* «Esto es lo que los discípulos habían visto en el fulgor de Cristo, pero para comprenderlo se necesita tiempo (cf. Mt 17,9). Tiempo de silencio para escuchar la Palabra, tiempo de conversión para gustar de la compañía del Señor. Mientras experimentamos todo esto durante la Cuaresma, pidamos a María, Maestra de oración y Estrella de la mañana, que custodie nuestros pasos en la fe»
Vídeo completo de la transmisión en directo de Vatican News traducido al español con las palabras del Papa en el Ángelus
* «Sigo con profunda preocupación lo que está sucediendo en Oriente Medio y en Irán en estas horas dramáticas. La estabilidad y la paz no se construyen con amenazas mutuas, ni con armas, que siembran destrucción, dolor y muerte, sino solo a través de un diálogo razonable, auténtico y responsable. Ante la posibilidad de una tragedia de enormes proporciones, hago un llamamiento encarecido a las partes implicadas para que asuman la responsabilidad moral de detener la espiral de violencia antes de que se convierta en un abismo irreparable. Que la diplomacia recupere su papel y se promueva el bien de los pueblos, que anhelan una convivencia pacífica, basada en la justicia. En estos días llegan además noticias preocupantes de enfrentamientos entre Pakistán y Afganistán. Elevo mi súplica por un urgente retorno al diálogo. Recemos juntos para que prevalezca la concordia en todos los conflictos del mundo. Solo la paz, don de Dios, puede sanar las heridas entre los pueblos. Estoy cerca de la población del estado brasileño de Minas Gerais, afectada por violentas inundaciones. Rezo por las víctimas, por las familias que han perdido sus hogares y por todos los que participan en las operaciones de socorro»
1 de marzo de 2026.- (Camino Católico) “El Padre responde a la desesperación del ateísmo con el don del Hijo Salvador; el Espíritu Santo nos rescata de la soledad agnóstica ofreciéndonos una comunión eterna de vida y de gracia; frente a nuestra fe débil, se encuentra el anuncio de la resurrección”, ha reflexionado León XIV en el Ángelus de esta mañana, 1 de marzo, segundo domingo de Cuaresma, en el que el evangelista Mateo (17,1-9) narra el episodio de Jesús en el monte Tabor mostrando su gloria divina a los discípulos Pedro, Santiago y Juan.
Hablando desde la ventana de su estudio privado del Palacio Apostólico a los miles de fieles presentes en la Plaza de San Pedro en un día de invierno y a quienes lo seguían a través de los medios de comunicación, el Pontífice destaca el corazón del relato evangélico, cuando el Espíritu Santo envuelve a Jesús con una «nube luminosa», con el rostro resplandeciente «como el sol» y las vestiduras «blancas como la luz», permitiendo a los discípulos admirar el «esplendor humano» de Dios. “Pedro, Santiago y Juan contemplan una gloria humilde, que no se exhibe como un espectáculo para las multitudes, sino como una solemne confidencia.”
A partir de este gesto, Jesús transfigura las «llagas de la historia» e «iluminando nuestra mente y nuestro corazón» revela con su revelación «una sorpresa de salvación». “¿Nos sentimos fascinados por ello? ¿El verdadero rostro de Dios encuentra en nosotros una mirada de asombro y amor?”, pregunta León XIV.
En sus saludos tras el Ángelus, el Papa León XIV expresa su preocupación por lo que está sucediendo en Oriente Medio y pide que se evite un «abismo irreparable» actuando con diplomacia y promoviendo el bien de los pueblos «que anhelan una convivencia pacífica».En el vídeo de Vatican News se visualiza y escucha la meditación del Santo Padre traducida al español, cuyo texto completo es el siguiente:
PAPA LEÓN XIV
ÁNGELUS
Plaza de San Pedro
Domingo, 1 de marzo de 2026
Queridos hermanos y hermanas, ¡feliz domingo!
El Evangelio de la liturgia de hoy compone para todos nosotros un icono lleno de luz, narrando la Transfiguración del Señor (cf. Mt 17,1-9). Para representarlo, el evangelista sumerge su pluma en la memoria de los apóstoles, pintando a Cristo entre Moisés y Elías. El Verbo hecho hombre se encuentra entre la Ley y la Profecía; él es la Sabiduría viviente, que lleva a cumplimiento cada palabra divina. Todo lo que Dios ha mandado e inspirado a los hombres encuentra en Jesús su manifestación plena y definitiva.
Como en el día del bautismo en el Jordán, también hoy escuchamos la voz del Padre en el monte, que proclama: «Este es mi Hijo muy querido», mientras el Espíritu Santo cubre a Jesús con una «nube luminosa» (Mt 17,5). Con esta expresión, realmente singular, el Evangelio describe el estilo de la revelación de Dios. El Señor, cuando se manifiesta, nos revela su magnificencia; frente a Jesús, cuyo rostro brilla «como el sol» y cuyas vestiduras se vuelven «blancas como la luz» (cf. v. 2), los discípulos admiran el esplendor humano de Dios. Pedro, Santiago y Juan contemplan una gloria humilde, que no se exhibe como un espectáculo para las multitudes, sino como una confidencia solemne.
La Transfiguración anticipa la luz de la Pascua, acontecimiento de muerte y de resurrección, de tinieblas y de luz nueva que Cristo irradia sobre todos los cuerpos flagelados por la violencia, sobre los cuerpos crucificados por el dolor, sobre los cuerpos abandonados en la miseria. En efecto, mientras el mal reduce nuestra carne a una mercancía o a una masa anónima, precisamente esta misma carne resplandece con la gloria de Dios. El Redentor transfigura así las llagas de la historia, iluminando nuestra mente y nuestro corazón. ¡Su revelación es una sorpresa de salvación! ¿Aún nos atrae? El verdadero rostro de Dios, ¿encuentra en nosotros una mirada de admiración y de amor?
El Padre responde a la desesperación del ateísmo con el don del Hijo Salvador; el Espíritu Santo nos rescata de la soledad agnóstica ofreciéndonos una comunión eterna de vida y de gracia; frente a nuestra fe débil, se encuentra el anuncio de la resurrección futura. Esto es lo que los discípulos habían visto en el fulgor de Cristo, pero para comprenderlo se necesita tiempo (cf. Mt 17,9). Tiempo de silencio para escuchar la Palabra, tiempo de conversión para gustar de la compañía del Señor.
Mientras experimentamos todo esto durante la Cuaresma, pidamos a María, Maestra de oración y Estrella de la mañana, que custodie nuestros pasos en la fe.
Oración del Ángelus:
Angelus Dómini nuntiávit Mariæ.
Et concépit de Spíritu Sancto.
Ave Maria…
Ecce ancílla Dómini.
Fiat mihi secúndum verbum tuum.
Ave Maria…
Et Verbum caro factum est.
Et habitávit in nobis.
Ave Maria…
Ora pro nobis, sancta Dei génetrix.
Ut digni efficiámur promissiónibus Christi.
Orémus.
Grátiam tuam, quǽsumus, Dómine,
méntibus nostris infunde;
ut qui, Ángelo nuntiánte, Christi Fílii tui incarnatiónem cognóvimus, per passiónem eius et crucem, ad resurrectiónis glóriam perducámur. Per eúndem Christum Dóminum nostrum.
Amen.
Gloria Patri… (ter)
Requiem aeternam…
Benedictio Apostolica seu Papalis
Dominus vobiscum.Et cum spiritu tuo.
Sit nomen Benedicat vos omnipotens Deus,
Pa ter, et Fi lius, et Spiritus Sanctus.
Amen.
Después de la oración mariana del Ángelus el Papa ha dicho:
Queridos hermanos y hermanas:
Sigo con profunda preocupación lo que está sucediendo en Oriente Medio y en Irán en estas horas dramáticas. La estabilidad y la paz no se construyen con amenazas mutuas, ni con armas, que siembran destrucción, dolor y muerte, sino solo a través de un diálogo razonable, auténtico y responsable.
Ante la posibilidad de una tragedia de enormes proporciones, hago un llamamiento encarecido a las partes implicadas para que asuman la responsabilidad moral de detener la espiral de violencia antes de que se convierta en un abismo irreparable. Que la diplomacia recupere su papel y se promueva el bien de los pueblos, que anhelan una convivencia pacífica, basada en la justicia.
En estos días llegan además noticias preocupantes de enfrentamientos entre Pakistán y Afganistán. Elevo mi súplica por un urgente retorno al diálogo. Recemos juntos para que prevalezca la concordia en todos los conflictos del mundo. Solo la paz, don de Dios, puede sanar las heridas entre los pueblos.
Estoy cerca de la población del estado brasileño de Minas Gerais, afectada por violentas inundaciones. Rezo por las víctimas, por las familias que han perdido sus hogares y por todos los que participan en las operaciones de socorro.
Saludo con afecto a todos ustedes, romanos y peregrinos de diversos países, en particular al grupo de cameruneses que viven en Roma, acompañados por el presidente de la Conferencia Episcopal de ese país, que, si Dios quiere, tendré la alegría de visitar en el mes de abril.
Doy la bienvenida a los fieles de la diócesis de Iaşi, en Rumanía; a los de Budimir cerca de Košice, en Eslovaquia; a los de Massachusetts, en Estados Unidos; y a la Cofradía del Santísimo Cristo de la Buena Muerte, de Jaén, en España.
Saludo a los fieles de Nápoles, Torre del Greco y Afragola, de Caraglio y Valle Grana, de Comitini, Crotone, Silvi Marina y de la parroquia de San Luigi Gonzaga en Roma; así como a los jefes scouts del grupo “Val d'Illasi”, cerca de Verona, y a los jóvenes de Faenza que han recibido la Confirmación.
¡A todos les deseo un buen domingo!
Papa León XIV
Fotos: Vatican Media, 1-3-2026











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