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lunes, 28 de septiembre de 2026

domingo, 27 de septiembre de 2026

Papa León XIV en el Rosario en Lourdes, 27-9- 2026: «Virgen Inmaculada, que la luz que llevamos esta noche en nuestras manos no se apague en nuestras vidas, ilumine el futuro, abriéndonos a las promesas de la vida eterna»

* «Ella es la Estrella del mar —Stella maris— que nos socorre en las tribulaciones, como san Bernardo lo expresó tan bellamente: ‘¡Oh tú que te sientes lejos de tierra firme, arrastrado por las olas de este mundo, no desvíes los ojos de la luz de esta estrella! […] Si la sigues, no puedes desviarte; si la invocas, no puedes desesperar; si piensas en ella, no puedes equivocarte. Si ella te sostiene, no caes; si ella te protege, no tienes que temer; si ella te guía, no te cansas; si ella te es propicia, llegarás a la meta’» 

    

Vídeo de la transmisión en directo de Vatican News en español, con la meditación del Papa 

* «’¡Yo soy la Inmaculada Concepción!’. Es precisamente así, como María se presentó en este mismo lugar, con gran humildad, pero agradecida a Dios por el privilegio absolutamente único del que Ella gozó y que representa para nosotros la aurora de la salvación. Por los méritos de su Pasión y su Resurrección, Jesús quiso preservar a su Madre de toda mancha del pecado original; hizo de Ella una nueva Eva sobre la que el demonio jamás tendrá poder alguno, y a partir de la cual, todo vuelve a empezar, todo vuelve a ser posible, tanto para el mundo como para cada uno de nosotros.Por eso, su apoyo y su intercesión no son secundarios para el cristiano que desea acoger la gracia de la Redención obtenida por la sangre de Jesús y luchar contra el mal» 


27 de septiembre de 2026.- (Camino Católico)  “Oh Virgen Inmaculada, haz que la luz que llevamos esta noche en nuestras manos no se apague jamás en nuestras vidas, sino que ilumine el futuro, abriéndonos, desde ahora, a las promesas de la vida eterna”, ha concluido el Papa León XIV su meditación al final del rezo del Santo Rosario y la procesión de las antorchas, en la que han participado decenas de miles de fieles, y que ha sido el último acto del Pontífice en el Santuario de Nuestra Señora de Lourdes.



Para León XIV, la luz de las antorchas representa la esperanza cristiana, una esperanza que permanece incluso cuando la vida está marcada por el sufrimiento, la enfermedad o las dificultades. De manera especial, se dirigió a los enfermos, a quienes presentó como testigos privilegiados de la fuerza de la fe y del amor. Citando a Pío XII, recordó que Lourdes ofrece el sorprendente testimonio de personas que, aun llevando consigo grandes sufrimientos, son capaces de transmitir serenidad, paz y alegría.

“Y si tal milagro es posible —el de suscitar serenidad y alegría en medio de la prueba—, es porque Dios nos concede la gracia de dirigir nuestra mirada hacia un futuro más lejano, más allá de nuestro horizonte terrenal, un futuro de felicidad infinita en Dios, que estamos seguros de alcanzar si nos mantenemos firmes en la fe y la caridad.”

León XIV recordó las palabras con las que María se presentó a santa Bernardita: «Yo soy la Inmaculada Concepción». “Es precisamente así, como María se presentó en este mismo lugar, con gran humildad, pero agradecida a Dios por el privilegio absolutamente único del que Ella gozó y que representa para nosotros la aurora de la salvación.”

Por los méritos de su Pasión y su Resurrección, afirmó, Jesús quiso preservar a su Madre de toda mancha del pecado original; hizo de Ella una nueva Eva sobre la que el demonio jamás tendrá poder alguno, y a partir de la cual, todo vuelve a empezar, todo vuelve a ser posible, tanto para el mundo como para cada uno de nosotros. En el vídeo de 13 TV se escucha y visualiza toda la meditación del Papa, cuyo texto íntegro es el siguiente:

VIAJE APOSTÓLICO DEL SANTO PADRE LEÓN XIV A FRANCIA

25-28 DE SEPTIEMBRE DE 2026

REZO DEL SANTO ROSARIO Y PROCESIÓN AUX FLAMBEAUX

MEDITACIÓN DEL SANTO PADRE LEÓN XIV


Santuario de Nuestra Señora de Lourdes

Domingo, 27 de septiembre de 2026

Esta noche nos hemos reunido para responder a la petición que Nuestra Señora dirigió a los sacerdotes a través de santa Bernardita: «Que se venga aquí en procesión». Qué conmovedor es ver al pueblo fiel, generación tras generación, responder con amor y confianza a la tierna invitación de la Virgen María. Qué consolador es escuchar a los cristianos cantar himnos llenos de fervor y fe, y caminar, con una luminaria en la mano, hacia su Madre del cielo, la Madre que Jesús nos dio en la cruz.

Esa luz que nos guía y nos atrae es la de la esperanza que nunca nos abandona, incluso durante nuestra peregrinación por esta vida, a menudo marcada por las pruebas, pero ya plena de la alegría de sabernos hijos de Dios, amados y salvados por Jesús. Las personas enfermas son testigos privilegiados de esta transfiguración de la existencia a través de la fe y del amor a Dios y al prójimo. Necesitamos participar en esta procesión con ustedes, queridos enfermos, para comprender lo que significa realmente. Como decía el Papa Pío XII: “Nunca, en ningún lugar de la tierra, se ha visto semejante cortejo de sufrimientos, nunca semejante resplandor de paz, serenidad y alegría» (cf. Carta enc. Le pèlerinage de Lourdes, 2 julio 1957).

Y si tal milagro es posible —el de suscitar serenidad y alegría en medio de la prueba—, es porque Dios nos concede la gracia de dirigir nuestra mirada hacia un futuro más lejano, más allá de nuestro horizonte terrenal, un futuro de felicidad infinita en Dios, que estamos seguros de alcanzar si nos mantenemos firmes en la fe y la caridad. Por eso, san Pablo nos anima: «Considero que los sufrimientos de ahora no se pueden comparar con la gloria que un día se nos manifestará» (Rm 8,18). Tengan siempre presentes estas palabras de oro, queridos enfermos: No hay comparación entre los sufrimientos del tiempo presente y la gloria que se revelará en nosotros.

Estamos, pues, llamados a perseverar en nuestro camino, una y otra vez, mientras se nos concedan días de vida en este mundo, por el que María nos precede. Y acudiremos confiados a Ella, cuya Inmaculada Concepción resplandece como un faro en medio de la noche. Ella «es signo de la victoria del amor, de la bondad y de Dios, dando a nuestro mundo la esperanza que necesita. Volvamos esta noche la mirada hacia María, tan gloriosa y tan humana, dejándola que nos lleve a Dios que es el vencedor» (Benedicto XVI, Procesión con antorchas, 13 septiembre 2008).

«¡Yo soy la Inmaculada Concepción!». Es precisamente así, como María se presentó en este mismo lugar, con gran humildad, pero agradecida a Dios por el privilegio absolutamente único del que Ella gozó y que representa para nosotros la aurora de la salvación. Por los méritos de su Pasión y su Resurrección, Jesús quiso preservar a su Madre de toda mancha del pecado original; hizo de Ella una nueva Eva sobre la que el demonio jamás tendrá poder alguno, y a partir de la cual, todo vuelve a empezar, todo vuelve a ser posible, tanto para el mundo como para cada uno de nosotros.

Por eso, su apoyo y su intercesión no son secundarios para el cristiano que desea acoger la gracia de la Redención obtenida por la sangre de Jesús y luchar contra el mal. Ella es la Estrella del mar —Stella maris— que nos socorre en las tribulaciones, como san Bernardo lo expresó tan bellamente: «¡Oh tú que te sientes lejos de tierra firme, arrastrado por las olas de este mundo, no desvíes los ojos de la luz de esta estrella! […] Si la sigues, no puedes desviarte; si la invocas, no puedes desesperar; si piensas en ella, no puedes equivocarte. Si ella te sostiene, no caes; si ella te protege, no tienes que temer; si ella te guía, no te cansas; si ella te es propicia, llegarás a la meta» (San Bernardo, Segunda homilía Super Missus est, 17).

Así pues, queridos hermanos y hermanas, peregrinos y enfermos, que han venido tanto de Francia como de todo el mundo para participar en esta procesión de luz, ferviente y serena, traemos nuestras intenciones más anheladas y urgentes para presentárselas a Nuestra Señora: nuestras intenciones personales y nuestras intenciones por el mundo. Al contemplarla en su Inmaculada Concepción, una alegría y una esperanza invencible brotan en nuestro corazón pues, vestida de sol, con la luna bajo sus pies y coronada de estrellas, es gloriosa, es poderosa; y, al mismo tiempo, es humilde, está muy cerca de nosotros, es la Madre de Jesús, es nuestra Madre.

Oh Virgen Inmaculada, haz que la luz que llevamos esta noche en nuestras manos no se apague jamás en nuestras vidas, sino que ilumine el futuro, abriéndonos, desde ahora, a las promesas de la vida eterna.

Papa León XIV

Fotos: Vatican Media, 27-9-2026

Rezo del Santo Rosario guiado por el Papa León XIV y procesión de las antorchas en el Santuario de Lourdes, 27-9-2026

Foto: Vatican Media, 27-9-2026


27 de septiembre de 2026.- (Camino Católico)   Última cita del Papa León XIV en Lourdes. Esta noche ha presidido el rezo del Santo Rosario y la tradicional procesión de las antorchas en Lourdes, uno de los momentos más significativos de la peregrinación al santuario mariano. Ante miles de peregrinos y enfermos llegados de Francia y de distintos lugares del mundo, el Pontífice en su meditación ha invitado a caminar junto a María con una fe sencilla y confiada, recordando la petición que la Virgen dirigió a santa Bernardita: «Que se venga aquí en procesión». En el vídeo de Vatican News se visualiza y escucha toda la oración del Santo Rosario y la procesión de las antorchas.



Santa Misa de hoy, XXVI domingo del Tiempo Ordinario, presidida por el Papa León XIV, en el Santuario de Nuestra Señora de Lourdes, 27-9-2026

Foto: Vatican Media, 27-9-2026


27 de septiembre de 2026.- (Camino Católico)   El Papa León XIV ha celebrado la Santa Misa del XXVI domingo del Tiempo Ordinario en la Pradera del Santuario de Nuestra Señora de Lourdes en Francia, ante 150.000 fieles. En el vídeo de Vatican News se visualiza y escucha toda la celebración.



En su homilía, el Pontífice ha señalado que “la Virgen nos pide que hagamos penitencia, no sólo por nosotros mismos, que la necesitamos, sino también ‘por los pecadores’, por un mundo que va mal”.


“Aquí la Inmaculada se apareció a santa Bernardita con el Rosario y guió su oración. Por eso, invito hoy a todos los fieles y a todas las comunidades cristianas a rezar el santo Rosario durante el próximo mes de octubre, con la intención particular de que cesen las guerras y se restablezca la paz entre los pueblos en conflicto”, ha propuesto el Papa León XIV, antes de finalizar la misa que ha celebrado este domingo 27 de septiembre, momento en que ha rezado la oración mariana del Ángelus.

sábado, 26 de septiembre de 2026

Papa León XIV ora ante la Virgen de Lourdes, 26-9-2026: «Te confiamos a nuestros seres queridos y a los difuntos: aparta todos los obstáculos que todavía nos separan de tu Hijo amado y haz que Él reine en todos los corazones»

* «Dios que peregrina en este país, tan marcado por tu cercanía. Renueva la fe y el fervor de las familias cristianas, tan queridas por tu corazón, para que vivan cada día de la presencia de Jesús, de su gracia y de su auxilio en las dificultades que atraviesan. Que estén generosamente abiertas a la vida y que Dios suscite en ellas vocaciones, especialmente sacerdotales y religiosas»

  

Vídeo completo de la transmisión en directo de Vatican News con la oración del Papa León XIV en la gruta de la Virgen de Lourdes

26 de septiembre de 2026.- (Camino Católico)  Cuando el avión de Air France en el que viajaba el Papa, procedente de París, aterrizó a las 19:00 en punto en el aeropuerto de Tarbes-Lourdes, las campanas de la ciudad de los Pirineos comenzaron a repicar a todo volumen. León XIV fue recibido al bajar del avión por monseñor Jean-Marc Micas, antes de subir a un Renault con matrícula SCV1. Al entrar en la ciudad de Lourdes, la multitud se hizo más densa junto a las vallas de seguridad. Poco antes de llegar al santuario, el Papa bajó del vehículo para saludar al alcalde de la ciudad, Thierry Lavit. Desde un puente sobre el Gave, rebautizado para la ocasión como «Puente León XIV», el Sumo Pontífice inauguró una estatua y firmó el libro de honor mientras un coro entonaba cantos pirenaicos.




A continuación, el Papa completó su peregrinación hacia el santuario en la papamóvil, donde el clamor de la multitud se transformó en júbilo, al son de los «Ave María» entonados por los miles de fieles presentes. El ruido dio paso entonces a un silencio intenso mientras León XIV se arrodillaba a los pies de la gruta, allí donde Bernadette Soubirous vio por primera vez a una «dama de blanco» en 1858.




Siempre acompañado por el obispo de Lourdes, el Santo Padre tocó a continuación la pared de la gruta y bebió un vaso de agua del manantial, respondiendo así a la llamada de la Virgen a Bernadette: «Ve a beber a la fuente y lávate allí». Al igual que millones de fieles, León XIV se convirtió, desde sus primeros momentos en Lourdes, en un «peregrino entre los peregrinos». A continuación, el Papa leyó una oración a la Virgen, meditando cada palabra.



«Oh, Nuestra Señora de Lourdes, la Inmaculada Concepción, en este lugar bendito donde hablaste con tanta dulzura y ternura a santa Bernadette, humilde hija de Francia, para entregar al mundo un luminoso mensaje de oración, conversión y esperanza, acudimos a ti con confianza», dijo, rezando a Nuestra Señora «por Francia».


«Intercede por su pueblo para que reciba “el don de la concordia fraternal”. Que construya una sociedad armoniosa, desterrando toda violencia y todo odio, permitiendo a cada uno trabajar, formar una familia y vivir plenamente su vida hasta el final con tranquilidad y serenidad. Que los más desdichados y los más pobres cuenten siempre con apoyo. Consigue para Francia líderes sabios y generosos, dispuestos al sacrificio, capaces de afrontar los retos y deseosos de servir al bien común».


En una súplica con aires de oración universal, el Papa pidió que la Virgen protegiera al pueblo de su país anfitrión e iluminara a sus dirigentes, rogando a María que obtuviera «dirigentes sabios y generosos, dispuestos al sacrificio personal, capaces de afrontar los retos y deseosos de servir al bien común». Palabras que siguen la línea de los discursos que pronunció en París.


León XIV también expresó su deseo de que la Virgen ilumine a las autoridades y dirigentes franceses para que «la mantengan en paz en el concierto de las naciones. Que hagan oír su voz para promover la defensa de los derechos humanos fundamentales, así como la paz en el mundo, rechazando para siempre la lógica de la guerra». El Papa pidió asimismo que las oraciones que se elevan ante la gruta puedan renovar «la fe y el fervor de las familias cristianas».


En su oración, el Sumo Pontífice se hizo eco también de las oraciones de todo el mundo que acude a arrodillarse en Lourdes, en particular «las de las personas enfermas y que sufren, así como las de todos aquellos que las acompañan, que han venido a buscar fuerza y sanación».


También oró: «Te confiamos a nuestros seres queridos y a nuestros difuntos. Aparta, te lo suplicamos, todos los obstáculos que todavía nos separan de tu Hijo amado y haz que Él reine en todos los corazones».



Este primer momento solemne en el santuario de Lourdes concluyó con un gesto de devoción reservado a los sumos pontífices: la entrega de una rosa de oro como ofrenda a la Virgen María. El domingo, León XIV continuará su peregrinación al santuario de Lourdes, donde celebrará, entre otras cosas, la misa y participará en la procesión con antorchas.


En el vídeo de Vatican News se visualiza y escucha toda la oración del Papa León XIV, cuyo texto completo es el siguiente:



VIAJE APOSTÓLICO DEL SANTO PADRE A FRANCIA

25-28 DE SEPTIEMBRE DE 2026


ORACIÓN DEL PAPA LEÓN XIV


Gruta de las apariciones de Massabielle, en el Santuario de Nuestra Señora de Lourdes

Sábado 26 de septiembre de 2026


Oh Nuestra Señora de Lourdes, Inmaculada Concepción, en este lugar bendito donde hablaste con tanta dulzura y ternura a santa Bernardita, humilde hija del pueblo de Francia, para transmitir al mundo un luminoso mensaje de oración, conversión y esperanza, acudimos a ti llenos de confianza. Tú eres la Madre que Jesús nos ha dado y permaneces atenta a todas nuestras necesidades.


Te rogamos, Señora nuestra, por Francia, de la que eres Patrona y a la que durante tantos siglos has rodeado con tu protección. Obtén para su pueblo el don de la concordia fraterna. Que construya una sociedad armoniosa, libre de toda violencia y de todo odio, en la que cada persona pueda trabajar, formar una familia y vivir su vida hasta el final con tranquilidad y serenidad.


Que los más desfavorecidos y los pobres encuentren siempre apoyo. Obtén para Francia gobernantes sabios y generosos, dispuestos al sacrificio de sí mismos, capaces de afrontar los desafíos y decididos a servir al bien común. Que conserven al país en paz en el concierto de las naciones. Que hagan oír su voz en defensa de los derechos humanos fundamentales y de la paz en el mundo, rechazando para siempre las lógicas de la guerra.


Santa Virgen María, te presentamos al Pueblo de Dios que peregrina en este país, tan marcado por tu cercanía. Renueva la fe y el fervor de las familias cristianas, tan queridas por tu corazón, para que vivan cada día de la presencia de Jesús, de su gracia y de su auxilio en las dificultades que atraviesan.


Que estén generosamente abiertas a la vida y que Dios suscite en ellas vocaciones, especialmente sacerdotales y religiosas. Concede a tu Iglesia en Francia mostrar, particularmente a los más jóvenes, el camino luminoso del Evangelio, para que puedan edificar la sociedad justa y fraterna que anhelan.


Por último, Madre amantísima, te presentamos nuestras intenciones personales más urgentes, en particular las de las personas enfermas y las que sufren, así como las de todos los que las acompañan: han venido juntos hasta aquí para alcanzar fortaleza y curación.


Te confiamos a nuestros seres queridos y a nuestros difuntos. Aparta, te lo suplicamos, todos los obstáculos que todavía nos separan de tu Hijo amado y haz que Él reine en todos los corazones. Amén.


Papa León XIV


Fotos: Vatican Media, 26-9-2026

Santa Misa de hoy, sábado, votiva de la Virgen María, presidida por el Papa León XIV, en París, 26-9-2026


Foto: Vatican Media, 26-9-2026


26 de septiembre de 2026.- (Camino Católico) El Papa León XIV ha celebrado, la tarde de este sábado, la Santa Misa, votiva de la Virgen María, ante 700.000 personas, en la Plaza de la Concordia de París. En el vídeo de Vatican News se visualiza y escucha toda la celebración.



“Es Jesucristo, por su encarnación, quien sale al encuentro de cada persona en su historia y se le revela como la verdadera fuente de agua viva capaz de saciar su sed. No se trata tanto de una sed material, sino de una sed de sentido, de verdad y de plenitud que habita en el corazón de cada uno” ha reflexionado el Santo Padre en su homilía y ha invitado a convertir la fe recibida en una fuente de esperanza para los demás. Ha exhortado a las familias, los jóvenes, los catecúmenos y toda la comunidad cristiana a llevar el Evangelio allí donde existe el desánimo, la soledad y la «sequía espiritual».

Papa León XIV en diálogo con los jóvenes en Francia: «El encuentro con Cristo nos abre al diálogo y nos prepara para su paz, porque ofrece la mayor promesa que cumple todo deseo: la promesa de la vida eterna»

* «Es el hombre quien se extravía cuando afirma que Dios ha muerto: si Dios no está con él, el hombre ya no tiene salvación y pierde el sentido de su existencia, que queda reducida a un callejón sin salida o a la nada… En Cristo, de hecho, sabemos que Dios nunca es indiferente al hombre. Por medio de Jesús, crucificado y resucitado, dona su propia vida para que nosotros vivamos. He aquí entonces el modo de anunciar a Cristo conjugando valentía y respeto: anunciarlo como Evangelio de salvación, como Palabra de verdad y de vida. Este Evangelio es buena noticia para todos, anuncio liberador y regla de vida nueva»

Video completo de la transmisión en directo realizada por Vatican News con el diálogo del Papa León XIV con los jóvenes

* «Al mismo tiempo, la experiencia de la fragilidad, de cualquier fragilidad, se convierte, para un discípulo de Cristo, en una ocasión para ser su testigo. Quien sigue a Jesús en el camino del servicio humilde y gratuito se libera de la angustia y redescubre un nuevo entusiasmo, al experimentar la alegría y paz interiores; no como sentimientos fugaces o subjetivos, sino arraigadas en la certeza de la fe de la que damos testimonio juntos como Iglesia»


 Camino Católico.-  “El encuentro con Cristo nos abre al diálogo y nos prepara para su paz, porque ofrece a cada hombre y mujer la mayor promesa que cumple todo deseo: la promesa de la vida eterna”, ha reflexionado el Papa León XIV al dialogar con los jóvenes durante la Vigilia de Oración con 80.000 jóvenes franceses que ha celebrado en el Stade de France de Saint-Denis.  Además el Santo Padre también ha meditado sobre el camino de santidad que tienen que recorrer, después de leerse unos versículos de una de las cartas de San Pablo a Timoteo. 


León XIV dialoga con la juventud francesa. Su ideal histórico de libertad surge auténticamente de la elección revolucionaria del bien, que «da vida, nunca la quita». Los exhorta a «luchar» contra los poderes opositores que dividen al pueblo y les arrebatan la felicidad que prometen. Luego los invita a reconocer los conflictos externos e internos, a perdonarse a sí mismos y a perdonarse por sus ansiedades e incertidumbres.

Chloé, de 25 años, habló de su participación en su parroquia y en un grupo de jóvenes católicos “deseosos de vivir y compartir su fe con los demás”. Sin embargo, lamentó que la sociedad “se base en principios diferentes” y, a veces, “no tenga en cuenta la cuestión de Dios”.

El Papa León XIV respondió: “Es cierto, como dices, que la sociedad en la que vivimos parece indiferente a Dios. ¡Pero el Señor no es indiferente a nosotros! Esto es lo que importa y lo que siempre nos da esperanza”.

Un joven de Borgoña llamado François también se dirigió al Papa y le preguntó cómo pueden los jóvenes discernir la llamada del Señor al servicio.

El consejo de León XIV para los jóvenes fue mantener el corazón abierto al sufrimiento de sus semejantes, seguir a Jesús e inspirarse en los ejemplos de los santos.

“Incluso frente a la persecución, estos hermanos y hermanas nuestros abrieron caminos de paz. Miren a aquellos sacerdotes apasionados por Cristo, como San Eugenio de Mazenod y San Juan María Vianney. Miren la belleza mística de Santa Teresa del Niño Jesús; el fervor en la caridad y la misión de la Beata Paulina Jaricot; y la valentía de los 50 mártires del apostolado que sirvieron a sus hermanos hasta el punto de sacrificar sus propias vidas durante la Segunda Guerra Mundial”, afirma.

“Estos santos cambiaron el curso de la historia al guiar a muchas personas de la adversidad a la esperanza, ya que primero cambiaron sus propios corazones, transformándolos a la luz de la fe”, señala. En el vídeo de Vatican News se visualizan y escuchan las preguntas de los jóvenes y las respuestas del Papa León XIV, cuyo texto completo es el siguiente:


VIAJE APOSTÓLICO DEL SANTO PADRE LEÓN XIV A FRANCIA

25-28 DE SEPTIEMBRE DE 2026

VIGILIA DE ORACIÓN CON LOS JÓVENES

DIÁLOGO CON EL SANTO PADRE LEÓN XIV

“Stade de France”, Saint-Denis

Viernes, 25 de septiembre de 2026


Pregunta de Chloé

Santo Padre, le agradecemos su presencia entre nosotros esta tarde y por este momento de diálogo que nos ofrece.

Me llamo Chloé, tengo 25 años y estoy terminando los estudios en farmacología. Formo parte de un grupo de jóvenes católicos de los barrios populares de Île-de-France: La Cité Céleste. Organizamos en particular eventos ocasionales como noches de adoración y alabanza, que reúnen a numerosos jóvenes del barrio deseosos de vivir y compartir ampliamente su fe. También estoy comprometida en mi parroquia, especialmente con los jóvenes de la escuela secundaria. A través de estos diferentes compromisos, me interesa poner mi energía y mis competencias al servicio de los demás, creando un vínculo entre la fe, los jóvenes y las realidades vividas diariamente en nuestros barrios.

Como dice san Pablo, «para nosotros, vivir es Cristo». Sin embargo, la sociedad en la que vivimos se basa en otros principios y a veces parece incluso ajena a la cuestión de Dios. Queremos anunciar a Cristo, con fuerza y perseverancia, a quienes nos rodean, pero también, naturalmente, con respeto y delicadeza hacia los que encontramos. ¿Cómo podemos conjugar la fuerza de nuestro impulso misionero con la autenticidad de una vida fraterna con aquellos que no comparten nuestra fe?

Papa León XIV

Queridos amigos, la primera cosa que yo quisiera decir es muy simple : ¡gracias! Gracias a Dios, gracias a ustedes, gracias por su valentía, gracias por su presencia, gracias por su fe. ¡Ustedes son los santos de Francia!

Y gracias Chloé por tu pregunta. La frase de san Pablo que has citado no es una simple afirmación. Es una auténtica síntesis de su vida. En estas pocas palabras, tan breves pero decisivas, escuchamos una alabanza y una oración, un acto de fe y un camino de santidad recorrido hasta el martirio. «Para mí la vida es Cristo» (Flp 1,21). Al repetir esta declaración de amor, tratamos de compartir la experiencia del apóstol. Él, de hecho, nos da testimonio de cómo Dios nunca es ajeno a su vida, sino que, al contrario, sale a su encuentro: lo llama junto a sí, lo transforma interiormente y lo envía al mundo.

También hoy, todos nosotros estamos involucrados en esta dinámica espiritual: es verdad, como tú has dicho, que la sociedad en la que vivimos parece indiferente a Dios. Sin embargo, ¡el Señor no es indiferente a nosotros! Esto es lo que cuenta y nos da esperanza. Que muchos sean ajenos a la cuestión de Dios es, en efecto, un problema; pero lo es igualmente que muchos sean ajenos a la cuestión del hombre. Cuántas personas, por desgracia, se desinteresan del prójimo, viviendo de manera egoísta o desprecian a los pobres desperdiciando sus bienes en cosas vanales. Cuántos descartan a los sencillos y a los enfermos, pensando que alguien vale por lo que produce. Pienso particularmente, en tu compromiso en los barrios populares de Île-de-France con La Cité Céleste: es allí, en la concreción de la vida cotidiana, e incluso en las dificultades, que tu fe se vuelve un vivo testimonio de esperanza.

Es el hombre quien se extravía cuando afirma que Dios ha muerto: si Dios no está con él, el hombre ya no tiene salvación y pierde el sentido de su existencia, que queda reducida a un callejón sin salida o a la nada. Experimenta exactamente lo contrario quien dice: «Para mí la vida es Cristo». En Cristo, de hecho, sabemos que Dios nunca es indiferente al hombre. Por medio de Jesús, crucificado y resucitado, dona su propia vida para que nosotros vivamos. He aquí entonces el modo de anunciar a Cristo conjugando valentía y respeto: anunciarlo como Evangelio de salvación, como Palabra de verdad y de vida. Este Evangelio es buena noticia para todos, anuncio liberador y regla de vida nueva.

El Evangelio de Jesús, en realidad, no conduce al conflicto, sino que siempre invita al perdón: mientras ilumina el drama de la historia, nos educa en el cuidado fraterno. El encuentro con Cristo nos abre al diálogo y nos prepara para su paz, porque ofrece a cada hombre y mujer la mayor promesa que cumple todo deseo: la promesa de la vida eterna.

Querida Chloé, queridos jóvenes, la experiencia religiosa de cada persona expresa esa búsqueda de sentido que anima el alma. En Jesús, el Redentor del mundo, Dios se deja encontrar hablando «a los hombres como amigos» (Dei Verbum, 2). Él es la fuente de agua viva, la luz en las tinieblas. Por tanto, con la alegría de la fe, exclamemos juntos esta noche: ¡para nosotros vivir es Cristo! Todos juntos: ¡para nosotros vivir es Cristo!

Gracias a Él podemos unir el celo misionero con la experiencia de la fraternidad hacia quienes no creen o pertenecen a otras tradiciones religiosas. Esta fraternidad, compuesta por la escucha y la estima mutua, hunde sus raíces en la unidad de la familia humana, que a lo largo de la historia ha expresado la dimensión religiosa como una característica vital de todo pueblo. 

Cultivar un vínculo fraternal con quienes no comparten nuestra fe contribuye así a la construcción de la sociedad; además, puede convertirse en un ejercicio de fe y caridad, porque es imposible dar testimonio de Cristo sin amar a quienes deseamos anunciarlo. Un signo alentador de esta fraternidad son las reuniones entre jóvenes de la zona mediterránea que han tenido lugar en los últimos años.

Por tanto, el mensaje cristiano no es un obstáculo para la convivencia fraterna, al contrario, lo promueve, porque invita libremente a cada persona a escuchar una noticia de paz y salvación. Del mismo modo, nuestra misión no contradice el respeto hacia otras religiones, porque la Iglesia no rechaza nada de lo que en ellas hay de santo y verdadero (cf. Nostra aetate, 2). Gracias. 

Pregunta de François

Santo Padre, gracias por venir a fortalecernos en la fe y en nuestro deseo de dar testimonio del Evangelio.

Me llamo François Bigot, crecí en el campo de Borgoña y actualmente estudio agronomía en la Universidad de La Salle. Me gusta dedicar mi tiempo a la belleza de la liturgia, estoy comprometido a servir a mi diócesis a través de la peregrinación en bicicleta de montaña a Nevers, a la peregrinación en bicicleta de montaña y a la preparación de una nueva peregrinación borgoñona. También soy líder scout y participo en la atención pastoral universitaria de mi escuela.

Al servicio de los más vulnerables, al servicio de la paz en nuestro país y en el mundo, al servicio de la Iglesia de Cristo, ¡los jóvenes queremos comprometernos! Sin embargo, a menudo es difícil entender cómo orientar la vida para entregarse sin reservas, con fidelidad, sin dispersarse ni desanimarse, ni, tanto que la tarea a veces parece inconmensurable. La ansiedad y la incertidumbre a menudo hacen frágil el entusiasmo de nuestra juventud. Beatísimo Padre, ¿cómo podemos discernir dónde el Señor nos espera para servir y ofrecer nuestras vidas?

¿Hay muchos scouts aquí? Ah, ¡muy bien, bienvenidos!

Primero que nada, les agradezco mucho su compromiso. Es una gran alegría para mí ver que son tan numerosos, animados por el deseo de ponerse al servicio de la paz, que nos hace crecer como hombres y mujeres, transformando los miedos en esperanza y las quejas en compromiso responsable. Hoy esta gran misión es más urgente que nunca, pues nos invita a navegar con discernimiento en medio de las transformaciones tecnológicas y digitales actuales, sin disminuir nuestra humanidad. En particular, cuando nos dedicamos a proteger a los más pequeños y débiles, reconocemos nuestra propia debilidad, en la que todos nos encontramos. Esta fragilidad propia de la vida humana no nos asusta, sino que nos une como criaturas que se descubren hermanos y hermanas en Cristo. Él es el primero que se entrega a nosotros; y el signo vivo de esta gracia es la Eucaristía, «fuente y cumbre de toda la vida cristiana» (Lumen gentium, 11). De este sacramento, que sostiene nuestra fe, obtenemos la fuerza para entregarnos, a nuestra vez, a nuestro prójimo, imitando la gratuidad del Señor Jesús. La búsqueda de la justicia y la paz nos obliga a constatar los conflictos que nosotros mismos experimentamos y a purificar nuestros corazones. Al comprometernos al servicio de Dios y de los demás, nuestras heridas encuentran consuelo y redención.

En toda la historia, no hay fracaso del que Dios no pueda levantarnos: su misericordia es nuestra alegría. Y, sin embargo, han mencionado la ansiedad y la incertidumbre como obstáculos para su entusiasmo. Son sentimientos muy difundidos, debido a la precariedad de los planes para el futuro, la naturaleza provisional de los vínculos afectivos y la fragilidad de las relaciones. A ellos se suman otros, que pesan sobre su generación, como el cansancio provocado por las pantallas y la ansiedad ante el cambio climático o la situación económica e internacional. Sí, necesitamos prestar atención a estos sentimientos. Invito a todos ustedes, queridos jóvenes, a mantener el corazón abierto ante los sufrimientos de sus compañeros.

Al mismo tiempo, la experiencia de la fragilidad, de cualquier fragilidad, se convierte, para un discípulo de Cristo, en una ocasión para ser su testigo. Quien sigue a Jesús en el camino del servicio humilde y gratuito se libera de la angustia y redescubre un nuevo entusiasmo, al experimentar la alegría y paz interiores; no como sentimientos fugaces o subjetivos, sino arraigadas en la certeza de la fe de la que damos testimonio juntos como Iglesia.

Sí, juntos formamos la Iglesia: frágil y santa, como vasijas de barro que guardan un tesoro (cf. 2 Co 4,7). Es nuevamente san Pablo quien nos recuerda que precisamente en la debilidad somos fuertes (cf. 2 Co 12,10). Especialmente en tiempos difíciles, Dios sostiene nuestra libertad y nos anima con su gracia. Quiso vivir como hombre, para que pudiéramos vivir con Él para siempre, como testigos gozosos de la esperanza.

Queridos amigos, esta amistad con Jesús es donde se realiza nuestro discernimiento, una reflexión que requiere invocar al Espíritu Santo. Se trata de un ejercicio constante para avanzar de manera ordenada y segura.

¿Cómo podemos discernir bien?

En primer lugar, recuerden que la Palabra del Señor es siempre una lámpara para nuestros pasos (cf. Sal 119,105). A la luz del Evangelio, la formación espiritual pasa a través de la oración y el servicio; la adoración y la acción; el silencio ―ese silencio tan raro y tan necesario, lejos del bullicio de los medios― y el anuncio.

Luego, miren el ejemplo de los santos: incluso en la persecución, estos hermanos y hermanas nuestros abrieron caminos de paz. Miren a aquellos sacerdotes apasionados por Cristo, como san Eugenio de Mazenod y san Juan María Vianney; contemplen la belleza mística de santa Teresa de Lisieux; a la beata Pauline Jaricot, ferviente en la caridad y la misión; el valor de los cincuenta mártires del apostolado, en tiempos de la Segunda Guerra Mundial, que sirvieron a sus hermanos y hermanas hasta el punto de sacrificar sus vidas. Los santos cambiaron el curso de la historia, haciendo que muchos pasaran del sufrimiento a la esperanza, porque primero cambiaron sus propios corazones, transformándolos a la luz de la fe.

Queridos jóvenes, mientras disciernen su vocación, estén seguros de que el Señor no les habla de manera confusa, sino que se dirige a cada uno por su nombre y los invita a seguirlo porque los ama. Acogiendo su Evangelio con la mente clara y el corazón puro, entenderán cómo Jesús los llama a servir. Se trata siempre de un don de vida: pleno, fiel, rebosante de amor. Para vencer la angustia o la incertidumbre, tengan el valor de decir una sola palabra, simple y hermosa: gracias. Gracias, Jesús, por tu amor.

Por eso ahora, sin miedo, pero con confianza y llenos de alegría, ya podemos decir todos todos, todos juntos, siguiendo los pasos de los santos: “¡Heme aquí Señor!”

Todos juntos: “¡Heme aquí Señor!”

Y me dirijo a aquellos de entre ustedes ―y hay muchos aquí esta noche― que creen escuchar la llamada a seguir a Jesús en el camino del sacerdocio o de la vida consagrada. Queridos amigos, ¡la Iglesia en Francia los necesita mucho! Ella reza por ustedes, los está esperando. Queridos amigos, ¡no tengan miedo de esta llamada! Tengan valor, confíen en Jesús que quiere hacerlos sus amigos más cercanos: Él no los decepcionará y siempre estará a su lado; su vida será maravillosamente hermosa y fructífera.

Para concluir, podemos retomar esta oración que nos dio san Juan Pablo II: «Maestro, tú que amas y respetas la persona humana, tú que has compartido el sufrimiento de los hombres, tu que esclareces el misterio de la existencia humana, ¡haznos descubrir el verdadero sentido de nuestra vida y de nuestra vocación!» (Homilía de la XII Jornada Mundial de la Juventud, París, 24 agosto 1997).

Gracias.

Papa León XIV

Fotos: Vatican Media, 25-9-2026