Robin, la enfermera que presenció la recuperación del bebé; el doctor almeriense Juan Sánchez; Tyquan Hall, el niño que sobrevivió gracias a un milagro del Cura Valera; y sus padres / Foto: Diócesis de Almería
* El médico Juan Sánchez que lo atendió cuenta que «Tyquan nació en una situación que me encuentro con bastante frecuencia: no es raro, niños que nacen sin respiración... Con estimulación a veces responden. Él nació y empecé con el proceso, pero no respondía. Estuvo pálido, gris, y con la saturación muy baja. Estuve una hora intentando resucitarlo pero los pulmones no ventilaban. Ya no sabía qué más podía hacer. Esperamos diez minutos más y después me fui a hablar con los padres... Algo que me sorprendió de mí mismo fue pensar en el Cura Valera en ese momento y pedirle que le curara. Cada vez que pienso eso, me pongo...»
Camino Católico.- Este sábado, 7 de febrero, a las 11 de la mañana, ha sido beatificado el Cura Valera por el Cardenal Marcello Semeraro, prefecto del Dicasterio de las Causas de los Santos en el Espacio Polivalente de Huercal-Overa, Almería. Y en la beatificación ha estado Tyquan Hall junto a su familia. Él es el niño estadounidense que vive gracias a un milagro del Cura Valera y el viernes 6 de febrero ha hablado para los medios de comunicación. Junto a él estaban su padre y su madre, visiblemente emocionados, y una pieza clave en esta historia: el doctor Juan Sánchez, el médico originario de Huércal-Overa que rezó al Cura Valera cuando había dado por perdida la vida del bebé recién nacido con esta invocación: “Cura Valera, he hecho todo lo que ha sido posible, ahora te toca a ti”.
"Tengo que darle las gracias a él, porque sino, no estaría aquí. Pienso todos los días en el Cura Valera", aseguraba rotundamente Tyquan, un joven que tiene solo 19 años y es la prueba viva de que los milagros existen. No solo porque sobrevivió cuando parecía imposible, sino porque de aquella hora larga sin respiración tendrían que haberle quedado secuelas irreversibles. Y no hay ni rastro de ellas.
A Tyquan empezaron a contarle su historia cuando apenas tenía cinco años. "No era algo que me creyera, pero con el tiempo empecé a entender lo que pasó... y es impresionante que me haya pasado a mí", explicaba el joven ante la prensa.
Lo que le pasó lo detallaba el médico Juan Sánchez que lo atendió: "Tyquan nació en una situación que me encuentro con bastante frecuencia: no es raro, niños que nacen sin respiración... Con estimulación a veces responden. Él nació y empecé con el proceso, pero no respondía. Estuvo pálido, gris, y con la saturación muy baja. Estuve una hora intentando resucitarlo pero los pulmones no ventilaban. Ya no sabía qué más podía hacer. Esperamos diez minutos más y después me fui a hablar con los padres... Algo que me sorprendió de mí mismo fue pensar en el Cura Valera en ese momento y pedirle que le curara. Cada vez que pienso eso, me pongo...", cuenta Sánchez entrecortado por la emoción.
Junto a él, unos padres que pasaron del luto a la incredulidad en aquel hospital de Providence en el que el médico español llegó a comunicarle el fallecimiento del bebé que habían tenido. La escena, rememorada por Juan Sánchez, tiene incluso un punto cómico: Robin, la enfermera que quedó al cuidado del bebé (y que también está en Huércal-Overa), entró como un torbellino en la habitación en la que Sánchez estaba anunciando la muerte del bebé. "¿Por qué entraba a interrumpirme con tantas prisas, si el bebé está muerto?", pensó entonces el doctor.
Robin cuenta ese momento: “Fue increíble. Yo estaba en la unidad vigilando al bebé. En un momento empezó a cambiar, a recuperarse. Era horrible tener que interrumpir aquella conversación con los padres, pero tenía que hacerlo. Esa imagen se me ha quedado como una foto grabada para siempre”.
Entonces el médico relata que "tuve que ir a comprobar que el bebé había dejado de estar pálido, estaba rosado.. Y volver a la habitación a decirles a los padres que olvidaran todo: 'Les prometo que no soy un estúpido haciendo Medicina. He visto esto muchas veces y no tiene explicación'".
La enfermera Robin asegura que “siempre he tenido una fe fuerte, pero esto la ha reafirmado aún más. Creo que Dios actúa a través de las acciones de las personas”.
Los padres de Tyquan, por su parte, apenas pudieron participar en la rueda de prensa. "Cuando me dijeron que había muerto fue devastador. Y cuando me dijeron que estaba vivo… me sentí genial y muy agradecida. Es un milagro", pudo decir su madre, antes de romper a llorar.
Para el médico, todo es doblemente especial. No solo intermedió para que el Cura Valera obrase un auténtico milagro, golpeando así para siempre en los cimientos de su fe, sino que además todo viene a celebrarse en su Huércal-Overa natal, junto a los suyos.
"Estoy inmensamente feliz. El hecho de que sea ahora oficial la santidad del Cura Valora le da un valor y un estímulo al pueblo que estoy muy feliz. Para mí, el hecho de ser parte de esto me hace sentir especial. Esto no va de mí, va del Cura Valera pero haber contribuido en esto me hace inmensamente feliz", explicaba el doctor.
La fe del pueblo de Huércal-Overa vive en las casas, entre las familias y pasa de generación en generación. De hecho, Sánchez recuerda que, cuando vivió el milagro del pequeño Tyquan, estuvo dos días reflexionando sobre lo que había presenciado. Al no encontrarle explicación, decidió contárselo a su padre. "Y él me dijo: 'Esto ha sido un milagro del Cura Valera'. Fue él quien habló con el párroco y quien inició todo el proceso", recuerda el doctor, que solo se lamenta de que su padre no haya vivido para estar presente en este momento histórico para Huércal - Overa.
Para Juan Sánchez el milagro del Cura Valera supuso un cambio radical en su forma de ver las cosas. "Yo soy católico pero soy científico y un medico necesita tener una explicación, el tratamiento no lo damos rezando", planteaba el doctor ante los medios.
"Las dudas en mi fe vienen de tener una mentalidad científica. Y esas dudas se han disipado por completo cuando me he dado cuenta de que no todo es a+b=c", reconoce Sánchez, que afirma sin pudor: "Mi padre era muy religioso y no estoy a ese nivel pero reconozco que creo en Dios. Esto ha sido una prueba muy clara".
"Hay algo por encima de nosotros", asegura rotundo Sánchez, que reconoce que, a raíz de aquel milagro del Cura Valera "le he pedido más de una vez...".
Con Antonio Gómez Cantero, obispo de Almería, representantes de la Conferencia Episcopal Española y el alcalde de Huércal - Overa, Domingo Fernández, presentes en la rueda de prensa, el mundo ha podido conocer los rostros del milagro.
El obispo ha expresado que “este milagro que lleva a la beatificación de Salvador Parra Valera es una gracia. Lo más importante es que un pueblo ha sido capaz de mantener viva la memoria de un cura de hace casi 200 años. Cuando fui nombrado obispo de Almería, lo primero que recibí fue una caja llena de rosarios y estampas del Cura Valera. Cuando llegué aquí comprobé que la devoción era real. Es un ejemplo sacerdotal: un hombre entregado 24 horas a su gente. El hombre de las tres “P”: los pobres, la penitencia y el Pan de la Eucaristía”.
Un momento de la rueda de prensa en la que han intervenido (de la segunda persona sentada en la izquierda hasta la derecha): Robin, la enfermera que presenció la recuperación del bebé; el doctor almeriense Juan Sánchez; Tyquan Hall, el niño que sobrevivió gracias a un milagro del Cura Valera; y sus padres / Foto: Diócesis de Almería
Santa Misa de beatificación de Salvador Valera Parra, Cura Valera, en Huercal-Overa, 7-2-2026
Homilía del Cardenal Marcello Semeraro en la beatificación de Salvador Valera Parra, Cura Valera, en Huercal-Overa, 7- 2-2026
«Una vida dedicada a tantas personas, especialmente a los enfermos, los pobres y los necesitados que recorrían las calles y habitaban las casas de esta tierra», ha dicho el cardenal Marcello Semeraro, prefecto del Dicasterio para las Causas de los Santos, refiriéndose al sacerdote Salvador Valera Parra, en su homilía del sábado, 7 de febrero, en que ha sido elevado a los honores de los altares.
El testimonio que dejó Parra fue el de quien difunde «el perfume de Cristo», diría San Pablo. Un modelo, dice el cardenal, especialmente para quienes, como él, viven hoy el ministerio pastoral como sacerdotes. Inspirándose en la página del evangelista Juan sobre la figura del Buen Pastor, propuesta por la liturgia de hoy, se mira a Jesús que ofrece su vida por nosotros, la pone literalmente en peligro, la gasta «para hacerla como una raíz de la que podamos alimentarnos». Así lo hizo Cura Valera, que amó a las personas, de nombre y de hecho, estuvo cerca de ellas, comprendió sus problemas y las alivió de sus sufrimientos, recuerda el cardenal.
Acontecimientos especialmente críticos, como epidemias de cólera, terremotos y desastres medioambientales, azotaron su región (en 1863 provocaron destrucción y víctimas), pero Parra permaneció cerca de la población, «visitando a los enfermos, socorriendo a los más débiles, asistiendo a los ancianos. ¡Esto es, ante todo, el cuidado de las almas!», recuerda Semeraro en su homilía. Partiendo de la premisa de que «solo el amor hace posible un conocimiento verdadero, renovado, interior y profundo», el prefecto retoma lo que ya subrayaron los obispos locales en la Carta pastoral «Una vida para los demás», donde escribieron que «en un mundo caracterizado por la prisa, el individualismo y la superficialidad, la figura del padre Valera se erige como un recordatorio de que la verdadera grandeza reside en la sencillez, en la dedicación silenciosa, en la fidelidad perseverante».
El cardenal concluye con la metáfora del llamado «quinto Evangelio», el que cada discípulo de Jesús está llamado a escribir con su propia vida. Eso es lo que hizo Valera. «Él fue un Evangelio viviente: lo miró todo y a todos con los ojos de Jesús; lo amó todo y a todos con el corazón de Jesús. Es un modelo y un ejemplo para nosotros. Esta es también la misión de los santos».
¿Quién es el cura Valera?
Salvador Valera Parra fue un sacerdote diocesano, arcipreste y párroco de Huércal-Overa de donde es originario también el médico Juan Sánchez-Esteban que óró para que el bebé volviera a la vida. Nacido, precisamente, en esta localidad de Almería el 27 de febrero de 1816, falleció también allí en 1889. Ordenado sacerdote el 13 de marzo de 1840, a lo largo de su ministerio sacerdotal se desempeñó como vicepárroco y párroco en su tierra natal, así como en el rol de capellán. También fue párroco en San Lázaro, en Alhama de Murcia, y en la iglesia de Santa María de Gracia, en Cartagena. En total, su ministerio como párroco en Huércal-Overa duró 37 años, en los que se distinguió por numerosas obras de carácter espiritual y social.
Su caridad sobresalió especialmente durante las epidemias de cólera y los terremotos de 1863, que causaron gran destrucción y víctimas. También colaboró activamente en la extinción de incendios, así como en la recaudación de fondos para ayudar a los necesitados. En 1885, fundó una casa de acogida y atención para ancianos junto a santa Teresa Jornet, Fundadora de las Hermanitas de los Ancianos Abandonados, con quien mantuvo contacto directo. Por su servicio, recibió condecoraciones civiles como caballero de la Real Orden de Isabel la Católica y la Orden Civil de Carlos III.
El beato Salvador Parra Valera, el Cura Valera
Fue un hombre de profunda fe, dedicado a la oración, la pobreza más absoluta, la austeridad, la penitencia y el ayuno. Practicó la caridad hacia los demás, poniéndose al servicio de los más desfavorecidos y acogiendo a los pobres en su propia casa. Su obispo lo señalaba habitualmente como un modelo de vida y virtudes sacerdotales para quienes aspiraban al sacerdocio. En su humildad y silencio, se ofreció completamente, siendo conocido como «el Cura de Ars español». Las virtudes teologales (Fe, Esperanza, Caridad) y cardinales (Prudencia, Justicia, Fortaleza, Templanza), junto con las anexas, han sido probadas en grado heroico en su vida, que estuvo acompañada de signos extraordinarios que le originaron fama de santidad.
















