Camino Católico

Mi foto
Queremos que conozcas el Amor de Dios y para ello te proponemos enseñanzas, testimonios, videos, oraciones y todo lo necesario para vivir tu vida poniendo en el centro a Jesucristo.

Elige tu idioma

Síguenos en el canal de Camino Católico en WhatsApp para no perderte nada pinchando en la imagen:

Mostrando entradas con la etiqueta arte sacro. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta arte sacro. Mostrar todas las entradas

martes, 18 de agosto de 2026

José Ricardo González del Alba, artista sacro: «Yo oro, hablo con Dios, le pido al Espíritu Santo su inspiración y siempre pinto rezando el rosario para que sea Él quien actúe a través de mis manos»

José Ricardo González, en su taller “Ars et Venustas” en Jinotepe antes de su viaje a España / Foto: Instagram de José Ricardo González del Alba 

* «El talento lo considero como un regalo que se me dio y que en cualquier momento Dios, si así lo quiere, me lo puede quitar. En el mundo del arte, como en muchas ramas profesionales, el tema de la humildad es muy importante, como ser humano y como cristiano. Yo considero que un artista humilde es el que triunfa, y un artista humilde es el que más fácil escucha la voz de Dios»

 Camino Católico.- Estar más cerca de Dios, aprender de los santos, ejercitar la humildad, animar a otros en su camino de fe, ayudar a la Iglesia de Nicaragua, expresar sus valores cristianos… todo esto es lo que el arte sacro significa para José Ricardo, un joven artista que reside en España.

José Ricardo González del Alba  no procede de una familia de artistas. Tampoco creció en talleres de arte. Para él, la pintura comenzó dibujando en el preescolar. Sin embargo, como él mismo lo describe, Dios tocó su vida con el talento y sensibilidad que le regaló.

Hoy es especialista en plateado, dorado y policromía y estudiante de la Facultad de Bellas Artes de Sevilla. Sus obras se encuentran tanto en Nicaragua, su país de origen, como en España, y ha tenido la oportunidad de pintar carteles para la Semana Santa de Madrid. 

Pero González del Alba también es escultor. Su obra más grande es una Virgen con el niño de tamaño natural, que será bendecida en 2027 para exponerse en la Iglesia de Coria del Río, en Sevilla.

José Ricardo González del Alba modelando / Foto: Cortesía de José Ricardo González del Alba - Aleteia 


Una oportunidad surgida de la prueba

“Todo ha surgido, en mi vida, a través de dolores agridulces”, comenta a Majo Frias en Aleteia. Al no pasar el examen de admisión a la universidad, vivió un momento de mucha angustia. “Éramos de familia muy sencilla, mis padres habían muerto y evidentemente tenía que salir adelante, ser el orgullo de esa memoria de mis padres; y para mí fue una decepción. Pero el Señor me dio el regalo de poder sentarme y empezar a pintar”.

Así fue como José Ricardo pudo dedicar un año entero a la pintura, una pasión y un talento que siempre lo habían acompañado pero que nunca había ocupado la totalidad de su tiempo.

Años después, dejó atrás el aprendizaje autodidacta y se encuentra en Sevilla, España, donde ha tenido la oportunidad de aprender de sus profesores -en especial de Jesús Romanov-y compañeros en la Escuela de Arte de Sevilla. Al ver el camino recorrido y la admiración que provoca su trabajo, González del Alba tiene una cosa clara: su talento es un regalo de Dios que lo invita a mantenerse humilde cada día.

“Lo considero como un regalo que se me dio y que en cualquier momento Dios, si así lo quiere, me lo puede quitar. En el mundo del arte, como en muchas ramas profesionales, el tema de la humildad es muy importante, como ser humano y como cristiano. Yo considero que un artista humilde es el que triunfa, y un artista humilde es el que más fácil escucha la voz de Dios”.

Para González del Alba, ponerse frente a un lienzo en blanco es “un retiro espiritual” pues es un proceso que va acompañado de mucha oración y cercanía con Dios. Este elemento, para él, es igual de importante que los pigmentos y pinceles.

“Yo oro, hablo con Dios, le pido al Espíritu Santo su inspiración y siempre pinto rezando el rosario para que sea Él quien actúe a través de mis manos”.

José Ricardo González del Alba creando / Foto: Cortesía de José Ricardo González del Alba - Aleteia 

“El lienzo es la conexión entre Dios y el hombre. Cuando yo pinto, pienso que muchas personas van a poner ahí sus plegarias, su fe; y esto es algo que significa mucho”.

Esta experiencia de constante oración al momento de pintar no solo ha transformado su corazón y fortalecido su vida espiritual, sino que le ha permitido conocer más sobre la Iglesia y los santos. “Cuando pinto a un santo, conozco su vida”, admite.

¿Por qué arte sacro?

Desde muy pequeño, su madre sembró en él un amor hacia Dios que lo ha acompañado siempre. Por ello, su arte es una manera de expresar sus valores cristianos. “El arte sacro tiene sentido en mi vida. No es para vanagloriarme a mí, porque los aplausos no son para mí, sino para Dios; además, es para que la gente realmente encuentre esa cercanía a Dios por medio de un lienzo”. 

Divina Pastora de las Almas. Imagen modelada por José Ricardo González del Alba en terracota policromada que recoge el espíritu devocional y la sensibilidad artística de Sevilla / Foto: Cortesía de José Ricardo González del Alba - Aleteia 

“Nicaragua necesita del arte y nosotros necesitamos de la fe”

Además de ayudar a los demás en su camino de fe, José Ricardo busca que sus obras aporten algo a su país, Nicaragua, que a pesar de atravesar momentos complicados, mantiene su fe y esperanza.

Dos de sus pinturas -una Inmaculada Concepción y una Stella Maris-  plasman la espiritualidad y devoción mariana de su país. Ambas fueron pintadas para Mons. Rolando Álvarez, un hombre que González del Alba admira y define como “un hombre de mucha fe, de mucho silencio espiritual y diálogo con Dios”.

Aunque sus estudios superiores en dorado, plateado y policromía ya terminaron -y ahora está por comenzar a estudiar restauración y conservación de patrimonio histórico en la Facultad de Bellas Artes-  el sueño de este joven artista es regresar a su país para enriquecerlo con lo que ha aprendido.

Inmaculada Concepción de José Ricardo González del Alba en terracota policromada que recoge el espíritu devocional y la sensibilidad artística de Sevilla / Foto: Cortesía de José Ricardo González del Alba - Aleteia 

“Estando en Nicaragua, uno de mis sueños era estudiar arte, formarme académicamente, profesionalizarme y ser un aporte para Nicaragua, un aporte a los jóvenes. Es triste para mí estar en un país tan rico en el arte como lo es en España, sin estar con muchos jóvenes nicaragüenses que quisieran estar aquí”.

Y continúa: “Todo lo que llegue a aprender aquí es para Nicaragua. Cuando yo regrese a Nicaragua, mi sueño es hacer el taller de arte sacro más grande en el país, y yo sé que lo voy a cumplir. Lo voy a cumplir para los jóvenes artistas, para que existan espacios artísticos religiosos; pero también para que genere trabajos y para aportar a la Iglesia de Nicaragua. Yo creo que en ese momento lo vamos a necesitar mucho como Iglesia”.

jueves, 23 de julio de 2026

Clémence de Camaret quería ser arquitecta pero es escultora de arte sacro: «Para mí, la belleza es un pequeño rayo de luz que revela la verdad, quién es Dios y su amor; mí trabajo es una oración continua»

Clémence de Camaret con su escultura de Juana de Arco / Foto: Clémence de Camaret - Aleteia

Camino Católico.- Desde niña, Clémence de Camaret soñaba con ser arquitecta. Esta profesión reunía todo lo que le apasionaba: el dibujo, la observación, la creación y el patrimonio. Sin embargo, tras cinco años de estudio y varias experiencias profesionales, se dio cuenta de que algo le faltaba. El trabajo frente a la pantalla, el ritmo exigente y el difícil mercado laboral la llevaron gradualmente a considerar otro camino. Con el tiempo, fue principalmente la falta de trabajo práctico y concreto lo que empezó a pesarle.

Fue casi por casualidad que descubrió la escultura durante un año Erasmus en Roma. En la Ciudad Eterna, rodeada de las obras de Bernini y Miguel Ángel, Clémence compró plastilina, una arcilla para modelar que usan los escultores y que tiene la propiedad única de no secarse nunca, y comenzó a esculpir por su cuenta en su habitación de estudiante. En aquel momento, atravesaba un periodo personal difícil. "Necesitaba mantener las manos ocupadas", confiesa a Laura Marchais en Aleteia. Muy pronto, la joven descubrió una pasión y un verdadero talento para este arte.

Clémence, disléxica, explica que siempre ha aprendido más a través de la práctica y el movimiento que con los métodos escolares tradicionales. "Aprendo moviéndome, poniendo las cosas en práctica", afirma. La escultura surgió entonces como una elección natural, la síntesis perfecta de su amor por el dibujo, su sentido del espacio heredado de la arquitectura y su necesidad de trabajar con materiales.

De vuelta en Francia, Clémence completó su formación autodidacta en la Academia de Artes de Aviñón, una institución francesa especializada en la enseñanza de la escultura clásica. Durante unos meses, adquirió técnicas de modelado y descubrió el mundo de la restauración del patrimonio.

Los primeros pasos de una aventura artesanal

Con tan solo tres meses de experiencia como autónoma y apenas 25 años, Clémence se encuentra en los inicios de esta aventura artesanal. Sin embargo, ya recibe encargos. Todo comenzó con una estatua de la Virgen María creada como regalo de compromiso. Inspirada en una Virgen María del siglo XII que se conserva en el Louvre, la pieza cautivó rápidamente a quienes le pidieron que la reprodujera. Animada por su prometido, decidió lanzarse a la aventura.

Actualmente, sus clientes son principalmente particulares que descubren su obra en las redes sociales, que se han convertido en su principal plataforma de venta. Pero antes de llegar a sus dueños, cada una de sus esculturas requiere un proceso largo y meticuloso. Para dar vida a sus creaciones, Clémence comienza modelando una pieza original en arcilla. A esto le sigue un extenso proceso de moldeo, seguido de refinamientos y toques finales antes de que una estatua pueda salir de su taller. En total, cada pieza representa más de una semana de trabajo, sin contar las horas dedicadas a los detalles finales.

Clémence de Camaret esculpiendo en su taller / Foto: Clémence de Camaret - Aleteia


Sus precios siguen siendo intencionadamente asequibles: 230 € por su Virgen María de Bel-Amour, 265 € por su ángel sonriente inspirado en la catedral de Reims y 295 € por su Juana de Arco. "Actualmente estoy muy por debajo del precio de mercado", admite con humildad. "Sigo mejorando técnicamente". Sin embargo, su ambición no es crear una gran empresa. A pocas semanas de su boda, la joven desea principalmente forjarse una carrera compatible con la vida familiar que anhela. "Mi familia es lo primero", afirma con sencillez.

Para devolver un lugar a lo sagrado

Aunque Clémence se dedica principalmente a esculpir figuras religiosas, su elección va mucho más allá de lo artístico. Durante un viaje a Jordania para su proyecto de fin de carrera, le impactó la naturalidad con la que los cristianos manifestaban su fe en los espacios públicos. Esta reflexión sigue vigente en ella. "Lo que me conmueve es expresar mi fe a través de la belleza", explica. "Para mí, la belleza es un pequeño rayo de luz que revela la verdad, quién es Dios y su amor".

Poco a poco, los proyectos van tomando forma. Clémence ahora quiere crear más obras al aire libre, en particular para recuperar los nichos en las fachadas de los edificios que antaño ocupaban las estatuas de la Virgen María, a veces olvidadas hoy en día. Originaria de la Provenza, la escultora siente un profundo apego por estas Madonas que han velado por pueblos y barrios durante generaciones. "Son parte de nuestra historia. Es algo que me conmueve profundamente", subraya. "Mi objetivo es casi crear obras tan bellas que nadie se atreva a romperlas", añade la joven.

"Mi trabajo es una oración continua"

Detrás del lanzamiento de su taller se esconde una búsqueda más personal. Durante mucho tiempo, Clémence sintió que buscaba constantemente una nueva aventura. Viajes, proyectos y retos deportivos o profesionales se sucedían uno tras otro. Recuerda especialmente las largas horas que pasaba sola caminando o en bicicleta hasta Roma, como si algo aún se le escapara.

La escultura puso fin gradualmente a esta búsqueda constante. Por primera vez, la joven sintió que había encontrado una actividad que reunía todo lo que la definía profundamente: el trabajo manual, la contemplación, la creación artística, el compartir conocimientos y la fe. Esta actividad también satisfizo una necesidad muy personal de Clémence. "Soy una persona bastante activa", explica. "Nunca me ha atraído estar sentada en una silla. Hacer algo me mantiene con los pies en la tierra".

Así, en su taller, descubre un espacio singular donde sus manos están ocupadas mientras su mente permanece libre. Un lugar donde puede trabajar dejando que sus pensamientos divaguen. "Soy de las que tienen dificultades para rezar con constancia y regularidad", admite con franqueza. Mientras que otros encuentran su equilibrio de forma natural en la adoración o en el rezo diario del rosario, Clémence se siente más llamada a encontrarse con Dios en la acción.

Varias de las esculturas de Clémence de Camaret /  Foto: Clémence de Camaret 

La escultura le ofrece precisamente este tiempo de libertad interior. Durante horas, concentrada en el rostro de la Virgen o en los pliegues de una prenda, entra en un estado de silencio y contemplación. "Para mí, este trabajo es una oración continua", explica. "Es una especie de práctica meditativa, como la que los monjes siempre han utilizado para conectar con Dios".

Cada escultura se convierte entonces en algo más que un objeto o un encargo. Para Clémence, es un momento de presencia, un diálogo silencioso que se desarrolla al ritmo de los gestos repetidos y del material trabajado. "Siento que Dios no me llama a rezar de la forma tradicional", explica. "Hacer cosas que sirvan a Dios": eso es lo que le parece más apropiado.

A través de sus estatuas, Clémence busca menos producir objetos religiosos que ofrecer obras capaces de elevar la mirada. Esta convicción impregna ahora todo su proyecto. Detrás de la emprendedora que aprende a desarrollar su negocio se esconde una joven que finalmente ha encontrado lo que tanto anhelaba: una manera de unir su trabajo, su fe y su vida.

miércoles, 8 de julio de 2026

Mattie Karr, dejó su trabajo y se dedica al arte sacro:: «Sufrí una depresión y Dios me sanó; sé que Jesús es realmente bueno, me ama y quiere estar presente en cada aspecto de mi vida»


Mattie Karr en la puerta de su estudio

* «Después de un fin de semana de fe orando por los demás y presenciando otras señales de que Jesús me apoyaba, renuncié a mi trabajo ese jueves para dedicarme de lleno al arte sacro y ‘ayudar a Jesús a sanar corazones a través de la belleza’. Han pasado cuatro años desde ese llamado y, a pesar de los altibajos del trabajo independiente, he visto a Dios obrar milagros a través de mi arte y de mis propias manos. Recibo un amor abundante de Dios y de las personas que Él ha puesto en mi vida, y cuando siento la tentación de merecerlo, rápidamente me recuerdan que soy un ser humano, no una máquina de hacer cosas. Me siento la chica más afortunada del mundo»

 


Mattie Karr con uno de sus cuadros de Cristo crucificado

 Camino Católico.-  “En nuestra pequeña familia católica de Kansas, creo que todo empezó cuando tenía diez años. Acababa de estrenarse la versión de Disney de Las crónicas de Narnia: El león, la bruja y el armario, y después de leer los libros, vimos la película en familia. Lo que ocurrió en aquella sala oscura fue como si Dios me hubiera conquistado el corazón”, asegura Mattie Karr, que tiene 30 años y es artista sacra, a Yes Catholic al comenzar su camino de fe y conversión.

“Siempre quise vivir una aventura para Dios”, dice Karr. “Era algo que anhelaba desde muy joven. Recuerdo en familia a mi padre explicándonos cómo Aslan era como Dios y Jesús, y todas esas analogías. Creo que en el fondo sabía que si le decía que sí a Dios, viviría una aventura maravillosa, igual que en Narnia”, explica a la EWTN NEWS.

“Narnia me enseñó dos cosas: que la vida con Cristo sería una aventura maravillosa y que, de mayor, me dedicaría al cine. En el instituto empecé a hacer cortometrajes e incluso gané algunos concursos estudiantiles. Cuando llegué a la Universidad de Kansas, estudiaba cine e ilustración y tenía la firme intención de mudarme a Los Ángeles”, dice la joven artista.

Mattie Karr en el andamio pintando un tríptico de Pentecostés en su parroquia del Santo Nombre de Jesús

Depresión y sanación

“Y obviamente la vida es difícil”, continúa. “No siempre fue una aventura y pasé por momentos muy oscuros… En la universidad, sufrí una depresión muy profunda. Pero Dios me rescató de maneras reales, personales y profundas durante esos momentos de depresión”.

“Lo llamo mi año de tumba. Hubo un verano, en 2018, en el que me sentía muerta; estaba deprimida, odiaba a Dios y no lo entendía; lo sentía muy lejos”, asevera. “No estaba viviendo la aventura que creía que viviría, me sentía avergonzada e insegura todo el tiempo y no creía que nadie me quisiera de verdad, aunque decían que sí; simplemente era depresión. Y Dios se manifestó de una manera muy poderosa a través de alguien que oró por mí”, asegura.

Al final, “después de graduarme, me quedé en mi ciudad natal, Kansas City, trabajando en desarrollo de negocios y ventas. Sentía que mi vida estaba en pausa, pero Dios me invitaba a emprender un viaje de sanación interior”. 

En ese momento, “aunque estaba comprometida a vivir mi vida para Cristo, no conocía a mucha gente de mi edad que estuviera en el mismo camino. Me sentía sola y, la mayor parte del tiempo, como una marginada en mis círculos sociales. Incluso en las comunidades católicas, pensaba que la única manera de seguir siendo relevante era evangelizando y ofreciéndome como voluntaria en cada oportunidad. Creía que el amor dependía de lo que hiciera. Desafortunadamente, esta mentira me dejó agotada, resentida y aún más sin amor. Necesitaba la sanación de Jesús. A través de la consejería y retiros como Sanando a la Persona Integral, Aguas Vivas y Ministerios de Encuentro, Dios me sanó a través de su Cuerpo quebrantado, la Iglesia. Ahora sé que Jesús es realmente bueno, que me ama y que quiere estar presente en cada aspecto de mi vida", dice Mattie Karr. 


Mattie Karr en el andamio pintando un tríptico de la Presentación de Jesús en el Templo en su parroquia del Santo Nombre de Jesús

“Pero creo que eso también ha influido mucho en mi arte, porque pienso que el arte puede desempeñar un papel muy importante en la sanación; porque nuestras heridas son tan oscuras y feas, y a menudo pensamos que somos oscuros y feos, así que nos enmascaramos e intentamos crear identidades falsas y falsos yoes para sentirnos mejor”, dice. “Pero la belleza tiene la capacidad de iluminar todo eso, de mostrar vulnerabilidad y de llegar al fondo del asunto”.

Y da más detalles: “Unos años después de comenzar este camino de sanación, asistí a un retiro intensivo de verano con la Escuela de Ministerio Encounter, ¡donde se me abrió un mundo de posibilidades! Me dijeron que podía pedirle a los huesos rotos que sanaran en el nombre de Jesús, ¡y sanarían! Muchas personas profetizaron sobre mí que Dios me estaba llamando a hacer cosas que me daban miedo, y que Él sería mi Pastor. Otra persona me dijo que mis dones y talentos eran una ‘fragancia agradable’ para el Señor”.

La fe la lleva arte sacro

Después de esta experiencia descubrió que no podía dejar de crear arte religioso ni aunque lo intentara. “A medida que crecía en mi fe, no podía evitarlo. El arte simplemente fluía y era todo religioso, sobre todo María. No podía parar de dibujar a la Virgen María”, relata a Our Sunday Visitor.

Aunque tenía éxito en ventas, nunca perdí el deseo de trabajar en un campo creativo. Sentí curiosidad y le pregunté a Dios: ‘Si quisieras que dejara mi trabajo, ¿cuándo querrías que lo hiciera?’. Me sorprendió oírle decir: ‘El próximo jueves’”.

La joven detalla que “después de un fin de semana de fe orando por los demás y presenciando otras señales de que Jesús me apoyaba, renuncié a mi trabajo ese jueves para dedicarme de lleno al arte sacro y ‘ayudar a Jesús a sanar corazones a través de la belleza’. Han pasado cuatro años desde ese llamado y, a pesar de los altibajos del trabajo independiente, he visto a Dios obrar milagros a través de mi arte y de mis propias manos. Recibo un amor abundante de Dios y de las personas que Él ha puesto en mi vida, y cuando siento la tentación de merecerlo, rápidamente me recuerdan que soy un ser humano, no una máquina de hacer cosas. Me siento la chica más afortunada del mundo y estoy muy agradecida de no haber alcanzado mis sueños de Hollywood... todavía”.

Mattie Karr con el padre Anthony Oulette, párroco de la parroquia del Santo Nombre de Jesús, que es la misma de la artista, ante los dos trípticos de 4'5 metros de alto que ha pintado

Lo que la llevó a dejar su trabajo

El cómo dejó su trabajo y se dedicó por entero al arte sacro es consecuencia del momento en que el padre Anthony Oulette, párroco del Santo Nombre de Jesús, descubrió que Karr era artista, le habló de su idea para la parroquia. “Me llevó a la iglesia y me dijo: ‘Tengo una idea; tengo muchísimas ideas para renovar la iglesia’”, recuerda Karr. “Me explicó que en el lado izquierdo estaría Pentecostés, con San Miguel arriba y María en el centro, y en el lado derecho, San José presentando a Jesús en el Templo, con Gabriel arriba. Quería que imitaran las hermosas vidrieras que tenemos”.

Karr aceptó el encargo de los dos trípticos de 4’5 metros de altura en 2020 y, en fue en septiembre de 2022 cuando dejó su trabajo a tiempo completo y comenzó su carrera en el arte sacro, empezando con el encargo del Santo Nombre. El padre Oulette organizó la recaudación de fondos y construyó los paneles para la obra en su garaje. Las escenas que eligió el sacerdote tienen un significado especial para la parroquia, explica Karr.

El tríptico de la Presentación de Jesús en el Templo pintado por Mattie Karr

“El Señor tiene cosas tan singulares que decirnos a todos”, dice. “Mi parroquia, por ejemplo, está muy marcada por el Espíritu Santo. No sé si la llamaría una parroquia carismática propiamente dicha, pero amamos al Espíritu Santo, así que tener una escena de Pentecostés es muy importante para nuestra parroquia. Además, nuestro nombre es Santo Nombre de Jesús, y el otro tríptico representa la escena de Jesús el día de su circuncisión, cuando recibió su santo nombre”.

La representación que hace Karr de la presentación de Jesús muestra a José sosteniendo a Jesús ante un sacerdote, cuando le fue revelado su santo nombre. Al fondo, los antepasados ​​de José se encuentran reunidos, sosteniendo velas. El arcángel Gabriel observa la escena desde lo alto, alzando una linterna sobre el escenario iluminado por las velas.

“Estas pinturas podrían replicarse en otra parroquia, pero no sé si tendrían el mismo efecto”, dice. “El Espíritu Santo tiene algo único para cada comunidad, para cada persona, porque nos conoce muy bien”. Las obras las acabó en 2024.

Tríptico de Pentecostés, obra de Mattie Karr

“En un momento dado, cuando las cosas no iban bien en mi vida personal, estaba pintando al Niño Jesús” del tríptico de su parroquia. “Estaba molesta, pintando su ojo, y de repente el cuadro me miraba. La pureza de su ser como bebé, mirándome y amándome”. Es la primera vez que le pasaba algo así. “Recuerdo que me quedé realmente sorprendida. Era la obra de mis manos, que me correspondía con amor”, dice.

El Niño Jesús es la única figura en los dos trípticos que mira directamente al espectador, y ella comentó que muchas personas han expresado lo impactante que resulta quedar cautivado por la mirada de ese niño.

“Aunque no esté orando conscientemente, estoy orando”, dice. “Incluso cuando estoy en modo artista, soy consciente del Espíritu Santo”.

Cuando trabaja con un cliente para desarrollar una obra por encargo, reza con él y le pide al Espíritu Santo que le inspire una imagen. 

Mattie Karr se dedica al arte sacro como camino para vivir la fe y acercar a Dios a los demás

martes, 9 de junio de 2026

Raúl Berzosa, pintor de arte sacro: «Pinto rezando; ’pedid y se os dará’; Jesús siempre me reconforta y me da esperanza; Cuanto más rezamos, más tiempo queremos estar con Él que te escucha siempre»


Raúl Berzosa ante una de sus obras de arte sacro

* «Rezar es muy importante. Es mi ‘conversación’ con Dios y, junto a la lectura del evangelio diario, me da muchísima paz interior y me ayuda a crecer en mi labor artística. Como ser humano que tiene sus miedos y debilidades, intensifico las oraciones en ocasiones, eso sí, y no hablo solo por mí, sino cuando pido también por otras personas o situaciones… La oración la recomiendo porque es un modo maravilloso de hablar con Dios, de forma íntima. Además, cuanto más rezamos, mayor tiempo queremos estar con Él. Jesús te escucha siempre. Mi oración favorita es el Padrenuestro. Es mi frase por excelencia, Jesús nos lo enseñó y nos mostró cómo hablar desde la sencillez con el Padre»

Camino Católico.-  Raúl Berzosa (Málaga, 1979) es, a sus 47 años, uno de los grandes pintores de arte sacro contemporáneo, tanto en España como fuera de nuestras fronteras. Sus obras se encuentran hoy repartidas por varios continentes –del Vaticano a China, de EE.UU. a Gran Bretaña, pasando por México o Argentina– y han conquistado a miles de personas por una fuerza espiritual que trasciende lo meramente artístico. Porque, como sostiene el propio pintor, “la Belleza no deja a nadie indiferente”: habla de Dios y alcanza directamente el alma. 

Influenciado por el mundo cofrade en el que creció, el estilo realista de Raúl Berzosa ha cautivado a miles de personas en iglesias, universidades o palacios episcopales de todo el mundo. Ha retratado a Papas y cardenales, ha pintado a grandes santos, y cómo no, ha recreado con colores vibrantes escenas emblemáticas de la vida de Jesús, José y María.  “A san José lo he pintado tantas veces que me suele acompañar”, comenta el artista a Misión. Además de diseñar sellos para la Santa Sede y realizar grandes obras para presbiterios de iglesias en países tan diversos como China o Guatemala, hay un proyecto que ocupa un lugar especial en su trayectoria: el techo del oratorio de santa María Reina y Madre, conocido ya como la “Capilla Sixtina de Málaga”. Allí, Berzosa tuvo que coger un arnés y subirse durante meses en un elevador para pintar más de 140 metros cuadrados de escenas e imágenes que dejan sin palabras a quien las contempla. El artista defiende que, en una sociedad marcada por el feísmo, la belleza del arte sacro sigue siendo un camino privilegiado para la salvación de las almas.

Raúl Berzosa ha pintado a Papas, entre ellos a Benedicto XVI con quien posa en la imagen

“La fe es uno de los pilares de la creación del arte sacro. Si quiero que las pinturas funcionen y ayuden a las personas a orar necesito tener fe, ir más allá de crear una obra de calidad. Hay que buscar que transmita a la persona que se pone delante del lienzo o que ve la imagen en una pantalla. Diría que pinto rezando. La pintura es también mi forma de oración”, asegura Raúl Berzosa a Misión.

Siempre vio rezar en el seno de su familia, lo que le ha hecho crecer cultivando este encuentro con Dios en lo cotidiano. “Mi madre es una persona muy creyente y practicante, de ella lo aprendí. Por supuesto, también influyó mi formación en los Hermanos Maristas, donde el rezo y la formación religiosa es esencial, junto a la educación y a otros valores”, recuerda el pintor en el portal de la Diócesis de Málaga.

Para Berzosa, “rezar es muy importante. Es mi ‘conversación’ con Dios y, junto a la lectura del evangelio diario, me da muchísima paz interior y me ayuda a crecer en mi labor artística. Como ser humano que tiene sus miedos y debilidades, intensifico las oraciones en ocasiones, eso sí, y no hablo solo por mí, sino cuando pido también por otras personas o situaciones. ‘Pedid y se os dará’. Jesús siempre me reconforta y me da esperanza”, asegura.

Raúl Berzosa pintando a la Sagrada Familia, San José, el Niño Jesús y la Virgen María

Rezar ante la Sábana Santa

La rutina que tiene es que “mi estudio se encuentra cerca de la iglesia de san Antonio María Claret. Es la iglesia de mi niñez. Y siempre que voy andando a mi estudio entro para saludar al Señor en el Sagrario y dar las gracias por el nuevo día”, transparenta.

Este artista no duda en invitar a ser asiduos en la oración, especialmente a aquellas personas que no han descubierto aún la riqueza de esta práctica. “La oración la recomiendo porque es un modo maravilloso de hablar con Dios, de forma íntima. Además, cuanto más rezamos, mayor tiempo queremos estar con Él. Jesús te escucha siempre. Mi oración favorita es el Padrenuestro. Es mi frase por excelencia, Jesús nos lo enseñó y nos mostró cómo hablar desde la sencillez con el Padre”.

Su momento favorito para rezar es antes de irse a dormir, delante de una reproducción de la Sábana Santa, que forma parte especial de su vida. “Es muy importante para mí a la hora de orar. Siempre la he visto presidiendo la casa de mis padres, y también la tengo en mi taller, en mi casa y en mi cartera… siempre viene conmigo, o más bien, yo siempre voy con Él. Cuando pinto a Jesús, la tengo muy presente, porque para mí es su auténtico rostro; es más, alguna vez he hecho algún Cristo más sindónico”, confiesa.

“También es importante para rezar el Santísimo, y una cita ineludible con Él todos los jueves en la iglesia de San Antonio María Claret, cuando voy andando para el taller paso por delante de la puerta y el Señor expuesto ‘me llama’», comparte.

Otra de las obras de arte sacro de Raúl Berzosa

El arte sacro evangeliza

Respecto a lo que aporta el arte sacro a una sociedad secularizada dice que “estoy convencido de que el arte sigue siendo una herramienta extraordinaria para la evangelización. La pintura ha sido históricamente una de las grandes disciplinas del arte, el gran medio para mostrar la realidad y presentar ideas a través de imágenes. En el caso del arte sacro, además, está al servicio del culto y posee un carácter profundamente litúrgico. Estamos en una sociedad que no sólo presenta el feísmo, sino que, además, lo ensalza. Los que nos dedicamos a la obra sacra vamos a contracorriente. En el arte sacro se busca la belleza, y esto se topa con un mundo donde es evidente que destaca lo grotesco, lo feo. Y si eso lo unes a un estilo realista como el mío, nos ven como de otra época. Creo que, como dijo Dostoyevski en su novela El idiota, la belleza salvará al mundo. Y cuando hablamos de belleza, no nos referimos únicamente a una obra bella, sino a que esa belleza, como dijo el papa Benedicto xvi, sea un camino para encontrar a Dios”.

Su pasión por la pintura se produjo “con 12 o 13 años cuando comencé a dibujar cómics. Llevaba al papel lo que veía en la televisión. Mi padre, viendo que no se me daba mal, me apuntó en un taller local, dirigido por el pintor Rando Soto. Ahí tuve mi primer contacto con el óleo y después estuve con José Antonio López, otro pintor local”, relata Berzosa.

El arte sacro afloró en Berzosa “en el año 2000 en que realicé mi primera pintura pública: el cartel de la salida procesional de la cofradía del Rocío de Málaga. Esas primeras obras cofrades sirvieron para plasmar la necesidad que tenía de hacer arte sacro. Luego, poco a poco, fueron derivando, pues ya no copiaba las imágenes de las cofradías, sino que creaba mis propias figuras. Hoy, el arte sacro ocupa, con diferencia, la mayor parte de mi producción”.

Y prosigue: “Soy licenciado en Historia del Arte, esto me ha ayudado bastante en mi formación para la creación de arte sacro, pero estas no son simples obras que sirven para embellecer o decorar un lugar, sino que transmiten un mensaje. Para poder llegar a transmitirlo estudié bastantes obras de arte sacro. Esto me aportó muchísimo a la hora de crear la iconografía de las obras religiosas”.

Refiriéndose en que lugar desearía pintar una obra sacra suya, Raúl Berzosa dice que “no me suelo poner metas. Muchas cosas que he hecho ni llegué a soñarlas, pero sí hay algo que tengo pendiente y que espero cumplir: realizar una obra para alguna iglesia de Tierra Santa. Y también algún proyecto para África y Oriente Medio, lugares donde el arte sacro puede ayudar”.

Raúl Berzosa en el elevador pintando el techo del oratorio de santa María Reina, en Málaga. Este ha sido el desafío más importante al que se ha enfrentado como artista

De las obras que ha realizado, la que más le ha tocado el corazón es “seguramente, mi principal proyecto se encuentra en mi ciudad, el oratorio de Santa María Reina. Ha sido mi obra de mayor tamaño y la última parte está dedicada a la coronación de la Virgen María. El lugar para representar este momento tan importante de Nuestra Madre es el techo del oratorio, una obra con una infinidad de figuras, más de 140 metros cuadrados, pintura acrílica directamente sobre el muro. Fue una obra compleja para la que tuve que salir del taller –de mi espacio– donde tengo mis óleos, mis caballetes, coger un arnés y subir a un elevador durante meses”.

Y el artista concluye compartiendo destacando un cita de la Escritura: “Yo estoy con vosotros todos los días hasta el final de los tiempos” (Mt 28, 20).