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lunes, 22 de diciembre de 2025

Papa León XIV al felicitar la Navidad a la Curia Romana, 22-12-2025: «La misión y la comunión son posibles si ponemos a Cristo en el centro; sólo Él es la esperanza que no declina»

* «Hay una conversión personal que debemos desear y perseguir, para que en nuestras relaciones pueda transparentarse el amor de Cristo que nos hace hermanos…. La labor de cada uno es importante para el todo, y el testimonio de una vida cristiana, que se expresa en la comunión, es el primer y el mayor servicio que podemos ofrecer»

Video completo de la transmisión en directo realizada por Vatican News con la alocución del Papa León XIV

* «El Señor desciende del cielo y se abaja hacia nosotros. Como escribía Bonhoeffer, meditando sobre el misterio de la Navidad, ‘Dios no se avergüenza de la bajeza del hombre, entra en él […]. Dios ama lo que está perdido, lo que nadie considera, lo insignificante, lo marginado, débil y abatido’ (cf. D. Bonhoeffer, Riconoscere Dio al centro della vita, Brescia 2004, 12). Que el Señor nos dé su misma condescendencia, su misma compasión, su amor, para que cada día seamos sus discípulos y testigos. Les deseo de corazón a todos una Santa Navidad. Que el Señor nos traiga su luz y conceda al mundo la paz»

22 de diciembre de 2025.- (Camino Católico).- “La misión y la comunión son posibles si ponemos a Cristo en el centro. El Jubileo de este año nos ha recordado que sólo Él es la esperanza que no declina”. Son palabras del Papa León XIV en el discurso del Santo Padre León XIV a la Curia Romana en ocasión del saludo de Navidad, este lunes 22 de diciembre, en el Aula de las Bendiciones.

El Pontífice ha enfatizado que “necesitamos una Curia Romana cada vez más misionera, donde las instituciones, las oficinas y las tareas estén pensadas atendiendo a los grandes desafíos eclesiales, pastorales y sociales de hoy, y no sólo para garantizar la administración ordinaria”. El Santo Padre ha precisado que “la misión en la vida de la Iglesia está estrechamente ligada a la comunión”. En el vídeo de Vatican News se visualiza y escucha la alocución del Santo Padre, cuyo texto completo es el siguiente:

  DISCURSO DEL SANTO PADRE LEÓN XIV

A LA CURIA ROMANA EN OCASIÓN DEL SALUDO DE NAVIDAD

Aula de las Bendiciones

Lunes, 22 de diciembre de 2025



Señores Cardenales,
venerados hermanos en el episcopado y en el presbiterado,
queridos hermanos y hermanas:

La luz de la Navidad viene a nuestro encuentro, invitándonos a redescubrir la novedad que, desde la humilde gruta de Belén, recorre la historia humana. Atraídos por esta novedad, que abarca toda la creación, caminamos con alegría y esperanza, porque ha nacido para nosotros el Salvador (cf. Lc 2,11): Dios se ha hecho carne, se ha convertido en nuestro hermano y permanece para siempre como el Dios-con-nosotros.

Con esta alegría en el corazón y con un profundo sentido de gratitud, podemos mirar los acontecimientos que se suceden, también en la vida de la Iglesia. Por eso, ahora que estamos en la vigilia de las fiestas navideñas, mientras saludo cordialmente a todos y agradezco al Cardenal Decano sus palabras ―siempre llenas de entusiasmo: hoy el Salmo nos dice que son setenta nuestros años, ochenta para los más robustos, así que celebramos también con ustedes―, deseo en primer lugar recordar a mi querido predecesor, el Papa Francisco, que este año ha concluido su vida terrenal. Su voz profética, su estilo pastoral y su rico magisterio han marcado el camino de la Iglesia en estos años, animándonos principalmente a volver a colocar en el centro la misericordia de Dios, a dar un mayor impulso a la evangelización, a ser una Iglesia alegre y gozosa, acogedora con todos, atenta a los más pobres.

Inspirándome precisamente en su Exhortación apostólica Evangelii gaudium, quisiera volver sobre dos aspectos fundamentales de la vida de la Iglesia: la misión y la comunión.

La Iglesia es, por naturaleza, extrovertida, abierta al mundo, misionera. Ha recibido de Cristo el don del Espíritu para llevar a todos la buena nueva del amor de Dios. Signo vivo de este amor divino por la humanidad, la Iglesia existe para invitar, llamar y reunir al banquete festivo que el Señor prepara para nosotros, para que cada uno pueda descubrirse hijo amado, hermano del prójimo, hombre nuevo a imagen de Cristo y, por lo tanto, testigo de la verdad, la justicia y la paz.

Evangelii gaudium nos anima a avanzar en la transformación misionera de la Iglesia, que encuentra su fuerza inagotable en el mandato de Cristo Resucitado. «En este “id” de Jesús están presentes los escenarios y los desafíos siempre nuevos de la misión evangelizadora de la Iglesia, y todos estamos llamados a esta nueva “salida” misionera» (EG, 20). Este estado de misión deriva del hecho de que Dios mismo, primero, se puso en camino hacia nosotros y, en Cristo, vino a buscarnos. La misión comienza en el corazón de la Santísima Trinidad: Dios, en efecto, consagró y envió a su Hijo al mundo para que «todo aquel que cree en él no perezca, sino que tenga vida eterna» (Jn 3,16). El primer gran “éxodo”, por tanto, es el de Dios, que sale de sí mismo para venir a nuestro encuentro. El misterio de la Navidad nos anuncia precisamente esto: la misión del Hijo consiste en su venida al mundo (cf. San Agustín, La Trinidad, IV, 20.28).

De ese modo, la misión de Jesús en la tierra, que se prolonga por el Espíritu Santo en la misión de la Iglesia, se vuelve criterio de discernimiento para nuestra vida, para nuestro camino de fe, para las praxis eclesiales, como también para el servicio que llevamos adelante en la Curia Romana. Las estructuras, en efecto, no deben entorpecer, detener la carrera del Evangelio o impedir el dinamismo de la evangelización; por el contrario, debemos «procurar que todas ellas se vuelvan más misioneras» (Evangelii gaudium, 27).   

Por eso, en el espíritu de la corresponsabilidad bautismal, todos estamos llamados a participar en la misión de Cristo. También el trabajo de la Curia debe estar animado por este espíritu y promover la solicitud pastoral al servicio de las Iglesias particulares y de sus pastores. Necesitamos una Curia Romana cada vez más misionera, donde las instituciones, las oficinas y las tareas estén pensadas atendiendo a los grandes desafíos eclesiales, pastorales y sociales de hoy, y no sólo para garantizar la administración ordinaria. 

Al mismo tiempo, la misión en la vida de la Iglesia está estrechamente ligada a la comunión. El misterio de la Navidad, efectivamente, mientras celebra la misión del Hijo de Dios entre nosotros, contempla también su finalidad: Dios ha reconciliado consigo al mundo por medio de Cristo (cf. 2 Co 5,19) y, en Él, nos ha hecho sus hijos. La Navidad nos recuerda que Jesús ha venido a revelarnos el verdadero rostro de Dios como Padre, para que todos pudiéramos ser sus hijos y, por tanto, hermanos y hermanas entre nosotros. El amor del Padre, que Jesús encarna y manifiesta en sus gestos de liberación y en su predicación, nos hace capaces, en el Espíritu Santo, de ser signo de una nueva humanidad, no fundada en la lógica del egoísmo y el individualismo, sino en el amor mutuo y la solidaridad recíproca.

Esta es una tarea más urgente que nunca ad intra y ad extra

Lo es ad intra, porque la comunión en la Iglesia permanece siempre como un desafío que nos llama a la conversión. A veces, detrás de una aparente tranquilidad, se agitan los fantasmas de la división. Y estos nos hacen caer en la tentación de oscilar entre dos extremos opuestos: uniformar todo sin valorar las diferencias o, por el contrario, exasperar las diversidades y los puntos de vista en vez de buscar la comunión. Así, en las relaciones interpersonales, en las dinámicas internas de las oficinas y los roles, o tratando los temas que se refieren a la fe, la liturgia, la moral u otros, se corre el riesgo de ser víctimas de la rigidez y de la ideología, con las contraposiciones que ello implica.

Pero nosotros somos la Iglesia de Cristo, somos sus miembros, su cuerpo. Somos hermanos y hermanas en Él. Y en Cristo, aun siendo muchos y diferentes, somos uno: “In Illo uno unum”.

Estamos llamados también, y sobre todo aquí en la Curia, a ser constructores de la comunión de Cristo, que pide configurarse como Iglesia sinodal, donde todos colaboran y cooperan en la misma misión, cada uno según el propio carisma y el rol recibido. Pero esto se construye, más que con las palabras y los documentos, mediante gestos y actitudes concretos que deben manifestarse en lo cotidiano, también en el ambiente laboral. Me gusta recordar lo que escribía san Agustín en su carta a Proba: «En todos los negocios humanos, nada es grato para el hombre si no tiene por amigo al hombre». Sin embargo, se preguntaba con una pizca de amargura: «¿Quién puede hallarse que sea tan buen amigo, que podamos tener en esta vida seguridad cierta de su intención y de sus costumbres?» (Carta 130, 4).

Esta amargura en ocasiones se abre camino entre nosotros cuando, quizás después de muchos años ofrecidos al servicio de la Curia, notamos con desilusión que, a algunas dinámicas vinculadas al ejercicio del poder, al afán de sobresalir, al cuidado de los propios intereses, les cuesta cambiar. Y cabe preguntarse: ¿es posible ser amigos en la Curia Romana, tener relaciones de amigable fraternidad? En el esfuerzo cotidiano es hermoso cuando encontramos amigos en quienes poder confiar, cuando caen máscaras y engaños, cuando las personas no son usadas y pasadas por encima, cuando hay ayuda mutua, cuando se reconoce a cada uno el propio valor y la propia competencia, evitando generar insatisfacciones y rencores. Hay una conversión personal que debemos desear y perseguir, para que en nuestras relaciones pueda transparentarse el amor de Cristo que nos hace hermanos.

Esto se vuelve un signo también ad extra, en un mundo herido por discordias, violencia y conflictos, en el que vemos también un aumento de la agresividad y la rabia, frecuentemente instrumentalizadas por el mundo digital y la política. La Navidad del Señor trae consigo el don de la paz y nos invita a ser un signo profético en un contexto humano y cultural demasiado fragmentado. El trabajo de la Curia y el de la Iglesia en general debe pensarse también en este amplio horizonte: no somos pequeños jardineros dedicados a cuidar el propio huerto, sino que somos discípulos y testigos del Reino de Dios, llamados a ser en Cristo fermento de fraternidad universal, entre pueblos distintos, religiones diferentes, entre mujeres y hombres de toda lengua y cultura. Y esto ocurre si somos nosotros los primeros en vivir como hermanos y hacemos brillar en el mundo la luz de la comunión.  

Queridos hermanos, la misión y la comunión son posibles si ponemos a Cristo en el centro. El Jubileo de este año nos ha recordado que sólo Él es la esperanza que no declina. Y, precisamente durante el Año Santo, celebraciones importantes nos han hecho recordar otros dos acontecimientos: el Concilio de Nicea, que nos reconduce a las raíces de nuestra fe, y el Concilio Vaticano II, que fijando la mirada en Cristo ha consolidado a la Iglesia y la ha impulsado a salir al encuentro del mundo, a la escucha de las alegrías y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de hoy (cf. Gaudium et spes, 1).

Por último, permítanme recordar que hace cincuenta años, en el día de la Inmaculada Concepción, fue promulgada por san Pablo VI la Exhortación apostólica Evangelii nuntiandi, escrita después de la tercera Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos. Esta subraya, entre otras cosas, dos realidades que podemos destacar aquí: el hecho de que «la Iglesia recibe la misión de evangelizar y […] la actividad de cada miembro constituye algo importante para el conjunto» (n. 15); y, al mismo tiempo, la convicción de que «el primer medio de evangelización consiste en un testimonio de vida auténticamente cristiana, entregada a Dios en una comunión que nada debe interrumpir y a la vez consagrada igualmente al prójimo con un celo sin límites» (n. 41).

Recordemos esto también en nuestro servicio curial: la labor de cada uno es importante para el todo, y el testimonio de una vida cristiana, que se expresa en la comunión, es el primer y el mayor servicio que podemos ofrecer.

Eminencias, Excelencias, queridos hermanos y hermanas, el Señor desciende del cielo y se abaja hacia nosotros. Como escribía Bonhoeffer, meditando sobre el misterio de la Navidad, “Dios no se avergüenza de la bajeza del hombre, entra en él […]. Dios ama lo que está perdido, lo que nadie considera, lo insignificante, lo marginado, débil y abatido” (cf. D. Bonhoeffer, Riconoscere Dio al centro della vita, Brescia 2004, 12). Que el Señor nos dé su misma condescendencia, su misma compasión, su amor, para que cada día seamos sus discípulos y testigos.

Les deseo de corazón a todos una Santa Navidad. Que el Señor nos traiga su luz y conceda al mundo la paz.

Papa León XIV


 

Fotos: Vatican Media, 22-12-2025

Homilía del P. Francisco Javier Pérez y lecturas de la Misa de hoy, lunes, Feria de Adviento, 22-12-2025

22 de diciembre de 2025.- (Camino Católico) Homilía del P. Francisco Javier Pérez y lecturas de la Santa Misa de hoy, lunes, Feria de Adviento, emitida por 13 TV desde la Basílica de la Concepción de Madrid.

Santa Misa de hoy, lunes, Feria de Adviento, 22-12-2025

22 de diciembre de 2025.- (Camino Católico) Celebración de la Santa Misa de hoy, lunes, Feria de Adviento, presidida por el P. Francisco Javier Pérez, emitida por 13 TV desde la Basílica de la Concepción de Madrid.

Misterios Gozosos del Santo Rosario, desde el Santuario de Lourdes, 22-12-2025

22 de diciembre de 2025.- (Camino Católico).- Rezo de los Misterios Gozosos del Santo Rosario, correspondientes a hoy, lunes, desde la Gruta de Massabielle, en el Santuario de Lourdes, en el que se intercede por el mundo entero. 

Palabra de Vida 22/12/2025: «El Poderoso ha hecho obras grandes por mí» / Por P. Jesús Higueras

Camino Católico.- Espacio «Palabra de Vida» de 13 TV del 22 de diciembre de 2025, lunes, Feria de Adviento, presentado por el padre Jesús Higueras en el que comenta el evangelio del día.

Evangelio: San Lucas 1, 46-56:

En aquel tiempo, María dijo:

«Proclama mi alma la grandeza del Señor, “se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador; porque ha mirado la humillación de su esclava”.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones, porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí: “su nombre es santo, y su misericordia llega a sus fieles de generación en generación”.

Él hace proezas con su brazo: dispersa a los soberbios de corazón, “derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes, a los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo, acordándose de la misericordia” – como lo había prometido a “nuestros padres” – en favor de Abrahán y su descendencia por siempre».

María se quedó con Isabel unos tres meses y volvió a su casa.

Adoración Eucarística con el P. Francisco Javier Pérez en la Basílica de la Concepción de Madrid, 22-12-2025

22 de diciembre de 2025.- (Camino Católico) Adoración al Santísimo Sacramento con el P. Francisco Javier Pérez, emitida por 13 TV desde la Basílica de la Concepción de Madrid.

Magnificat: la Virgen María reconoce que todo es don y que el Señor actúa con poder y ternura en favor de los que confían en Él / Por P. Carlos García Malo

 


domingo, 21 de diciembre de 2025

Papa León XIV en el Ángelus, 21-12-2025: «Piedad, caridad, misericordia y abandono son las virtudes de San José, actitudes importantes, que educan el corazón al encuentro con Cristo y con los hermanos»

* «En este tiempo de gracia, no perdamos ocasión para practicarlas: perdonando, animando, dando un poco de esperanza a las personas con las que vivimos y a aquellas que encontramos; y renovando en la oración nuestro abandono filial al Señor y a su Providencia, encomendándole todo con confianza» 

    

Vídeo completo de la transmisión en directo de Vatican News traducido al español con las palabras del Papa en el Ángelus

* «Hoy también deseo dirigir un saludo especial a los niños y adolescentes de Roma. Queridos amigos, han venido con sus familiares y con los catequistas para la bendición de las imágenes del Niño Jesús, que colocarán en el pesebre de sus casas, de las escuelas y de los oratorios. Agradezco al Centro de Oratorios Romanos que ha organizado este evento y bendigo de corazón todas las imágenes del Niño Dios. Queridos chicos, ante el pesebre, recen a Jesús también por las intenciones del Papa. En particular, recemos juntos para que todos los niños del mundo puedan vivir en paz. ¡Les agradezco de corazón!» 

 

21 de diciembre de 2025.- (Camino Católico)  "Piedad y caridad, misericordia y abandono; estas son las virtudes del hombre de Nazaret que la liturgia nos propone hoy, para que nos acompañen en estos últimos días de Adviento, hacia la santa Navidad. Son actitudes importantes, que educan el corazón al encuentro con Cristo y con los hermanos, y que nos pueden ayudar a ser, los unos para los otros, pesebre acogedor, casa confortable, signo de la presencia de Dios”, ha reflexionado el Papa León XIV a la hora del Ángelus, en la plaza de San Pedro, ante decenas de miles de fieles.  




El Pontífice ha invitado a los fieles a contemplar la figura de san José, presentado por la liturgia como protagonista discreto pero decisivo de la historia de la salvación. Comentando el pasaje del Evangelio de san Mateo (cf. Mt 1,18-24) en el que es descrito como un hombre justo, sensible y valiente en la fe. A través de su silencio, su misericordia y su abandono confiado en Dios.

Después de rezar el Ángelus, León XIV bendice las miles de figuras del Niño Jesús que serán colocadas en los belenes y que miles de pequeños han traído con  sus familias como cada año. El Santo Padre pide a los más pequeños que recen ante el belén por él y “para que todos los niños del mundo puedan vivir en paz. ¡Les doy las gracias de corazón!”. En el vídeo de Vatican News se visualiza y escucha la meditación del Santo Padre traducida al español, cuyo texto completo es el siguiente: 

PAPA LEÓN XIV

ÁNGELUS

Plaza de San Pedro

IV Domingo de Adviento, 21 de diciembre de 2025

Queridos hermanos y hermanas: ¡buenos días!

Hoy, cuarto domingo de Adviento, la liturgia nos invita a meditar sobre la figura de san José. Nos lo presenta, en particular, en el momento en el que Dios le revela su misión en sueños (cf. Mt 1,18-24). De ese modo, nos propone una página muy hermosa de la historia de la salvación, cuyo protagonista es un hombre frágil y falible —como nosotros— y, al mismo tiempo, valiente y fuerte en la fe.

El evangelista Mateo lo llama “hombre justo” (cf. Mt 1,19), y esto lo describe como un israelita piadoso, que observa la Ley y frecuenta la sinagoga. Pero, además de eso, José de Nazaret se nos muestra también como una persona extremadamente sensible y humana.

Lo vemos cuando, aun antes de que el Ángel le revele el misterio que se está cumpliendo en María, frente a una situación difícil de comprender y de aceptar, él no elige la vía del escándalo y de la condena pública a su futura esposa, sino el camino discreto y benévolo del repudio en secreto (cf. ibíd.). De esa manera, demuestra que ha captado el sentido más profundo de su propia observancia religiosa: el de la misericordia.

La pureza y la nobleza de sus sentimientos se vuelven aún más evidentes cuando el Señor, en sueños, le revela su plan de salvación, indicándole el rol inesperado que deberá asumir: ser el esposo de la Virgen Madre del Mesías. Aquí, en efecto, José, con un gran acto de fe, deja también la última orilla de sus seguridades y navega mar adentro hacia un futuro que ya está totalmente en las manos de Dios. San Agustín describe así su consentimiento: «A la piedad y caridad de José le nació de la Virgen María un hijo, Hijo a la vez de Dios» (Sermón 51, 30).

Piedad y caridad, misericordia y abandono; estas son las virtudes del hombre de Nazaret que la liturgia nos propone hoy, para que nos acompañen en estos últimos días de Adviento, hacia la santa Navidad. Son actitudes importantes, que educan el corazón al encuentro con Cristo y con los hermanos, y que nos pueden ayudar a ser, los unos para los otros, pesebre acogedor, casa confortable, signo de la presencia de Dios. En este tiempo de gracia, no perdamos ocasión para practicarlas: perdonando, animando, dando un poco de esperanza a las personas con las que vivimos y a aquellas que encontramos; y renovando en la oración nuestro abandono filial al Señor y a su Providencia, encomendándole todo con confianza.

Que nos ayuden en esto la Virgen María y san José, que fueron los primeros en acoger a Jesús, el Salvador del mundo, con gran fe y amor.

Oración del Ángelus:  

Angelus Dómini nuntiávit Mariæ.

Et concépit de Spíritu Sancto.

Ave Maria…


Ecce ancílla Dómini.

Fiat mihi secúndum verbum tuum.

Ave Maria…


Et Verbum caro factum est.

Et habitávit in nobis.

Ave Maria…


Ora pro nobis, sancta Dei génetrix.

Ut digni efficiámur promissiónibus Christi.


Orémus.

Grátiam tuam, quǽsumus, Dómine,

méntibus nostris infunde;

ut qui, Ángelo nuntiánte, Christi Fílii tui incarnatiónem cognóvimus, per passiónem eius et crucem, ad resurrectiónis glóriam perducámur. Per eúndem Christum Dóminum nostrum.


Amen.


Gloria Patri… (ter)

Requiem aeternam…


Benedictio Apostolica seu Papalis


Dominus vobiscum.Et cum spiritu tuo.

Sit nomen Benedicat vos omnipotens Deus,

Pa ter, et Fi lius, et Spiritus Sanctus.


Amen.


Después de la oración mariana del Ángelus el Papa ha dicho:


Queridos hermanos y hermanas:


Los saludo con afecto a todos ustedes, romanos y peregrinos de Italia y de otras partes del mundo, en particular a los que han venido desde Jumilla, en España, y al grupo de docentes del Our Lady College, de Hong Kong. Saludo además a los fieles de Chieti Scalo y de Voghera, a los profesores y a los alumnos del Liceo Científico “Banzi Bazoli” de Lecce, y a los miembros de la “Fundación Agustinos en el Mundo”, con motivo de su aniversario.


Hoy también deseo dirigir un saludo especial a los niños y adolescentes de Roma. Queridos amigos, han venido con sus familiares y con los catequistas para la bendición de las imágenes del Niño Jesús, que colocarán en el pesebre de sus casas, de las escuelas y de los oratorios. Agradezco al Centro de Oratorios Romanos que ha organizado este evento y bendigo de corazón todas las imágenes del Niño Dios. Queridos chicos, ante el pesebre, recen a Jesús también por las intenciones del Papa. En particular, recemos juntos para que todos los niños del mundo puedan vivir en paz. ¡Les agradezco de corazón!


Y con las imágenes del Niño Dios y con todas las expresiones de nuestra fe en Él los bendiga siempre el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.


A todos les deseo un feliz domingo y una santa y serena Navidad.


Papa León XIV










Fotos: Vatican Media, 21-12-2025

Homilía de Mons. Jesús Fernández, obispo de Córdoba, y lecturas de la Misa de hoy, IV domingo de Adviento, 21-12-2025

21 de diciembre de 2025.-  (Camino Católico) Homilía de Mons. Jesús Fernández, obispo de Córdoba, y lecturas de la Misa de hoy, IV domingo de Adviento, emitida por 13 TV desde la Catedral de Córdoba.

Santa Misa de hoy, IV domingo de Adviento, en la catedral de Córdoba, 21-12-2025

21 de diciembre de 2025.-  (Camino Católico) Celebración de la santa Misa de hoy, IV domingo de Adviento, presidida por Mons. Jesús Fernández, obispo de Córdoba, emitida por 13 TV desde la Catedral de Córdoba.

Misterios Gloriosos del Santo Rosario, desde el Santuario de Lourdes, 21-12-2025

21 de diciembre de 2025.- (Camino Católico).- Rezo de los Misterios Gloriosos del Santo Rosario, correspondientes a hoy, domingo, desde la Gruta de Massabielle, en el Santuario de Lourdes, en el que se intercede por el mundo entero. 

Palabra de Vida 21/12/2025: «Le pondrás por nombre Jesús» / Por P. Jesús Higueras


Camino Católico.- Espacio «Palabra de Vida» de 13 TV del 21 de diciembre de 2025, IV domingo de Adviento, presentado por el padre Jesús Higueras en el que comenta el evangelio del día.



Evangelio: San Mateo 1, 18-24:

La generación de Jesucristo fue de esta manera:

María, su madre, estaba desposada con José y, antes de vivir juntos, resultó que ella esperaba un hijo por obra del Espíritu Santo.

José, su esposo, que era justo y no quería difamarla, decidió repudiarla en privado. Pero, apenas había tomado esta resolución, se le apareció en sueños un ángel del Señor que le dijo:

«José, hijo de David, no temas acoger a María, tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo, y tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de los pecados».

Todo esto sucedió para que se cumpliese lo que había dicho el Señor por medio del profeta:

«Mirad: la Virgen concebirá y dará a luz un hijo y le pondrá por nombre Emmanuel, que significa «Dios-con-nosotros»».

Cuando José se despertó, hizo lo que le había mandado el ángel del Señor y acogió a su mujer.