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lunes, 2 de marzo de 2026

Palabra de Vida 2/3/2026: «Perdonad, y seréis perdonados» / Por P. Jesús Higueras

Camino Católico.- Espacio «Palabra de Vida» de 13 TV del 2 de marzo de 2026, lunes de la 2ª semana de Cuaresma, presentado por el padre Jesús Higueras en el que comenta el evangelio del día.

Evangelio: San Lucas 6, 36-38:

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

«Sed misericordiosos como vuestro Padre es misericordioso; no juzguéis, y no seréis juzgados; no condenéis, y no seréis condenados; perdonad, y seréis perdonados; dad, y se os dará: os verterán una medida generosa, colmada, remecida, rebosante, pues con la medida con que midiereis se os medirá a vosotros».

Adoración Eucarística con el P. José Aurelio Martín en la Basílica de la Concepción de Madrid, 2-3-2026

2 de marzo de 2026.- (Camino Católico) Adoración al Santísimo Sacramento con el P. José Aurelio Martín Jiménez, emitida por 13 TV desde la Basílica de la Concepción de Madrid.

«Sed misericordiosos como vuestro Padre es misericordioso» / Por P. Carlos García Malo

 


domingo, 1 de marzo de 2026

Papa León XIV en el Ángelus, 1-3-2026: «Dios Padre responde al ateísmo con el don del Hijo Salvador; el Espíritu Santo rescata de la soledad agnóstica ofreciendo una comunión eterna de vida y de gracia»

* «Esto es lo que los discípulos habían visto en el fulgor de Cristo, pero para comprenderlo se necesita tiempo (cf. Mt 17,9). Tiempo de silencio para escuchar la Palabra, tiempo de conversión para gustar de la compañía del Señor. Mientras experimentamos todo esto durante la Cuaresma, pidamos a María, Maestra de oración y Estrella de la mañana, que custodie nuestros pasos en la fe» 

    

Vídeo completo de la transmisión en directo de Vatican News traducido al español con las palabras del Papa en el Ángelus

* «Sigo con profunda preocupación lo que está sucediendo en Oriente Medio y en Irán en estas horas dramáticas. La estabilidad y la paz no se construyen con amenazas mutuas, ni con armas, que siembran destrucción, dolor y muerte, sino solo a través de un diálogo razonable, auténtico y responsable. Ante la posibilidad de una tragedia de enormes proporciones, hago un llamamiento encarecido a las partes implicadas para que asuman la responsabilidad moral de detener la espiral de violencia antes de que se convierta en un abismo irreparable. Que la diplomacia recupere su papel y se promueva el bien de los pueblos, que anhelan una convivencia pacífica, basada en la justicia. En estos días llegan además noticias preocupantes de enfrentamientos entre Pakistán y Afganistán. Elevo mi súplica por un urgente retorno al diálogo. Recemos juntos para que prevalezca la concordia en todos los conflictos del mundo. Solo la paz, don de Dios, puede sanar las heridas entre los pueblos. Estoy cerca de la población del estado brasileño de Minas Gerais, afectada por violentas inundaciones. Rezo por las víctimas, por las familias que han perdido sus hogares y por todos los que participan en las operaciones de socorro» 

1 de marzo de 2026.- (Camino Católico)  “El Padre responde a la desesperación del ateísmo con el don del Hijo Salvador; el Espíritu Santo nos rescata de la soledad agnóstica ofreciéndonos una comunión eterna de vida y de gracia; frente a nuestra fe débil, se encuentra el anuncio de la resurrección”, ha reflexionado León XIV en el Ángelus de esta mañana, 1 de marzo, segundo domingo de Cuaresma, en el que el evangelista Mateo (17,1-9) narra el episodio de Jesús en el monte Tabor mostrando su gloria divina a los discípulos Pedro, Santiago y Juan.

Hablando desde la ventana de su estudio privado del Palacio Apostólico a los miles de fieles presentes en la Plaza de San Pedro en un día de invierno y a quienes lo seguían a través de los medios de comunicación, el Pontífice destaca el corazón del relato evangélico, cuando el Espíritu Santo envuelve a Jesús con una «nube luminosa», con el rostro resplandeciente «como el sol» y las vestiduras «blancas como la luz», permitiendo a los discípulos admirar el «esplendor humano» de Dios. “Pedro, Santiago y Juan contemplan una gloria humilde, que no se exhibe como un espectáculo para las multitudes, sino como una solemne confidencia.”

A partir de este gesto, Jesús transfigura las «llagas de la historia» e «iluminando nuestra mente y nuestro corazón» revela con su revelación «una sorpresa de salvación». “¿Nos sentimos fascinados por ello? ¿El verdadero rostro de Dios encuentra en nosotros una mirada de asombro y amor?”, pregunta León XIV.

En sus saludos tras el Ángelus, el Papa León XIV expresa su preocupación por lo que está sucediendo en Oriente Medio y pide que se evite un «abismo irreparable» actuando con diplomacia y promoviendo el bien de los pueblos «que anhelan una convivencia pacífica».En el vídeo de Vatican News se visualiza y escucha la meditación del Santo Padre traducida al español, cuyo texto completo es el siguiente: 

PAPA LEÓN XIV

ÁNGELUS

Plaza de San Pedro

Domingo, 1 de marzo de 2026

Queridos hermanos y hermanas, ¡feliz domingo!

El Evangelio de la liturgia de hoy compone para todos nosotros un icono lleno de luz, narrando la Transfiguración del Señor (cf. Mt 17,1-9). Para representarlo, el evangelista sumerge su pluma en la memoria de los apóstoles, pintando a Cristo entre Moisés y Elías. El Verbo hecho hombre se encuentra entre la Ley y la Profecía; él es la Sabiduría viviente, que lleva a cumplimiento cada palabra divina. Todo lo que Dios ha mandado e inspirado a los hombres encuentra en Jesús su manifestación plena y definitiva.

Como en el día del bautismo en el Jordán, también hoy escuchamos la voz del Padre en el monte, que proclama: «Este es mi Hijo muy querido», mientras el Espíritu Santo cubre a Jesús con una «nube luminosa» (Mt 17,5). Con esta expresión, realmente singular, el Evangelio describe el estilo de la revelación de Dios. El Señor, cuando se manifiesta, nos revela su magnificencia; frente a Jesús, cuyo rostro brilla «como el sol» y cuyas vestiduras se vuelven «blancas como la luz» (cf. v. 2), los discípulos admiran el esplendor humano de Dios. Pedro, Santiago y Juan contemplan una gloria humilde, que no se exhibe como un espectáculo para las multitudes, sino como una confidencia solemne.

La Transfiguración anticipa la luz de la Pascua, acontecimiento de muerte y de resurrección, de tinieblas y de luz nueva que Cristo irradia sobre todos los cuerpos flagelados por la violencia, sobre los cuerpos crucificados por el dolor, sobre los cuerpos abandonados en la miseria. En efecto, mientras el mal reduce nuestra carne a una mercancía o a una masa anónima, precisamente esta misma carne resplandece con la gloria de Dios. El Redentor transfigura así las llagas de la historia, iluminando nuestra mente y nuestro corazón. ¡Su revelación es una sorpresa de salvación! ¿Aún nos atrae? El verdadero rostro de Dios, ¿encuentra en nosotros una mirada de admiración y de amor?

El Padre responde a la desesperación del ateísmo con el don del Hijo Salvador; el Espíritu Santo nos rescata de la soledad agnóstica ofreciéndonos una comunión eterna de vida y de gracia; frente a nuestra fe débil, se encuentra el anuncio de la resurrección futura. Esto es lo que los discípulos habían visto en el fulgor de Cristo, pero para comprenderlo se necesita tiempo (cf. Mt 17,9). Tiempo de silencio para escuchar la Palabra, tiempo de conversión para gustar de la compañía del Señor.

Mientras experimentamos todo esto durante la Cuaresma, pidamos a María, Maestra de oración y Estrella de la mañana, que custodie nuestros pasos en la fe.

Oración del Ángelus:  

Angelus Dómini nuntiávit Mariæ.

Et concépit de Spíritu Sancto.

Ave Maria…


Ecce ancílla Dómini.

Fiat mihi secúndum verbum tuum.

Ave Maria…


Et Verbum caro factum est.

Et habitávit in nobis.

Ave Maria…


Ora pro nobis, sancta Dei génetrix.

Ut digni efficiámur promissiónibus Christi.


Orémus.

Grátiam tuam, quǽsumus, Dómine,

méntibus nostris infunde;

ut qui, Ángelo nuntiánte, Christi Fílii tui incarnatiónem cognóvimus, per passiónem eius et crucem, ad resurrectiónis glóriam perducámur. Per eúndem Christum Dóminum nostrum.


Amen.


Gloria Patri… (ter)

Requiem aeternam…


Benedictio Apostolica seu Papalis


Dominus vobiscum.Et cum spiritu tuo.

Sit nomen Benedicat vos omnipotens Deus,

Pa ter, et Fi lius, et Spiritus Sanctus.


Amen.



Después de la oración mariana del Ángelus el Papa ha dicho:


Queridos hermanos y hermanas:


Sigo con profunda preocupación lo que está sucediendo en Oriente Medio y en Irán en estas horas dramáticas. La estabilidad y la paz no se construyen con amenazas mutuas, ni con armas, que siembran destrucción, dolor y muerte, sino solo a través de un diálogo razonable, auténtico y responsable.


Ante la posibilidad de una tragedia de enormes proporciones, hago un llamamiento encarecido a las partes implicadas para que asuman la responsabilidad moral de detener la espiral de violencia antes de que se convierta en un abismo irreparable. Que la diplomacia recupere su papel y se promueva el bien de los pueblos, que anhelan una convivencia pacífica, basada en la justicia.


En estos días llegan además noticias preocupantes de enfrentamientos entre Pakistán y Afganistán. Elevo mi súplica por un urgente retorno al diálogo. Recemos juntos para que prevalezca la concordia en todos los conflictos del mundo. Solo la paz, don de Dios, puede sanar las heridas entre los pueblos.


Estoy cerca de la población del estado brasileño de Minas Gerais, afectada por violentas inundaciones. Rezo por las víctimas, por las familias que han perdido sus hogares y por todos los que participan en las operaciones de socorro.


Saludo con afecto a todos ustedes, romanos y peregrinos de diversos países, en particular al grupo de cameruneses que viven en Roma, acompañados por el presidente de la Conferencia Episcopal de ese país, que, si Dios quiere, tendré la alegría de visitar en el mes de abril.


Doy la bienvenida a los fieles de la diócesis de Iaşi, en Rumanía; a los de Budimir cerca de Košice, en Eslovaquia; a los de Massachusetts, en Estados Unidos; y a la Cofradía del Santísimo Cristo de la Buena Muerte, de Jaén, en España.


Saludo a los fieles de Nápoles, Torre del Greco y Afragola, de Caraglio y Valle Grana, de Comitini, Crotone, Silvi Marina y de la parroquia de San Luigi Gonzaga en Roma; así como a los jefes scouts del grupo “Val d'Illasi”, cerca de Verona, y a los jóvenes de Faenza que han recibido la Confirmación.


¡A todos les deseo un buen domingo!



Papa León XIV







Fotos: Vatican Media, 1-3-2026

Homilía del P. Manuel Montilla y lecturas de la Misa de hoy, II domingo de Cuaresma, 1-3-2026

1 de marzo de 2026.-  (Camino Católico) Homilía del P. Manuel Montilla Caballero y lecturas de la Misa de hoy, II domingo de Cuaresma, emitida por 13 TV desde la Catedral de Córdoba.

Santa Misa de hoy, II domingo de Cuaresma, en la catedral de Córdoba, 1-3-2026

1 de marzo de 2026.-  (Camino Católico) Celebración de la santa Misa de hoy, II domingo de Cuaresma, presidida por el P. Manuel Montilla Caballero, emitida por 13 TV desde la Catedral de Córdoba.

Misterios Gloriosos del Santo Rosario, desde el Santuario de Lourdes, 1-3-2026

1 de marzo de 2026.- (Camino Católico).- Rezo de los Misterios Gloriosos del Santo Rosario correspondientes a hoy, domingo, desde la Gruta de Massabielle, en el Santuario de Lourdes, en el que se intercede por el mundo entero. 

Palabra de Vida 1/3/2026: «Su rostro resplandecía como el sol» / Por P. Jesús Higueras

Camino Católico.- Espacio «Palabra de Vida» de 13 TV del 1 de marzo de 2026, domingo de la 2ª semana de Cuaresma, presentado por el padre Jesús Higueras en el que comenta el evangelio del día.

Evangelio: San Mateo 17, 1-9:

En aquel tiempo, Jesús tomó consigo a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan, y subió con ellos aparte a un monte alto.

Se transfiguró delante de ellos, y su rostro resplandecía como el sol, y sus vestidos se volvieron blancos como la luz.

De repente se les aparecieron Moisés y Elías conversando con él.

Pedro, entonces, tomó la palabra y dijo a Jesús:

«Señor, ¡qué bueno es que estemos aquí! Si quieres, haré tres tiendas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías».

Todavía estaba hablando cuando una nube luminosa los cubrió con su sombra, y una voz desde la nube decía:

«Este es mi Hijo, el amado, en quien me complazco. Escuchadlo».

Al oírlo, los discípulos cayeron de bruces, llenos de espanto.

Jesús se acercó y, tocándolos, les dijo:

«Levantaos, no temáis».

Al alzar los ojos, no vieron a nadie más que a Jesús, solo.

Cuando bajaban del monte, Jesús les mandó:

«No contéis a nadie la visión hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos».

Homilía del evangelio del domingo: Se nos llama, como a Abrán, a desmontar nuestras tiendas y, abrazando la cruz, ponernos en camino hacia una tierra desconocida / Por P. José María Prats

* «Cuando descubrimos por primera vez la belleza radiante de Jesucristo, nuestra vida se llena de bienestar, ilusión y armonía porque en Él encontramos la respuesta a nuestras inquietudes y la posibilidad de compartir su santidad y su poder sobre el mal. Pero poco a poco el Señor nos va introduciendo en la densa nube luminosa y nos invita a escucharle y a seguirle también en su condición de Siervo sufriente para purificar nuestra vanidad y suficiencia. Y al recibir esta revelación tendemos, como los discípulos, a caer de bruces llenos de espanto. Como Pedro, quisiéramos instalarnos para siempre en esa primera experiencia de gloria donde nos sentimos tan seguros y a gusto»

Domingo II de Cuaresma – A

Génesis 12, 1-4 / Salmo 32 / 2 Timoteo 1, 8-10/ San Mateo 17, 1-9  

P. José María Prats / Camino Católico.-  La Transfiguración del Señor narrada en este pasaje es una experiencia mística donde se revela a los discípulos la identidad de Jesús. Esto ocurre en un momento decisivo del evangelio, cuando Jesús emprende el camino hacia Jerusalén que culminará con su pasión, muerte y resurrección.

Si nos fijamos un poco, vemos que esta revelación tiene dos partes que provocan en los discípulos reacciones muy diferentes. En un primer momento Jesús se transfigura delante de sus discípulos y aparecen Moisés y Elías conversando con Él. Esta revelación resulta tan atractiva para los discípulos que Pedro intenta hacer todo lo posible por perpetuarla, ofreciéndose para construir tres tiendas. Sin embargo, cuando a continuación aparece la nube luminosa que los cubre con su sombra y se oye la voz del Padre que dice: «Éste es mi Hijo amado, en quien me complazco. Escuchadlo», la reacción es totalmente distinta: «cayeron de bruces, llenos de espanto». ¿Cómo podemos explicar estas reacciones tan diferentes?

En la primera revelación Jesús muestra a sus discípulos su santidad, su poder y su gloria y se presenta como el Mesías prometido por Dios a través de Moisés y los profetas, que aparecen en la visión conversando con Él. Es una síntesis de lo que los discípulos han experimentado hasta ese momento: un Jesús que sana a los enfermos, resucita a los muertos, expulsa a los demonios, perdona los pecados y predica con una autoridad sin precedentes. Todo ello lo acredita –como Pedro confiesa en el capítulo anterior– como el Mesías anunciado desde antiguo. Lógicamente, los discípulos están encantados de contemplar y participar de esta gloria y desean que esta situación se prolongue indefinidamente.

La segunda revelación, sin embargo, va a ahondar en el misterio de Jesús. La nube luminosa que los cubre con su sombra evoca la imponente teofanía del Sinaí, que estuvo acompañada de truenos, rayos y una densa nube, y ante la cual los israelitas temblaron de espanto (Ex 19,16 - 20,21). Se nos quiere así anticipar la profundidad y la trascendencia del misterio que el Padre va a revelar a continuación: «Éste es mi Hijo amado, en quien me complazco. Escuchadlo». 

Estas palabras evocan el primer canto del Siervo sufriente del Señor: «Éste es mi siervo a quien sostengo, mi elegido en quien me complazco» (Is 42,1), e identifican a Jesús con ese personaje misterioso profetizado por Isaías, que fue traspasado por nuestros pecados y cargó sobre sí la culpa de todos (Is 53,5-6). Esto explica la reacción de los discípulos, pues para un judío esta afirmación era impensable, más aún, escandalosa. El mismo San Pablo nos lo confirma: «nosotros predicamos a un Mesías crucificado: escándalo para los judíos, necedad para los gentiles» (1 Cor 1,23). Y también explica que Jesús prohibiera a sus discípulos contar esta visión antes de su resurrección, pues nadie habría dado crédito a semejante despropósito. Era necesario ver y tocar las llagas del resucitado para poder asumir el escándalo de un Mesías crucificado.

Esta doble revelación del misterio de Cristo que vemos en la Transfiguración acontece también en la vida de los cristianos. Cuando descubrimos por primera vez la belleza radiante de Jesucristo, nuestra vida se llena de bienestar, ilusión y armonía porque en Él encontramos la respuesta a nuestras inquietudes y la posibilidad de compartir su santidad y su poder sobre el mal. Pero poco a poco el Señor nos va introduciendo en la densa nube luminosa y nos invita a escucharle y a seguirle también en su condición de Siervo sufriente para purificar nuestra vanidad y suficiencia. Y al recibir esta revelación tendemos, como los discípulos, a caer de bruces llenos de espanto. Como Pedro, quisiéramos instalarnos para siempre en esa primera experiencia de gloria donde nos sentimos tan seguros y a gusto y, en cambio, se nos llama, como a Abrán, a desmontar nuestras tiendas y, abrazando la cruz, ponernos en camino hacia una tierra desconocida.

Hay al menos dos buenos motivos para vencer nuestro espanto y ponernos en camino tras las huellas del Siervo sufriente. Por una parte la seguridad de que el Señor caminará siempre a nuestro lado y, como hizo con sus discípulos, en los momentos de desfallecimiento se acercará a nosotros, nos tocará y nos dirá: «levantaos, no temáis». Por otra parte, la certeza de que esa tierra desconocida a la que Dios quiere llevarnos es aún más bella que la cima del Monte Tabor, porque «ni el ojo vio, ni el oído oyó, ni al corazón del hombre llegó, lo que Dios preparó para los que le aman» (1 Cor 2,9). 


P. José María Prats


Evangelio: 

En aquel tiempo, Jesús toma consigo a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan, y los lleva aparte, a un monte alto. Y se transfiguró delante de ellos: su rostro se puso brillante como el sol y sus vestidos se volvieron blancos como la luz. En esto, se les aparecieron Moisés y Elías que conversaban con Él. 


Tomando Pedro la palabra, dijo a Jesús: 


«Señor, bueno es estarnos aquí. Si quieres, haré aquí tres tiendas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías».


Todavía estaba hablando, cuando una nube luminosa los cubrió con su sombra y de la nube salía una voz que decía: 


«Éste es mi Hijo amado, en quien me complazco; escuchadle». 


Al oír esto los discípulos cayeron rostro en tierra llenos de miedo. Mas Jesús, acercándose a ellos, los tocó y dijo: 


«Levantaos, no tengáis miedo». 


Ellos alzaron sus ojos y ya no vieron a nadie más que a Jesús solo. Y cuando bajaban del monte, Jesús les ordenó: 


«No contéis a nadie la visión hasta que el Hijo del hombre haya resucitado de entre los muertos».


San Mateo 17, 1-9

«Éste es mi Hijo amado, escuchadlo» / Por P. Carlos García Malo