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jueves, 11 de junio de 2026

Santa Misa del Sagrado Corazón de Jesús, presidida por el Papa León XIV, en Gran Canaria, 11-6-2026


Foto: Vatican Media, 11-6-2026


11 de junio de 2026.- (Camino Católico)  El Papa ha celebrado la tarde del jueves, 11 de junio, la santa misa de la víspera de la solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús, en el Estadio de Gran Canaria, en la ciudad de Las Palmas, ante cincuenta mil fieles. En su homilía el Santo Padre ha invitado a contemplar el Corazón de Cristo como modelo de humanidad, misericordia, compasión, gratuidad y humildad, al tiempo que ha pedido rezar por quienes han perdido la vida en el mar y por el fin de las guerras. En el vídeo de 13 TV se visualiza y escucha toda la celebración.


Papa León XIV a los consagrados y agentes pastorales en las Palmas, 11-6-2026: «Para navegar en las aguas de la vida y llegar al destino, a la patria celestial: abrazar la cruz de Cristo y cultivar una espiritualidad eucarística»

* «Una forma concreta para manifestar esta espiritualidad de comunión es la solidaridad cristiana, porque la ‘unión con Cristo es al mismo tiempo unión con todos los demás a los que él se entrega» (Deus caritas est,’ 14). Por eso, los animo a seguir ofreciendo a todos el amor que ustedes, a su vez, han recibido del Señor (cf. 1 Jn 4,19), amor que se hace alimento en la acogida, en la escucha, en la cercanía y en el cuidado de los más frágiles: ‘Porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, fui forastero y me hospedasteis, estuve desnudo y me vestisteis, enfermo y me visitasteis, en la cárcel y vinisteis a verme’» 

Video completo de la transmisión en directo realizada por Vatican News con las palabras del Papa León XIV

* «Les animo a seguir adelante fuertemente arraigados en Él, para seguir navegando con valentía en este nuevo tiempo de la historia. Cuando encuentren dificultades, alcen la mirada, y pidan al Espíritu Santo la gracia de vivir unidos en la fe, la esperanza y la caridad, virtudes que ‘son como tres estrellas que brillan en el cielo de nuestra vida espiritual para guiarnos hacia Dios’»



11 de junio de 2026.- (Camino Católico).-  “Para navegar en las aguas de la vida y llegar al destino, a la patria celestial: abrazar la cruz de Cristo y cultivar una espiritualidad eucarística”. Esta ha sido la recomendación del Pontífice a la Iglesia canaria, en el encuentro que ha tenido lugar esta mañana en la catedral de Gran Canaria con obispos, sacerdotes, diáconos, religiosos y religiosas, seminaristas y agentes pastorales.


A su llegada a la catedral, el Pontífice ha sido recibido por el obispo de la diócesis de Canarias, monseñor José Mazuelos Pérez, por dos niños que le han regalado unas flores y por el decano del capítulo del templo. Tras escuchar los testimonios de un sacerdote y de la secretaria general para la pastoral, el Santo Padre ha dirigido unas palabras a los allí congregados y ha animado a la “querida Iglesia que peregrina en Canarias” a “seguir adelante fuertemente arraigados en Él, para seguir navegando con valentía en este nuevo tiempo de la historia”. Y si encuentran dificultades, “¡alcen la mirada y pidan al Espíritu Santo la gracia de vivir unidos en la fe, la esperanza y la caridad, virtudes que son como tres estrellas que brillan en el cielo de nuestra vida espiritual para guiarnos hacia Dios!”. En el vídeo de Vatican News se visualizan y escuchan las palabras del Papa León XIV, cuyo texto completo es el siguiente:


VIAJE APOSTÓLICO DE SU SANTIDAD EL PAPA LEÓN XIV 

A ESPAÑA

(6-12 DE JUNIO DE 2026)

ENCUENTRO CON LOS OBISPOS, LOS SACERDOTES, LOS DIÁCONOS,

LOS RELIGIOSOS, LAS RELIGIOSAS, LOS SEMINARISTAS Y LOS AGENTES PASTORALES

DISCURSO DEL SANTO PADRE

Catedral de Santa Ana (Las Palmas de Gran Canaria)

Jueves, 11 de junio de 2026

Queridos hermanos obispos,
queridos sacerdotes y diáconos,
religiosos y religiosas,
seminaristas,
hermanos y hermanas todos en Cristo Jesús:

Es una gran alegría para mí poder compartir este encuentro con ustedes. Gracias por la cálida bienvenida, por su presencia afable y sus testimonios, que son el reflejo de una Iglesia viva, en cuyo corazón resuenan «los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de nuestro tiempo, sobre todo de los pobres y de cuantos sufren» (Gaudium et spes, 1).

Vengo a estas islas como Padre y hermano en la fe: “con ustedes soy cristiano y para ustedes, Obispo” (cf. Primera Bendición “Urbi et Orbi, 8 mayo 2025). Cada uno de nosotros ha recibido diversos dones y ministerios para la edificación del cuerpo de Cristo, como hemos escuchado en la lectura de la Carta a los Efesios. Y esta es la llamada del Señor que hoy vibra nuevamente en nuestros corazones y confirma nuestra vocación y misión: construir juntos la Iglesia cimentados en Cristo, la “piedra angular” (cf. 1 P 2,6-8), edificar en el bien, armonizar nuestras diferencias y trabajar unidos en favor de todos (cf. Magnifica humanitas, 11-14).

Quisiera que reflexionemos juntos sobre dos actitudes de nuestra vida cristiana que hemos de tener en cuenta para ser “arquitectos sabios” en la construcción de la civilización del amor (cf. ibíd., 236).

Ustedes, canarios nativos o por adopción, Pueblo de Dios que peregrina en tierras rodeadas por el Atlántico, tienen el privilegio de gozar cada día de la presencia majestuosa del mar. Dicen que en los ojos de un isleño esa imagen —que tiene sabor a patria y a hogar— permanece grabada en sus pupilas de manera perenne, y que se echa mucho de menos al estar lejos, “tierra adentro”. Este sentimiento corresponde a una sana nostalgia de inmensidad, de cielo y de mar abiertos que se extienden en el horizonte, sin límites ni fronteras; y a un corazón sensible dispuesto a despedir con una lágrima a los que se van y a recibir con los brazos abiertos a los que llegan. En este sentido, el mar a veces puede ser también sinónimo de distancia y de separación, de desafío y de camino por recorrer.

A este propósito, nos dice san Agustín: «Si alguien divisara desde lejos su patria, pero un mar se interpusiera entre los dos: ve a dónde ir, pero ignora el camino. Así nos ocurre a nosotros: anhelamos alcanzar nuestra condición estable, […] pero está por medio el mar de este mundo […] para enseñarnos el camino, vino el mismo a quien queríamos ir. ¿Y qué hizo? Nos puso el leño con el que poder atravesar el mar. Nadie es capaz de pasar el mar de este mundo si no lo lleva la cruz de Cristo» (Comentario al Evangelio de San Juan, 2, 2). Esta es la primera actitud que nos orienta para navegar en las aguas de la vida y llegar al destino, a la patria celestial: abrazar la cruz de Cristo.

Queridos hermanos y hermanas, los santos experimentaron la nostalgia de Dios y, al tener que afrontar las tempestades de la existencia, supieron llevar a Jesús en sus barcas, confiaron en Él, abrazaron la cruz y calmaron así las olas de la incertidumbre y el temor (cf. Mt 8,23-27). Ejemplo de ello en estas benditas tierras, entre tantos otros, es el venerable Antonio Vicente González, sacerdote diocesano, también conocido como “el buen pastor canario”. Su vida, transfigurada por la gracia divina, nos estimula a cargar la cruz de Cristo y a seguirlo (cf. Mt 16,24), siendo testigos fieles del Evangelio en este nuevo tiempo de la historia, no exento de turbulencias y contradicciones, para llegar así a la meta prometida (cf. Jn 12,32).

La primera “pauta de navegación”, por tanto, es abrazar la cruz de Cristo; y ustedes lo hacen cotidianamente, por ejemplo, como cireneos, acompañando y ayudando a llevar las cargas de tantos hermanos y hermanas crucificados por los dramas de la vida. Les agradezco esta generosa labor de caridad y misericordia.

Quisiera destacar además otra actitud: cultivar una espiritualidad eucarística. Esto tiene relación con la antigua tradición que se conserva en esta hermosa catedral: la lluvia de pétalos de flores ante el Santísimo Sacramento que se realiza el día de la Ascensión, como signo de los bienes espirituales y celestiales que derrama el Señor al subir al cielo. Ese gesto de devoción de tantas generaciones a lo largo del tiempo posee un significado profundo: en nuestro peregrinar, la meta es el encuentro con Cristo; que es el centro de la vida cristiana, hacia quien se inclinan nuestras rodillas en adoración, en torno a quien nos reunimos formando un solo cuerpo y junto a quien nos ofrecemos como «sacrificio vivo, santo, agradable a Dios» (Rm 12,1).

Nos lo dice el Concilio: los fieles, «participando del sacrificio eucarístico, fuente y cumbre de toda la vida cristiana, ofrecen a Dios la Víctima divina y se ofrecen a sí mismos juntamente con ella. Y así, […] muestran de un modo concreto la unidad del Pueblo de Dios» (Lumen gentium, 11). Por tanto, cultivar una espiritualidad eucarística es ahondar en «una espiritualidad de la unidad eclesial en el amor» (Magnifica humanitas, 234). Hagamos de nuestra vida una respuesta al deseo de Jesús: «Que todos sean uno […] para que el mundo crea» (Jn 17,21).

Una forma concreta para manifestar esta espiritualidad de comunión es la solidaridad cristiana, porque la «unión con Cristo es al mismo tiempo unión con todos los demás a los que él se entrega» (Deus caritas est, 14). Por eso, los animo a seguir ofreciendo a todos el amor que ustedes, a su vez, han recibido del Señor (cf. 1 Jn 4,19), amor que se hace alimento en la acogida, en la escucha, en la cercanía y en el cuidado de los más frágiles: «Porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, fui forastero y me hospedasteis, estuve desnudo y me vestisteis, enfermo y me visitasteis, en la cárcel y vinisteis a verme» (Mt 25,35-36).    

Querida Iglesia que peregrina en Canarias, siguiendo la estela de santidad de tantos hombres y mujeres que los han precedido, que han ofrecido sus vidas en comunión con el sacrificio de Cristo en la cruz y en el altar, les animo a seguir adelante fuertemente arraigados en Él, para seguir navegando con valentía en este nuevo tiempo de la historia. Cuando encuentren dificultades, alcen la mirada, y pidan al Espíritu Santo la gracia de vivir unidos en la fe, la esperanza y la caridad, virtudes que «son como tres estrellas que brillan en el cielo de nuestra vida espiritual para guiarnos hacia Dios» (S. Juan Pablo II, Audiencia, 22 noviembre 2000).

Que la Bienaventurada Virgen María, Stella maris, nos oriente en nuestra travesía, nos ayude a “remar mar adentro” (cf. Lc 5,1-11) y así lleguemos al puerto seguro del encuentro definitivo con su Hijo Jesucristo. Gracias!

Papa León XIV


Fotos: Vatican Media, 11-6-2026

Encuentro del Papa León XIV con los consagrados y agentes pastorales en la Catedral de Santa Ana de Gran Canaria, 11-6-2026

Foto: Vatican Media, 11-6-2026


11 de junio de 2026.- (Camino Católico)  León XIV ha aterrizado esta mañana en Las Palmas de Gran Canaria, procedente de Barcelona, iniciando así la tercera etapa de su viaje a España. Tras el esperado encuentro en el puerto de Arguineguín, con los migrantes y las realidades que los acogen, el Papa se trasladó hasta la catedral para reunirse con los obispos, sacerdotes, diáconos, religiosos y religiosas, seminaristas y trabajadores pastorales. Justo antes de iniciar el encuentro, recibió la Llave de oro de la Ciudad de manos de la alcaldesa, Carolina Darias. A su llegada a la catedral, el Pontífice fue recibido por el obispo de la diócesis de Canarias, monseñor José Mazuelos Pérez, por dos niños que le han regalado unas flores y por el decano del capítulo del templo. Tras escuchar los testimonios de un sacerdote y de la secretaria general para la pastoral, el Santo Padre dirigió unas palabras a los allí congregados invitándolos a abrazar la cruz de Cristo y cultivar una espiritualidad eucarística para ser arquitectos sabios en la construcción de la civilización del amor. En el vídeo de 13 TV se visualiza y escucha todo el encuentro.


 

Papa León XIV a los que acogen migrantes en las Palmas, 11-6-2026: «Dios que en el ocaso de la vida nos juzgará sobre el amor nos conceda reconocerlo en los pobres y en los extranjeros, y nos libre de mirar el dolor ajeno como si no nos perteneciera»

* «La misericordia comienza con gestos pequeños: a veces con unas cuantas galletas y un poco de leche; otras, con cinco panes y dos peces (cf. Mt 14,17-21). No se trata de resolverlo todo, sino de ponerlo todo en manos de Dios y de estar presentes allí donde el ser humano sufre, donde los recursos no bastan y no hay un idioma común, pero donde aún pueden hablar los gestos. Gracias de corazón a cuantos se suman a los rescates, a la acogida y al acompañamiento, dando testimonio de que la misericordia concreta puede salvar y puede cambiar vidas»

Video completo de la transmisión en directo realizada por Vatican News con las palabras del Papa León XIV

* «La acogida del migrante no puede ser algo secundario ni delegada únicamente a algunos voluntarios. Nos arrodillamos ante el altar para adorar a Cristo presente en la Eucaristía, de quien recibimos la fuerza y el motivo para vivir la caridad; por eso, no podemos luego “pasar de largo” ante los cayucos y las pateras, pues de la oración brota todo servicio y a ella vuelve todo compromiso»

 


11 de junio de 2026.- (Camino Católico).-  “Que el Dios que en el ocaso de la vida nos juzgará sobre el amor nos conceda reconocerlo hoy en los pobres y en los extranjeros, y nos libre de mirar el dolor ajeno como si no nos perteneciera” ha subrayado el Papa León XIV ante el muelle de Arguineguín en Gran Canaria, puerta de entrada de miles de migrantes que han alcanzado Canarias tras una de las rutas marítimas más peligrosas del mundo. El Pontífice se ha reunido con quienes acogen a los migrantes, aquellos que han sabido “reconocer a Cristo en quienes desembarcan marcados por el miedo, el hambre y la violencia, después del desierto, de la noche y del mar”. 


El Santo Padre ha destacado que “la Iglesia no puede desentenderse de estas aguas ni de ningún lugar donde el hambre, la sed, la violencia, el miedo o el exilio sigan hiriendo la dignidad humana” y ha explicado que, en la actualidad, el peligro para los migrantes no es solo el océano, sino quienes se aprovechan de su vulnerabilidad.


Entre el personal presente que se dedica a la acogida a los migrantes, se encontraba el capitán de Salvamento Marítimo de una embarcación situada en este muelle, atenta a la llegada de pateras a las costas canarias para salir en cualquier momento, y una voluntaria de Caritas Diocesana, que han contado su testimonio. A ellos, y a todos los que se dedican a esta valiosísima labor, el Papa les ha agradecido de corazón por “los rescates, la acogida y el acompañamiento”, “dando testimonio de que la misericordia concreta puede salvar y cambiar vidas”. También se han escuchado dos testimonios de personas migrantes que han contado sus sufrimientos en su periplo hasta España, una de ellas víctima de las mafias de la trata de personas. En el vídeo de Vatican News se visualizan y escuchan las palabras del Papa León XIV, cuyo texto completo es el siguiente:



VIAJE APOSTÓLICO DE SU SANTIDAD EL PAPA LEÓN XIV A ESPAÑA

(6-12 DE JUNIO DE 2026)

ENCUENTRO CON LAS REALIDADES DE ACOGIDA DE LOS MIGRANTES 

DISCURSO DEL SANTO PADRE

Puerto de Arguineguín (Las Palmas de Gran Canaria)

Jueves, 11 de junio de 2026

Queridos hermanos y hermanas:

Acabamos de escuchar una de las páginas más exigentes del Evangelio. Sabemos que este mismo capítulo hace también una advertencia que ningún creyente puede tomar a la ligera (Mt 25,41-45). Hoy, junto al mar, la Palabra se vuelve concreta: aquí llegan tantas vidas heridas, despojadas de casi todo, pero nunca de su dignidad. Aquí el Evangelio nos arranca del lugar cómodo del espectador y nos sitúa ante el hermano que llega. Nos pregunta si hemos sabido reconocer a Cristo en quienes desembarcan marcados por el miedo, el hambre, la violencia, después del desierto, de la noche y del mar.

Como pueden ver, llevo en mi mano el anillo, que se llama "del Pescador". Su nombre mismo nos conduce al lago de Galilea, donde Cristo llamó a Pedro y le dijo: «Desde ahora serás pescador de hombres» (Lc 5,10). La Iglesia ha leído ese versículo como imagen de su misión. Pero aquí y en lugares como en El Hierro, ese mandato adquiere una fuerza literal y dolorosa. Esa isla, pequeña en extensión, pero grande en humanidad, ha visto llegar a miles de personas arrancadas de su tierra y confiadas a la fragilidad de un cayuco. Aquí hay personas recuperadas del mar y cuerpos exánimes rescatados de las aguas. Por eso, el Sucesor de Pedro no puede desentenderse de estos muelles. La Iglesia no puede desentenderse de estas aguas ni de ningún lugar donde el hambre, la sed, la violencia, el miedo o el exilio sigan hiriendo la dignidad humana. Los discípulos de Jesús no pueden considerar ajeno el clamor de quienes gritan desde la noche.

En el lenguaje bíblico, el mar puede ser imagen de amenaza, oscuridad y caos. Allí aparecen el Leviatán, figura de la fuerza que devora, y Rahab, nombre que evoca la soberbia de los poderes que se levantan contra Dios y contra la vida (cf. Sal 74,13-14; 89,10-11; Is 27,1; 51,9; Jb 26,12). También hoy existen monstruos que acechan estos mares: mafias que trafican con la desesperación, tratantes que esclavizan mujeres y niños y la indiferencia de muchos que permiten que los pobres sean tragados por la explotación o por el olvido.

Pero la fe no se queda paralizada ante el poder del mar. Creemos en un Dios que somete el caos, pone límite al mal y abre un camino cuando parece imponerse la muerte. Así lo experimentó el pueblo de Israel, al atravesar el Mar Rojo para salir de la esclavitud y caminar hacia la libertad (cf. Ex 14,21-31). Y así lo contemplamos en Cristo, que camina sobre las aguas y, ante la tormenta, pronuncia una palabra soberana: «¡Calla, enmudece!» (Mc 4,39; cf. Mt 14,25-27). Esa voz sigue resonando contra las fuerzas que devoran, esclavizan y descartan a tantos hermanos nuestros. Ahí donde Cristo manda callar al mar, la Iglesia no puede permanecer muda ante quienes son abandonados a sus aguas.

Gracias por los testimonios, por recordarnos lo que significa salvar vidas. A María, gracias por recordarnos lo que Cáritas, las parroquias y tantas personas hacen a diario. Sus palabras nos muestran dónde comienza la conversión de la mirada: cuando el migrante deja de ser “uno más”, deja de ser una categoría y una cifra. Sólo entonces comprendemos que esa niña podría ser nuestra hija, esos rostros parte de nuestra familia; y entonces, la conciencia se queda sin excusas. La misericordia comienza con gestos pequeños: a veces con unas cuantas galletas y un poco de leche; otras, con cinco panes y dos peces (cf. Mt 14,17-21). No se trata de resolverlo todo, sino de ponerlo todo en manos de Dios y de estar presentes allí donde el ser humano sufre, donde los recursos no bastan y no hay un idioma común, pero donde aún pueden hablar los gestos. Gracias de corazón a cuantos se suman a los rescates, a la acogida y al acompañamiento, dando testimonio de que la misericordia concreta puede salvar y puede cambiar vidas.

Querida Blessing, aunque no estás aquí hoy, tu voz sí. Gracias por compartirnos tu historia. Tu nombre significa bendición, y nos recuerda que cada vida humana es una bendición de Dios. Nadie puede comprarla, venderla, usarla o descartarla, porque en cada persona resplandece la imagen y semejanza del Creador (cf. Gn 1,27). Nos has dicho que te fuiste de tu país no porque quisieras, sino porque no había otra opción. En tus palabras escuchamos el drama de tantas personas obligadas a partir porque la pobreza, la guerra, la amenaza o la explotación les cerraron todos los caminos.

Quisiera que este mensaje llegue hasta ti y a tantas mujeres víctimas de la trata y la explotación: si otros pusieron precio a tu cuerpo, Dios no ha dejado nunca de mirarte como alguien invaluable. Si quisieron encerrarte en un pasado de dolor, Dios sigue pronunciando sobre ti una promesa de futuro. Si te trataron como una cosa, la Iglesia quiere decirte hoy: eres hija, hermana, eres bendición. Tu vida no es de quienes te dañaron; tu cuerpo no es de quienes se aprovecharon de ti; tus días no pertenecen a quienes quisieron encadenarlos al miedo. Tu vida pertenece a Dios y conserva una dignidad que no pueden arrancarte. Y nosotros queremos caminar contigo hasta que esa verdad vuelva a sentirse más fuerte que el dolor.

Queridos migrantes: antes de decirles cualquier otra palabra, quiero inclinarme ante su dignidad. No son números ni expedientes. Ustedes son personas con una familia y una casa dejada atrás; con sueños que nadie tiene derecho a despreciar. Pero también quiero decirles que su vida debe ser protegida. No entreguen su existencia a quienes comercian con ella. No les crean a quienes prometen paraísos fáciles a cambio de su cuerpo o de dinero, de silencio o de su libertad. Esas falsas promesas son “cantos de sirenas”, son industrias de muerte.

Este drama debe convertirse en examen de conciencia: para las naciones de origen, que deben crear condiciones de paz, justicia y desarrollo; para las naciones de tránsito, llamadas a proteger y no a dejar a los débiles en manos de redes criminales; para Europa, que no puede proclamar la dignidad humana y acostumbrarse a que el Mediterráneo y el Atlántico sean cementerios sin lápidas; para la comunidad internacional, llamada a una cooperación eficaz y perseverante.

Y también la Iglesia debe dejarse interpelar. La acogida del migrante no puede ser algo secundario ni delegada únicamente a algunos voluntarios. Nos arrodillamos ante el altar para adorar a Cristo presente en la Eucaristía, de quien recibimos la fuerza y el motivo para vivir la caridad; por eso, no podemos luego “pasar de largo” ante los cayucos y las pateras, pues de la oración brota todo servicio y a ella vuelve todo compromiso (cf. Lc 10,31-32).

Desde esta isla, quisiera que la voz de quienes han hablado hoy alcanzara a quienes tienen en sus manos responsabilidades decisivas —autoridades civiles, parlamentos, gobiernos y organizaciones internacionales—, y también a las comunidades cristianas, a las demás tradiciones religiosas y a todos los hombres y mujeres de buena voluntad. No basta gestionar llegadas, distribuir cifras, reforzar fronteras o lamentar las muertes cuando ya han ocurrido. Cada barca que llega no trae sólo migrantes; trae consigo una pregunta: ¿qué mundo hemos construido, si tantos hermanos tienen que arriesgar la muerte para buscar vida?

La dignidad humana exige vías legales y seguras, rescate y asistencia, cooperación real contra los traficantes, protección efectiva a las víctimas, procesos serios de acogida e integración, y políticas que permitan a cada persona vivir con dignidad en su propia tierra. Si bien existe un derecho a buscar refugio cuando la vida es amenazada, también existe el derecho a no tener que migrar: el derecho a permanecer en la propia casa sin hambre, sin guerra, sin persecución, sin violencia, sin que la tierra se vuelva inhabitable, sin que la corrupción robe el pan de los pobres, sin que las armas destruyan el futuro de los niños. No podemos acostumbrarnos a contar muertos. La dignidad humana no tiene pasaporte ni pierde valor al cruzar una frontera.

Que el Dios que “en el ocaso de la vida nos juzgará sobre el amor” (cf. S. Juan de la Cruz, Avisos y sentencias, 57) nos conceda reconocerlo hoy en los pobres y en los extranjeros, y nos libre de mirar el dolor ajeno como si no nos perteneciera. Que Nuestra Señora del Carmen acompañe a quienes han llegado, consuele a quienes han perdido a sus seres queridos, sostenga a quienes los acogen y despierte en todos nosotros la valentía de la misericordia.

Y que la historia no tenga que acusarnos de haber convertido el dolor de los que sufren en paisaje habitual de nuestras costas. Porque hoy, aquí, junto al mar, cada vida que llega nos pregunta qué queda de nuestra humanidad. Tarde o temprano, se sabrá si supimos custodiarla o si dejamos que la indiferencia hablara por nosotros. Muchas gracias.

Papa León XIV

Fotos: Vatican Media, 11-6-2026

Encuentro del Papa León XIV con las realidades de acogida de migrantes en el puerto de Arguineguín en Gran Canaria, 11-6-2026

Foto: Vatican Media, 11-6-2026


11 de junio de 2026.- (Camino Católico)  El Papa León XIV ya se encuentra en las Islas Canarias, en una visita que incluye dos islas, Gran Canaria y Tenerife y que tiene el foco puesto en la realidad migrante que se vive en el archipiélago español. Esta mañana, desde el muelle de Arguineguín en Gran Canaria donde llegan constantemente “vidas heridas”, “despojadas de casi todo”, “pero nunca de su dignidad”, el Papa se ha reunido con quienes acogen a los migrantes, aquellos que han sabido “reconocer a Cristo en quienes desembarcan marcados por el miedo, el hambre y la violencia, después del desierto, de la noche y del mar”. En el vídeo de 13 TV se visualiza y escucha todo el encuentro.


 

Entre el personal presente que se dedica a la acogida a los migrantes, se encontraba el capitán de Salvamento Marítimo de una embarcación situada en este muelle, atenta a la llegada de pateras a las costas canarias para salir en cualquier momento, y una voluntaria de Caritas Diocesana, que han contado su testimonio. A ellos, y a todos los que se dedican a esta valiosísima labor, el Papa les ha agradecido de corazón por “los rescates, la acogida y el acompañamiento”, “dando testimonio de que la misericordia concreta puede salvar y cambiar vidas”. También se han escuchado dos testimonios de personas migrantes que han contado sus sufrimientos en su periplo hasta España, una de ellas víctima de las mafias de la trata de personas.

Homilía del P. Heliodoro Mira y lecturas de la Misa de hoy, jueves, San Bernabé, apóstol, 11-6-2026

11 de junio de 2026.- (Camino Católico) Homilía del P. Heliodoro Mira y lecturas de la Santa Misa de hoy, jueves de la 10ª semana de Tiempo Ordinario, San Bernabé, apóstol, emitida por 13 TV desde la Basílica de la Concepción de Madrid.

Santa Misa de hoy, jueves, San Bernabé, apóstol, 11-6-2026

11 de junio de 2026.- (Camino Católico) Celebración de la Santa Misa de hoy, jueves de la 10ª semana de Tiempo Ordinario, San Bernabé, apóstol, presidida por el P. Heliodoro Mira, emitida por 13 TV desde la Basílica de la Concepción de Madrid.

Misterios Luminosos del Santo Rosario, desde el Santuario de Lourdes, 11-6-2026

11 de junio de 2026.- (Camino Católico).- Rezo de los Misterios Luminosos del Santo Rosario correspondientes a hoy, jueves, desde la Gruta de Massabielle, en el Santuario de Lourdes, en el que se intercede por el mundo entero. 

Palabra de Vida 11/6/2026: «Todo el que se deja llevar por la cólera será procesado» / Por P. Jesús Higueras

Camino Católico.- Espacio «Palabra de Vida» de 13 TV del 11 de junio de 2026, jueves de la 10ª semana del Tiempo Ordinario, presentado por el padre Jesús Higueras en el que comenta el evangelio del día. 

Evangelio: San Mateo 5, 20-26:

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

«Si vuestra justicia no es mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos.

Habéis oído que se dijo a los antiguos: «No matarás», y el que mate será reo de juicio.

Pero yo os digo: todo el que se deja llevar de la cólera contra su hermano será procesado. Y si uno llama a su hermano «imbécil», tendrá que comparecer ante el Sanedrín, y si lo llama «necio», merece la condena de la “gehenna” del fuego.

Por tanto, si cuando vas a presentar tu ofrenda sobre el altar, te acuerdas allí mismo de que tu hermano tiene quejas contra ti, deja allí tu ofrenda ante el altar y vete primero a reconciliarte con tu hermano, y entonces vuelve a presentar tu ofrenda.

Con el que te pone pleito procura arreglarte enseguida, mientras vais todavía de camino, no sea que te entregue al juez y el juez al alguacil, y te metan en la cárcel. En verdad te digo que no saldrás de allí hasta que hayas pagado el último céntimo».

«No nos olvidemos jamás del memorial de Cristo que nos ha salvado» / Por P. Carlos García Malo