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sábado, 6 de junio de 2026

Keishera Joubert, madre del ‘bebé milagro’ que nació dos veces: «Me dije: ‘Dios me puso en esta habitación por una razón… Necesito que esto no se trate de mí, sino de salvar a mi hijo y servir al Señor’; Oré mucho»

Greg y Keishera Joubert sonríen orgullosos sosteniendo a su pequeño bebé milagro, Cassian / Foto: Familia Joubert - National Catholic Register

* «No había absolutamente nada más que pudiera hacer que mirar los monitores y rezar a Dios para que se hiciera su voluntad una vez más… Dios nos eligió para que Cassian pudiera dar este salto en la ciencia médica. Dios transformó nuestra mayor tristeza en un gran avance de la ciencia médica, y ahora existe una nueva era de tratamientos para estos bebés... que antes se enfrentaban a un diagnóstico devastadoramente fatal. Ahora podemos decir que estos bebés tienen una buena probabilidad de sobrevivir»

Camino Católico.- A principios de 2025, Keishera y Greg Joubert se alegraron muchísimo al saber que esperaban un segundo hijo. Pero a las 19 semanas, un diagnóstico devastador truncó su ilusión: Cassian padecía el síndrome de obstrucción congénita de las vías respiratorias altas (CHAOS, por sus siglas en inglés), una afección rara y generalmente mortal en la que una membrana gruesa bloquea las vías respiratorias.

Sin darse por vencidos, la pareja católica encontró esperanza en el Dr. Emanuel Vlastos del Hospital Orlando Health Winnie Palmer en Florida. Cuando una cirugía prenatal estándar no logró romper la membrana, el Dr. Vlastos propuso una alternativa radical e innovadora. A las 25 semanas, los médicos practicaron una cesárea parcial para extraer a Cassian, sacando solo su cabeza y brazos del útero. Aún sostenido por la placenta, los especialistas realizaron una delicada traqueotomía para crear una vía respiratoria antes de devolverlo al útero de su madre. 

El pequeño Cassian en el hospital poco después de nacer la segunda vez / Foto: Familia Joubert - National Catholic Register

Seis semanas después, Keishera rompió aguas. Un enorme equipo de 30 profesionales médicos se movilizó para realizar una cirugía final con el fin de asegurar la respiración de Cassian fuera del útero. Literalmente, nació dos veces.

«Cuando me enteré del diagnóstico, fue devastador», explica Keishera Joubert al National Catholic Register. «Me eché a llorar desconsoladamente. Corrí a la habitación y lloré a lágrima viva en un rincón. Existía la posibilidad de que ni siquiera sobreviviera al embarazo».

El pequeño Cassian ha superado un largo camino y ahora está a solo 3 meses de celebrar su primer cumpleaños / Foto: Familia Joubert - National Catholic Register

El diagnóstico suele ser fatal para la mayoría de los bebés. Keishera comenta que, durante su encuentro con el doctor Vlastos, ni siquiera mencionó la posibilidad de interrumpir el embarazo. En cambio, el médico adoptó una actitud proactiva y elaboró ​​un plan para tratar a Cassian en el útero. 

Cuando una cirugía láser laparoscópica inicial no logró perforar la densa obstrucción, el equipo médico optó por una alternativa radical e innovadora: un procedimiento EXIT (Tratamiento Intraparto Ex Utero). 

Durante la compleja cirugía, los médicos extrajeron parcialmente a Cassian mediante cesárea, sacando solo su cabeza y brazos del útero. Mientras aún se mantenía completamente alimentado por la placenta de su madre, un equipo de especialistas en otorrinolaringología logró realizar una pequeña incisión debajo de la obstrucción para practicarle una traqueotomía que le salvó la vida. Una vez asegurada la vía aérea con un tubo, Cassian fue colocado de nuevo en el útero para continuar su desarrollo. 

El bebé Cassian está siendo operado en el útero para corregir sus vías respiratorias / Foto: Familia Joubert - National Catholic Register

Tras la cirugía, Keishera pasó seis semanas en reposo absoluto en la unidad de maternidad del hospital, conectada a monitores fetales las 24 horas del día. 

“Tuve que asimilar la idea de que podría estar aquí hasta el final del embarazo”, recuerda Keishera, señalando cómo tuvo que cambiar su perspectiva, pasando de su propia incomodidad a un enfoque espiritual más profundo. 

“Tuve que volver mi perspectiva hacia Dios y decir: ‘Dios me puso en esta habitación por una razón… Necesito que esto no se trate de mí, sino de salvar a mi hijo y servir al Señor’. Así que, básicamente, así pasé la mayor parte del tiempo. Oré mucho.” 

La montaña rusa médica alcanzó su punto álgido seis semanas después, con el nacimiento de Cassian. Su estancia en la UCIN estuvo marcada por una incertidumbre increíble, incluyendo un momento aterrador durante una limpieza rutinaria de la traqueostomía en el que el bebé estuvo a punto de sufrir un paro cardíaco. 

Un sacerdote católico unge al bebé Cassian durante su estancia en el hospital / Foto: Familia Joubert - National Catholic Register

“Tuve que quedarme allí quieta, impotente, mientras varias personas entraban corriendo a la habitación”, dice Keishera. “No había absolutamente nada más que pudiera hacer que mirar los monitores y rezar a Dios para que se hiciera su voluntad una vez más”. 

Tan solo una semana después de aquel encuentro cercano con la muerte, Cassian recibió el alta para volver a casa. 

Hoy, con nueve meses de edad, Cassian está creciendo sano y salvo junto a su hermano mayor, Matthias, que tiene casi 3 años. 

Reflexionando sobre el vertiginoso año vivido, Keishera considera el logro médico de su hijo como un testimonio de entrega absoluta. 

Greg y Keishera Joubert acariciando a su pequeño bebé milagro, Cassian / Foto: Familia Joubert - National Catholic Register

“Ahora mismo, sé que ha pasado aproximadamente un año desde que supimos de su diagnóstico... Dios nos eligió para que Cassian pudiera dar este salto en la ciencia médica”, dice. 

“Dios transformó nuestra mayor tristeza en un gran avance de la ciencia médica, y ahora existe una nueva era de tratamientos para estos bebés... que antes se enfrentaban a un diagnóstico devastadoramente fatal. Ahora podemos decir que estos bebés tienen una buena probabilidad de sobrevivir”, concluye.

miércoles, 3 de diciembre de 2025

Patrick Jay Ream trabaja en la NASA: «En mi adolescencia dejé la fe porque con tanto sufrimiento no parecía que pudiera existir un Dios, pero volví a Él cuando el Espíritu Santo reveló a mi mamá algo que yo iba a hacer»

Patrick Jay Ream nació con Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (ADHD por sus siglas en inglés) y tenía que ir a terapias, pero tuvo un encuentro con Cristo y hoy tiene una alta responsabilidad en la NASA / Fotos: Cortesía de Patrick Jay Ream

* «Yo estaba impresionado. No había explicación científica para lo que acababa de ocurrir, por lo que tenía que existir algo más allá de lo que había pensado. Entonces me abrí porque, si algo no tenía explicación científica, era bien claro que venía de Dios. Empecé a ir a Misa otra vez, y empecé un proceso de sanación bien, pero bien difícil, porque me di cuenta de que muchas de las huellas de mi niñez y del caos que viví todavía me estaban afectando de una manera tremenda. Era el año 2018 y yo estaba en la capilla rezando, rogándole a Dios que me dijera por qué había tenido que nacer con ADHD y pasar por tantas cosas. Y, en eso se me vino a la mente la figura de Jesús agarrándome, sosteniéndome y diciéndome que siempre ha estado a mi lado. Y desde ese momento entendí que no tengo que tener razón, sino sólo tengo que tener la confianza de que Dios va a estar ahí conmigo, sosteniéndome siempre, aunque las cosas sean caóticas. Además, que debo tener fe en los planes del Señor, que es el Creador de todo el universo, y que debo tener la humildad de aceptarlos. A partir de ese momento ya me volví increíblemente católico. Amo mi fe y amo a mi Dios» 

Camino Católico.- Tiene 27 años de edad, nació en McAllen, Texas (EU), vive en Houston y su nombre es Patrick Jay Ream. Estudió la carrera de ingeniero aeroespacial en la Texas A&M University, y, más que la historia de su camino hasta llegar a la Administración Nacional de Aeronáutica y el Espacio (NASA por sus siglas en inglés), aquí está su experiencia de sanación interior y de reconciliación familiar.

Una vida caótica

Patrick resume su niñez y adolescencia como de «caos por todos lados: en mi familia, en el ámbito escolar…, ¡de cualquier manera que lo puedas ver, había caos!», dice a Chucho Picón en Desde la fe

El caos había estado con Patrick desde el momento mismo de su nacimiento: «Nací un mes antes de lo que se esperaba porque el médico se quería ir a jugar golf y de vacaciones, así que hizo que mi mamá me diera a luz antes de lo normal».

Patrick Jay Ream cuando era pequeño y vivió una infancia caótica que Cristo ha tenido que sanar / Foto: Cortesía de Patrick Jay Ream

Las consecuencias de esto fueron desastrosas: «Desafortunadamente, mis pulmones no estaban lo suficientemente desarrollados, así que tuve que estar en tratamientos desde el momento en que nací, porque no podía respirar».

Igualmente, nació con Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (ADHD por sus siglas en inglés), y, mientras crecía, «me estaba desarrollando de una manera retrasada; así que tenía que ir a terapias físicas».

Ya en edad escolar, debido al ADHD, «yo no me estaba portando bien, entonces me corrieron de varias escuelas. Y todo esto deja huellas, y se me dificultaba hacer amigos».

Para rematar, «de la nada se reventó el matrimonio de mis papás. Por eso digo que todo era caos detrás del caos».

Una clase universitaria

«Mis padres estaban trabajando, y mi tía era la que nos cuidaba».

«Pero en las tardes mi tía tomaba clases en una de las universidades que están por San Antonio, Texas. Las clases eran sobre el espacio exterior y todo lo que tenía que ver con la astronomía».

«Ella nos venía a decir todo lo que había aprendido y nos enseñaba mucho de la ciencia».

Patrick Jay Ream trabajando en su responsabilidad en la NASA que es la de ayudar a volar la Estación Espacial Internacional / Foto: Cortesía de Patrick Jay Ream

Del enojo a la curiosidad

«Me acuerdo de que una mañana, al levantarme, supe que mi tía y mi hermano habían salido en la noche a ver a Saturno en el cielo, y yo me sentí sumamente enojado porque no pensaron en despertarme a mí también para verlo con ellos».

«Yo me lo estaba imaginando como un súper planeta que estaba ahí apareciendo en el cielo más grande que la luna».

«A partir de ahí se empezó a formar en mí una gran curiosidad y pasión por todo lo que tiene que ver con el espacio. Porque, honestamente, cuando estás viviendo en el caos, lo que quieres hacer es escaparte, y no hay mejor escape que estar afuera de este planeta».

Crisis de fe

En cuanto a su vida espiritual, Patrick cuenta: «Desde que nací he sido católico. Así es como me enseñaron mis papás, e íbamos a Misa casi todos los días. Así que siempre me había sentido cerca de Dios».

«Pero cuando me hice adolescente empecé a cuestionar todo. Primero, porque mis papás se separaron, se divorciaron. Segundo, porque en una vida con tanto sufrimiento no parecía que pudiera existir un Dios».

La ciencia como sustitución

Patrick buscó entonces creer en la ciencia: «Todo tenía que tener una razón basada en la ciencia, todo debía tener una explicación».

Reconoce que, en el fondo, aquella actitud se debía a que no sentía que Dios mereciera ser amado por él: «Porque si no me sentía amado, ¿para qué iba yo a amar a Alguien que no me amaba a mí?».

Sin explicación científica

Cuando Patrick ya estudiaba en la universidad, «ocurrió que yo había regresado a la casa por unas vacaciones navideñas, y entonces pasó algo con mi mamá y conmigo: el Espíritu Santo le dijo a ella algo que yo iba a hacer, y que yo no quería que supieran mis papás; pero mi mamá se había dado cuenta rezando, me dijo que el Espíritu Santo le había dicho que necesitaba ir a rezar a la capilla».

«Yo estaba impresionado. No había explicación científica para lo que acababa de ocurrir, por lo que tenía que existir algo más allá de lo que había pensado. Entonces me abrí porque, si algo no tenía explicación científica, era bien claro que venía de Dios».

Patrick Jay Ream con sus padres cuando obtuvo su título de la carrera de ingeniero aeroespacial en la Texas A&M University / Foto: Cortesía de Patrick Jay Ream

Sanación interior

«Empecé a ir a Misa otra vez, y empecé un proceso de sanación bien, pero bien difícil, porque me di cuenta de que muchas de las huellas de mi niñez y del caos que viví todavía me estaban afectando de una manera tremenda».

«Era el año 2018 y yo estaba en la capilla rezando, rogándole a Dios que me dijera por qué había tenido que nacer con ADHD y pasar por tantas cosas. Y, en un momento de la oración, se vino a mi mente la memoria de mis papás peleándose y gritándose. El peor momento de mi vida fue ése. Yo era un niño y estaba llorando, viendo a mis papás tratándose así, y les rogaba que pararan, pero fui incapaz de hacer cualquier cosa para pararlos».

«En eso se me vino a la mente la figura de Jesús agarrándome, sosteniéndome y diciéndome que siempre ha estado a mi lado. Y desde ese momento entendí que no tengo que tener razón, sino sólo tengo que tener la confianza de que Dios va a estar ahí conmigo, sosteniéndome siempre, aunque las cosas sean caóticas. Además, que debo tener fe en los planes del Señor, que es el Creador de todo el universo, y que debo tener la humildad de aceptarlos».

«A partir de ese momento ya me volví increíblemente católico. Amo mi fe y amo a mi Dios».

Reconciliación inesperada

El conflicto entre los padres de Patrick también había dañado profundamente a su hermano mayor en la adolescencia: «Yo vi cómo lo afectaba. Paró de ir a la escuela y se metía con la policía».

Sin embargo, ya siendo adultos, los dos hermanos fueron sorprendidos por un gran regalo: «Gracias a Dios, mis papás se reconciliaron, y eso vino de la nada. No lo esperábamos». 

«De hecho, mi hermano se enojó porque él pensaba que otra vez pelearían y que eso nos iba a lastimar otra vez. Pero no fue así. Gracias a Dios que no».

Patrick recreó una fotografía con su hermano y su madre en la NASA / Foto: Cortesía de Patrick Jay Ream

Patrick recreó una fotografía con su hermano y su madre en la NASA. Cortesía: Patrick Jay Ream

«Mis papás escucharon la voz de Dios y le hicieron caso. Y ahora, gracias a ellos y gracias a Dios, estamos viviendo la vida familiar de nuestros sueños».

Católicos en la NASA

Patrick goza ahora de una vida estable, trabajando en la NASA. Y, sorprendentemente, revela: «La NASA está bien llena de católicos. Sí, la gente no me va a creer, pero ahí hay muchos católicos». 

«Ahora bien, si te pones a pensar, eso tiene mucho sentido, porque para estar interesado en el espacio tienes que estar interesado en lo que está más allá; tienes que estar pensando en las cosas que no simplemente te están rodeando, sino en las cosas que están arriba de ti, afuera de todo. Y, para ser católico, para tener fe, tienes que pensar en esas cosas».

Patrick Jay Ream trabajando en la NASA / Foto: Cortesía de Patrick Jay Ream

Su trabajo aeroespacial

¿Y qué hace concretamente Patrick en la NASA? Él responde: «Yo trabajo en control de misiones; yo ayudo a volar todos los vehículos de la NASA que tengan astronautas o que estén diseñados para tener astronautas».

«Hoy día ayudo a volar la Estación Espacial Internacional. Tienes que tener un entrenamiento y un conocimiento que nunca te puede fallar, porque, si te falla, puedes matar a los astronautas, literalmente. Es una mega responsabilidad la que te dan, pero tengo la confianza de que Dios me ha puesto en donde se me necesita».

domingo, 8 de diciembre de 2024

José Carlos González-Hurtado: «La ciencia demuestra que existe un Dios personal que cuida de su creación»


José Carlos González-Hurtado dice que “si el universo no es ni eterno ni infinito, necesariamente tiene que tener un principio”

* «La teoría del Big Bang lo que viene a decir es que el universo no es eterno, porque tiene un principio. Hace 13.700 millones de años (13.700.000.000), el universo tuvo un principio. Lo que implica que toda la materia, el tiempo y el espacio estaban comprimidos en un solo punto, que es lo que se llama la singularidad. En ese punto se creó todo: la materia, el espacio y el tiempo. Eso, necesariamente, nos dice que tiene que haber un algo, un alguien, eso que llamamos Dios, que no era ni espacial, ni temporal, ni material, que fue el que creó la materia, el espacio y el tiempo. La teoría del Big Bang deja al ateísmo con brocha y sin escalera, porque no tiene una explicación de cómo se creó el universo. Pero es que, además, sabemos que el universo también tendrá un final, con lo cual no solo no es eterno, sino que tampoco es infinito»

Vídeo de ACdP en el que José Carlos González-Hurtado es entrevistado

* «El Proyecto Genoma Humano terminó en 2004, prácticamente anteayer. Y también demuestra que el ADN del ser humano es un lenguaje, y detrás de cada lenguaje hay necesariamente una inteligencia. Para no ser yo quien lo diga, el director del Proyecto Genoma Humano era un señor que se llamaba Francis Collins, que es quizá el biólogo más importante actualmente vivo. Cuando empezó el proyecto, en 1990, era ateo. A mitad del proyecto se convirtió en teísta, y vino a decir: «He descubierto que tiene que haber Alguien que haya diseñado esto, porque hay un lenguaje». Al final del proyecto se bautizó y ahora forma parte del Consejo Asesor Científico del Papa. Es decir, que cuánta más ciencia, más Dios»

Camino Católico.- Su libro Nuevas evidencias científicas de la existencia de Dios (Voz de Papel) se ha convertido en un éxito inesperado, que le ha llevado a protagonizar numerosos vídeos virales y a ser entrevistado en canales que nada tienen que ver con la religión. Y no es casual, porque José Carlos González-Hurtado ha aplicado el mismo rigor y capacidad divulgativa en sus páginas, que las que le llevaron a la cima de una gran empresa internacional… que dejó para introducir en España el canal católico EWTN. Una solidez argumental que despliega en esta entrevista de José Antonio Méndez para el último número de La Antorcha, la revista gratuita editada por la Asociación Católica de Propagandistas (ACdP).

— Ha escrito Nuevas evidencias científicas de la existencia de Dios (Voz de papel) y en un año, se ha convertido en un auténtico superventas. En pleno siglo XXI: ciencia y fe, ¿son incompatibles?

—La ciencia y la fe nunca han sido incompatibles. Eso es un mito. Y como casi todos los mitos, es un mito interesado. Hay gente que está detrás de esa idea, un grupo de ateos que nos han intentado hacer creer que la ciencia está contrapuesta a Dios. Y también, probablemente, hay una «persona», el Maligno, que es quien quiere que nos alejemos de Dios y es la que instiga eso. Pero lo cierto es que, si nunca han sido ciencia y fe contradictorios, en los últimos cincuenta años hay evidencias suficientes como para decir que pensar lo contrario es, por lo menos, temerario.

— ¿Por qué es razonable creer en la existencia de Dios?

— Responderé al margen de las pruebas filosóficas que siempre llevaron a Dios. Porque cualquier persona que comprenda realmente cualquiera de las cinco vías de santo Tomás, no puede sino llegar a la conclusión de que existe Dios. Pero lo que la ciencia viene a demostrar, porque hay evidencias, y lo que la filosofía viene a demostrar o deja en evidencia, es que existe eso que llamamos Dios creador. Contrariamente a lo que muchos católicos creen, que Dios existe no es solo una verdad de fe. La propia Iglesia, en el número 36 del Catecismo, dice que se puede llegar al conocimiento cierto de la existencia de un Dios creador solo a través de la razón.

— Entonces, ¿qué le añade la fe a la razón?

— Fe es creer que Jesucristo es Dios. Fe es creer que hay un Dios uno, y tres personas a la vez. Pero creer en Dios creador no es necesariamente una verdad de fe; es una verdad que se puede alcanzar a través de la razón y de la ciencia. En los últimos cincuenta años, la cosmología, la física, las matemáticas, la biología y la química llevan necesariamente a la existencia de Dios. Es lo que yo llamo las nuevas cinco vías.


José Carlos González-Hurtado asegura que "creer en Dios creador no es necesariamente una verdad de fe; es una verdad que se puede alcanzar a través de la razón y de la ciencia"

— ¿Y cuáles son esas evidencias que hacen que sea más razonable creer en la existencia de Dios, que afirmar que Dios no existe?

— Vamos por partes. En física y en cosmología hay dos posibilidades: o el universo es eterno e infinito, o el universo no es eterno ni infinito. No hay otras posibilidades: o es eterno o no lo es. O es infinito o no lo es. Si el universo es eterno e infinito, no supone un problema para los que somos creyentes, pero tampoco supone un problema para el que es ateo, porque un universo eterno e infinito podría no necesitar a Dios. Es decir, la materia eterna podría no necesitar a Dios. Esa era la teoría prevalente hasta mediados del siglo pasado: lo que se llama el universo en estado estacionario. Pero a mediados del siglo pasado llega un astrónomo y físico belga, el padre Lemaître, sacerdote católico, y propone una teoría, que después se ha comprobado suficientemente como para ser parte del modelo cosmológico estándar, que es la que llamamos teoría del Big Bang.

— Se habla mucho de esto, pero ¿qué es exactamente la teoría del Big Bang?

— Lo que viene a decir es que el universo no es eterno, porque tiene un principio. Hace 13.700 millones de años (13.700.000.000), el universo tuvo un principio. Lo que implica que toda la materia, el tiempo y el espacio estaban comprimidos en un solo punto, que es lo que se llama la singularidad. En ese punto se creó todo: la materia, el espacio y el tiempo. Eso, necesariamente, nos dice que tiene que haber un algo, un alguien, eso que llamamos Dios, que no era ni espacial, ni temporal, ni material, que fue el que creó la materia, el espacio y el tiempo. La teoría del Big Bang deja al ateísmo con brocha y sin escalera, porque no tiene una explicación de cómo se creó el universo. Pero es que, además, sabemos que el universo también tendrá un final, con lo cual no solo no es eterno, sino que tampoco es infinito.

— Si el Big Bang habla del inicio, la segunda ley de la termodinámica habla de ese final del universo…

— Y fue otro católico, Boltzmann, quien desarrolló la segunda ley de la termodinámica, que predice que el universo material tal como lo conocemos tendrá «una muerte térmica». Esto también deja al ateísmo desarbolado, porque si el universo no es ni eterno ni infinito, necesariamente tiene que tener un principio.

José Carlos González-Hurtado junto a la portada de su libro

— Ya vemos cómo la física y la cosmología evidencian a Dios. Pero ¿desde las matemáticas?

— Hay otro señor, que se llama Hilbert, que a principios del siglo pasado propone la negación de los infinitos actuales, que viene a demostrar que el universo tampoco es infinito, porque desde la matemática lo que dice es que un infinito actual no puede existir. Si el universo fuera infinito, sería un infinito actual. Matemáticamente, demuestra que eso no puede existir, con lo cual, una vez más, la matemática dice lo mismo que la física y la cosmología. También está Gödel, un austríaco que probablemente es el matemático más importante de la historia de la humanidad, que propone los teoremas de incompletitud. Y a mí me sorprende que la gente no los conozca.

— Es que no son especialmente sencillos…

— Es verdad que son muy complicados, pero la conclusión necesaria de los teoremas de incompletitud de Gödel es que Dios tiene que existir, porque si Dios no existe, la aritmética, y, por tanto, la matemática, y, por tanto, la ciencia, no serían consistentes ni comprensibles. Gödel demuestra desde el punto de vista matemático que necesitamos a Dios para la consistencia de la ciencia.

— Más allá del cosmos, ¿se puede llegar a Dios a través del cuerpo humano?

— Sí. Porque después de la física, la cosmología y las matemáticas, están la genética y la biología. El Proyecto Genoma Humano terminó en 2004, prácticamente anteayer. Y también demuestra que el ADN del ser humano es un lenguaje, y detrás de cada lenguaje hay necesariamente una inteligencia. Para no ser yo quien lo diga, el director del Proyecto Genoma Humano era un señor que se llamaba Francis Collins, que es quizá el biólogo más importante actualmente vivo. Cuando empezó el proyecto, en 1990, era ateo. A mitad del proyecto se convirtió en teísta, y vino a decir: «He descubierto que tiene que haber Alguien que haya diseñado esto, porque hay un lenguaje». Al final del proyecto se bautizó y ahora forma parte del Consejo Asesor Científico del Papa. Es decir, que cuánta más ciencia, más Dios. Como decía Heisenberg, que también era el padre de la física cuántica, uno de los físicos más importantes que haya existido y un hombre muy religioso, el primer sorbo de la copa de las Ciencias Naturales te convertirá en ateo, pero al final del vaso, está Dios esperándote.

— Entonces, dentro del mundo científico, ¿quiénes son ateos?

— La gente que no ha estudiado mucho de ciencia o que no la ha practicado. En la sociedad científica norteamericana más importante preguntaron en qué creían los científicos. La inmensa mayoría son teístas o religiosos. El único sector de científicos que no son mayoritariamente teístas son los de más de setenta años, que además no han practicado ciencia: aquel que estudió química y luego se dedicó a aeromodelismo, o cosas así. Este tipo es el que tiende a no creer en Dios. Porque cuanta más ciencia, más Dios.

— No obstante, esto puede conducir a la idea de un Dios relojero, que pone en marcha el mundo y después se desentiende de él. ¿Es igual de razonable creer que el Creador no se desentiende de su obra?

— Yo diferencio tres niveles: uno es el deísmo, que, es decir: existe un Dios, ha creado el universo y se ha desentendido de él. Luego está el teísmo, que es creer en un Dios personal. Que sea un Dios personal no es que sea un Dios antropomórfico, con forma humana, sino, como decía Boecio, que tiene una inteligencia individual de naturaleza racional. Es decir, es un Dios con el que nos podemos relacionar. Y luego está la creencia religiosa: Dios se ha encarnado, es Jesucristo y ha venido aquí a salvarnos.

— ¿Qué es lo que nos asegura la ciencia?

— Las dos primeras cosas: existe un Dios personal, que cuida de su creación. La ciencia demuestra que existe un ser inteligente, omnisciente, que no es temporal, ni espacial, ni material, y que cuida de la creación, porque en cada momento de estos 13.700.000.000 de años en el que se ha dado una tesitura en que podía desbaratarlo todo, intervino para que no lo hiciera.

— ¿A qué se refiere?

— A que lo lógico y lo más probable es que el Big Bang hubiera terminado mal, en lo que se llama el Big Crunch. Hay más de doscientas leyes y constantes físicas que, si hubieran variado milimétricamente, ni tú ni yo estaríamos aquí. El universo no habría sido creado. ¿Por qué la velocidad de la luz es trescientos mil kilómetros por segundo en vacío? Porque es una constante. Si no fuera una constante, si no fuera esa velocidad, no estaríamos aquí. Pero lo cierto es que no hay ninguna razón para que eso sea así. Las constantes de la física son observables, no deducibles: se observan, pero no se pueden deducir. La constante cosmológica está afinada a ciento veinte dígitos. Esto significa ciento veinte veces 0,00000... y, al final, ciento treinta y ocho. Si esa constante cosmológica no fuera afinada a ciento veinte dígitos, sino ciento diecinueve o ciento dieciocho, y no fuera ciento treinta y ocho, sino ciento treinta y cuatro o ciento treinta y siete, el universo habría colapsado y no estaríamos aquí. Nadie en física piensa que la constante cosmológica está ahí por casualidad. Es imposible. Y no se deduce de nada. Esto es lo es importante.


José Carlos González-Hurtado afirma que "si quieres que tu hijo salve su alma, tienes que darle razones por las que creer"

— Hablemos de los multiversos, esa teoría tan en boga por Internet que dice que el nuestro es uno entre miles de universos posibles, que no tienen ninguna conexión con nosotros y de los que no sabemos nada…

— Eso es. Unos dicen que habría dos mil universos, otros dicen que doscientos mil… Pero es que eso no es una teoría científica. Como dijo en 2021 Polkinghorne, que es el físico británico más importante de este siglo XXI, eso no es ciencia: es metafísica, en el mejor de los casos. El tipo que ideó esa teoría era un ateo, que sufrió mucho en la vida y murió a los 51 años, alcoholizado, y que tenía un deseo de trascendencia. Pero claro, siendo ateo, decía: «si muero, dejo de existir, porque soy solo materia». E ideó un: «Bueno, yo voy a aparecer en otro multiverso». Es un señor que se llamaba Hugh Everett, que propuso esa teoría a Niels Bohr, premio Nobel, y Niels Bohr se rió de él y dijo, literalmente, que Everett era un idiota. Es una teoría muy buena para películas, pero no es ciencia. Solo existe un universo y es este universo.

— Así que, aunque esté de moda, ¿es anticientífica?

— La teoría del multiverso se ha inventado como un escapismo, para huir de la necesidad de que este universo afinado haya sido creado por Dios. Hay un señor que se llama Roger Penrose, que es Premio Nobel de Física del año 2020, que hace el cálculo de cuantos universos tendrían que existir para tener un universo como este. Y es de uno elevado a diez, elevado a diez, elevado a ciento veintitrés. Es un número tan inmenso que es imposible de calcular. Hubo un candidato al Nobel, Fred Hoyle, que decía que si metes en un hangar todas las piezas desmontadas de un Boeing 747, y viene un tornado, y el tornado ensambla todas las piezas de modo que el Boeing 747 esté dispuesto a despegar sobre el mismo tornado, las probabilidades de que eso ocurra son mucho mayores que las de tener un universo como el nuestro. Lo estadísticamente probable es que nuestro universo no existiera. Lo estadísticamente probable es que ningún universo hubiera creado vida. Y, sin embargo, aquí estamos.

— ¿Por qué es tan necesario insistir en la razonabilidad de la existencia de Dios?

— Esto es un dato del Pew Research, que trata de los millennials, pero que afecta igual a la generación Z y a los boomers. Sorprendentemente, la principal razón por la que los jóvenes abandonan la práctica religiosa, en un 82 %, no es porque estén en contra de tal dogma, porque el Papa les caiga mal, o porque su párroco sea malo. Lo que dice el 82 % es que piensa que ciencia y Dios están enfrentados. Lo vuelvo a decir: la principal razón para el 82 % de los jóvenes que abandonan la fe es que la ciencia desdice a Dios. Y lo irónico es que nunca ha habido tantas pruebas como ahora. Además, más de un 60 %, dice: «si tú quieres que yo crea, dame pruebas». Por eso, cuando mis amigos católicos me dicen que no hace falta probar que Dios existe, les digo que sí es necesario.

— Así que las pruebas, o los indicios científicos, son también un modo de evangelizar…

— Si quieres que tu hijo salve su alma, tienes que darle razones por las que creer. Y, de hecho, el Catecismo las llama «pruebas» en el número 31. Tú llámalo evidencias, llámalo guías, o como quieras, pero dáselas. Porque si lo que te están pidiendo es eso, entonces la principal razón por la que la gente se aleja de la práctica religiosa es por un error inmenso. Nadie quiere parecer tonto, y por alguna extraña razón, se ha dado esa idea, también intencionada, de que creer en Dios es de tontos. Por eso hay que recordar que más del 95% de los premios Nobel de Ciencias en los últimos cien años eran teístas o religiosos, es decir, menos del 5% de los premios Nobel de Ciencias, Física, Química, Fisiología y Medicina eran ateos o agnósticos. En los Nobel de Literatura de los últimos cien años, el 35 % eran agnósticos o ateos. Lo digo de broma, pero ser ateo es de letras, no de ciencias. Y desde luego, creer en Dios, es mucho más razonable que ser ateo.