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martes, 1 de septiembre de 2026

Papa León XIV en homilía, en Castel Gandolfo, 1-9-2026: «Pongamos en “modalidad silenciosa” todos los ruidos para escuchar la voz melodiosa de la creación, en la que Dios, autor de todas las cosas, nos habla»

* «Admirar asombrados las aves del cielo y los lirios del campo, preciosos a los ojos del Creador, nos conduce a comprender qué grande es el amor de Dios por nosotros. Si el Señor no deja de otorgar espléndida belleza y de proveer lo necesario a plantas y animales, ¡cuánto más estará atento a las exigencias de sus amados hijos e hijas!»

Vídeo de la transmisión en directo de Vatican News, traducido al español, con la homilía del Papa León XIV 

* «De la contemplación de la creación y del encuentro con el Creador nace la conciencia de nuestro lugar especial en el maravilloso plan de Dios y de nuestra responsabilidad personal y colectiva en el cuidado de la armonía original. Así, de la toma de conciencia de nuestras faltas y de nuestros errores, nace un compromiso renovado por restaurar las relaciones entre las criaturas según la voluntad de su Artífice» 

1 de septiembre de 2026.- (Camino Católico) “Pongamos en ‘modalidad silenciosa’ todos los ruidos de las tareas humanas para escuchar la voz melodiosa de la creación, en la que Dios, autor de todas las cosas, nos habla”, es la exhortación que emana del libro de la Sabiduría y de las lecturas de esta jornada, como “alzar la mirada para contemplar los cielos que narran la gloria de Dios” que propone el Salmo 18 o la invitación de Mateo contemplar la creación, “subrayando el amor especial del Señor por el ser humano”. Así ha reflexionado en su homilía, el Papa León XIV, en la misa por la Jornada Mundial por el Cuidado de la Creación, celebrada, esta tarde, en los Jardines del “Borgo Laudato si’, en la Villa Pontificia de Castel Gandolfo.

Para León XIV, “no es aún demasiado tarde” para esa conversión a la que estamos llamados, esa llamada de Isaías, “con sus espadas forjarán arados”, que dan el título al mensaje de la jornada es una exhortación a “transformar la herida en vida”. Como lo retoma el Papa de su mensaje: “Lo que ha sido utilizado para la destrucción puede ser redirigido hacia la vida: al cuidado de los pobres, al sustento alimentario de los hambrientos y al cuidado de la creación”.

Al concluir, el Santo Padre recuerda que el “Tiempo de la creación” que comienza hoy concluye, el 4 de octubre, que este año asume un carácter especial al celebrarse el octavo centenario del Tránsito de san Francisco de Asís, quien inspiró la Carta encíclica Laudato si’ y la creación del Borgo en Castel Gandolfo, de su predecesor Francisco.

Y tras elevar el Cántico de alabanza del Santo de Asís, el Papa concluye su homilía invitando a renovar, con San Francisco,“nuestro compromiso de vivir y promover esa fraternidad universal que está inseparablemente unida al deber de cuidar la creación”. En el vídeo de Vatican News se visualiza y escucha la homilía del Papa, cuyo texto completo es el siguiente:


SANTA MISA POR LA CUSTODIA DE LA CREACIÓN


HOMILÍA DEL SANTO PADRE LEÓN XIV


Borgo Laudato si’, Castel Gandolfo

Martes, 1.° de septiembre de 2026



Queridos hermanos y hermanas:

En las lecturas elegidas para la liturgia de hoy, Jornada Mundial de Oración por el Cuidado de la Creación, se nos presentan dos invitaciones a contemplar las obras del Señor, ejercicio que ciertamente no nos resulta difícil en el contexto de estos maravillosos jardines.

El libro de la Sabiduría nos exhorta a contemplar la belleza y el poder de la creación para ser capaces de reconocer al Artífice (cf. Sb 13,1-9). Es superficial detenerse en la contemplación del fuego, del viento, del agua impetuosa o de las estrellas del cielo sin elevarse al Creador de tantas maravillas.

El Salmo 18 nos exhorta a alzar la mirada para contemplar los cielos que narran la gloria de Dios y el firmamento que anuncia la obra de sus manos. Toda la creación nos habla de la grandeza del Creador, siempre y cuando la mirada y el corazón se abran a tan grande misterio.

También el texto evangélico de Mateo (cf. Mt 6,24-34) nos invita a la contemplación de la creación, subrayando el amor especial del Señor por el ser humano. Admirar asombrados las aves del cielo y los lirios del campo, preciosos a los ojos del Creador, nos conduce a comprender qué grande es el amor de Dios por nosotros. Si el Señor no deja de otorgar espléndida belleza y de proveer lo necesario a plantas y animales, ¡cuánto más estará atento a las exigencias de sus amados hijos e hijas!

Esta tarde, mientras acogemos la invitación a detenernos y a reflexionar ante las obras de Dios, damos inicio al “Tiempo de la creación”, período de cinco semanas dedicadas a la oración y al compromiso por el cuidado de la “casa común”. Por eso, en esta Jornada, y en los próximos días, hagamos algunos minutos de pausa del ajetreo de las actividades cotidianas para gustar la gran armonía de la que formamos parte. Pongamos en “modalidad silenciosa” todos los ruidos de las tareas humanas para escuchar la voz melodiosa de la creación, en la que Dios, autor de todas las cosas, nos habla.

Este ejercicio contemplativo, que favorece el encuentro con el Señor, constituye un primer paso hacia una «auténtica conversión ecológica, donde los efectos de nuestro encuentro con Jesucristo se hacen evidentes en nuestra relación con el mundo que nos rodea» (Mensaje para la XI Jornada Mundial de Oración por el Cuidado de la Creación).

De la contemplación de la creación y del encuentro con el Creador nace la conciencia de nuestro lugar especial en el maravilloso plan de Dios y de nuestra responsabilidad personal y colectiva en el cuidado de la armonía original. Así, de la toma de conciencia de nuestras faltas y de nuestros errores, nace un compromiso renovado por restaurar las relaciones entre las criaturas según la voluntad de su Artífice.

Por eso, el Mensaje de esta Jornada retoma la llamada del «adagio profético “con sus espadas forjarán arados” (Is 2,4) […] a transformar la herida en vida». No es aún demasiado tarde, y el Tiempo de la Creación nos llama a una profunda conversión: «Lo que ha sido utilizado para la destrucción puede ser redirigido hacia la vida: al cuidado de los pobres, al sustento alimentario de los hambrientos y al cuidado de la creación» (ibíd.).

El tiempo que comenzamos hoy concluirá el próximo 4 de octubre, día en el que celebraremos el octavo centenario del Tránsito de san Francisco de Asís. En él se inspiró de modo particular el Papa Francisco para escribir su Carta encíclica Laudato si’ y para dar vida a este Borgo que nos acoge.

Unámonos por tanto espiritualmente al Pobrecillo de Asís haciendo nuestro su Cántico de alabanza:

«Loado seas, mi Señor, con todas tus criaturas,
especialmente el señor hermano sol […].
Loado seas, mi Señor, por la hermana luna y las estrellas […].
Loado seas, mi Señor, por el hermano viento […].
Loado seas, mi Señor, por la hermana agua […].
Loado seas, mi Señor, por el hermano fuego […].
Loado seas, mi Señor, por nuestra hermana la madre tierra,
la cual nos sustenta y gobierna».

Con san Francisco queremos renovar nuestro compromiso de vivir y promover esa fraternidad universal que está inseparablemente unida al deber de cuidar la creación.

PAPA LEÓN XIV

Fotos: Vatican Media, 1-9-2026

Santa Misa de hoy, martes, por la Custodia de la Creación, presidida por el Papa León XIV, en Castel Gandolfo, 1-9-2026

Foto: Vatican Media, 1-9-2026


1 de septiembre de 2026.- (Camino Católico) El Papa León XIV, ha celebrado la misa por la Jornada Mundial por el Cuidado de la Creación, esta tarde, en los Jardines del “Borgo Laudato si’, en la Villa Pontificia de Castel Gandolfo. En su homilía ha exhortado: “Pongamos en ‘modalidad silenciosa’ todos los ruidos de las tareas humanas para escuchar la voz melodiosa de la creación, en la que Dios, autor de todas las cosas, nos habla”. En el vídeo de Vatican News se visualiza y escucha toda la celebración.


domingo, 30 de agosto de 2026

Papa León XIV en homilía del domingo, en Castel Gandolfo, 29-8-2026: «Solo el amor salva; el que Dios nos mostró muriendo y resucitando y aquel con el que nosotros nos ofrecemos humildemente a Él y a los hermanos»

* «Cualquiera que sea la herida, cualquiera que sea la ofensa, ¡no permitamos que el mal desfigure nuestra humanidad y nos corrompa el corazón! No nos conformemos con la mentalidad del mundo. Sigamos amando, dando, perdonando, ofreciéndonos ‘como sacrificio vivo, santo y agradable a Dios’, para preservar y hacer crecer, en nosotros y en los demás, la dignidad infinita de la imagen divina que llevamos en el alma. Y no nos desanimemos si es difícil: nuestra fuerza está en el Señor y, con su ayuda, todo es posible»

Vídeo de la transmisión en directo de Vatican News, traducido al español, con la homilía del Papa León XIV 

* «El rito de la procesión sobre el lago, que realizaremos dentro de poco, nos recuerda también otro milagro de Jesús, ocurrido poco antes de los hechos que hemos escuchado, cuando el Maestro, en el Lago de Tiberíades, alcanzó a los discípulos asustados caminando sobre las aguas y los condujo hasta la orilla calmando la tempestad. Precisamente cuando estaban más asustados, a merced de los vientos contrarios, los exhortó a tener fe y a orar, para recuperar la paz y, junto con Él, continuar navegando hacia la meta deseada»


Camino Católico.- “‘Si alguno quiere venir detrás de mí, que se niegue a sí mismo, tome su cruz y me siga’. Jesús revela, así, que solo el amor salva. El amor que Dios nos mostró haciéndose hombre, muriendo y resucitando por nosotros y, como respuesta, aquel con el que también nosotros nos ofrecemos humildemente a Él y a los hermanos: en la fidelidad constante de la caridad de cada día, así como en los gestos más extraordinarios, hasta el martirio, a veces, como lamentablemente sucede también hoy a muchos cristianos en diversas partes de la tierra”, ha subrayado en su homilía el Papa León XIV al presidir la tarde de este sábado 29 de agosto la Santa Misa de vigilia del XXII domingo del Tiempo Ordinario y votiva, "Virgen María, fuente de la salvación", en la iglesia de María Santísima del Lago, en Castel Gandolfo, consagrada por san Pablo VI el 15 de agosto de 1977, antes de participar en la procesión por las aguas del lago Albano con la imagen mariana.


El Papa ha evocado además una enseñanza de San Agustín para invitar a los fieles a sembrar el amor de Dios “sin cansarnos, sin medida”. León XIV reconoce que la lógica del Evangelio puede resultar incomprensible para una mentalidad que mide la fortaleza en términos de imposición, respuesta o venganza. “Lamentablemente, no todos comprenden la belleza, la bondad y la concreción de este sueño del Creador; es más, muchos piensan que es una utopía”, señala.



“Poner la otra mejilla —dicen— es de perdedores, dar frente al rechazo es de ingenuos, perdonar sin límites es de débiles”. Sin embargo, recuerda que incluso el apóstol Pedro tuvo dificultades para comprender esta nueva manera de pensar. Pero Jesús permanece categórico: solo el camino del amor es el camino de la vida”, agrega León XIV.



“Queridos hermanos y hermanas, tenemos tanta necesidad de vida, de esperanza, de serenidad, de paz, en nosotros mismos, en nuestras ciudades, entre los pueblos y las naciones”, afirma el Pontífice. A continuación, León XIV lanza una exhortación dirigida a quienes han experimentado heridas o agravios. “Por eso, cualquiera que sea la herida, cualquiera que sea la ofensa, ¡no permitamos que el mal desfigure nuestra humanidad y nos corrompa el corazón! No nos conformemos con la mentalidad del mundo”, señala.



El Papa pide, por el contrario, que “sigamos amando, dando, perdonando, ofreciéndonos ‘como sacrificio vivo, santo y agradable a Dios’, para preservar y hacer crecer, en nosotros y en los demás, la dignidad infinita de la imagen divina que llevamos en el alma”. “Y no nos desanimemos si es difícil: nuestra fuerza está en el Señor y, con su ayuda, todo es posible”, agrega.



El Santo Padre advierte de manera directa contra la tentación de responder al mal con más violencia. “No nos engañemos. El odio y la violencia no traen nada bueno, sino solo destrucción y muerte, siempre, incluso cuando son respuesta a injusticias sufridas”, afirma.



También señala que esta realidad puede verse “todos los días, desde lo pequeño de nuestra vida doméstica hasta el gran escenario del mundo”. “Todo confirma lo que Jesús nos enseñó: ‘quien quiera salvar su vida, la perderá; pero quien pierda su vida por causa mía, la encontrará’”.



Al final de su homilía, León XIV se refiere a la procesión de la Virgen del Lago, en la que la imagen mariana es llevada en una embarcación por las aguas del Lago Albano, y la relaciona con un episodio del Evangelio.


“El rito de la procesión sobre el lago, que realizaremos dentro de poco, nos recuerda también otro milagro de Jesús, ocurrido poco antes de los hechos que hemos escuchado, cuando el Maestro, en el Lago de Tiberíades, alcanzó a los discípulos asustados caminando sobre las aguas y los condujo hasta la orilla calmando la tempestad”, explica. “Precisamente cuando estaban más asustados, a merced de los vientos contrarios, los exhortó a tener fe y a orar, para recuperar la paz y, junto con Él, continuar navegando hacia la meta deseada”, añade.



El Pontífice señala que la celebración de la Eucaristía expresa también esta confianza en Dios. “Con esta fe, esta noche participamos en la Eucaristía. Sobre el altar nos ofrecemos a nosotros mismos, junto con el pan y el vino. Y el Señor une nuestras ofrendas a la suya, las consagra y nos las devuelve, transformadas en su Cuerpo y en su Sangre, para que las compartamos como alimento para el camino… Luego, como los discípulos, dejaremos juntos la orilla, llevando con nosotros la imagen de María, nuestro modelo y guía, para llevar a lo largo de las orillas del lago la bendición que hemos recibido”.



El Papa León XIV recuerda que la pequeña iglesia de María Santísima del Lago fue consagrada por San Pablo VI y forma parte de la parroquia pontificia de Santo Tomás de Villanueva. “Estoy feliz de celebrar con ustedes la Fiesta de la Virgen del Lago, como ya lo hicieron en el pasado algunos de mis predecesores: San Pablo VI, que deseó y apoyó la construcción de esta iglesia dedicada a María y la consagró, y San Juan Pablo II, que aquí quiso recordar su memoria y renovar su mensaje”, señala.


Finalmente, León XIV invita a los fieles a permanecer unidos a Cristo y a la Virgen María, especialmente en medio de las dificultades del mundo. “Acerquémonos esta noche, a Jesús y a María, al Hijo y a la Madre, para ser, unidos, no solo sobre el lago, sino en todas las noches del mundo, un reflejo sereno de la presencia de Dios y un eco irresistible de su amor que invita a amar”.



Al terminar la Misa, se ha iniciado la tradicional procesión presidida por el Papa León XIV. La Virgen fue llevada en andas desde el templo hasta la orilla del lago, donde fue embarcada para realizar un recorrido de unos 25 minutos por sus aguas. Una decena de barcas, canoas y lanchas acompañaron la jornada de oración, y numerosos fieles. La celebración ha concluido con el regreso de la imagen y la bendición final del Pontífice. En el vídeo de Vatican News se visualiza y escucha la homilía del Papa, cuyo texto completo es el siguiente:


Santa Misa del XXII domingo del Tiempo Ordinario y procesión de la Virgen del Lago 


Iglesia de María Santísima del lago, Castel Gandolfo


HOMILÍA DE SU SANTIDAD LEÓN XIV


Sábado, 29 de agosto de 2026


Queridos hermanos y hermanas,


Me complace celebrar con ustedes la Fiesta de Nuestra Señora del Lago, como lo hicieron algunos de mis predecesores: San Pablo VI, quien deseó y apoyó la construcción de esta iglesia dedicada a María y la consagró, y San Juan Pablo II, quien quiso conmemorarla aquí y renovar su mensaje.


La Liturgia de la Palabra nos ofrece textos que armonizan bien con esta celebración tradicional.


En la primera lectura, el profeta Jeremías nos habla de su irresistible necesidad de responder al llamado que ha recibido: «Me has seducido, Señor», dice, «y fui seducido [...]. En mi corazón ardía como un fuego [...]; intenté contenerlo, pero no pude» (Jer 20,7, 9). Dios le reveló que lo había conocido y elegido desde el vientre de su madre (cf. ibíd. 1:5), y que ama a su pueblo con un amor eterno (cf. ibíd. 31:3); le habló de su plan de salvación, y ya no puede guardar silencio. Siente un impulso irrefrenable de llevar su mensaje a todos, aun sabiendo que esto implicará decir y hacer cosas que a muchos no les gustarán, enfrentando sufrimiento e incomprensión, hasta el punto de convertirse en objeto de burla constante (v. 7). Pero el amor lo impulsa a actuar por el bien de su pueblo, sin concesiones, hasta el final.


Esto es lo que Jesús también nos enseña en el Evangelio. Recientemente alimentó a cinco mil hombres con cinco panes y dos peces (cf. Mt 14:15-21), y luego a otros cuatro mil con siete panes y unos pocos peces pequeños (cf. Mt 15:32-38). Ahora bien, más allá del éxito alcanzado con esos gestos, Jesús explica a sus discípulos el significado mesiánico de su obra: les revela que debe «ir a Jerusalén y sufrir mucho a manos de los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas; ser crucificado y resucitar al tercer día» (Mt 16,21).


Jesús explica cómo, tras los numerosos milagros que ha realizado, manifestará definitivamente su gloria: sacrificando voluntariamente su vida (cf. Jn 10,17-18) y ofreciéndose en la cruz como pan partido. Y especifica que quien desee continuar su misión debe hacer lo mismo: «Si alguno quiere venir en pos de mí», nos dice, «niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame» (v. 24).


De este modo, Jesús revela que solo el amor salva. El amor que Dios nos mostró al hacerse hombre, morir y resucitar por nosotros, y, en respuesta, el amor con el que humildemente nos ofrecemos a Él y a nuestros hermanos y hermanas: en la fiel constancia de la caridad diaria, así como en los gestos más extraordinarios, incluso hasta el martirio, como lamentablemente les sucede aún hoy a muchos cristianos en diversas partes del mundo.


San Agustín dijo que «la alegría del segador [...] demuestra la intención del sembrador» (Sermón 330, 2), y deseamos hacer nuestros sus sentimientos: con la ayuda de Dios, queremos sembrar las semillas de su infinita caridad por todo el mundo, incansablemente, sin medida, para que hoy y siempre alguien pueda regocijarse al recoger sus frutos.


Lamentablemente, no todos comprenden la belleza, la bondad y la concreción de este sueño del Creador; de hecho, muchos lo consideran una utopía. Poner la otra mejilla (cf. Mt 5,39) —dicen— es de perdedores; dar ante el rechazo es ingenuo; perdonar sin límites (cf. Mt 18,21-22) es de débiles. No es de extrañar. Incluso a Pedro le costó aceptar esta nueva y diferente forma de pensar (cf. Mt 16,22). Pero Jesús se mantiene categórico: solo el camino del amor es el camino de la vida.


No nos engañemos. El odio y la violencia no traen nada bueno, sino solo destrucción y muerte, siempre, incluso cuando son respuesta a injusticias sufridas. Lo vemos a diario, desde la pequeñez de nuestras experiencias domésticas hasta el gran escenario del mundo. Todo confirma lo que Jesús nos enseñó: «El que quiera salvar su vida, la perderá; pero el que pierda su vida por mi causa, la hallará» (Mt 16,25).


Queridos hermanos y hermanas, necesitamos con urgencia vida, esperanza, serenidad y paz: en nosotros mismos, en nuestras ciudades, entre los pueblos y las naciones. Por lo tanto, sea cual sea la herida, sea cual sea la ofensa, ¡no permitamos que el mal desfigure nuestra humanidad ni corrompa nuestros corazones! No nos conformemos a la mentalidad del mundo (cf. Rom 12,2). Sigamos amando, dando, perdonando, ofreciéndonos «como sacrificio vivo, santo y agradable a Dios» (v. 1), para preservar y aumentar, en nosotros mismos y en los demás, la infinita dignidad de la imagen divina que llevamos en nuestras almas. Y no nos desanimemos si es difícil: nuestra fuerza está en el Señor, y con su ayuda todo es posible (cf. Fl 4,13).


El rito de la procesión en el lago, que pronto realizaremos, también nos recuerda esto. Evoca otro milagro de Jesús, ocurrido poco antes de los acontecimientos que hemos escuchado, cuando el Maestro, en el mar de Galilea, llegó hasta los discípulos asustados caminando sobre las aguas y los condujo a la orilla, calmando la tempestad (cf. Mt 8,23-27). Precisamente cuando estaban más asustados, a merced de vientos contrarios, los exhortó a tener fe, a orar, a encontrar la paz y, junto con él, a seguir navegando hacia su destino.


Con esta fe, esta tarde participamos de la Eucaristía. En el altar, nos entregamos, junto con el pan y el vino. Y el Señor une nuestras ofrendas a las suyas, las consagra y nos las devuelve, transformadas en su Cuerpo y Sangre, para que las compartamos como alimento para el camino. Entonces, como los discípulos, partiremos juntos de la orilla, llevando con nosotros la imagen de María, nuestro modelo y guía, para llevar a lo largo de las orillas del lago la bendición que hemos recibido.


Estos son gestos sencillos con los que renovamos nuestra confianza en Dios y nuestra devoción filial a su Santísima Madre. Y son aún más conmovedores porque son posibles —como le gustaba recordar a san Pablo VI— gracias al cuidado con que la pequeña comunidad que vive aquí protege este lugar de paz durante todo el año, para que en momentos solemnes todo el pueblo de Dios pueda reunirse allí, como María, que acogió en su seno y en la casa de Nazaret al Hijo de Dios hecho hombre, para que su salvación alcanzara a todos.


Así, este lugar de devoción mariana se convierte también en signo de cómo la Iglesia se esfuerza, día a día, por hacernos un solo cuerpo: en la oración, en los sentimientos, en las resoluciones, en el desarrollo ordenado y unánime de nuestra comunión. Es, asimismo, símbolo del amor con el que el Señor, por medio de su Santísima Madre, quiso acercarse a nosotros como a uno más, hasta fundirse con la gran multitud de nuestra humanidad (cf. Homilía de la Solemnidad de la Asunción de la Bienaventurada Virgen María, 15 de agosto de 1977).


Reunámonos, pues, esta noche, en torno a Jesús y María, en torno al Hijo y la Madre, para que, unidos, no solo en el lago sino durante todas las noches del mundo, seamos un reflejo reconfortante de la presencia de Dios y un eco irresistible de su amor que nos invita a amar.


PAPA LEÓN XIV

Fotos: Vatican Media, 29-8-2026


Santa Misa del XXII domingo del Tiempo Ordinario y procesión de la Virgen del Lago, presidida por el Papa León XIV, en Castel Gandolfo, 29-8-2026


Foto: Vatican Media, 29-8-2026


Camino Católico.- Al final de la tarde de este sábado 29 de agosto, el Santo Padre ha presidido la Santa Misa de vigilia del XXII domingo del Tiempo Ordinario y votiva, "Virgen María, fuente de la salvación", en la iglesia de María Santísima del Lago, en Castel Gandolfo, consagrada por san Pablo VI el 15 de agosto de 1977, antes de participar en la procesión por las aguas del lago Albano con la imagen mariana. En su homilía, exalta el amor como camino de vida y salvación y pidió a los cristianos que no permitan que el mal «desfigure nuestra humanidad». Poner la otra mejilla no es cosa de perdedores, sino Evangelio. En el vídeo de Vatican News se visualiza y escucha toda la celebración y la procesión.


domingo, 9 de septiembre de 2012

Benedicto XVI en el Ángelus 9/9/2012: “Jesús ha venido a «abrir», a liberar, el «corazón»”

9 de septiembre de 2012.- (13 TV / Camino Católico) La Fe en Jesús proclamada y profesada, y la referencia a un importante intento de diálogo para poner fin al conflicto que aflige a Colombia, son los temas tratados por el Papa en su saludo a los peregrinos de lengua española que llegaron a Castel Gandolfo, para rezar con él la oración dominical mariana del Ángelus. La curación del sordomudo en el evangelio dominical “evoca el itinerario de conversión por el cual se llega a la confesión de la fe auténtica, proclamada con los labios y profesada en el corazón”, expresó Benedicto XVI. Y pidió: “Que la Virgen interceda para que nuestra fe no vacile”. En el vídeo se visualiza y escucha traducida al castellano la intervención integra de Benedicto XVI, cuyo texto es el siguiente:
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domingo, 2 de septiembre de 2012

Benedicto XVI en el Ángelus 2/9/2012: “Vivir en escucha de Dios para hacer su voluntad”

2 de septiembre de 2012.- (13 TV / Camino Católico) La Ley de Dios que encuentra su cumplimiento en el amor, es el tema de la liturgia de hoy ha dicho el Papa Benedicto XVI, en la reflexión previa a la oración dominical del ángelus que ha rezado con los peregrinos llegados a Castel Gandolfo al mediodía. “La Ley de Dios es su Palabra que guía la hombre en el camino de la vida, lo hace salir de la esclavitud del egoísmo y lo introduce en la “tierra” de la verdadera libertad y de la vida”, ha afirmado el Sucesor de Pedro.
Por eso en la Biblia la Ley no es vista como un peso oprimente sino como un don precioso del amor del Señor y de su cercanía. Cuando el pueblo se establece en la tierra “ciertamente, la Ley de Dios permanece, pero no es lo más importante, la regla de vida; se transforma mas bien en un revestimiento, en una cobertura, mientras la vida sigue otros caminos, otras reglas, intereses egoístas, individuales y de grupo”. La religión se reduce así a la práctica de usanzas secundarias ha dicho el Papa. Es el riesgo de toda religión, la falsa religiosidad: “Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí”. En el vídeo se visualiza y escucha traducida al castellano la intervención integra de Benedicto XVI, cuyo texto es el siguiente. Leer más...

domingo, 26 de agosto de 2012

Benedicto XVI en el Ángelus 26/8/2012: “La falsedad es la marca el diablo”

26 de agosto de 2012.-(13 TV / Camino Católico) “Que la Virgen María nos ayude a creer en Jesús, como san Pedro, y a ser siempre sinceros con Él y con todos”, ha rogado Benedicto XVI, en la oración mariana dominical del Ángelus que ha rezado en Castel Gandolfo con los peregrinos, hoy domingo 26 de agosto. El Papa se ha inspirado en la liturgia que refiere que desde el momento que Jesús se proclamó Pan vivo bajado del cielo, muchos discípulos se volvieron atrás y no lo siguieron más. El Santo Padre ha comentado que es una reacción que Jesús es consciente de haber provocado. Y ha afirmado que Judas se sintió traicionado por Jesús porque esperaba un Mesías vencedor, que guiara la revuelta contra los romanos. Se quedó porque era falso. La falsedad es la marca del diablo ha dicho Benedicto XVI.
“La revelación de Jesús permanece para ellos incomprensible, porque la entendieron en un sentido solo material, mientras en aquellas palabras estaba preanunciado el misterio pascual de Jesús…” ha explicado, para referirse inmediatamente a Pedro. Como en otros casos -ante la pregunta de Jesús a sus discípulos si también ellos se irán-, “es Pedro el que responde en nombre de los Doce:Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de Vida eterna”. Pedro entiende porque tiene fe y porque tiene fe conoce. Si quisiéramos conocer sin creer no lo huera logrado. Y ¿qué cree y conoce? Que Jesús es el Cristo Hijo de Dios, que Jesús es la misma vida eterna y en la carne y en la sangre nos da lo que él mismo es. En el vídeo podemos visualizar y escuchar traducida al castellano la intervención integra de Benedicto XVI, cuyo texto es el siguiente:
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