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jueves, 2 de julio de 2026

Gonzalo Garrido, 22 años: «A los 16, me encontré con la misericordia del Señor al leer una biografía de San Francisco de Asís; empecé a investigar por pura cuestión académica, y el Señor se encontró conmigo»

Gonzalo Garrido dice: «Empecé a investigar por pura cuestión académica y el Señor se encontró conmigo»

* «Me encontré con el Señor en la historia porque yo empecé a leer libros de Historia, libros de la Iglesia y por una cuestión a lo mejor un poco circunstancial me encontré con una biografía de San Francisco de Asís y me tocó muchísimo. No sé cómo decirlo, pero encontré patente que eso era verdad. Era como una afirmación de que el Señor está presente, no es simplemente una cosa de los libros. Entonces dije: “si el Señor la ha llamado, pues, yo también quiero vivir esto.” En San Francisco de Asís vi mi pobreza. Antes de convertirse era un poco cabeza loca, como todos. Entonces yo vi mis miserias. En vez de asustarse el Señor las abrazaba, entonces encontré misericordia. Encontré misericordia por abrazar esa pobreza; o sea, no tener miedo a verla, como en el episodio en el que abraza a un leproso, que me marcó mucho»

Camino Católico.-  Gonzalo Garrido tiene 22 años y vive su fe en la parroquia de los Santos Juan y Pablo en San Fernando de Henares. El pasado mes de febrero concluyó el grado de Historia en la Universidad de Alcalá (UAH). El próximo curso comenzará un Máster en Documentación y Archivística con vistas a opositar en el mundo de las bibliotecas o los archivos. Este joven de San Fernando de Henares se convirtió con 16 años gracias a la lectura de la vida de San Francisco de Asís y en el último año se ha involucrado en actividades diocesanas como aquellas realizadas por la Escuela de Evangelización y por la Pastoral Universitaria.

Para llegar a su conversión, hasta entonces ya había hecho la comunión… y luego se apartó de la Iglesia. Y lo primero que responde al contar su testimonio al portal de la Diócesis de Alcalá de Henares es ¿qué hace un joven como él en la Iglesia Católica?:

– «Me criaron en la fe, pero una fe un poco más cultural. Es verdad que yo he recibido todos los Sacramentos por mis padres. Pero es verdad que cuando hice la Comunión ya dejamos de ir a la Iglesia. Tener una conciencia de por qué estoy en la Iglesia y de tener esa relación con el Señor la tengo a los 16 años.

»¿Qué hago en la Iglesia? Pues seguir al Señor. Tuve como una especie de conversión a esa edad, más o menos, y entonces me di cuenta de que verdaderamente si tenía un propósito en mi vida, si el Señor me había pensado de esta manera para tener para mí un plan de salvación, pues tenía que vivir la fe en comunidad, que es quizá lo que hasta hace poco no tenía. Por eso me empecé a implicar a nivel parroquial, dentro de la Diócesis de distintas maneras. Porque pensaba que la fe que a mí me habían transmitido y de la que luego yo había tenido ese avivamiento, tenía que ponerla en juego, poner los dones en juego.

»Yo había tenido ese encuentro tan fuerte y necesitaba transmitirlo de alguna manera. Por eso me empecé a implicar un poco más y a participar de la Diócesis». 

Gonzalo Garrido dice que está en la Iglesia Católica para seguir el Señor

«El Señor está allí y quiere estar conmigo» 

Así relata su encuentro con Dios que transformó su vida:

– «El Señor se encontró conmigo. Es verdad que yo no lo buscaba directamente, sino que empecé a profundizar: me gusta la Historia y no podía evitar tener el Cristianismo “ahí”. Era la base de todo lo que habíamos sido, entonces para un historiador no conocer lo que constituye la fe en Europa es algo inentendible.

»Yo empecé a investigar por pura cuestión académica, y el Señor se encontró conmigo. Tuve un encuentro bastante fuerte de entender que esto no es solamente una cosa del pasado,  una historia, sino que es un momento que se repite en todas las partes de la Historia y que te llama personalmente a ti.

»Me encontré con la misericordia del Señor. Evidentemente he tenido “mis idas y venidas” pero para mí como fue el momento de decir: “el Señor está allí y quiere estar conmigo.”

»Me encontré con el Señor en la historia porque yo empecé a leer libros de Historia, libros de la Iglesia y por una cuestión a lo mejor un poco circunstancial me encontré con una biografía de San Francisco de Asís y me tocó muchísimo. No sé cómo decirlo, pero encontré patente que eso era verdad. Era como una afirmación de que el Señor está presente, no es simplemente una cosa de los libros. Entonces dije: “si el Señor la ha llamado, pues, yo también quiero vivir esto.”

»En San Francisco de Asís vi mi pobreza. Antes de convertirse era un poco cabeza loca, como todos. Entonces yo vi mis miserias. En vez de asustarse el Señor las abrazaba, entonces encontré misericordia.

»Encontré misericordia por abrazar esa pobreza; o sea, no tener miedo a verla, como en el episodio en el que abraza a un leproso, que me marcó mucho.

»Y también encontré la humildad, el desapego, en el darse cuenta de “te estás apegando a muchísimas cosas y luego acabas perdido”. Verdaderamente hay una libertad muy plena en desapegarse de las cosas. No tanto a lo mejor de lo material, del dinero, etc., sino también de los apegos, de nuestras propias cosas, las que tenemos “por dentro”».

«No es que tú encuentras al Señor y toda tu vida es súper fácil y súper bonita»

Gonzalo Garrido lleva seis años dentro de la iglesia y cuenta su experiencia de ir contracorriente ir a contracorriente en este:

–  «Es muy complicado, la verdad. Muy complicado porque sobre todo cuando eres más joven es el  “¿qué pensarán?”.

»Digamos que mi familia es católica culturalmente, pero no tiene verdaderamente una fe muy sólida, salvo mi abuela y mi madre. Se vivía raro un poco en la familia tener una fe implicada. Por esa parte es muy complicado por las incomprensiones de tu familia, las incomprensiones de tus amigos.

»Yo, con el paso de los años, me he dado cuenta de que es la esencia del cristianismo, ¿no? No es que tú encuentras al Señor y toda tu vida es súper fácil y súper bonita. Tiene partes bonitas, pero también implica un poco de cruz. El Señor se entregó en una cruz. Entonces, por una parte complicado, por lo el “qué dirán”, o quizá porque te dejas arrastrar…

»Pero cuando verdaderamente te la juegas, en el sentido de que te expones ante el resto -porque al final uno no puede tener miedo de la fe, ¿no?- también es muy bonito porque hay gente que a lo mejor tiene más incomprensión que rechazo en una generación que está muy secularizada. Aunque gracias a Dios no es una secularización de rechazo, sino una secularización de desconocimiento. Es muy bonito que la gente te pregunte y puedas explicarle lo que es la fe».

Este joven vive su vida cotidiana con el Señor así:

– «Empieza el día complicado porque yo tiendo mucho a la pereza.  Entonces siempre me ayuda, nada más levantarme y desayunar y todo, la oración: tener mi rato de oración, de estar con el Señor, de leer las lecturas del Evangelio, y luego ya pedirle la fuerza para ponerme con los estudios, para llevar el día.

»Luego hago actividades de deporte o actividades académicas,  o incluso un poco de recreación. Por la tarde intento meter también un poco la oración, porque yo creo que es el pilar porque soy un desastre, o sea, mi defecto es que soy muy vago, entonces sin una oración no me sustento en nada.

»Luego continúo con las cosas que tenga que hacer: tareas en casa o participar de alguna cosa para la que me llamen. Y por la noche igual: rezar, tener un rato de oración.

»Intento, la verdad, ir a Misa todos los días, pero igual no  me cuadran los horarios y no voy, pero para mí los dos pilares del día son la oración (el día que no tengo oración soy un absoluto desastre) y la Eucaristía. Para decir: “El tiempo es del Señor: para”». 

Gonzalo Garrido en el jardín del Colegio de Málaga, donde estudió el grado en Historia por la Universidad de Alcalá (UAH)

«Que el Señor me guíe para evangelizar»

Gonzalo Garrido cuenta cómo logra evangelizar en el día a día a su familia o a sus amigos: 

– «Es quizá lo más complicado. Yo siempre le pido al Señor que me guíe, porque soy bastante desastre en estas cosas.

»Con la familia es de una manera como más cotidiana: servir, aplicar las bienaventuranzas, y poner esa llama de Cristianismo en una familia que no es muy creyente.

»Con mis amigos o las personas de mi Universidad yo creo que la manera de evangelizar es no tener miedo a, por ejemplo, si te ven una cruz, o si dices “no puedo ir a esto porque tengo que ir a Misa”… de alguna manera siempre te preguntan y tú explicas, ¿no?  Es dar un poco de testimonio de lo que verdaderamente haces.

»Digamos que, por una parte, es el servicio más cotidiano: “si necesitas algo estoy para servirte.” Y por otra parte, si hay algún tipo de duda, explicar, dar tu testimonio.

»Es verdad que, gracias a Dios, participo a veces de la Escuela de Evangelización de la Diócesis, y me ha enriquecido muchísimo en eso porque siempre tienes el miedo del rechazo…Y precisamente las evangelizaciones que hacen me han ayudado a darme cuenta de que es lo más natural exponer la fe y exponerte. Que al final se pone en juego tu vida». 

Respecto a llevar símbolos religiosos que muestran la pertenencia a Cristo fuera de los ambientes de fe dice:

– «Sí, es importante. Tampoco hay que llenarse de objetos religiosos…pero pequeñas cositas: una cruz, a lo mejor alguna pulsera, alguna cosa que sirva también para recordarte lo que eres. Porque desgraciadamente yo soy un poco cabeza loca, y a veces te dejas arrastrar por el mundo.

»Pero para mí es como un recuerdo de “oye, Dios se ha entregado en una cruz por ti, por amor, ¿por qué vas a tener miedo? Te ha dado el mayor amor, ¿por qué vas a tener miedo a cualquier otra cosa?” Entonces, para mí sí que es muy importante.

»Y llevarlo sin ningún tipo de complejo. No muchos jóvenes llevan un símbolo religioso, y la verdad es que la mayoría te pregunta y entras en un tono de conversación muy favorable para explicar lo que es y lo que significa para ti».

Gonzalo Garrido reza frente al Santísimo en la Capilla de las Santas Formas, para él el mejor lugar de la Diócesis de Alcalá de Henares para rezar

«Dios está en la universidad»

Cursando el grado de Historia, Gonzalo aprendió sobre un periodo de la Iglesia: 

– «Gracias a Dios tuvimos una asignatura de Introducción al Cristianismo, una optativa muy bonita, y me gustó mucho, que yo no lo conocía porque yo tenía total desconocimiento…La época tardo-antigua, los últimos siglos del Imperio Romano, ya cristianizado, y los primeros de la Europa que se va cristianizando….Yo sigo profundizando en eso porque no tenía ni idea, y la verdad es que me está gustando mucho». 

En cuanto a si Dios está en la Universidad responde con claridad:

– «Evidentemente el Señor siempre está aunque luego nosotros incluso nos perdamos, siempre está. En torno a lo que es la presencia tangible, es verdad que yo en los primeros años en la Universidad no vi una presencia como tal de gente católica, pero con el paso del tiempo he ido conociendo a gente y he visto que sí que hay bastantes universitarios que tienen fe, y que tienen una fe implicada en el sentido de una fe formada…

»Desde hace poco ayudo en la pastoral de la Universidad, y poco a poco, hay cositas que se van notando: conoces a grupos de chicos católicos que hay allí, alguna vez hemos hecho alguna conversación en la cafetería, quedamos para hacer formación. Es discreta porque el entorno universitario de Alcalá no es el menos favorable de todas las universidades de Madrid, pero quizá no es el entorno más favorable a veces para la fe». 

Gonzalo dice que una canción que está escuchando últimamente que le acerque a Dios es «Alza la mirada»

El libro que recomienda para conocer más la fe es «Sabiduría de un pobre’, de Eloi Leclerc, que trata de la vida de San Francisco de Asís. No trata temas teológicos muy complejos, pero te acerca de una manera muy vívida a la fe».

Es evidente que su santo que es referente para él es «San Francisco de Asís»

Y para finalizar se le pide que termina la frase: 

Los jóvenes son… «el impulso que necesita la Iglesia».

Los jóvenes esperan… «encontrarse con la Verdad de su vida».

La fe de los jóvenes es… «auténtica».

El mejor lugar para rezar en la Diócesis de Alcalá es… «la Capilla de las Santas Formas».

lunes, 1 de abril de 2019

Laura García perdió a su hija de 4 años por cáncer, su fe creció y ahora quiere acabar con la enfermedad con “El sueño de Vicky”: «nuestra familia se ha unido más a Dios»

 «Cuando le diagnosticaron el tumor a Vicky, yo solo pedí a Dios que fuera un error, que la curase, que la salvase. Y preguntaba: ¿por qué a mi hija?  ¿Por qué a mí? La única respuesta es: ¿por qué no? Nunca pensé que fuera un castigo, pero si me pregunté: ¿Dios, por qué permites esto? Durante el proceso yo pedí a Dios que la salvará, luego que me diera fuerza y sabiduría para saber lo que me estaba tocando… Vicky se quedó dormida en mis brazos. Pese a ser un momento muy difícil fue hermosísimo: en mi casa, con sus hermanos, con mi marido abrazándola, con una sonrisa cuando llegó a los brazos de Dios, que se notaba que estaba feliz y nos dejó a todos con mucha paz y con una misión muy importante que es dar voz a esta enfermedad. Y cuando vi que falleció pedí a Dios que me diera fuerza para seguir luchando y le agradecí que se la llevara a su lado, puesto que todo el mundo lo que quiere conseguir es estar al lado de Dios al final de su vida, no con 4 años, pero es un consuelo muy grande que tengo, que me dio mucha paz»
Camino Católico.- Laura García es la presidenta de la Fundación de El Sueño de Vicky aunque a ella le gusta decir que es la madre de Vicky a secas. Ella como muchas familias creía que era una persona feliz, que tenía todo lo que quería, una familia unida y ejemplar, un buen trabajo hasta que todos sus planes se torcieron ante un acontecimiento nada esperado por ninguno.
Vivían en Panamá con un buen trabajo, y fue allí cuando al cumplir su hija pequeña dos años pensaban que le había picado un bicho en un párpado y lo que pensaban que iba a ser algo anecdótico se convirtió en una enfermedad dura y temida: cáncer. “En ese momento nuestra vida cambió, fue un tsunami, se lo llevó todo por delante, yo sentí cómo el corazón se te rompe en mil pedazos. Nos volvimos a España y en el vuelo yo le pedí a Dios que se cayera el avión y nos muriésemos todos juntos. Pensé que no iba a ser capaz de sobrellevar el dolor que se nos venía”.  En medio del dolor y el sufrimiento hasta ver morir a Vicky, la gracia de Dios se hizo mucho más presente en una familia que ya tenía fe, tal y como cuenta Laura en su testimonio que se visualiza en el video superior de  Mater Mundi TV.