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viernes, 26 de junio de 2026

Papa León XIV en la apertura del Consistorio de cardenales, 26-6-2026: «La comunión sigue siendo una conversión cotidiana, que toma forma en la oración, las relaciones de confianza y escucharnos recíprocamente»

* «Todos los temas que afrontaremos —la mirada sobre el mundo, la paz, el bien común, la sinodalidad— convergen en una única pregunta: ¿cómo podemos ayudar hoy a nuestras Iglesias a anunciar el Evangelio con mayor fidelidad, libertad y credibilidad? La misión no es una de las muchas tareas de la Iglesia. Es su razón de existir y, precisamente por eso, se convierte también en el criterio que orienta nuestro discernimiento. Cuando aprendemos a escucharnos, a llevar juntos las responsabilidades, a reconocer la acción del Espíritu en las diversas Iglesias, no estamos solamente mejorando nuestro modo de trabajar; estamos llegando a ser una Iglesia más capaz de encontrarse con los hombres y las mujeres de nuestro tiempo y de darles testimonio de la alegría del Evangelio»

Video completo de la transmisión en directo realizada por Vatican News con el discurso del Papa León XIV

* «Les pido, por tanto, que me acompañen no sólo en estos días de trabajo, sino también en el servicio cotidiano a la comunión de la Iglesia universal. Ayúdenme a escuchar lo que emerge en las Iglesias, a reconocer los signos de esperanza que a menudo crecen en el silencio, pero también a no ignorar las fatigas, las incomprensiones y las resistencias que pueden ralentizar el camino. Necesito su libertad, su franqueza y su lealtad. Un consejo sincero es siempre un acto de comunión»


26 de junio de 2026.- (Camino Católico).- “La comunión nunca es un resultado adquirido de una vez para siempre: sigue siendo una conversión cotidiana, que toma forma en la oración y a través de actitudes concretas, relaciones de confianza y disponibilidad para escucharnos recíprocamente”. Han sido las palabras del Papa León XIV a los más de cien cardenales, en el Aula Pablo VI, en la apertura del segundo Consistorio por él convocado, que ha iniciado hoy 26 y concluirá mañana 27 de junio. A las 7’30 de la mañana, el Santo Padre ha presidido la Santa Misa con los cardenales en la Basílica de San Pedro y en su homilía ha reflexionado que “la puesta en práctica del Sínodo, por la que nos estamos esforzando, invita a todos a avanzar en la unidad de la fe, en la promoción de la paz y en la obediencia a la Palabra viva, que es Jesús”.


“Necesito su apoyo: firme, explícito y público. Necesito sentirme apoyado por ustedes como por hermanos” porque” el ministerio que el Señor me ha confiado no puede vivirse en soledad”, ha dicho el Pontífice que ha empezado su discurso dándoles la bienvenida y agradeciéndoles “de todo corazón” por haber aceptado una vez más su invitación. “Su presencia, afirma, pone de manifiesto la preocupación por toda la Iglesia que compartimos en el servicio al Pueblo de Dios y a la misión que el Señor nos ha confiado”.


León XIV recuerda el deseo sencillo expresado en el Consistorio del pasado mes de enero, es decir, que estos encuentros “nos ayudarán a aprender cada vez más a «trabajar juntos al servicio de la Iglesia» y a continuar «un diálogo que me ayude en el servicio a la misión y a toda la Iglesia»”. “No fueron solo palabras introductorias”, añade.


"Sigo pensando que esta es una de las responsabilidades más importantes confiadas al Colegio Cardenalicio. También nosotros, como toda la Iglesia, aprendemos caminando. La comunión nunca es un logro adquirido de una vez por todas: sigue siendo una conversión cotidiana, que toma forma en la oración y a través de actitudes concretas, relaciones de confianza y la disposición a escucharnos mutuamente". En el vídeo de Vatican News se visualizan y escuchan las palabras del Papa León XIV, cuyo texto completo es el siguiente:

CONSISTORIO EXTRAORDINARIO

(26-27 DE JUNIO DE 2026)

DISCURSO INTRODUCTORIO DEL SANTO PADRE LEÓN XIV 

Aula Pablo VI

Viernes, 26 de junio de 2026

Queridos hermanos cardenales:

Les doy la bienvenida y les agradezco de corazón que hayan aceptado una vez más mi invitación. Su presencia manifiesta la solicitud por toda la Iglesia que compartimos en el servicio al Pueblo de Dios y a la misión que el Señor nos ha confiado.

En el Consistorio del pasado mes de enero expresé un deseo sencillo: que estos encuentros nos ayudaran a aprender cada vez más a «trabajar juntos en el servicio de la Iglesia» y a proseguir «una conversación que me ayude en el servicio de la misión de toda la Iglesia». No eran solamente palabras introductorias. Sigo pensando que esta es una de las responsabilidades más importantes confiadas al Colegio Cardenalicio. También nosotros, como toda la Iglesia, aprendemos caminando. La comunión nunca es un resultado adquirido de una vez para siempre: sigue siendo una conversión cotidiana, que toma forma en la oración y a través de actitudes concretas, relaciones de confianza y disponibilidad para escucharnos recíprocamente.

En estos meses he tenido ocasión de recordar varias veces que estamos llamados a ser constructores de la comunión de Cristo, una comunión que toma forma en una Iglesia sinodal en la que todos cooperan en la misma misión, cada uno según su propio carisma y su propio ministerio.

Como dije a la Curia Romana, esta comunión «se construye, más que con las palabras y los documentos, mediante gestos y actitudes concretos que deben manifestarse en lo cotidiano, también en el ambiente laboral» (Discurso alla Curia Romana en ocasión del saludo de Navidad, 22 diciembre 2025). No somos custodios de intereses particulares, sino «discípulos y testigos del Reino de Dios, llamados a ser en Cristo fermento de fraternidad universal» (ibíd.).

Por este motivo he deseado que nuestro trabajo se concentrara en cuatro temas profundamente vinculados entre sí.

En primer lugar, estamos invitados a contemplar el mundo en el que la Iglesia está llamada a anunciar el Evangelio. Antes de preguntarnos qué hacer, es necesario detenernos ante la realidad, mirarla con los ojos de la fe y dejarnos interpelar por la escucha de los hermanos. Como recordé hace pocas semanas, «Jesús camina por las calles, atraviesa las plazas, visita nuestros barrios, habita los lugares de nuestra vida cotidiana. Él es el Dios cercano que camina con su pueblo, el Señor de la historia» (Homilía en la “Plaza de Cibeles”, Madrid, 7 junio 2026). También hoy el Señor sigue precediéndonos en la historia, y la Iglesia está llamada ante todo a reconocer su presencia.

Después reflexionaremos juntos sobre la cultura del poder y la civilización del amor. Muchos de ustedes provienen de tierras marcadas por la guerra, la violencia, la polarización social o religiosa. Pero ninguno de nosotros es ajeno a las muchas formas de conflicto, de abuso y de fractura que atraviesan hoy nuestras sociedades. Por eso, el discernimiento que estamos llamados a realizar nos concierne a todos e interpela la misión de la Iglesia en cada contexto. La encíclica Magnifica humanitas nos ofrece algunas claves preciosas para leer este tiempo. Me interesa sobre todo escuchar cómo resuenan estas páginas en sus Iglesias, qué interrogantes suscitan, qué perspectivas abren, qué pasos sugieren. En efecto, una encíclica continúa su camino cuando es acogida, interpretada y encarnada en la vida concreta de las Iglesias.

La tercera sesión profundizará nuevamente en la Magnifica humanitas, interrogándose sobre la contribución que la Iglesia puede ofrecer a la construcción del bien común. Vivimos en un tiempo en el que crece la tentación de la fragmentación y prevalecen fácilmente los intereses particulares. La Doctrina social de la Iglesia nos recuerda que el bien común no nace espontáneamente, sino que exige responsabilidades compartidas. Para la Iglesia, esto asume una forma muy precisa: un estilo sinodal al servicio de la misión del Reino. Lo recuerda la encíclica Magnifica humanitas en el n. 86, añadiendo que esto requiere atención al modo en que se toman las decisiones y se ejercen las responsabilidades, en la transparencia, la evaluación y la corresponsabilidad.

Finalmente, dedicaremos una sesión al camino de aplicación del Sínodo. Esta última sesión no abre un tema nuevo, sino que recoge y pone en relación cuanto habremos compartido en las sesiones anteriores. Ante las heridas del mundo, la construcción del bien común y la misión de la Iglesia, la sinodalidad indica un modo de proceder: escuchar, discernir y asumir juntos la responsabilidad de las decisiones que el Señor nos confía. La sinodalidad no es ante todo un conjunto de procedimientos; como he tenido ocasión de decir varias veces, la sinodalidad es una actitud, una apertura, una disponibilidad para comprender. A veces ha sido interpretada como una disminución de la autoridad. En realidad, nos ayuda a comprender más profundamente el significado de la autoridad misma, que existe para custodiar la comunión, favorecer la participación de todos y orientar el camino común de la Iglesia.

Estas cuatro sesiones encuentran su unidad en la perspectiva misionera que compartimos en el último Consistorio y que recordé en la carta del pasado mes de abril. No estamos aquí ante todo para reflexionar sobre la vida interna de la Iglesia.

Todos los temas que afrontaremos —la mirada sobre el mundo, la paz, el bien común, la sinodalidad— convergen en una única pregunta: ¿cómo podemos ayudar hoy a nuestras Iglesias a anunciar el Evangelio con mayor fidelidad, libertad y credibilidad? La misión no es una de las muchas tareas de la Iglesia. Es su razón de existir y, precisamente por eso, se convierte también en el criterio que orienta nuestro discernimiento. Cuando aprendemos a escucharnos, a llevar juntos las responsabilidades, a reconocer la acción del Espíritu en las diversas Iglesias, no estamos solamente mejorando nuestro modo de trabajar; estamos llegando a ser una Iglesia más capaz de encontrarse con los hombres y las mujeres de nuestro tiempo y de darles testimonio de la alegría del Evangelio.

Por eso deseo pedirles una ayuda particular. El ministerio que el Señor me ha confiado no puede vivirse en soledad. Necesita de su experiencia, de su sabiduría pastoral, de su conocimiento de las Iglesias y de los pueblos que les han sido confiados. Cuento con ustedes para que me ayuden a discernir lo que el Espíritu dice hoy a la Iglesia. Necesito su apoyo: fuerte, explícito y público. Necesito sentirme sostenido por ustedes como por hermanos.

Les pido, por tanto, que me acompañen no sólo en estos días de trabajo, sino también en el servicio cotidiano a la comunión de la Iglesia universal. Ayúdenme a escuchar lo que emerge en las Iglesias, a reconocer los signos de esperanza que a menudo crecen en el silencio, pero también a no ignorar las fatigas, las incomprensiones y las resistencias que pueden ralentizar el camino. Necesito su libertad, su franqueza y su lealtad. Un consejo sincero es siempre un acto de comunión.

Les pido además que sostengan, cada uno en su propia Iglesia y en su propio ministerio, este estilo de discernimiento eclesial. Sé que exige paciencia y que a veces suscita interrogantes. Sin embargo, estoy convencido de que el Señor nos está enseñando una manera más evangélica de vivir juntos la responsabilidad que nos ha confiado. También de esto dependen la credibilidad de nuestro testimonio y la fecundidad de nuestra misión.

Deseo, por tanto, animarlos a vivir con convicción el trabajo en los grupos. Sé bien que, para muchos de nosotros, no es el modo habitual de desarrollar un Consistorio. Y, sin embargo, también esto forma parte del camino por el que el Señor nos está conduciendo. Naturalmente, quedará espacio también para las intervenciones personales y, como siempre, cada uno podrá hacerme llegar libremente observaciones o reflexiones reservadas. Pero les pido que entren con confianza en este ejercicio eclesial. También nosotros aprendemos la sinodalidad practicándola; aprendemos juntos a crecer en la comunión. Les agradezco desde ahora su disponibilidad, su libertad interior y su amor a la Iglesia.

Encomendemos estos días al Espíritu Santo, para que nos haga dóciles a su voz y nos conceda la gracia de buscar juntos aquello que mejor sirve al Evangelio y al bien del Pueblo de Dios.

Gracias.

Papa León XIV

Fotos: Vatican Media, 26-6-2026

Papa León XIV en homilía al inicio del Consistorio de cardenales, 26-6-2026: «La puesta en práctica del Sínodo invita a avanzar en la unidad de la fe, la promoción de la paz y la obediencia a la Palabra viva, que es Jesús»

* «Disfrutemos hoy y siempre de la concordia en la obediencia, es decir, en la escucha que reconoce el don del Verbo, hecho carne por nosotros. A través de este ejercicio, el Espíritu Santo nos guía, señalándonos Él mismo los problemas y las oportunidades pastorales, purificando las intenciones y corrigiendo lo que se desvía del camino común… La guerra nunca es digna del hombre, y nunca será bendecida por Dios, porque el Creador nos ha dotado de inteligencia y voluntad para resolver los conflictos como seres humanos y no como animales, aun cuando se esté dotados de armas hipertecnológicas. La unidad de la familia humana precede a los pueblos y naciones individuales. No se trata sólo de un dato biológico, sino que es un principio ético. La paz es un deber de justicia porque somos una única familia humana, una magnifica humanitas que halla en Cristo a su único jefe y redentor»   

26 de junio de 2026.- (Camino CatólicoComienza el Consistorio extraordinario convocado con el Papa León XIV, reunidos en el Vaticano este 26 y 27 de junio para la reflexión sobre cuestiones del Iglesia y del mundo actual. El encuentro con los cardenales con el Papa ha iniciado con la celebración de la Eucaristía en la Basílica San Pedro, para encomendar los trabajos que concluirán con la solemnidad de los apóstoles Pedro y Pablo y en su homilía el Pontífice reflexiona que “la puesta en práctica del Sínodo, por la que nos estamos esforzando, invita a todos a avanzar en la unidad de la fe, en la promoción de la paz y en la obediencia a la Palabra viva, que es Jesús”. En la sesión de apertura del Consistorio, que ha empezado después de la Misa en el Aula Pablo VI, el Santo Padre ha subrayado que “la comunión nunca es un resultado adquirido de una vez para siempre: sigue siendo una conversión cotidiana, que toma forma en la oración y a través de actitudes concretas, relaciones de confianza y disponibilidad para escucharnos recíprocamente”.




León XIV recuerda que la savia fecunda de este Consistorio lo señala Cristo en el evangelio: «Yo soy la vid verdadera» (Jn 15,1). “Es el propio Evangelio el que prepara las condiciones para que este sea fructífero: «Permanezcan en mí como yo en ustedes» (Jn 15,4)”, dice el Papa. Y luego reflexiona sobre algunas indicaciones para el discernimiento durante estos días: compartir en la fe la verdadera libertad, pedir el don de la paz en la unidad, y disfrutar de la concordia en la obediencia.




“Mientras pedimos a Dios que nos conceda fuerza y sabiduría, resulta significativo que nuestro Consistorio tenga lugar en la víspera de la solemnidad de los santos apóstoles Pedro y Pablo. Detengámonos juntos en esta conmemoración, que recuerda a las columnas de la Iglesia católica y romana, los dos misioneros mártires cuya predicación se fundió con su vida, hasta el punto de volverse parte de las Sagradas Escrituras”, expresa León XIV en su meditación.



“El ejemplo de los santos Pedro y Pablo nos anima a compartir en la fe la verdadera libertad. De hecho, es precisamente la relación con el Señor Jesús la que nos libera del pecado y del miedo: Al tiempo que nos llama a seguirle, Él mismo nos envía al mundo como sucesores de los apóstoles”, dice el Papa y añade: “La fe es esa virtud, nunca dada por sentada, que da vida a la Iglesia, porque corresponde a la gracia que nutre los sarmientos de la única vid. La Iglesia viva es la Iglesia que cree, por el don del Espíritu Santo derramado en nuestros corazones: esta es la Iglesia que da mucho fruto”, afirma el Pontífice. El texto completo de la homilía predicada por el Papa León XIV es el siguiente:




CONSISTORIO EXTRAORDINARIO

(26-27 DE JUNIO DE 2026)


CONCELEBRACIÓN CON LOS CARDENALES


HOMILÍA DEL SANTO PADRE LEÓN XIV


Basílica Vaticana

Viernes, 26 de junio de 2026


Queridos y venerados hermanos:

nos hemos reunido en torno al altar del Señor, junto a la tumba de san Pedro, para dar comienzo al Consistorio. Venimos a celebrar esta Eucaristía procedentes de todos los rincones del mundo: junto con nuestra vida, ofrecemos a Dios las comunidades y los pueblos que llevamos en el corazón, así como los proyectos y las experiencias pastorales, tanto las alegres como las difíciles.

Esta variedad de sentimientos y pensamientos converge ahora, es decir, encuentra su centro luminoso que es Cristo. Él mismo, en persona, se dirige a nosotros diciendo: «Yo soy la vid verdadera» (Jn 15,1). Por medio de Jesús, la gracia y la verdad fluyen en nuestra vida (cf. Jn 1,17), renovándonos íntimamente; estos dones divinos son también la savia fecunda del Consistorio que hoy inauguramos. Es el propio Evangelio el que prepara las condiciones para que este sea fructífero: «Permanezcan en mí como yo en ustedes» (Jn 15,4). Por un lado, el Maestro nos advierte así que «separados sin mí no pueden hacer nada» (v. 5); por otro, quiere que sus discípulos den «mucho fruto» (v. 8). Sí, mucho; la gracia de Dios no produce en quien la acoge un crecimiento raquítico, sino un desarrollo exuberante. El Verbo eterno, en efecto, se hizo hombre para que todos «tengan vida y la tengan abundante» (Jn 10,10). Iniciada en la fe, esta vida se ve incluso fortalecida por la prueba de la podadura, porque es cultivada por la solicitud del Padre.

Por eso, mientras pedimos a Dios que nos conceda fuerza y sabiduría, resulta significativo que nuestro Consistorio tenga lugar en la víspera de la solemnidad de los santos apóstoles Pedro y Pablo. Detengámonos juntos en esta conmemoración, que recuerda a las columnas de la Iglesia católica y romana, los dos misioneros mártires cuya predicación se fundió con su vida, hasta el punto de volverse parte de las Sagradas Escrituras.

Al escuchar hoy las palabras de san Pablo a los Corintios, podemos apreciar la feliz consonancia con las del Evangelio. Los diversos carismas, en efecto, los ministerios y las actividades eclesiales son como los sarmientos de la única vid, es decir, del único Señor (cf. 1 Co 12,4-6), que infunde el Espíritu Santo en su Iglesia. A esta unidad orgánica corresponde el criterio que hace que todos esos servicios eclesiales sean buenos y gratificantes: el criterio del bien común (cf. v. 7).

Queridos hermanos, de la Palabra de Dios que acabamos de escuchar quisiera sacar algunas indicaciones para nuestro discernimiento de estos días.

En primer lugar, el ejemplo de los santos Pedro y Pablo nos anima a compartir en la fe la verdadera libertad. De hecho, es precisamente la relación con el Señor Jesús la que nos libera del pecado y del miedo: Al tiempo que nos llama a seguirle, Él mismo nos envía al mundo como sucesores de los apóstoles. Anunciar el Evangelio, celebrar los sacramentos y dedicarnos al rebaño del Señor se hace realidad y da fruto en la medida en que creemos en Él, Buen Pastor. La fe es esa virtud, nunca dada por sentada, que da vida a la Iglesia, porque corresponde a la gracia que nutre los sarmientos de la única vid. La Iglesia viva es la Iglesia que cree, por el don del Espíritu Santo derramado en nuestros corazones: esta es la Iglesia que da mucho fruto. Así como la gracia divina precede a la libertad humana, también la fe de la Iglesia precede a la nuestra y exige que demos testimonio de ella con entusiasmo. Esta misión tiene a Cristo como principio y como fin: en palabras del salmista, «anuncien su salvación todos los días. Proclamen su gloria entre las naciones» (Sal 96, 2-3).

En segundo lugar, pidamos el don de la paz en la unidad. Mientras invitamos a todos los pueblos a la fe, en la cual somos verdaderamente libres, las tensiones internacionales y los conflictos hieren gravemente a la familia humana. Sin embargo, no faltan —es más, se multiplican— en la Iglesia y en el mundo iniciativas y experiencias que llaman al respeto de la dignidad humana, de la justicia, del derecho, en pocas palabras, de lo que es humano. Esto es motivo de esperanza, porque testimonia la belleza de la obra de Dios, que nos ha creado a su imagen y semejanza, como signo de su gloria en el mundo. Cuando se hiere a este signo, todos somos heridos. Cuando se corrompe, todos sufrimos las consecuencias. Cuando se le aniquila, todos nos sentimos desgarrados. Por eso, la guerra nunca es digna del hombre, y nunca será bendecida por Dios, porque el Creador nos ha dotado de inteligencia y voluntad para resolver los conflictos como seres humanos y no como animales, aun cuando se esté dotados de armas hipertecnológicas. La unidad de la familia humana precede a los pueblos y naciones individuales. No se trata sólo de un dato biológico, sino que es un principio ético. La paz es un deber de justicia porque somos una única familia humana, una magnifica humanitas que halla en Cristo a su único jefe y redentor.

Al reflexionar sobre la encíclica que promulgué el pasado 15 de mayo, es necesario continuar por el camino trazado por san Pablo VI: cuando él «introdujo la expresión “civilización del amor”, el mundo se veía marcado por la Guerra Fría, la carrera armamentista y fuertes desequilibrios económicos. En ese contexto, la Iglesia indicaba un camino alternativo a la oposición ideológica entre sistemas, imaginando un orden social en el que la justicia y la caridad se entrelazan» (Carta enc. Magnifica humanitas, 186. Cf. S. Pablo VI, Regina Caeli, 17 mayo 1970). De ese modo, el testimonio cristiano se convierte en profecía de un mundo nuevo, en evangelización y servicio, en un proyecto cultural y social que promueve de manera integral el desarrollo humano. La Iglesia, al anunciar el Evangelio entre alegrías y persecuciones, nunca toma partido: es para todos, y a cada uno dirige una misma palabra de conversión y de salvación.

En tercer lugar, disfrutemos hoy y siempre de la concordia en la obediencia, es decir, en la escucha que reconoce el don del Verbo, hecho carne por nosotros. A través de este ejercicio, el Espíritu Santo nos guía, señalándonos Él mismo los problemas y las oportunidades pastorales, purificando las intenciones y corrigiendo lo que se desvía del camino común. La puesta en práctica del Sínodo, por la que nos estamos esforzando, invita a todos a avanzar en la unidad de la fe, en la promoción de la paz y en la obediencia a la Palabra viva, que es Jesús. En esta perspectiva, «los enormes y veloces cambios culturales requieren que prestemos una constante atención para intentar expresar las verdades de siempre en un lenguaje que permita advertir su permanente novedad» (Francisco, Exhort. ap. Evangelii gaudium, 41). El único Verbo, hecho hombre, se expresa en todas las lenguas: Cristo muerto y resucitado es la vid verdadera, que da fruto a través de todas las culturas que los cristianos transforman desde dentro. Así, cuando se marchitan las ideologías del mundo, el Espíritu Santo hace florecer en la Iglesia la comprensión fraterna, la caridad y el impulso misionero.

Al trabajar juntos, nuestra colegialidad resume la sinodalidad en la que participan todos los bautizados, en la unidad del pueblo de Dios. La sinodalidad y la colegialidad son, en efecto, formas de la fraternidad cristiana que nos une como bautizados y como obispos. Por eso, la ayuda que puedan prestarme en el ejercicio del ministerio petrino encuentra en mí a quien pide, no a quien manda. La autoridad del primado, de hecho, es propia de quien escucha y solo por eso guía, de quien aprende y sólo por eso enseña, siempre siguiendo al único Maestro. Que la intercesión de los santos apóstoles Pedro y Pablo nos acompañe en este apasionante camino.


PAPA LEÓN XIV

Fotos: Vatican Media, 26-6-2026

Homilía del P. Félix Castedo y lecturas de la Misa de hoy, viernes, San Josemaría Escrivá, 26-6-2026

26 de junio de 2026.- (Camino Católico) Homilía del P. Félix Castedo y lecturas de la Santa Misa de hoy, viernes de la 12ª semana del Tiempo Ordinario, San Josemaría Escrivá, presbítero, emitida por 13 TV desde la Basílica de la Concepción de Madrid.

Santa Misa de hoy, viernes, San Josemaría Escrivá, 26-6-2026

26 de junio de 2026.- (Camino Católico) Celebración de la Santa Misa de hoy, viernes de la 12ª semana del Tiempo Ordinario, San Josemaría Escrivá, presbítero, presidida por el P. Félix Castedo, emitida por 13 TV desde la Basílica de la Concepción de Madrid.

Misterios Dolorosos del Santo Rosario, desde el Santuario de Lourdes, 26-6-2026

26 de junio de 2026.- (Camino Católico).- Rezo de los Misterios Dolorosos del Santo Rosario correspondientes a hoy, viernes, desde la Gruta de Massabielle, en el Santuario de Lourdes, en el que se intercede por el mundo entero. 

Palabra de Vida 26/6/2026: «Si quieres, puedes limpiarme» / Por P. Jesús Higueras

Camino Católico.- Espacio «Palabra de Vida» de 13 TV del 26 de junio de 2026, viernes de la 12ª semana del Tiempo Ordinario, presentado por el padre Jesús Higueras en el que comenta el evangelio del día.

 

Evangelio: San Mateo 8, 1-4:

Al bajar Jesús del monte, lo siguió mucha gente.

En esto, se le acercó un leproso, se arrodilló y le dijo:

«Señor, si quieres, puedes limpiarme».

Extendió la mano y lo tocó diciendo:

«Quiero, queda limpio».

Y enseguida quedó limpio de la lepra.

Jesús le dijo:

«No se lo digas a nadie, pero ve a presentarte al sacerdote y entrega la ofrenda que mandó Moisés, para que les sirva de testimonio».

Adoración Eucarística con el P. José Aurelio Martín en la Basílica de la Concepción de Madrid, 26-6-2026

26 de junio de 2026.- (Camino Católico) Adoración al Santísimo Sacramento con el P. José Aurelio Martín Jiménez, emitida por 13 TV desde la Basílica de la Concepción de Madrid.

Pidamos a San José que nos ayude a cultivar un silencio interior que favorezca el encuentro con Dios, para que, como él, sepamos vivir con humildad, fe y entrega generosa / Por P. Carlos García Malo

 


jueves, 25 de junio de 2026

Homilía del P. Heliodoro Mira y lecturas de la Misa de hoy, jueves de la 12ª semana del Tiempo Ordinario, 25-6-2026

25 de junio de 2026.- (Camino Católico) Homilía del P. Heliodoro Mira y lecturas de la Santa Misa de hoy, jueves de la 12ª semana del Tiempo Ordinario, emitida por 13 TV desde la Basílica de la Concepción de Madrid.

Santa Misa de hoy, jueves de la 12ª semana del Tiempo Ordinario, 25-6-2026

25 de junio de 2026.- (Camino Católico) Celebración de la Santa Misa de hoy, jueves de la 12ª semana del Tiempo Ordinario, presidida por el P. Heliodoro Mira, emitida por 13 TV desde la Basílica de la Concepción de Madrid.

Misterios Luminosos del Santo Rosario, desde el Santuario de Lourdes, 25-6-2026

25 de junio de 2026.- (Camino Católico).- Rezo de los Misterios Luminosos del Santo Rosario correspondientes a hoy, jueves, desde la Gruta de Massabielle, en el Santuario de Lourdes, en el que se intercede por el mundo entero. 

Palabra de Vida 25/6/2026: «La casa edificada sobre roca y la casa edificada sobre arena» / Por P. Jesús Higueras

Camino Católico.- Espacio «Palabra de Vida» de 13 TV del 25 de junio de 2026, jueves de la 12ª semana del Tiempo Ordinario, presentado por el padre Jesús Higueras en el que comenta el evangelio del día.

 

Evangelio: San Mateo 7, 21-29:

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

«No todo el que me dice «Señor, Señor» entrará en el reino de cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos.

Aquel día muchos dirán:

«Señor, Señor, ¿no hemos profetizado en tu nombre, y en tu nombre echado demonios, y no hemos hecho en tu nombre muchos milagros?».

Entonces yo les declararé:

“Nunca os he conocido. Alejaos de mí, los que obráis la iniquidad».

El que escucha estas palabras mías y las pone en práctica se parece a aquel hombre prudente que edificó su casa sobre roca. Cayó la lluvia, se desbordaron los ríos, soplaron los vientos y descargaron contra la casa; pero no se hundió, porque estaba cimentada sobre roca.

El que escucha estas palabras mías y no las pone en práctica se parece a aquel hombre necio que edificó su casa sobre arena. Cayó la lluvia, se desbordaron los ríos, soplaron los vientos y rompieron contra la casa, y se derrumbó. Y su ruina fue grande».

Al terminar Jesús este discurso, la gente estaba admirada de su enseñanza, porque les enseñaba con autoridad y no como los escribas.

Adoración Eucarística con el P. José Aurelio Martín en la Basílica de la Concepción de Madrid, 25-6-2026

25 de junio de 2026.- (Camino Católico) Adoración al Santísimo Sacramento con el P. José Aurelio Martín Jiménez, emitida por 13 TV desde la Basílica de la Concepción de Madrid.

En el 45º aniversario de las apariciones en Medjugorje permanece la invitación de volver a Dios con sinceridad, orar con el corazón y dejar que la esperanza vuelva a florecer de la mano de María / Por P. Carlos García Malo