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sábado, 7 de febrero de 2026

Steve Botsford se sumergió en el alcohol, las drogas y el rock hasta que clamó a Dios: «El amor de Dios es implacable, paciente y siempre está obrando para nuestro bien, incluso cuando estamos lejos de Él»


Steve Botsford / Foto: Cortesía de Steve Botsford - Aleteia

* El primero de enero de 1990, mientras conducía bajo la influencia del alcohol y otras drogas, el joven Steven fue arrestado, por segunda vez. Sentado en su celda, se entregó a Dios orando de esta manera: «Dios, si estás ahí, te necesito, y te necesito ahora» 

Camino Católico.- Criado en un hogar Protestante, en el sureste de los Estados Unidos, experimentó las adicciones y excesos a los que miles de jóvenes estadounidenses están expuestos en la actualidad. Steve Botsford es Licenciado en Educación Religiosa y Administración de Empresas, y ha trabajo durante 10 años en ministerios juveniles; además, es Vicepresidente de la exitosa editorial católica William H. Sadlier Inc.,. En una entrevista con Ingrid Basaldúa Guzmán Aleteia comparte su camino de conversión desde las drogas hasta el servicio a la Iglesia Católica. 

“En mi deseo de ser amado y aceptado comencé a perseguir a las chicas, beber alcohol y fumar marihuana, y con el tiempo, también cocaína. Al poco tiempo me uní a una banda de rock que me sumergió en una cultura que alimentaba estos deseos, convirtiéndose en actividades habituales en mi vida”, explica Steven.

Una adolescencia complicada y un reencuentro en el dolor

La familia del pequeño Steve atendía el servicio dominical de diferentes iglesias protestantes; sin embargo, se alejó de la fe durante la adolescencia. La contradicción que vio en los jóvenes de la Iglesia, entre el estilo de vida y su compromiso con el Evangelio, repercutió negativamente en su vida espiritual. A pesar de ello, nunca dejó de creer que existía algo -o alguien- más grande que nosotros. 

El primero de enero de 1990, mientras conducía bajo la influencia del alcohol y otras drogas, el joven Steven fue arrestado, por segunda vez. Sentado en su celda, se entregó a Dios orando de esta manera: “Dios, si estás ahí, te necesito, y te necesito ahora”. 

Al poco tiempo, conoció a una chica católica, con la cual se comprometió al año siguiente. En diciembre de 1990, la madre de su prometida le señaló a Steve que, si querían casarse, su matrimonio debería ser ante la Iglesia Católica. Pronto, el joven Botsford estaba preparándose para recibir los sacramentos.

Sin embargo, semanas antes de la boda, la joven rompió el compromiso con Steve argumentando que no estaba lista para casarse. Este rompimiento dejó al joven Botsford devastado, pero su padrino de bodas permaneció cerca de él para rezar juntos. En una de esas ocasiones, le dijo: ”Jesús te sostiene de la mano, déjalo que te guíe”.

“En medio de la confusión de romper el compromiso con el amor de mi vida, Dios estuvo y ha estado haciendo algo muy fuerte en mi vida. Ese fue otro encuentro con Dios que me llevó a mi conversión a la Iglesia Católica”, describe Steve. 

Como nuevo Católico, se sumergió en los estudios bíblicos y la oración carismática para adultos jóvenes, donde se acercó más a Dios a través de las Escrituras, la música y la comunidad. Pronto se había convertido en Ministro de la Juventud: “Quería ayudar a los jóvenes a evitar las trampas de la vida y encontrar el mismo amor que yo encontré en Dios”, reflexiona en retrospectiva.

Después de varios años como Ministro de la Juventud, Steve se casó y tuvo cuatro hijos. Por ese entonces, se unió a la Editorial SADLIER como publicista.

Steve Botsford junto a su familia / Foto: Cortesía de Steve Botsford - Aleteia


Al ser una editorial fundada por inmigrantes irlandeses con el propósito de proveer recursos Católicos en los Estados Unidos, esto le permitió a Steve continuar con su amor por la evangelización y la educación de jóvenes, catequistas y familias. 

Y no sólo eso, SADLIER representa la primera editorial en Estados Unidos y uno de los principales aliados en la evangelización en español en ese país, así lo explica Steve: 

“Apoyar la evangelización en español es esencial porque honra la realidad vivida de una parte amplia, vibrante y profundamente fiel de la Iglesia en los Estados Unidos. El lenguaje es más que un medio de comunicación: es la forma principal en que las personas rezan, aprenden y forman relaciones con Dios y entre sí. Cuando ofrecemos recursos en español, estamos afirmando la dignidad, la cultura y la herencia espiritual de los católicos hispanos y asegurándonos de que puedan acercarse al Evangelio en el idioma de su corazón. Sadlier fue la primera en reconocer esto y la primera en publicar recursos catequéticos bilingües como resultado.” 

El encuentro con la pastoral hispana, fuente de gratitud

En su trabajo en la evangelización a la Comunidad Hispana de los Estados Unidos, Steve ha profundizado en su ministerio y en la comprensión de su fe. La devoción, la centralidad de la familia y los vínculos personales que se viven en la Comunidad Hispana le hacen experimentar una vida de comunidad vibrante. 

“He recibido una enorme gratitud y amor de los líderes y las familias migrantes latinas a quienes he servido. Su aprecio por el acompañamiento —simplemente estar presente, escuchar y apoyarlos— me ha reforzado la idea de que el ministerio, en última instancia, se trata de caminar con las personas. Esto ha fortalecido mi convicción de que cuando honramos la cultura, el idioma y la historia, podemos proclamar mejor el Evangelio de maneras que realmente hablan al corazón”. 

La historia de Steve Botsford, es una historia de amor y redención. Demuestra que cada persona está llamada a algo grande, caminando de la mano de Jesús. El mismo Steve invita a todos aquellos jóvenes que están en un camino como el que experimentó:

“Debemos preguntar con amor y suavidad cómo está su corazón. No de una manera crítica pero de modo que les ayude a reflexionar sobre su anhelo de Dios. Invitándoles a abrirse a la oración. Finalmente recordarles que no tienen que encontrar su camino solos, significa estar dispuestos a que Dios entre en su historia y camine con ellos”. Y cierra de este modo: 

“Mi vida es un testimonio de la verdad de que el amor de Dios es implacable, paciente y siempre está obrando para nuestro bien, incluso cuando estamos lejos de Él”.

Erea y José Pedro, protestantes conversos al catolicismo: «Encontramos a Jesús Eucaristía; fue impresionante descubrir los sacramentos; donde nos quería llevar Cristo era a la Santa Misa, a la Eucaristía»

José Pedro y Erea, en el centro de la imagen,  junto a uno de sus hijos, su madrina y su padrino / Foto: Diócesis de Alcalá

* «Me viene a la mente cuando nos sentamos frente al sacerdote de la parroquia de nuestro pueblo, que estuvo hablando con José Pedro y luego a mí me dijo, ‘tú no hace falta que te conviertas porque él se convierta’. Y yo le respondí, ‘es que si mi marido da ese paso, si Dios le está guiando por ahí, a mí también me tiene que guiar por ahí’»

 

Audio del testimonio de José Pedro y Erea en el programa ‘El Espejo de la Diócesis de Alcalá

Camino Católico.- La Iglesia ha celebrado la semana de oración por la unidad de los cristianos. En la diócesis de Alcalá de Henares han ofrecido el testimonio de un matrimonio de su diócesis, José Pedro y Erea, que recientemente se han convertido del protestantismo al catolicismo. Su historia vital la han contado en el programa de radio ‘El Espejo de la Diócesis de Alcalá’. Actualmente viven su fe en la parroquia de San Pedro de Alcalá de Henares y en esta entrevista, de la que hemos destacado las preguntas más relevantes, relatan este paso que ha transformado su vida.

- José Pedro, ¿por qué os acercasteis a la Iglesia Católica siendo protestantes?

- Pues en mi caso, sobre todo al inicio de este camino, fue buscando un fundamento doctrinal. Llevaba como dos años profundizando en temas doctrinales y sí que es verdad que me encontraba un tanto confundido. Al final, muchas de las cosas en las que el protestante doctrinalmente cree, pues tienes que decantarte por unas denominaciones u otras y andas un poco haciendo tu propia doctrina, cogiendo de aquí, de allá. me pasaba mucho eso.

Empezamos con reuniones en casa y yo tenía, en parte, la responsabilidad de dirigir esas reuniones y con muy buena intención de querer realmente volver a ese cristianismo primitivo. Quería hacer las cosas realmente como la Biblia manda o como Jesús estableció. Y es ahí cuando empecé a entrar un poco en esa crisis. Si aquí hay denominaciones que tienen una postura en cuanto a la Cena del Señor, que en el catolicismo es la Eucaristía, el bautismo, la doctrina de la justificación, por ejemplo, que fue clave para mí, pues eran preguntas que me hicieron entrar en una pequeña crisis y a partir de ahí lo último ya que me quedaba era decir, bueno, y la fe católica ante todos estos todos interrogantes que yo tengo, ¿qué tiene que decir? Y a partir de ahí fue cuando me empecé a interesar también por el catolicismo.

- Erea, ¿qué fue lo que os hizo dar finalmente el paso de vuelta a casa?

- Se me viene a la mente cuando nos sentamos frente al sacerdote de la parroquia de nuestro pueblo, que estuvo hablando con José Pedro y luego a mí me dijo, ‘tú no hace falta que te conviertas porque él se convierta’. Y yo le respondí, ‘es que si mi marido da ese paso, si Dios le está guiando por ahí, a mí también me tiene que guiar por ahí’.

Entonces fue ahí cuando yo empecé a profundizar más. Porque en ese momento yo no lo tenía nada claro y me tuvieron que hacer un bautizo sub conditione porque yo estoy bautizada por la Iglesia evangélica, y la Iglesia católica lo admite siempre que sea trinitario en el nombre del Padre, del Hijo y el Espíritu Santo. Y yo sé que fue así, pero no había ningún documento ni ninguna prueba que lo que lo justificara.

Entonces, me hicieron un bautizo sub conditione, que es por si acaso no ha valido, pues valdría ese. Y junto con mis hijas, el 1 de marzo del 2025 dimos el paso, nos bautizamos, hicimos la profesión de fe y luego hicimos el sacramento del matrimonio el día dos.

Al principio fue un paso de fe porque yo no entendía muy bien por qué me tenía que volver a bautizar… eso de volverse a casar, volvernos a poner los anillos… Yo ya me sentía casada, bautizada, pero sí que más adelante lo pude entender. Hasta Jesús mismo se bautizó sin tener pecado, ¿por qué no me voy a volver yo a bautizar aunque ya estuviera por si acaso no fuera válido? Porque al final es un testimonio también de cara a la Iglesia. Entender los medios de gracia es muy diferente a cómo se vive en el mundo protestante.

José Pedro y Erea, junto a sus hijos / Foto: Diócesis de Alcalá

- Erea, ¿crees que es importante que los matrimonios estén acompasados en la fe, en su espiritualidad y su carisma, incluso aunque compartan la misma fe?

- Siempre he pensado, tanto siendo protestante como ahora católica, que es importante. Al final es lo idílico, ¿no? No todas las situaciones son iguales, por desgracia, pero lo idílico sí creo que es compartirlo todo porque al final somos una carne y entre semana se suele estar liado trabajando. Cuando uno tiene tiempo para la familia son los fines de semana.

Si los fines de semana cada uno tiene una reunión en un sitio diferente, según el carisma, que hay algunos que tienen más retiros, convivencias…, si cada uno las hace por un lado diferente, es muy difícil combinar eso. Lo idílico, lo perfecto, creo que sería ir todos juntos de la misma mano. Pero luego hay muchas situaciones que se pueden entender y a lo mejor lo pueden llevar bien, pero yo creo que lo idílico sería compartirlo todo.

- José Pedro, ¿qué fue lo más difícil de aceptar del catolicismo y qué belleza encontrasteis en la fe católica que no había en la en la que teníais antes?

- Para mí lo más difícil de aceptar fue que en la justificación también están involucradas nuestras obras. Antes por la sola fe, la rama que yo más seguía dentro del protestantismo, afirma que una vez que tú estás justificado solo por la fe, ya eres salvo, sí o sí. Eso fue lo que más difícil al principio fue para mí aceptar, ver que la fe católica en la doctrina de la justificación hace una armonía muy buena, muy bonita entre fe y obras.

Una vez que entendí cómo explicaba la Iglesia católica la doctrina de la justificación, fue para mí como una nueva conversión. Empecé a sentir un llamado muy fuerte porque yo llevaba dos años tratando de hacer el puzle por mí mismo. Y entonces descubrí esa belleza y, por fin, encontrar la pieza que me faltaba después de esos dos años profundizando en la doctrina de la justificación, para mí fue como una nueva conversión. Entonces, me acuerdo que fui corriendo a mi mujer y le dije «Erea, las obras también importan».

Una vez que empecé realmente a seguir profundizando en los dogmas, el tema de la justificación para mí pasó a un segundo plano. Y ya no te digo nada cuando realmente pues encontré a Jesús Eucaristía. Eso fue para mí impresionante, descubrir los sacramentos, descubrir ese sentido de lo sagrado, ese sentido de lo trascendente, no lo había vivido en el protestantismo.

Empezar a descubrirlo fue un descanso impresionante, o sea, fue como un «vale, no tengo que seguir yo reinventando la rueda cada día doctrinalmente, ni eclesiológicamente, ni teológicamente». Es que tengo un depósito aquí de fe milenario con una tradición con mayúsculas, con unos Padres de la Iglesia, con un Magisterio… fue como descubrir un tesoro, un tesoro real. Y ya una vez deseando poder comulgar, estuve un año de catequesis con mi mujer. Yo estaba deseando y creo que todo este camino ahora lo veo y es donde me quería llevar Cristo era a la Santa Misa, a la Eucaristía.

José Pedro y Erea orando ante la Virgen María / Foto: Diócesis de Alcalá

- Con motivo del Año Jubilar, José Pedro, vosotros habéis participado en una peregrinación a Roma con la parroquia de San Pedro, de Alcalá de Henares, ¿qué significó para vosotros poder viajar a Roma en este año tan especial?

- Pues el viaje a Roma fue, la verdad, todavía más gracia sobre gracia. Nuestro hijo Mateo estaba recién nacido prácticamente. Me acuerdo que el padre Fermín nos ofreció incluso el poder bautizar a nuestro hijo Mateo allí en Roma. Y al final, nos lanzamos porque viajar con niños y con un bebé recién nacido era un reto para nosotros, pero dijimos, «venga, vamos para allá.»

Fue para nosotros muy especial porque fue «Roma dulce hogar» pero vivido de forma literal. El grupo nos dio el gran privilegio de poder entrar por la Puerta Santa cargando la cruz con nuestros hijos. Fue un momento muy especial, me emocionó, la verdad. Y ya para el final del viaje se combinó con lo que fue el bautismo de Mateo. Así que muy agradecidos también a la diócesis, a todos los que nos han apoyado.

Nos hemos sentido como una gran familia, no nos lo esperábamos, tanto amor, tanto recibimiento y tanta ayuda. Ha sido todo un regalo de Dios. Muy agradecidos.

- José Pedro, ¿creéis que sería importante facilitar momentos de encuentro entre cristianos de diferentes confesiones?

- Sí, de hecho conozco grupos protestantes que hacen eventos con católicos, eventos conjuntos y creo que sí que se debería de potenciar esas iniciativas siempre y cuando desde la parte católica no caigamos en este relativismo. Realmente si yo voy a un encuentro ecuménico es porque quiero que mis hermanos protestantes lleguen a lo que es un una fe más plena y que vuelvan a casa, que vuelvan a la Iglesia.

Entonces, si ese encuentro ecuménico está centrado en esa labor y podemos compartir experiencias o testimonios, creo que sí que es beneficioso que se debería de animar a hacer esos encuentros.

- Y tú Erea, ¿lo crees importante?

- Añadiría que creo que es importante una formación dentro del mundo católico. Yo creo que con leerse el Catecismo sería suficiente. Que a la hora de tener encuentros ecuménicos con protestantes, ellos siempre van a tener la misión de evangelizar, porque al final si tú crees que vives en la Verdad, quieres que el otro también la viva y la disfrute.

El evangélico usa muy bien la Biblia, los versículos. Entonces es importante que el católico conozca su fe para saber qué versículos también apoyan lo que uno cree.

- Erea, José Pedro, ha sido un auténtico placer hablar con los dos. Muchísimas gracias por vuestro testimonio.

- Muchas gracias también a vosotros por la oportunidad. Que Dios os bendiga.