* “El cristianismo nunca ha creído en la revolución política o en la lucha de clases, que incrementan el odio y dejan profundas heridas en la sociedad sin resolver los verdaderos problemas. Jesús nos ha dicho que la auténtica revolución, la que en verdad es capaz de sanarlo todo y devolver la justicia y la paz al mundo es «dar a Dios lo que es de Dios». Es decir, dándose a sí mismo, viviendo consagrado a Él, amándolo «con todo su corazón, con toda su alma, con todo su ser» y acogiendo su voluntad de vivir en el amor y el servicio a los demás. Dios no quiere nuestro dinero, que no lleva su imagen: nos quiere a nosotros, que sí la llevamos”

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