4 de octubre de 2026.- (Camino Católico).- Rezo de los Misterios Gloriosos del Santo Rosario correspondientes a hoy, domingo, desde la Gruta de Massabielle, en el Santuario de Lourdes, en el que se intercede por el mundo entero.
domingo, 4 de octubre de 2026
Palabra de Vida 4/10/2026: «Arrendará la viña a otros labradores» / Por P. Jesús Higueras
Camino Católico.- Espacio «Palabra de Vida» de 13 TV del 4 de octubre de 2026, domingo de la 27ª semana del Tiempo Ordinario, presentado por el padre Jesús Higueras en el que comenta el evangelio del día.
Evangelio: San Mateo 21, 33-43:
En aquel tiempo, dijo Jesús a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo:
«Escuchad otra parábola: “Había un propietario que plantó una viña, la rodeó con una cerca, cavó en ella un lagar, construyó una torre, la arrendó a unos labradores y se marchó lejos.
Llegado el tiempo de los frutos, envió sus criados a los labradores para percibir los frutos que le correspondían. Pero los labradores, agarrando a los criados, apalearon a uno, mataron a otro, y a otro lo apedrearon.
Envió de nuevo otros criados, más que la primera vez, e hicieron con ellos lo mismo. Por último les mandó a su hijo, diciéndose: ‘Tendrán respeto a mi hijo’.
Pero los labradores, al ver al hijo se dijeron: ‘Este es el heredero: venid, lo matamos y nos quedamos con su herencia’.
Y, agarrándolo, lo sacaron fuera de la viña y lo mataron. Cuando vuelva el dueño de la viña, ¿qué hará con aquellos labradores?».
Le contestaron:
«Hará morir de mala muerte a esos malvados y arrendará la viña a otros labradores que le entreguen los frutos a sus tiempos».
Y Jesús les dice:
«¿No habéis leído nunca en la Escritura:
“La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular. Es el Señor quien lo ha hecho, ha sido un milagro patente”?
Por eso os digo que se os quitará a vosotros el reino de Dios y se dará a un pueblo que produzca sus frutos».
Homilía del evangelio del domingo: Somos la viña del Señor y hemos de producir frutos de justicia y santidad / Por P. José María Prats
* «Todos, y muy especialmente los dirigentes del Pueblo de Dios, hemos de preguntarnos: ¿Valoramos, custodiamos y comunicamos debidamente el tesoro de gracia que hemos recibido de Dios? ¿Promovemos en la Iglesia la santidad y la virtud o intentamos más bien acomodarnos a los valores del mundo para evitar su rechazo y persecución? ¿Trabajamos en la viña del Señor al servicio del Reino de Dios o al servicio de intereses políticos, ideológicos o personales? Desde la atalaya que Dios ha construido en medio de su viña, ¿identificamos, advertimos y combatimos valientemente las amenazas que se ciernen sobre ella o preferimos mirar cómodamente hacia otro lado?»
Domingo XXVII del tiempo ordinario – A
Isaías 5, 1-7 / Salmo 79 / Filipenses 4, 6-9 / San Mateo 21, 33-43
P. José María Prats / Camino Católico.- Las lecturas de hoy nos presentan la figura del Pueblo de Dios como viña del Señor, una viña que Él plantó y cuidó con gran esmero: la sacó de Egipto, le dio una Ley e hizo con ella una Alianza, la trasplantó a una tierra fértil, «construyó en medio de ella una atalaya y cavó un lagar». La atalaya representa a los dirigentes de Israel a quien Dios encargó orientar y velar por su pueblo, y el lagar donde se pisan las uvas nos habla de los frutos de justicia y santidad que Dios esperaba de este pueblo. Sin embargo, a pesar de tantos cuidados, la viña no produjo uvas, sino agrazones.
En el evangelio, Jesús atribuye la responsabilidad de este drama a los labradores a quien Dios arrendó su viña, es decir, a los dirigentes de Israel. Ellos se rebelaron contra el dueño de la viña y se apropiaron de ella, persiguiendo hasta la muerte a los profetas y hasta al mismo Hijo que Dios envió para reclamar los debidos frutos de justicia y santidad.
Por no haber dado los frutos esperados, Dios anuncia lo que va a hacer con su viña: «derruir su tapia para que la pisoteen» y «arrendar la viña a otros labradores», dársela «a un pueblo que produzca sus frutos». Y así ocurrió: en el año 70 las legiones romanas arrasaron Jerusalén y su templo, y el legado espiritual de Israel fue puesto en manos de un nuevo pueblo, la Iglesia, regido por un nuevo Sanedrín, el de los apóstoles presididos por San Pedro, cuyos sucesores son los obispos y el Papa.
De todo ello podemos sacar alguna enseñanza para nuestro tiempo. Hoy vivimos –al menos en Europa– una situación de fuerte crisis dentro de la Iglesia que nos mueve a hacernos la misma pregunta que se hace el salmista: «¿Por qué has derribado su cerca para que la saqueen los viandantes, la pisoteen los jabalíes y se la coman las alimañas?» A menudo tendemos a atribuir esta crisis al poder destructor de fuerzas externas como los materialismos ateos, el mayo del 68, las ideologías o los medios de comunicación. Pero las lecturas de hoy desmienten esta tesis: Si el Pueblo de Dios se mantiene fiel a la misión que ha recibido, el Señor se constituye en su muralla y nada ni nadie puede hacerle daño. Es su infidelidad, y muy especialmente la de sus dirigentes, la que hace que el Señor «derribe su cerca para que la saqueen los viandantes».
Esto no debe llevarnos a la desesperanza sino a la conversión, porque el futuro está en nuestras manos, depende de nuestra fidelidad. Recordemos aquellas palabras de Dios a Abraham: «No destruiré la ciudad si encuentro allí a diez justos». Somos la viña del Señor y hemos de producir frutos de justicia y santidad.
Esta conversión debería ir precedida de un examen de conciencia. Todos, y muy especialmente los dirigentes del Pueblo de Dios, hemos de preguntarnos: ¿Valoramos, custodiamos y comunicamos debidamente el tesoro de gracia que hemos recibido de Dios? ¿Promovemos en la Iglesia la santidad y la virtud o intentamos más bien acomodarnos a los valores del mundo para evitar su rechazo y persecución? ¿Trabajamos en la viña del Señor al servicio del Reino de Dios o al servicio de intereses políticos, ideológicos o personales? Desde la atalaya que Dios ha construido en medio de su viña, ¿identificamos, advertimos y combatimos valientemente las amenazas que se ciernen sobre ella o preferimos mirar cómodamente hacia otro lado?
Sólo tras esta conversión que nos mueve a producir los debidos frutos de justicia y santidad podremos ser escuchados cuando oremos con el salmista: «Dios de los ejércitos, vuélvete: mira desde el cielo, fíjate, ven a visitar tu viña, la cepa que tu diestra plantó y que tú hiciste vigorosa. No nos alejaremos de ti: danos vida, para que invoquemos tu nombre. Señor, Dios de los ejércitos, restáuranos, que brille tu rostro y nos salve».
P. José María Prats
Evangelio:
En aquel tiempo, dijo Jesús a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo:
«Escuchad otra parábola: “Había un propietario que plantó una viña, la rodeó con una cerca, cavó en ella un lagar, construyó una torre, la arrendó a unos labradores y se marchó lejos. Llegado el tiempo de los frutos, envió sus criados a los labradores para percibir los frutos que le correspondían. Pero los labradores, agarrando a los criados, apalearon a uno, mataron a otro y a otro lo apedrearon.
Envió de nuevo otros criados, más que la primera vez, e hicieron con ellos lo mismo. Por último, les mandó a su hijo diciéndose: ‘Tendrán respeto a mi hijo’.
Pero los labradores, al ver al hijo se dijeron:
‘Este es el heredero: venid, lo matamos y nos quedamos con su herencia’.
Y agarrándolo, lo sacaron fuera de la viña y lo mataron. Cuando vuelva el dueño de la viña, ¿qué hará con aquellos labradores?».
Le contestan:
«Hará morir de mala muerte a esos malvados y arrendará la viña a otros labradores que le entreguen los frutos a su tiempo».
Y Jesús les dice:
«No habéis leído nunca en la Escritura:
“La piedra que desecharon los arquitectos
es ahora la piedra angular.
Es el Señor quien lo ha hecho,
ha sido un milagro patente”
Por eso os digo que se os quitará a vosotros el reino de Dios y se dará a un pueblo que produzca sus frutos».
San Mateo 21, 33-43
Oración a San Francisco de Asís para que Dios obre un milagro ante las dificultades y sufrimientos
Camino Católico.- Cada 4 de octubre la Iglesia universal celebra a San Francisco de Asís (c.1182-1226), el santo que se unió a Cristo en sus dolores más íntimos, el hombre que se santificó abrazando la pobreza, el santo que reconoció a Dios en la naturaleza.
Sin duda, el Santo de Asís ha sido siempre una figura de inmensa importancia para la Iglesia, y lo sigue siendo hoy. Una significativa muestra de ello es que el Papa Francisco eligió su nombre para asumir el pontificado, con el deseo de honrar su memoria y como una forma de pedir su guía e intercesión. El Papa lo llamó aquella vez “hombre de armonía y de paz”.
San Francisco nació en Asís (Italia) en 1182, en el seno de una familia acomodada. Su padre era un rico comerciante y, como mandaba la costumbre, él era el destinado a asumir el negocio familiar. Por años, Francisco, pagado de sí mismo, se dedicó a gozar de sus bienes, en medio de la ostentación y las frivolidades.
No hubo mayores contratiempos en su vida hasta que las circunstancias lo forzaron a ir a la guerra. Fracasó como guerrero y cayó prisionero. Ciertamente no fue mucho el tiempo que pasó en esa condición, pero su salud empezó a resquebrajarse. Cercado por el desasosiego, en medio del horror de la guerra y aquejado por la enfermedad, Francisco empezó a escuchar una voz que clamaba desde su interior: “Sirve al amo y no al siervo”.
Su mal estado de salud precipitó el retorno a casa, envuelto en la deshonra. Allí, después de un largo tiempo de recuperación, empezó un proceso de transformación personal. En el contacto con la naturaleza y en el redescubrimiento de la oración, poco a poco fue entendiendo por qué su vida estaba vacía. Dios había estado tocando la puerta de su corazón hacía mucho tiempo sin que se hubiera dado cuenta.
Francisco, entonces, empezó a hacer cosas “desconcertantes” ante los ojos de sus habituales amigos, todas impropias de su condición social, por lo que más de uno lo creyó loco. Francisco comenzó a visitar a los enfermos abandonados del pueblo, incluyendo a los leprosos -gran escándalo para sus allegados, quienes quisieron disuadirlo-. No obstante, a él parecía no importarle e incrementó la frecuencia de las visitas. De pronto, ya no había vuelta atrás: aquella gente “repugnante” se había convertido en su nuevo círculo de amigos, en su nueva familia.
El santo solía llevar a los desamparados comida y abrigo, pero un día se agotaron sus recursos. Se despojó de lo último que le quedaba: decidió regalar sus propios vestidos y su dinero.
Si tuvo dudas en ese momento, queda claro que no repercutieron lo suficiente. Algo nuevo estaba creciendo en su corazón y era muy distinto a cualquier cosa que hubiese probado antes: su espíritu empezaba a tener paz finalmente, aun rodeado de la miseria que antes le producía terror. Ahora vivía despojado de sus seguridades, con el corazón abierto por el dolor de los que sufren, pero más libre y feliz que nunca.
Cierto día, mientras oraba en la Iglesia de San Damián, en Asís, le pareció que el crucifijo que estaba frente a sí le miraba mientras decía: “Francisco, repara mi casa, pues ya ves que está en ruinas”. Entonces, creyendo que Cristo le pedía reparar el templo físico, fue y vendió los vestidos de la tienda de su padre. Luego llevó el dinero al sacerdote que cuidaba el templo, pidiéndole que lo deje vivir allí.
El sacerdote aceptó que se quedara, pero no recibió el dinero. Entonces, su padre al tanto de lo que había hecho, lo buscó y lo golpeó furiosamente. Después, al ver que su hijo no quería regresar a casa, le exigió que le devolviera el dinero.
Por consejo del obispo, Francisco decidió honrar a su padre devolviéndole todo, con creces: se despojó hasta de la ropa que llevaba encima en ese momento, que ya no le pertenecía.
Distanciado de la forma como había vivido, Francisco se dedicó a reconstruir la iglesia de San Damián y de San Pedro. Más tarde se trasladó a una capillita llamada Porciúncula, la cual reparó y convirtió en su hogar. Con el corazón ablandado por la oración -su diálogo con Cristo-, Francisco empezó a pedir limosna para los pobres y a servirles con más cariño. Mientras iba de camino, quien lo veía recibía su saludo característico: “La paz del Señor sea contigo”.
Su estilo de vida empezó a atraer a muchos, quienes también querían acompañarle y ayudarlo en sus labores. Entonces, la idea de formar una hermandad religiosa se fue concretando hasta que, en 1210, Francisco con un grupo de amigos viajaron a Roma con el manuscrito de la futura regla en mano, en busca de la aprobación pontificia para la hermandad.
El Papa, asistido por la gracia, dio su aprobación. El espíritu de la regla aprobada giraba en torno a la pobreza, cuya vivencia sería el fundamento de la nueva Orden.
La pobreza debía ser asumida con amor y expresada en la manera de vestir, los utensilios que se empleaban y, principalmente, en los actos. Para sorpresa de los incrédulos, los hermanos de Francisco no se veían nunca tristes, todo lo contrario: reflejaban alegría y contento.
Considerándose indigno del sacerdocio pleno, llegó sólo a recibir el diaconado y quiso darle a su Orden el nombre de “Frailes Menores” con el propósito de que sus miembros fueran conscientes de su llamado a ser verdaderos siervos de todos, amantes de las cosas de Dios, que sólo se hallan en lo sencillo.
Visualiza el vídeo Asís, el pueblo de San Francisco
La humildad y el desprendimiento que Francisco vivía eran en esencia expresión de una convicción interior: “Ante los ojos de Dios, el hombre vale por lo que es y no más”. De allí que dijese cosas como estas: "Hay muchos que tienen por costumbre multiplicar plegarias y prácticas devotas, afligiendo sus cuerpos con numerosos ayunos y abstinencias; pero con una sola palabrita que les suena injuriosa a su persona o por cualquier cosa que se les quita, enseguida se ofenden e irritan. Estos no son pobres de espíritu, porque el que es verdaderamente pobre de espíritu, se aborrece a sí mismo y ama a los que le golpean en la mejilla".
La pobreza empieza por dentro. Tiene nombre y se llama “Jesús”.
Cristo le concedió a Francisco el don de poderlo acompañar “de cerca” en los dolores de su Pasión: recibió de Nuestro Señor los estigmas en carne propia.
Ya el santo, en su madurez, había experimentado continuos éxtasis y protagonizado hechos prodigiosos, pero recibir los estigmas fue algo que superó todo. De esto dieron fe sus hermanos más cercanos, así como del deseo de Francisco de mantener el milagro en reserva.
En su unión con el Señor, era como si, de alguna manera, Francisco fuese cada vez “menos él” y cada vez más semejante a Jesucristo, en todo.
San Francisco de Asís murió el 3 de octubre de 1226, con sólo 44 años de edad. Su figura e influencia en la historia de la Iglesia y en la cultura es inapreciable. Incluso quienes no tienen fe o no son parte de la Iglesia Católica reconocen en él a una persona extraordinaria.
Gracias a Dios, esa influencia hoy permanece intacta en la Iglesia, por ejemplo, en el amor a la naturaleza -creación de Dios- y en el deseo de protegerla; en particular, en el cariño por los animales.
Por otro lado, Francisco sigue presente en muchos detalles y costumbres que evocan sencillez y, a la vez, grandeza: a él se le atribuye haber iniciado la tradición de armar el “belén”, el "pesebre” o “nacimiento” en el hogar, durante los días de Navidad.
Hace una década, el 4 de octubre de 2013, el Papa Francisco celebró una Misa en la ciudad de Asís, en el marco de un homenaje especial al santo, a poco de iniciar su pontificado. En aquella hermosa oportunidad, dijo durante la homilía: “San Francisco es testigo del respeto por todo, de que el hombre está llamado a custodiar al hombre, de que el hombre está en el centro de la creación, en el puesto en el que Dios –el Creador– lo ha querido, sin ser instrumento de los ídolos que nos creamos… Francisco fue hombre de armonía, un hombre de paz”.
Pidamos la intercesión de San Francisco de Asís para que Dios obre un milagro ante las dificultades y sufrimientos, con la siguiente oración:
Oración a San Francisco de Asís para que Dios obre un milagro ante las dificultades y sufrimientos
San Francisco de Asís, padre bueno, padre santo, tú que eres en los cielos muy querido por Dios y en la tierra admirado y venerado por nosotros, dirige desde las alturas tu mirada compasiva y tiéndenos tus caritativas y amables manos; guía nuestros pasos por el camino de la paz, haz que nunca falte el pan en nuestras mesas, ni amor, cariño y alegría en los hogares; haz que sepamos ser generosos con nuestros hermanos y amables y respetuosos con cada criatura de Dios.
San Francisco, hermano, amigo, el santo más amante del sagrado Corazón de Jesús y favorecido con la señal de sus sagradas llagas en tu cuerpo, queremos invocar tu potección sobre nosotros, y pedirte que ruegues a Dios Todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, para que alivie nuestras penas y nos envíe sus bendiciones.
Pide también a la Inmaculada Virgen María, de la que fuiste devoto fiel y entregado y proclamaste Patrona de todas tus obras, nos cuide y ampare con sus bondades y sea la que nos acreciente el amor a Dios y a los hombres.
San Francisco, imagen viva de Jesús, ora por nosotros; san Francisco, alma humilde, hombre alegre y paciente, amante de Dios y de todas las criaturas de la tierra, ruega sin cesar por nosotros que te necesitamos; san Francisco, patriarca de los pobres, no nos abandones; san Francisco, milagroso en el amor, aleja nuestros pesares; san Francisco, poderoso ante el Señor y la Virgen, ayúdanos.
Yo (di tu nombre) hoy, con mi esperanza puesta en ti y con el corazón lleno de confianza, quiero pedir tu ayuda en mis dificultades, tu consuelo en mi dolor y tu esfuerzo en mi desaliento. Tú, bendito santo que anduviste por caminos de humildad, tú que te entregaste a Dios tan generosamente, tú que creíste firmemente y obraste con perfecta sinceridad, intercede por mí para que todo me resulte más fácil.
Pon a mi alcance los medios que preciso para que pueda salir victorioso en este mal trance, que llegue a mí la sabiduría y la fuerza para que tome las decisiones correctas; en estos momentos preciso ser asistido con urgencia. Te ruego con todo mi ser no me dejes solo, pide por mis difíciles problemas y sufrimientos a Dios, consigue de Él este especial favor que solicito: (hacer ahora con gran fe la petición).
Dile que con su generosidad tenga a bien concedérmelo, pues Él puede mover montañas y puede hacer llegar los bienes y los favores por los caminos menos esperados, pues Él todo lo puede, Él todo lo alcanza.
Llena mi vida de tranquilidad y felicidad, mándame algo de tu caridad y bondad, haz que sepa ser mejor persona y no olvide tender una mano a quienes lo necesiten, que tu ejemplo sea quien guíe mis pasos y el amor que sentiste hacia Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo sea el que me acompañe en mis caminos. Por Jesucristo, nuestro hermano y Señor. Amén.
Oración de San Francisco de Asís: "Hazme un instrumento de tu paz"
sábado, 3 de octubre de 2026
Homilía del P. José Aurelio Martín y lecturas de la Misa de hoy, sábado de la 26ª semana del Tiempo Ordinario, 3-10-2026
3 de octubre de 2026.- (Camino Católico) Homilía del P. José Aurelio Martín Jiménez y lecturas de la Santa Misa de hoy, sábado de la 26ª semana del Tiempo Ordinario, emitida por 13 TV desde la Basílica de la Concepción de Madrid.
Santa Misa de hoy, sábado de la 26ª semana del Tiempo Ordinario, 3-10-2026
3 de octubre de 2026.- (Camino Católico) Celebración de la Santa Misa de hoy, sábado de la 26ª semana del Tiempo Ordinario, presidida por el P. José Aurelio Martín Jiménez, emitida por 13 TV desde la Basílica de la Concepción de Madrid.
Misterios Gozosos del Santo Rosario, desde el Santuario de Lourdes, 3-10-2026
3 de octubre de 2026.- (Camino Católico).- Rezo de los Misterios Gozosos del Santo Rosario correspondientes a hoy, sábado, desde la Gruta de Massabielle, en el Santuario de Lourdes, en el que se intercede por el mundo entero.
Palabra de Vida 3/10/2026: «Estad alegres porque vuestros nombres están inscritos en el cielo» / Por P. Jesús Higueras
Camino Católico.- Espacio «Palabra de Vida» de 13 TV del 3 de octubre de 2026, sábado de la 26ª semana del Tiempo Ordinario, presentado por el padre Jesús Higueras en el que comenta el evangelio del día.
Evangelio: San Lucas 10, 17-24:
En aquel tiempo, los setenta y dos volvieron muy contentos y dijeron a Jesús:
«Señor, hasta los demonios se nos someten en tu nombre»
Él les contestó:
«Estaba viendo a Satanás caer del cielo como un rayo. Mirad: os he dado potestad para pisotear serpientes y escorpiones y todo poder del enemigo, y no os hará daño alguno.
Sin embargo, no estéis alegres porque se os someten los espíritus; estad alegres porque vuestros nombres están inscritos en el cielo».
En aquel momento, lleno de la alegría en el Espíritu Santo y dijo:
«Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y a los entendidos, y las has revelado a los pequeños.
Sí, Padre, porque así te ha parecido bien.
Todo me ha sido entregado por mi Padre, y nadie conoce quién es el Hijo sino el Padre; ni quién es el Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiere revelar».
Y volviéndose a sus discípulos, les dijo aparte:
«¡Bienaventurados los ojos que ven lo que vosotros veis! Porque os digo que muchos profetas y reyes quisieron ver lo que vosotros veis, y no lo vieron; y oír lo que oís, y no lo oyeron».
Misterios Gozosos del Santo Rosario en la Parroquia Asunción de Nuestra Señora, Torrelodones, 3-10-2026
3 de octubre de 2026.- (Camino Católico) Misterios Gozosos del Santo Rosario correspondientes a hoy, sábado, en la parroquia Asunción de Nuestra Señora, Torrelodones, emitido por 13 TV.
Oración a San Francisco de Borja para pedir las gracias de la humildad, pobreza de espíritu y generosidad para con Dios
Camino Católico.- Cada 3 de octubre la Iglesia Católica celebra la fiesta de San Francisco de Borja S.J. (Valencia, España, 1510 - Estados Pontificios, 1572); hombre inicialmente llamado por Dios al matrimonio -formó una familia y tuvo prole-, que, tras enviudar tempranamente, descubrió una llamada singular: seguir los pasos de Cristo como religioso.
Durante el tiempo en el que estuvo casado, Francisco conoció a algunos miembros de la Compañía de Jesús con los que entabló amistad. El aprecio inicial por los jesuitas se convertiría, tras la muerte de su esposa, en motivación para una búsqueda más intensa de Dios y del camino que Él podría haber trazado para su vida -enviudar en la juventud no está en los planes de nadie-. Fue así que, tras un tiempo de búsqueda y discernimiento, Francisco le daría un vuelco completo a su vida.
El noble valenciano dejó atrás el mundo que había construido, vinculado a los círculos sociales que rodeaban la corte real y la aristocracia, para dedicarse por completo al servicio de la Santa Madre Iglesia, al lado de San Ignacio de Loyola, fundador de la Compañía de Jesús.
Francisco de Borja nació en Gandía (Valencia) en 1510. Dado que su familia pertenecía a la realeza, fue educado como parte de la élite. Con solo 19 años, el buen Francisco contrajo matrimonio con doña Leonor de Castro. Su hogar fue bendecido con ocho hijos, a quienes crió con gran esmero.
En su juventud desempeñó diversos cargos públicos -tanto honoríficos como administrativos- muy de acuerdo con los títulos que ostentaba: fue erigido IV duque de Gandía, I marqués de Lombay, Grande de España y Virrey de Cataluña. Incluso llegó a desempeñarse como consejero personal del emperador Carlos I de España y V de Alemania.
En los días en que Francisco llevaba sobre sí el peso del cargo de virrey de Cataluña, recibió la orden real de trasladar los restos mortales de la emperatriz Isabel al lugar donde estos reposarían de manera definitiva, la sepultura real de Granada. El viaje tomaría varios días.
Cuando el virrey llegó al lugar donde estaba el cuerpo de la emperatriz, según el protocolo fúnebre de la época, ingresó a la cámara donde había sido colocado. Tenía que verlo, reconocerlo y certificar oficialmente el deceso de Isabel.
En el instante en que vio el cadáver, un abismo de espanto se abrió frente a sus ojos, y sintió una sensación de vacío sin precedentes. El rostro de la difunta emperatriz, alguna vez lleno de lozanía y frescura, yacía enfrente, desfigurado, deforme, en franco proceso de descomposición.
Haber contemplado, aunque sea solo por unos momentos, tan lamentable espectáculo produjo estragos en su interior. La muerte había remecido sus habituales seguridades y trocado de golpe su forma de entender la vida.
El virrey había decantado por vez primera la fatuidad de la existencia humana, siempre aferrada a ‘castillos de arena’ que ocultan su caducidad y miseria hasta que se desploman. Años después, el santo se referiría a estos acontecimientos como “el día de su conversión”. De ahí su célebre promesa: “¡No serviré nunca más a un señor que pudiese morir!".
Después de la muerte de Leonor, su esposa (Monasterio de San Jerónimo de Cotalba, 27 de marzo de 1546), y de reflexionar sobre su paternidad, cumplida de acuerdo a la ley de Dios, Francisco renunció a sus títulos y bienes e ingresó a la Compañía de Jesús (junio de 1546). Con los jesuitas aprendió a ser servidor de todos y no esperar ser servido. Incluso, por un buen tiempo, en la compañía le tocó ser ayudante de cocinero, oficio al que se dedicó con diligencia.
La formación rigurosa, la oración y el estudio fueron ennobleciendo su alma y preparándolo para el sacerdocio -vale recordar que Jesús instauró, en el mundo, con su sacrificio un tipo diferente de “nobleza”-. Así, llegaría el día de su ordenación y el consecuente nombramiento como Provincial de la Compañía en España. Abrió nuevos conventos y colegios, y se convirtió en consejero de reyes y prelados. Se sabe, incluso, que el Papa solicitaba su opinión a discreción.
Para 1566, el santo fue nombrado Tercer Superior General de la Compañía de Jesús y, bajo su mandato, se fortaleció el espíritu misionero de la Orden. En lo que respecta a la educación, Francisco de Borja se convertiría en el impulsor del Colegio Romano, a cargo de la Compañía, que más tarde se convertiría en la prestigiosa Universidad Gregoriana.
San Francisco de Borja murió la medianoche del 30 de septiembre de 1572. De él diría el famoso P. Verjus, biógrafo del santo y también miembro de la Compañía de Jesús: “San Ignacio de Loyola proyectó el edificio y echó los cimientos; el P. Laínez construyó los muros; San Francisco de Borja techó el edificio y arregló el interior y, de esta suerte, concluyó la gran obra que Dios había revelado a San Ignacio".
Pidamos por intercesión de San Francisco de Borja las gracias de la humildad, pobreza de espíritu y generosidad para con Dios, con esta oración:
Te pedimos que cada día crezcamos en humildad y en pobreza de espíritu, en generosidad para con Dios y en fervor apostólico.
Que a ejemplo tuyo, podamos ser para nuestros contemporáneos un signo de la Presencia de Dios en el mundo, y merezcamos compartir la gloria en que habitas, con Cristo, que vive y reina por los siglos de los siglos.
viernes, 2 de octubre de 2026
Los Ángeles de la guarda - Película de Dibujos animados
Santa Teresita del Niño Jesús y su pequeño camino a la santidad – Película de Dibujos animados
Camino Católico.- “Santa Teresita del Niño Jesús y su pequeño camino a la santidad” es el capítulo de la serie “Mi familia católica” en dibujos animados que versa sobre la vida de la santa de Lisieux de EWTN.
Satanás quiere destruir al hombre, pero los arcángeles luchan y nos defienden / Por Arturo López
Camino Católico.- La meditación la realiza Arturo López Martos, casado y padre de dos hijos, miembro de la Comunidad Familia, Evangelio y Vida, quien medita sobre el objetivo permanente de Satanás que presenta las cosas como buenas para destruir al hombre, pero los arcángeles, enviados y servidores de Dios, luchan y nos defienden si invocamos su ayuda, para acogernos a la victoria salvífica de Jesucristo.
Arturo López también participa de las reuniones de plegaria del grupo de oración Familia, Evangelio y Vida de la Parroquia de la Inmaculada Concepción de Vilanova i la Geltrú, Barcelona, España, donde ha sido grabada en directo esta enseñanza, el lunes, 29 de septiembre de 2014.


















