
14 de octubre de 2009.- Se llamaba Stanislawa Leszczynska. Era polaca y vivía una profunda vida religiosa, al mismo tiempo que ejercitaba su profesión de comadrona. En la Polonia de preguerra, todos la recordaban por su disponibilidad, cuando caminaba durante kilómetros para atender a las parturientas. Casada y madre de dos hijos, fue deportada al campo de concentración de Auschwitz durante la Segunda Guerra Mundial y destinada a la llamada «sala de maternidad» que, paradójicamente, era una sala de aniquilación de niños. En el campo, las madres eran necesarias para trabajar, los hijos eran una carga molesta y, por consiguiente, el célebre «doctor» nazi Mengele dio la orden de matarlos al nacer, ahogándolos en un cubo de agua. Estas operaciones fueron realizadas por «Schwester» Klara, partera alemana –que al término de la guerra fue encarcelada por infanticidio– y sus ayudantes. Leer más...
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