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miércoles, 4 de febrero de 2026

Paula en el Bosque, artista que ha llevado sus obras al Vaticano: «No podía tener hijos porque padecía endometriosis severa y Dios me dio el gran milagro que fue mi hijo; le ofrecí mi don de dibujar y entré en el arte sacro»

Paula Saenz Soto conocida artísticamente como Paula en el Bosque trabajó como diseñadora durante varios años y ha terminado siendo una de las artistas de arte sacro más importantes de Costa Rica. Esta pasada Navidad realizó el pesebre por la vida en el Aula Pablo VI del Vaticano, en el que la Virgen María estaba embarazada, figura junto a la que aparece trabajando

* «A partir de aquello pensé que para poder enamorarme de Jesús primero tenía que conocerlo. Uno no puede decir 'ya me enamoré', 'ya creo', 'ya tengo la fe'... si no lo conoce. Me puse a estudiar, a leer, y me llegó ese amor de querer ofrecer lo único que tenía. Muchos me decían que cómo me iba a dedicar a esto si ya nadie creía, que me iba a morir de hambre. Yo siempre pensé que sería Dios el que tendría la última palabra, y así ha sido. Él ha marcado el camino de esta misión. Experimenté un enamoramiento profundo, como un fuego en el corazón… Lo que hacemos los pintores de arte sacro es escribir oraciones. Estuve con los carmelitas descalzos en una ocasión y se me abrió el cielo. Me hicieron la bendición de mis manos y me dijeron que yo no iba a pintar, sino a escribir. El icono es un lugar santo, que diría San Juan Damasceno»

Camino Católico.- Paula en el Bosque es como quiere ser conocida Paula Sáenz Soto, una artista católica cuyas obras han llegado hasta el Vaticano. Su vida creativa comenzó desde pequeña, sin imaginar hasta dónde la llevaría su camino. Hace unas semanas, expuso su pesebre provida durante la Navidad en el Aula Pablo VI de la Santa Sede: un momento histórico. Autora del mosaico de Nuestra Señora de los Ángeles en los Jardines Vaticanos, sus obras descansan en diferentes países del mundo, todas ellas sin firmar, porque, como reconoce, "el autor de estas 'oraciones pintadas' solo puede ser Dios".



Paula en el Bosque con su pesebre del Aula Pablo XVI del Vaticano de las pasadas navidades; saludando al Papa León XIV y el Pontífice ante el Belén

De la vocación artística a la conversión y al arte sacro

El testimonio de esta artista es un recorrido marcado, sin duda, por una profunda confianza en Dios y por un brillo constante de esperanza.

“Mi familia era de rezar el Rosario todos los días, sin embargo, yo no tanto. Lo que más recuerdo de pequeña era que nos reuníamos y rezábamos juntos el Rosario. Siempre tuve esa semillita sembrada, de Nuestra Señora, de ir a misa... pero la conversión le llega a cada uno en momentos distintos”, asegura la artista en Religión en Libertad.

Desde pequeña sintió un llamado al arte. En especial, una conexión muy fuerte con la naturaleza; de ahí nace su nombre artístico, “en el Bosque”, porque ella se siente en casa rodeada de árboles, admirando las montañas y los ríos.

“Ese amor por el arte me acompañó toda la infancia y la adolescencia. Me inspiraba en lo más pequeño que veía en la calle. En la escuela incluso fue un problema, porque siempre estaba dibujando, perdida en la imaginación. Pero era algo que siempre estuvo en mí”, explica en Aleteia.

Con el paso de los años, esa vocación fue creciendo. Decidió estudiar diseño publicitario y trabajó en un periódico de Costa Rica, donde ilustraba para niños. Aunque le gustaba, comenzó a sentir cansancio y un deseo profundo de independencia, por lo que renunció para convertirse en ilustradora infantil independiente.

Sin embargo, no fue hasta que un acontecimiento fuerte en su vida la llevó a transformar su profesión en un espacio donde pudiera expresar su fe: una vocación en la que evangelizara a través del arte.

Respecto a cómo aterriza en el arte sacro asegura que “no estaba en mis planes, fue por un milagro que pasó en mi vida”. Así cuenta que acontecimiento supuso su transformación para dedicarse al arte sacro: “Yo no podía tener hijos porque  padecía endometriosis severa. Pasamos muchos tratamientos, fueron ocho años de calvario. Me enfadaba mucho con Dios, le decía que habiendo gente que abortaba niños, y a mí, que sí que los quería, no me los daba”.


Paula en el Bosque con el Icono del Cántico de la Criaturas de San Francisco de Asís y debajo una explicación de por qué lo ha hecho

Y añade: “Hasta que un día desistí, y decidí no volver al médico. Y, entonces, es cuando Dios dijo: voy a esperar a que dejes de hacer tantas cosas para manifestar que esto es obra mía. Dios me dio este gran milagro que fue mi hijo, que ahora tiene 19 años. Fue gracias a mi madre. Ella siempre tuvo fe, y sin yo saberlo, ella rezaba todo el tiempo. Era la comunión de los santos, que rezan unos por los otros. Mi madre me hablaba de Dios y yo me enfadaba, le decía que igual tener un hijo no estaba en los planes de Dios”.

Fue entonces cuando hizo un acto muy concreto: “Le dije a Dios: ‘Yo lo único que sé hacer es dibujar. ¿Cómo pongo esto a tu servicio?’. No sabía hacer otra cosa, pero eso sí lo sabía hacer bien”.

“A partir de aquello pensé que para poder enamorarme de Jesús primero tenía que conocerlo. Uno no puede decir 'ya me enamoré', 'ya creo', 'ya tengo la fe'... si no lo conoce”, argumenta Paula.

Y prosigue: “Me puse a estudiar, a leer, y me llegó ese amor de querer ofrecer lo único que tenía. Muchos me decían que cómo me iba a dedicar a esto si ya nadie creía, que me iba a morir de hambre. Yo siempre pensé que sería Dios el que tendría la última palabra, y así ha sido. Él ha marcado el camino de esta misión. Experimenté un enamoramiento profundo, como un fuego en el corazón”.

Paula en el Bosque con un Icono de Jesucristo

“El rostro de la Virgen María es una carta de amor de Dios”

Su inicio en el arte sacro fue así: “Empecé haciendo pinturas para niños, para mi hijo cuando era pequeño. La Medalla Milagrosa fue lo primero que hice, la llevé al colegio y a la gente le gustó mucho. Muchas veces, en la vida artística, llega un momento en el que sentí la necesidad de un cambio más profundo. Ahí entré en la iconografía!”

“A mí me encanta la iconografía bizantina y la pintura colonial, mi estilo es una mezcla. En realidad no sigo los cánones establecidos por la iconografía bizantina, llevo una forma de pintar que nace de mí”, asegura Paula.

Y profundiza más en su estilo: “A mis imágenes siempre intento ponerles un rostro dulce, me concentro mucho en la mirada, esto también es algo en lo que me rebelo frente a lo bizantino. Cuando ellos escriben un icono, lo último que hacen es la mirada: primero se hace todo y al final la mirada. Pero yo no puedo, tengo que hacerlo al revés, necesito primero escribir esos ojos y luego ya todo lo demás”.

“Lo que hacemos los pintores de arte sacro es escribir oraciones. Estuve con los carmelitas descalzos en una ocasión y se me abrió el cielo. Me hicieron la bendición de mis manos y me dijeron que yo no iba a pintar, sino a escribir. El icono es un lugar santo, que diría San Juan Damasceno”, dice la artista. 

Asegura que “el rostro de la Virgen María es una carta de amor de Dios para todos nosotros. Eso resume todo. Dios, a través de los iconos, nos revela la belleza y Ella es la mujer más bella, y su rostro es una carta de amor para nosotros”.

Paula en el Bosque con las figuras de la Virgen María y de Jesucristo realizadas por ella del pesebre del Aula Pablo VI del Vaticano

Una vocación que le permite acompañar

Han pasado 20 años desde que decidió dedicarse al arte sacro. A través de esta expresión, no solo se ha sentido más cerca de Dios, sino que también ha podido acompañar a otras mujeres en su camino.

Paula comparte que ha vivido dolores muy profundos. Volvió a quedar embarazada después de su primer hijo, esta vez de una niña, pero la perdió. Confiesa que, de no haber sido sostenida por Dios, no habría podido atravesar esa pérdida de la misma manera.

“Lloré, por supuesto, pero también agradecí el tiempo que la tuve. Eso me ha permitido acompañar a muchas mujeres que llegan a mi taller. He pasado por muchas etapas: no poder tener hijos, intentos de adopción, pérdidas. Cuando una mujer me dice: ‘Usted no sabe lo que se siente’, yo puedo responder con verdad: ‘Sí lo sé’”.

Con el tiempo, entendió que estas experiencias tan fuertes también nos capacitan para acompañar a otros y dar esperanza.

Paula en el Bosque con otras obras suyas de Cristo crucificado

Un don al servicio de Dios

“Todos tenemos dones, y cuando los ponemos al servicio de Dios, todo se transforma en oración. Ese es el mensaje que siempre quiero dejar: Dios da dones a todos. Solo hace falta pedir claridad para descubrirlos y confiar. Hay que utilizar los dones aplicando los rasgos de nuestra propia vivencia. En mis iconos estoy yo, pero siempre de la mano del Magisterio. No puedo inventarme, por ejemplo, una advocación que no existe”, reflexiona Paula en el Bosque.

Respecto a la importancia que tiene la belleza y el arte para los cristianos dice: “Es muy bonito. Dios nos dio los cinco sentidos a nosotros, que somos tan pequeños, porque sabe que los necesitamos. Él se vale de ellos para transmitirnos su mensaje”.

Y explica que “ha ocurrido con muchos santos. Dios se les ha querido manifestar a través de una obra de arte. Por ejemplo, Santa Faustina Kowalska y el icono de la Divina Misericordia. Fue Jesús mismo el que pidió esa imagen. Él sabe que necesitamos a veces algo más tangible, aunque, por supuesto, eso no va sustituir nunca la fe, más bien esa belleza la fortalece”.

Luego, pone otro ejemplo: “Está también, por ejemplo, la conversión de Santa Teresa con La Santa Faz. Ha habido muchas conversiones con solo contemplar una obra de arte, y eso lo he visto yo en mi taller. Cuando vienen y contemplan un icono de la virgen, algunos lloran porque en ese momento necesitaban esa mirada”.

Paula en el Bosque trabajando en una obra suya

Hay varios santos que le han inspirado: “San Charbel, el famoso santo libanés; el Padre Pío, con el que tuve una historia muy linda, y muchos otros. Pude ir a San Giovanni Rotondo, me pagaron el viaje y no entendía muy bien qué hacía allí. Yo no era su hija espiritual, sin embargo, a veces, son los santos los que entran en nuestra vida y nos buscan”.

Y respecto a su estancia en San Giovanni Rotondo relata que “cuando estaba en la misa solemne, me sentaron en primera fila, y vi entrar la cruz gracias a la cual San Pío recibió los estigmas. Ahí comprendí que daba igual el nombre del artista que la hubiera hecho, que lo importante es que Dios se vale de esas obras para llegar a las personas. Dios le dio los estigmas frente a ese crucifijo, cuando él lo estaba contemplando. Por eso nosotros no firmamos las obras. Cuando me dicen que debería firmar digo que no, porque no es obra mía, es obra del Espíritu Santo. Si firmamos algo, es por detrás. Y es muy bonito, porque Dios mismo te va corrigiendo mientras pintas. A veces pasas meses haciendo tu voluntad en una obra y luego tienes que dejarla hasta que Él diga cómo continuar. Me pasó con un icono de San José, me empeñé en poner una rosa en representación de la Virgen, pero aquello era solo mi plan, y no el del Espíritu. Muchas veces sientes desasosiego hasta que por fin lo descubres”.

Paula en el Bosque con otra de sus obras

Referente a cómo fue llevar a la patrona de Costa Rica a los Jardines Vaticanos instalando un  mosaico de Nuestra Señora de los Ángeles, relata: “Fue en plena pandemia, me llamaron y debía hacer un boceto muy rápido. Nuestra Señora de Los Ángeles está hecha de jade y de granito, que son piedras imposibles de unir, el reto era inmenso. No sabía cómo iba a escribir un icono con teselas de vidrio que fueran verdes. Fue un reto muy grande pero muy hermoso. Para mí es algo muy grande. Siempre digo que soy una pequeña artista con un taller muy chiquitito en Costa Rica. Esto es un ejemplo de que Dios puede escoger a cualquiera, no hay que ser un artista famoso”.

Y cuenta lo que precedió a ese momento: “Le pedí a la Virgen durante dos años que mi arte pudiera trascender, quería poder evangelizar por medio de él. Yo no pretendía llegar al Vaticano, al centro del arte católico del mundo, a lo que más puede aspirar un artista de arte sacro. Cuando regresé a Roma y llegué a donde estaba me puse de rodillas. Era como cuando vas a ver a tu madre y le dices que estabas deseando volver a verla. No le pedí nada, solo le di las gracias por estar ahí. Le di un beso, una rosa y hicimos un vídeo en vivo para toda Costa Rica”.


Paula en el Bosque fue la encargada de hacer a la patrona de Costa Rica en los Jardines Vaticanos

Entre sus obras realizadas están: “un mosaico para la Catedral Metropolitana de San José (Costa Rica). En Fátima (Portugal) hay un relicario que hice para los pastorcitos Jacinta y Francisco. Hay obras mías en países latinoamericanos, en parroquias, en hogares...Un viacrucis para una parroquia de Costa Rica y la Santa Faz.