* «Por fin, mi mamá me dio a luz y nací perfectamente sano, como un bebé normal. Todo lo que habían pronosticado los médicos se fue al traste: Dios le había dado la vuelta por completo y me había bendecido con plenitud de vida. Sin embargo, con el tiempo mis padres notaron que yo me comportaba de modo muy pasivo y que pasados los primeros años y pensaron que yo había nacido mudo. No podía pronunciar una sola palabra… Ellos se arrodillaron y empezaron a rezar con renovadas fuerzas. Me buscaron y me encontraron: estaba cantando una canción de Navidad. Al instante, supieron que la gracia de Dios me había tocado y me había sanado. Tenía cuatro años y medio. Desde entonces, Dios nunca ha dejado de protegerme»

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