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domingo, 30 de noviembre de 2025

Papa León XIV en homilía del I domingo de adviento: «Si queremos ayudar a las personas vigilemos con la oración, los sacramentos, viviendo en la caridad, desechemos las obras de las tinieblas»

* «Los frutos de la acción de Dios en nuestra vida no son un don sólo para nosotros, sino para todos. La belleza de Sión, ciudad en la montaña, símbolo de una comunidad renacida en la fidelidad que es signo de luz para hombres y mujeres de cualquier origen, nos recuerda que la alegría del bien es contagiosa. Encontramos confirmación de ello en la vida de muchos santos»   

  

Vídeo de la transmisión en directo de Vatican News, traducido al español, con la homilía del Papa León XIV 

* «Mientras pedimos, con las palabras del Papa Juan, que ‘se realice el gran misterio de aquella unidad que con ardiente plegaria invocó Jesús al Padre celestial, estando inminente su sacrificio’ (Discurso de apertura del Concilio Ecuménico Vaticano II, 11 octubre 1962, 8.2), renovamos hoy nuestro ‘sí’ a la unidad, ‘que todos sean uno’ (Jn 17,21), ‘ut unum sint’» 



Camino Católico.- "Si realmente queremos ayudar a las personas con las que nos encontramos, vigilemos sobre nosotros mismos, como nos recomienda el Evangelio (cf. Mt 24,42); cultivemos nuestra fe con la oración, con los sacramentos, vivámosla coherentemente en la caridad, desechemos —como nos ha dicho san Pablo en la segunda lectura— las obras de las tinieblas y vistámonos con la armadura de la luz (cf. Rm 13,12). El Señor, a quien aguardamos glorioso al final de los tiempos, viene cada día a llamar a nuestra puerta. Estemos preparados (cf. Mt 24,44) con el compromiso sincero de una vida buena, como nos enseñan los numerosos modelos de santidad de los que es rica la historia de esta tierra”.


Lo ha dicho el Papa León XIV en su homilía, en la Santa Misa del I domingo de Adviento, que ha presidido la tarde de este sábado 29 de noviembre, en el Estadio Volkswagen Arena de Estambul, en el marco de su primer Viaje Apostólico a Turquía y el Líbano, con su peregrinación a İznik, con ocasión del 1700 aniversario del primer Concilio de Nicea.




El Pontífice, ha destacado la unidad en tres niveles: “dentro de la comunidad, en las relaciones ecuménicas con los miembros de otras confesiones cristianas y en el encuentro con los hermanos y hermanas que pertenecen a otras religiones”: “Queremos caminar juntos, valorando lo que nos une, derribando los muros del prejuicio y la desconfianza, favoreciendo el conocimiento y la estima mutua, para dar a todos un fuerte mensaje de esperanza y una invitación a convertirse en ‘artífices de la paz’”. En el vídeo de Vatican News se visualiza y escucha la homilía del Papa, cuyo texto íntegro es el siguiente:




VIAJE APOSTÓLICO DE SU SANTIDAD LEÓN XIV A TURQUÍA Y EL LÍBANO

CON PEREGRINACIÓN A İZNIK (TURQUÍA)

CON MOTIVO DEL 1700 ANIVERSARIO DEL PRIMER CONCILIO DE NICEA

(27 de noviembre - 2 de diciembre de 2025)

SANTA MISA I DOMINGO DE ADVIENTO

HOMILÍA DEL SANTO PADRE

"Volkswagen Arena" (Estambul)

Sábado, 29 de noviembre de 2025

Queridos hermanos y hermanas:

Celebramos esta Santa Misa en la víspera del día en que la Iglesia recuerda a san Andrés, apóstol y patrono de esta tierra. Y al mismo tiempo comenzamos el Adviento para prepararnos a rememorar, en Navidad, el misterio de Jesús, Hijo de Dios, «engendrado, no creado, de la misma naturaleza del Padre» (Credo Niceno-Constantinopolitano), como declararon solemnemente hace 1700 años los Padres reunidos en el Concilio de Nicea.

En este contexto, la liturgia nos propone, en la primera lectura (cf. Is 2,1-5), una de las páginas más bellas del libro del profeta Isaías, donde resuena la invitación dirigida a todos los pueblos a subir al monte del Señor (cf. v. 3), lugar de luz y de paz. Me gustaría, pues, que meditáramos sobre nuestro ser Iglesia, deteniéndonos en algunas imágenes contenidas en este texto.

La primera es la del “monte elevado sobre la cima de los montes” (cf. Is 2,2). Nos recuerda que los frutos de la acción de Dios en nuestra vida no son un don sólo para nosotros, sino para todos. La belleza de Sión, ciudad en la montaña, símbolo de una comunidad renacida en la fidelidad que es signo de luz para hombres y mujeres de cualquier origen, nos recuerda que la alegría del bien es contagiosa. Encontramos confirmación de ello en la vida de muchos santos. San Pedro conoce a Jesús gracias al entusiasmo de su hermano Andrés (cf. Jn 1,40-42), quien, a su vez, junto con el apóstol Juan, es llevado al Señor por el celo de Juan el Bautista. San Agustín, siglos más tarde, llega a Cristo gracias a la ardiente predicación de san Ambrosio, y así muchos otros.

En todo esto, también para nosotros hay una invitación a renovar en la fe la fuerza de nuestro testimonio. San Juan Crisóstomo, gran pastor de esta Iglesia, hablaba del encanto de la santidad como un signo más elocuente que muchos milagros. Decía que “el prodigio fue y pasó, pero la vida cristiana permanece y edifica continuamente” (cf. Homilías sobre el Evangelio de san Mateo, 43, 5), y concluía: “Vigilemos, pues, sobre nosotros mismos, para beneficiar también a los demás” (cf. ibíd.). Queridos hermanos, si realmente queremos ayudar a las personas con las que nos encontramos, vigilemos sobre nosotros mismos, como nos recomienda el Evangelio (cf. Mt 24,42); cultivemos nuestra fe con la oración, con los sacramentos, vivámosla coherentemente en la caridad, desechemos —como nos ha dicho san Pablo en la segunda lectura— las obras de las tinieblas y vistámonos con la armadura de la luz (cf. Rm 13,12). El Señor, a quien aguardamos glorioso al final de los tiempos, viene cada día a llamar a nuestra puerta. Estemos preparados (cf. Mt 24,44) con el compromiso sincero de una vida buena, como nos enseñan los numerosos modelos de santidad de los que es rica la historia de esta tierra.

La segunda imagen que nos transmite el profeta Isaías es la de un mundo en el que reina la paz. Él lo describe así: «con sus espadas forjarán arados y podaderas con sus lanzas. No levantará la espada una nación contra otra ni se adiestrarán más para la guerra» (Is 2,4). ¡Con qué urgencia percibimos hoy esta llamada! ¡Cuánta necesidad de paz, de unidad y de reconciliación hay a nuestro alrededor, y también en nosotros y entre nosotros! ¿Cómo podemos contribuir a responder a esta exigencia?

Para comprenderlo, nos ayudamos del “logotipo” de este viaje, en el que uno de los símbolos elegidos es el puente. Puede hacernos pensar también en el famoso gran viaducto que, en esta ciudad, cruzando el Estrecho del Bósforo, une dos continentes: Asia y Europa. Con el tiempo, se han añadido otros dos pasos, de modo que actualmente hay tres puntos de unión entre las dos orillas. Tres grandes estructuras de comunicación, intercambio y encuentro; imponentes a la vista, pero tan pequeñas y frágiles si se comparan con los inmensos territorios que conectan.

Su triple extensión a través del Estrecho nos hace pensar en la importancia de nuestros esfuerzos comunes por la unidad en tres niveles: dentro de la comunidad, en las relaciones ecuménicas con los miembros de otras confesiones cristianas y en el encuentro con los hermanos y hermanas que pertenecen a otras religiones. Cuidar estos tres puentes, reforzándolos y ampliándolos de todas las formas posibles, forma parte de nuestra vocación de ser una ciudad construida sobre la montaña (cf. Mt 5,14-16).

Ante todo, como decía, dentro de esta Iglesia están presentes cuatro tradiciones litúrgicas diferentes —la latina, la armenia, la caldea y la siríaca—, cada una de las cuales aporta su propia riqueza espiritual, histórica y de experiencia eclesial. Compartir estas diferencias puede mostrar de manera eminente uno de los rasgos más bellos del rostro de la Esposa de Cristo: el de la catolicidad que une. La unidad que se consolida en torno al altar es un don de Dios y, como tal, es fuerte e invencible, porque es obra de su gracia. Al mismo tiempo, sin embargo, su realización en la historia está confiada a nosotros, a nuestros esfuerzos. Por eso, como los puentes sobre el Bósforo, necesita cuidado, atención, “mantenimiento”, para que el tiempo y las vicisitudes no debiliten sus estructuras y para que sus cimientos permanezcan sólidos. Con la mirada puesta en el monte de la promesa, imagen de la Jerusalén celestial, que es nuestra meta y madre (cf. Ga 4,26), pongamos entonces todo nuestro empeño en favorecer y fortalecer los lazos que nos unen, para enriquecernos mutuamente y ser, ante el mundo, un signo creíble del amor universal e infinito del Señor.

Un segundo vínculo de comunión que nos sugiere esta liturgia es el ecuménico. Lo atestigua también la participación de los Representantes de otras confesiones, que saludo con vivo aprecio. La misma fe en el Salvador, en efecto, nos une no sólo entre nosotros, sino con todos los hermanos y hermanas que pertenecen a otras Iglesias cristianas. Lo experimentamos ayer, en la oración en İznik. También este es un camino que recorremos juntos desde hace tiempo, y del que fue gran promotor y testigo san Juan XXIII, vinculado a esta tierra por intensos lazos de afecto recíproco. Por eso, mientras pedimos, con las palabras del Papa Juan, que «se realice el gran misterio de aquella unidad que con ardiente plegaria invocó Jesús al Padre celestial, estando inminente su sacrificio» (Discurso de apertura del Concilio Ecuménico Vaticano II, 11 octubre 1962, 8.2), renovamos hoy nuestro “sí” a la unidad, «que todos sean uno» (Jn 17,21), «ut unum sint».

Un tercer vínculo al que nos remite la Palabra de Dios es el que nos une a los miembros de comunidades no cristianas. Vivimos en un mundo en el que, con demasiada frecuencia, la religión se utiliza para justificar guerras y atrocidades. Sin embargo, nosotros sabemos que, como afirma el Concilio Vaticano II, «la relación del hombre para con Dios Padre y con los demás hombres sus hermanos están de tal forma unidas que, como dice la Escritura: “el que no ama, no ha conocido a Dios” (1 Jn 4,8)» (Decl. Nostra aetate, 5). Por eso queremos caminar juntos, valorando lo que nos une, derribando los muros del prejuicio y la desconfianza, favoreciendo el conocimiento y la estima mutua, para dar a todos un fuerte mensaje de esperanza y una invitación a convertirse en “artífices de la paz” (cf. Mt 5,9).

Queridos hermanos, hagamos de estos valores nuestros propósitos para el tiempo de Adviento y, más aún, para nuestra vida, tanto personal como comunitaria. Que nuestros pasos se muevan como sobre un puente que une la tierra con el cielo y que el Señor ha tendido para nosotros. Mantengamos siempre la mirada fija en sus orillas, para amar con todo el corazón a Dios y a los hermanos, para caminar juntos y poder encontrarnos todos, algún día, en la casa del Padre.

PAPA LEÓN XIV













Fotos: Vatican Media, 29-11-2025

Santa Misa del I Domingo de Adviento en Turquía,, presidida por el Papa León XIV

Camino Católico.- El Papa León XIV ha presidido este sábado, 29 de noviembre, por la tarde la Santa Misa del I domingo de Adviento y la única que ha celebrado en Turquía. Su homilía se ha centrado en la unidad de los cristianos y en la necesidad de paz en el mundo actual. La Eucaristía ha llenado de fieles el Volkswagen Arena, un espacio inaugurado oficialmente en 2015 que forma parte del complejo cultural Uniq de Estambul. En el vídeo de Vatican News se visualiza y escucha toda la celebración. 


Ante una gran cruz que iluminaba el recinto, el Papa León XIV ha entrado en procesión junto al Patriarca Bartolomé I, precedidos por obispos y sacerdotes concelebrantes. El ambiente, profundamente solemne, estaba enmarcado por las voces de un numeroso coro que entonaba canciones litúrgicas propias del país.


En su homilía, en inglés, el Santo Padre ha reflexionado sobre la primera lectura del profeta Isaías, que fue leída en armenio. De hecho, el ecumenismo estuvo presente en cada detalle de la Misa. El salmo responsorial fue leído en arameo, la segunda lectura en inglés, el canto al Evangelio fue en armenio y la lectura del Evangelio en turco.



A la luz del libro del profeta Isaías, el Pontífice ha invitado a reflexionar sobre “nuestro ser Iglesia” y precisó que esta lectura “nos recuerda que los frutos de la acción de Dios en nuestra vida no son un don sólo para nosotros, sino para todos”.



Al término de la Misa, el Vicario Apostólico de Turquía, Mons. Massimiliano Palinuro, ha agradecido al Santo Padre por “haber confirmado en la fe a los católicos de esta tierra”. Recueraó también que en la Misa estuvieron presentes más de 70 naciones, todos como hermanos, sintiéndose parte de “una misma familia”. 


Subraya la invitación del Papa a construir puentes de unidad y exhortó a buscar la justicia y la paz. Por último, le ha hecho entrega de un “regalo ecuménico”: un cáliz en el que se representan a los seis apóstoles que llevaron el Evangelio a Turquía.


Después de unos momentos de oración ante la imagen de la Virgen María, el Santo Padre ha abandonado el recinto, de nuevo en una solemne procesión en la que ocupó el último lugar.



Fotos: Vatican Media, 29-11-2025

Homilía del P. José Aurelio Martín y lecturas de la Misa de hoy, I Domingo de Adviento, 30-11-2025

30 de noviembre de 2025.- (Camino Católico) Homilía del P. José Aurelio Martín Jiménez y lecturas de la Santa Misa de hoy, I Domingo de Adviento, emitida por 13 TV desde la Basílica de la Concepción de Madrid.

Santa Misa de hoy, I Domingo de Adviento, 30-11-2025

30 de noviembre de 2025.- (Camino Católico) Celebración de la Santa Misa de hoy, I Domingo de Adviento, presidida por el P. José Aurelio Martín Jiménez, emitida por 13 TV desde la Basílica de la Concepción de Madrid.

Misterios Gloriosos del Santo Rosario, desde el Santuario de Lourdes, 30-11-2025

30 de noviembre de 2025.- (Camino Católico).- Rezo de los Misterios Gloriosos del Santo Rosario, correspondientes a hoy, domingo, desde la Gruta de Massabielle, en el Santuario de Lourdes, en el que se intercede por el mundo entero. 

Palabra de Vida 30/11/2025: «Estad en vela para estar preparados» / Por P. Jesús Higueras

Camino Católico.- Espacio «Palabra de Vida» de 13 TV del 30 de noviembre de 2025, domingo de la 1ª semana de Adviento, presentado por el padre Jesús Higueras en el que comenta el evangelio del día.

Evangelio: San Mateo 24, 37-44:

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

«Cuando venga el Hijo del hombre, pasará como en tiempo de Noé.

En los días antes del diluvio, la gente comía y bebía, se casaban los hombres y las mujeres tomaban esposo, hasta el día en que Noé entró en el arca; y cuando menos lo esperaban llegó el diluvio y se los llevó a todos; lo mismo sucederá cuando venga el Hijo del hombre: dos hombres estarán en el campo: a uno se lo llevarán y a otro lo dejarán; dos mujeres estarán moliendo, a una se la llevarán y a otra la dejarán.

Por tanto, estad en vela, porque no sabéis qué día vendrá vuestro Señor.

Comprended que si supiera el dueño de casa a qué hora de la noche viene el ladrón, estaría en vela y no dejaría que abrieran un boquete en su casa.

Por eso, estad también vosotros preparados, porque a la hora que menos penséis viene el Hijo del hombre».

Homilía del evangelio del domingo: Con la oración, los sacramentos, el estudio y meditación de la Palabra de Dios, amplificamos en nosotros al Espíritu Santo que nos viste del Señor Jesucristo para caminar a su luz / Por P. José María

* «Ahora la oscuridad de la noche todavía nos permite vivir una vida inauténtica, centrados en nosotros mismos, en el empeño por satisfacer nuestras pasiones, en la autocomplacencia que ignora el sufrimiento ajeno; pero cuando llegue la plenitud del Reino de Dios, iluminará con tal fuerza el verdadero sentido de todas las cosas, que ya no será posible seguir viviendo de esta manera. Dios es amor, donación de sí mismo, y su plena soberanía en el mundo supondrá la hegemonía del amor, de la vida vivida como don recibido y entregado. Y el que no entre ya ahora en este modo de vida no podrá habitar en el mundo que viene»

Domingo I de Adviento - A

Isaías 2, 1-5 / Salmo 121 / Romanos 13, 11-14  / San Mateo 24, 37-44

P. José María Prats / Camino Católico.- Un espectáculo precioso que probablemente muchos habréis tenido la oportunidad de contemplar es ver amanecer desde el avión. Primero aparece en la oscuridad de la noche un arco de luz de infinidad de colores en el horizonte, después asoman los primeros destellos del sol y poco a poco este frente de luz va avanzando y creciendo hasta invadirlo todo con su claridad, revelando con nitidez los contornos y formas de todas las cosas.

Esta es –como nos ha dicho San Pablo– una figura preciosa de la realidad histórica presente: «La noche está avanzada, el día se echa encima», es decir, está amaneciendo. El sol representa a Cristo resucitado del que nos llegan ya esos primeros destellos de luz que San Pablo llama «las primicias del Espíritu» (Rm 8,23), y ese arco iluminado por el sol en el horizonte es el Reino de Dios que avanza rápidamente hacia nosotros hasta que alcance su plenitud cuando Cristo venga con gloria para juzgar a vivos y muertos y recapitular en Él todas las cosas.

¿Qué hemos de hacer ante esta realidad que se avecina? San Pablo responde: «Dejemos las actividades de las tinieblas y (...) conduzcámonos como en pleno día». Porque ahora la oscuridad de la noche todavía nos permite vivir una vida inauténtica, centrados en nosotros mismos, en el empeño por satisfacer nuestras pasiones, en la autocomplacencia que ignora el sufrimiento ajeno; pero cuando llegue la plenitud del Reino de Dios, iluminará con tal fuerza el verdadero sentido de todas las cosas, que ya no será posible seguir viviendo de esta manera. Dios es amor, donación de sí mismo, y su plena soberanía en el mundo supondrá la hegemonía del amor, de la vida vivida como don recibido y entregado. Y el que no entre ya ahora en este modo de vida no podrá habitar en el mundo que viene.

Pero para dejar las actividades de las tinieblas y conducirnos como en pleno día es necesario –nos dice San Pablo– «pertrecharse con las armas de la luz» y «vestirse del Señor Jesucristo». Sólo podemos prepararnos para vivir en la plenitud de la luz viviendo ya desde ahora en la luz de «las primicias del Espíritu», de esos primeros fulgores que nos llegan del sol naciente que es Jesucristo resucitado. Con un juego de espejos se podría crear un sencillo dispositivo óptico que capturara y retuviera los débiles destellos del sol naciente creando un espacio lleno de luz en medio de la oscuridad. He aquí una figura preciosa de la vida espiritual donde los espejos representan las «armas de la luz» mencionadas por San Pablo, armas como la oración, los sacramentos, el estudio y meditación de la Palabra de Dios, la abnegación y el ejercicio de la caridad, con las que amplificamos y retenemos en nosotros al Espíritu Santo que nos viste del Señor Jesucristo para caminar a su luz, como en pleno día, en un mundo que todavía se debate entre las tinieblas y la luz.

Los inversores en Bolsa darían lo que fuera por saber lo que va a ocurrir en los mercados de valores. Si supieran que una determinada empresa va a hundirse y otra va a encumbrarse, transferirían rápidamente de una a otra todo el capital, antes de que fuera demasiado tarde. Nosotros tenemos esta información privilegiada: sabemos que la existencia humana edificada sobre las bases del materialismo y del egoísmo va a derrumbarse. Ha llegado, pues, el momento de poner todo nuestro capital en el Reino de Dios. Y hay que hacerlo pronto, antes de que sea demasiado tarde, porque el Hijo del Hombre vendrá como un ladrón en la noche.

P. José María Prats


Evangelio: 

 En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

«Como en los días de Noé, así será la venida del Hijo del hombre. Porque como en los días que precedieron al diluvio, comían, bebían, tomaban mujer o marido, hasta el día en que entró Noé en el arca, y no se dieron cuenta hasta que vino el diluvio y los arrastró a todos, así será también la venida del Hijo del hombre. Entonces, estarán dos en el campo: uno es tomado, el otro dejado; dos mujeres moliendo en el molino: una es tomada, la otra dejada.

Velad, pues, porque no sabéis qué día vendrá vuestro Señor. Entendedlo bien: si el dueño de casa supiese a qué hora de la noche iba a venir el ladrón, estaría en vela y no permitiría que le horadasen su casa. Por eso, también vosotros estad preparados, porque en el momento que no penséis, vendrá el Hijo del hombre».

San Mateo 24, 37-44