* «Aprendamos de Juan el Bautista a mantener alerta el espíritu, amando las cosas sencillas y las palabras sinceras, viviendo con sobriedad y profundidad de mente y de corazón, conformándonos con lo necesario y encontrando cada día, en cuanto sea posible, un momento especial en el que detenernos en silencio para rezar, reflexionar, escuchar; en definitiva, para “ir al desierto”, y allí encontrarnos con el Señor y estar con Él»
Vídeo completo de la transmisión en directo de Vatican News traducido al español con las palabras del Papa en el Ángelus
* «Nuestro compromiso con la unidad debe ir acompañado de manera coherente con el compromiso por la paz y la justicia en el mundo. Hoy deseo recordar en particular las grandes dificultades que sufre la población del este de la República Democrática del Congo, obligada a huir de su país a causa de la violencia, generalmente hacia Burundi, enfrentando así una grave crisis humanitaria. Recemos para que entre las partes en conflicto prevalezca siempre el diálogo por la reconciliación y la paz. Deseo además asegurar mis oraciones por las víctimas de las inundaciones que, en los últimos días, han azotado el sur de África»
18 de enero de 2026.- (Camino Católico) “El amor del que nos habla Jesús es el de un Dios que aún hoy viene entre nosotros, no para sorprendernos con efectos especiales, sino para compartir nuestro esfuerzo y asumir nuestras cargas, revelándonos quiénes somos realmente y cuánto valemos a sus ojos”, ha afirmado el Papa en su reflexión previa a la oración del Ángelus de hoy, 18 de enero, II domingo del tiempo ordinario.
Asomado desde la ventana del Palacio Apostólico, ante las decenas de miles de fieles romanos y peregrinos congregados en la Plaza de San Pedro, León XIV ha basado su reflexión en el pasaje del Evangelio de Juan de la liturgia del día que nos habla de Juan el Bautista, que reconoce en Jesús al Cordero de Dios, el Mesías, diciendo: «Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo». Y añade: «He venido a bautizar con agua para que él fuera manifestado a Israel».
Juan reconoce en Jesús al Salvador –ha evidenciado el Pontífice –proclama su divinidad y su misión al pueblo de Israel y luego se aparta, una vez cumplida su tarea, como atestiguan estas palabras suyas: «Después de mí viene un hombre que me precede, porque existía antes que yo» (v. 30).
Después del rezo mariano del Ángelus, la mirada del Papa se dirige a África, en particular a la «violencia» que sigue azotando la República Democrática del Congo y a las graves inundaciones que están afectando al sur del continente. En el vídeo de Vatican News se visualiza y escucha la meditación del Santo Padre traducida al español, cuyo texto completo es el siguiente:
PAPA LEÓN XIV
ÁNGELUS
Plaza de San Pedro
Domingo, 18 de enero de 2026
Queridos hermanos y hermanas, ¡feliz domingo!
Hoy el Evangelio (cf. Jn 1,29-34) nos habla de Juan el Bautista, que reconoce en Jesús al Cordero de Dios, el Mesías, diciendo: «Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo» (v. 29). Y añade: «He venido a bautizar con agua para que él fuera manifestado a Israel» (v. 31).
Juan reconoce en Jesús al Salvador, proclama su divinidad y su misión al pueblo de Israel y luego se aparta, una vez cumplida su tarea, como atestiguan estas palabras suyas: «Después de mí viene un hombre que me precede, porque existía antes que yo» (v. 30).
El Bautista es un hombre muy querido por las multitudes, hasta el punto de ser temido por las autoridades de Jerusalén (cf. Jn 1,19). Le habría sido fácil aprovecharse de esta fama; en cambio, no cede en absoluto a la tentación del éxito y la popularidad. Frente a Jesús, reconoce su propia pequeñez y le da espacio a su grandeza. Sabe que ha sido enviado para preparar «el camino del Señor» (Mc 1,3; cf. Is 40,3), y cuando el Señor viene, reconoce su presencia con alegría y humildad y se retira de la escena.
¡Qué importante es para nosotros hoy su testimonio! De hecho, a menudo se le da una importancia excesiva a la aprobación, al consenso y a la visibilidad, hasta el punto de condicionar las ideas, los comportamientos y los estados de ánimo de las personas, causando sufrimiento y divisiones, y produciendo estilos de vida y de relación efímeros, decepcionantes y oprimentes. En realidad, no necesitamos estos “sucedáneos de la felicidad”. Nuestra alegría y nuestra grandeza no se basan en ilusiones pasajeras de éxito y de fama, sino en sabernos amados y deseados por nuestro Padre que está en los cielos.
El amor del que nos habla Jesús es el de un Dios que aún hoy viene entre nosotros, no para sorprendernos con efectos especiales, sino para compartir nuestro esfuerzo y asumir nuestras cargas, revelándonos quiénes somos realmente y cuánto valemos a sus ojos.
Queridos hermanos, no nos dejemos distraer ante su paso. No malgastemos tiempo y energías persiguiendo lo que es mera apariencia.
Aprendamos de Juan el Bautista a mantener alerta el espíritu, amando las cosas sencillas y las palabras sinceras, viviendo con sobriedad y profundidad de mente y de corazón, conformándonos con lo necesario y encontrando cada día, en cuanto sea posible, un momento especial en el que detenernos en silencio para rezar, reflexionar, escuchar; en definitiva, para “ir al desierto”, y allí encontrarnos con el Señor y estar con Él.
Que nos ayude en esto la Virgen María, modelo de sencillez, sabiduría y humildad.
Oración del Ángelus:
Angelus Dómini nuntiávit Mariæ.
Et concépit de Spíritu Sancto.
Ave Maria…
Ecce ancílla Dómini.
Fiat mihi secúndum verbum tuum.
Ave Maria…
Et Verbum caro factum est.
Et habitávit in nobis.
Ave Maria…
Ora pro nobis, sancta Dei génetrix.
Ut digni efficiámur promissiónibus Christi.
Orémus.
Grátiam tuam, quǽsumus, Dómine,
méntibus nostris infunde;
ut qui, Ángelo nuntiánte, Christi Fílii tui incarnatiónem cognóvimus, per passiónem eius et crucem, ad resurrectiónis glóriam perducámur. Per eúndem Christum Dóminum nostrum.
Amen.
Gloria Patri… (ter)
Requiem aeternam…
Benedictio Apostolica seu Papalis
Dominus vobiscum.Et cum spiritu tuo.
Sit nomen Benedicat vos omnipotens Deus,
Pa ter, et Fi lius, et Spiritus Sanctus.
Amen.
Después de la oración mariana del Ángelus el Papa ha dicho:
Queridos hermanos y hermanas:
Hoy comienza la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos. Los orígenes de esta iniciativa se remontan a dos siglos, y el papa León XIII fue quien tanto la alentó. Hace precisamente cien años se publicaron por primera vez las “Sugerencias para la Octava de oración por la unidad de los cristianos”. El tema de este año está tomado de la Carta a los Efesios: “Uno solo es el cuerpo y uno solo el Espíritu, como una es la esperanza a la que han sido llamados” (cf Ef 4,4). Las oraciones y reflexiones han sido preparadas por un grupo ecuménico coordinado por el Departamento de Relaciones Interreligiosas de la Iglesia Apostólica Armenia. Invito, por lo tanto, a todas las comunidades católicas a reforzar, en estos días, la oración por la plena unidad visible de todos los cristianos.
Nuestro compromiso con la unidad debe ir acompañado de manera coherente con el compromiso por la paz y la justicia en el mundo. Hoy deseo recordar en particular las grandes dificultades que sufre la población del este de la República Democrática del Congo, obligada a huir de su país a causa de la violencia, generalmente hacia Burundi, enfrentando así una grave crisis humanitaria. Recemos para que entre las partes en conflicto prevalezca siempre el diálogo por la reconciliación y la paz.
Deseo además asegurar mis oraciones por las víctimas de las inundaciones que, en los últimos días, han azotado el sur de África.
¡Dirijo mi cordial saludo a todos ustedes, romanos y peregrinos!
Me complace saludar al grupo de la Piggot School de Wargrave, en Inglaterra, así como al grupo “Fratres” de la comunidad parroquial de Compitese. Saludo a los fieles de los distintos países, a las familias y a las asociaciones. ¡Gracias por su presencia y oraciones!
A todos les deseo un buen domingo.
Papa León XIV
Fotos: Vatican Media, 18-1-2026








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