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miércoles, 10 de junio de 2026

Papa León XIV en el Rosario por la en Abadía de Montserrat, 30-6- 2026: «Pidamos a María, Reina de la paz, que nos enseñe a renunciar a las palabras hirientes, al juicio inmediato, a la murmuración y a las calumnias»

* «Pidamos a María, Reina de la paz, que aprendamos a custodiar y a cultivar el amor en la familia, entre amigos, en el lugar de trabajo, en las redes sociales, en los debates políticos y en las comunidades cristianas, de modo que el odio ceda paso a la esperanza y la paz»

Vídeo de la transmisión en directo de 13 TV en español, con la meditación del Papa 

* «María nos conduce hacia Cristo y nos enseña a escuchar su voz, obedecer su palabra y permitir que Él nos transforme. La voluntad de Jesús es clara: ‘Esto os mando: que os améis unos a otros’ (Jn 15,17). Se trata de un amor que tiene en Él mismo su medida y su fuente: ‘Como yo os he amado’ (v.12). Por eso, cuando María nos dice: ‘Haced lo que Él os diga’, nos invita a alcanzar un corazón reconciliado con los criterios del Evangelio. Jesús nos muestra el camino de la misericordia, la reconciliación, la verdad y la mansedumbre. Al mismo tiempo, desenmascara la violencia que puede esconderse en nuestras palabras y actitudes» 

10 de junio de 2026.- (Camino Católico) “Pidamos a María, Reina de la paz, que nos enseñe a renunciar a las palabras hirientes, al juicio inmediato, a la murmuración y a las calumnias. Y que aprendamos a custodiar y a cultivar el amor en la familia, entre amigos, en el lugar de trabajo, en las redes sociales, en los debates políticos y en las comunidades cristianas, de modo que el odio ceda paso a la esperanza y la paz”, ha orado el Papa León XIV, ante 8.000 fieles, esta mañana, en su quinto día del viaje apostólico a España, en su visita a la Abadía de Nuestra Señora de Montserrat, en Barcelona, para la oración del Santo Rosario. 


Después de la visita esta mañana a la cárcel, se trasladó en helicóptero hasta este lugar tan significativo para la región y la espiritualidad en Cataluña. Mientras repicaban las campanas, fue recibido en el atrio por el obispo de la diócesis de Sant Feliu de Llobregat, monseñor Xabier Gómez García, y por el abad del Monasterio de Montserrat, Manel Gasch i Hurios. En el atrio le esperaban también cerca de 1.000 niños. Al entrar en la Basílica, rezó unos instantes en la Capilla del Santísimo Sacramento y después se dirigió al presbiterio. Después de unas breves palabras del obispo y del abad, se recitó la oración del Santo Rosario. A continuación, el Papa León XIV pronunció su discurso en el que, como ya ha hecho en sus otras intervenciones desde que llegó a Barcelona, leyó algunos párrafos en catalán. En primer lugar, el Pontífice confesó guardar un grato recuerdo de sus años como párroco en la parroquia de Santa María de Montserrat en Trujillo, Perú. “La Moreneta siempre me ha acompañado. Gracias, Cataluña, por tu fe”, afirma.



Después de la bendición, el canto de la Salve Regina y el canto mariano del Virolai, el Santo Padre se ha retirado para una breve oración en la capilla de la Virgen. Después saludó a los presentes en la plaza desde el balcón, y les dedicó unas palabras de agradecimiento. También dio las gracias “a Cataluña por haber recibido a tantas personas de otros países, porque enseña cómo integrar a todos en una única familia”. Y un último agradecimiento para “la comunidad de nuestros hermanos los monjes que reciben y acogen a todos los peregrinos que vienen a rezar a María Nuestra Señora”. En el vídeo de 13 TV se escucha y visualiza toda la meditación del Papa, cuyo texto íntegro es el siguiente:

VIAJE APOSTÓLICO DE SU SANTIDAD EL PAPA LEÓN XIV A ESPAÑA

(6-12 DE JUNIO DE 2026)

ORACIÓN DEL SANTO ROSARIO

MEDITACIÓN DEL SANTO PADRE

Abadía de Nuestra Señora de Montserrat

Miércoles, 10 de junio de 2026

[Español y català]

Saludo cordialment a Vostra Excel·lència, monsenyor Xavier Gómez García, al Pare Abat de Montserrat Dom Manel Gasch i Huriós. També als Bisbes, sacerdots, religiosos i religioses, seminaristes i tots els fidels que participen en aquest peregrinatge. Particularment, als nens i nenes que ens acompanyen avui. Gràcies per acollir-nos, gràcies per la vostra presència.

[Saludo cordialmente a Vuestra Excelencia, Mons. Xavier Gómez García, al Padre Abad de Montserrat Manel Gasch i Hurios. También a los obispos, sacerdotes, religiosos y religiosas, seminaristas y a todos los fieles que participan en esta peregrinación. Particularmente, a los niños y niñas que nos acompañan hoy. Gracias por acogernos, gracias por vuestra presencia.]

Estic content de poder estar als peus de la Moreneta per encomanar-li, ple de confiança en la seva intercessió maternal, el meu servei petrí i la missió de l’Església en el món que clama demanant justícia i pau.

Amb emoció he recordat els meus anys com a rector de la parroquia de Santa Maria de Montserrat, a Trujillo, Perú. La Moreneta sempre m’ha acompanyat. Gràcies, Catalunya, per la vostra fe.

Els murs d’aquest recinte podrien explicar-nos les innombrables histories de devoció, agraïment i esperança que han contemplat al llarg dels segles al voltant de la Mare de Déu de Montserrat i també han estat testimonis de la sang vessada per amor a Jesucrist.

Així mateix en aquests murs han estat custodiades les alegries i les penes, els goigs i les llàgrimes de tants fidels, i han escoltat també les veus celestials del cant infantil de l’Escolania més antiga d’Europa.

[Estoy contento de poder venir a los pies de la Moreneta para encomendarle, lleno de confianza en su intercesión maternal, mi servicio petrino y la misión de la Iglesia en el mundo que clama pidiendo justicia y paz.

Guardo un grato recuerdo de mis años como párroco de la parroquia de Santa María de Montserrat en Trujillo, Perú. La Moreneta siempre me ha acompañado. Gracias, Cataluña, por tu fe.

Los muros de este recinto podrían narrarnos las innumerables historias de devoción, gratitud y esperanza que han contemplado a lo largo de los siglos en torno a la Mare de Déu de Montserrat y también han sido testigos de la sangre derramada por amor a Jesucristo.

Así mismo en ellos han quedado custodiadas las alegrías y las penas, los gozos y las lágrimas de tantos fieles, y han escuchado también las voces celestiales del canto infantil de la Escolanía más antigua de Europa.]

Cuando mi Predecesor, el Papa Francisco, en el 2023 ofreció la rosa de oro a esta venerada imagen, nos invitaba a considerar cómo, durante cientos de años, los fieles, sin distinción, han pasado por este Santuario desgranando las cuentas del rosario, porque María, Mare de Déu, es fundamental en la vida de todo cristiano. En esa misma ocasión señaló que «delante de la Madre [...] se despiertan los sentimientos más nobles de una persona» (Discurso a los miembros de la Cofradía de la Mare de Déu de Montserrat, 7 de octubre de 2023); efectivamente, ella suscita en nosotros conversiones profundas, como la de san Ignacio de Loyola, que en este sugestivo lugar, después de una noche en oración ante la Virgen, entregó sus armas de caballero, momento que marcó el inicio de una vida nueva al servicio de Jesucristo.

Con esta misma actitud filial, os invito a acoger hoy la invitación de María: «Haced lo que Él os diga» (Jn 2,5). Estas palabras pronunciadas en Caná de Galilea contienen un verdadero programa de vida cristiana, porque María nos conduce hacia Cristo y nos enseña a escuchar su voz, obedecer su palabra y permitir que Él nos transforme. La voluntad de Jesús es clara: «Esto os mando: que os améis unos a otros» (Jn 15,17). Se trata de un amor que tiene en Él mismo su medida y su fuente: «Como yo os he amado» (v.12). Por eso, cuando María nos dice: «Haced lo que Él os diga», nos invita a alcanzar un corazón reconciliado con los criterios del Evangelio.

Jesús nos muestra el camino de la misericordia, la reconciliación, la verdad y la mansedumbre. Al mismo tiempo, desenmascara la violencia que puede esconderse en nuestras palabras y actitudes: la crítica que humilla, la condena que destruye y la agresividad que divide. Esa violencia escondida puede revestirse muchas veces de aparentes armaduras con las que intentamos proteger nuestras heridas, nuestros miedos o el sufrimiento causado por las injusticias.

Contemplem a la Mare de Déu de Montserrat que ens mostra Jesús com un nen indefens reposant a la seva falda, doncs aquí està la Mare, amb el seu Fill, convidant-nos a estimar-nos els uns als altres. Deposem avui als seus peus les cuirasses que han endurit poc a poc el cor.

El Nen Déu que Maria sosté en els seus braços, no porta armadures i serà Ell mateix qui després, despullat a la creu s’abandonarà totalment al Pare per salvar-nos amb la força desarmada i desarmant de l’amor.

[Contemplemos a María de Montserrat que nos muestra a Jesús como un niño indefenso descansando en su regazo, pues  aquí está Ella, junto a su Hijo, invitándonos a amarnos unos a otros. Depongamos hoy a sus pies las corazas que han endurecido poco a poco el corazón.

El Niño Dios que María sostiene en sus brazos, no lleva armaduras y será Él mismo quien luego, desnudo en la cruz, se abandone totalmente al Padre para salvarnos con la fuerza desarmada y desarmante del amor.]

Alcemos la mirada a María y supliquémosle que nos ayude a revestirnos únicamente con las armas de Dios, como nos exhorta san Pablo. «Ceñid vuestra cintura con la verdad, revestíos con la coraza de la justicia, calzaos los pies con la prontitud para el Evangelio de la paz. Embrazad el escudo de la fe, […] poneos el casco de la salvación y empuñad la espada del Espíritu, que es la Palabra de Dios» (Ef 6,14-17).

Avui, com a peregrins a Montserrat, manifestem el sincer desig de reafirmar el nostre servei a Déu Pare que ens ha revelat Jesucrist, qui ens diu: «Qui acull un d’aquests infants en nom meu, a mi m’acull, i qui m’acull a mi, no m’acull a mi, sinó el qui m’ha enviat» (Mc 9, 37).

Considerem també com la Verge Maria, a la mà dreta, sosté l’esfera del món, signe de la seva cura materna, perquè el món sencer té cabuda en el seu cor. Ella ens invita a reconèixer-nos germans i germanes, on ningú quede excluit i on la comunió sigui més forta que tota divisió.

[Hoy, como peregrinos en Montserrat, manifestemos el sincero deseo de reafirmar nuestro servicio a Dios Padre que nos ha revelado Jesucristo, quien nos dice: «El que acoge a un niño como este en mi nombre, me acoge a mí» (Mc 9,37).

Consideremos también cómo la Virgen, en su mano derecha, sostiene la esfera del mundo, signo de su cuidado materno, porque el mundo entero tiene cabida en su corazón. Ella nos invita a reconocernos hermanos y hermanas, donde nadie quede excluido y donde la comunión sea más fuerte que toda división.]

 Demanem a Maria, Reina de la pau, que ens ensenyi a renunciar a les paraules feridores, al judici immediat, a la murmuració i a les calumnies. I que aprenguem a custodiar i a conrear l’amor en la família, entre els amics, en el lloc de treball, en les xarxes socials, en els debats polítics i en les comunitats cristianes, de manera que l’odi doni pas a l’esperança i la pau.

Que Maria, Mare de l’Església, ens orienti sempre cap a Jesús. Us invito a saludar-la amb aquestes paraules:

Dels catalans sempre sereu la Princesa,
dels espanyols i de tot el món l'amor;
Digueu-nos: “Sou el meu tresor,
jo sóc la vostra mare, no tingueu por”.

Que així sigui.

[Pidamos a María, Reina de la paz, que nos enseñe a renunciar a las palabras hirientes, al juicio inmediato, a la murmuración y a las calumnias. Y que aprendamos a custodiar y a cultivar el amor en la familia, entre amigos, en el lugar de trabajo, en las redes sociales, en los debates políticos y en las comunidades cristianas, de modo que el odio ceda paso a la esperanza y la paz.  

Que María, Madre de la Iglesia, nos oriente siempre hacia Jesús. Os invito a honrarla con estas palabras:

De los catalanes siempre seréis la Princesa,
de los españoles y del mundo todo el amor;
decidnos: “Sois mi tesoro,
yo soy vuestra madre, no temáis”

Que así sea.]
_________________

Palabras improvisadas desde el balcón de la Abadía de Nuestra Señora de Montserrat

Germans i germanes, bon dia.

Gracias por estar aquí. Gracias por esta hermosa manifestación de fe. Todos unidos en una sola familia, con esa acogida de nuestra Madre María, la Virgen de Montserrat.

La alegría, entusiasmo, profundo sentido de fe que estamos viviendo en estos días: primero Madrid, ahora Barcelona, Cataluña, luego a las Canarias. Toda España llena de fe, de amor, llena de este deseo de alabar a Dios, de dar gracias a Dios y de estar unidos.

Gracias a Cataluña por haber recibido a tantas personas de otros países, porque enseña cómo integrar a todos en una única familia.

Gracias a la comunidad de fe, a la comunidad de nuestros hermanos los monjes que reciben y acogen a todos los peregrinos que vienen a rezar a María nuestra Señora.

Gracias a cada uno y a todos vosotros que estáis aquí esta mañana para recordar a todos —en Cataluña, en España, en el mundo— que la fe da vida, y la fe da esperanza.

Y es María, a quien Jesús nos dio como Madre desde la cruz, es María que nos acompaña, que es expresión de amor maternal que nos acompañará siempre.

Bendición.

Gracias, gracias a todos.

Papa León XIV

Fotos: Vatican Media, 10-6-2026

El Papa León XIV reza el Santo Rosario con 8.000 fieles en la Abadía de Nuestra Señora de Montserrat, 10-6-2026


Foto: Vatican Media, 10-6-2026


10 de junio de 2026.- (Camino Católico)  León XIV ha visitado la Abadía de Nuestra Señora de Montserrat en Cataluña y reza el Rosario con los 8.000 fieles allí reunidos. En su meditación, el Pontífice ha recordado que Jesús “nos muestra el camino de la misericordia, la reconciliación, la verdad y la mansedumbre”. Al mismo tiempo que “desenmascara la violencia que puede esconderse en nuestras palabras y actitudes: la crítica que humilla, la condena que destruye y la agresividad que divide”. Y ha invitado a orar: “Pidamos a María, Reina de la paz, que nos enseñe a renunciar a las palabras hirientes, al juicio inmediato, a la murmuración y a las calumnias. Y que aprendamos a custodiar y a cultivar el amor en la familia, entre amigos, en el lugar de trabajo, en las redes sociales, en los debates políticos y en las comunidades cristianas, de modo que el odio ceda paso a la esperanza y la paz”. En el vídeo de Vatican News se visualiza y escucha toda la oración del Santo Rosario.



Después de la bendición, el canto de la Salve Regina y el canto mariano del Virolai, el Santo Padre se ha retirado para una breve oración en la capilla de la Virgen. Después saludó a los presentes en la plaza desde el balcón, y les dedicó unas palabras de agradecimiento. También dio las gracias “a Cataluña por haber recibido a tantas personas de otros países, porque enseña cómo integrar a todos en una única familia”. Y un último agradecimiento para “la comunidad de nuestros hermanos los monjes que reciben y acogen a todos los peregrinos que vienen a rezar a María Nuestra Señora”.

Papa León XIV a los presos en «Brians 1» en Cataluña, 10-6-2026: «¡Dios te ama como eres, pero te sueña mejor! Nos permite empezar siempre de nuevo, pues ser cristiano consiste convertirse, arrepentirse, reconciliarse y perdonar»

* «Aunque el agobio y la tristeza marquen algunos momentos de vuestro camino, recordad que los errores de la vida no determinan la identidad de una persona. San Agustín, en sus Confesiones, nos comparte su itinerario vital y nos habla de ello; si confiamos en la gracia divina y nos dejamos guiar y transformar por ella, descubrimos cómo en nuestra vida el pasado no condena el futuro, sino que nos ofrece la posibilidad de cambiar nuestras decisiones y elecciones»

 Video completo de la transmisión en directo realizada por 13 TV  del encuentro del Papa León XIV con los presos

* «Hagamos espacio al Señor en nuestro corazón y busquemos su rostro. Dejémonos acompañar por su amor. Aferrémonos a Él, que nos invita continuamente a la esperanza y nos muestra un horizonte maravilloso que ninguna barrera física puede impedirnos alcanzar. Hoy, Él continúa hablándonos en lo profundo de nuestras conciencias para hacernos descubrir que tiene su morada en medio de nosotros. Sólo espera que le demos una oportunidad»

 


 10 de junio de 2026.- (Camino Católico).- “A cada uno os digo: ¡Dios te ama como eres, pero te sueña mejor! El Señor nos permite a todos empezar siempre de nuevo, pues ser humano y ser cristiano no consiste en no equivocarse sino en crecer en la capacidad de convertirse, arrepentirse, enmendarse y, sobre todo, de reconciliarse y de perdonar”, ha dicho el Papa León XIV a los 80 reclusos que se han reunido con él del centro penitenciario de Brians 1 en Cataluña, dejando una de las imágenes más significativas de su viaje apostólico a España. El Pontífice ha querido detenerse para estar junto a quienes viven una de las formas más duras de exclusión: las personas privadas de libertad. Y les ha dirigido un mensaje cargado de esperanza, marcado por la dignidad humana y las posibilidades de comenzar de nuevo y de reinsertarse en la sociedad.


Tras escuchar los testimonios de Montse y Josefina, dos mujeres reclusas, y las palabras del delegado diocesano de la pastoral penitenciaria, el padre Jesús Bel, León XIV agradece la acogida recibida y confiesaó sentirse “edificado” por las historias que acababa de escuchar. “Todo ser humano es ‘digno’ por el mero hecho ‘de haber sido querido, creado y amado por Dios’”, señala.  En el vídeo de 13 TV se visualiza y escucha las palabras del Papa León XIV a los presos, cuyo texto completo es el siguiente:


VIAJE APOSTÓLICO DE SU SANTIDAD EL PAPA LEÓN XIV

A ESPAÑA

(6-12 DE JUNIO DE 2026)

VISITA AL CENTRO PENITENCIARIO “BRIANS 1”

SALUDO DEL SANTO PADRE

Centro Penitenciario “Brians 1” (Barcelona)

Miércoles, 10 de junio de 2026

Queridos hermanos y hermanas:

Gràcies a tots pel vostre acolliment tan ple de simpatia i cordialitat!

Me siento edificado por el testimonio que nos han compartido Montse y Josefina. Muchas gracias. Agradezco también las palabras del padre Jesús, que ponen de manifiesto el compromiso de los capellanes y voluntarios de la pastoral penitenciaria diocesana de Sant Feliu de Llobregat.

Todo ser humano es “digno” por el mero hecho «de haber sido querido, creado y amado por Dios» (cf. Magnifica humanitas, 52). No existe, pues, ninguna situación que haga al Señor apartar de nosotros su mirada. Es una verdad consoladora que nos acompaña en todo momento y que nos recuerda cómo su amor misericordioso está siempre por encima de cuánto bien o mal hayamos hecho.

Esto es válido, de manera particular, para vosotros queridos hermanos y hermanas, que lleváis el peso de estar lejos de vuestros seres queridos y sufrís, además, a causa de vuestra actual condición. Cuando os venga la tentación de sentiros menos y penséis que no vale la pena seguir adelante, “alzad vuestra mirada” hacia Aquel que, a través de la presencia de tantas personas, nunca deja de mostraros su amor y cercanía.

Aunque el agobio y la tristeza marquen algunos momentos de vuestro camino, recordad que los errores de la vida no determinan la identidad de una persona. San Agustín, en sus Confesiones, nos comparte su itinerario vital y nos habla de ello; si confiamos en la gracia divina y nos dejamos guiar y transformar por ella, descubrimos cómo en nuestra vida el pasado no condena el futuro, sino que nos ofrece la posibilidad de cambiar nuestras decisiones y elecciones.

Hagamos espacio al Señor en nuestro corazón y busquemos su rostro. Dejémonos acompañar por su amor. Aferrémonos a Él, que nos invita continuamente a la esperanza y nos muestra un horizonte maravilloso que ninguna barrera física puede impedirnos alcanzar. Hoy, Él continúa hablándonos en lo profundo de nuestras conciencias para hacernos descubrir que tiene su morada en medio de nosotros. Sólo espera que le demos una oportunidad.

Queridos amigos y amigas, os invito a seguir soñando el sueño de Dios. A cada uno os digo: ¡Dios te ama como eres, pero te sueña mejor! El Señor nos permite a todos empezar siempre de nuevo, pues ser humano y ser cristiano no consiste en no equivocarse sino en crecer en la capacidad de convertirse, arrepentirse, enmendarse y, sobre todo, de reconciliarse y de perdonar.

Os encomiendo de modo particular a la intercesión maternal de Nuestra Señora de la Merced y con todo afecto pido al Señor que os bendiga. Muchas gracias.

Papa León XIV





Fotos: Vatican Media, 10-6-2026

El Papa León XIV se encuentra con 80 presos en al Centro Penitenciario «Brians 1» en Cataluña, 10-6-2026


Foto: Vatican Media, 10-6-2026


10 de junio de 2026.- (Camino Católico)  El Papa León XIV ha visitado este miércoles en Cataluña el centro penitenciario de Brians 1, donde ha escuchado el testimonio de capellanes, voluntarios y mujeres privadas de libertad, en uno de los gestos más significativos de su viaje apostólico a España. Allí, ha animado, a los 80 reclusos con los que se ha encontrado, a no dejarse definir por sus errores: “el pasado no condena el futuro”, advierte. Y ha subrayado:  “A cada uno os digo: ¡Dios te ama como eres, pero te sueña mejor! El Señor nos permite a todos empezar siempre de nuevo, pues ser humano y ser cristiano no consiste en no equivocarse sino en crecer en la capacidad de convertirse, arrepentirse, enmendarse y, sobre todo, de reconciliarse y de perdonar”. En el vídeo de Vatican News se visualiza y escucha todo el encuentro con los reclusos.



martes, 9 de junio de 2026

Papa León XIV responde las preguntas más difíciles sobre el egoísmo, el suicidio y el perdón, en Barcelona, 9-6-2026: «Dios no nos abandona cuando parece ausente, debemos confiarle las cargas que llevamos, incluso gritándole a Él»

* «Nos ha dado su mismo Espíritu, precisamente para que el amor sea la clave de todas nuestras relaciones humanas. Si existe la violencia, si triunfa el egoísmo, si incluso el amor entre familiares se transforma en odio, debemos hacernos algunas preguntas a nosotros mismos, a las dinámicas de nuestra sociedad, a la cultura del individualismo, a la tentación de la violencia, y no a Dios»

Video completo de la transmisión en directo realizada por 13 TV  en el momento que los jóvenes dan su testimonio preguntan al Papa León XIV y él les responde

* «No debemos espiritualizar el dolor, reconduciéndolo superficialmente a la “voluntad de Dios” o a algún misterioso proyecto suyo, porque esto corre el riesgo de minimizar ese sufrimiento, de silenciarlo, de herir a las personas. Dios no quiere el sufrimiento, lo lleva con nosotros y nos invita a confiar en Él de modo perseverante. Recordemos lo que decía el Papa Francisco: con Dios, la vida renace siempre»

9 de junio de 2026.- (Camino Católico).- El Papa León XIV respondió en Barcelona a las inquietudes de tres jóvenes que expresaron sus inquietudes vitales tras ser heridos por el egoísmo, el suicidio y la violencia en un diálogo de impacto lleno de sinceridad, dolor y esperanza.  Durante la vigilia celebrada en el Estadio Olímpico de la Ciudad Condal, en su cuarto día de viaje apostólico a España, ante 40.000 personas el Pontífice ha respondido preguntas directas, profundas y desgarradoras con voz de pastor, tacto humano y momentos de vibrante intensidad. Después hizo también un profunda homilía que puede leerse pinchando aquí.

Descubrir la vocación en una sociedad egoísta

El primer joven, Ferrán, quien, abrumado por el ansia de producir, tener éxito y cuidar su imagen, encontró un enorme vacío que solo pudo colmar, apenas en esta última Pascua cuando recibió el Bautismo, pidió al Papa León XIV una orientación sobre cómo mantener la mirada alzada para descubrir la vocación, “cuando la sociedad nos empuja a mirar constantemente hacia el suelo o sólo a nosotros mismos”.

León XIV señala la importancia de que “numerosos jóvenes y adultos están redescubriendo la fe cristiana”, y expresó que “nuestro deseo de verdad y de felicidad necesita un horizonte más grande. Y esta inquietud es un don que Dios mismo nos ha dado: estamos hechos a medida del infinito”. 

Ferrán ha interrogado a León XIV sobre la búsqueda de vocación en una sociedad egoísta

Dios no abandona ni quiere el sufrimiento humano

La segunda interpelación ha corrido a cargo de Carmina, una profesora de educación secundaria que ha descrito cómo la depresión le llevó considerar “la idea de desaparecer” como única salida: “Una noche de viernes perdí la batalla e intenté quitarme la vida”. Sin embargo, prosiguió, “Dios me dio una segunda oportunidad”.  Desde esta experiencia vital, ha preguntado, ante el imponente silencio de los presentes: “¿Dónde podemos ver a Dios cuando la oscuridad es absoluta y ya no podemos más? ¿Cómo podemos confiar en Dios, cuando parece que nada, ni uno mismo, vale la pena?”. 


Carmina ha preguntado a León XIV desde su experiencia de sobrevivir a la depresión y el suicidio

León XIV, tras una pausa, ha respondido agradeciendo el esfuerzo de compartir una experiencia de ese calibre: “Te has levantado y has retomado el camino y este es un milagro maravilloso que vemos en muchos personajes del Evangelio”. El Pontífice ha destacado la necesidad de “tomar conciencia de cómo la salud mental se ve cada vez más amenazada en el contexto de sociedades que se consideran avanzadas”, lo que constituye “una señal de que hay algo profundamente erróneo” en ellas que somete a las personas “a presiones, expectativas y tensiones que comprometen equilibrios fundamentales”. 

A continuación, León XIV ha mirado a las “horas de oscuridad, de angustia y de dolor que vivió Jesús cuando se acercaba la hora de su muerte”, para afirmar que “no se trata sólo de un sufrimiento personal”, sino que el Hijo de Dios asume en su carne toda la angustia, dolor y sufrimiento de la humanidad.  “La cruz de Jesús nos dice que Dios no nos abandona”, prosiguió el Santo Padre, y expresa que “Él sigue crucificado con nosotros en el momento del dolor y de la soledad extrema”.  “Cuando Dios parece ausente, debemos confiarle una vez más las cargas que llevamos en el corazón, incluso gritándole a Él”, añade.  

¿Cómo perdonar a un padre y reconciliarme con Dios?

La tercera joven en interpelar al Papa León XIV ha sido Desirée, que narra cómo su padre intentó matar a su madre, lo que llevó a su madre a caer en la drogadicción y a ella a un centro de menores donde, poco a poco, se abrió a la fe y se bautizó. Su historia ha conmovido hasta las lágrimas a los presentes, que interrumpieron el relato varias veces con aplausos de cariño y apoyo. 

En la adolescencia se rebeló contra Dios. Ahora, con una fe renovada tras un retiro, pregunta a Dios: “¿Dónde estabas cuando era una niña?”. Al Papa, le dirigió dos preguntas: ¿Cómo puedo perdonar a mi padre? ¿Cómo puedo reconciliarme de verdad con Dios? 

Desirée vivió una tragedia familiar que le llevó a preguntarse dónde estaba Dios y cómo perdonar

El Papa redirigió la primera cuestión, animando a interrogarnos sobre cómo los hombres somos “prisioneros del mal hasta llegar a ser violentos con los demás” y “no logramos cultivar el amor”, respetando la dignidad y la libertad de los demás.  Tras condenar “un clima envenenado en las relaciones familiares de abusos y opresiones y, en particular, de violencia contra las mujeres”, el Papa León XIV subraya que “no podemos atribuir a Dios lo que ha sido confiado a nuestra responsabilidad”.  

Así, ha recordado que el ser humano fue dotado por Dios de inteligencia, voluntad, conciencia, dignidad y voluntad y señala que Dios, sobre todo, “ha venido a nuestro encuentro para indicarnos, en su Hijo Jesucristo, el camino a seguir”, además de darnos al Espíritu Santo.  

Respecto del perdón, el Pontífice destaca que es parte de un camino. Por ello, alertó que si se lee el Evangelio “como un libro de indicaciones, de mandamientos y deberes”, se corre el riesgo de “causarnos mucho desánimo y frustración”, al descubrir que no somos capaces del perdón al que nos invita el Señor.  Así, añade que “el perdón sobre todo debemos invocarlo del Señor” para que “amplíe en nosotros el espacio del amor precisamente allí donde hemos sido heridos” y así, de manera paulatina, “transforme el resentimiento en misericordia y compasión”. “Es necesario no desanimarse: en el perdón se avanza con pequeños pasos”, pues se trata de algo gradual, que no siempre equivale a volver a la situación anterior “o a vivir una relación plena con quienes nos han herido, especialmente cuando el hecho ha sido marcado también por la violencia”.  

Sin embargo, apunta, sí es posible “permanecer en la buena disposición del corazón hacia la persona, rechazar toda forma de odio o de venganza, esforzarse por reparar la relación en la medida de lo posible y, quizá, rezar por él o por ella”. En el vídeo de 13 TV se visualiza y escucha los testimonios y preguntas de los jóvenes y las respuestas del Santo Padre, cuyo texto completo es el siguiente:


VIAJE APOSTÓLICO DE SU SANTIDAD EL PAPA LEÓN XIV

A ESPAÑA

(6-12 DE JUNIO DE 2026)

VIGILIA DE ORACIÓN

RESPUESTAS DEL SANTO PADRE A LAS PREGUNTAS DE LOS JÓVENES

Estadio Olímpico “Lluís Companys”

Martes, 9 de junio de 2026

1. Santo Padre, crecemos escuchando que el único objetivo en la vida es producir, tener éxito y cuidar nuestra imagen. Yo mismo lo intenté, pero solo encontré un vacío inmenso. Buscando respuestas, mi vida dio un giro y esta última Pascua recibí el Bautismo. Ahora que este camino es nuevo para mí, le pregunto: ¿Cómo podemos mantener la mirada alzada hacia lo que de verdad importa, cuando la sociedad nos empuja a mirar constantemente hacia el suelo o solo a nosotros mismos? ¿Cómo podemos descubrir nuestra verdadera vocación en medio de esta corriente?

Gràcies per aquest testimoni. Gràcies per permetre’m participar en la teva alegria i en la de tots aquells que en la Pasqua d’aquest any han rebut el sagrament del Bateig.

[Gracias por este testimonio. Quisiera ante todo participar en tu alegría y en la de todos aquellos que en la Pascua de este año han recibido el sacramento del Bautismo.]

Numerosos jóvenes y adultos están redescubriendo la fe cristiana, quizá después de una etapa de la vida en la que se habían apartado un poco de Dios. Se trata de un paso realmente importante. En efecto, todo lo que descubrimos, acogemos y vivimos paulatinamente a lo largo del camino contribuye ciertamente a nuestro crecimiento, a nuestra madurez y a ensanchar espacios de vida en nuestro interior; pero, al mismo tiempo, en medio de las alegrías, los éxitos y las derrotas, nos damos cuenta de que necesitamos otra agua para saciarnos más profundamente. Nuestro deseo de verdad y de felicidad necesita un horizonte más grande. Y esta inquietud es un don que Dios mismo nos ha dado: estamos hechos a medida del infinito y por eso, todo horizonte finito, todo paso, toda conquista, mientras nos satisface al mismo tiempo nos impulsa hacia adelante y nos invita a seguir buscando, a buscar avanzando, pero, sobre todo, a buscar “descendiendo interiormente”, es decir, yendo a lo profundo.

I aquí torno a la pregunta amb dos breus idees. La primera: és necessari cultivar una sana inquietud. En les nostres societats, de fet la idolatria del benefici i del rendiment, l’afany de produir sempre i de ser guanyadors, així com el culte a la pròpia imatge, no són més que anestèsics per endormiscar la nostra consciència i adaptar-la a una certa idea de societat. Quan les persones aprenen a aturar-se, a donar valor a les coses importants, a apreciar el temps de manera nova i a pensar en la pròpia vida deixant-se il·luminar per l’Evangeli, desenvolupant també un pensament crític respecte a un sistema social que no posa a la persona en el centre i provoca situacions d’injustícia i de pobresa existencials a diversos nivells. És per això que la inquietud fa por, així com el descobriment de la interioritat, de la espiritualitat i encara més de l’Evangeli.

[Y aquí vuelvo a la pregunta con dos breves ideas. La primera: es necesario cultivar esa sana inquietud. En nuestras sociedades, de hecho, la idolatría del beneficio y del rendimiento, el afán de tener que producir siempre y ser vencedores, así como el culto a la propia imagen, no son más que anestésicos para adormentar nuestra conciencia y adaptarla a una cierta idea de sociedad. Cuando las personas aprenden a detenerse, a dar valor a las cosas importantes, a apreciar el tiempo de modo nuevo y a pensar en la propia vida dejándose iluminar por el Evangelio, desarrollan también un pensamiento crítico respecto a un sistema social que no pone a la persona en el centro y provoca situaciones de injusticia y de pobreza existenciales a diversos niveles. Es por eso que la inquietud da miedo, así como el descubrimiento de la interioridad, de la espiritualidad y aún más del Evangelio.]

Segunda idea: es en este mundo donde debemos cultivar la inquietud, no en otro. Es dentro de esta sociedad que tú y tantos otros habéis descubierto el valor de una vida más humana, más plena, abierta al encuentro con Dios y a la alegría de la fe. Esto significa que, a pesar de las dificultades, el lugar en el que Dios se hace presente y donde debemos encontrar sus huellas es siempre en la realidad donde nos encontramos. Creemos que el Espíritu Santo actúa y trabaja silenciosamente en todas las situaciones de la vida y de la historia, incluso en aquellas que parecen más difíciles. Pero debemos cultivar esta inquietud y hacerle espacio; como decía, “buscar dentro”, intentando no dejarnos abrumar por los ritmos y las seducciones externas, cultivando espacios de silencio, deteniéndonos quizá algunos minutos al día para leer el Evangelio y hablar con Dios, y también tratando de hacer este camino interior junto con otros, dejándonos acompañar en los itinerarios eclesiales y confrontándonos con los sacerdotes, los religiosos, las personas que como nosotros han emprendido este camino.
 

2. Santo Padre, en un mundo donde las cosas se gritan, hay aspectos de la vida que permanecen callados, con vergüenza; como la depresión, una enfermedad silenciosa que afecta a muchas personas, jóvenes y adultos, y que conlleva una oscuridad, aislamiento y un dolor inmensurable. A veces, este dolor es tan abrumador que la idea de desaparecer parece la única salida. Yo misma luché por salir de esta enfermedad, en silencio durante años, y una noche de viernes perdí la batalla e intenté quitarme la vida. Estoy aquí porque Dios me dio una segunda oportunidad, y le estaré eternamente agradecida, pero hay muchos otros que continúan enfrentándose a esta oscuridad. Por eso, le pregunto de todo corazón: ¿Dónde podemos ver a Dios cuando la oscuridad es absoluta y ya no podemos más? ¿Cómo podemos confiar en Dios, cuando parece que nada, ni uno mismo, vale la pena?

Ante todo, gracias por compartir hoy tu experiencia de sufrimiento. Me conmueve que puedas hablar de ella, que estés aquí entre nosotros y que hayas encontrado la fuerza de acoger esta segunda posibilidad que el Señor te ha dado. Te has levantado y has retomado el camino y este es un milagro maravilloso que vemos en muchos personajes del Evangelio: en contacto con Jesús, aun quien se siente perdido recobra confianza en la vida, sana la enfermedad y puede levantarse para volver a vivir.

En la teva pregunta, t’has referit en primer lloc a la “malaltia silenciosa” que és la depressió, i és important prendre consciència de com la salut mental es veu cada vegada més amenaçada en el context de societats que es consideren avançades. És un senyal de que hi ha quelcom profundament equivocat en una certa idea de creixement que sotmet a les persones a pressions i tensions que comprometen equilibris fonamentals. Per això es necessita un sistema sanitari que inclogui entre les seves prioritats aquest malestar invisible i generalitzat, que afecta també als joves.

Les teves paraules, tanmateix, ens han mostrat que el dolor posa a prova la fe i el sentit que li donem a la vida. Això és cert per a tothom, no solament per aquells que en algun moment travessen la prova de la malaltia.

[En tu pregunta, te has referido en primer lugar a la “enfermedad silenciosa” que es la depresión, y es importante tomar conciencia de cómo la salud mental se ve cada vez más amenazada en el contexto de sociedades que se consideran avanzadas. Es una señal de que hay algo profundamente erróneo en una cierta idea de crecimiento que somete a las personas a presiones, expectativas y tensiones que comprometen equilibrios fundamentales. Por eso se necesita un sistema sanitario que incluya entre sus prioridades este malestar invisible y generalizado, que afecta también a los jóvenes.

Tus palabras, sin embargo, también nos han mostrado que el dolor pone a prueba la fe y el sentido que le damos a la vida. Esto es cierto para todos, no sólo para quienes en algún momento atraviesan la prueba de la enfermedad.]

Mientras te escuchaba, pensé en esas horas de oscuridad, de angustia y de dolor que vivió Jesús cuando se acercaba la hora de su muerte. Los Evangelios, en los momentos de la última cena y de la oración en Getsemaní, subrayan que estaba cayendo la tarde, que estaba anocheciendo, así como poco antes de morir en la cruz nos dicen que “toda la tierra quedó en tinieblas”. Pero, en realidad, no se trata sólo de un sufrimiento personal; el Hijo de Dios está asumiendo en su propia carne toda la angustia, la soledad y el sufrimiento de la humanidad. En esas horas oscuras, muriendo en la cruz, Jesús comparte nuestro dolor y nos revela el rostro de un Dios compasivo, que carga con nuestras penas, que sufre con nosotros, llora nuestras lágrimas y permanece a nuestro lado con su presencia llena de amor y misericordia.

Pasar por esta experiencia es difícil, lo atestigua varias veces la Sagrada Escritura; hay momentos de oscuridad y de sufrimiento que nuestra sociedad hace callar, porque precisamente algunos modelos culturales nos quieren siempre vencedores y perfectos y, por eso, el límite, la fragilidad y el dolor deben ser eliminados, o confinados al silencio ensordecedor de la soledad o incluso de la vergüenza. Y, en estos momentos, podemos pensar instintivamente que también Dios nos haya abandonado. Pero la cruz de Jesús nos dice que Dios no nos abandona, que Él sigue crucificado con nosotros en el momento del dolor y de la soledad extrema, que Él recoge no sólo nuestras lágrimas, sino el grito de nuestro sufrimiento que otros no escuchan, un grito que Jesús hizo suyo en la cruz, diciendo “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?”.

Hay una catequesis sobre las últimas horas de Jesús, en la que Benedicto XVI dice que su sufrimiento se vuelve oración y grito, y que eso vale también para nosotros: frente a las situaciones más difíciles y dolorosas, cuando Dios parece ausente, debemos confiarle una vez más las cargas que llevamos en el corazón, incluso gritándole a Él, incluso protestando como Job, seguros de que de algún modo Él se hace presente y está cerca aun cuando aparentemente calla. Pero pienso que no podemos hacerlo solos. En las horas de dolor, al menos en cuanto sea posible, debemos abrirnos a alguien que nos ayude a expresar una oración sencilla, que nos acompañe con discreción sin la prisa de explicarnos ese dolor, que nos tome de la mano y nos haga salir de este grito.

Estas experiencias ofrecen un mensaje también a nosotros creyentes, a toda la Iglesia: no debemos espiritualizar el dolor, reconduciéndolo superficialmente a la “voluntad de Dios” o a algún misterioso proyecto suyo, porque esto corre el riesgo de minimizar ese sufrimiento, de silenciarlo, de herir a las personas. Dios no quiere el sufrimiento, lo lleva con nosotros y nos invita a confiar en Él de modo perseverante. Recordemos lo que decía el Papa Francisco: con Dios, la vida renace siempre.
 

 3. Buenas noches Santo Padre. Vengo de una familia de un barrio muy humilde de Barcelona. De pequeña mi padre intentó matar a mi madre, y se salvó porque se interpuso un chico que murió. Mi padre ingresó en la cárcel, y mi madre entró en el mundo de las drogas. A los diez años los servicios sociales se hicieron cargo de mí, y me llevaron al centro de menores de San José de la Montaña. Al principio fue duro, pues me había creado un muro para protegerme, donde no dejaba entrar a nadie. Pero poco a poco experimenté por primera vez el amor de familia, y mi corazón se fue abriendo. Allí me hablaron de Jesús, empecé a rezar y me bauticé. Pero en mi adolescencia me rebelé contra Dios muchas veces. Me invitaron a un retiro y allí por primera vez experimenté el amor de Dios. Pero han pasado unos meses, y aún me cuesta perdonar a mi padre. Y a veces levanto los ojos al cielo y le pregunto ¿dónde estabas cuando era una niña? Santo Padre, ¿cómo puedo perdonar a mi padre, que estuvo a punto de dejarme sin madre? ¿Cómo puedo reconciliarme de verdad con Dios?

Gràcies pel teu testimoni i gràcies també per la pregunta sobre el perdó. És realment un signe de la gràcia de Déu que aquesta pregunta sorgeixi d’un passat tant marcat pel sofriment i que, a pesar del dolor, es tingui la valentia de preguntar com és possible perdonar a qui ens ha fet mal. Voldria dir dues coses aquí.

La primera complementa el que deia abans sobre la presència de Déu en les hores del nostre sofriment; en el fons també tu expresses aquesta pregunta respecte a la teva infància, però el context en el que han passat els fets de la teva vida ens demanen ampliar el radi d’influència de la nostra pregunta: ¿ens hem de preguntar “on estava Déu” o hem preguntar-nos sobre l’home i sobre la humanitat, sobre com a vegades som presoners del mal fins a arribar a ser violents amb els demés, sobre com no aconseguim cultivar l’amor i respectar als demés en la seva dignitat i llibertat?

[Gracias por tu testimonio y gracias también por la pregunta sobre el perdón. Es realmente un signo de la gracia de Dios que esta pregunta surja de un pasado tan marcado por el sufrimiento y que, a pesar del dolor, se tenga la valentía de preguntar cómo es posible perdonar a quien nos ha hecho mal. Quisiera decir también aquí dos cosas.

La primera completa lo que decía anteriormente sobre la presencia de Dios en las horas de nuestro sufrimiento; en el fondo también tú expresas esta pregunta respecto a tu infancia, pero el contexto en el que han pasado los acontecimientos de tu vida nos pide ampliar el radio de nuestra pregunta: ¿debemos preguntarnos “dónde estaba Dios” o debemos interrogarnos sobre el hombre y sobre la humanidad, sobre cómo a veces somos prisioneros del mal hasta llegar a ser violentos con los demás, sobre cómo no logramos cultivar el amor y respetar a los demás en su dignidad y libertad?]

Tantas crónicas policiales, todavía hoy, reflejan un clima envenenado en las relaciones familiares de abusos y opresiones, y en particular de violencia contra las mujeres, que a menudo desembocan lamentablemente también en feminicidios. Esta realidad dramática, que tiene raíces antropológicas y culturales estamos llamados a abordarla todos, sea personalmente, sea como sociedad, porque a nosotros nos corresponde afrontarla en todas sus dimensiones.

No podemos atribuir a Dios lo que ha sido confiado a nuestra responsabilidad; no podemos imaginar que Dios desde lo alto responda a nuestras necesidades de modo automático o impida milagrosamente que el mal suceda; Él nos ha dotado de inteligencia y voluntad, nos ha dado una conciencia, nos ha revestido de dignidad y de libertad, y sobre todo ha venido a nuestro encuentro para indicarnos, en su Hijo Jesucristo, el camino a seguir para que nuestra vida sea plenamente humana y en nuestra sociedad reinen la justicia, la paz y la fraternidad. Nos ha dado su mismo Espíritu, precisamente para que el amor sea la clave de todas nuestras relaciones humanas. Si existe la violencia, si triunfa el egoísmo, si incluso el amor entre familiares se transforma en odio, debemos hacernos algunas preguntas a nosotros mismos, a las dinámicas de nuestra sociedad, a la cultura del individualismo, a la tentación de la violencia, y no a Dios.

Una segunda cosa se refiere al perdón. Debemos aprender a mirar el perdón, poderosa medicina contra el mal que sana nuestras heridas interiores, como algo que forma parte de un proceso, de un camino. El mismo Evangelio, si lo leemos como un libro de indicaciones, de mandamientos y de deberes, corre el riesgo de causarnos mucho desánimo y frustración, porque Jesús nos invita al perdón y nosotros experimentamos que no somos capaces. En cambio, no es así. El perdón sobre todo debemos invocarlo del Señor; seguir pidiendo —tal vez durante toda la vida— que el Señor amplíe en nosotros el espacio del amor precisamente allí donde hemos sido heridos, que nos ayude a reconciliarnos con nosotros mismos y con esa parte de nuestra historia marcada por el sufrimiento, que lentamente transforme el resentimiento en misericordia y compasión.

Es un camino largo, es un proceso que requiere mucha paciencia, es un trabajo que debemos hacer con nosotros mismos, tanto personalmente como por medio de otros itinerarios de acompañamiento y también reconciliación interior. Y es necesario no desanimarse: en el perdón se avanza con pequeños pasos. La reconciliación con la historia es gradual y, sobre todo, no debemos pensar que el perdón equivalga siempre y en todos los casos a volver a la situación anterior o a vivir una relación plena con quienes nos han herido, especialmente cuando el hecho ha sido marcado también por la violencia. Se puede permanecer en la buena disposición del corazón hacia la persona, rechazar toda forma de odio o de venganza, esforzarse por reparar la relación en la medida de lo posible y, quizá, rezar por él o por ella: tot això ens ajuda a entrar cada cop més en la dinámica del perdó i a reconciliar-nos amb Déu i amb els demés. Som pecadors perdonats, pacificats i capaços de perdonar. Capaços de ser portadors de pau.

[Todo esto nos ayuda a entrar cada vez más en la dinámica del perdón y a reconciliarnos con Dios y con los demás. Somos pecadores perdonados, estamos en paz y somos capaces de perdonar. Capaces de ser portadores de paz.] 

Papa León XIV

Fotos: Vatican Media, 9-6-2026