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domingo, 13 de octubre de 2024

Homilía del Evangelio del Domingo: Jesús señala a los ricos una vía de salida de su peligrosa situación: «Acumulaos tesoros en el cielo» / Por Cardenal Raniero Cantalamessa, OFM Cap.

* «Muchos –dice Agustín– se afanan en meter su propio dinero bajo tierra, privándose hasta del placer de verlo, a veces durante toda la vida, con tal de saberlo seguro. ¿Por qué no ponerlo nada menos que en el cielo, donde estaría mucho más seguro y donde se volverá a encontrar, un día, para siempre? ¿Cómo hacerlo? Es sencillo, prosigue San Agustín: Dios te ofrece, en los pobres, a los porteadores. Ellos van allí donde tú esperas ir un día. La necesidad de Dios está aquí, en el pobre, y te lo devolverá cuando vayas allí… Existe también el de pagar honestamente los impuestos, crear nuevos puestos de trabajo, dar un salario más generoso a los trabajadores cuando la situación lo permita, poner en marcha empresas locales en los países en vías de desarrollo»

¡Qué difícil es que un rico entre en el Reino de los Cielos!:  Domingo XXVIII del tiempo ordinario – B:

Sabiduría 7, 7-11  /  Salmo  89  /  Hebreos 4, 12-13  /  Marcos 10, 17-30

Cardenal Raniero Cantalamessa, OFM Cap. / Camino Católico.- Una observación preliminar es necesaria para despejar el terreno de posibles equívocos al leer lo que el Evangelio de este domingo dice de la riqueza. Jesús jamás condena la riqueza ni los bienes terrenos por sí mismos. Entre sus amigos está también José de Arimatea, "hombre rico"; Zaqueo es declarado "salvado", aunque retenga para sí la mitad de sus bienes, que, visto el oficio de recaudador de impuestos que desempeñaba, debían ser considerables. Lo que condena es el apego exagerado al dinero y a los bienes, hacer depender de ellos la propia vida y acumular tesoros sólo para uno (Lc 12, 13-21).

La Palabra de Dios llama al apegamiento excesivo al dinero "idolatría" (Col 3, 5; Éf 5, 5). El dinero no es uno de tantos ídolos; es el ídolo por antonomasia. Literalmente "dios de fundición" (Éx 34, 17). Es el anti-dios, porque crea una especie de mundo alternativo, cambia el objeto a las virtudes teologales. Fe, esperanza y caridad ya no se ponen en Dios, sino en el dinero. Se realiza una siniestra inversión de todos los valores. "Nada es imposible para Dios", dice la Escritura, y también: "Todo es posible para quien cree". Pero el mundo dice: "Todo es posible para quien tiene dinero". 

La avaricia, además de la idolatría, es asimismo fuente de infelicidad. El avaro es un hombre infeliz. Desconfiado de todos, se aísla. No tiene afectos, ni siquiera entre los de su misma carne, a quienes ve siempre como aprovechados y quienes, a su vez, alimentan con frecuencia respecto a él un solo deseo de verdad: que muera pronto para heredar sus riquezas. Tenso hasta el espasmo para ahorrar, se niega todo en la vida y así no disfruta ni de este mundo ni de Dios, pues sus renuncias no se hacen por Él. En vez de obtener seguridad y tranquilidad, es un eterno rehén de su dinero. 

Pero Jesús no deja a nadie sin esperanza de salvación, tampoco al rico. Cuando los discípulos, después de lo dicho sobre el camello y el ojo de la aguja, preocupados le preguntaron a Jesús: "Entonces ¿quién podrá salvarse?", Él respondió: "Para los hombres, imposible; pero no para Dios". Dios puede salvar también al rico. La cuestión no es "si el rico se salva" (esto no ha estado jamás en discusión en la tradición cristiana), sino "qué rico se salva". 

Jesús señala a los ricos una vía de salida de su peligrosa situación: "Acumulaos tesoros en el cielo, donde no hay polilla ni herrumbre que corroan" (Mt 6, 20); "Haceos amigos con el dinero injusto, para que, cuando llegue a faltar, os reciban en las eternas moradas" (Lc 16, 9).

¡Se diría que Jesús aconseja a los ricos transferir su capital al exterior! Pero no a Suiza, ¡al cielo! Muchos –dice Agustín– se afanan en meter su propio dinero bajo tierra, privándose hasta del placer de verlo, a veces durante toda la vida, con tal de saberlo seguro. ¿Por qué no ponerlo nada menos que en el cielo, donde estaría mucho más seguro y donde se volverá a encontrar, un día, para siempre? ¿Cómo hacerlo? Es sencillo, prosigue San Agustín: Dios te ofrece, en los pobres, a los porteadores. Ellos van allí donde tú esperas ir un día. La necesidad de Dios está aquí, en el pobre, y te lo devolverá cuando vayas allí. 

Pero está claro que la limosna de calderilla y la beneficencia ya no es hoy el único modo de emplear la riqueza para el bien común, ni probablemente el más recomendable. Existe también el de pagar honestamente los impuestos, crear nuevos puestos de trabajo, dar un salario más generoso a los trabajadores cuando la situación lo permita, poner en marcha empresas locales en los países en vías de desarrollo. En resumen, poner a rendir el dinero, hacerlo fluir. Ser canales que hacen circular el agua, no lagos artificiales que la retienen sólo para sí.

Cardenal Raniero Cantalamessa, OFM Cap.

Evangelio

En aquel tiempo, cuando Jesús se ponía en camino, uno corrió a su encuentro y arrodillándose ante Él, le preguntó: 

«Maestro bueno, ¿qué he de hacer para tener en herencia vida eterna?». 

Jesús le dijo: 

«¿Por qué me llamas bueno? Nadie es bueno sino sólo Dios. Ya sabes los mandamientos: No mates, no cometas adulterio, no robes, no levantes falso testimonio, no seas injusto, honra a tu padre y a tu madre». 

Él, entonces, le dijo: 

«Maestro, todo eso lo he guardado desde mi juventud». 

Jesús, fijando en él su mirada, le amó y le dijo: 

«Una cosa te falta: anda, cuanto tienes véndelo y dáselo a los pobres y tendrás un tesoro en el cielo; luego, ven y sígueme».

Pero él, abatido por estas palabras, se marchó entristecido, porque tenía muchos bienes. Jesús, mirando a su alrededor, dice a sus discípulos: 

«¡Qué difícil es que los que tienen riquezas entren en el Reino de Dios!». 

Los discípulos quedaron sorprendidos al oírle estas palabras. Mas Jesús, tomando de nuevo la palabra, les dijo: 

«¡Hijos, qué difícil es entrar en el Reino de Dios! Es más fácil que un camello pase por el ojo de la aguja que un rico entre en el Reino de Dios». 

Pero ellos se asombraban aún más y se decían unos a otros:

«Y ¿quién se podrá salvar?». 

Jesús, mirándolos fijamente, dice: 

«Para los hombres, imposible; pero no para Dios, porque todo es posible para Dios». 

Pedro se puso a decirle: 

«Ya lo ves, nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido». 

Jesús dijo: 

«Yo os aseguro: nadie que haya dejado casa, hermanos, hermanas, madre, padre, hijos o hacienda por mí y por el Evangelio, quedará sin recibir el ciento por uno: ahora al presente, casas, hermanos, hermanas, madres, hijos y hacienda, con persecuciones; y en el mundo venidero, vida eterna».

Marcos 10, 17-30

Homilía del Evangelio del Domingo: Ser creyente supone estar dispuesto a renunciar a nuestros planes y proyectos para acoger la voluntad de Dios / Por P. José María Prats

* «Hemos de aprender a discernir y amar nuestra vocación, lo que Dios quiere que seamos y hagamos como miembros de su pueblo. Y ello sin caer nunca en la tentación de compararnos con los demás: Dios, en su amor inmenso hacia todos los hombres, ama y conduce a cada uno por un camino distinto. A uno lo llena de riquezas para que organice la vida económica en favor de los demás, a otro le da sabiduría para que guíe a sus hermanos, a otro lo purifica con dificultades y penurias. Lo importante es saber descubrir el amor de Dios en todo lo que vivimos»

  Domingo XXVIII del tiempo ordinario – B:

Sabiduría 7, 7-11  /  Salmo  89  /  Hebreos 4, 12-13  /  Marcos 10, 17-30

P. José María Prats / Camino Católico.-  Este pasaje del hombre rico nos invita a revisar nuestra actitud fundamental ante la vida y nuestra relación con Dios, porque en mayor o menor medida todos participamos de la forma de sentir, pensar y actuar de este hombre rico.

Fijaos que este hombre era, en principio, una buena persona: reconocía la autoridad de Jesús, cumplía los mandamientos desde su juventud y estaba preocupado por heredar la vida eterna.

Sin embargo, el evangelio nos hace ver que no era un verdadero creyente porque no confiaba en Dios, no se atrevía a abandonarse en sus manos. Se había cerrado a la voluntad de Dios y pretendía tenerlo todo controlado para que las cosas fueran como él quería. El dinero le permitía llevar siempre a cabo sus deseos y proyectos y garantizar su bienestar material, al que no estaba dispuesto a renunciar por nada. Por otra parte, era consciente de que la vida en este mundo se acaba y quería garantizar también su bienestar en el más allá. De ahí su empeño en cumplir los mandamientos, como si con ello pudiera exigir a Dios la vida eterna. Pero para asegurarlo todo aún más, va a ver a Jesús para que le confirme que está en el buen camino. Y Jesús le desmonta la película por completo.

Y es que ser creyente supone bastante más que cumplir los mandamientos: supone estar dispuesto a renunciar a nuestros planes y proyectos para acoger la voluntad de Dios, sus designios para nuestra vida. El Señor lo dice muy claramente en el evangelio: «el que cumple la voluntad de Dios, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre» (Mc 3,35). Jesús se da cuenta de que el dinero está impidiendo a este hombre abrirse a la voluntad de Dios y por ello le dice: quita de en medio este obstáculo que te separa de mí, vende lo que tienes, dale el dinero a los pobres y luego sígueme.

Y a este hombre le ocurrió lo que nos puede ocurrir también a nosotros: pensó que el designio de Dios para su vida que Jesús le estaba manifestando no coincidía con sus intereses. Si se desprendía de sus bienes ¿cómo iba a garantizar su bienestar? ¿cómo se defendería ante las adversidades de la vida? ¿cómo realizaría sus sueños y sus ilusiones? Creyó que la propuesta de Jesús le llevaba a la muerte cuando en realidad le llevaba a la vida, a la sanación de todo su ser.

Tenemos que convencernos de una cosa: de que nos realizamos como personas en la medida en que acogemos los designios de Dios para nuestra vida, sean los que sean. Espontáneamente deseamos seguridad, salud, bienestar, reconocimiento social, control de nuestra vida, pero Dios puede pedirnos que recorramos los caminos de la precariedad, la humillación y las dificultades de todo tipo para enseñarnos a ser humildes, a amar y a confiar en Él. Y ante esta situación existe el peligro de reaccionar como el hombre rico, que se alejó de Jesús lleno de pesar.

Hemos de aprender a discernir y amar nuestra vocación, lo que Dios quiere que seamos y hagamos como miembros de su pueblo. Y ello sin caer nunca en la tentación de compararnos con los demás: Dios, en su amor inmenso hacia todos los hombres, ama y conduce a cada uno por un camino distinto. A uno lo llena de riquezas para que organice la vida económica en favor de los demás, a otro le da sabiduría para que guíe a sus hermanos, a otro lo purifica con dificultades y penurias. Lo importante es saber descubrir el amor de Dios en todo lo que vivimos.

El hombre rico manejaba dinero y probablemente se consideraba un buen inversor. Jesús dice en el evangelio que era un pésimo negociante. ¿Qué rentabilidad obtenía de sus bienes? ¿el 10%? Si hubiera seguido a Jesús hubiera obtenido mil veces más: el ciento por uno, es decir, una vida plena, colmada por el amor de los hermanos y la ternura de Dios; y en la edad futura, la vida eterna que tanto ansiaba.

El Señor hoy, pues, nos invita a convertirnos en negociantes audaces acogiendo con amor y confianza lo que Él, en su infinita misericordia, quiere de cada uno de nosotros: éste es el camino de la santidad, la alegría y la paz. Os recomiendo, para avanzar en este camino, que recéis con frecuencia una oración muy breve y muy profunda: Señor, concédeme sabiduría para conocer tu voluntad y fortaleza para cumplirla.

P. José María Prats

Evangelio

En aquel tiempo, cuando Jesús se ponía en camino, uno corrió a su encuentro y arrodillándose ante Él, le preguntó: 

«Maestro bueno, ¿qué he de hacer para tener en herencia vida eterna?». 

Jesús le dijo: 

«¿Por qué me llamas bueno? Nadie es bueno sino sólo Dios. Ya sabes los mandamientos: No mates, no cometas adulterio, no robes, no levantes falso testimonio, no seas injusto, honra a tu padre y a tu madre». 

Él, entonces, le dijo: 

«Maestro, todo eso lo he guardado desde mi juventud». 

Jesús, fijando en él su mirada, le amó y le dijo: 

«Una cosa te falta: anda, cuanto tienes véndelo y dáselo a los pobres y tendrás un tesoro en el cielo; luego, ven y sígueme».

Pero él, abatido por estas palabras, se marchó entristecido, porque tenía muchos bienes. Jesús, mirando a su alrededor, dice a sus discípulos: 

«¡Qué difícil es que los que tienen riquezas entren en el Reino de Dios!». 

Los discípulos quedaron sorprendidos al oírle estas palabras. Mas Jesús, tomando de nuevo la palabra, les dijo: 

«¡Hijos, qué difícil es entrar en el Reino de Dios! Es más fácil que un camello pase por el ojo de la aguja que un rico entre en el Reino de Dios». 

Pero ellos se asombraban aún más y se decían unos a otros:

«Y ¿quién se podrá salvar?». 

Jesús, mirándolos fijamente, dice: 

«Para los hombres, imposible; pero no para Dios, porque todo es posible para Dios». 

Pedro se puso a decirle: 

«Ya lo ves, nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido». 

Jesús dijo: 

«Yo os aseguro: nadie que haya dejado casa, hermanos, hermanas, madre, padre, hijos o hacienda por mí y por el Evangelio, quedará sin recibir el ciento por uno: ahora al presente, casas, hermanos, hermanas, madres, hijos y hacienda, con persecuciones; y en el mundo venidero, vida eterna».

Marcos 10, 17-30

«Dios lo puede todo», esto es Palabra de Dios, pues si lo sabes, confía / Por P. Carlos García Malo

 


sábado, 12 de octubre de 2024

Homilía de Mons. Florencio Roselló, arzobispo de Pamplona, y lecturas de la Misa de hoy, sábado, la Virgen del Pilar, 12-10-2024

12 de octubre de 2024.-  (Camino Católico)  Homilía de Mons. Florencio Roselló, arzobispo de Pamplona, y lecturas de la Santa Misa de hoy,  sábado, solemnidad de la Virgen del Pilar, emitida por 13 TV desde la Basílica del Pilar de Zaragoza.

Santa Misa de la solemnidad de la Virgen del Pilar en Zaragoza, 12-10-2024

12 de octubre de 2024.-  (Camino Católico) Celebración de la Santa Misa de hoy, sábado, solemnidad de la Virgen del Pilar, presidida por Mons. Florencio Roselló, arzobispo de Pamplona, emitida por 13 TV desde la Basílica del Pilar de Zaragoza.

Misterios Gozosos del Santo Rosario desde el Santuario de Lourdes, 12-10-2024

12 de octubre de 2024.- (Camino Católico).- Rezo de los Misterios Gozosos del Santo Rosario, correspondientes a hoy sábado, desde la Gruta de Massabielle, en el Santuario de Lourdes, en el que se intercede por el mundo entero.

Palabra de Vida 12/10/2024: «Bienaventurado el vientre que te llevó» / Por P. Jesús Higueras

Camino Católico.- Espacio «Palabra de Vida» de 13 TV del 12 de octubre de 2024, sábado de la 27ª semana de Tiempo Ordinario, la Bienaventurada Virgen María del Pilar, presentado por el padre Jesús Higueras en el que comenta el evangelio del día.

Evangelio: San Lucas 11, 27-28:

En aquel tiempo, mientras Jesús hablaba a la gente, una mujer de entre el gentío, levantando la voz, le dijo:

«Bienaventurado el vientre que te llevó y los pechos que te criaron».

Pero él dijo:

«Mejor, bienaventurados los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen».

Oración de San Juan Pablo II a la Virgen del Pilar pidiendo por todas las necesidades

Camino Católico.- Cada 12 de octubre se celebra a la Madre de Dios bajo la advocación de la Virgen del Pilar.

De acuerdo a una antigua tradición, el Apóstol Santiago llegó a la península Ibérica (España) para predicar el Evangelio; allí, mientras oraba, se le apareció la Virgen María, de pie, encima de un pilar o columna, en Zaragoza. Santa María vivía aún “en carne mortal”, por lo que se suele aludir a esta aparición como “la llegada de la Virgen”.

Aquel encuentro es el origen de una de las devociones más extendidas y hermosas que hay en la Iglesia católica: la advocación de Nuestra Señora del Pilar, símbolo de la hispanidad católica.

La historia sucedió así: alrededor del año 40 de la era cristiana, San Santiago Apóstol, en una noche de oración -un 2 de enero- a orillas del río Ebro, en Zaragoza, vio a la Madre de Jesús aparecer ante sus ojos, sobre una columna. Ella le pidió que se edifique en ese mismo lugar un templo dedicado a su santo nombre, y que el pilar sobre el que estaba parada sea colocado junto al altar.

"Este sitio permanecerá hasta el fin del mundo para que la virtud de Dios obre portentos y maravillas por mi intercesión con aquellos que imploren mi ayuda", le dijo la Virgen María a Santiago.Incendio arrasa iglesia San Antonio de Padua y convento franciscano en Chile

Después de la aparición, el apóstol y sus discípulos comenzaron la construcción del templo, en cuyo interior permanece la columna hasta hoy. Entonces, los españoles y foráneos que visitaban el lugar empezaron, poco a poco, a referirse a la imagen de la Virgen María colocada junto al altar como “Santa María del Pilar”. La edificación ha sido reconocida como el primer templo de la historia dedicado a María, la Madre de Dios.

Hoy resulta claro que el paso de los siglos atestigua cómo se ha venido cumpliendo lo prometido por la Madre de Dios al Apóstol Santiago: el Pilar permanece de pie, firme, hasta hoy. No ha habido guerra, ni invasión, ni ataque en la era moderna -como el de las bombas arrojadas durante la guerra civil española- que haya podido alterar el santo lugar.

El continente americano, evangelizado por misioneros españoles desde el siglo XVI, fue constituido como tal al amparo de la Madre de Dios; y hoy, en tiempos en los que debe renovarse el espíritu evangelizador, continúa desarrollándose en su identidad bajo el auspicio y protección de la Virgen del Pilar.

Ella fue la protectora de los valientes misioneros que llegaron a tierras americanas para anunciar a Cristo a quienes no lo conocían. En ese sentido, por su trascendencia histórica, el arribo de Cristóbal Colón por primera vez al Nuevo Continente, el 12 de octubre de 1492, ha sido señalado como el día de la Virgen del Pilar de Zaragoza, puesto que tanto el viaje de Colón como la gesta evangelizadora fueron puestos a los pies de la Virgen del Pilar, pidiendo su custodia y ofreciéndole sus frutos.

No fue casualidad que, en 1984, ad portas de la celebración del V Centenario de la Evangelización de América (1992), el Papa San Juan Pablo II reconoció a la Virgen del Pilar como “la Patrona de la Hispanidad”.

Hoy, quienes se reconocen hispanos alrededor del mundo se sienten agradecidos por el don mariano y por recibir una identidad que los invita de nuevo a anunciar a Jesús en un mundo que clama por el amor de Dios.

Pidamos a la Virgen del Pilar por todas las necesidades con la oración de San Juan Pablo II.

Oración

¡Dios te salve, vida, dulzura y esperanza nuestra!

A tus cuidados confío las necesidades de todas las familias de España, las alegrías de los niños, la ilusión de los jóvenes, los desvelos de los adultos, el dolor de los enfermos y el sereno atardecer de los ancianos.

Te encomiendo la fidelidad y abnegación de los ministros de tu Hijo, la esperanza de quienes se preparan para ese ministerio, la gozosa entrega de las vírgenes del claustro, la oración y solicitud de los religiosos y religiosas, la vida y el empeño de cuantos trabajan por el reino de Cristo en estas tierras.

En tus manos pongo la fatiga y él sudor de quienes trabajan con las suyas; la noble dedicación de los que transmiten su saber y el esfuerzo de los que aprenden; la hermosa vocación de quienes con su conciencia y servicio alivian el dolor ajeno; la tarea de quienes con su inteligencia buscan la verdad.

En tu corazón dejo los anhelos de quienes, mediante los quehaceres económicos procuran honradamente la prosperidad de sus hermanos; de quienes, al servicio de la verdad, informan y forman rectamente la opinión pública; de cuantos, en la política, en la milicia, en las labores sindicales o en el servicio del orden ciudadano prestan su colaboración honesta en favor de una justa, pacífica y segura convivencia.

Virgen Santa del Pilar: aumenta nuestra fe, consolida nuestra esperanza, aviva nuestra caridad. Socorre a los que padecen desgracias, a los que sufren soledad, ignorancia, hambre o falta de trabajo.

Fortalece a los débiles en la fe. Fomenta en los jóvenes la disponibilidad para una entrega plena a Dios.

Protege a España entera y a sus pueblos, a sus hombres y mujeres.

Y asiste maternalmente, oh María, a cuantos te invocan como Patrona de la Hispanidad. Amén.

San Juan Pablo II

La Virgen María dice que recemos el Santo Rosario todos los días para encontrar la paz en el mundo y en nuestras vidas / Por P. Carlos García Malo

 


Hoy 12 de octubre la Iglesia recuerda al beato Carlo Acutis, murió con apenas 15 años, que decía: «la Eucaristía es mi autopista hacia el Cielo» / P. Carlos García Malo

 


Conoce al beato Carlo Acutis


Cada 12 de octubre recordamos al Beato Carlo Acutis, el ‘influencer de Dios’, el ‘apóstol de internet’.

Han pasado ya cuatro años y días desde que fue beatificado. En aquella oportunidad, estas palabras sobre el joven beato remecieron a la Iglesia del Tercer Milenio: “Su vida es un modelo particularmente para los jóvenes, para no encontrar justificaciones no solo en los éxitos efímeros, sino en los valores perennes que Jesús sugiere en el Evangelio, es decir, para poner a Dios en primer lugar en las grandes y pequeñas circunstancias de la vida, y para servir a los hermanos, especialmente a los últimos” (Palabras del Cardenal Agostino Vallini en la Homilía de la Misa de beatificación de Carlo Acutis - 10 de octubre de 2020).

Hay algo esencial en la vida cristiana, algo que Carlo supo vivir muy bien: el centro de todo debe ser Dios. Cuando hacemos de Cristo “la piedra angular” de nuestras existencias, la santidad se hace posible, y se vive plenamente.

Carlo Acutis nació el 3 de mayo de 1991 en Londres (Inglaterra), ciudad donde trabajaban sus padres, Andrea Acutis y Antonia Salzano, ambos italianos. Meses después de su nacimiento, Andrea y Antonia decidieron regresar a Italia y se mudaron con Carlo a Milán.


Desde muy pequeño, Carlo evidenció un cariño especial por Dios y una sensibilidad muy peculiar para aprender y conocer las cosas relativas a la fe -a pesar de que sus padres no eran particularmente devotos o practicantes en ese entonces-.

Aquel amor por el Señor no pararía de crecer y se fortalecería aún más en su adolescencia, cuando a Carlo le diagnosticaron leucemia mieloide aguda (8 de octubre de 2006), una rara enfermedad, con casi nula esperanza de vida. En ese momento, lejos de desesperar, Carlo manifestó su deseo de ofrecer su sufrimiento “por el Señor, el Papa y la Iglesia”. Así revelaba su profunda madurez espiritual, a sus cortos 15 años, mostrando precozmente un corazón dispuesto a tomar la forma del Corazón de Cristo.

Son abundantes los testimonios sobre la alegría de Carlo, su fortaleza, su preocupación por el bien de los que le rodeaban, su sensibilidad y empatía para con sus compañeros del colegio -especialmente si eran maltratados-; o, con los pobres, a quienes asistió en numerosas ocasiones junto a sus amigos.

A todos les llamaba la atención la naturalidad con la que el joven se acercaba a los enfermos, a los necesitados o a quien estuviese sufriendo, como asegurándose de que Dios estuviera en sus vidas, y que sea su amor el que los alivie -material o espiritualmente-.


A Carlo Acutis lo han llamado “ciberapóstol de la Eucaristía”, “apóstol de los millennials” y, más recientemente, “apóstol de la Internet”; y es que hay razones suficientes para todos esos “títulos”: Carlo fue un promotor y divulgador, por iniciativa propia, de los milagros eucarísticos en el ciberespacio. Una de las cosas más interesantes que hizo fue diseñar un sitio web con ese fin.

Allí escribió: “Mientras más frecuente sea nuestra recepción de la Eucaristía, más seremos como Jesús. Y en esta tierra podremos pregustar el Cielo”.

Es claro que sus palabras revelan la sana comprensión que tenía de las nuevas tecnologías y su utilidad en la evangelización. Se dice también que gustaba de los videojuegos y que incluso tuvo una consola PlayStation 2, la que por decisión propia solo usaba los domingos durante una hora.

Sabemos que todo santo es hijo de su tiempo, poseedor de una impronta particular, pero capaz de cuestionar las condiciones propias del momento en el que vive. Cualquier cosa que pueda decirse de Carlo Acutis solo puede entenderse bajo esos criterios. Vivió como un chico común de finales del siglo XX -paseaba, jugaba, estudiaba, ayudaba en casa, se divertía con amigos y familiares, gustaba de las aventuras, el deporte, el cine, la música-; sin embargo no se limitó a eso: Carlo escogió antes que nada la ruta hacia lo eterno, ‘la parte mejor’, sin dejarse llevar por la corriente en contra, tan fuerte en su tiempo como lo es hoy. 

¿Cómo fue eso posible? El joven beato mantuvo siempre un trato frecuente con la Eucaristía -en la oración frente al Santísimo Sacramento y en la comunión frecuente- y una hermosa relación con la Virgen María. Carlo iba a misa varias veces por semana y gozaba al rezar el Rosario todos los días. Así es como se convirtió, con esfuerzo, en un joven forjado en la oración, un chico que no se perdió en el “bullicio” del mundo o sus veleidades. Constantemente decía: “La Eucaristía es mi autopista al Cielo”.


Carlo murió el 12 de octubre de 2006, día de la Virgen del Pilar, solo unos cuantos días después de que se le diagnosticara su enfermedad. Fue sepultado en Asís, por expreso pedido suyo, debido al gran amor que le tenía a San Francisco. 

Su causa de beatificación se abrió en 2013 y fue declarado “Venerable” en 2018 y desde el  10 de octubre de 2020, se cuenta entre los beatos de la Iglesia.

El milagro que hizo posible su beatificación sucedió en Brasil (12 de octubre de 2013 en Campo Grande, Brasil). Gracias a su intercesión, un niño de siete años resultó curado de una grave y extraña enfermedad: un trastorno pancreático considerado irreversible.

El pequeño curado se llama Matheus. Este padecía una malformación congénita conocida como páncreas anular, condición que impide la correcta ingesta y digestión de los alimentos, entorpece la nutrición y atrofia el crecimiento de la persona, causándole además numerosos malestares. La madre de Matheus tuvo noticia de Carlo Acutis a través de un sacerdote amigo y se dedicó a pedir su intercesión por la curación de su hijo. El milagro tuvo lugar después de que Matheus venerara una de las reliquias del nuevo beato.

El pasado 23 de mayo de 2024, el Papa Francisco ha aprobado el milagro atribuido a la intercesión del Beato Carlo Acutis que haría posible su canonización. Este ocurrió en Florencia (Italia) a una joven estudiante costarricense que sufrió un accidente de bicicleta que la dejó al borde de la muerte. Ella se recuperó completamente después de que los médicos la habían desahuciado.