Katie Flanagan profesó sus primeros votos como religiosa de las Hermanas Salesianas en agosto de 2016 y sus votos perpetuos el 5 de agosto de 2022 / Foto: Instagram Katie Flanagan
* «Cuando me senté allí, era la primera vez en años que rezaba ante el Santísimo Sacramento y no estaba luchando internamente. Me di cuenta de que algo había cambiado. Por primera vez en años, no estaba luchando con Dios. Simplemente sentí paz. Y creo que incluso lo dije en voz alta. Sabía que sentiría paz allí donde Dios me llamara a ir. Esa paz no eliminó mis miedos, pero me dio el valor para confiar en que Dios me guiaba hacia donde encontraría mi mayor alegría. Todavía me llevó dos años más ingresar al convento, pero decir sí al llamado de Dios ha sido el mayor regalo de mi vida, la mejor decisión que he tomado en mi vida: entregarme a Dios y a su voluntad. Dios rara vez grita. Más a menudo, susurra. Si permanecemos firmes en la oración, la Eucaristía, las Escrituras y la comunidad de fe, comenzaremos a reconocer su voz. Y cuando confiamos en Él, siempre nos guiará hacia algo mucho más grande de lo que podríamos haber imaginado»
Camino Católico.- “Si de pequeña me hubieran dicho que algún día sería religiosa, me habría reído en su cara. Crecí en una comunidad de fe muy activa en Florida, donde mi familia participaba profundamente en la vida de la Iglesia. Pero ser religiosa simplemente no era una opción que me planteara.“Creo que, de niña, a veces bromeaba diciendo que pasaba más tiempo en la parroquia de Santa Rita que en mi propia casa. Era importante para nosotros y, en general, disfruté yendo a misa”, asegura Katie Flanagan a Yes Catholic.
“Como estudiante de la Universidad de Florida, mi fe se convirtió en algo personal. Me involucré en el ministerio universitario”, dice. Como estudiante de magisterio con planes de enseñar a niños de primaria, era idealista respecto al papel de los educadores y la necesidad de que estos se centren en el desarrollo integral del niño. Supo por sus amigas que las hermanas salesianas, que dirigen escuelas católicas en todo el estado y el país, comparten esa misma visión de la educación.
Durante su orientación espiritual en su último año en la Universidad de Florida, Katie Flanagan “mientras oraba con las Escrituras, experimenté algo inesperado. De repente un pensamiento me vino a la mente un pequeño pensamiento: 'Deberías ser monja'. Recuerdo que tenía los ojos cerrados, la Biblia en la mano, y de repente abrí los ojos y pensé: '¿Quién dijo eso? ¿Quién lo oyó?'. Mi respuesta inmediata fue: `No, gracias’”.
“Tras graduarme, trabajé varios años como profesora en escuelas públicas. Amaba a mis alumnos, pero cada vez que rezaba, sentía que Dios me invitaba suavemente a considerar la vida religiosa. No era una voz fuerte ni una experiencia dramática. Era un susurro silencioso y persistente que simplemente no desaparecía”, dice Katie.
Katie Flanagan en una graduación con sus alumnos / Foto: Instagram Katie Flanagan
Habló con un amigo que había sido seminarista y que ahora es el padre Daniel Daza-Jaller, director de vocaciones de la diócesis de Palm Beach. Él la animó a visitar a algunas religiosas y descubrir si lo que sentía era una verdadera vocación. “Me animó a visitar a las Hermanas Salesianas porque las recordé de la conversación que había tenido con mis amigas de la universidad. Así que me puse en contacto con ellas, reservé un vuelo a Nueva Jersey donde está la casa madre”.
“Había algo en mí que me decía que este era un momento decisivo. Como si a partir de ahí no hubiera vuelta atrás. Pero al mismo tiempo, durante todo el viaje oraba con más fervor que nunca: ‘Dios, por favor, por favor, si me amas, por favor, permíteme llegar allí y odiarlo’. Quería odiarlo porque sabía que Dios solo nos llama a aquello que nos traerá la felicidad más profunda”, relata.
Pero en su primer día con las hermanas, mientras rezaba en su capilla, encontró la respuesta. “Cuando me senté allí, era la primera vez en años que rezaba ante el Santísimo Sacramento y no estaba luchando internamente. Me di cuenta de que algo había cambiado. Por primera vez en años, no estaba luchando con Dios. Simplemente sentí paz. Y creo que incluso lo dije en voz alta. Sabía que sentiría paz allí donde Dios me llamara a ir”.
Pero comparte que “esa paz no eliminó mis miedos, pero me dio el valor para confiar en que Dios me guiaba hacia donde encontraría mi mayor alegría. Todavía me llevó dos años más ingresar al convento, pero decir sí al llamado de Dios ha sido el mayor regalo de mi vida, la mejor decisión que he tomado en mi vida: entregarme a Dios y a su voluntad”.
Katie Flanagan con chicas en el campamento de verano / Foto: Instagram Katie Flanagan
Ni en un millón de años, si hubiera planeado mi vida, ni siquiera en la última página habría escrito: ‘Y tal vez me haga monja’. No era algo que se me hubiera pasado por la cabeza. Pero seguía apareciendo y no desaparecía. Y eso, para mí, fue una confirmación”, asegura.
Katie reflexiona sobre su camino: “Mirando hacia atrás, puedo ver que Dios me habló a través de cuatro cosas: las Sagradas Escrituras, la Virgen María, los sacramentos y las personas que puso en mi vida. Estas se convirtieron en el fundamento de mi discernimiento y siguen sosteniendo mi vocación hoy en día”.
“En el instante en que recuerdo haber escuchado la llamada de Dios, estaba rezando con un pasaje bíblico. La palabra de Dios tiene que ser fundamental en nuestras vidas, algo que debemos asimilar, meditar y leer a diario”, comparte.
“Rezar el rosario y mantener una relación más fuerte con María me otorgó la gracia de abrirme a la voluntad de Dios”, señala.
Katie Flanagan en una reunión de grupo / Foto: Instagram Katie Flanagan
Respecto a los sacramentos subraya que “comencé a ir a misa diariamente cuando estaba en pleno discernimiento y la gracia de Dios empezó a obrar en mí como consecuencia de mi cercanía con Él”.
Su comunidad de familiares y amigos marcó una gran diferencia. “Creo que crecer en la familia en la que crecí, con padres que me amaban como lo hacen, me hizo receptiva al amor de Dios desde el principio. Pero también la comunidad de fe en la que crecí en St. Rita, y los amigos con los que elegí rodearme. Todos ellos me apoyaron y me animaron, y me dieron un buen empujón un par de veces cuando lo necesitaba y estaba acobardada”.
Katie Flanagan concluye con esta reflexión: “Dios rara vez grita. Más a menudo, susurra. Si permanecemos firmes en la oración, la Eucaristía, las Escrituras y la comunidad de fe, comenzaremos a reconocer su voz. Y cuando confiamos en Él, siempre nos guiará hacia algo mucho más grande de lo que podríamos haber imaginado”.
Katie Flanagan el 10 de septiembre de 2022 cuando impartió una reflexión al grupo Magníficat en la diócesis de Palm Beach / Foto: Diócesis de Palm Beach
La hermana Flanagan profesó sus primeros votos en agosto de 2016 y sus votos perpetuos el 5 de agosto de 2022. Ha ejercido como ministra pastoral y profesora de teología en la escuela secundaria St. John Neumann en Naples, y es profesora de teología y miembro del equipo de pastoral universitaria en la escuela secundaria Immaculata-La Salle en Miami.




