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domingo, 25 de enero de 2026

Papa León XIV en homilía, 25-1-2026: «Es tarea común de todos los cristianos decir al mundo, con humildad y alegría: ‘¡Miren a Cristo! ¡Acérquense a Él! ¡Acojan su Palabra que ilumina y consuela!’»

* «Mientras nos reunimos ante los restos mortales del Apóstol de los gentiles, se nos recuerda que su misión es también la misión de todos los cristianos de hoy: anunciar a Cristo e invitar a todos a confiar en Él. Cada encuentro verdadero con el Señor es, en efecto, un momento transformador, que concede una nueva visión y una nueva dirección para llevar a cabo la tarea de edificar el Cuerpo de Cristo»

     

Vídeo de la transmisión en directo de Vatican News, traducido al español, con la homilía del Papa León XIV 

* «Sí, ‘compartimos de hecho la fe en el único y sólo Dios, Padre de todos los hombres, confesamos juntos al único Señor y verdadero Hijo de Dios Jesucristo y al único Espíritu Santo, que nos inspira y nos impulsa a la plena unidad y al testimonio común del Evangelio’ (Carta ap. In unitate fidei, 12). ¡Somos uno! ¡Ya lo somos! ¡Reconozcámoslo, experimentémoslo, manifestémoslo!» 

25 de enero de 2026.- (Camino Católico)  “Es tarea común de todos los cristianos decir al mundo, con humildad y alegría: ‘¡Miren a Cristo! ¡Acérquense a Él! ¡Acojan su Palabra que ilumina y consuela!’”. Las palabras del Papa León resuenan en la basílica de San Pablo Extramuros durante las segundas vísperas de hoy, 25 de enero, que concluyen la 59.ª Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos, en la solemnidad de la conversión del apóstol de las gentes. Son palabras que llegan como un estímulo, una invitación fecunda a los hermanos de las diferentes Iglesias y comuniones cristianas presentes en la Basílica para seguir caminando juntos, para llegar a «comunicar» con «una sola voz la fe a los hombres y mujeres de nuestro tiempo».


El Papa León recuerda la reciente celebración, junto con el Patriarca ecuménico de Constantinopla Bartolomé I, en Iznik, la antigua Nicea, del 1700 aniversario del Concilio, que tuvo lugar el 28 de noviembre de 2025 durante su primer viaje apostólico a Turquía y Líbano. «Recitar juntos el Credo niceno en el mismo lugar donde fue redactado —afirma el Pontífice— ha sido un testimonio precioso e inolvidable de nuestra unidad en Cristo». Un «momento de fraternidad» y de agradecimiento porque el Señor «obró en los Padres de Nicea, ayudándoles a expresar con claridad la verdad de un Dios que se ha hecho cercano a nosotros encontrándonos en Jesucristo». “¡Que también hoy el Espíritu Santo encuentre en nosotros la inteligencia dócil para comunicar con una sola voz la fe a los hombres y mujeres de nuestro tiempo!”. En el vídeo de Vatican News se visualiza y escucha la homilía del Papa, cuyo texto íntegro es el siguiente:



SOLEMNIDAD DE LA CONVERSIÓN DE SAN PABLO APÓSTOL


CELEBRACIÓN DE LAS SEGUNDAS VÍSPERAS

LIX SEMANA DE ORACIÓN POR LA UNIDAD DE LOS CRISTIANOS


HOMILÍA DEL SANTO PADRE LEÓN XIV


Basílica de San Pablo Extramuros

Domingo, 25 de enero de 2026



Queridos hermanos y hermanas:

En uno de los pasajes bíblicos que acabamos de escuchar, el apóstol Pablo se define como «el último de los Apóstoles» (1 Co 15,9). Se considera indigno de este título, porque en el pasado fue perseguidor de la Iglesia de Dios. Sin embargo, no es prisionero de ese pasado, sino más bien «preso por el Señor» (Ef 4,1). Por la gracia de Dios, de hecho, conoció al Señor Jesús Resucitado, que se reveló a Pedro, luego a los Apóstoles y a cientos de otros seguidores del Camino, y finalmente también a él, un perseguidor (cf. 1 Co 15,3-8). Su encuentro con el Resucitado determina la conversión que hoy conmemoramos.

El alcance de esta conversión se refleja en el cambio de su nombre, de Saulo a Pablo. Por la gracia de Dios, aquel que una vez persiguió a Jesús se transformó por completo y se convirtió en su testigo. Aquel que combatía con ferocidad el nombre de Cristo, ahora predica su amor con ardiente celo, como expresa vívidamente el himno que cantamos al comienzo de esta celebración (cf. Excelsam Pauli gloriam, v. 2). Mientras nos reunimos ante los restos mortales del Apóstol de los gentiles, se nos recuerda que su misión es también la misión de todos los cristianos de hoy: anunciar a Cristo e invitar a todos a confiar en Él. Cada encuentro verdadero con el Señor es, en efecto, un momento transformador, que concede una nueva visión y una nueva dirección para llevar a cabo la tarea de edificar el Cuerpo de Cristo (cf. Ef 4,12).

El Concilio Vaticano II, en el inicio de la Constitución sobre la Iglesia, declaró el ardiente deseo de anunciar el Evangelio a toda criatura (cf. Mc 16,15) y así «iluminar a todos los hombres con la claridad de Cristo, que resplandece sobre la faz de la Iglesia» (Const. dogm. Lumen gentium, 1). Es tarea común de todos los cristianos decir al mundo, con humildad y alegría: «¡Miren a Cristo! ¡Acérquense a Él! ¡Acojan su Palabra que ilumina y consuela!» (Homilía del inicio del Ministerio Petrino del Obispo de Roma León XIV, 18 mayo 2025). Queridos hermanos, la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos nos llama cada año a renovar nuestro compromiso común en esta gran misión, conscientes de que las divisiones entre nosotros, si bien no impiden que brille la luz de Cristo, hacen, sin embargo, más opaco aquel rostro que debe reflejarla sobre el mundo.

El año pasado celebramos el 1700° aniversario del Concilio de Nicea. Su Santidad Bartolomé, Patriarca Ecuménico, invitó a celebrar este aniversario en İznik, y doy gracias a Dios por el hecho de que tantas tradiciones cristianas estuvieran representadas en esa conmemoración, hace dos meses. Recitar juntos el Credo niceno en el mismo lugar donde fue redactado fue un testimonio valioso e inolvidable de nuestra unidad en Cristo. Ese momento de fraternidad nos permitió también alabar al Señor por lo que obró en los Padres de Nicea, ayudándoles a expresar con claridad la verdad de un Dios que se ha hecho cercano a nosotros encontrándonos en Jesucristo. ¡Que también hoy el Espíritu Santo halle en nosotros una inteligencia dócil para comunicar con una sola voz la fe a los hombres y mujeres de nuestro tiempo!

En el pasaje de la Carta a los Efesios elegido como tema para la Semana de Oración de este año, escuchamos repetidamente el calificativo “uno”: un sólo cuerpo, un sólo Espíritu, una sola esperanza, un sólo Señor, una sola fe, un sólo bautismo, un sólo Dios (cf. Ef 4,4-6). Queridos hermanos y hermanas, estas palabras inspiradas ¿cómo podrían no conmovernos profundamente? ¿Cómo puede nuestro corazón no arder ante su impacto? Sí, «compartimos de hecho la fe en el único y sólo Dios, Padre de todos los hombres, confesamos juntos al único Señor y verdadero Hijo de Dios Jesucristo y al único Espíritu Santo, que nos inspira y nos impulsa a la plena unidad y al testimonio común del Evangelio» (Carta ap. In unitate fidei, 12). ¡Somos uno! ¡Ya lo somos! ¡Reconozcámoslo, experimentémoslo, manifestémoslo!

Mi querido predecesor, el Papa Francisco, observó que el camino sinodal de la Iglesia católica «es y debe ser ecuménico, así como el camino ecuménico es sinodal» (Discurso a S.S. Mar Awa III, 19 noviembre 2022). Aquello se reflejó en las dos Asambleas del Sínodo de los Obispos de 2023 y 2024, caracterizadas por un profundo celo ecuménico y enriquecidas por la participación de numerosos delegados fraternos. Creo que este es un camino para crecer juntos en el conocimiento mutuo de nuestras respectivas estructuras y tradiciones sinodales. Mientras miramos hacia el bismilésimo aniversario de la Pasión, Muerte y Resurrección del Señor Jesús en el 2033, comprometámonos a desarrollar aún más las prácticas sinodales ecuménicas y a comunicarnos mutuamente lo que somos, lo que hacemos y lo que enseñamos (cf. Por una Iglesia sinodal, 137-138).

Queridos hermanos: Al concluir la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos, dirijo mi cordial saludo al Cardenal Kurt Koch, a los miembros, consultores y personal del Dicasterio para la Promoción de la Unidad de los Cristianos, así como a los participantes en los diálogos teológicos y otras iniciativas promovidas por el Dicasterio. Agradezco la presencia en esta liturgia de numerosos líderes y representantes de las diversas Iglesias y Comuniones cristianas del mundo, en particular del Metropolitano Polykarpos, por el Patriarcado Ecuménico; del Arzobispo Khajag Barsamian, por la Iglesia Apostólica Armenia y del Obispo Anthony Ball, por la Comunión Anglicana. Saludo también a los estudiantes becados por el Comité para la Colaboración Cultural con las Iglesias Ortodoxas y Ortodoxas Orientales del Dicasterio para la Promoción de la Unidad de los Cristianos, a los estudiantes del Instituto Ecuménico de Bossey del Consejo Ecuménico de Iglesias, a los grupos ecuménicos y a los peregrinos que participan en esta celebración.

Los materiales para la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos de este año han sido preparados por las Iglesias de Armenia. Con profunda gratitud, recordamos el valiente testimonio cristiano del pueblo armenio a lo largo de la historia, una historia en la que el martirio ha sido una constante. Al término de esta Semana de Oración, recordamos al santo Catholicós san Nerses Shnorhali', «el Agraciado», que trabajó por la unidad de la Iglesia en el siglo XII. Él se adelantó a su tiempo al comprender que la búsqueda de la unidad es una tarea que incumbe a todos los fieles y requiere la sanación de la memoria. San Nerses también puede enseñarnos la actitud que debemos adoptar en nuestro camino ecuménico, como recordó mi venerado predecesor san Juan Pablo II: «los cristianos deben tener una profunda convicción interior de que la unidad es esencial no para una ventaja estratégica o un beneficio político, sino para bien de la predicación del Evangelio» (Homilía en la celebración ecuménica, Ereván, 26 septiembre 2001).

La tradición nos transmite el testimonio de Armenia como primera nación cristiana, con el bautismo del rey Tirídates en el año 301 por san Gregorio el Iluminador. Demos gracias por cómo, gracias a la labor de intrépidos anunciadores de la Palabra que salva, los pueblos de Europa oriental y occidental acogieron la fe en Jesucristo; y recemos para que las semillas del Evangelio sigan produciendo en este continente frutos de unidad, justicia y santidad, también en beneficio de la paz entre los pueblos y las naciones del mundo entero.

PAPA LEÓN XIV


Fotos: Vatican Media, 25-1-2026

Celebración de las segundas vísperas de la conversión de San Pablo, apóstol, presididas por el Papa León XIV, 25-1-2026

25 de enero de 2026.- (Camino Católico) El Papa León XIV ha celebrado la tarde de hoy, domingo, 25 de enero, las segundas vísperas de la solemnidad de la conversión de San Pablo, que concluyen la 59.ª Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos, en la solemnidad de la conversión del apóstol San Pablo, en las que han participado hermanos de las diferentes Iglesias y comuniones cristianas. En el vídeo Vatican News se visualiza y escucha toda la celebración.

En su homilía el Pontífice ha subrayado que “es tarea común de todos los cristianos decir al mundo, con humildad y alegría: ‘¡Miren a Cristo! ¡Acérquense a Él! ¡Acojan su Palabra que ilumina y consuela!’”.

domingo, 30 de noviembre de 2025

Oraciones a San Andrés, apóstol, ante problemas y dificultades y por los cuidadores de enfermos para que tengan fortaleza para amar

Camino Católico.- Cada 30 de noviembre se celebra la fiesta de San Andrés Apóstol, hermano de San Pedro y patrono de la Iglesia Ortodoxa.

El primero en ser convocado

San Andrés nació en Betsaida. Fue primero discípulo de Juan el Bautista y luego siguió a Jesús. Por intermedio de él, Pedro, su hermano, conoció al Señor.

Dice al respecto San Juan Crisóstomo:

“Andrés, después de permanecer con Jesús y de aprender de Él muchas cosas, no escondió el tesoro para sí solo, sino que corrió presuroso en busca de su hermano, para hacerle partícipe de su descubrimiento. Fíjate en lo que dice a su hermano: Hemos encontrado al Mesías que significa Cristo… Son las palabras de un alma que desea ardientemente la venida del Señor, que espera al que vendrá del cielo, que exulta de gozo cuando se ha manifestado y que se apresura a comunicar a los demás tan excelsa noticia”.

En los Evangelios, Andrés es mencionado varias veces. Por ejemplo, es él quien escucha decir a Felipe que hay unos griegos que quieren conocer al Señor, y decide acompañarlo para presentarlos a Jesús.

Andrés también protagoniza el episodio del milagro de la multiplicación de los panes y los peces. Es él quien lleva ante Jesús al muchacho que tenía los cinco panes y los dos peces.

Ministerio apostólico y patronazgos: la Cruz de San Andrés

La tradición señala que el Apóstol San Andrés, después de Pentecostés, fue a predicar la Buena Nueva entre los griegos y, de acuerdo a ciertos relatos, habría llegado hasta Kiev (Ucrania) en el ejercicio de su predicación.

Se le considera el fundador de la Iglesia en Constantinopla -hoy, Estambul, Turquía-. Son precisamente los herederos del cristianismo oriental quienes lo llaman “Protocletos”, que en griego quiere decir “el primer llamado”.

El Apóstol murió crucificado en Acaya (Grecia). De acuerdo a la tradición, fue puesto sobre una cruz en forma de una “X”. De aquí surge la llamada “cruz aspada”, conocida popularmente como la “Cruz de San Andrés”.

Esta cruz sigue formando parte de la simbología occidental, como es posible notar en estandartes y banderas nacionales, siendo la de Escocia uno de los casos más emblemáticos.

Por la unidad de los que creen en Cristo

El Papa Francisco, en noviembre de 2014, tuvo un encuentro con Bartolomé, Patriarca de Constantinopla, cabeza de la Iglesia Ortodoxa y sucesor de San Andrés. Los patriarcas ortodoxos se consideran sucesores de San Andrés de manera semejante a como los Papas señalan ser sucesores de Pedro.

Aquel encuentro marcó un hito en la larga historia de acercamientos entre cristianos ortodoxos y católicos, involucrados en la tarea de reconstruir la unidad del Pueblo de Dios perdida por el Gran Cisma (1054).

Uno de los momentos más emotivos de aquella histórica visita papal tuvo lugar en las vísperas de la Fiesta de San Andrés, cuando el Papa Francisco le pidió la bendición a Bartolomé e inclinó la cabeza para recibirla.

El Patriarca, quien en varias oportunidades llamó a Francisco "hermano", lo bendijo y lo besó en la cabeza.

Invoquemos con las siguientes oraciones la intercesión de San Andrés, apóstol, ante problemas y dificultades y por los cuidadores de enfermos para que tengan fortaleza para amar.

Oración ante problemas y dificultades

Oh Glorioso apóstol san Andrés, que recibiste la llamada y seguiste al Cordero de Dios dejando de ser pescador de peces para ser por siempre pescador de hombres y tuviste el privilegio de ser el primer discípulo de Jesús.

Tú que aprendiste de Él lo que es el amor hacia los demás escuchaste su Palabra y presenciaste sus obras y milagros y después de recibir al Espíritu Santo, en forma de lengua de fuego, junto a María Santísima y los demás Apóstoles te dedicaste a predicar valientemente el Evangelio y obraste numerosos prodigios y milagros.

Tú que tuviste la suerte de vivir con Cristo en familia, te pido lleves mis peticiones al Divino Maestro para que envíe bendiciones a mi hogar que ahora pasa por serios problemas y necesidades. 

San Andrés, lleno de fidelidad hasta la muerte, que fuiste atado a una cruz donde padeciste por tres días y desde ella seguías hablando a la gente del Buen Jesús, te ruego me otorgues tu protección y por la Santa Cruz de Nuestro Señor te pido me ayudes en mis problemas, en mis tristezas, intercede ante el trono de su Divina Majestad y ruega para que mi petición sea escuchada y respondida y pueda obtener la ayuda especial que necesito en: (decir la petición ante la dificultad o problema que tengamos). 

San Andrés, no tardes en interceder por mis peticiones y pide a Jesús, verdadero Dios y todo caridad, que aplique su mano bienhechora sobre mi familia y remedie todos los males que nos aquejan, que nos llene de amor, salud, paz y abundancia. 

También te pido me enseñes a seguir a Jesucristo, y que tu ejemplo me sirva para hacer buenas obras y no apartarme de los caminos que conducen al Cielo. Por Jesucristo, Nuestro Señor. Amén.

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Oración por los cuidadores de enfermos para que tengan fortaleza para amar

Santo Hermano Andrés, día tras día, acogiste con amor y compasión a las personas que acudían a ti para compartir su sufrimiento.

Has conocido el cansancio de esas largas horas dedicadas al servicio de los demás.

Quién mejor que tú podría comprender el cansancio de las mujeres y los hombres que se entregan día tras día al servicio de un ser querido afectado por la enfermedad.

Quién mejor que tú podría compartir el sufrimiento de los enfermos y su alegría por tener cerca a alguien dispuesto a ayudarles día tras día.

Tú, que eres el patrón de los cuidadores, ayúdanos a tener cada día la fuerza de amar a las personas que cuidamos y la alegría de acoger su amor.

Contigo, llevamos nuestras alegrías y nuestros sufrimientos a los pies del Señor.

Contigo, nos encomendamos a San José y a la Virgen María.

Contigo, nos dirigimos a Dios, nuestro Padre, fuente de toda gracia y bondad.

Amén.

martes, 25 de julio de 2023

lunes, 25 de julio de 2022