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domingo, 22 de marzo de 2026

Papa León XIV en el Ángelus, 22-3-2026: «Nada de lo creado puede saciar nuestra sed interior, porque estamos hechos para Dios, y no encontramos paz hasta que descansamos en Él»

* «El relato de la resurrección de Lázaro nos invita, entonces, a ponernos a la escucha de esa profunda necesidad y, con la fuerza del Espíritu Santo, liberar nuestros corazones de hábitos, condicionamientos y formas de pensar que, como grandes piedras, nos encierran en el sepulcro del egoísmo, el materialismo, la violencia y de la superficialidad. En estos lugares no hay vida, sino sólo desorientación, insatisfacción y soledad. Jesús también a nosotros nos grita: «¡Ven afuera!» (Jn 11,43), animándonos a salir, renovados por su gracia, de esos espacios angostos, para caminar en la luz del amor, como mujeres y hombres nuevos, capaces de esperar y amar según el modelo de su caridad infinita, sin cálculos y sin límites» 

   

Vídeo completo de la transmisión en directo de Vatican News traducido al español con las palabras del Papa en el Ángelus

* «Sigo con tristeza la situación en Oriente Medio, así como en otras regiones del mundo devastadas por la guerra y la violencia. No podemos permanecer en silencio ante el sufrimiento de tantas personas indefensas, víctimas de estos conflictos. Lo que las hiere a ellas, lacera a toda la humanidad. La muerte y el dolor provocados por estas guerras ¡son un escándalo para toda la familia humana y un grito ante Dios! Renuevo mi vehemente llamamiento a perseverar en la oración, para que cesen las hostilidades y se abran finalmente caminos de paz basados en el diálogo sincero y en el respeto a la dignidad de cada persona humana»  


22 de marzo de 2026.- (Camino Católico)  “Nada de lo creado puede saciar nuestra sed interior, porque estamos hechos para Dios, y no encontramos paz hasta que descansamos en Él”, lo ha dicho el Papa León XIV en su alocución previa a la oración mariana del Ángelus de este domingo 22 de marzo, ante los miles de fieles y peregrinos que se han dado cita en la Plaza de san Pedro.

Al comentar el Evangelio de este V Domingo de Cuaresma, el Santo Padre señala que, en la liturgia se proclama el Evangelio de la Resurrección de Lázaro (cf. Jn 11,1-45). Y dice que, en el itinerario cuaresmal, este es un signo que habla de la victoria de Cristo sobre la muerte y del don de la vida eterna que recibimos en el Bautismo. “Hoy, Jesús nos dice también a nosotros, al igual que a Marta, la hermana de Lázaro: «Yo soy la Resurrección y la Vida. El que cree en mí, aunque muera, vivirá: y todo el que vive y cree en mí, no morirá jamás» (Jn 11,25-26)”.

Después de rezar la oración del Ángelus, el Santo Padre ha hecho un nuevo llamamiento en favor de la paz en Oriente Medio y en otras regiones del mundo asoladas por la guerra y la violencia. “Estas guerras son un escándalo para toda la humanidad y un clamor a Dios. Reitero con vehemencia mi llamado a perseverar en la oración, para que cesen las hostilidades y se abran finalmente caminos de paz, basados en el diálogo sincero y el respeto a la dignidad". En el vídeo de Vatican News se visualiza y escucha la meditación del Santo Padre traducida al español, cuyo texto completo es el siguiente: 

PAPA LEÓN XIV

ÁNGELUS

Plaza de San Pedro

Domingo, 22 de marzo de 2026

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

En este quinto domingo de Cuaresma, en la liturgia se proclama el Evangelio de la Resurrección de Lázaro (cf. Jn 11,1-45).

En el itinerario cuaresmal, este es un signo que habla de la victoria de Cristo sobre la muerte y del don de la vida eterna que recibimos en el Bautismo (cf. Catecismo de la Iglesia Católica,1265). Hoy, Jesús nos dice también a nosotros, al igual que a Marta, la hermana de Lázaro: «Yo soy la Resurrección y la Vida. El que cree en mí, aunque muera, vivirá: y todo el que vive y cree en mí, no morirá jamás» (Jn 11,25-26).

La liturgia nos invita así a revivir, a la luz de la inminente celebración de la Semana Santa, los acontecimientos de la Pasión del Señor —la entrada en Jerusalén, la última cena, el juicio, la crucifixión, el entierro— para percibir su sentido más auténtico y abrirnos al don de la gracia que contienen.

De hecho, es en Cristo Resucitado, que vence a la muerte y que vive en nosotros por la gracia del Bautismo, en quien estos acontecimientos encuentran su culmen, para nuestra salvación y plenitud de vida.

Su gracia ilumina este mundo, que parece estar en una búsqueda constante de novedades y cambios, incluso a expensas de sacrificar cosas importantes —tiempo, energías, valores, afectos— como si la fama, los bienes materiales, el entretenimiento o las relaciones pasajeras pudieran satisfacer nuestro corazón o hacernos inmortales. Es el síntoma de una necesidad de infinito que cada uno de nosotros lleva dentro, pero cuya respuesta no puede depositarse en lo efímero. Nada de lo creado puede saciar nuestra sed interior, porque estamos hechos para Dios, y no encontramos paz hasta que descansamos en Él (cf. Las Confesiones, I,1.1).

El relato de la resurrección de Lázaro nos invita, entonces, a ponernos a la escucha de esa profunda necesidad y, con la fuerza del Espíritu Santo, liberar nuestros corazones de hábitos, condicionamientos y formas de pensar que, como grandes piedras, nos encierran en el sepulcro del egoísmo, el materialismo, la violencia y de la superficialidad. En estos lugares no hay vida, sino sólo desorientación, insatisfacción y soledad.

Jesús también a nosotros nos grita: «¡Ven afuera!» (Jn 11,43), animándonos a salir, renovados por su gracia, de esos espacios angostos, para caminar en la luz del amor, como mujeres y hombres nuevos, capaces de esperar y amar según el modelo de su caridad infinita, sin cálculos y sin límites.

Que la Virgen María nos ayude a vivir así estos días santos: con su fe, con su confianza, con su fidelidad, para que también en nosotros se renueve cada día la experiencia luminosa del encuentro con su Hijo resucitado.

Oración del Ángelus:  

Angelus Dómini nuntiávit Mariæ.

Et concépit de Spíritu Sancto.

Ave Maria…


Ecce ancílla Dómini.

Fiat mihi secúndum verbum tuum.

Ave Maria…


Et Verbum caro factum est.

Et habitávit in nobis.

Ave Maria…


Ora pro nobis, sancta Dei génetrix.

Ut digni efficiámur promissiónibus Christi.


Orémus.

Grátiam tuam, quǽsumus, Dómine,

méntibus nostris infunde;

ut qui, Ángelo nuntiánte, Christi Fílii tui incarnatiónem cognóvimus, per passiónem eius et crucem, ad resurrectiónis glóriam perducámur. Per eúndem Christum Dóminum nostrum.


Amen.


Gloria Patri… (ter)

Requiem aeternam…


Benedictio Apostolica seu Papalis


Dominus vobiscum.Et cum spiritu tuo.

Sit nomen Benedicat vos omnipotens Deus,

Pa ter, et Fi lius, et Spiritus Sanctus.


Amen.



Después de la oración mariana del Ángelus el Papa ha dicho:


Queridos hermanos y hermanas:


Sigo con tristeza la situación en Oriente Medio, así como en otras regiones del mundo devastadas por la guerra y la violencia. No podemos permanecer en silencio ante el sufrimiento de tantas personas indefensas, víctimas de estos conflictos. Lo que las hiere a ellas, lacera a toda la humanidad. La muerte y el dolor provocados por estas guerras ¡son un escándalo para toda la familia humana y un grito ante Dios! Renuevo mi vehemente llamamiento a perseverar en la oración, para que cesen las hostilidades y se abran finalmente caminos de paz basados en el diálogo sincero y en el respeto a la dignidad de cada persona humana.



Hoy se celebra en Roma el gran maratón, con innumerables atletas procedentes de todo el mundo. ¡Esto es un signo de esperanza! Que el deporte trace caminos de paz, inclusión social y de espiritualidad.


Saludo cordialmente a todos ustedes, romanos y peregrinos de diversos países, en particular a los que han venido de la Diócesis de Córdoba, en España.


Recibo con alegría a los fieles de Belluno y Pordenone, de Crotone y de la parroquia de Santa Maria delle Grazie, en Roma. Saludo a los jóvenes de Nave, de la Diócesis de Brescia, al grupo de confirmandos de la Diócesis de Florencia y a los representantes de la Asociación de Directores de Hotel.


¡Les deseo a todos un feliz domingo!


Papa León XIV





Fotos: Vatican Media, 22-3-2026

Homilía de Mons. Jesús Sanz Montes, OFM, Arzobispo de Oviedo, y lecturas de la Misa de hoy, V domingo de Cuaresma, 22-3-2026

22 de marzo de 2026.- (Camino Católico) Homilía de Mons. Jesús Sanz Montes, OFM, Arzobispo de Oviedo, y lecturas de la Misa de hoy, V domingo de Cuaresma, emitida por 13 TV desde la Basílica del Santuario de Covadonga.

Santa Misa de hoy, V domingo de Cuaresma, desde el Santuario de Covadonga, 22-3-2026

22 de marzo de 2026.- (Camino Católico) Celebración de la Santa Misa de hoy, V domingo de Cuaresma, presidida por Mons. Jesús Sanz Montes, OFM, Arzobispo de Oviedo, emitida por 13 TV desde la Basílica del Santuario de Covadonga.

Misterios Gloriosos del Santo Rosario, desde el Santuario de Lourdes, 22-3-2026


22 de marzo de 2026.- (Camino Católico).- Rezo de los Misterios Gloriosos del Santo Rosario correspondientes a hoy, domingo, desde la Gruta de Massabielle, en el Santuario de Lourdes, en el que se intercede por el mundo entero. 


Palabra de Vida 22/3/2026: «Yo soy la resurrección y la vida» / Por P. Jesús Higueras

Camino Católico.- Espacio «Palabra de Vida» de 13 TV del 22 de marzo de 2026, domingo de la 5ª semana de Cuaresma, presentado por el padre Jesús Higueras en el que comenta el evangelio del día.

Evangelio: San Juan 11, 1-45:

En aquel tiempo, había caído enfermo un cierto Lázaro, de Betania, la aldea de María y de Marta, su hermana. María era la que ungió al Señor con perfume y le enjugó los pies con su cabellera; el enfermo era su hermano Lázaro. Las hermanas de Lázaro le mandaron recado a Jesús, diciendo:

«Señor, el que tú amas está enfermo».

Jesús, al oírlo, dijo:

«Esta enfermedad no es para la muerte, sino que servirá para la gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella».

Jesús amaba a Marta, a su hermana y a Lázaro. Cuando se enteró de que estaba enfermo, se quedó todavía dos días en donde estaba.

Sólo entonces dijo a sus discípulos:

«Vamos otra vez a Judea».

Lo discípulos le replicaron:

«Maestro, hace poco intentaban apedrearte los judíos, ¿y vas a volver de nuevo allí?».

Jesús contestó:

«¿No tiene el día doce horas? Si uno camina de día no tropieza, porque ve la luz de este mundo; pero si camina de noche tropieza, porque la luz no está en él».

Dicho esto, añadió:

«Lázaro, nuestro amigo, está dormido; voy a despertarlo».

Entonces le dijeron sus discípulos:

«Señor, si duerme, se salvará».

Jesús se refiere a su muerte; en cambio, ellos creyeron que hablaba del sueño natural.

Entonces Jesús les replicó claramente:

«Lázaro ha muerto, y me alegro por vosotros de que no hayamos estado allí, para que creáis. Y ahora vamos a su encuentro».

Entonces Tomás, apodado el Mellizo, dijo a los demás discípulos:

«Vamos también nosotros y muramos con él».

Cuando Jesús llegó, Lázaro llevaba ya cuatro días enterrado. Betania distaba poco de Jerusalén: unos quince estadios; y muchos judíos habían ido a ver a Marta y a María para darles el pésame por su hermano.

Cuando Marta se enteró de que llegaba Jesús, salió a su encuentro, mientras María se quedó en casa. Y dijo Marta a Jesús:

«Señor, si hubieras estado aquí no habría muerto mi hermano. Pero aún ahora sé que todo lo que pidas a Dios, Dios te lo concederá».

Jesús le dijo:

«Tu hermano resucitará».

Marta respondió:

«Sé que resucitará en la resurrección en el último día».

Jesús le dijo:

«Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá; y el que está vivo y cree en mí, no morirá para siempre. ¿Crees esto?».

Ella le contestó:

«Si, Señor: yo creo que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, el que tenía que venir al mundo».

Y dicho esto, fue a llamar a su hermana María, diciéndole en voz baja:

«El Maestro está ahí y te llama».

Apenas lo oyó se levantó y salió adonde estaba él, porque Jesús no había entrado todavía en la aldea, sino que estaba aún donde Marta lo había encontrado. Los judíos que estaban con ella en casa consolándola, al ver que María se levantaba y salía deprisa, la siguieron, pensando que iba al sepulcro a llorar allí. Cuando llegó María adonde estaba Jesús, al verlo se echó a sus pies diciéndole:

«Señor, si hubieras estado aquí no habría muerto mi hermano».

Jesús, viéndola llorar a ella y viendo llorar a los judíos que la acompañaban, se conmovió en su espíritu, se estremeció y preguntó:

«¿Dónde lo habéis enterrado?».

Le contestaron:

«Señor, ven a verlo».

Jesús se echó a llorar. Los judíos comentaban:

«¡Cómo lo quería!».

Pero algunos dijeron:

«Y uno que le ha abierto los ojos a un ciego, ¿no podía haber impedido que este muriera?».

Jesús, conmovido de nuevo en su interior, llegó a la tumba.

Era una cavidad cubierta con una losa. Dijo Jesús:

«Quitad la losa».

Marta, la hermana del muerto, le dijo:

«Señor, ya huele mal, porque lleva cuatro días».

Jesús le replico:

«¿No te he dicho que si crees verás la gloria de Dios?».

Entonces quitaron la losa.

Jesús, levantando los ojos a lo alto, dijo:

«Padre, te doy gracias porque me has escuchado; yo sé que tú me escuchas siempre; pero lo digo por la gente que me rodea, para que crean que tú me has enviado».

Y dicho esto, gritó con voz potente:

«Lázaro, sal afuera».

El muerto salió, los pies y las manos atados con vendas, y la cara envuelta en un sudario. Jesús les dijo:

«Desatadlo y dejadlo andar».

Y muchos judíos que habían venido a casa de María, al ver lo que había hecho Jesús, creyeron en él.

Homilía del evangelio del domingo: Creed en la presencia amorosa de Dios que vela en todo momento por vosotros y cesarán los temores y las angustias / Por P. José María Prats

* «Creed y veréis la gloria de Dios, creed y cambiará por completo vuestra forma de interpretar los hechos que os toca vivir, creed en la presencia amorosa de Dios que vela en todo momento por vosotros y cesarán los temores y las angustias, creed para que el Espíritu de Dios habite en vosotros, porque ‘si el Espíritu del que resucitó a Jesús de entre los muertos habita en vosotros, el que resucitó de entre los muertos a Cristo Jesús vivificará también vuestros cuerpos mortales por el mismo Espíritu’»

Domingo V de Cuaresma – A

Ezequiel 37, 12-14 / Salmo 129 / Romanos 8, 8-11/ San Juan 11, 1-45

P. José María Prats / Camino Católico.-  En los primeros siglos del cristianismo, los Padres de la Iglesia describieron el proceso catecumenal que culmina en el bautismo como una transformación interna que nos lleva de una contemplación de la realidad con los ojos de la carne a una contemplación con los ojos de la fe. Este cambio de mentalidad es particularmente decisivo a la hora de tener que afrontar la persecución, la enfermedad o la muerte.

La tercera y última catequesis bautismal del ciclo A quiere provocar en nosotros esta transformación contraponiendo deliberada y sistemáticamente la visión inquieta y temerosa de los discípulos, que entienden las cosas al modo humano, con la de Jesús, que sabe ver en todo la voluntad y los designios inescrutables del Padre.

Los discípulos contemplan la enfermedad de Lázaro como lo haría un médico («si duerme se salvará»). Jesús, en cambio, está pendiente de su sentido profundo («esta enfermedad no acabará en la muerte, sino que servirá para la gloria de Dios»). Los discípulos ven en el viaje a Judea una amenaza para su vida, pues hace poco los judíos intentaron apedrearlos. Jesús, en cambio, sabe que mientras sea de día, mientras no llegue la hora del poder de las tinieblas según los designios del Padre, nada ni nadie podrá hacerle daño.


Marta y María, contrariadas por el desenlace de la enfermedad de su hermano, reprochan a Jesús no haber llegado a tiempo («Señor, si hubieses estado aquí no habría muerto mi hermano»), y los judíos van más allá poniendo en entredicho el poder de Jesús («y uno que le ha abierto los ojos a un ciego, ¿no podría haber impedido que muriera éste?»). Jesús, en cambio, a pesar de que amaba entrañablemente a Lázaro y hubiera querido ir inmediatamente a socorrerlo, sabe escuchar en el silencio de su oración los designios del Padre y, contra toda lógica humana, espera dos días antes de ponerse en camino hacia Betania. Su visión de las cosas va más allá de lo aparente y de lo que humanamente parece justo y razonable.


El evangelio de hoy es un continuo reproche a la incapacidad de los discípulos de contemplar la realidad con los ojos de la fe. Jesús se ha revelado ya a Marta como «la resurrección y la vida» y, cuando manda quitar la losa para resucitar a Lázaro, ésta continúa todavía con su ceguera: «Señor, ya huele mal porque lleva cuatro días». Y es entonces cuando Jesús, harto ya de tanta incomprensión, le responde con esta frase memorable: «¿No te he dicho que si crees verás la gloria de Dios?».


Éste es el resumen del evangelio de hoy: Creed y veréis la gloria de Dios, creed y cambiará por completo vuestra forma de interpretar los hechos que os toca vivir, creed en la presencia amorosa de Dios que vela en todo momento por vosotros y cesarán los temores y las angustias, creed para que el Espíritu de Dios habite en vosotros, porque «si el Espíritu del que resucitó a Jesús de entre los muertos habita en vosotros, el que resucitó de entre los muertos a Cristo Jesús vivificará también vuestros cuerpos mortales por el mismo Espíritu».


P. José María Prats


Evangelio: 

En aquel tiempo, había un cierto enfermo, Lázaro, de Betania, pueblo de María y de su hermana Marta. María era la que ungió al Señor con perfumes y le secó los pies con sus cabellos; su hermano Lázaro era el enfermo.


Las hermanas enviaron a decir a Jesús: 


«Señor, aquel a quien tú quieres, está enfermo». 


Al oírlo Jesús, dijo: 


«Esta enfermedad no es de muerte, es para la gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella».


Jesús amaba a Marta, a su hermana y a Lázaro. Cuando se enteró de que estaba enfermo, permaneció dos días más en el lugar donde se encontraba.


Al cabo de ellos, dice a sus discípulos: 


«Volvamos de nuevo a Judea». 


Le dicen los discípulos: 


«Rabbí, con que hace poco los judíos querían apedrearte, ¿y vuelves allí?». 


Jesús respondió: 


«¿No son doce las horas del día? Si uno anda de día, no tropieza, porque ve la luz de este mundo; pero si uno anda de noche, tropieza, porque no está la luz en él». 


Dijo esto y añadió: 


«Nuestro amigo Lázaro duerme; pero voy a despertarle». 


Le dijeron sus discípulos: 


«Señor, si duerme, se curará». 


Jesús lo había dicho de su muerte, pero ellos creyeron que hablaba del descanso del sueño. Entonces Jesús les dijo abiertamente: 


«Lázaro ha muerto, y me alegro por vosotros de no haber estado allí, para que creáis. Pero vayamos donde él». 


Entonces Tomás, llamado el Mellizo, dijo a los otros discípulos: 


«Vayamos también nosotros a morir con Él».


Cuando llegó Jesús, se encontró con que Lázaro llevaba ya cuatro días en el sepulcro. Betania estaba cerca de Jerusalén como a unos quince estadios, y muchos judíos habían venido a casa de Marta y María para consolarlas por su hermano. Cuando Marta supo que había venido Jesús, le salió al encuentro, mientras María permanecía en casa. 


Dijo Marta a Jesús: 


«Señor, si hubieras estado aquí, no habría muerto mi hermano. Pero aun ahora yo sé que cuanto pidas a Dios, Dios te lo concederá». 


Le dice Jesús: 


«Tu hermano resucitará». 


Le respondió Marta: 


«Ya sé que resucitará en la resurrección, el último día». 


Jesús le respondió: 


«Yo soy la resurrección. El que cree en mí, aunque muera, vivirá; y todo el que vive y cree en mí, no morirá jamás. ¿Crees esto?». 


Le dice ella: 


«Sí, Señor, yo creo que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, el que iba a venir al mundo».


Dicho esto, fue a llamar a su hermana María y le dijo al oído: 


«El Maestro está ahí y te llama». 


Ella, en cuanto lo oyó, se levantó rápidamente, y se fue donde Él. Jesús todavía no había llegado al pueblo; sino que seguía en el lugar donde Marta lo había encontrado. Los judíos que estaban con María en casa consolándola, al ver que se levantaba rápidamente y salía, la siguieron pensando que iba al sepulcro para llorar allí.


Cuando María llegó donde estaba Jesús, al verle, cayó a sus pies y le dijo: 


«Señor, si hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto». 


Viéndola llorar Jesús y que también lloraban los judíos que la acompañaban, se conmovió interiormente, se turbó y dijo: 


«¿Dónde lo habéis puesto?». 


Le responden: 


«Señor, ven y lo verás». 


Jesús se echó a llorar. Los judíos entonces decían: 

«Mirad cómo le quería». 


Pero algunos de ellos dijeron: 


«Este, que abrió los ojos del ciego, ¿no podía haber hecho que éste no muriera?».


Entonces Jesús se conmovió de nuevo en su interior y fue al sepulcro. Era una cueva, y tenía puesta encima una piedra. Dice Jesús: 


«Quitad la piedra». 


Le responde Marta, la hermana del muerto: 


«Señor, ya huele; es el cuarto día». 


Le dice Jesús: 


«¿No te he dicho que, si crees, verás la gloria de Dios?». 


Quitaron, pues, la piedra. Entonces Jesús levantó los ojos a lo alto y dijo: 


«Padre, te doy gracias por haberme escuchado. Ya sabía yo que tú siempre me escuchas; pero lo he dicho por estos que me rodean, para que crean que tú me has enviado». 


Dicho esto, gritó con fuerte voz: 


«¡Lázaro, sal fuera!». 


Y salió el muerto, atado de pies y manos con vendas y envuelto el rostro en un sudario. Jesús les dice: 


«Desatadlo y dejadle andar».


Muchos de los judíos que habían venido a casa de María, viendo lo que había hecho, creyeron en Él.


San Juan 11, 1-45

«Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá» / Por P. Carlos García Malo