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domingo, 8 de marzo de 2026

Papa León XIV en el Ángelus, 8-3-2026: «Jesús es la respuesta de Dios a nuestra sed; el encuentro con Élactiva en lo profundo de cada uno un manantial que brotará hasta la Vida eterna»

* «Que hermoso es cuando perdemos la noción del tiempo para prestar atención a quien encontramos, tal como es. Jesús incluso olvidaba comer, porque lo alimentaba la voluntad de Dios de llegar al corazón de todos. De ese modo, la Samaritana se convierte en la primera de muchas evangelizadoras. Desde su aldea de despreciados y marginados, muchos, gracias a su testimonio, salen al encuentro de Jesús, y también en ellos la fe brota como agua pura… Pidamos hoy a María, Madre de la Iglesia, poder servir, con Jesús y como Jesús, a la humanidad sedienta de verdad y de justicia» 

   

Vídeo completo de la transmisión en directo de Vatican News traducido al español con las palabras del Papa en el Ángelus

* «Elevamos nuestro humilde ruego al Señor para que cese el estruendo de las bombas, callen las armas y se abra un espacio de diálogo en el que se puedan escuchar las voces de los pueblos. Confío esta intención a María, Reina de la paz, para que interceda por cuantos sufren a causa de la guerra y acompañe los corazones a través de senderos de reconciliación y de esperanza» 

8 de marzo de 2026.- (Camino Católico)  “Jesús, en efecto, es la respuesta de Dios a nuestra sed. El encuentro con Él, como le sugiere a la Samaritana, activa en lo profundo de cada uno un manantial que brotará hasta la Vida eterna” ha reflexionado el Papa León XIV, ante una Plaza de San Pedro repleta de miles de fieles, antes del rezo dominical del Ángelus. 

El Pontífice comenta el episodio del Evangelio de Juan, cuando Jesús de Nazaret habla con la mujer samaritana en el pozo, para invitarnos así a “levantar los ojos” y reconocer la acción de Dios incluso donde aparentemente no se ve nada: “En el Evangelio Jesús dijo a sus discípulos: «Ustedes dicen que aún faltan cuatro meses para la cosecha. Pero yo les digo: Levanten los ojos y miren los campos: ya están madurando para la siega. Allí donde nosotros no vemos nada, la gracia ya está actuando y los frutos están listos para ser recogidos».

El Papa explica que “no hay energía mejor empleada que la que dedicamos a liberar el corazón. Por eso, la Cuaresma es un don: entramos en la tercera semana y ya podemos intensificar el camino”.

Tras la oración del Ángelus, el Papa invita a rezar a Dios para que cese el estruendo de las bombas en Irán y en toda la región, y se abran «caminos de reconciliación y esperanza». El temor es que «el conflicto se extienda» y otros países, como el Líbano, vuelvan a caer en la inestabilidad. Con motivo del Día de la Mujer, hace un llamamiento al compromiso por la igualdad y la solidaridad con las mujeres que siguen siendo discriminadas y víctimas de la violencia. En el vídeo de Vatican News se visualiza y escucha la meditación del Santo Padre traducida al español, cuyo texto completo es el siguiente: 

PAPA LEÓN XIV

ÁNGELUS

Plaza de San Pedro

Domingo, 8 de marzo de 2026

Queridos hermanos y hermanas, ¡feliz domingo!

El diálogo entre Jesús y la mujer samaritana, la curación del ciego de nacimiento y la resurrección de Lázaro, desde los primeros siglos de la historia de la Iglesia, iluminan el camino de quienes, en Pascua, recibirán el Bautismo e iniciarán una vida nueva. Estas grandes páginas del Evangelio, que comenzamos a leer desde este domingo, se ofrecen a los catecúmenos, pero al mismo tiempo son escuchadas nuevamente por toda la comunidad, porque ayudan a convertirse en cristianos o, si ya lo somos, a serlo con mayor autenticidad y alegría.

Jesús, en efecto, es la respuesta de Dios a nuestra sed. El encuentro con Él, como le sugiere a la Samaritana, activa en lo profundo de cada uno un «manantial que brotará hasta la Vida eterna» ( Jn 4,14). ¡Cuántas personas, en todo el mundo, buscan todavía hoy esta fuente espiritual! «A veces me es accesible —escribía la joven Etty Hillesum en su diario—. Pero a menudo hay piedras y escombros taponando ese pozo y entonces Dios está enterrado. Hay que desenterrarlo de nuevo». [1] Queridos hermanos, no hay energía mejor empleada que la que dedicamos a liberar el corazón. Por eso, la Cuaresma es un don: entramos en la tercera semana y ya podemos intensificar el camino.

En el Evangelio también está escrito que «llegaron sus discípulos y quedaron sorprendidos al ver [a Jesús] hablar con una mujer». (Jn 4,27). Les cuesta tanto apropiarse de la misión, que el Maestro tiene que provocarlos: «Ustedes dicen que aún faltan cuatro meses para la cosecha. Pero yo les digo: Levanten los ojos y miren los campos: ya están madurando para la siega» (Jn 4,35). El Señor también dice a su Iglesia: “Levanta los ojos y reconoce las sorpresas de Dios”. En los campos, cuatro meses antes de la cosecha, casi no se ve nada. Pero allí donde nosotros no vemos nada, la gracia ya está actuando y los frutos están listos para ser recogidos. La mies es mucha; quizá son pocos los obreros, porque están distraídos con otras actividades. Jesús, en cambio, está atento. Aquella mujer samaritana, según las costumbres, simplemente habría tenido que ser ignorada; sin embargo, Jesús le habla, la escucha, le da confianza sin segundas intenciones y sin desprecio.

¡Cuántas personas buscan en la Iglesia esa misma delicadeza, esa disponibilidad! Y qué hermoso es cuando perdemos la noción del tiempo para prestar atención a quien encontramos, tal como es. Jesús incluso olvidaba comer, porque lo alimentaba la voluntad de Dios de llegar al corazón de todos (cf. Jn 4,34). De ese modo, la Samaritana se convierte en la primera de muchas evangelizadoras. Desde su aldea de despreciados y marginados, muchos, gracias a su testimonio, salen al encuentro de Jesús, y también en ellos la fe brota como agua pura.

Hermanas y hermanos, pidamos hoy a María, Madre de la Iglesia, poder servir, con Jesús y como Jesús, a la humanidad sedienta de verdad y de justicia. No es tiempo de oposiciones entre un templo y otro, entre “nosotros” y “los otros”; los adoradores que Dios busca son hombres y mujeres de paz, que lo adoran en Espíritu y en verdad (cf. Jn 4,23-24).


Oración del Ángelus:  

Angelus Dómini nuntiávit Mariæ.

Et concépit de Spíritu Sancto.

Ave Maria…


Ecce ancílla Dómini.

Fiat mihi secúndum verbum tuum.

Ave Maria…


Et Verbum caro factum est.

Et habitávit in nobis.

Ave Maria…


Ora pro nobis, sancta Dei génetrix.

Ut digni efficiámur promissiónibus Christi.


Orémus.

Grátiam tuam, quǽsumus, Dómine,

méntibus nostris infunde;

ut qui, Ángelo nuntiánte, Christi Fílii tui incarnatiónem cognóvimus, per passiónem eius et crucem, ad resurrectiónis glóriam perducámur. Per eúndem Christum Dóminum nostrum.


Amen.


Gloria Patri… (ter)

Requiem aeternam…


Benedictio Apostolica seu Papalis


Dominus vobiscum.Et cum spiritu tuo.

Sit nomen Benedicat vos omnipotens Deus,

Pa ter, et Fi lius, et Spiritus Sanctus.


Amen.



Después de la oración mariana del Ángelus el Papa ha dicho:


Queridos hermanos y hermanas:


Desde Irán y desde todo el Medio Oriente continúan llegando noticias que suscitan profunda consternación. A los episodios de violencia y devastación, y al difundido clima de odio y miedo, se añade el temor de que el conflicto se amplíe y que otros países de la región, entre ellos el querido Líbano, puedan volver a caer en la inestabilidad.


Elevamos nuestro humilde ruego al Señor para que cese el estruendo de las bombas, callen las armas y se abra un espacio de diálogo en el que se puedan escuchar las voces de los pueblos. Confío esta intención a María, Reina de la paz, para que interceda por cuantos sufren a causa de la guerra y acompañe los corazones a través de senderos de reconciliación y de esperanza.



Hoy, 8 de marzo, se celebra el día de la mujer. Renovemos el compromiso —que para nosotros los cristianos se basa en el Evangelio— de reconocer la igual dignidad del hombre y de la mujer. Lamentablemente muchas mujeres, desde la infancia, siguen siendo discriminadas y sufren diversas formas de violencia. A ellas, de modo especial, van mi solidaridad y mi oración.


Doy la bienvenida a los estudiantes provenientes de College Station, Texas; de Kansas City, Misuri; de Fort Wayne, Indiana, en los Estados Unidos de América y de Jerez y Cádiz, en España; así como a los grupos de peregrinos del Perú, Panamá, Honduras, México y Chile.


Saludo a los fieles de Brescia, Castrolibero, Gravina de Apulia, Perugia y de las parroquias de San Clemente Papa y de San Pío de Pietrelcina, en Roma.


Saludo a la comunidad “Casa de María” de Roma, al grupo de confirmación de la diócesis de Orvieto-Todi, a los jóvenes de Mantua y al equipo de rugby de Rovigo.


Les deseo a todos un feliz domingo.


Papa León XIV


[1] Etty Hillesum, Una vida conmocionada: Diario 1941-1943, Barcelona 2007, 41.



Fotos: Vatican Media, 8-3-2026

Homilía de Mons. Sebastià Taltavull, obispo de Mallorca, y lecturas de la Misa de hoy, III Domingo de Cuaresma, 8-3-2026

8 de marzo de 2026.-  (Camino Católico)  Homilía de Mons. Sebastià Taltavull, obispo de Mallorca, y lecturas de la Santa Misa de hoy, III Domingo de Cuaresma, emitida por 13 TV desde la Catedral de Mallorca.

Santa Misa de hoy, III Domingo de Cuaresma, en la Catedral de Mallorca, 8-3-2026

8 de marzo de 2026.-  (Camino Católico) Celebración de la Santa Misa de hoy, III Domingo de Cuaresma, presidida por Mons. Sebastià Taltavull, obispo de Mallorca, emitida por 13 TV desde la Catedral de Mallorca. 

Misterios Gloriosos del Santo Rosario, desde el Santuario de Lourdes, 8-3-2026

8 de marzo de 2026.- (Camino Católico).- Rezo de los Misterios Gloriosos del Santo Rosario correspondientes a hoy, domingo, desde la Gruta de Massabielle, en el Santuario de Lourdes, en el que se intercede por el mundo entero.

Palabra de Vida 8/3/2026: «Un surtidor de agua que salta hasta la vida eterna» / Por P. Jesús Higueras

Camino Católico.- Espacio «Palabra de Vida» de 13 TV del 8 de marzo de 2026, domingo de la 3ª semana de Cuaresma, presentado por el padre Jesús Higueras en el que comenta el evangelio del día.

Evangelio: San Juan 4, 5-42:

En aquel tiempo, llegó Jesús a una ciudad de Samaria llamado Sicar, cerca del campo que dio Jacob a su hijo José; allí estaba el pozo de Jacob.

Jesús, cansado del camino, estaba allí sentado junto al pozo.

Era hacia la hora sexta.

Llega una mujer de Samaria a sacar agua, y Jesús le dice:

«Dame de beber».

Sus discípulos se habían ido al pueblo a comprar comida.

La samaritana le dice:

«¿Cómo tú, siendo judío, me pides de beber a mí, que soy samaritana?» (porque los judíos no se tratan con los samaritanos).

Jesús le contestó:

«Si conocieras el don de Dios y quién es el que te dice “dame de beber”, le pedirías tú, y él te daría agua viva».

La mujer le dice:

«Señor, si no tienes cubo, y el pozo es hondo, ¿de dónde sacas el agua viva?; ¿eres tú más que nuestro padre Jacob, que nos dio este pozo, y de él bebieron él y sus hijos y sus ganados?».

Jesús le contestó:

«El que bebe de esta agua vuelve a tener sed; pero el que beba del agua que yo le daré nunca más tendrá sed: el agua que yo le daré se convertirá dentro de él en un surtidor de agua que salta hasta la vida eterna».

La mujer le dice:

«Señor, dame esa agua: así no tendré más sed, ni tendré que venir aquí a sacarla.

Él le dice:

«Anda, llama a tu marido y vuelve».

La mujer le contesta:

«No tengo marido».

Jesús le dice:

«Tienes razón, que no tienes marido: has tenido ya cinco, y el de ahora no es tu marido. En eso has dicho la verdad».

La mujer le dice:

«Señor, veo que tú eres un profeta. Nuestros padres dieron culto en este monte, y vosotros decís que el sitio donde se debe dar culto está en Jerusalén».

Jesús le dice:

«Créeme, mujer: se acerca la hora en que ni en este mote ni en Jerusalén adoraréis al Padre. Vosotros adoráis a uno que no conocéis; nosotros adoramos a uno que conocemos; porque la salvación viene de los judíos. Pero se acerca la hora, ya está aquí, en que los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y verdad, porque el Padre desea que lo adoren así. Dios es espíritu, y los que lo adoran deben hacerlo en espíritu y verdad».

La mujer le dice:

«Sé que va a venir el Mesías, el Cristo; cuando venga, él nos lo dirá todo».

Jesús le dice:

«Soy yo, el que habla contigo».

En esto llegaron sus discípulos y se extrañaban de que estuviera hablando con una mujer, aunque ninguno le dijo: «¿Qué le preguntas o de qué le hablas?».

La mujer entonces dejó su cántaro, se fue al pueblo y dijo a la gente:

«Venid a ver un hombre que me ha dicho todo lo que he hecho; ¿será este el Mesías?».

Salieron del pueblo y se pusieron en camino adonde estaba él.

Mientras tanto sus discípulos le insistían:

«Maestro, come».

Él les dijo:

«Yo tengo un alimento que vosotros no conocéis».

Los discípulos comentaban entre ellos:

«¿Le habrá traído alguien de comer?».

Jesús les dice:

«Mi alimento es hacer la voluntad del que me envió y llevar a término su obra.

¿No decís vosotros que faltan todavía cuatro meses para la cosecha? Yo os digo esto: levantad los ojos contemplad los campos, que están ya dorados para la siega; el segador ya está recibiendo salario y almacenando fruto para la vida eterna: y así, se alegran lo mismo sembrador y segador.

Con todo, tiene razón el proverbio: uno siembra y otro siega.

Yo os envié a segar lo que no habéis trabajado. Otros trabajaron y vosotros entrasteis en el fruto de sus trabajos».

En aquel pueblo muchos samaritanos creyeron en él por el testimonio que había dado la mujer: «Me ha dicho todo lo que he hecho».

Así, cuando llegaron a verlo los samaritanos, le regaban que se quedara con ellos. Y se quedó allí dos días. Todavía creyeron muchos más por su predicación, y decían a la mujer: «Ya no creemos por lo que tú dices; nosotros mismos lo hemos oído y sabemos que él es de verdad el Salvador del mundo».

Homilía del evangelio del domingo: Establecer un diálogo sincero y profundo con Jesús para que nos aparte definitivamente de lo que nos esclavizan / Por P. José María Prats

* «Que en este tiempo de Cuaresma en que, acompañando a los catecúmenos, nos preparamos para renovar nuestro bautismo,  Jesús haga renacer con fuerza en nosotros los ríos de agua viva capaces de saciar nuestra sed»

Domingo III de Cuaresma – A

Éxodo 17, 3-7 / Salmo 94 / Romanos 5, 1-2.5-8 / San Juan 4, 5-42

P. José María Prats / Camino Católico.- La Cuaresma se estableció en los primeros siglos de la Iglesia como un período penitencial y catecumenal. Durante los cuarenta días previos a la celebración del Triduo Pascual, los pecadores públicos intensificaban sus penitencias para recibir la absolución el Jueves Santo de manos del obispo y los catecúmenos recapitulaban su preparación para ser bautizados en la Vigilia Pascual.

El carácter catecumenal del tiempo cuaresmal se manifiesta especialmente en este ciclo A en los tres pasajes del evangelio de San Juan que leemos a partir de este domingo y que constituyen unas magníficas catequesis bautismales.

Hoy se nos presenta la figura de la samaritana, una mujer atrapada en las redes del pecado a quien Jesús libera haciendo brotar en ella las aguas del Espíritu y conduciéndola hacia el verdadero culto, en espíritu y en verdad.

El relato describe estupendamente la realidad personal de la samaritana. Su viaje cotidiano al pozo de Jacob tiene un profundo significado simbólico: esta mujer, como todos nosotros, tiene sed de plenitud de vida y, por ello, sale diariamente en busca de aquello que pueda apagar esta sed.

Los cinco “maridos” ilegítimos que ha tenido representan las fuentes a las que ha acudido para saciar su sed. Podríamos ponerles nombres como dinero, drogas, sexo, poder o fama. Con todos ellos ha tenido un profundo desengaño: ¡Cuánto esfuerzo y qué precio tan alto le han obligado a pagar por un momento fugaz de gloria! Y es que –como bien dice ella– el pozo de Jacob es hondo, las aguas escasean y para conseguir un pequeño sorbo hay que pelearse con todo el mundo.

Está muy claro que la samaritana está cansada y asqueada de todo. Ojalá –piensa ella– alguien le diera de beber un agua que saciara definitivamente su sed y no tuviera que volver nunca más junto al pozo de Jacob donde tanto ha sufrido y tan poco fruto ha cosechado. He aquí, pues, la realidad personal de esta mujer y la de tantos otros que no han tenido un verdadero encuentro con Jesucristo.

El evangelio nos muestra cómo Jesús penetra y transforma esta realidad. Sentado junto a la samaritana, la invita a un diálogo en el que irá tomando conciencia de su situación y descubrirá la fuente de la que mana el agua que es capaz de saciar su sed de plenitud de vida.

Con su delicada pedagogía Jesús la va iluminando, elevándola poco a poco desde su problema cotidiano de tener que ir cada día a buscar agua hasta las preguntas más sublimes sobre el verdadero culto y el Mesías. Y es entonces cuando tiene lugar la manifestación imponente, formidable de la identidad mesiánica de Jesús: «Yo soy: el que habla contigo».

Después de esta afirmación, el evangelio pone un punto y aparte y cambia discretamente de tema, pero nosotros deberíamos guardar un momento de silencio. Nada dice el texto –por respeto a lo inefable– de la reacción de la samaritana, pero lo que ha ocurrido está muy claro: ha tenido lugar el milagro de la fe y dentro de esta mujer ha penetrado el Espíritu de Dios, en ella ha brotado un surtidor de agua que salta hasta la vida eterna. Y su alegría es tan grande que no puede contenerla y parte inmediatamente hacia el pueblo para compartir con su gente lo que acaba de vivir.

Que en este tiempo de Cuaresma en que, acompañando a los catecúmenos, nos preparamos para renovar nuestro bautismo, sepamos establecer un diálogo sincero y profundo con Jesús para que nos aparte definitivamente de esos cinco maridos que todavía nos esclavizan y haga renacer con fuerza en nosotros los ríos de agua viva capaces de saciar nuestra sed.


P. José María Prats


Evangelio: 


En aquel tiempo, Jesús llega, pues, a una ciudad de Samaria llamada Sicar, cerca de la heredad que Jacob dio a su hijo José. Allí estaba el pozo de Jacob. Jesús, como se había fatigado del camino, estaba sentado junto al pozo. Era alrededor de la hora sexta.


Llega una mujer de Samaría a sacar agua. Jesús le dice: 


«Dame de beber». 


Pues sus discípulos se habían ido a la ciudad a comprar comida. 


Le dice la mujer samaritana: 


«¿Cómo tú, siendo judío, me pides de beber a mí, que soy una mujer samaritana?» (Porque los judíos no se tratan con los samaritanos). 


Jesús le respondió: «Si conocieras el don de Dios, y quién es el que te dice: ‘Dame de beber’, tú le habrías pedido a él, y él te habría dado agua viva». 


Le dice la mujer: 


«Señor, no tienes con qué sacarla, y el pozo es hondo; ¿de dónde, pues, tienes esa agua viva? ¿Es que tú eres más que nuestro padre Jacob, que nos dio el pozo, y de él bebieron él y sus hijos y sus ganados?».


Jesús le respondió: 


«Todo el que beba de esta agua, volverá a tener sed; pero el que beba del agua que yo le dé, no tendrá sed jamás, sino que el agua que yo le dé se convertirá en él en fuente de agua que brota para vida eterna».


Le dice la mujer: 


«Señor, dame de esa agua, para que no tenga más sed y no tenga que venir aquí a sacarla». El le dice: «Vete, llama a tu marido y vuelve acá». 


Respondió la mujer: 


«No tengo marido». 


Jesús le dice: 


«Bien has dicho que no tienes marido, porque has tenido cinco maridos y el que ahora tienes no es marido tuyo; en eso has dicho la verdad».


Le dice la mujer: 


«Señor, veo que eres un profeta. Nuestros padres adoraron en este monte y vosotros decís que en Jerusalén es el lugar donde se debe adorar». 


Jesús le dice: 


«Créeme, mujer, que llega la hora en que, ni en este monte, ni en Jerusalén adoraréis al Padre. Vosotros adoráis lo que no conocéis; nosotros adoramos lo que conocemos, porque la salvación viene de los judíos. Pero llega la hora (ya estamos en ella) en que los adoradores verdaderos adorarán al Padre en espíritu y en verdad, porque así quiere el Padre que sean los que le adoren. Dios es espíritu, y los que adoran, deben adorar en espíritu y verdad».


Le dice la mujer: 


«Sé que va a venir el Mesías, el llamado Cristo. Cuando venga, nos lo explicará todo». Jesús le dice: «Yo soy, el que te está hablando».


En esto llegaron sus discípulos y se sorprendían de que hablara con una mujer. Pero nadie le dijo: «¿Qué quieres?», o «¿Qué hablas con ella?». 


La mujer, dejando su cántaro, corrió a la ciudad y dijo a la gente: 


«Venid a ver a un hombre que me ha dicho todo lo que he hecho. ¿No será el Cristo?». 


Salieron de la ciudad e iban donde Él.


Entretanto, los discípulos le insistían diciendo:


«Rabbí, come». 


Pero Él les dijo: 


«Yo tengo para comer un alimento que vosotros no sabéis». 


Los discípulos se decían unos a otros:


«¿Le habrá traído alguien de comer?». 


Les dice Jesús: 


«Mi alimento es hacer la voluntad del que me ha enviado y llevar a cabo su obra. ¿No decís vosotros: Cuatro meses más y llega la siega? Pues bien, yo os digo: Alzad vuestros ojos y ved los campos, que blanquean ya para la siega. Ya el segador recibe el salario, y recoge fruto para la vida eterna, de modo que el sembrador se alegra igual que el segador. Porque en esto resulta verdadero el refrán de que uno es el sembrador y otro el segador: yo os he enviado a segar donde vosotros no os habéis fatigado. Otros se fatigaron y vosotros os aprovecháis de su fatiga».


Muchos samaritanos de aquella ciudad creyeron en Él por las palabras de la mujer que atestiguaba: 


«Me ha dicho todo lo que he hecho». 


Cuando llegaron donde Él los samaritanos, le rogaron que se quedara con ellos. Y se quedó allí dos días. Y fueron muchos más los que creyeron por sus palabras, y decían a la mujer: 


«Ya no creemos por tus palabras; que nosotros mismos hemos oído y sabemos que éste es verdaderamente el Salvador del mundo».


San Juan 4, 5-42