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lunes, 23 de febrero de 2026

Palabra de Vida 23/2/2026: «Cada vez que lo hicisteis con uno de estos, mis hermanos, más pequeños, conmigo lo hicisteis» / Por P. Jesús Higueras

Camino Católico.- Espacio «Palabra de Vida» de 13 TV del 23 de febrero de 2026, lunes de la 1ª semana de Cuaresma, presentado por el padre Jesús Higueras en el que comenta el evangelio del día.

Evangelio: San Mateo 25, 31-46:

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

«Cuando venga en su gloria el Hijo del hombre, y todos los ángeles con él, se sentará en el trono de su gloria, y serán reunidas ante él todas las naciones.

El separará a unos de otros, como un pastor separa las ovejas de las cabras.

Y pondrá las ovejas a su derecha y las cabras a su izquierda.

Entonces dirá el rey a los de su derecha:

«Venid vosotros, benditos de mi Padre; heredad el reino preparado para vosotros desde la creación del mundo. Porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, fui forastero y me hospedasteis, estuve desnudo y me vestisteis, enfermo y me visitasteis, en la cárcel y vinisteis a verme.»

Entonces los justos le contestarán:

«Señor, ¿cuándo te vimos con hambre y te alimentamos, o con sed y te dimos de beber?; ¿cuándo te vimos forastero y te hospedamos, o desnudo y te vestimos?; ¿cuándo te vimos enfermo o en la cárcel y fuimos a verte?»

Y el rey les dirá:

«En verdad os digo que cada vez que lo hicisteis con uno de estos, mis hermanos, más pequeños, conmigo lo hicisteis.»

Y entonces dirá a los de su izquierda:

«Apartaos de mí, malditos, id al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles. Porque tuve hambre y no me disteis de comer, tuve sed y no me disteis de beber, fui forastero y no me hospedasteis, estuve desnudo y no me vestisteis, enfermo y en la cárcel y no me visitasteis.»

Entonces también estos contestarán:

«Señor, ¿cuándo te vimos con hambre o con sed, o forastero o desnudo, o enfermo o en la cárcel, y no te asistimos?»

Él les replicará:

«En verdad os digo: lo que no lo hicisteis con uno de estos, los más pequeños, tampoco lo hicisteis conmigo. Y estos irán al castigo eterno, y los justos a la vida eterna».

Adoración Eucarística con el P. José Aurelio Martín en la Basílica de la Concepción de Madrid, 23-2-2026

23 de febrero de 2026.- (Camino Católico) Adoración al Santísimo Sacramento con el P. José Aurelio Martín Jiménez, emitida por 13 TV desde la Basílica de la Concepción de Madrid.

Sé un pilar para tu hermano, no piedra de tropiezo; ámalo tal como es; el buen Dios lo amó primero. / Por P. Carlos García Malo

 


domingo, 22 de febrero de 2026

Papa León XIV en el Ángelus, 22-2-2026: «Apaguemos los smartphone, meditemos la Palabra de Dios, acerquémonos a los sacramentos y escuchemos la voz del Espíritu Santo, que nos habla al corazón, y escuchémonos unos a otros»

* «Considerar la Cuaresma como un itinerario resplandeciente en el que, con la oración, el ayuno y la limosna, podemos renovar nuestra colaboración con el Señor para hacer de nuestra vida una obra maestra irrepetible. Se trata de permitirle eliminar las manchas y curar las heridas que el pecado haya podido causar en ella, y de comprometernos a hacerla florecer con toda su belleza hasta alcanzar la plenitud del amor, que es la única fuente de felicidad verdadera» 

 

Vídeo completo de la transmisión en directo de Vatican News traducido al español con las palabras del Papa en el Ángelus

* «Han pasado ya cuatro años desde el inicio de la guerra contra Ucrania. Mi corazón sigue la dramática situación que todos tenemos ante nuestros ojos.. La paz no puede posponerse, es una necesidad urgente, que debe encontrar espacio en los corazones y traducirse en decisiones responsables. Por eso renuevo con fuerza mi llamamiento: que callen las armas, que cesen los bombardeos, que se llegue sin demora a un alto el fuego y que se refuerce el diálogo para abrir el camino a la paz» 


22 de febrero de 2026.- (Camino Católico)  En el primer domingo de Cuaresma, el Papa ha invitó a los fieles a vivir este tiempo de gracia como un itinerario de oración, ayuno y limosna al tiempo que ha llamado a renovar la relación con Dios para que lo que, según dice, es necesario apagar "los televisores, la radio y los smartphone".

“Apaguemos un poco los televisores, la radio y los smartphone. Meditemos la Palabra de Dios, acerquémonos a los sacramentos; escuchemos la voz del Espíritu Santo, que nos habla al corazón, y escuchémonos unos a otros”, ha exhortado el Santo Padre antes de rezar el Ángelus de este domingo, desde la ventana del Palacio Apóstolico, a miles de fieles concgragados en la plaza de San Pedro. 

El Papa también ha pedidó dedicar tiempo "a los que están solos, especialmente a los ancianos, a los pobres y a los enfermos". "Renunciemos a lo superfluo y compartamos lo que ahorramos con quienes carecen de lo necesario”, insta.

Al concluir la oración del Ángelus, el Papa renueva su llamamiento para que se silencien las armas y cesen los bombardeos. “Alcancemos sin demora un alto el fuego", ha dicho, al cumplirse cuatro años desde el inicio de la «guerra contra Ucrania». ¡Cuántas víctimas, cuántas vidas y familias destrozadas, cuánta destrucción, cuánto sufrimiento indecible! , exclama e invita a rezar por la paz. En el vídeo de Vatican News se visualiza y escucha la meditación del Santo Padre traducida al español, cuyo texto completo es el siguiente: 

PAPA LEÓN XIV

ÁNGELUS

Plaza de San Pedro

Domingo, 22 de febrero de 2026

Queridos hermanos y hermanas: ¡Feliz domingo!

Hoy, primer domingo de Cuaresma, el Evangelio nos habla de Jesús que, guiado por el Espíritu, va al desierto y es tentado por el diablo (cf. Mt 4,1-11). Después de ayunar durante cuarenta días, siente el peso de su humanidad: el hambre a nivel físico y las tentaciones del diablo a nivel moral. Enfrenta la misma dificultad que todos experimentamos en nuestro camino y, resistiendo al demonio, nos muestra cómo vencer sus engaños y sus trampas.

La liturgia, con esta Palabra de vida, nos invita a considerar la Cuaresma como un itinerario resplandeciente en el que, con la oración, el ayuno y la limosna, podemos renovar nuestra colaboración con el Señor para hacer de nuestra vida una obra maestra irrepetible. Se trata de permitirle eliminar las manchas y curar las heridas que el pecado haya podido causar en ella, y de comprometernos a hacerla florecer con toda su belleza hasta alcanzar la plenitud del amor, que es la única fuente de felicidad verdadera.

Es verdad, se trata de un camino exigente, y existe el riesgo de que nos desanimemos o de que nos dejemos seducir por caminos de satisfacción menos agotadores, como la riqueza, la fama y el poder (cf. Mt 4,3-8). Estas tentaciones, que también fueron las de Jesús, no son más que pobres sucedáneos de la alegría para la que fuimos creados y que, al final, nos dejan inevitable y eternamente insatisfechos, inquietos y vacíos.

Por eso, san Pablo VI enseñaba que la penitencia, lejos de empobrecer nuestra humanidad, la enriquece, purificándola y fortaleciéndola en su camino hacia un horizonte «que tiene como término el amor y el abandono en el Señor» (Const. ap. Paenitemini, 17 febrero 1966, I). De hecho, la penitencia, al tiempo que nos hace conscientes de nuestras limitaciones, nos da la fuerza para superarlas y vivir, con la ayuda de Dios, una comunión cada vez más intensa con Él y entre nosotros.

En este tiempo de gracia, practiquémosla generosamente, junto con la oración y las obras de misericordia; demos espacio al silencio, apaguemos un poco los televisores, la radio y los smartphone. Meditemos la Palabra de Dios, acerquémonos a los sacramentos; escuchemos la voz del Espíritu Santo, que nos habla al corazón, y escuchémonos unos a otros, en las familias, en los lugares de trabajo y en las comunidades. Dediquemos tiempo a los que están solos, especialmente a los ancianos, a los pobres y a los enfermos. Renunciemos a lo superfluo y compartamos lo que ahorramos con quienes carecen de lo necesario. Entonces, como dice san Agustín, “nuestra oración, hecha con humildad y caridad, acompañada del ayuno y las limosnas, de la templanza y del perdón; practicando el bien y no devolviendo mal por mal, alejándonos del mal y entregándonos a la virtud, llegará al Cielo y nos dará la paz” (cf. Sermón 206,3).

A la Virgen María, Madre que siempre asiste a sus hijos en la prueba, le confiamos nuestro camino cuaresmal.

Oración del Ángelus:  

Angelus Dómini nuntiávit Mariæ.

Et concépit de Spíritu Sancto.

Ave Maria…


Ecce ancílla Dómini.

Fiat mihi secúndum verbum tuum.

Ave Maria…


Et Verbum caro factum est.

Et habitávit in nobis.

Ave Maria…


Ora pro nobis, sancta Dei génetrix.

Ut digni efficiámur promissiónibus Christi.


Orémus.

Grátiam tuam, quǽsumus, Dómine,

méntibus nostris infunde;

ut qui, Ángelo nuntiánte, Christi Fílii tui incarnatiónem cognóvimus, per passiónem eius et crucem, ad resurrectiónis glóriam perducámur. Per eúndem Christum Dóminum nostrum.


Amen.


Gloria Patri… (ter)

Requiem aeternam…


Benedictio Apostolica seu Papalis


Dominus vobiscum.Et cum spiritu tuo.

Sit nomen Benedicat vos omnipotens Deus,

Pa ter, et Fi lius, et Spiritus Sanctus.


Amen.



Después de la oración mariana del Ángelus el Papa ha dicho:


Queridos hermanos y hermanas:


Han pasado ya cuatro años desde el inicio de la guerra contra Ucrania. Mi corazón sigue la dramática situación que todos tenemos ante nuestros ojos: ¡cuántas víctimas, cuántas vidas y familias destrozadas, cuánta destrucción, cuánto sufrimiento indecible! En verdad, toda guerra es una herida infligida a la familia humana: deja tras de sí muerte, devastación y un rastro de dolor que marca a generaciones.


La paz no puede posponerse, es una necesidad urgente, que debe encontrar espacio en los corazones y traducirse en decisiones responsables. Por eso renuevo con fuerza mi llamamiento: que callen las armas, que cesen los bombardeos, que se llegue sin demora a un alto el fuego y que se refuerce el diálogo para abrir el camino a la paz.


Invito a todos a unirse en la oración por el martirizado pueblo ucraniano y por todos los que sufren a causa de esta guerra y de todos los conflictos en el mundo, para que brille en nuestros días el tan esperado don de la paz.


Y ahora dirijo mi saludo a todos ustedes, fieles de Roma, peregrinos italianos y de diversos países.


Bendigo de corazón a las Hermanas Obreras de Jesús, en el centenario de la fundación de su Instituto. Saludo a la Escuela de San José Calasanz de Prievidza, en Eslovaquia, y renuevo mi apoyo a las asociaciones que se comprometen a afrontar juntas las enfermedades raras.


Saludo al grupo del Apostolado de la Oración de Biella, a los fieles de Nicosia, de Castelfranco Veneto y del Decanato de Melegnano; a los confirmandos de Boltiere, a los jóvenes de la Comunidad pastoral Santa María Magdalena de Milán y a los scouts de Tarquinia.


Les deseo a todos un buen domingo y un buen camino cuaresmal.


Papa León XIV





Fotos: Vatican Media, 22-2-2026

Homilía de Mons. Francisco Cerro, Arzobispo de Toledo, y lecturas de la Misa de hoy, I Domingo de Cuaresma, 22-2-2026

22 de febrero de 2026.-  (Camino Católico) Homilía de Mons. Francisco Cerro, Arzobispo de Toledo, y lecturas de la Misa de hoy, I Domingo de Cuaresma, emitida por 13 TV desde la Catedral de Toledo.

Santa Misa de hoy, I Domingo de Cuaresma, en la catedral de Toledo, 22-2-2026

22 de febrero de 2026.-  (Camino Católico)  Celebración de la Santa Misa de hoy, I Domingo de Cuaresma, presidida por Mons. Francisco Cerro Chaves, Arzobispo de Toledo, emitida por 13 TV desde la Catedral de Toledo.

Misterios Gloriosos del Santo Rosario, desde el Santuario de Lourdes, 22-2-2026

22 de febrero de 2026.- (Camino Católico).- Rezo de los Misterios Gloriosos del Santo Rosario correspondientes a hoy, domingo, desde la Gruta de Massabielle, en el Santuario de Lourdes, en el que se intercede por el mundo entero. 

Palabra de Vida 22/2/2026: «Jesús ayuna cuarenta días y es tentado» / Por P. Jesús Higueras

Camino Católico.- Espacio «Palabra de Vida» de 13 TV del 22 de febrero de 2026, domingo de la 1ª semana de Cuaresma, presentado por el padre Jesús Higueras en el que comenta el evangelio del día.

Evangelio: San Mateo 4, 1-11:

En aquel tiempo, Jesús fue llevado al desierto por el Espíritu para ser tentado por el diablo. Y después de ayunar cuarenta días con sus cuarenta noches, al fin sintió hambre.

El tentador se le acercó y le dijo:

«Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en panes».

Pero él le contestó:

«Está escrito: “No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios”».

Entonces el diablo lo llevó a la ciudad santa, lo puso en el alero del templo y le dijo:

«Si eres Hijo de Dios, tírate abajo, porque está escrito: “Ha dado órdenes a sus ángeles acerca de ti y te sostendrán en sus manos, para que tu pie no tropiece con las piedras”».

Jesús le dijo:

«También está escrito: “No tentarás al Señor, tu Dios”».

De nuevo el diablo lo llevó a un monte altísimo y le mostró los reinos del mundo y su gloria, y le dijo:

«Todo esto te daré, si te postras y me adoras».

Entonces le dijo Jesús:

«Vete, Satanás, porque está escrito: “Al Señor, tu Dios, adorarás y a él solo darás culto”».

Entonces lo dejó el diablo, y he aquí que se acercaron los ángeles y lo servían.

Homilía del evangelio del domingo: Intensificar la oración, la vida sacramental y todos los medios que avivan el fuego del Espíritu Santo, la presencia viva y purificadora de Dios en nosotros/ Por P. José María Prats

* «Por nuestro vínculo carnal con Adán hemos heredado el yugo del pecado, pero por el vínculo con Jesucristo establecido en el bautismo, hemos recibido también el poder para destruirlo. La vida espiritual no es otra cosa que cerrar las puertas al influjo de las fuerzas del mal y abrirlas de par en par a la presencia victoriosa de Jesucristo en nosotros»

Domingo I de Cuaresma – A

Génesis 2, 7-9;3,1-7 / Salmo 50 / Romanos 5, 12-19 / San Mateo 4, 1-11  

P. José María Prats / Camino Católico.-  La Cuaresma que acabamos de iniciar es un tiempo de purificación y de esfuerzo por estrechar nuestra comunión con Dios. Pero este esfuerzo va siempre acompañado de una lucha contra las fuerzas del mal, que no soportan que avancemos en el camino de la santidad. Recordemos, por ejemplo, a los Padres del Desierto, aquellos primeros anacoretas egipcios que en el siglo III decidieron abandonar las ciudades y retirarse al desierto animados por el deseo de seguir a Cristo hasta las últimas consecuencias: allí, en el desierto, les esperaba el Maligno. Sus escritos describen con todo detalle esta lucha espiritual contra las fuerzas del mal.

También nosotros, con nuestro deseo cuaresmal de purificación, nos hemos retirado en cierto modo al desierto, donde vamos a vivir esta lucha espiritual. Y por ello en este primer domingo de Cuaresma se nos invita a reflexionar sobre la tentación. La primera lectura nos presenta la victoria del Maligno sobre la humanidad en la tentación de nuestros primeros padres, y el evangelio, su derrota por Jesús en el desierto de Judea. Finalmente, en la carta a los romanos, San Pablo nos habla del alcance universal de estos dos acontecimientos: «así como por la desobediencia de un solo hombre, todos fueron constituidos pecadores, así también por la obediencia de uno solo, todos serán constituidos justos».

Por nuestro vínculo carnal con Adán hemos heredado el yugo del pecado, pero por el vínculo con Jesucristo establecido en el bautismo, hemos recibido también el poder para destruirlo. La vida espiritual no es otra cosa que cerrar las puertas al influjo de las fuerzas del mal y abrirlas de par en par a la presencia victoriosa de Jesucristo en nosotros.

Cerrar las puertas al Maligno

San Nilo de Ancira en su Tratado Ascético dice que el Templo de Jerusalén tenía en su entrada puertas enrejadas para poder examinar cuidadosamente todas las mercancías que llegaban, evitando así que nada impuro entrase en él. Nosotros, templos vivos del Espíritu Santo, debemos vigilar con atención y prevención, como a través de rejas, que nada impuro se introduzca en nuestra mente. Pero, ¿y si el mal consigue penetrar furtivamente en nosotros? Entonces hay que exterminarlo en seguida, antes de que crezca, se fortalezca y se adueñe de nosotros. Para ilustrar este punto, San Nilo hace una interpretación espiritual preciosa de los dos versículos finales del salmo 136, un pasaje tan inquietante que no se ha incluido en la liturgia de las horas: «Capital de Babilonia, ¡criminal! ¡Quién pudiera pagarte los males que nos has hecho! ¡Quién pudiera agarrar y estrellar tus niños contra las peñas!». Babilonia es la ciudad enemiga del pueblo de Dios que representa a las fuerzas del mal, y sus hijos son las semillas que intenta hacer crecer en nosotros. Hay que agarrar, pues, estas semillas antes de que se desarrollen estrellándolas contra la Roca, que es Cristo, el único capaz de destruir el pecado.

Abrir las puertas a Dios

Pero el esfuerzo ascético sería estéril sin el concurso de la gracia. Sería como intentar destruir un montón de leña disponiéndola bien vertical y aireada, pero sin encender el fuego. Por ello la Iglesia nos invita en este tiempo cuaresmal a intensificar la oración, la vida sacramental y todos aquellos medios que avivan el fuego del Espíritu Santo, la presencia viva y purificadora de Dios en nosotros. Así se lo explica San Pablo a los efesios: «Buscad vuestra fuerza en el Señor y en su invencible poder. Poneos las armas de Dios, para poder afrontar las asechanzas del diablo, porque nuestra lucha no es contra hombres de carne y hueso sino contra los principados, contra las potestades, contra los dominadores de este mundo de tinieblas, contra los espíritus malignos del aire. Por eso, tomad las armas de Dios para poder resistir en el día malo y manteneros firmes después de haber superado todas las pruebas. Estad firmes; ceñid la cintura con la verdad, y revestid la coraza de la justicia; calzad los pies con la prontitud para el evangelio de la paz. Embrazad el escudo de la fe, donde se apagarán las flechas incendiarias del maligno. Poneos el casco de la salvación y empuñad la espada del Espíritu que es la palabra de Dios. Siempre en oración y súplica, orad en toda ocasión en el Espíritu, velando juntos con constancia, y suplicando por todos los santos» (Ef 6,10-18). 

P. José María Prats

Evangelio: 


En aquel tiempo, Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto para ser tentado por el diablo. Y después de hacer un ayuno de cuarenta días y cuarenta noches, al fin sintió hambre. 


Y acercándose el tentador, le dijo: 


«Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en panes». 


Mas Él respondió: 


«Está escrito: ‘No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios’».


Entonces el diablo le lleva consigo a la Ciudad Santa, le pone sobre el alero del Templo, y le dice: 


«Si eres Hijo de Dios, tírate abajo, porque está escrito: ‘A sus ángeles te encomendará, y en sus manos te llevarán, para que no tropiece tu pie en piedra alguna’». 


Jesús le dijo: 


«También está escrito: ‘No tentarás al Señor tu Dios’».


Todavía le lleva consigo el diablo a un monte muy alto, le muestra todos los reinos del mundo y su gloria, y le dice: 

«Todo esto te daré si postrándote me adoras». 


Dícele entonces Jesús: 


«Apártate, Satanás, porque está escrito: ‘Al Señor tu Dios adorarás, y sólo a Él darás culto’». 


Entonces el diablo le deja. Y he aquí que se acercaron unos ángeles y le servían.


San Mateo 4, 1-11

En el desierto, Jesús vence las tentaciones apoyado en la Palabra de Dios; donde el hombre dudó, Él confía y donde el hombre cayó, Él permanece fiel / Por P. Carlos García Malo