Raúl Berzosa ante una de sus obras de arte sacro
* «Rezar es muy importante. Es mi ‘conversación’ con Dios y, junto a la lectura del evangelio diario, me da muchísima paz interior y me ayuda a crecer en mi labor artística. Como ser humano que tiene sus miedos y debilidades, intensifico las oraciones en ocasiones, eso sí, y no hablo solo por mí, sino cuando pido también por otras personas o situaciones… La oración la recomiendo porque es un modo maravilloso de hablar con Dios, de forma íntima. Además, cuanto más rezamos, mayor tiempo queremos estar con Él. Jesús te escucha siempre. Mi oración favorita es el Padrenuestro. Es mi frase por excelencia, Jesús nos lo enseñó y nos mostró cómo hablar desde la sencillez con el Padre»
Camino Católico.- Raúl Berzosa (Málaga, 1979) es, a sus 47 años, uno de los grandes pintores de arte sacro contemporáneo, tanto en España como fuera de nuestras fronteras. Sus obras se encuentran hoy repartidas por varios continentes –del Vaticano a China, de EE.UU. a Gran Bretaña, pasando por México o Argentina– y han conquistado a miles de personas por una fuerza espiritual que trasciende lo meramente artístico. Porque, como sostiene el propio pintor, “la Belleza no deja a nadie indiferente”: habla de Dios y alcanza directamente el alma.
Influenciado por el mundo cofrade en el que creció, el estilo realista de Raúl Berzosa ha cautivado a miles de personas en iglesias, universidades o palacios episcopales de todo el mundo. Ha retratado a Papas y cardenales, ha pintado a grandes santos, y cómo no, ha recreado con colores vibrantes escenas emblemáticas de la vida de Jesús, José y María. “A san José lo he pintado tantas veces que me suele acompañar”, comenta el artista a Misión. Además de diseñar sellos para la Santa Sede y realizar grandes obras para presbiterios de iglesias en países tan diversos como China o Guatemala, hay un proyecto que ocupa un lugar especial en su trayectoria: el techo del oratorio de santa María Reina y Madre, conocido ya como la “Capilla Sixtina de Málaga”. Allí, Berzosa tuvo que coger un arnés y subirse durante meses en un elevador para pintar más de 140 metros cuadrados de escenas e imágenes que dejan sin palabras a quien las contempla. El artista defiende que, en una sociedad marcada por el feísmo, la belleza del arte sacro sigue siendo un camino privilegiado para la salvación de las almas.
Raúl Berzosa ha pintado a Papas, entre ellos a Benedicto XVI con quien posa en la imagen
“La fe es uno de los pilares de la creación del arte sacro. Si quiero que las pinturas funcionen y ayuden a las personas a orar necesito tener fe, ir más allá de crear una obra de calidad. Hay que buscar que transmita a la persona que se pone delante del lienzo o que ve la imagen en una pantalla. Diría que pinto rezando. La pintura es también mi forma de oración”, asegura Raúl Berzosa a Misión.
Siempre vio rezar en el seno de su familia, lo que le ha hecho crecer cultivando este encuentro con Dios en lo cotidiano. “Mi madre es una persona muy creyente y practicante, de ella lo aprendí. Por supuesto, también influyó mi formación en los Hermanos Maristas, donde el rezo y la formación religiosa es esencial, junto a la educación y a otros valores”, recuerda el pintor en el portal de la Diócesis de Málaga.
Para Berzosa, “rezar es muy importante. Es mi ‘conversación’ con Dios y, junto a la lectura del evangelio diario, me da muchísima paz interior y me ayuda a crecer en mi labor artística. Como ser humano que tiene sus miedos y debilidades, intensifico las oraciones en ocasiones, eso sí, y no hablo solo por mí, sino cuando pido también por otras personas o situaciones. ‘Pedid y se os dará’. Jesús siempre me reconforta y me da esperanza”, asegura.
Raúl Berzosa pintando a la Sagrada Familia, San José, el Niño Jesús y la Virgen María
Rezar ante la Sábana Santa
La rutina que tiene es que “mi estudio se encuentra cerca de la iglesia de san Antonio María Claret. Es la iglesia de mi niñez. Y siempre que voy andando a mi estudio entro para saludar al Señor en el Sagrario y dar las gracias por el nuevo día”, transparenta.
Este artista no duda en invitar a ser asiduos en la oración, especialmente a aquellas personas que no han descubierto aún la riqueza de esta práctica. “La oración la recomiendo porque es un modo maravilloso de hablar con Dios, de forma íntima. Además, cuanto más rezamos, mayor tiempo queremos estar con Él. Jesús te escucha siempre. Mi oración favorita es el Padrenuestro. Es mi frase por excelencia, Jesús nos lo enseñó y nos mostró cómo hablar desde la sencillez con el Padre”.
Su momento favorito para rezar es antes de irse a dormir, delante de una reproducción de la Sábana Santa, que forma parte especial de su vida. “Es muy importante para mí a la hora de orar. Siempre la he visto presidiendo la casa de mis padres, y también la tengo en mi taller, en mi casa y en mi cartera… siempre viene conmigo, o más bien, yo siempre voy con Él. Cuando pinto a Jesús, la tengo muy presente, porque para mí es su auténtico rostro; es más, alguna vez he hecho algún Cristo más sindónico”, confiesa.
“También es importante para rezar el Santísimo, y una cita ineludible con Él todos los jueves en la iglesia de San Antonio María Claret, cuando voy andando para el taller paso por delante de la puerta y el Señor expuesto ‘me llama’», comparte.
Otra de las obras de arte sacro de Raúl Berzosa
El arte sacro evangeliza
Respecto a lo que aporta el arte sacro a una sociedad secularizada dice que “estoy convencido de que el arte sigue siendo una herramienta extraordinaria para la evangelización. La pintura ha sido históricamente una de las grandes disciplinas del arte, el gran medio para mostrar la realidad y presentar ideas a través de imágenes. En el caso del arte sacro, además, está al servicio del culto y posee un carácter profundamente litúrgico. Estamos en una sociedad que no sólo presenta el feísmo, sino que, además, lo ensalza. Los que nos dedicamos a la obra sacra vamos a contracorriente. En el arte sacro se busca la belleza, y esto se topa con un mundo donde es evidente que destaca lo grotesco, lo feo. Y si eso lo unes a un estilo realista como el mío, nos ven como de otra época. Creo que, como dijo Dostoyevski en su novela El idiota, la belleza salvará al mundo. Y cuando hablamos de belleza, no nos referimos únicamente a una obra bella, sino a que esa belleza, como dijo el papa Benedicto xvi, sea un camino para encontrar a Dios”.
Su pasión por la pintura se produjo “con 12 o 13 años cuando comencé a dibujar cómics. Llevaba al papel lo que veía en la televisión. Mi padre, viendo que no se me daba mal, me apuntó en un taller local, dirigido por el pintor Rando Soto. Ahí tuve mi primer contacto con el óleo y después estuve con José Antonio López, otro pintor local”, relata Berzosa.
El arte sacro afloró en Berzosa “en el año 2000 en que realicé mi primera pintura pública: el cartel de la salida procesional de la cofradía del Rocío de Málaga. Esas primeras obras cofrades sirvieron para plasmar la necesidad que tenía de hacer arte sacro. Luego, poco a poco, fueron derivando, pues ya no copiaba las imágenes de las cofradías, sino que creaba mis propias figuras. Hoy, el arte sacro ocupa, con diferencia, la mayor parte de mi producción”.
Y prosigue: “Soy licenciado en Historia del Arte, esto me ha ayudado bastante en mi formación para la creación de arte sacro, pero estas no son simples obras que sirven para embellecer o decorar un lugar, sino que transmiten un mensaje. Para poder llegar a transmitirlo estudié bastantes obras de arte sacro. Esto me aportó muchísimo a la hora de crear la iconografía de las obras religiosas”.
Refiriéndose en que lugar desearía pintar una obra sacra suya, Raúl Berzosa dice que “no me suelo poner metas. Muchas cosas que he hecho ni llegué a soñarlas, pero sí hay algo que tengo pendiente y que espero cumplir: realizar una obra para alguna iglesia de Tierra Santa. Y también algún proyecto para África y Oriente Medio, lugares donde el arte sacro puede ayudar”.
Raúl Berzosa en el elevador pintando el techo del oratorio de santa María Reina, en Málaga. Este ha sido el desafío más importante al que se ha enfrentado como artista
De las obras que ha realizado, la que más le ha tocado el corazón es “seguramente, mi principal proyecto se encuentra en mi ciudad, el oratorio de Santa María Reina. Ha sido mi obra de mayor tamaño y la última parte está dedicada a la coronación de la Virgen María. El lugar para representar este momento tan importante de Nuestra Madre es el techo del oratorio, una obra con una infinidad de figuras, más de 140 metros cuadrados, pintura acrílica directamente sobre el muro. Fue una obra compleja para la que tuve que salir del taller –de mi espacio– donde tengo mis óleos, mis caballetes, coger un arnés y subir a un elevador durante meses”.
Y el artista concluye compartiendo destacando un cita de la Escritura: “Yo estoy con vosotros todos los días hasta el final de los tiempos” (Mt 28, 20).





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