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lunes, 31 de agosto de 2026

Homilía del P. Carmelo Donoso y lecturas de la Misa de hoy, lunes de la 22ª semana del Tiempo Ordinario, 31-8-2026

31 de agosto de 2026.- (Camino Católico) Homilía del P. Carmelo Donoso y lecturas de la Santa Misa de hoy, lunes de la 22ª semana del Tiempo Ordinario, emitida por 13 TV desde la Basílica de la Concepción de Madrid. 

Santa Misa de hoy, lunes de la 22ª semana del Tiempo Ordinario, 31-8-2026

29 de agosto de 2026.- (Camino Católico) Celebración de la Santa Misa de hoy, lunes de la 22ª semana del Tiempo Ordinario, presidida por el P. Carmelo Donoso, emitida por 13 TV desde la Basílica de la Concepción de Madrid.

Misterios Gozosos del Santo Rosario, desde el Santuario de Lourdes, 31-8-2026

31 de agosto de 2026.- (Camino Católico).- Rezo de los Misterios Gozosos del Santo Rosario correspondientes a hoy, lunes, desde la Gruta de Massabielle, en el Santuario de Lourdes, en el que se intercede por el mundo entero.

Palabra de Vida 31/8/2026: «Me ha enviado a evangelizar a los pobres» / Por P. Jesús Higueras

Camino Católico.- Espacio «Palabra de Vida» de 13 TV del 31 de agosto de 2026, lunes de la 22ª semana del Tiempo Ordinario, presentado por el padre Jesús Higueras en el que comenta el evangelio del día.

 

Evangelio: San Lucas 4, 16-30:

En aquel tiempo, Jesús fue a Nazaret, donde se había criado, entró en la sinagoga, como era su costumbre los sábados, y se puso en pie para hacer la lectura. Le entregaron el rollo del profeta Isaías y, desenrollándolo, encontró el pasaje donde estaba escrito:

«El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido.

Me ha enviado a evangelizar a los pobres, a proclamar a los cautivos la libertad, a proclamar a los cautivos la libertad, y a los ciegos, la vista; a poner en libertad a los oprimidos; a proclamar el año de gracia del Señor».

Y, enrollando el rollo y devolviéndolo al que lo ayudaba, se sentó. Toda la sinagoga tenía los ojos los clavados en él.

Y todos le expresaban su aprobación y se admiraban de las palabras de gracia que salían de su boca.

Y decían:

«¿No es este el hijo de José?».

Pero Jesús les dijo:

«Sin duda me diréis aquel refrán: “Médico, cúrate a ti mismo”, haz también aquí, en tu pueblo, lo que hemos oído que has hecho en Cafarnaún».

Y añadió:

«En verdad os digo que ningún profeta es aceptado en su pueblo. Puedo aseguraros que en Israel había muchas viudas en los días de Elías, cuando estuvo cerrado el cielo tres años y seis meses y hubo una gran hambre en todo el país; sin embargo, a ninguna de ellas fue enviado Elías sino a una viuda de Sarepta, en el territorio de Sidón. Y muchos leprosos había en Israel en tiempos del profeta Eliseo, sin embargo, ninguno de ellos fue curado sino Naamán, el sirio».

Al oír esto, todos en la sinagoga se pusieron furiosos y, levantándose, lo echaron fuera del pueblo y lo llevaron hasta un precipicio del monte sobre el que estaba edificado su pueblo, con intención de despeñarlo.

Pero Jesús se abrió paso entre ellos y seguía su camino.

Adoración Eucarística con el P. José Aurelio Martín en la Basílica de la Concepción de Madrid, 31-8-2026

31 de agosto de 2026.- (Camino Católico) Adoración al Santísimo Sacramento con el P. José Aurelio Martín Jiménez, emitida por 13 TV desde la Basílica de la Concepción de Madrid.

«El Espíritu del Señor está sobre mí: me ha enviado a evangelizar a los pobres» / Por P. Carlos García Malo

 


domingo, 30 de agosto de 2026

Papa León XIV en el Ángelus, 30-8-2026: «No juzgar nunca el obrar de Dios, ponernos a la escucha, con humildad, en la oración, de lo que nos está revelando, aun cuando no corresponde a nuestras expectativas»

* «Tampoco para nosotros, es siempre fácil entender y aceptar los caminos de Dios, especialmente cuando están muy alejados de los nuestros. Entonces las tentaciones son, contra toda lógica de fe, pensar que sea el Señor el que se equivoca o, peor aún, el que no nos escucha o no se interesa por nosotros… No interrumpir nunca el diálogo con el Señor; más bien, manifestarle con confianza nuestra dificultad para comprender lo que nos pide»

   

Vídeo completo de la transmisión en directo de Vatican News traducido al español con las palabras del Papa en el Ángelus

* «Nos llegan desde Haití noticias dramáticas sobre la grave masacre perpetrada en Kenscoff, en la que han perdido la vida numerosas personas, mientras que otras han sido secuestradas. Expreso mi solidaridad y la oración con las víctimas y sus familiares, y pido que se libere sin demora a todos los rehenes. Dirijo un sincero llamamiento a todos los responsables para que se comprometan de forma concreta a garantizar la seguridad de la población y a poner fin a toda forma de violencia…. Aseguro mis oraciones a los afectados por la terrible inundación que se ha producido en Nepal y el Tíbet. Recemos por quienes han perdido la vida, por los heridos y los desaparecidos, por las familias y por los equipos de rescate. Que los gestos de solidaridad contribuyan a aliviar el sufrimiento y a llevar la ayuda necesaria a la población»

30 de agosto de 2026.- (Camino Católico) “No juzgar nunca el obrar de Dios, sino más bien, ponernos a la escucha, con humildad, en la oración, de lo que nos está revelando a través de su accionar, aun cuando no corresponde a nuestras expectativas”, ha reflexionado el Papa León XIV este domingo, 30 de agosto, en su reflexión previa al rezo de la oración mariana del Ángelus, ante miles de fieles y peregrinos que se han congregado en la Plaza de la Libertad de Castel Gandolfo.


En su comentario al Evangelio de este XXII Domingo del Tiempo Ordinario, el Santo Padre dice que, este pasaje bíblico nos habla de Jesús, quien revela a sus discípulos el misterio de su Pascua inminente. “El Mesías «tenía que ir a Jerusalén y padecer allí mucho por parte de los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, y que tenía que ser ejecutado y resucitar al tercer día»”.

Esta afirmación, indica el Pontífice, está muy lejos de lo que esperaban de un Mesías triunfante y poderoso, con cuya ayuda derrotarían y humillarían a sus enemigos. “Ya habían tenido el modo, en el tiempo transcurrido con Él, de maravillarse de muchos de sus gestos y palabras. Pero este último mensaje, fue más allá de toda perspectiva. Pedro, particularmente, manifiesta su desacuerdo y comienza a reprender a Jesús diciéndole: «¡Lejos de ti tal cosa, Señor! Eso no puede pasarte»”.

En este sentido, el Papa León recuerda que, Pedro apenas hacía un instante que había reconocido a Jesús como el «Mesías, el Hijo del Dios vivo». Ahora en cambio, sorprendido y quizá decepcionado de lo que había escuchado, en contraste con la hermosa profesión de fe que acababa de pronunciar, lo reprende. “Parecería que le dice: ‘sí, creo que tú eres el Mesías, pero ese no es el modo de salvar al mundo’. Es un impulso de fervor, sin duda motivado por un amor sincero que, sin embargo, nos hace reflexionar”.

Por ello, el Santo Padre señala que, tampoco para nosotros, es siempre fácil entender y aceptar los caminos de Dios, especialmente cuando están muy alejados de los nuestros.

Después de rezar la oración mariana del ángelus, el Papa León XIV ha hecho un apremiante llamamiento en favor de la población de Haití, tras la masacre perpetrada en Kenscoff y pide “la inmediata liberación de todos los rehenes”. Además, el Pontífice eleva sus oraciones por las víctimas y las familias afectadas por las terribles inundaciones ocurridas en Nepal y el Tíbet. Y recordando la memoria litúrgica de San Agustín el viernes 28 de agosto, León XIV se inspira en las palabras del santo de Hipona sobre la paz, que comparó «con el pan milagroso que creció en las manos de los discípulos al partirlo y distribuirlo». Su invitación es a seguir orando por la paz. En el vídeo de Vatican News se visualiza y escucha la meditación del Santo Padre traducida al español, cuyo texto completo es el siguiente:  

PAPA LEÓN XIV

ÁNGELUS

Plaza de la Libertad (Castel Gandolfo)

XXII Domingo del Tiempo ordinario, 30 de agosto de 2026

Queridos hermanos y hermanas, ¡buen día y feliz domingo!

Hoy el Evangelio nos habla de Jesús, que revela a sus discípulos el Misterio de su pascua inminente: el Mesías —dice— «tenía que ir a Jerusalén y padecer allí mucho por parte de los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, y que tenía que ser ejecutado y resucitar al tercer día» (Mt 16,21).

Esta afirmación está muy lejos de lo que esperaban de un Mesías triunfante y poderoso, con cuya ayuda derrotarían y humillarían a sus enemigos (cf. Sal 108,14). Ya habían tenido el modo, en el tiempo transcurrido con Él, de maravillarse de muchos de sus gestos y palabras. Pero este último mensaje, fue más allá de toda perspectiva. Pedro, particularmente, manifiesta su desacuerdo y comienza a reprender a Jesús diciéndole: «“¡Lejos de ti tal cosa, Señor! Eso no puede pasarte”» (v. 22).

Apenas hacía un instante que había reconocido en Él al «Mesías, el Hijo del Dios vivo» (v. 16). Ahora en cambio, sorprendido y quizá decepcionado de lo que había escuchado, en contraste con la hermosa profesión de fe que acababa de pronunciar, lo reprende. Parecería que le dice: “sí, creo que tú eres el Mesías, pero ese no es el modo de salvar al mundo”. Es un impulso de fervor, sin duda motivado por un amor sincero que, sin embargo, nos hace reflexionar.

Tampoco para nosotros, es siempre fácil entender y aceptar los caminos de Dios, especialmente cuando están muy alejados de los nuestros. Entonces las tentaciones son, contra toda lógica de fe, pensar que sea el Señor el que se equivoca o, peor aún, el que no nos escucha o no se interesa por nosotros. Frente a esta incertidumbre Pedro, aun dentro de su impulsividad, nos enseña dos cosas importantes.

La primera es la de no interrumpir nunca, ni siquiera en estos momentos, el diálogo con el Señor; más bien, manifestarle con confianza nuestra dificultad para comprender lo que nos pide.

La segunda es la de no juzgar nunca el obrar de Dios, sino más bien, ponernos a la escucha, con humildad, en la oración, de lo que nos está revelando a través de su accionar, aun cuando no corresponde a nuestras expectativas.

Y la grandeza del primero de los apóstoles se manifiesta también en esto.

Jesús le responde: «¡Ponte detrás de mí, Satanás!» (v. 23), y les explica, a él y a los otros discípulos que, para seguir sus huellas, deberán negarse a sí mismos, tomar su cruz y seguirlo (cf. v. 24). Pedro lo hará después de haberlo escuchado, asumirá el desafío y permanecerá fiel a las palabras del Cristo, al que ha reconocido como su redentor, por toda la existencia, hasta el martirio. 

Pidamos entonces al Señor que también nosotros tengamos en nuestra vida de fe y en nuestra oración, la misma sinceridad de Pedro, diciéndole con humildad lo que sentimos realmente, aun cuando el corazón está confuso; y, al mismo tiempo, que sepamos cultivar su docilidad, aceptando aquello que nos pide más allá de nuestras expectativas.

Que nos ayude María, que fue obediente a los designios de Dios permaneciendo de pie junto a la cruz de su hijo Jesús.

Oración del Ángelus:  

Angelus Dómini nuntiávit Mariæ.

Et concépit de Spíritu Sancto.

Ave Maria…


Ecce ancílla Dómini.

Fiat mihi secúndum verbum tuum.

Ave Maria…


Et Verbum caro factum est.

Et habitávit in nobis.

Ave Maria…


Ora pro nobis, sancta Dei génetrix.

Ut digni efficiámur promissiónibus Christi.


Orémus.

Grátiam tuam, quǽsumus, Dómine,

méntibus nostris infunde;

ut qui, Ángelo nuntiánte, Christi Fílii tui incarnatiónem cognóvimus, per passiónem eius et crucem, ad resurrectiónis glóriam perducámur. Per eúndem Christum Dóminum nostrum.


Amen.


Gloria Patri… (ter)

Requiem aeternam…


Benedictio Apostolica seu Papalis


Dominus vobiscum.Et cum spiritu tuo.

Sit nomen Benedicat vos omnipotens Deus,

Pa ter, et Fi lius, et Spiritus Sanctus.


Amen.



Después de la oración mariana del Ángelus el Papa ha dicho:


Queridos hermanos y hermanas:


Nos llegan desde Haití noticias dramáticas sobre la grave masacre perpetrada en Kenscoff, en la que han perdido la vida numerosas personas, mientras que otras han sido secuestradas. Expreso mi solidaridad y la oración con las víctimas y sus familiares, y pido que se libere sin demora a todos los rehenes. Dirijo un sincero llamamiento a todos los responsables para que se comprometan de forma concreta a garantizar la seguridad de la población y a poner fin a toda forma de violencia.


Aseguro mis oraciones a los afectados por la terrible inundación que se ha producido en Nepal y el Tíbet. Recemos por quienes han perdido la vida, por los heridos y los desaparecidos, por las familias y por los equipos de rescate. Que los gestos de solidaridad contribuyan a aliviar el sufrimiento y a llevar la ayuda necesaria a la población.


Sigamos rezando por la paz. San Agustín, cuya memoria hemos celebrado estos días, decía que «la paz es semejante a aquel pan que se multiplicaba en las manos de los discípulos del Señor cuando ellos lo partían y repartían» (Sermón 357, 2). Que aumenten en el mundo aquellos que, con valentía, parten y reparten el pan de la paz, superando las divisiones, promoviendo la justicia y practicando el perdón, por el bien de todos.


El martes celebraremos el Día Mundial de Oración por el Cuidado de la Creación. Este día marca el inicio del Tiempo de la Creación — que celebran los cristianos de diversas confesiones— y cuyo tema este año es “Agua Viva”. Como recordé en el mensaje para este día, cuidar de nuestra casa común exige una conversión del corazón, para que aquello que se ha utilizado para causar destrucción pueda, en cambio, orientarse hacia la vida. Invito a todos a unirse en la oración y en la acción, para que podamos convertirnos en canales del agua viva de la paz de Dios, que refresca nuestro mundo herido.


¡Saludo a todos ustedes, fieles de Castel Gandolfo y peregrinos de diversos países! Doy la bienvenida, en particular, a los participantes en la carrera benéfica “Run to Rome”, a los jóvenes que han recorrido la Vía Lucis itinerante, al grupo de devotos de la Virgen de los Milagros de Corbetta y a los motociclistas presentes con motivo de su tradicional encuentro anual.


Doy las gracias a las fuerzas del orden y a todos aquellos que han contribuido a mi estancia veraniega aquí, en Castel Gandolfo, así como al servicio de seguridad que ha colaborado durante los encuentros con los peregrinos. Muchas gracias.


Envío mi cordial saludo a los fieles que siguen el Ángelus desde la Plaza de San Pedro.


¡Les deseo a todos un feliz domingo!


Papa León XIV



Fotos: Vatican Media, 30-8-2026

Papa León XIV en homilía del domingo, en Castel Gandolfo, 29-8-2026: «Solo el amor salva; el que Dios nos mostró muriendo y resucitando y aquel con el que nosotros nos ofrecemos humildemente a Él y a los hermanos»

* «Cualquiera que sea la herida, cualquiera que sea la ofensa, ¡no permitamos que el mal desfigure nuestra humanidad y nos corrompa el corazón! No nos conformemos con la mentalidad del mundo. Sigamos amando, dando, perdonando, ofreciéndonos ‘como sacrificio vivo, santo y agradable a Dios’, para preservar y hacer crecer, en nosotros y en los demás, la dignidad infinita de la imagen divina que llevamos en el alma. Y no nos desanimemos si es difícil: nuestra fuerza está en el Señor y, con su ayuda, todo es posible»

Vídeo de la transmisión en directo de Vatican News, traducido al español, con la homilía del Papa León XIV 

* «El rito de la procesión sobre el lago, que realizaremos dentro de poco, nos recuerda también otro milagro de Jesús, ocurrido poco antes de los hechos que hemos escuchado, cuando el Maestro, en el Lago de Tiberíades, alcanzó a los discípulos asustados caminando sobre las aguas y los condujo hasta la orilla calmando la tempestad. Precisamente cuando estaban más asustados, a merced de los vientos contrarios, los exhortó a tener fe y a orar, para recuperar la paz y, junto con Él, continuar navegando hacia la meta deseada»


Camino Católico.- “‘Si alguno quiere venir detrás de mí, que se niegue a sí mismo, tome su cruz y me siga’. Jesús revela, así, que solo el amor salva. El amor que Dios nos mostró haciéndose hombre, muriendo y resucitando por nosotros y, como respuesta, aquel con el que también nosotros nos ofrecemos humildemente a Él y a los hermanos: en la fidelidad constante de la caridad de cada día, así como en los gestos más extraordinarios, hasta el martirio, a veces, como lamentablemente sucede también hoy a muchos cristianos en diversas partes de la tierra”, ha subrayado en su homilía el Papa León XIV al presidir la tarde de este sábado 29 de agosto la Santa Misa de vigilia del XXII domingo del Tiempo Ordinario y votiva, "Virgen María, fuente de la salvación", en la iglesia de María Santísima del Lago, en Castel Gandolfo, consagrada por san Pablo VI el 15 de agosto de 1977, antes de participar en la procesión por las aguas del lago Albano con la imagen mariana.


El Papa ha evocado además una enseñanza de San Agustín para invitar a los fieles a sembrar el amor de Dios “sin cansarnos, sin medida”. León XIV reconoce que la lógica del Evangelio puede resultar incomprensible para una mentalidad que mide la fortaleza en términos de imposición, respuesta o venganza. “Lamentablemente, no todos comprenden la belleza, la bondad y la concreción de este sueño del Creador; es más, muchos piensan que es una utopía”, señala.



“Poner la otra mejilla —dicen— es de perdedores, dar frente al rechazo es de ingenuos, perdonar sin límites es de débiles”. Sin embargo, recuerda que incluso el apóstol Pedro tuvo dificultades para comprender esta nueva manera de pensar. Pero Jesús permanece categórico: solo el camino del amor es el camino de la vida”, agrega León XIV.



“Queridos hermanos y hermanas, tenemos tanta necesidad de vida, de esperanza, de serenidad, de paz, en nosotros mismos, en nuestras ciudades, entre los pueblos y las naciones”, afirma el Pontífice. A continuación, León XIV lanza una exhortación dirigida a quienes han experimentado heridas o agravios. “Por eso, cualquiera que sea la herida, cualquiera que sea la ofensa, ¡no permitamos que el mal desfigure nuestra humanidad y nos corrompa el corazón! No nos conformemos con la mentalidad del mundo”, señala.



El Papa pide, por el contrario, que “sigamos amando, dando, perdonando, ofreciéndonos ‘como sacrificio vivo, santo y agradable a Dios’, para preservar y hacer crecer, en nosotros y en los demás, la dignidad infinita de la imagen divina que llevamos en el alma”. “Y no nos desanimemos si es difícil: nuestra fuerza está en el Señor y, con su ayuda, todo es posible”, agrega.



El Santo Padre advierte de manera directa contra la tentación de responder al mal con más violencia. “No nos engañemos. El odio y la violencia no traen nada bueno, sino solo destrucción y muerte, siempre, incluso cuando son respuesta a injusticias sufridas”, afirma.



También señala que esta realidad puede verse “todos los días, desde lo pequeño de nuestra vida doméstica hasta el gran escenario del mundo”. “Todo confirma lo que Jesús nos enseñó: ‘quien quiera salvar su vida, la perderá; pero quien pierda su vida por causa mía, la encontrará’”.



Al final de su homilía, León XIV se refiere a la procesión de la Virgen del Lago, en la que la imagen mariana es llevada en una embarcación por las aguas del Lago Albano, y la relaciona con un episodio del Evangelio.


“El rito de la procesión sobre el lago, que realizaremos dentro de poco, nos recuerda también otro milagro de Jesús, ocurrido poco antes de los hechos que hemos escuchado, cuando el Maestro, en el Lago de Tiberíades, alcanzó a los discípulos asustados caminando sobre las aguas y los condujo hasta la orilla calmando la tempestad”, explica. “Precisamente cuando estaban más asustados, a merced de los vientos contrarios, los exhortó a tener fe y a orar, para recuperar la paz y, junto con Él, continuar navegando hacia la meta deseada”, añade.



El Pontífice señala que la celebración de la Eucaristía expresa también esta confianza en Dios. “Con esta fe, esta noche participamos en la Eucaristía. Sobre el altar nos ofrecemos a nosotros mismos, junto con el pan y el vino. Y el Señor une nuestras ofrendas a la suya, las consagra y nos las devuelve, transformadas en su Cuerpo y en su Sangre, para que las compartamos como alimento para el camino… Luego, como los discípulos, dejaremos juntos la orilla, llevando con nosotros la imagen de María, nuestro modelo y guía, para llevar a lo largo de las orillas del lago la bendición que hemos recibido”.



El Papa León XIV recuerda que la pequeña iglesia de María Santísima del Lago fue consagrada por San Pablo VI y forma parte de la parroquia pontificia de Santo Tomás de Villanueva. “Estoy feliz de celebrar con ustedes la Fiesta de la Virgen del Lago, como ya lo hicieron en el pasado algunos de mis predecesores: San Pablo VI, que deseó y apoyó la construcción de esta iglesia dedicada a María y la consagró, y San Juan Pablo II, que aquí quiso recordar su memoria y renovar su mensaje”, señala.


Finalmente, León XIV invita a los fieles a permanecer unidos a Cristo y a la Virgen María, especialmente en medio de las dificultades del mundo. “Acerquémonos esta noche, a Jesús y a María, al Hijo y a la Madre, para ser, unidos, no solo sobre el lago, sino en todas las noches del mundo, un reflejo sereno de la presencia de Dios y un eco irresistible de su amor que invita a amar”.



Al terminar la Misa, se ha iniciado la tradicional procesión presidida por el Papa León XIV. La Virgen fue llevada en andas desde el templo hasta la orilla del lago, donde fue embarcada para realizar un recorrido de unos 25 minutos por sus aguas. Una decena de barcas, canoas y lanchas acompañaron la jornada de oración, y numerosos fieles. La celebración ha concluido con el regreso de la imagen y la bendición final del Pontífice. En el vídeo de Vatican News se visualiza y escucha la homilía del Papa, cuyo texto completo es el siguiente:


Santa Misa del XXII domingo del Tiempo Ordinario y procesión de la Virgen del Lago 


Iglesia de María Santísima del lago, Castel Gandolfo


HOMILÍA DE SU SANTIDAD LEÓN XIV


Sábado, 29 de agosto de 2026


Queridos hermanos y hermanas,


Me complace celebrar con ustedes la Fiesta de Nuestra Señora del Lago, como lo hicieron algunos de mis predecesores: San Pablo VI, quien deseó y apoyó la construcción de esta iglesia dedicada a María y la consagró, y San Juan Pablo II, quien quiso conmemorarla aquí y renovar su mensaje.


La Liturgia de la Palabra nos ofrece textos que armonizan bien con esta celebración tradicional.


En la primera lectura, el profeta Jeremías nos habla de su irresistible necesidad de responder al llamado que ha recibido: «Me has seducido, Señor», dice, «y fui seducido [...]. En mi corazón ardía como un fuego [...]; intenté contenerlo, pero no pude» (Jer 20,7, 9). Dios le reveló que lo había conocido y elegido desde el vientre de su madre (cf. ibíd. 1:5), y que ama a su pueblo con un amor eterno (cf. ibíd. 31:3); le habló de su plan de salvación, y ya no puede guardar silencio. Siente un impulso irrefrenable de llevar su mensaje a todos, aun sabiendo que esto implicará decir y hacer cosas que a muchos no les gustarán, enfrentando sufrimiento e incomprensión, hasta el punto de convertirse en objeto de burla constante (v. 7). Pero el amor lo impulsa a actuar por el bien de su pueblo, sin concesiones, hasta el final.


Esto es lo que Jesús también nos enseña en el Evangelio. Recientemente alimentó a cinco mil hombres con cinco panes y dos peces (cf. Mt 14:15-21), y luego a otros cuatro mil con siete panes y unos pocos peces pequeños (cf. Mt 15:32-38). Ahora bien, más allá del éxito alcanzado con esos gestos, Jesús explica a sus discípulos el significado mesiánico de su obra: les revela que debe «ir a Jerusalén y sufrir mucho a manos de los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas; ser crucificado y resucitar al tercer día» (Mt 16,21).


Jesús explica cómo, tras los numerosos milagros que ha realizado, manifestará definitivamente su gloria: sacrificando voluntariamente su vida (cf. Jn 10,17-18) y ofreciéndose en la cruz como pan partido. Y especifica que quien desee continuar su misión debe hacer lo mismo: «Si alguno quiere venir en pos de mí», nos dice, «niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame» (v. 24).


De este modo, Jesús revela que solo el amor salva. El amor que Dios nos mostró al hacerse hombre, morir y resucitar por nosotros, y, en respuesta, el amor con el que humildemente nos ofrecemos a Él y a nuestros hermanos y hermanas: en la fiel constancia de la caridad diaria, así como en los gestos más extraordinarios, incluso hasta el martirio, como lamentablemente les sucede aún hoy a muchos cristianos en diversas partes del mundo.


San Agustín dijo que «la alegría del segador [...] demuestra la intención del sembrador» (Sermón 330, 2), y deseamos hacer nuestros sus sentimientos: con la ayuda de Dios, queremos sembrar las semillas de su infinita caridad por todo el mundo, incansablemente, sin medida, para que hoy y siempre alguien pueda regocijarse al recoger sus frutos.


Lamentablemente, no todos comprenden la belleza, la bondad y la concreción de este sueño del Creador; de hecho, muchos lo consideran una utopía. Poner la otra mejilla (cf. Mt 5,39) —dicen— es de perdedores; dar ante el rechazo es ingenuo; perdonar sin límites (cf. Mt 18,21-22) es de débiles. No es de extrañar. Incluso a Pedro le costó aceptar esta nueva y diferente forma de pensar (cf. Mt 16,22). Pero Jesús se mantiene categórico: solo el camino del amor es el camino de la vida.


No nos engañemos. El odio y la violencia no traen nada bueno, sino solo destrucción y muerte, siempre, incluso cuando son respuesta a injusticias sufridas. Lo vemos a diario, desde la pequeñez de nuestras experiencias domésticas hasta el gran escenario del mundo. Todo confirma lo que Jesús nos enseñó: «El que quiera salvar su vida, la perderá; pero el que pierda su vida por mi causa, la hallará» (Mt 16,25).


Queridos hermanos y hermanas, necesitamos con urgencia vida, esperanza, serenidad y paz: en nosotros mismos, en nuestras ciudades, entre los pueblos y las naciones. Por lo tanto, sea cual sea la herida, sea cual sea la ofensa, ¡no permitamos que el mal desfigure nuestra humanidad ni corrompa nuestros corazones! No nos conformemos a la mentalidad del mundo (cf. Rom 12,2). Sigamos amando, dando, perdonando, ofreciéndonos «como sacrificio vivo, santo y agradable a Dios» (v. 1), para preservar y aumentar, en nosotros mismos y en los demás, la infinita dignidad de la imagen divina que llevamos en nuestras almas. Y no nos desanimemos si es difícil: nuestra fuerza está en el Señor, y con su ayuda todo es posible (cf. Fl 4,13).


El rito de la procesión en el lago, que pronto realizaremos, también nos recuerda esto. Evoca otro milagro de Jesús, ocurrido poco antes de los acontecimientos que hemos escuchado, cuando el Maestro, en el mar de Galilea, llegó hasta los discípulos asustados caminando sobre las aguas y los condujo a la orilla, calmando la tempestad (cf. Mt 8,23-27). Precisamente cuando estaban más asustados, a merced de vientos contrarios, los exhortó a tener fe, a orar, a encontrar la paz y, junto con él, a seguir navegando hacia su destino.


Con esta fe, esta tarde participamos de la Eucaristía. En el altar, nos entregamos, junto con el pan y el vino. Y el Señor une nuestras ofrendas a las suyas, las consagra y nos las devuelve, transformadas en su Cuerpo y Sangre, para que las compartamos como alimento para el camino. Entonces, como los discípulos, partiremos juntos de la orilla, llevando con nosotros la imagen de María, nuestro modelo y guía, para llevar a lo largo de las orillas del lago la bendición que hemos recibido.


Estos son gestos sencillos con los que renovamos nuestra confianza en Dios y nuestra devoción filial a su Santísima Madre. Y son aún más conmovedores porque son posibles —como le gustaba recordar a san Pablo VI— gracias al cuidado con que la pequeña comunidad que vive aquí protege este lugar de paz durante todo el año, para que en momentos solemnes todo el pueblo de Dios pueda reunirse allí, como María, que acogió en su seno y en la casa de Nazaret al Hijo de Dios hecho hombre, para que su salvación alcanzara a todos.


Así, este lugar de devoción mariana se convierte también en signo de cómo la Iglesia se esfuerza, día a día, por hacernos un solo cuerpo: en la oración, en los sentimientos, en las resoluciones, en el desarrollo ordenado y unánime de nuestra comunión. Es, asimismo, símbolo del amor con el que el Señor, por medio de su Santísima Madre, quiso acercarse a nosotros como a uno más, hasta fundirse con la gran multitud de nuestra humanidad (cf. Homilía de la Solemnidad de la Asunción de la Bienaventurada Virgen María, 15 de agosto de 1977).


Reunámonos, pues, esta noche, en torno a Jesús y María, en torno al Hijo y la Madre, para que, unidos, no solo en el lago sino durante todas las noches del mundo, seamos un reflejo reconfortante de la presencia de Dios y un eco irresistible de su amor que nos invita a amar.


PAPA LEÓN XIV

Fotos: Vatican Media, 29-8-2026