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martes, 13 de octubre de 2026

Lazar Kovacs, profesor, alejado de la fe, investigaba del budismo y al hacerlo de Jesús «estaba sentado y Dios estaba allí, conmigo, me escuchaba, se sentó en mi regazo»

 Lázár Kovacs, intelectual y estudioso cinematográfico, cuenta la experiencia mística que le ató a Dios

* «Diría que Dios se hartó de mis extravíos, mis luchas, mi egoísmo, y decidió tirar de la manta, sacarme de esa cosa oscura y apestosa en la que estaba. Creo que dos minutos de felicidad con Dios pueden dar luz a los años de oscuridad que tuve que sufrir, la que yo mismo me preparé, y a otros a mi alrededor. Él es mi Padre en el Cielo, sabe lo que necesito, me alimenta y me sostiene. Es bueno ser hijo de un Padre así. No podría pedir más. Su misericordia con nosotros es increíble.  Tenemos que darle la oportunidad de que esté presente en nuestras vidas»

Camino Católico.-  Lazar Kovacs Akos es un respetado intelectual húngaro y profesor universitario. Es un estudioso del cine y, actualmente, un católico de fe firme. Ha sido presidente de la Asociación Cinematográfica Católica Húngara, es miembro de Signis (la Asociación Mundial de Comunicación Católica), habla inglés y alemán (estudió en Oxford y en Austria), además de su húngaro natal, y tiene titulaciones universitarias de filosofía, teología y cinematografía.No siempre fue católico. Hubo un tiempo que estuvo muy alejado de la fe, investigando en la espiritualidad oriental, en el budismo, en filosofías herméticas o vitalistas... Era intelectual, se hacía preguntas, buscaba.

Hoy, como católico, no renuncia al conocimiento, la razón o el intelecto, pero considera que la fe es más fuerte y transformadora.

"No sé si Dios me ama, pero creo que Dios me ama. La fe es más fuerte que el saber. Yo antes pensaba que el saber era lo más importante, pero la fe es más importante", explica en un testimonio que graba en vídeo para el Congreso Internacional Eucarístico de Budapest y que sintetiza y traduce P.J.Ginés en Religión en Libertad.

"La fe puede mover montañas, acallar mares, levantar a los muertos", añade.

Una búsqueda espiritual: orientalismo, eclecticismo...

Explica cómo llegó a él la certeza de la fe.

"Yo estaba leyendo El Señor, de Romano Guardini. Estaba investigando sobre Jesús, después de un largo viaje [intelectual] sobre el budismo, las obras de Béla Hamvas, de todo..."

La mención a Béla Hamvas dice mucho de la amplitud investigadora de Lazar Kovacs.

Béla Hamvas (1897–1968) fue un filósofo y escritor inagotable, vitalista y ecléctico, interesado por tradiciones herméticas como las de René Guénon, el misticismo europeo y el pensamiento oriental.

Tenía una librería hasta que en 1948 el nuevo régimen comunista se la quitó y le prohibió publicar cualquier cosa. Pero no dejó de escribir y a veces de publicar anónimos.

Obrero eléctrico en esta nueva etapa, Béla Hamvas continuó traduciendo del sánscrito, hebreo, griego e investigar -siempre autodidacta- sobre cábala, zen y sufismo. Esas fueron las confusas aguas espirituales donde Lazar inició su investigación.

Un libro de Guardini para meditar sobre Jesús

Cuando Lazar decidió centrarse en explorar la figura de Jesús, acudió a un libro muy especial. El Señor, de Romano Guardini, lo escribió este sacerdote alemán (de familia italiana) a raíz de su experiencia con jóvenes católicos inquietos en las universidades alemanas de los años 20 del siglo XX.

Lo publicó en 1937. Consiste sobre todo en meditaciones sobre aspectos de la vida de Jesús. Se suele leer "en sorbos", en fragmentos, un capítulo al día, mientras se medita lo que dice.

Experiencia mística, solo en la biblioteca

"Yo estaba sentado, solo, en la Biblioteca Széchenyi, cuando de repente quedó claro que Dios estaba allí, conmigo", describe Lazar su experiencia mística, cuando tenía el libro en las manos.

"Él me escuchaba, Él no estaba muerto y yo no estaba solo. En esta soledad total y absoluta, Él se sentó en mi regazo. O hizo que yo me sentara en su regazo. Y estallé en lágrimas. Fue el momento más feliz de mi vida, supongo", explica este intelectual.

"Diría que Dios se hartó de mis extravíos, mis luchas, mi egoísmo, y decidió tirar de la manta, sacarme de esa cosa oscura y apestosa en la que estaba", añade.

"Creo que dos minutos de felicidad [con Dios] pueden dar luz a los años de oscuridad que tuve que sufrir, la que yo mismo me preparé, y a otros a mi alrededor".

Se abre este mundo... y el que vendrá

Tener fe no le cerró la mente ni la visión, sino al contrario. "Creo que nunca el mundo estuvo tan abierto para mí como ahora. Y espero que se abrirá y ampliará aún más cuando yo muera. No tengo miedo de morir", afirma.

Se queda un momento pensativo, y se emociona sin palabras, como pensando en las cosas hermosas que piensa encontrar o reencontrar en el Cielo.

Mientras tanto, en la tierra, se siente cuidado por Dios. "Él es mi Padre en el Cielo, sabe lo que necesito, me alimenta y me sostiene. Es bueno ser hijo de un Padre así. No podría pedir más. Su misericordia con nosotros es increíble", asegura.

Y finaliza con una exhortación: "Este es mi mensaje, seamos misericordiosos unos con otros y con Dios, incluso si Él parece estar escondido. Tenemos que darle la oportunidad de que esté presente en nuestras vidas".

Lázár cuenta su testimonio en húngaro en el vídeo, con subtítulos en inglés

lunes, 23 de marzo de 2026

Bui Thi Kim Thanh era budista y se hizo católica cuando el Señor respondió a su oración ante una infección mortal de su hija de 3 años: «Por favor, Dios, salva a mi hija y viviré según tu palabra»

Bui Thi Kim Thanh y su hija posan para una foto frente a un belén en su parroquia en la ciudad de Hue, en el centro de Vietnam, en la víspera de Navidad de 2025 / Foto: Cedida - UCANews

* «Comencé a entender que la oración es poderosa. Dios me responde. Cuando pedimos con fe, Él responde inmediatamente… Antes, en un viaje elegí una cita bíblica como recuerdo para mi suegra católica: ‘No anden tan preocupados ni digan: ¿tendremos alimentos? o ¿qué beberemos? o ¿tendremos ropas para vestirnos? Los que no conocen a Dios se afanan por esas cosas, pero el Padre del Cielo, Padre de ustedes, sabe que necesitan todo eso’ (Mt 6, 31-32). Esas palabras se convirtieron en el ancla de mi alma»

Camino Católico.-  Una madre vietnamita de tradición budista decidió abrazar el catolicismo tras la recuperación inesperada de su hija de tres años, a quien había encomendado a Dios en un momento de extrema angustia en un hospital, según informa UCANews.

El hecho ocurrió en la ciudad de Hue, en el centro de Vietnam, cuando Bui Thi Kim Thanh, de 34 años, vivió lo que describe como una experiencia decisiva durante la hospitalización de su hija de tres años, afectada por una grave infección de oído que se había vuelto potencialmente mortal.

En medio de la noche y en un contexto de “tensión extrema”, Thanh elevó una súplica que marcaría un antes y un después en su vida espiritual. “Por favor, Dios, salva a mi hija. Creo que Tú le das todo lo bueno, y viviré según tu palabra”, recuerda haber rezado.

Hasta entonces, su fe estaba vinculada al budismo. Sin embargo, su matrimonio en 2019 con Matthew Phan Van Khi, católico, la había acercado indirectamente al cristianismo, aunque ambos acordaron respetar sus respectivas creencias.

La situación cambió radicalmente tras la cirugía de su hija, cuya recuperación fue sorprendentemente rápida. Thanh afirma que no lo consideró un simple resultado médico: “Comencé a entender que la oración es poderosa. Dios me responde. Cuando pedimos con fe, Él responde inmediatamente”.

Bui Thi Kim Thanh se encuentra al pie de la estatua de Cristo Rey en Vung Tau, Vietnam / Foto: Cedida - UCANews

Este episodio dio sentido a una experiencia previa que había vivido meses antes durante un viaje familiar a Vung Tau, donde se sintió atraída por una imponente estatua de Cristo Rey, de 32 metros de altura, erigida en una colina de 170 metros de altura. “Sentí que era muy impresionante, sagrada, y que captaba mi atención más que otros sitios religiosos que había visitado”, señaló.

En ese mismo viaje, eligió una cita bíblica como recuerdo para su suegra católica: “No anden tan preocupados ni digan: ¿tendremos alimentos? o ¿qué beberemos? o ¿tendremos ropas para vestirnos? Los que no conocen a Dios se afanan por esas cosas, pero el Padre del Cielo, Padre de ustedes, sabe que necesitan todo eso” (cf. Mt 6,31-32). Más adelante, confiesa que “esas palabras se convirtieron en el ancla de mi alma”.

Tras la recuperación de su hija, la familia celebró por primera vez la Navidad, visitando el pesebre de su parroquia y decorando su hogar. Poco después, Thanh decidió iniciar su camino hacia el bautismo.

Su decisión no estuvo exenta de dificultades. Sus padres, de tradición budista, reaccionaron con tristeza. “Estaban decepcionados, lo veían como un alejamiento de nuestras raíces espirituales”, explicó. No obstante, con el tiempo, el diálogo ayudó a abrir espacios de comprensión: “Les expliqué que los católicos también honran a los antepasados. Poco a poco se volvieron más abiertos”.

Uno de los aspectos que más le impactó fue la enseñanza de la Iglesia sobre la dignidad de la vida. “Lo que realmente me toca es el respeto de la Iglesia por los no nacidos y la dignidad que se da a los niños inocentes. Crea una cultura de la vida que yo quería para mi hija”, afirma.

Actualmente, Thanh y su hija forman parte del catecumenado en una parroquia local y esperan recibir el bautismo durante la Vigilia Pascual. Ella ha elegido el nombre Teresa, mientras que su hija será Catherine.

Por su parte, su esposo expresó su alegría por este paso: “Estoy extremadamente feliz. Siempre he rezado por esto. Dios ha respondido a mis esfuerzos”.

Para Thanh, este proceso es mucho más que un rito: “Nuestra preparación para el bautismo es más que un hito… es el amor de Dios para quienes confían absolutamente en Él”.

jueves, 12 de marzo de 2026

Federica Tognacci: «Fui 20 años budista, vi que el principio esencial es ‘mi dios soy yo’, se estaba derrumbando mi matrimonio y sentí la necesidad de transformar mi corazón en más parecido a Jesús»


Federica Tognacci vio derrumbarse su matrimonio mientras aplicaba el principio esencial de la espiritualidad budista: el ego / Foto: Instagram
@fede_prega_il_rosario

* «No sé de dónde venía esto, ya que hasta entonces el orgullo siempre me había parecido algo bueno; pero luego, al comprender lo que era el combate espiritual, me di cuenta de que era algo sobre lo que tenía que trabajar. Mi abuela no había dejado que el orgullo convirtiera su corazón en egoísta y sentí que ese era el camino que yo también tenía que emprender: convertir mi corazón»

Camino Católico.- Tras veinte años de mantras, reiki y sesiones de psicoterapia que rayan el espiritismo, Federica Tognacci, una experta en comunicación, se convirtió y ahora reza el rosario a través de las redes sociales. Raffaella Frullone habla con ella en el número 244 (noviembre de 2024) del mensual católico de apologética Il Timone y  Verbum Caro lo traduce en Religión en Libertad.

"Federica, diario de una new entry en Cristo: veinte años en la Soka Gakkai y luego ¡bum! Jesús vino a buscarme". Federica Tognacci, nacida en 1980, de la región de las Marcas de nacimiento y boloñesa de adopción, se presenta así en Instagram, donde es conocida por el apodo de @fede_prega_il_rosario, porque después de haber estado en una psico-secta budista durante más de dos décadas, hoy esta redactora divulga la oración mariana más suave, en italiano y también en latín. Nos ponemos en contacto con ella por teléfono y empezamos aquí mismo a contar su historia.

"La página nació porque cuando me convertí estaba completamente sola, no conocía a ningún católico. En un momento dado me acordé de que cuando era pequeña, en el campo, delante de los tabernáculos de la Virgen, en mayo, había gente rezando el rosario por las tardes, así que decidí ir a la iglesia para ver si eso seguía existiendo. Y me di cuenta de que la gente sí que rezaba, pero la media de edad de los presentes era altita y yo quería conocer a gente de mi edad, así que decidí probar con Instagram, ya que trabajo en comunicación y mi edad está perfectamente en target".

-¿Cómo es posible que estuvieras completamente sola?

-Mis conocidos siempre han estado en el mundo de la New Age, los católicos que conocía se remontaban a mi época de la escuela primaria, sólo tenía amigos budistas...

Federica Tognacci / Foto: Instagram @fede_prega_il_rosario

-Cuando dices que estabas en el mundo New Age, ¿a qué te refieres exactamente y cómo llegaste allí?

-La mayoría de la gente vive inmersa en los cultos de la New Age pero no lo sabe, es parte de nuestra cultura neo-gnóstica. Yo era una chica con cierta sensibilidad y me encontraba en una búsqueda, me hacía preguntas sobre el sentido de la vida y las respuestas que ahora tengo de la Iglesia estaban entonces fuera de mi radar, diría que escondidas, mientras que las del mundo se me presentaban constantemente, por todas partes: esta sociedad neopagana te las ofrece en bandeja de plata.

Era atea cuando, a los 19 años, me trasladé de Osimo, en la provincia de Ancona, a Bolonia; un día, a los 23, un amigo me invitó a una reunión budista, y ese fue el principio. Lo que encontré en esta práctica -considerada laica, pero que es de todo menos laica- respondía a mis valores de entonces: en el centro se ponía el ego.

El principio básico es sencillo: mi dios soy yo, yo decido sobre mi vida, me fijo unos objetivos y los logro. Luego los voy tachando. No hay moral, todo vale, matrimonio entre dos mujeres o dos hombres, divorcio, fluidez sexual, gestación subrogada. El lema es hacer lo que la persona siente en ese momento. Esto se declinaba en una serie de prácticas: meditación con repetición de mantras, psicología llevada a un nivel que raya el espiritismo, la medicina alternativa, la cristaloterapia, el reiki.

-¿Cuándo despertaste del hechizo?

-Cuando empecé a ver que me estaba derrumbando, sobre todo en la relación con mi marido, con el que me casé hace diez años. Básicamente, en algún momento empecé a darme cuenta de cuál sigue siendo el aspecto sobre el que estoy intentando que Cristo me ablande el corazón, que es el egoísmo. Empecé a darme cuenta de que anteponer siempre el ego a todo, los propios objetivos al resto, avanzando como un tren, me estaba llevando a descarrilar.

Federica Tognacci, junto con su marido / Foto: Instagram @fede_prega_il_rosario

Hay que tener en cuenta que mi marido no me siguió en este camino, siempre ha sido católico, y esto no "ayudaba a mi evolución" según los que promueven esta forma de pseudo-budismo, y en un momento dado empecé a entrar en crisis, también por lo que veía a mi alrededor. Casi todo el mundo en mi círculo acudía a un psicoterapeuta, mis amigas al cabo de un año empezaron a separarse de sus maridos. A mí me pasaba lo mismo. Incluso me fui de casa. Y me impresionó mucho su reacción. Se mantuvo firme en su matrimonio, siguió llevando la alianza, tenía una gran dignidad sentimental y me dijo: "Este es tu sitio, te espero"; fue un momento fundamental en mi conversión.

-¿Hubo otros pasos?

-Muchísimos. Una vez, de repente, me acordé de mi abuela materna, que tenía tres características: una ética fuerte, orgullo y un buen corazón. Y sentí la necesidad de transformar mi corazón, de convertirlo en más parecido a Jesús. No sé de dónde venía esto, ya que hasta entonces el orgullo siempre me había parecido algo bueno; pero luego, al comprender lo que era el combate espiritual, me di cuenta de que era algo sobre lo que tenía que trabajar. Mi abuela no había dejado que el orgullo convirtiera su corazón en egoísta y sentí que ese era el camino que yo también tenía que emprender: convertir mi corazón.

-Con la página de Instagram, sin embargo, se te ha abierto otro tipo de mundo...

-Fue casual, porque cuando murió el Papa Benedicto, mientras hacía scroll, me topé con un post que se había hecho viral: era del grupo Mienmiuaif, que yo no conocía.

Mienmiuaif: un matrimonio católico que comparte su fe en la red y difunde sus canciones, como ésta dedicada al Padre Pío

A partir de ahí se me abrió una visión del mundo católico on line. Me di cuenta de que era gente que se relacionaba de otra manera, que había ganas reales de conocerse y encontrarse. Conocí a mujeres de mi edad que se reunían para rezar el rosario, luego descubrí la realidad del Monasterio Wi-Fi de Costanza Miriano y asistí al capítulo romano el año pasado: las catequesis fueron una propuesta absolutamente nueva para mí, lo cual me hizo enfadar mucho porque estoy convencida de que un chico joven necesita desesperadamente escuchar esas palabras. A partir de ahí descubrí que la Iglesia también estaba presente en Bolonia -evidentemente- y que había una Iglesia viva, rica, de la que antes no sabía nada y que puede aportar muchísimo.

Sí, a veces lo virtual se convierte en real. Y sí, la fe también pasa por Instagram. Y reza el Rosario.

Traducción de Verbum Caro

sábado, 7 de marzo de 2026

Gemma: «Por años asistí a charlas budistas y vi que eran una farsa; en un retiro ante el Santísimo sentí una felicidad inexplicable y en un Rosario escuche a la Virgen decirme: 'Eres mi hija, te amo, te voy a llevar a Jesús»


Gemma contando su testimonio  

* «Me daba cuenta de que el budismo en realidad no cambiaba mi mente y mucho menos mi corazón, con lo cual el dolor seguía estando allí y me fui alejando de estas charlas. Vi que era una bonita farsa, cada uno actuaba de una manera muy individual, con cero empatía por el dolor del otro, y era una situación en la que yo me sentía realmente sola» 

Vídeo de El Rosario de las 11 PM en el que Gemma cuenta su testimonio

* «Unas muy buenas amigas, me invitaron a hacer un retiro de tres días. Me llamó una de las personas que lo coordinaban y me dijo que no habían plazas. Pero, tres días antes justo, me llamó otra y me dijo que había habido una baja y que el Espíritu Santo les había dicho que tenía que ser yo la que fuera. Quedé bastante sorprendida porque no entendía cómo el Espíritu Santo les podía estar diciendo eso»

Camino Católico.- Gemma tiene 58 años y es de Barcelona (España). Siendo la tercera de cinco hermanos, Gemma nació en una familia católica pero no demasiado practicante. "Recuerdo pocas veces haber ido todos juntos en familia a misa, aunque sí que mis padres las navidades las celebraban con muchísimo entusiasmo", recuerda en El Rosario de las 11 PM. 

La infancia de Gemma no fue nada fácil, a los problemas matrimoniales de sus padres se le unió una gran crisis en la economía familiar, que casi acaba dándola en adopción. "Recuerdo esta etapa de mi infancia sufriendo mucho, porque soy una persona con una sensibilidad muy desarrollada, lo que llaman trastorno de déficit de atención. No me podía concentrar, estaba siempre muy despistada", relata.

Tras cambiar de colegio, tuvo finalmente que dejar de estudiar. "Entré en una academia sin ningún tipo de valor cristiano y estudié Administración. En estos años recuerdo que estaba completamente apartada de la fe. Viendo a mis padres, acabé dejando de creer en el matrimonio como sacramento, y como compromiso entre un hombre y una mujer", cuenta.

Gemma se fue a vivir a Inglaterra a estudiar inglés, al volver, encontró un buen trabajo en una multinacional británica, y conoció a un hombre 15 años mayor. "Mis padres se separaron y cada uno de mis hermanos tuvimos que buscarnos un poco la vida. Este hombre, al que yo quería mucho y del que creía que estaba enamorada, me propuso ir a vivir con él, sin pensármelo dos veces cogí mis cosas y me fui. Estuvimos como unos 5 años juntos", recuerda. 

"En esta situación tan irregular, en la que yo no tenía para nada el concepto de que no lo estaba haciendo bien, mi instinto maternal se despertó y él no quería saber nada ni de compromisos matrimoniales ni de formar una familia. Al cabo de unos años, esa relación se rompió y me fui a vivir a un apartamento pequeño de alquiler", añade.

Una época en la que su ritmo de vida llegó a ser frenético. "Trabajaba y salía por la noche, me podía quedar los fines de semana bailando hasta las tantas en cualquier discoteca de las más famosas del momento. Como nunca me ha gustado el alcohol, cuando veía que había gente muy perjudicada me daba mucho que pensar", comenta.

Cuando tenía unos 28 años, conoció a un hombre unos siete años mayor. "Era un hombre aparentemente muy tranquilo, una de las personas más cultas que he conocido en mi vida. Amante de la historia del arte, una persona con una capacidad para la reflexión, un amante de la belleza. A mí me entusiasmó, porque de alguna forma veía que con él podía aprender muchísimas de las cosas que no sabía, debido a mi falta de estudios", relata Gemma.

`Era una bonita farsa, cada uno actuaba de manera individual´, dice Gemma del budismo 

"A los pocos meses de conocernos me propuso casarnos y yo le dije que prefería que nos casáramos por lo civil. Él me dijo que las cosas tenían que hacerse bien, y que lo mejor era casarse por la Iglesia. Accedí, como no creía en Dios, para mí tampoco suponía ningún trauma. Me quedé embarazada, tuvimos al niño y, al tiempo, empecé a notar ciertos desprecios por parte de mi marido y situaciones muy difíciles de llevar para mí", explica.

"Con los años fue realmente insoportable y empecé a tener episodios agudos de claustrofobia, de angustias, de no poder dormir. Recuerdo que pasaba muchas horas encerrada en el lavabo, llorando, no entendía nada".

"Conocí a una chica que me empezó a hablar del budismo y de las las enseñanzas budistas en las cuales te llevan a hacer creer que el dolor y las situaciones angustiosas pueden ser controladas por uno mismo. Pensé que no iba a perder nada y durante unos cuantos años estuve asistiendo a las charlas de algunos de los maestros budistas más importantes a nivel internacional. En estas charlas nos enseñaban a controlar los pensamientos, las emociones, la respiración. En mi ignorancia me quería esforzar por hacerlo bien y puse todo lo que buenamente pude de mi parte", comenta Gemma.

Pero, a medida que iban pasando los años, se iba desengañando. "Me daba cuenta de que aquello en realidad no cambiaba mi mente y mucho menos mi corazón, con lo cual el dolor seguía estando allí y me fui alejando de estas charlas. Vi que era una bonita farsa, cada uno actuaba de una manera muy individual, con cero empatía por el dolor del otro, y era una situación en la que yo me sentía realmente sola", explica.

Gemma cuenta en su testimonio como la Virgen María tuvo un papel esencial para anclarse en Cristo y la invitó a rezar el rosario

"Poco a poco me fui alejando, hasta que al cabo de unos años, unas muy buenas amigas, me invitaron a hacer un retiro de tres días. Me llamó una de las personas que lo coordinaban y me dijo que no habían plazas. Pero, tres días antes justo, me llamó otra y me dijo que había habido una baja y que el Espíritu Santo les había dicho que tenía que ser yo la que fuera. Quedé bastante sorprendida porque no entendía cómo el Espíritu Santo les podía estar diciendo eso", comenta.

A partir de ahí, de ese retiro, la vida de Gemma cambió de arriba a abajo. "Lo único que puedo decir es que es un regalo maravilloso. Cuando se inició el retiro, empecé a ver de qué iba y me cerré como una ostra. Empecé a sentir una claustrofobia horrible, lo único que tenía ganas era de salir de allí y volver a mi casa. Este retiro se hacía en medio de un pueblecito y era ya muy tarde, nadie me podía acompañar a casa, así que me invitaron a quedarme a dormir, me dijeron que al día siguiente podría volver a casa", recuerda.

"En ese momento estaba atacadísima, solo pensaba en salir de allí, es más, llegué a pensar incluso que era una secta y que por eso no me dejaban irme, pero como había ido en el coche con otras personas no tenía medio de volver. Entonces, sentí una voz que brotó de mi corazón que fue: 'Quédate'. Y esta palabra me llenó de tanta paz y de tanto amor, que creo que en la vida nunca me he sentido tan amada como en ese momento. Y dije, yo no sé quién está detrás de esto pero lo que sí que sé es que no voy a parar ni un solo día de mi vida en averiguarlo. Pedí que me dejaran ir a la capilla y estuve bastante rato delante del Santísimo sin entender nada pero sintiendo una felicidad inexplicable", asegura. 

"El retiro continuó y lo viví como si fuera realmente mi luna de miel. A los pocos días me fui a servir a otros retiros. Y en un Rosario, cuando estábamos prácticamente acabándolo, se hizo un silencio y dejé de oír y noté como la Virgen me cogía por detrás, como si me abrazara con su manto, y me llenó de muchísimo amor. Fue para decirme: 'Gema eres mi hija, te amo, no te preocupes por nada, vamos a hacerlo juntas, no te sueltes de mi mano, te voy a llevar a Jesús'. A partir de aquí todo han sido bendiciones gracias a Ella", concluye. 

jueves, 22 de enero de 2026

A Laura, ilustradora, budista, una crisis familiar la sumió en una gran oscuridad interior y clamó: «Dios, no te conozco, pero ayúdame’»; experimentó la presencia viva de Cristo y es católica: «pertenezco a Dios»

Laura, ilustradora, conocida  como lebelauved publica esta imagen en su propio Instagram

* «Solo Dios podía reparar un corazón que estaba más allá de toda reparación humana… Pensé que tenía que ser alguien grande, alguien importante para darle gloria a Dios. Y no. Puedo empezar ahora, tal como soy»     

Camino Católico.- Laura, una joven de 27 años conocida en redes sociales como lebelauved, es una ilustradora que compartió en redes sociales su camino de fe y conversión al catolicismo, un recorrido marcado por el dolor, la búsqueda interior y, finalmente, el encuentro transformador con Jesucristo. Traduce y sintetiza su testimonio Josselin Melara en Desde la fe.

Criada en un hogar vietnamita profundamente budista, Laura pasó gran parte de su infancia y adolescencia convencida de que la iluminación espiritual se alcanzaba a través del budismo, religión que practicó con entrega e incluso con la idea de consagrarse como monja.

Sin embargo, su historia dio un giro dramático cuando, siendo todavía muy joven, su familia se vio golpeada por una grave crisis económica y emocional. La pérdida del empleo de su padre, el deterioro del entorno familiar y la ruptura de los vínculos afectivos la sumergieron en una profunda oscuridad interior.

“Sentía que no había lugar para mí en el mundo”, confiesa Laura. Años de sufrimiento, soledad, pensamientos suicidas, hospitalizaciones psiquiátricas y una constante sensación de abandono marcaron esa etapa de su vida.

En medio de esa noche del alma, Laura comenzó a intuir que algo faltaba. A través de un familiar católico, aceptó por primera vez la invitación a asistir a Misa. Aquel primer encuentro con una Iglesia, especialmente con la imagen de Cristo crucificado, la confrontó con un misterio que no comprendía, pero que despertó en ella una apertura inesperada.

Laura, ilustradora, cuenta su conversión en sus propias redes sociales: Instagram o su canal de Youtube de donde ha sido captada esta imagen

“Era un hombre de tamaño real, con clavos en las manos… me dio miedo”, admite. Sin embargo, también despertó en ella preguntas profundas. “¿Por qué hacen esto?, ¿por qué dicen esto?, ¿cuándo se responde?”. Sin saberlo, como ella misma reconoce hoy, “era Dios atrayéndome hacia Él”.

“No sabía quién era Dios, ni si era real, pero le pedí ayuda. ‘Dios, no te conozco. No sé si eres real, pero mi familia se está cayendo a pedazos. Ayúdame’”, recuerda.

Ese grito sincero del corazón encontró respuesta en la adoración eucarística, donde Laura experimentó por primera vez una cercanía viva con Cristo. Sin entender del todo lo que sucedía, comenzó a percibir la presencia de Dios como algo real, personal y sanador. Aunque su vida seguía marcada por profundas heridas, adicciones y recaídas, Jesús se fue convirtiendo en ese “nuevo amigo” al que se aferraba en medio del caos.

El paso decisivo llegó cuando, tras un retiro con monjas budistas, sintió con claridad una convicción interior: ese no era su lugar. “Pertenezco a Dios”, se dijo a sí misma. Fue entonces cuando inició el proceso para entrar en la Iglesia católica. No fue un camino fácil. Durante ese tiempo, Laura relata haber vivido intensas luchas espirituales, noches de terror y pensamientos oscuros que casi la llevan a renunciar. Aun así, perseveró sostenida por la oración y por la certeza, frágil pero firme, de que Dios no la abandonaría.

En la Vigilia Pascual de 2018, Laura recibió el Bautismo, la Confirmación y la Eucaristía. Aquel momento marcó un antes y un después: el peso interior comenzó a aliviarse y nació en ella una profunda paz. “Solo Dios podía reparar un corazón que estaba más allá de toda reparación humana”, afirma.

No obstante, la conversión no significó el fin de las pruebas. Laura atravesó incomprensiones dentro de la misma comunidad eclesial, nuevas caídas y una lucha constante por aceptarse y dejarse amar por Dios. Con el tiempo, comprendió que su camino no consistía en ser perfecta, sino en confiar. Que la fe no elimina el sufrimiento, pero le da sentido.

“Pensé que tenía que ser alguien grande, alguien importante para darle gloria a Dios. Y no. Puedo empezar ahora, tal como soy”, asegura. Desde su experiencia, desea usar sus dones para glorificar a Dios y anunciar su misericordia, especialmente a quienes se sienten rotos, indignos o perdidos.