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domingo, 5 de abril de 2026

Palabra de Vida 5/4/2026: «Él había de resucitar de entre los muertos» / Por P. Jesús Higueras

Camino Católico.- Espacio «Palabra de Vida» de 13 TV del 5 de abril de 2026, domingo de Pascua de la Resurrección del Señor, presentado por el padre Jesús Higueras en el que comenta el evangelio del día. 

Evangelio: San Juan 20, 1-9:

El primer día de la semana, María la Magdalena fue al sepulcro al amanecer, cuando aún estaba oscuro, y vio la losa quitada del sepulcro.

Echó a correr y fue donde estaba Simón Pedro y el otro discípulo, a quien Jesús amaba, y les dijo:

«Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto».

Salieron Pedro y el otro discípulo camino del sepulcro. Los dos corrían juntos, pero el otro discípulo corría más que Pedro; se adelantó y llegó primero al sepulcro; e, inclinándose, vio los lienzos tendidos; pero no entró.

Llegó también Simón Pedro detrás de él y entró en el sepulcro: vio los lienzos tendidos y el sudario con que le habían cubierto la cabeza, no con los lienzos, sino enrollado en un sitio aparte.

Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro; vio y creyó.

Pues hasta entonces no habían entendido la Escritura: que él había de resucitar de entre los muertos.

Homilía del evangelio del Domingo de Pascua: Por la resurrección del Señor se ha abierto el acceso a una experiencia de comunión con Dios que libera de la esclavitud del pecado y capacita para vivir en el amor / Por P. José María Prats

* «Pidámosle al Señor en este día de gracia tan especial que despierte en nosotros la pasión por esta nueva vida que ha ganado para nosotros con su sacrificio en la Cruz, que nos haga descubrir su belleza y su luz, que nos guíe por sus caminos y nos haga recostar en sus verdes praderas. No podemos ni siquiera imaginar lo que el Señor nos mostrará, porque la palabra que mejor nos habla de esta vida es novedad, novedad radical e inesperada»

Domingo de Pascua de Resurrección 

Hechos 10, 34a.37-43  / Salmo 117  / Colosenses 3, 1-4  / San Juan 20, 1-9

P. José María Prats / Camino Católico.-  Hoy celebramos el acontecimiento central de nuestra fe: la resurrección de nuestro Señor Jesucristo. Y la palabra clave para entender este hecho es novedad, novedad radical e inesperada.

El evangelio de hoy deja muy claro que nadie esperaba la resurrección de Jesús. Cuando María Magdalena vio la losa quitada del sepulcro y la tumba vacía no pensó en una resurrección, sino que fue corriendo a decir a los discípulos: «se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto». Y los otros tres evangelistas nos dicen que cuando las mujeres fueron a comunicar que habían recibido del ángel el anuncio de la resurrección y que se les había aparecido el mismo Señor resucitado, los discípulos no las creyeron.

Y es que en el pensamiento judío de la época se esperaba la resurrección de los muertos a un nuevo estado de vida al fin de los tiempos, pero no como un hecho dentro de la historia. Recordemos cómo en el episodio de la resurrección de Lázaro, cuando Jesús dice a Marta: «Tu hermano resucitará», ella le replica: «Ya sé que resucitará cuando tenga lugar la resurrección de los muertos, al fin de los tiempos» (Jn 11,24).

Los discípulos de Jesús, por tanto, tuvieron que aceptar algo inconcebible forzados por la evidencia de los hechos: por una parte el hallazgo de la tumba vacía, por otra, las apariciones de Jesús resucitado a multitud de personas independientemente y en lugares y situaciones distintas y, finalmente, la intensa experiencia espiritual que suscitaron estas apariciones provocando una transformación radical de las personas.

Por la resurrección del Señor se ha abierto a la humanidad el acceso a una realidad totalmente nueva: a una experiencia de comunión con Dios que nos libera de la esclavitud del pecado y nos capacita para vivir en el amor. San Pablo, en la segunda lectura, nos anima a tomar conciencia de esta nueva realidad a la que hemos accedido por la fe y el bautismo, y a vivir de acuerdo con ella buscando «los bienes de allá arriba, donde está Cristo, sentado a la derecha de Dios».

Pidámosle al Señor en este día de gracia tan especial que despierte en nosotros la pasión por esta nueva vida que ha ganado para nosotros con su sacrificio en la Cruz, que nos haga descubrir su belleza y su luz, que nos guíe por sus caminos y nos haga recostar en sus verdes praderas. No podemos ni siquiera imaginar lo que el Señor nos mostrará, porque la palabra que mejor nos habla de esta vida es novedad, novedad radical e inesperada.


P. José María Prats

Evangelio: 


El primer día de la semana va María Magdalena de madrugada al sepulcro cuando todavía estaba oscuro, y ve la piedra quitada del sepulcro. Echa a correr y llega donde Simón Pedro y donde el otro discípulo a quien Jesús quería y les dice: «Se han llevado del sepulcro al Señor, y no sabemos dónde le han puesto». 


Salieron Pedro y el otro discípulo, y se encaminaron al sepulcro. Corrían los dos juntos, pero el otro discípulo corrió por delante más rápido que Pedro, y llegó primero al sepulcro. Se inclinó y vio las vendas en el suelo; pero no entró. Llega también Simón Pedro siguiéndole, entra en el sepulcro y ve las vendas en el suelo, y el sudario que cubrió su cabeza, no junto a las vendas, sino plegado en un lugar aparte. Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado el primero al sepulcro; vio y creyó, pues hasta entonces no habían comprendido que según la Escritura Jesús debía resucitar de entre los muertos.


San Juan 20, 1-9

¡La Vida Nueva ya ha comenzado! ¡Cristo ha resucitado! ¡Verdaderamente ha resucitado! ¡Felices fiestas Pascuales! / Por P. Carlos García Malo

 


sábado, 4 de abril de 2026

Papa León XIV en homilía en la Vigilia Pascual, 4-4-2026: «Llevar la buena noticia de que Jesús ha resucitado y que, con su fuerza, resucitados con Él, nosotros podemos dar vida a un mundo nuevo, de paz y de unidad»

 


* «La mañana de Pascua, las mujeres, venciendo el dolor y el miedo, se pusieron en camino. Querían ir al sepulcro de Jesús. Esperaban encontrarlo sellado, con una gran piedra en la entrada y soldados haciendo guardia. Esto es el pecado: una barrera muy pesada que nos encierra y nos separa de Dios, tratando de hacer morir en nosotros sus palabras de esperanza. María de Magdala y la otra María, sin embargo, no se dejaron intimidar. Fueron al sepulcro y, gracias a su fe y a su amor, fueron las primeras testigos de la Resurrección. En el terremoto y en el ángel, sentado sobre la roca volcada, vieron la potencia del amor de Dios, más fuerte que cualquier poder del mal, capaz de ‘expulsar el odio’ y de ‘doblegar a los poderosos’» 

    

Vídeo de la transmisión en directo de Vatican News, traducido al español, con la homilía del Papa León XIV 

* «Tampoco faltan en nuestros días sepulcros que abrir, y a menudo las piedras que los cierran son tan pesadas y están tan bien vigiladas que parecen inamovibles. Algunas oprimen el corazón del hombre, como la desconfianza, el miedo, el egoísmo y el rencor; otras, consecuencia de las primeras, rompen los lazos entre nosotros, como la guerra, la injusticia y el aislamiento entre pueblos y naciones. ¡No dejemos que nos paralicen! Muchos hombres y mujeres, a lo largo de los siglos, con la ayuda de Dios, las han removido, quizá con mucho esfuerzo, a veces a costa de la vida, pero con frutos de bien de los que aún hoy nos beneficiamos» 

4 de abril de 2026.- (Camino Católico)   “Al igual que las mujeres, que corrieron a anunciarlo a los hermanos, también nosotros queremos partir esta noche, desde esta basílica, para llevar a todos la buena noticia de que Jesús ha resucitado y que, con su fuerza, resucitados con Él, también nosotros podemos dar vida a un mundo nuevo, de paz y de unidad” ha invitado el Papa León XIV en la Vigilia Pascual celebrada en la Basílica de San Pedro en el Vaticano, a las 21 horas del Sábado Santo, ante miles de fieles. 

Después de la homilía, se han recitado las letanías de los santos y el Papa ha bautizado a 10 catecúmenos, entre quienes hay personas de Corea, Gran Bretaña y Portugal. Luego se les revistió con una túnica blanca, signo de pureza, y recibieron el sacramento de la Confirmación. En el vídeo de Vatican News se visualiza y escucha la homilía del Papa, cuyo texto íntegro es el siguiente:



DOMINGO DE PASCUA "RESURRECCIÓN DEL SEÑOR"

VIGILIA PASCUAL EN LA NOCHE SANTA


MISA PAPAL


HOMILÍA DE SU SANTIDAD LEÓN XIV


Basílica de San Pedro

Sábado Santo, 4 de abril de 2026


«Esta noche santa [...] expulsa el odio, trae la concordia, doblega a los poderosos» (Pregón pascual). Así, queridos hermanos y hermanas, el diácono, al comienzo de esta celebración, ha alabado la luz de Cristo Resucitado, simbolizada en el Cirio pascual.


De este único Cirio todos hemos encendido nuestras luces y, llevando cada uno una pequeña llama tomada del mismo fuego, hemos iluminado esta gran basílica. Es el signo de la luz pascual, que nos une en la Iglesia como lámparas para el mundo.


Al anuncio del diácono hemos respondido “amén”, afirmando nuestro compromiso de abrazar esta misión, y dentro de poco repetiremos nuestro “sí” renovando las promesas bautismales.


Queridos hermanos, esta es una Vigilia llena de luz, la más antigua de la tradición cristiana, llamada “madre de todas las vigilias”. En ella revivimos el memorial de la victoria del Señor de la vida sobre la muerte y el infierno. Lo hacemos después de haber recorrido, en los últimos días, como en una única gran celebración, los misterios de la Pasión del Dios hecho para nosotros «varón de dolores» (Is 53,3), «despreciado y desechado por los hombres» (ibíd.), torturado y crucificado.


¿Hay una caridad más grande, una gratuidad más total? El Resucitado es el mismo Creador del universo que, así como en los albores de la historia nos dio la existencia de la nada, así también en la cruz, para mostrarnos su amor sin límites, nos ha dado la vida.


Así nos lo ha recordado la primera lectura, con el relato de los orígenes. En el principio,


Dios creó el cielo y la tierra (cf. Gn 1,1), sacando del caos el cosmos, del desorden la armonía, y confiándonos a nosotros, hechos a su imagen y semejanza, la tarea de ser sus custodios. Y también cuando, con el pecado, el hombre no correspondió a ese proyecto, el Señor no lo abandonó, sino que le reveló de un modo aún más sorprendente, en el perdón, su rostro misericordioso.


Esta «noche santa», entonces, hunde sus raíces también allí donde se consumó el primer fracaso de la humanidad, y se extiende a lo largo de los siglos como camino de reconciliación y de gracia.


De ese camino, la liturgia nos ha propuesto algunas etapas a través de los textos sagrados que hemos escuchado. Nos ha recordado cómo Dios detuvo la mano de Abraham, dispuesto a sacrificar a su hijo Isaac, para indicarnos que no quiere nuestra muerte, sino más bien que nos consagremos a ser, en sus manos, miembros vivos de una descendencia de salvados (cf. Gn 22,11- 12.15-18).


Así mismo, nos ha invitado a reflexionar sobre cómo el Señor liberó a los israelitas de la esclavitud de Egipto, haciendo del mar, lugar de muerte y obstáculo insuperable, la puerta de entrada para el comienzo de una vida nueva y libre.


Y el mismo mensaje ha resonado como un eco en las palabras de los profetas, en las que hemos escuchado las alabanzas del Señor como esposo que llama y reúne (cf. Is 54,5-7), fuente que sacia, agua que fecunda (cf. Is 55,1.10), luz que muestra el camino de la paz (cf. Ba 3,14), Espíritu que transforma y renueva el corazón (Ez 36,26).


En todos estos momentos de la historia de la salvación hemos visto cómo Dios, ante la dureza del pecado que divide y mata, responde con el poder del amor que une y devuelve la vida.


Los hemos evocado juntos, intercalando el relato con salmos y oraciones, para recordarnos que, por la Pascua de Cristo, «sepultados con él en la muerte [...] también nosotros llevemos una Vida nueva [...] muertos al pecado y vivos para Dios en Cristo Jesús» (Rm 6,4-11), consagrados en el Bautismo al amor del Padre, unidos en la comunión de los santos, hechos por gracia piedras vivas para la construcción de su Reino (cf. 1 P 2,4-5).


A la luz de todo esto leemos el relato de la Resurrección, que hemos escuchado en el Evangelio según san Mateo. La mañana de Pascua, las mujeres, venciendo el dolor y el miedo, se pusieron en camino. Querían ir al sepulcro de Jesús. Esperaban encontrarlo sellado, con una gran piedra en la entrada y soldados haciendo guardia. Esto es el pecado: una barrera muy pesada que nos encierra y nos separa de Dios, tratando de hacer morir en nosotros sus palabras de esperanza.


María de Magdala y la otra María, sin embargo, no se dejaron intimidar. Fueron al sepulcro y, gracias a su fe y a su amor, fueron las primeras testigos de la Resurrección. En el terremoto y en el ángel, sentado sobre la roca volcada, vieron la potencia del amor de Dios, más fuerte que cualquier poder del mal, capaz de “expulsar el odio” y de “doblegar a los poderosos”.


El hombre puede matar el cuerpo, pero la vida del Dios del amor es vida eterna, va más allá de la muerte y ningún sepulcro la puede aprisionar. Así, el Crucificado reinó desde la cruz, el ángel se sentó sobre la piedra y Jesús vivo se presentó ante ellas diciendo: «Alégrense» (Mt 28,9).


También este, queridos hermanos, es hoy nuestro mensaje al mundo, el encuentro del que queremos dar testimonio, con las palabras de la fe y con las obras de la caridad, cantando con la vida el “aleluya” que proclamamos con los labios (cf. SAN AGUSTÍN, Sermón 256, 1).


Al igual que las mujeres, que corrieron a anunciarlo a los hermanos, también nosotros queremos partir esta noche, desde esta basílica, para llevar a todos la buena noticia de que Jesús ha resucitado y que, con su fuerza, resucitados con Él, también nosotros podemos dar vida a un mundo nuevo, de paz y de unidad, como «muchos hombres y un hombre solo; muchos cristianos y un solo Cristo» (S. AGUSTÍN, Comentarios a los Salmos 127,3).


A esta misión se consagran los hermanos y hermanas que, aquí presentes, procedentes de diversas partes del mundo, recibirán en breve el Bautismo. Tras el largo camino del catecumenado, hoy renacen en Cristo para ser criaturas nuevas (cf. 2 Co 5,17), testigos del Evangelio.


Por ellos, y por todos nosotros, repetimos lo que San Agustín decía a los cristianos de su tiempo: «Anuncia a Cristo; siembra [...]. Esparce el Evangelio; lo que has concebido en tu corazón» (Sermón 116, 7).


Hermanas y hermanos, tampoco faltan en nuestros días sepulcros que abrir, y a menudo las piedras que los cierran son tan pesadas y están tan bien vigiladas que parecen inamovibles. Algunas oprimen el corazón del hombre, como la desconfianza, el miedo, el egoísmo y el rencor; otras, consecuencia de las primeras, rompen los lazos entre nosotros, como la guerra, la injusticia y el aislamiento entre pueblos y naciones. ¡No dejemos que nos paralicen!


Muchos hombres y mujeres, a lo largo de los siglos, con la ayuda de Dios, las han removido, quizá con mucho esfuerzo, a veces a costa de la vida, pero con frutos de bien de los que aún hoy nos beneficiamos. No son personajes inalcanzables, sino personas como nosotros que, fortalecidas por la gracia del Resucitado, en la caridad y en la verdad, tuvieron el valor de hablar, como dice el apóstol Pedro, con «palabras de Dios» (1 P 4,11) y de actuar «como quien recibe de Dios ese poder, para que Dios sea glorificado en todas las cosas» (ibíd.).


Dejémonos inspirar por su ejemplo y, en esta Noche Santa, hagamos nuestro su compromiso, para que en todas partes y siempre, en el mundo, crezcan y florezcan los dones pascuales de la concordia y la paz.


PAPA LEÓN XIV

Fotos: Vatican Media, 4-4-2026

Vigilia Pascual de hoy, Sábado Santo, presidida por el Papa León XIV, 4-4-2026


Foto: Vatican Media, 4-4-2026


4 de abril de 2026.- (Camino Católico) El Papa León XIV ha presidido este Sábado Santo en el Vaticano la Vigilia Pascual, la “madre de todas las vigilias”, una Misa cargada de símbolos y de gran riqueza litúrgica. En su homilía el Papa ha afirmado que, ante el pecado que mata, Dios responde con el amor que da y devuelve la vida. En el vídeo de Vatican News se visualiza y escucha toda la celebración.



La vigilia se ha iniciado con la Basílica de San Pedro a oscuras y con el Santo Padre bendiciendo el fuego con el que se ha prendido el Cirio pascual, en el que se ha grabado el año 2026 y las letras alfa y omega —que recuerdan la eternidad de Dios— signo que representa a Cristo y que el Papa bendijo para luego colocar 5 clavos de incienso, en recuerdo de los clavos de Cristo.


Después todos los asistentes han cantado Lumen Christi (Luz de Cristo) mientras el Papa y los demás obispos ingresaron en procesión a la Basílica, mientras los asistentes prendieron sus velas y se procedió al encendido de las luces del templo.

Luego, un diácono ha entonado el Pregón Pascual, un hermoso canto litúrgico que se hace ante el Cirio Pascual y que habla sobre la resurrección de Cristo.


Acto seguido, se ha procedido con las lecturas, siete del Antiguo Testamento y dos del Nuevo, con las que se recuerda la historia de la salvación. La primera, del Génesis, se hizo en francés, luego la segunda, también del Génesis, en portugués; y la tercera del Éxodo en italiano. Después de cada una de las lecturas, se leyó también diversos salmos.


Tras las lecturas, se ha procedido con la proclamación del Evangelio de Mateo, 28, 1-10. Luego de la homilía, se han recitado las letanías de los santos y el Papa ha bautizado a 10 catecúmenos, entre quienes hay personas de Corea, Gran Bretaña y Portugal. Luego se les revistió con una túnica blanca, signo de pureza, y recibieron el sacramento de la Confirmación.

Homilía del evangelio de la Vigilia Pascual: Participamos de la resurrección del Señor en la medida en que participamos de su sacrificio: el poder de esta nueva vida brota de las profundidades de la Cruz / Por P. José María Prats

* «’Ahora se estableció la salud y el poderío, y el reinado de nuestro Dios, y la potestad de su Cristo’, dice el Apocalipsis. Ahora podemos vivir en la libertad y el poder de los hijos de Dios que Cristo ha ganado para nosotros con su sacrificio, y por eso cantamos llenos de alegría: ¡Aleluya!»

Vigilia Pascual

Evangelio: San Mateo 28, 1-10

P. José María Prats / Camino Católico.-  En el evangelio que hemos proclamado, Jesús resucitado pide a las mujeres que digan a los discípulos que vayan a Galilea y que allí lo verán. ¿Por qué? Pues porque ahora, habiendo vivido la experiencia clave de la resurrección, podrán entender el sentido profundo de todo lo que vivieron junto al Maestro desde el día en que los llamó a orillas del Lago de Galilea.

La muerte y la resurrección de Jesucristo es el acontecimiento clave de nuestra historia que la llena de luz y de sentido. Recordemos aquella visión del Apocalipsis en la que San Juan vio a Dios Padre con un libro en sus manos sellado con siete sellos, y cómo el apóstol se puso a llorar porque nadie «ni en el cielo ni en la tierra ni bajo tierra» era capaz de abrirlo y leerlo. Pero entonces apareció de pie junto al trono de Dios «un Cordero como degollado» que tomó el libro y empezó a abrir sus sellos en medio de las alabanzas de toda la asamblea celestial (cf. Ap 5).

Este Cordero degollado y de pie junto al trono de Dios es Jesucristo muerto y resucitado. Sólo Él puede tomar el libro de la historia y revelar su sentido profundo. Por eso hoy, en la noche santa en que Jesucristo resucita glorioso de entre los muertos, regresamos, no ya a Galilea, sino a los inicios de nuestra historia para releerla toda ella a la luz de la resurrección.

Hemos recordado que todo fue creado por la Palabra eterna de Dios: «Dijo Dios: “exista la luz”. Y la luz existió». Y todo fue creado bueno y armonioso, y sometido al hombre y a la mujer creados por esa misma Palabra a imagen y semejanza de Dios. Y cuando por el pecado el ser humano rompió su comunión con Dios, quiso Dios que su Palabra creadora se convirtiera también en Palabra redentora. Esta es la Palabra que Moisés escuchó junto a la zarza que ardía sin consumirse: «Ve, yo te envío al Faraón, para que liberes a mi pueblo de la esclavitud de Egipto». Y es también la Palabra pronunciada por los profetas con la que Dios fue guiando y educando a su pueblo a lo largo de los siglos.

Y en la plenitud de los tiempos, esta Palabra se hizo carne en las entrañas purísimas de María y habitó entre nosotros. Y tomando sobre sí misma el peso inconcebible del pecado de la humanidad de todos los tiempos, subió a la Cruz, y con su muerte destruyó el pecado para que nosotros fuéramos hechos justos.

El viernes pasado contemplábamos el misterio de la destrucción del pecado en la Cruz. Hoy, desbordantes de gozo, contemplamos la nueva vida que brota del árbol de la Cruz: «Ahora se estableció la salud y el poderío, y el reinado de nuestro Dios, y la potestad de su Cristo» ‒dice el Apocalipsis. Ahora podemos vivir en la libertad y el poder de los hijos de Dios que Cristo ha ganado para nosotros con su sacrificio, y por eso cantamos llenos de alegría: ¡Aleluya!

Pero no podemos olvidar nunca que la alegría y el poder de esta nueva vida brotan de las profundidades de la Cruz. Participamos de la resurrección del Señor en la medida en que participamos de su sacrificio. Así lo expresan unos versos preciosos del poeta argentino Francisco Luis Bernárdez: “Porque después de todo he comprendido / que lo que tiene el árbol de florido / vive de lo que tiene sepultado”.


P. José María Prats

Evangelio: 


Pasado el sábado, al alborear el día siguiente, marcharon María Magdalena y la otra María a ver el sepulcro.


Y de pronto se produjo un gran terremoto, porque un ángel del Señor descendió del cielo, se acercó, removió la piedra y se sentó sobre ella. Su aspecto era como de un relámpago, y su vestidura blanca como la nieve. Los guardias temblaron de miedo ante él y se quedaron como muertos.


El ángel tomó la palabra y les dijo a las mujeres:


—Vosotras no tengáis miedo; ya sé que buscáis a Jesús, el crucificado. No está aquí, porque ha resucitado como había dicho. Venid a ver el sitio donde estaba puesto. Marchad enseguida y decid a sus discípulos que ha resucitado de entre los muertos; irá delante de vosotros a Galilea: allí le veréis. Mirad que os lo he dicho.


Ellas partieron al instante del sepulcro con temor y una gran alegría, y corrieron a dar la noticia a los discípulos.


De pronto Jesús les salió al encuentro y las saludó. Ellas se acercaron, abrazaron sus pies y le adoraron.


Entonces Jesús les dijo:


—No tengáis miedo; id a anunciar a mis hermanos que vayan a Galilea: allí me verán.


San Mateo 28, 1-10

Meditación mariana del Sábado Santo con el P. Jesús Higueras en la parroquia Santa María de Caná de Pozuelo de Alarcón, 4-4-2026

Camino Católico.- Meditación mariana del Sábado Santo con el P. Jesús Higueras en la parroquia Santa María de Caná de Pozuelo de Alarcón, emitida por @SantaMaríadeCanáPozuelo.

El corazón de María, traspasado junto al de Jesús; Siete Dolores al pie de la Cruz / Por P. Santiago Martín

4 de abril de 2026.- (Camino Católico).- El P. Santiago Martín el Sábado Santo de la sepultura del Señor, predica sobre el corazón de María, traspasado junto al de Jesús; Siete Dolores al pie de la Cruz, emitido por Magníficat TV.

Palabra de Vida 4/4/2026: «Sábado Santo de la sepultura del Señor» / Por P. Jesús Higueras

Camino Católico.- Espacio «Palabra de Vida» de 13 TV del 4 de abril de 2026, Sábado Santo, presentado por el padre Jesús Higueras en el que comenta el evangelio del día. Hoy que no se celebra la Eucaristía no hay ninguna palabra del evangelio que comentar, pero medita sobre cómo vivir este día en espera de la resurrección de Jesucristo. 

Misterios Dolorosos del Santo Rosario, desde el Santuario de Lourdes, 4-4-2026

4 de abril de 2026.- (Camino Católico).- Rezo de los Misterios Dolorosos del Santo Rosario correspondientes a hoy, Sábado Santo, desde la Gruta de Massabielle, en el Santuario de Lourdes, en el que se intercede por el mundo entero. 

El Sábado Santo es el día del silencio de Dios y aprendemos que Dios también obra en lo escondido / Por P. Carlos García Malo