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viernes, 18 de abril de 2025

Palabra de Vida 18/4/2025: «Pasión de nuestro Señor Jesucristo» / Por P. Jesús Higueras

 

Camino Católico.- Espacio «Palabra de Vida» de 13 TV del 18 de abril de 2025, Viernes Santo, presentado por el padre Jesús Higueras en el que comenta el evangelio del día.

Evangelio: San Juan 18, 1-19, 42.:

En aquel tiempo, Jesús pasó con sus discípulos al otro lado del torrente Cedrón, donde había un huerto, en el que entraron él y sus discípulos. Pero también Judas, el que le entregaba, conocía el sitio, porque Jesús se había reunido allí muchas veces con sus discípulos. Judas, pues, llega allí con la cohorte y los guardias enviados por los sumos sacerdotes y fariseos, con linternas, antorchas y armas. Jesús, que sabía todo lo que le iba a suceder, se adelanta y les pregunta: «¿A quién buscáis?». Le contestaron: «A Jesús el Nazareno». Díceles: «Yo soy». Judas, el que le entregaba, estaba también con ellos. Cuando les dijo: «Yo soy», retrocedieron y cayeron en tierra. Les preguntó de nuevo: «¿A quién buscáis?». Le contestaron: «A Jesús el Nazareno». Respondió Jesús: «Ya os he dicho que yo soy; así que si me buscáis a mí, dejad marchar a éstos». Así se cumpliría lo que había dicho: «De los que me has dado, no he perdido a ninguno». Entonces Simón Pedro, que llevaba una espada, la sacó e hirió al siervo del Sumo Sacerdote, y le cortó la oreja derecha. El siervo se llamaba Malco. Jesús dijo a Pedro: «Vuelve la espada a la vaina. La copa que me ha dado el Padre, ¿no la voy a beber?».

Entonces la cohorte, el tribuno y los guardias de los judíos prendieron a Jesús, le ataron y le llevaron primero a casa de Anás, pues era suegro de Caifás, el Sumo Sacerdote de aquel año. Caifás era el que aconsejó a los judíos que convenía que muriera un solo hombre por el pueblo. Seguían a Jesús Simón Pedro y otro discípulo. Este discípulo era conocido del Sumo Sacerdote y entró con Jesús en el atrio del Sumo Sacerdote, mientras Pedro se quedaba fuera, junto a la puerta. Entonces salió el otro discípulo, el conocido del Sumo Sacerdote, habló a la portera e hizo pasar a Pedro. La muchacha portera dice a Pedro: «¿No eres tú también de los discípulos de ese hombre?». Dice él: «No lo soy». Los siervos y los guardias tenían unas brasas encendidas porque hacía frío, y se calentaban. También Pedro estaba con ellos calentándose. El Sumo Sacerdote interrogó a Jesús sobre sus discípulos y su doctrina. Jesús le respondió: «He hablado abiertamente ante todo el mundo; he enseñado siempre en la sinagoga y en el Templo, donde se reúnen todos los judíos, y no he hablado nada a ocultas. ¿Por qué me preguntas? Pregunta a los que me han oído lo que les he hablado; ellos saben lo que he dicho». Apenas dijo esto, uno de los guardias que allí estaba, dio una bofetada a Jesús, diciendo: «¿Así contestas al Sumo Sacerdote?». Jesús le respondió: «Si he hablado mal, declara lo que está mal; pero si he hablado bien, ¿por qué me pegas?». Anás entonces le envió atado al Sumo Sacerdote Caifás. Estaba allí Simón Pedro calentándose y le dijeron: «¿No eres tú también de sus discípulos?». El lo negó diciendo: «No lo soy». Uno de los siervos del Sumo Sacerdote, pariente de aquel a quien Pedro había cortado la oreja, le dice: «¿No te vi yo en el huerto con Él?». Pedro volvió a negar, y al instante cantó un gallo.

De la casa de Caifás llevan a Jesús al pretorio. Era de madrugada. Ellos no entraron en el pretorio para no contaminarse y poder así comer la Pascua. Salió entonces Pilato fuera donde ellos y dijo: «¿Qué acusación traéis contra este hombre?». Ellos le respondieron: «Si éste no fuera un malhechor, no te lo habríamos entregado». Pilato replicó: «Tomadle vosotros y juzgadle según vuestra Ley». Los judíos replicaron: «Nosotros no podemos dar muerte a nadie». Así se cumpliría lo que había dicho Jesús cuando indicó de qué muerte iba a morir. Entonces Pilato entró de nuevo al pretorio y llamó a Jesús y le dijo: «¿Eres tú el Rey de los judíos?». Respondió Jesús: «¿Dices eso por tu cuenta, o es que otros te lo han dicho de mí?». Pilato respondió: «¿Es que yo soy judío? Tu pueblo y los sumos sacerdotes te han entregado a mí. ¿Qué has hecho?». Respondió Jesús: «Mi Reino no es de este mundo. Si mi Reino fuese de este mundo, mi gente habría combatido para que no fuese entregado a los judíos: pero mi Reino no es de aquí». Entonces Pilato le dijo: «¿Luego tú eres Rey?». Respondió Jesús: «Sí, como dices, soy Rey. Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo: para dar testimonio de la verdad. Todo el que es de la verdad, escucha mi voz». Le dice Pilato: «¿Qué es la verdad?». Y, dicho esto, volvió a salir donde los judíos y les dijo: «Yo no encuentro ningún delito en Él. Pero es costumbre entre vosotros que os ponga en libertad a uno por la Pascua. ¿Queréis, pues, que os ponga en libertad al Rey de los judíos?». Ellos volvieron a gritar diciendo: «¡A ése, no; a Barrabás!». Barrabás era un salteador.

Pilato entonces tomó a Jesús y mandó azotarle. Los soldados trenzaron una corona de espinas, se la pusieron en la cabeza y le vistieron un manto de púrpura; y, acercándose a Él, le decían: «Salve, Rey de los judíos». Y le daban bofetadas. Volvió a salir Pilato y les dijo: «Mirad, os lo traigo fuera para que sepáis que no encuentro ningún delito en Él». Salió entonces Jesús fuera llevando la corona de espinas y el manto de púrpura. Díceles Pilato: «Aquí tenéis al hombre». Cuando lo vieron los sumos sacerdotes y los guardias, gritaron: «¡Crucifícalo, crucifícalo!». Les dice Pilato: «Tomadlo vosotros y crucificadle, porque yo ningún delito encuentro en Él». Los judíos le replicaron: «Nosotros tenemos una Ley y según esa Ley debe morir, porque se tiene por Hijo de Dios». Cuando oyó Pilato estas palabras, se atemorizó aún más. Volvió a entrar en el pretorio y dijo a Jesús: «¿De dónde eres tú?». Pero Jesús no le dio respuesta. Dícele Pilato: «¿A mí no me hablas? ¿No sabes que tengo poder para soltarte y poder para crucificarte?». Respondió Jesús: «No tendrías contra mí ningún poder, si no se te hubiera dado de arriba; por eso, el que me ha entregado a ti tiene mayor pecado». Desde entonces Pilato trataba de librarle. Pero los judíos gritaron: «Si sueltas a ése, no eres amigo del César; todo el que se hace rey se enfrenta al César». Al oír Pilato estas palabras, hizo salir a Jesús y se sentó en el tribunal, en el lugar llamado Enlosado, en hebreo Gabbatá. Era el día de la Preparación de la Pascua, hacia la hora sexta. Dice Pilato a los judíos: «Aquí tenéis a vuestro Rey». Ellos gritaron: «¡Fuera, fuera! ¡Crucifícale!». Les dice Pilato: «¿A vuestro Rey voy a crucificar?». Replicaron los sumos sacerdotes: «No tenemos más rey que el César». Entonces se lo entregó para que fuera crucificado.

Tomaron, pues, a Jesús, y Él cargando con su cruz, salió hacia el lugar llamado Calvario, que en hebreo se llama Gólgota, y allí le crucificaron y con Él a otros dos, uno a cada lado, y Jesús en medio. Pilato redactó también una inscripción y la puso sobre la cruz. Lo escrito era: «Jesús el Nazareno, el Rey de los judíos». Esta inscripción la leyeron muchos judíos, porque el lugar donde había sido crucificado Jesús estaba cerca de la ciudad; y estaba escrita en hebreo, latín y griego. Los sumos sacerdotes de los judíos dijeron a Pilato: «No escribas: ‘El Rey de los judíos’, sino: ‘Éste ha dicho: Yo soy Rey de los judíos’». Pilato respondió: «Lo que he escrito, lo he escrito». Los soldados, después que crucificaron a Jesús, tomaron sus vestidos, con los que hicieron cuatro lotes, un lote para cada soldado, y la túnica. La túnica era sin costura, tejida de una pieza de arriba abajo. Por eso se dijeron: «No la rompamos; sino echemos a suertes a ver a quién le toca». Para que se cumpliera la Escritura: «Se han repartido mis vestidos, han echado a suertes mi túnica». Y esto es lo que hicieron los soldados. Junto a la cruz de Jesús estaban su madre y la hermana de su madre, María, mujer de Cleofás, y María Magdalena. Jesús, viendo a su madre y junto a ella al discípulo a quien amaba, dice a su madre: «Mujer, ahí tienes a tu hijo». Luego dice al discípulo: «Ahí tienes a tu madre». Y desde aquella hora el discípulo la acogió en su casa.

Después de esto, sabiendo Jesús que ya todo estaba cumplido, para que se cumpliera la Escritura, dice: «Tengo sed». Había allí una vasija llena de vinagre. Sujetaron a una rama de hisopo una esponja empapada en vinagre y se la acercaron a la boca. Cuando tomó Jesús el vinagre, dijo: «Todo está cumplido». E inclinando la cabeza entregó el espíritu.

Los judíos, como era el día de la Preparación, para que no quedasen los cuerpos en la cruz el sábado —porque aquel sábado era muy solemne— rogaron a Pilato que les quebraran las piernas y los retiraran. Fueron, pues, los soldados y quebraron las piernas del primero y del otro crucificado con Él. Pero al llegar a Jesús, como lo vieron ya muerto, no le quebraron las piernas, sino que uno de los soldados le atravesó el costado con una lanza y al instante salió sangre y agua. El que lo vio lo atestigua y su testimonio es válido, y él sabe que dice la verdad, para que también vosotros creáis. Y todo esto sucedió para que se cumpliera la Escritura: «No se le quebrará hueso alguno». Y también otra Escritura dice: «Mirarán al que traspasaron».

Después de esto, José de Arimatea, que era discípulo de Jesús, aunque en secreto por miedo a los judíos, pidió a Pilato autorización para retirar el cuerpo de Jesús. Pilato se lo concedió. Fueron, pues, y retiraron su cuerpo. Fue también Nicodemo —aquel que anteriormente había ido a verle de noche— con una mezcla de mirra y áloe de unas cien libras. Tomaron el cuerpo de Jesús y lo envolvieron en vendas con los aromas, conforme a la costumbre judía de sepultar. En el lugar donde había sido crucificado había un huerto, y en el huerto un sepulcro nuevo, en el que nadie todavía había sido depositado. Allí, pues, porque era el día de la Preparación de los judíos y el sepulcro estaba cerca, pusieron a Jesús.

La Pasión de Jesús redefine el amor buscamos: un amor libre, total, fiel y fecundo / Por María Paula Aldana #18Abril2025


18 de abril de 2025.-  (Camino Católico)  ¿Por qué nos cuesta tanto mirar la cruz? ¿Por qué preferimos hablar del Cristo resucitado, pero evitamos al crucificado? Este Viernes Santo, María Paula Aldana hace una profunda meditación en la que te invita a descubrir cómo la Pasión de Jesús redefine el amor que tú y yo buscamos: un amor libre, total, fiel y fecundo. María Paula Aldana hace una profunda meditación, en un video de Somos Suyos, plataforma de la que es fundadora.


María Paula Aldana es creadora de contenido digital, conferencista internacional y escritora. Soy estudiante de la carrera civil de Teología y el bachillerato eclesiástico en la Pontificia Universidad Javeriana. Estudiante de teología del cuerpo del Theology of the Body Institute. Diplomada en Educación Sexual Integral de la Universidad Austral de Argentina y egresada del programa de Fundamentos sobre Sexualidad de la Universidad Fasta, Perú. Representante de la sociedad civil en la coalición de Juventudes ante la OEA. Defensora de la Dignidad humana de The World Youth Alliance. Ex consejera de Juventud de Usaquén, Bogotá D.C. Delegada de ADF (Allience defending freedom).

Palabras de Cristo en la Cruz agonizando: Su muerte vence al demonio / Por P. Santiago Martín

18 de abril de 2025.- (Camino Católico).- El P. Santiago Martín el Viernes Santo de la Pasión del Señor, predica sobre las palabras de Cristo en la Cruz agonizando: su muerte vence al demonio  emitido por Magníficat TV.

Meditación del Viernes Santo: «Contemplar y permanecer al pie de la cruz de Cristo» / Por Mons. Fernando García Cadiñanos, obispo de Mondoñedo-Ferrol


18 de abril de 2025.- (Camino Católico) El obispo de Mondoñedo-Ferrol, Fernando García Cadiñanos medita sobre el evangelio del Viernes Santo, la Pasión del Señor y explica por qué Jesús acoge en su Cruz el dolor de toda la humanidad caída y sufriente. Invita a “contemplar y permanecer al pie de la cruz de Cristo”. Lo hace en el espacio ‘Meditación de Semana Santa” emitido por 13 TV. Este es el texto completo de la meditación:

Un saludo muy especial y fraterno en este Viernes Santo. Hoy la Iglesia nos invita a contemplar la Cruz. Es la Cruz que nos hace, precisamente, más hermanos unos de otros, más cercanos y solidarios de toda la humanidad. En medio de esta realidad de desvinculación social en la que vivimos, necesitamos a alguien que nos congregue, nos reúna, Cristo en la Cruz.

Así nos lo expresa perfectamente la oración universal con la que oraremos en la liturgia de este día. Porque Jesús acoge en su Cruz el dolor de toda la humanidad caída y sufriente. Porque la respuesta ante este misterio del dolor y de la Cruz presente en nuestro mundo es, precisamente, el Crucificado.

Jesús se une misteriosamente a través de su Cruz con los sufrimientos e injusticias de nuestro mundo inicuo. Dolores y cruces que no podemos ocultar, sino que tenemos que seguir señalando y levantando para que nos hagan más humanos y nos descubramos en el camino de la entrega y de la solidaridad.

En la Cruz de Cristo encontramos la denuncia de la injusticia, la solidaridad con los que sufren, la esperanza de un mundo nuevo. Su costado abierto nos recuerda que el amor de Dios no se queda en el templo sino que sale a las calles, a los hospitales, a las cárceles, a los campos de refugiados.

Cristo crucificado asume el dolor de los crucificados de nuestro tiempo, todos ellos con un rostro concreto, de los enfermos y moribundos, de los migrantes que sufren en las fronteras, de las víctimas de todas las guerras, de los empobrecidos de nuestro mundo, de los hambrientos que mueren por la injusticia, de las víctimas de la trata, de las personas sin hogar, de los que no tienen trabajo o lo realizan en condiciones indignas, de las personas que están en situación de soledad no deseada. En fin, en la Cruz de Jesús Él asume misteriosamente tu dolor, el dolor de la humanidad.

Lo acoge, lo acompaña, lo redime, lo ofrece. Esta Cruz de Jesús que, por cierto, nunca podemos separarla de su vida. Su muerte es la consecuencia de su existencia, no es un hecho aislado, sino resultado de su ofrenda al Padre y a su pueblo.

De esta manera sella con su muerte el núcleo de su existencia. San Francisco de Sales se preguntaba en uno de sus sermones si no podría habernos redimido de otra manera, el que todo lo puede por su poder, y llega a la siguiente conclusión. Claro que podría haberlo hecho, pero no quiso renunciar a su muerte en Cruz porque lo que era suficiente para nuestra salvación no era suficiente para satisfacer su amor. En definitiva, es lo que decimos a la persona a la que verdaderamente amamos, te quiero tanto que moriría por ti. Por eso hoy podemos celebrar la muerte de Jesús. ¿Por eso tendría sentido celebrar una muerte si no fuera salvadora y signo de algo más grande? De ahí que una consecuencia que nos invita a descubrir este santo es que, si ha muerto por nuestro amor, deberíamos morir también por él, y si no podemos morir de amor, al menos que no vivamos sino sólo para él.

Así se entiende mejor la muerte de los mártires, y por eso en este día tenemos un recuerdo muy especial por los cristianos perseguidos, hombres y mujeres, hermanos nuestros, que sufren persecución por su fe y que no renuncian a ella porque no pueden traicionar el amor grande experimentado en sus vidas. Toda una lección. El texto del Evangelio de Juan, que leeremos en La Pasión, indica una profecía que ha sido ampliamente analizada por los padres de la Iglesia y que también comenta el Papa Benedicto XVI. Me refiero al texto en el que se dice «Mirarán al que atravesaron». ¿Qué se quiere indicar? ¿Por qué hoy seguir mirando al Crucificado? ¿Por qué hoy sacar a nuestras calles y plazas las cruces que representan el patíbulo de un hombre, el horror de una muerte, el fracaso de una vida, el dolor más inhumano? ¿Por qué la Cruz sigue siendo la señal de los cristianos? Varios aspectos nos pueden ayudar a dar respuesta a estos interrogantes.

El texto del Evangelio indica que un soldado abrió el costado de Jesús con la lanza. No sé si sabéis que, para ello, emplea la misma palabra que se utiliza en el Antiguo Testamento cuando se narra la creación de Eva del costado de Adán dormido. Si miramos al que atravesaron, es porque en el costado de Cristo hay un nuevo nacimiento, una nueva creación. La entrega de Jesús, su oblación hasta el final, trae una nueva fecundidad que se encarna en Cristo, el nuevo Adán. Él es el hombre verdadero. Él es el ser para los demás. Él es la medida de todo ser humano hacia el que confluye toda persona para llegar a su propia autenticidad y plenitud. Él es el hombre abierto al Padre y hacia los hombres.

Por eso, al mirar al que atravesaron, nos está indicando el misterio de la humanidad y el camino que ha de recorrer todo cristiano. Serlo de verdad significa hacerse hombre, es decir, llegar a la humanidad verdadera, ser para los demás y ser a partir de Dios. Además, del costado traspasado de Cristo nos dice la Escritura que emanó sangre y agua. Este dato, según interpretación de los padres, representa los dos sacramentos fundamentales que constituyen el contenido auténtico del ser Iglesia, el Bautismo y la Eucaristía. Por eso se puede decir que del costado de Cristo nace la Iglesia, la nueva Eva. En su costado abierto nace la Iglesia, una comunidad llamada a ser signo de esperanza, a trabajar por la justicia, a cuidar de los más vulnerables.

El Bautismo nos une a Cristo, nos hace hermanos y hermanas, nos llama a construir una comunidad inclusiva donde nadie se sienta al margen. La Eucaristía nos alimenta con el pan de la solidaridad, nos fortalece para amar y servir, nos impulsa a compartir nuestros bienes con los necesitados. A través de estos dos sacramentos, los creyentes somos incorporados vitalmente a la entrega de Cristo al Padre para bien de la humanidad.

Mirar al que traspasaron hoy nos señala, por tanto, el camino del hombre y el camino que tiene que recorrer la Iglesia, su lugar más propio. Somos los hijos de la Cruz. La Iglesia nace y solo se puede mantener con autenticidad si permanece al pie de la Cruz, entre los crucificados de la historia, en las periferias de la humanidad, junto a María, puestos los ojos en el Crucificado que nos salva.

Por eso tiene sentido seguir mirando hoy a la Cruz, levantarla y ofrecer la Cruz a nuestra humanidad como signo de esperanza y luz en las tinieblas. Te invito hoy a contemplar el Crucificado, a coger una Cruz entre tus manos y a agradecerle su amor, empaparte de su entrega. Siente en esa Cruz que Dios acoge tu dolor, tu sufrimiento y el de la entera humanidad. Él ha cambiado el sentido del dolor y del sufrimiento humano. La Cruz se convierte en la proclamación de que la victoria final no pertenece a aquellos que superan a los demás, sino a aquellos que se superan a sí mismos, no a quienes hacen sufrir, sino a quienes sufren. Por eso, que al mirarla se alumbre también tu esperanza, tu llamada a entregarte, que su victoria y su fuerza fortalezcan tu camino de fe.

¡Feliz Viernes Santo!

Mons. Fernando García Cadiñanos

Homilía del Viernes Santo: Contemplando la cruz deberíamos orar así: “Aquí, Señor, en tu Cruz, son destruidos mis pecados, crucificadas mis pasiones; aquí soy hecho justo, soy hecho santo, soy curado” / Por P. José María Prats


Viernes Santo 

Isaías 52,13-53,12  /  Salmo 30  /  Hebreos 4, 14-16;5,7-9  /  San Juan 18, 1-19-42

P. José María Prats / Camino Católico.- La primera lectura, del profeta Isaías, es un texto formidable, de una densidad teológica extraordinaria, que nos revela el sentido profundo del relato de la pasión que acabamos de proclamar:

«Él soportó nuestros sufrimientos y aguantó nuestros dolores ... Fue traspasado por nuestras rebeliones, triturado por nuestros crímenes. Nuestro castigo saludable cayó sobre él, sus cicatrices nos curaron ... Mi siervo justificará a muchos, porque cargó con los crímenes de ellos ... Expuso su vida a la muerte y fue contado entre los pecadores, él tomó el pecado de muchos e intercedió por los pecadores».

Estas palabras nos pueden ayudar mucho en la adoración de la cruz que haremos más tarde en esta celebración.

Contemplando la cruz deberíamos orar así:

“Aquí, Señor, en tu Cruz, son destruidos mis pecados; aquí son crucificadas mis pasiones; aquí soy hecho justo; aquí soy hecho santo; aquí soy curado. Aquí es sepultado el hombre viejo que me domina. Aquí renazco como un hombre nuevo configurado a ti. Aquí me libero del pecado, de mí mismo y del egoísmo que me esclaviza. Aquí encuentro la paz. Aquí encuentro la vida. Aquí encuentro a los hermanos. Aquí aprendo a amar. Aquí conozco al Padre y me conozco a mí mismo. Aquí recibo el don de tu Espíritu Santo. Aquí me lleno de amor y de gozo. Aquí vuelvo a nacer y pregusto ya, desde ahora, la vida eterna.”

“Tú, Señor, has hecho posible este milagro por tu sacrificio. Ahora no puedo hacer otra cosa que vivir consagrado a ti, que vivir de ti y para ti. Aquí tienes mi vida, mi voluntad, mis deseos, mi futuro, todo lo que soy y lo que tengo: mi gozo es que sean tuyos”.

P. José María Prats

Evangelio

En aquel tiempo, Jesús pasó con sus discípulos al otro lado del torrente Cedrón, donde había un huerto, en el que entraron él y sus discípulos. Pero también Judas, el que le entregaba, conocía el sitio, porque Jesús se había reunido allí muchas veces con sus discípulos. Judas, pues, llega allí con la cohorte y los guardias enviados por los sumos sacerdotes y fariseos, con linternas, antorchas y armas. Jesús, que sabía todo lo que le iba a suceder, se adelanta y les pregunta: «¿A quién buscáis?». Le contestaron: «A Jesús el Nazareno». Díceles: «Yo soy». Judas, el que le entregaba, estaba también con ellos. Cuando les dijo: «Yo soy», retrocedieron y cayeron en tierra. Les preguntó de nuevo: «¿A quién buscáis?». Le contestaron: «A Jesús el Nazareno». Respondió Jesús: «Ya os he dicho que yo soy; así que si me buscáis a mí, dejad marchar a éstos». Así se cumpliría lo que había dicho: «De los que me has dado, no he perdido a ninguno». Entonces Simón Pedro, que llevaba una espada, la sacó e hirió al siervo del Sumo Sacerdote, y le cortó la oreja derecha. El siervo se llamaba Malco. Jesús dijo a Pedro: «Vuelve la espada a la vaina. La copa que me ha dado el Padre, ¿no la voy a beber?».

Entonces la cohorte, el tribuno y los guardias de los judíos prendieron a Jesús, le ataron y le llevaron primero a casa de Anás, pues era suegro de Caifás, el Sumo Sacerdote de aquel año. Caifás era el que aconsejó a los judíos que convenía que muriera un solo hombre por el pueblo. Seguían a Jesús Simón Pedro y otro discípulo. Este discípulo era conocido del Sumo Sacerdote y entró con Jesús en el atrio del Sumo Sacerdote, mientras Pedro se quedaba fuera, junto a la puerta. Entonces salió el otro discípulo, el conocido del Sumo Sacerdote, habló a la portera e hizo pasar a Pedro. La muchacha portera dice a Pedro: «¿No eres tú también de los discípulos de ese hombre?». Dice él: «No lo soy». Los siervos y los guardias tenían unas brasas encendidas porque hacía frío, y se calentaban. También Pedro estaba con ellos calentándose. El Sumo Sacerdote interrogó a Jesús sobre sus discípulos y su doctrina. Jesús le respondió: «He hablado abiertamente ante todo el mundo; he enseñado siempre en la sinagoga y en el Templo, donde se reúnen todos los judíos, y no he hablado nada a ocultas. ¿Por qué me preguntas? Pregunta a los que me han oído lo que les he hablado; ellos saben lo que he dicho». Apenas dijo esto, uno de los guardias que allí estaba, dio una bofetada a Jesús, diciendo: «¿Así contestas al Sumo Sacerdote?». Jesús le respondió: «Si he hablado mal, declara lo que está mal; pero si he hablado bien, ¿por qué me pegas?». Anás entonces le envió atado al Sumo Sacerdote Caifás. Estaba allí Simón Pedro calentándose y le dijeron: «¿No eres tú también de sus discípulos?». El lo negó diciendo: «No lo soy». Uno de los siervos del Sumo Sacerdote, pariente de aquel a quien Pedro había cortado la oreja, le dice: «¿No te vi yo en el huerto con Él?». Pedro volvió a negar, y al instante cantó un gallo.

De la casa de Caifás llevan a Jesús al pretorio. Era de madrugada. Ellos no entraron en el pretorio para no contaminarse y poder así comer la Pascua. Salió entonces Pilato fuera donde ellos y dijo: «¿Qué acusación traéis contra este hombre?». Ellos le respondieron: «Si éste no fuera un malhechor, no te lo habríamos entregado». Pilato replicó: «Tomadle vosotros y juzgadle según vuestra Ley». Los judíos replicaron: «Nosotros no podemos dar muerte a nadie». Así se cumpliría lo que había dicho Jesús cuando indicó de qué muerte iba a morir. Entonces Pilato entró de nuevo al pretorio y llamó a Jesús y le dijo: «¿Eres tú el Rey de los judíos?». Respondió Jesús: «¿Dices eso por tu cuenta, o es que otros te lo han dicho de mí?». Pilato respondió: «¿Es que yo soy judío? Tu pueblo y los sumos sacerdotes te han entregado a mí. ¿Qué has hecho?». Respondió Jesús: «Mi Reino no es de este mundo. Si mi Reino fuese de este mundo, mi gente habría combatido para que no fuese entregado a los judíos: pero mi Reino no es de aquí». Entonces Pilato le dijo: «¿Luego tú eres Rey?». Respondió Jesús: «Sí, como dices, soy Rey. Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo: para dar testimonio de la verdad. Todo el que es de la verdad, escucha mi voz». Le dice Pilato: «¿Qué es la verdad?». Y, dicho esto, volvió a salir donde los judíos y les dijo: «Yo no encuentro ningún delito en Él. Pero es costumbre entre vosotros que os ponga en libertad a uno por la Pascua. ¿Queréis, pues, que os ponga en libertad al Rey de los judíos?». Ellos volvieron a gritar diciendo: «¡A ése, no; a Barrabás!». Barrabás era un salteador.

Pilato entonces tomó a Jesús y mandó azotarle. Los soldados trenzaron una corona de espinas, se la pusieron en la cabeza y le vistieron un manto de púrpura; y, acercándose a Él, le decían: «Salve, Rey de los judíos». Y le daban bofetadas. Volvió a salir Pilato y les dijo: «Mirad, os lo traigo fuera para que sepáis que no encuentro ningún delito en Él». Salió entonces Jesús fuera llevando la corona de espinas y el manto de púrpura. Díceles Pilato: «Aquí tenéis al hombre». Cuando lo vieron los sumos sacerdotes y los guardias, gritaron: «¡Crucifícalo, crucifícalo!». Les dice Pilato: «Tomadlo vosotros y crucificadle, porque yo ningún delito encuentro en Él». Los judíos le replicaron: «Nosotros tenemos una Ley y según esa Ley debe morir, porque se tiene por Hijo de Dios». Cuando oyó Pilato estas palabras, se atemorizó aún más. Volvió a entrar en el pretorio y dijo a Jesús: «¿De dónde eres tú?». Pero Jesús no le dio respuesta. Dícele Pilato: «¿A mí no me hablas? ¿No sabes que tengo poder para soltarte y poder para crucificarte?». Respondió Jesús: «No tendrías contra mí ningún poder, si no se te hubiera dado de arriba; por eso, el que me ha entregado a ti tiene mayor pecado». Desde entonces Pilato trataba de librarle. Pero los judíos gritaron: «Si sueltas a ése, no eres amigo del César; todo el que se hace rey se enfrenta al César». Al oír Pilato estas palabras, hizo salir a Jesús y se sentó en el tribunal, en el lugar llamado Enlosado, en hebreo Gabbatá. Era el día de la Preparación de la Pascua, hacia la hora sexta. Dice Pilato a los judíos: «Aquí tenéis a vuestro Rey». Ellos gritaron: «¡Fuera, fuera! ¡Crucifícale!». Les dice Pilato: «¿A vuestro Rey voy a crucificar?». Replicaron los sumos sacerdotes: «No tenemos más rey que el César». Entonces se lo entregó para que fuera crucificado.

Tomaron, pues, a Jesús, y Él cargando con su cruz, salió hacia el lugar llamado Calvario, que en hebreo se llama Gólgota, y allí le crucificaron y con Él a otros dos, uno a cada lado, y Jesús en medio. Pilato redactó también una inscripción y la puso sobre la cruz. Lo escrito era: «Jesús el Nazareno, el Rey de los judíos». Esta inscripción la leyeron muchos judíos, porque el lugar donde había sido crucificado Jesús estaba cerca de la ciudad; y estaba escrita en hebreo, latín y griego. Los sumos sacerdotes de los judíos dijeron a Pilato: «No escribas: ‘El Rey de los judíos’, sino: ‘Éste ha dicho: Yo soy Rey de los judíos’». Pilato respondió: «Lo que he escrito, lo he escrito». Los soldados, después que crucificaron a Jesús, tomaron sus vestidos, con los que hicieron cuatro lotes, un lote para cada soldado, y la túnica. La túnica era sin costura, tejida de una pieza de arriba abajo. Por eso se dijeron: «No la rompamos; sino echemos a suertes a ver a quién le toca». Para que se cumpliera la Escritura: «Se han repartido mis vestidos, han echado a suertes mi túnica». Y esto es lo que hicieron los soldados. Junto a la cruz de Jesús estaban su madre y la hermana de su madre, María, mujer de Cleofás, y María Magdalena. Jesús, viendo a su madre y junto a ella al discípulo a quien amaba, dice a su madre: «Mujer, ahí tienes a tu hijo». Luego dice al discípulo: «Ahí tienes a tu madre». Y desde aquella hora el discípulo la acogió en su casa.

Después de esto, sabiendo Jesús que ya todo estaba cumplido, para que se cumpliera la Escritura, dice: «Tengo sed». Había allí una vasija llena de vinagre. Sujetaron a una rama de hisopo una esponja empapada en vinagre y se la acercaron a la boca. Cuando tomó Jesús el vinagre, dijo: «Todo está cumplido». E inclinando la cabeza entregó el espíritu.

Los judíos, como era el día de la Preparación, para que no quedasen los cuerpos en la cruz el sábado —porque aquel sábado era muy solemne— rogaron a Pilato que les quebraran las piernas y los retiraran. Fueron, pues, los soldados y quebraron las piernas del primero y del otro crucificado con Él. Pero al llegar a Jesús, como lo vieron ya muerto, no le quebraron las piernas, sino que uno de los soldados le atravesó el costado con una lanza y al instante salió sangre y agua. El que lo vio lo atestigua y su testimonio es válido, y él sabe que dice la verdad, para que también vosotros creáis. Y todo esto sucedió para que se cumpliera la Escritura: «No se le quebrará hueso alguno». Y también otra Escritura dice: «Mirarán al que traspasaron».

Después de esto, José de Arimatea, que era discípulo de Jesús, aunque en secreto por miedo a los judíos, pidió a Pilato autorización para retirar el cuerpo de Jesús. Pilato se lo concedió. Fueron, pues, y retiraron su cuerpo. Fue también Nicodemo —aquel que anteriormente había ido a verle de noche— con una mezcla de mirra y áloe de unas cien libras. Tomaron el cuerpo de Jesús y lo envolvieron en vendas con los aromas, conforme a la costumbre judía de sepultar. En el lugar donde había sido crucificado había un huerto, y en el huerto un sepulcro nuevo, en el que nadie todavía había sido depositado. Allí, pues, porque era el día de la Preparación de los judíos y el sepulcro estaba cerca, pusieron a Jesús.

San Juan 18, 1-19-42


Misterios Dolorosos del Santo Rosario desde el Santuario de Lourdes, 18-4-2025

18 de abril de 2025.- (Camino Católico).- Rezo de los Misterios Dolorosos del Santo Rosario, correspondientes a hoy, viernes, desde la Gruta de Massabielle, en el Santuario de Lourdes, en el que se intercede por el mundo entero.

Viernes Santo. Día de luto, dolor, soledad y angustia de Cristo / Por P. Carlos García Malo

 

jueves, 17 de abril de 2025

Homilía de Mons. Francisco Cerro, Arzobispo de Toledo, y lecturas de la Misa de hoy, Jueves Santo, 17-4-2025

17 de abril de 2025.-  (Camino Católico) Homilía de Mons. Francisco Cerro Chaves, Arzobispo de Toledo, y lecturas de la Misa de hoy, Jueves Santo, emitida por 13 TV desde la Catedral de Toledo.

Santa Misa de la Cena del Señor de hoy, Jueves Santo, en la catedral de Toledo, 17-4-2025

17 de abril de 2025.-  (Camino Católico)  Celebración de la Santa Misa de la Cena del Señor de hoy, Jueves Santo, presidida por Mons. Francisco Cerro Chaves, Arzobispo de Toledo, emitida por 13 TV desde la Catedral de Toledo.

Palabra de Vida 17/4/2025: «Los amó hasta el extremo» / Por P. Jesús Higueras

Camino Católico.- Espacio «Palabra de Vida» de 13 TV del 17 de abril de 2025, Jueves Santo, presentado por el padre Jesús Higueras en el que comenta el evangelio del día.

Evangelio: San Juan 13, 1-15:

Antes de la fiesta de la Pascua, sabiendo Jesús que había llegado su hora de pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo.

Estaban cenando, ya el diablo había suscitado en el corazón de Judas, hijo de Simón Iscariote, la intención de entregarlo; y Jesús, sabiendo que el Padre había puesto todo en sus manos, que venía de Dios y a Dios volvía, se levanta de la cena, se quita el manto y, tomando una toalla, se la ciñe; luego echa agua en la jofaina y se pone a lavarles los pies a los discípulos, secándoselos con la toalla que se había ceñido.

Llegó a Simón Pedro, y éste le dijo:

– «Señor, ¿lavarme los pies tú a mí?».

Jesús le replicó:

– «Lo que yo hago tú no lo entiendes ahora, pero lo comprenderás más tarde».

Pedro le dice:

– «No me lavaras los pies jamás».

Jesús le contestó:

– «Si no te lavo, no tienes parte conmigo».

Simón Pedro le dice:

– «Señor, no sólo los pies, sino también las manos y la cabeza».

Jesús le dice:

– «Uno que se ha bañado no necesita lavarse más que los pies, porque todo él está limpio. También vosotros estáis limpios, aunque no todos».

Porque sabía quién lo iba a entregar, por eso dijo: «No todos estáis limpios».

Cuando acabó de lavarles los pies, tomó el manto, se lo puso otra vez y les dijo:

– «¿Comprendéis lo que he hecho con vosotros? Vosotros me llamáis «el Maestro» y «el Señor», y decís bien, porque lo soy. Pues si yo, el Maestro y el Señor, os he lavado los pies, también vosotros debéis lavaros los pies unos a otros; os he dado ejemplo para que lo que yo he hecho con vosotros, vosotros también lo hagáis».

El Papa Francisco se reúne con 70 presos en la prisión Regina Coeli: «Me gusta hacer cada año en la cárcel el lavatorio de los pies que Jesús hizo el Jueves Santo; este año no puedo hacerlo, pero sí quiero estar cerca de ustedes»

Camino Católico.- “El Papa Francisco ha llegado de visita a la cárcel Regina Coeli, recibido por la directora, Claudia Clementi, y está entrando en la rotonda principal, donde mantendrá un encuentro con unos 70 reclusos”, dice la comunicación de la Oficina de Prensa de la Santa Sede.

Esta tarde, poco antes de las 15 horas, el Papa Francisco ha visitado la cárcel romana Regina Coeli. Recibido por la Directora de la Prisión, Claudia Clementi, y por el personal, llegó a la Rotonda principal, donde se encontró con unos 70 reclusos, de diversas nacionalidades, que participan regularmente en las actividades y catequesis organizadas por el Capellán del Instituto.

Tras un breve saludo del Director, que expresó el agradecimiento de toda la comunidad por la visita, el Papa Francisco ha expresado su deseo de estar presente entre los internos: «Me gusta hacer cada año lo que Jesús hizo el Jueves Santo, el lavatorio de los pies, en la cárcel». Y añadió: «Este año no puedo hacerlo, pero sí puedo y quiero estar cerca de ustedes. Rezo por ustedes y por sus familias».

Al final de un momento de oración, el Papa saludó individualmente a cada uno de los presos en la Rotonda. Por último, se dirigió de nuevo a los presentes para rezar juntos el Padre Nuestro e impartir su bendición. La visita duró unos 30 minutos.


Fotos: Vatican Media, 17-4-2025


La entrega eucarística del Señor y el misterio de la sexualidad humana como entrega / Por María Paula Aldana


17 de abril de 2025.-  (Camino Católico)  El Jueves Santo es buen día para comprender la entrega eucarística del Señor y el misterio de la sexualidad humana como entrega. María Paula Aldana hace una profunda meditación fundamentada en la Teología del Cuerpo de Juan Pablo, en un video de Somos Suyos, plataforma de la que es fundadora.


María Paula Aldana es creadora de contenido digital, conferencista internacional y escritora. Soy estudiante de la carrera civil de Teología y el bachillerato eclesiástico en la Pontificia Universidad Javeriana. Estudiante de teología del cuerpo del Theology of the Body Institute. Diplomada en Educación Sexual Integral de la Universidad Austral de Argentina y egresada del programa de Fundamentos sobre Sexualidad de la Universidad Fasta, Perú. Representante de la sociedad civil en la coalición de Juventudes ante la OEA. Defensora de la Dignidad humana de The World Youth Alliance. Ex consejera de Juventud de Usaquén, Bogotá D.C. Delegada de ADF (Allience defending freedom).