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jueves, 16 de abril de 2026

Papa León XIV en homilía en Camerún, 16-4-2026: «La obediencia a Dios nos hace libres, porque significa confiarle nuestra vida y dejar que sea su Palabra la que inspire nuestra manera de pensar y de actuar»

* «Cuando una situación está consolidada desde hace tiempo se corre el riesgo de caer en la resignación y en la impotencia, porque no esperamos ninguna novedad; no obstante, la Palabra de Dios abre espacios nuevos y genera transformación y sanación, porque es capaz de poner el corazón en movimiento, de desestabilizar la marcha normal de las cosas a las que fácilmente nos acostumbramos, de convertirnos en protagonistas activos del cambio. Recordemos esto: Dios es novedad, crea cosas nuevas, nos hace personas valientes que, desafiando al mal, construyen el bien» 

Vídeo de la transmisión en directo de Vatican News, traducido al español, con la homilía del Papa León XIV 

* «El consuelo para los corazones quebrantados y la esperanza en un cambio de la sociedad son posibles si confiamos en Dios y en su Palabra. Debemos llevar siempre en el corazón y en la mente la apelación del apóstol Pedro: obedecer a Dios, no a los hombres. Obedecerlo a Él, porque sólo Él es Dios. Y ello nos invita a promover la inculturación del Evangelio y vigilar atentamente, también nuestra religiosidad, para no caer en el engaño de seguir aquellas sendas que mezclan la fe católica con otras creencias y tradiciones de tipo esotérico o gnóstico que, en realidad, a menudo tienen fines políticos y económicos. Sólo Dios libera; sólo su Palabra abre caminos de libertad; sólo su Espíritu nos hace personas nuevas con la capacidad de cambiar este país» 


16 de abril de 2026.- (Vatican News /13 TV / Camino Católico) El Papa León XIV ha exhortado en su homilía, en la Santa Misa por la Paz y la Justicia, a los más de 20 mil fieles congregados en el aeropuerto de Bamenda, Camerún, a ser protagonistas, confiados en la Palabra de Dios que abre espacios nuevos y genera transformación y sanación: “la obediencia a Dios nos hace libres, porque significa confiarle nuestra vida y dejar que sea su Palabra la que inspire nuestra manera de pensar y de actuar”.



De hecho, el Papa no ahorró palabras para describir las abundantes formas de pobreza, la crisis alimentaria actual, la corrupción moral, social y política, vinculada a la gestión de la riqueza, los graves problemas que aquejan al sistema educativo y sanitario; así como la enorme migración, pero, en particular, se refirió al conflicto entre los separatistas de esa ex-región anglosajona y el gobierno central, así como de la desenfrenada ambición de actores extranjeros. “A la problemática interna, continuamente alimentada por el odio y la violencia, se añade también el mal causado desde afuera por aquellos que, en nombre de la ganancia, siguen entrometiéndose en el continente africano para explotarlo y saquearlo”. En el vídeo de Vatican News se visualiza y escucha la homilía del Papa, cuyo texto íntegro es el siguiente:



VIAJE APOSTÓLICO DE SU SANTIDAD EL PAPA LEÓN XIV

A ARGELIA, CAMERÚN, ANGOLA Y GUINEA ECUATORIAL

(13-23 DE ABRIL DE 2026)


SANTA MISA


HOMILÍA DEL SANTO PADRE


Aeropuerto Internacional de Bamenda

Jueves, 16 de abril de 2026



Queridos hermanos y hermanas en Cristo:


Vengo en medio de ustedes como peregrino de paz y de unidad, y les expreso la alegría que tengo de estar aquí, visitando su región y, sobre todo, compartiendo su camino, sus dificultades y sus esperanzas.


Las manifestaciones festivas que acompañan sus liturgias y el gozo que brota de las oraciones que elevan a Dios son signo de la entrega confiada a Él, de su inquebrantable esperanza, de su aferrarse, con todas las fuerzas, al amor del Padre, que se hace cercano y mira con compasión los sufrimientos de sus hijos. En el salmo que hemos rezado juntos, se canta esta confianza en Él, que hoy estamos invitados a renovar: «El Señor está cerca del que sufre y salva a los que están abatidos» (Sal 34,19).


Hermanos y hermanas, muchos son los motivos y las situaciones que rompen el corazón y nos hacen caer en la aflicción. En efecto, las esperanzas en un futuro de paz y reconciliación, en el que cada uno es respetado en su dignidad y a cada uno se le garantizan sus derechos fundamentales, se debilitan continuamente a causa de los numerosos problemas que afligen a esta tierra bellísima; entre ellos, las abundantes formas de pobreza que últimamente también afectan a muchas personas por la crisis alimentaria actual; la corrupción moral, social y política, sobre todo vinculada a la gestión de la riqueza, que impide el desarrollo de las instituciones y las estructuras; los graves y derivados problemas que aquejan al sistema educativo y al ámbito sanitario; así como la enorme migración al extranjero, en particular la de los jóvenes. Y a la problemática interna, continuamente alimentada por el odio y la violencia, se añade también el mal causado desde afuera por aquellos que, en nombre de la ganancia, siguen entrometiéndose en el continente africano para explotarlo y saquearlo.


Todo esto nos expone a sentirnos impotentes y debilitar nuestra confianza. Sin embargo, este es el momento de cambiar, de transformar la historia del país. Hoy y no mañana, ahora y no en el futuro, ha llegado el momento de reconstruir; de componer nuevamente el mosaico de la unidad ensamblando la variedad y las riquezas del país y del continente; de edificar una sociedad en la que reinen la paz y la reconciliación.


Es verdad, cuando una situación está consolidada desde hace tiempo se corre el riesgo de caer en la resignación y en la impotencia, porque no esperamos ninguna novedad; no obstante, la Palabra de Dios abre espacios nuevos y genera transformación y sanación, porque es capaz de poner el corazón en movimiento, de desestabilizar la marcha normal de las cosas a las que fácilmente nos acostumbramos, de convertirnos en protagonistas activos del cambio. Recordemos esto: Dios es novedad, crea cosas nuevas, nos hace personas valientes que, desafiando al mal, construyen el bien.


Lo encontramos en el testimonio de los Apóstoles, como escuchamos en la primera lectura: mientras las autoridades del sanedrín interrogaban a los Apóstoles, los reprendían y los amenazaban porque habían anunciado públicamente a Cristo, estos respondían: «Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres. El Dios de nuestros padres ha resucitado a Jesús, al que ustedes hicieron morir suspendiéndolo del patíbulo» (Hch 5,29-30).


La valentía de los Apóstoles se convierte en conciencia crítica, en profecía, en denuncia del mal; este es el primer paso para cambiar las cosas. Obedecer a Dios, en efecto, no es un acto de sumisión que nos oprime o anula nuestra libertad; al contrario, la obediencia a Dios nos hace libres, porque significa confiarle nuestra vida y dejar que sea su Palabra la que inspire nuestra manera de pensar y de actuar. Y de este modo, como escuchamos en el Evangelio, que relata la última parte del diálogo entre Jesús y Nicodemo, «el que viene de lo alto está por encima de todos. El que es de la tierra pertenece a la tierra y habla de la tierra» (Jn 3,31). El que obedece a Dios antes que a los hombres y al modo de pensar humano y terrenal, encuentra la propia libertad interior, logra descubrir el valor del bien y a no resignarse al mal, redescubre el camino de la vida y se convierte en constructor de paz y fraternidad.


Hermanos y hermanas, el consuelo para los corazones quebrantados y la esperanza en un cambio de la sociedad son posibles si confiamos en Dios y en su Palabra. Debemos llevar siempre en el corazón y en la mente la apelación del apóstol Pedro: obedecer a Dios, no a los hombres. Obedecerlo a Él, porque sólo Él es Dios. Y ello nos invita a promover la inculturación del Evangelio y vigilar atentamente, también nuestra religiosidad, para no caer en el engaño de seguir aquellas sendas que mezclan la fe católica con otras creencias y tradiciones de tipo esotérico o gnóstico que, en realidad, a menudo tienen fines políticos y económicos. Sólo Dios libera; sólo su Palabra abre caminos de libertad; sólo su Espíritu nos hace personas nuevas con la capacidad de cambiar este país.


Los acompaño con mi oración constante y bendigo, de manera particular, a la Iglesia aquí presente; tantos sacerdotes, misioneros, religiosos y laicos que trabajan para ser fuente de consuelo y esperanza. Los animo a continuar por este camino y los encomiendo a la intercesión de María Santísima, Reina de los Apóstoles y Madre de la Iglesia.


PAPA LEÓN XIV




Fotos: Vatican Media, 16-4-2026

Papa León XIV en encuentro por la paz en Camerún, 16-4-2026: «¡Trabajemos juntos por la paz! ¡Dios nunca nos ha abandonado! ¡En Él, en su paz, siempre podemos volver a empezar»

* «Estoy aquí para anunciar la paz, pero descubro rápidamente que son ustedes los que me la anuncian a mí y al mundo entero. De hecho, como acaba de recordar uno de ustedes, la crisis que ha sacudido estas regiones de Camerún ha acercado más que nunca a las comunidades cristianas y musulmanas, a tal punto que sus líderes religiosos se han unido y han fundado un Movimiento por la Paz, a través del cual tratan de mediar entre las partes en conflicto.¡En cuántos lugares de la tierra desearía que sucediera lo mismo! ¡Bienaventurados los que trabajan por la paz! En cambio, ¡ay de quienes doblegan las religiones y el mismo nombre de Dios a sus propios intereses militares, económicos y políticos, arrastrando lo que es santo hacia lo más sucio y tenebroso!»

    

Vídeo de la transmisión en directo de Vatican News, traducido al español, con todo el discurso del Papa 

* «Quienes saquean los recursos de la tierra que les pertenece, suelen invertir gran parte de las ganancias en armas, en un espiral de desestabilización y muerte sin fin. Esto es un mundo al revés, una distorsión de la creación de Dios que toda conciencia recta debe denunciar y repudiar, eligiendo una vuelta en “U” —la conversión— que conduce en la dirección opuesta, por el camino sostenible y rico en fraternidad humana. El mundo está siendo destruido por unos pocos dominadores y se mantiene en pie gracias a una inmensidad de hermanos y hermanas solidarios»


 16 de abril de 2026.- (Camino Católico)  “¡Trabajemos juntos por la paz!” Ha sido la exhortación del Papa León XIV en el encuentro por la paz con la comunidad de Bamenda, que ha tenido  lugar el jueves 16 de abril, en el segundo día de su visita a Camerún.  En la Basílica de San José, lugar del encuentro, el Pontífice ha manifestado su alegría de poder estar allí, en esta región tan “atormentada”.

De hecho, esta capital de la región anglófona del noroeste de Camerún sufre desde hace casi una década la violencia relacionada con la «crisis anglófona», una crisis marcada por tensiones separatistas, violencia y desplazamientos.

En el encuentro, que ha reunido a la comunidad católica de fieles laicos y consagrados, a jefes tradicionales, representantes de la Iglesia protestante y miembros de la comunidad islámica y que contó con testimonios locales, entre ellos el de una consagrada que fue secuestrada y el de una familia de desplazados internos, el Papa ha reflexionado en su discurso sobre las historias de dolor y valentía de esta tierra "ensangrentada pero fértil", "ultrajada" pero "generosa en frutos". 



"¡Dios nunca nos ha abandonado! ¡En Él, en su paz, siempre podemos volver a empezar!", ha exclamado el Pontífice después de escuchar las palabras de bienvenida del Arzobispo de Bamenda, Monseñor Andrew Nkea Fuanya. En el vídeo de Vatican News se visualiza y escucha toda la alocución del Santo Padre traducida al español, cuyo texto completo es el siguiente:

VIAJE APOSTÓLICO DE SU SANTIDAD EL PAPA LEÓN XIV

A ARGELIA, CAMERÚN, ANGOLA Y GUINEA ECUATORIAL

(13-23 DE ABRIL DE 2026)

ENCUENTRO POR LA PAZ CON LA COMUNIDAD DE BAMENDA

DISCURSO DEL SANTO PADRE

Catedral de San José (Bamenda)

Jueves, 16 de abril de 2026

Queridas hermanas, queridos hermanos:

Es una alegría para mí estar entre ustedes en esta región tan atormentada. Y tal como acaban de demostrar sus testimonios, todo el dolor que ha azotado a su comunidad hace que hoy sea aún más evidente esta certeza: ¡Dios nunca nos ha abandonado! ¡En Él, en su paz, siempre podemos volver a empezar!

El Arzobispo recordó la profecía que exclama: «¡Qué hermosos son sobre las montañas los pasos del que trae la buena noticia, del que proclama la paz!» (Is 52,7). Así saludaba mi presencia entre ustedes, pero ahora yo quisiera responder: ¡qué hermosos son también los pies que dan los pasos de ustedes, cubiertos del polvo de esta tierra ensangrentada, pero fértil; de esta tierra ultrajada, pero rica en vegetación y generosa en frutos! Son los pies que los han traído hasta aquí y que, a pesar de las pruebas y los obstáculos, los han mantenido en los caminos del bien. Les doy las gracias, porque —¡es cierto!— estoy aquí para anunciar la paz, pero descubro rápidamente que son ustedes los que me la anuncian a mí y al mundo entero. De hecho, como acaba de recordar uno de ustedes, la crisis que ha sacudido estas regiones de Camerún ha acercado más que nunca a las comunidades cristianas y musulmanas, a tal punto que sus líderes religiosos se han unido y han fundado un Movimiento por la Paz, a través del cual tratan de mediar entre las partes en conflicto.

¡En cuántos lugares de la tierra desearía que sucediera lo mismo! ¡Bienaventurados los que trabajan por la paz! En cambio, ¡ay de quienes doblegan las religiones y el mismo nombre de Dios a sus propios intereses militares, económicos y políticos, arrastrando lo que es santo hacia lo más sucio y tenebroso! Sí, queridos hermanos y hermanas, ustedes que tienen hambre y sed de justicia, ustedes los pobres, los misericordiosos, los mansos y los de corazón puro, ustedes que han llorado, ¡ustedes son la luz del mundo! (cf. Mt 5,3-14). Bamenda, ¡hoy eres la ciudad puesta en lo alto del monte, espléndida a los ojos de todos! Hermanas y hermanos, sean por mucho tiempo la sal que da sabor a esta tierra, ¡no pierdan su sabor tampoco en los años venideros! Atesoren lo que los ha unido y lo que han compartido en la hora del llanto. Sean aceite que se derrama sobre las heridas humanas.

En este sentido, quiero expresar mi gratitud a todas aquellas personas —en particular a las mujeres, laicas y religiosas— que atienden a las personas traumatizadas por la violencia. Es una labor inmensa, invisible, cotidiana y, como ha recordado la Hna. Carine, expuesta al peligro. Los señores de la guerra fingen no saber que basta un instante para destruir, pero que a menudo no basta una vida para reconstruir. Disimulan no ver que se necesitan miles de millones de dólares para matar y devastar, y que no se encuentran los recursos necesarios para sanar, educar y levantar. Quienes saquean los recursos de la tierra que les pertenece, suelen invertir gran parte de las ganancias en armas, en un espiral de desestabilización y muerte sin fin. Esto es un mundo al revés, una distorsión de la creación de Dios que toda conciencia recta debe denunciar y repudiar, eligiendo una vuelta en “U” —la conversión— que conduce en la dirección opuesta, por el camino sostenible y rico en fraternidad humana. El mundo está siendo destruido por unos pocos dominadores y se mantiene en pie gracias a una inmensidad de hermanos y hermanas solidarios. Son la descendencia de Abraham, tan incontable como las estrellas del cielo y los granos de arena en la playa del mar. Mirémonos a los ojos: ¡ya somos este pueblo inmenso! No hay que inventar la paz, hay que acogerla, asumiendo al prójimo como hermano y como hermana. Nadie elige a sus hermanos y hermanas: ¡sólo tenemos que aceptarnos unos a otros! Somos una sola familia y habitamos la misma casa, este maravilloso planeta que las culturas antiguas han cuidado durante milenios.

El Papa Francisco escribió en la Exhortación apostólica Evangelii gaudium algo que vino a mi mente al escuchar las palabras que ustedes decían: «La misión en el corazón del pueblo no es una parte de mi vida, o un adorno que me puedo quitar; no es un apéndice o un momento más de la existencia. Es algo que yo no puedo arrancar de mi ser si no quiero destruirme. Yo soy una misión en esta tierra, y para eso estoy en este mundo» (n. 273).

Queridos hermanos y hermanas de Bamenda, estos son mis sentimientos mientras estoy entre ustedes. ¡Trabajemos juntos por la paz! «Hay que reconocerse a sí mismo como marcado a fuego por esa misión de iluminar, bendecir, vivificar, levantar, sanar, liberar. Allí aparece la enfermera de alma, el docente de alma, el político de alma, esos que han decidido a fondo ser con los demás y para los demás» (ibíd.). Así nos exhortó mi querido Predecesor a caminar juntos, cada uno en su propia vocación, ampliando los límites de nuestras comunidades, con la determinación de quien parte de su labor local para llegar al amor al prójimo, sea quien sea y dondequiera que esté. ¡Es la revolución silenciosa de la que ustedes son testigos! Como ha dicho el Imán, demos gracias a Dios porque esta crisis no ha degenerado en una guerra religiosa, y porque seguimos intentando amarnos los unos a los otros. ¡Sigamos adelante sin cansarnos, con valentía y, sobre todo, juntos, siempre juntos!

PAPA LEÓN XIV

Fotos: Vatican Media, 16-4-2026

Santa Misa de hoy, jueves, por la paz y la justicia, presidida por el Papa León XIV, en Camerún, 14-4-2026

Foto: Vatican Media, 16-4-2026

16 de abril de 2026.- (Camino Católico) Este 16 de abril el Papa León XIV ha celebrado la Santa Misa por la Paz y la Justicia en el Aeropuerto Internacional de Bamenda, en el noroeste de Camerún, ante 20.000 fieles. En su homilía ha subrayado que “la obediencia a Dios nos hace libres, porque significa confiarle nuestra vida y dejar que sea su Palabra la que inspire nuestra manera de pensar y de actuar”. En el vídeo de Vatican News se visualiza y escucha toda la celebración.