecado, como sugirió la serpiente a Eva, sino en la relación con el Hijo hecho hombre”, explica el Papa León XIV. En el vídeo de Vatican News se visualiza y escucha la catequesis traducida al español y la síntesis que el Santo Padre ha hecho en nuestro idioma, cuyo texto completo es el siguiente:
LEÓN XIV
AUDIENCIA GENERAL
Aula Pablo VI
Miércoles, 14 de enero de 2026
Catequesis: Los documentos del Concilio Vaticano II.
I. Constitución dogmática Dei Verbum. 1. Dios habla a los hombres como amigos
Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días y bienvenidos!
Hemos iniciado el ciclo de catequesis sobre el Concilio Vaticano II. Hoy comenzamos a profundizar en la Constitución dogmática Dei Verbum sobre la divina Revelación. Se trata de uno de los documentos más bellos y más importantes de la asamblea conciliar; para introducirnos en él, puede sernos útil recordar las palabras de Jesús: «Ya no los llamo servidores, porque el servidor ignora lo que hace su señor; yo los llamo amigos, porque les he dado a conocer todo lo que oí de mi Padre» (Jn 15, 15). Este es un punto fundamental de la fe cristiana que nos recuerda la Dei Verbum: Jesucristo transforma radicalmente la relación del hombre con Dios; de ahora en adelante, será una relación de amistad. Por eso, la única condición de la nueva alianza es el amor.
Al comentar este pasaje del cuarto Evangelio, San Agustín insiste en la perspectiva de la gracia, que es la única que puede hacernos amigos de Dios en su Hijo (Comentario al Evangelio de Juan, Homilía 86). Efectivamente, un antiguo lema decía: “Amicitia aut pares invenit, aut facit”, “la amistad o nace entre iguales o los hace tales”. Nosotros no somos iguales a Dios, pero Dios mismo nos hace semejantes a Él en su Hijo.
Por eso, como podemos ver en todas las Escrituras, en la Alianza hay un primer momento de distancia, ya que el pacto entre Dios y el hombre permanece siempre asimétrico: Dios es Dios y nosotros somos criaturas. Pero con la venida del Hijo en la carne humana, la Alianza se abre a su fin último: en Jesús, Dios nos hace hijos y nos llama a hacernos semejantes a Él a pesar de nuestra frágil humanidad. Nuestra semejanza con Dios, entonces, no se alcanza mediante la transgresión y el pecado, como sugirió la serpiente a Eva (cfr. Gen 3,5), sino en la relación con el Hijo hecho hombre.
Las palabras del Señor Jesús que hemos recordado – “Yo los llamo amigos” – son retomadas en la Constitución Dei Verbum, que afirma: «Por esta revelación, Dios invisible (cfr. Col 1,15; 1Tm 1,17) habla a los hombres como amigos, movido por su gran amor, y mora con ellos (cfr. Bar 3,38), para invitarlos a la comunicación consigo y recibirlos en su compañía» (n. 2). El Dios del Génesis ya se manifestó a nuestros primeros padres, dialogando con ellos (cfr. Dei Verbum, 3); y cuando este diálogo se interrumpió a causa del pecado, el Creador no dejó de procurar encontrarse con sus criaturas y establecer una alianza con ellas cada vez. En la Revelación cristiana, es decir, cuando Dios se hace carne en su Hijo para venir a buscarnos, el diálogo que se había interrumpido se restablece de manera definitiva: la Alianza es nueva y eterna, nada nos puede separar de su amor. La Revelación de Dios, por tanto, posee el carácter dialógico de la amistad y, como sucede en la experiencia de la amistad humana, no soporta el mutismo, sino que se alimenta del intercambio de palabras verdaderas.
La Constitución Dei Verbum nos recuerda también esto: Dios nos habla. Es importante comprender la diferencia entre la palabra y la charla: esta última se detiene en la superficie y no realiza una comunión entre las personas, mientras que en las relaciones auténticas, la palabra no solo sirve para intercambiar informaciones y noticias, sino también para revelar quiénes somos. La palabra posee una dimensión reveladora que crea una relación con el otro. Así, hablándonos, Dios se nos revela como Aliado que nos invita a la amistad con Él.
Desde esta perspectiva, la primera actitud que hemos de cultivar es la escucha, para que la Palabra divina pueda penetrar en nuestras mentes y en nuestros corazones. Al mismo tiempo, estamos llamados a hablar con Dios, no para comunicarle lo que Él ya sabe, sino para revelarnos a nosotros mismos.
De ahí la necesidad de la oración, en la que estamos llamados a vivir y a cultivar la amistad con el Señor. Esto se realiza, primeramente, en la oración litúrgica y comunitaria, en la que no somos nosotros quienes decidimos qué escuchar de la Palabra de Dios, sino que es Él mismo quien nos habla por medio de la Iglesia. Además, se cumple en la oración personal, que tiene lugar en el interior del corazón y de la mente. Durante la jornada y la semana del cristiano no puede faltar el tiempo dedicado a la oración, a la meditación y a la reflexión. Solo cuando hablamos con Dios podemos también hablar de Él.
Nuestra experiencia nos dice que las amistades pueden terminar a causa de algún gesto clamoroso de ruptura, o también por una serie de desatenciones cotidianas que desgastan la relación hasta romperla. Si Jesús nos llama a ser sus amigos, intentemos no desoír su llamada. Acojámosla, cuidemos esta relación, y descubriremos que la amistad con Dios es nuestra salvación.
Después, al saludar a los peregrinos de lengua española, el Papa ha dicho:
Queridos hermanos y hermanas:
La catequesis de hoy está dedicada a la Constitución dogmática Dei Verbum, sobre la divina revelación. Este documento conciliar nos recuerda un punto fundamental de la fe cristiana: Jesucristo transforma radicalmente las relaciones del ser humano con Dios. Nuestro vínculo con Él consiste en una relación dialógica de amistad, cuya única condición es el amor.
Dios se nos revela a sí mismo por medio de su Palabra y, como sucede en una relación de amigos, se alimenta y consolida mediante el intercambio de palabras sinceras. Por eso, el Señor nos invita a la escucha, para que su Palabra penetre en nuestras mentes y en nuestros corazones. Al mismo tiempo, estamos llamados a hablar con Él. Podemos hacerlo en la oración litúrgica y comunitaria —donde nos habla por medio de la Iglesia— y en la oración personal. Sólo cuando hablamos “con” Dios, podemos también hablar “de” Él a quienes nos rodean.
Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española. Los animo a cultivar la amistad con el Señor, que es fuente de gozo y salvación, dedicando momentos serenos de oración y meditación de la Palabra, para escucharlo y hablar con Él en el silencio y la intimidad del corazón. Que Dios los bendiga. Muchas gracias.
El Santo Padre ha dicho en otros idiomas:
Mi saludo se extiende también a los jóvenes, a los enfermos y a los recién casados. Que la fiesta del Bautismo del Señor, que celebramos el domingo pasado, reavive en todos el recuerdo de nuestro Bautismo. Que sea para cada uno de nosotros un estímulo para dar siempre testimonio de la alegría de pertenecer a Cristo, el Hijo amado del Padre y nuestro Hermano que ilumina el camino de la vida.
¡Mi bendición a todos!
Papa León XIV
Fotos: Vatican Media, 14-1-2026
















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