9 de agosto de 2026.- (Camino Católico) Homilía de Mons. José Manuel Lorca, obispo de Cartagena, y lecturas de la Misa de hoy, XIX domingo del Tiempo Ordinario, emitida por 13 TV, desde la Catedral de Murcia.
domingo, 9 de agosto de 2026
Santa Misa de hoy, XIX domingo del Tiempo Ordinario, en la Catedral de Murcia, 9-8-2026
9 de agosto de 2026.- (Camino Católico) Celebración de la Santa Misa de hoy, XIX domingo del Tiempo Ordinario, presidida por Mons. José Manuel Lorca, obispo de Cartagena, emitida por 13 TV desde la Catedral de Murcia.
Misterios Gloriosos del Santo Rosario, desde el Santuario de Lourdes, 9-8-2026
9 de agosto de 2026.- (Camino Católico).- Rezo de los Misterios Gloriosos del Santo Rosario correspondientes a hoy, domingo, desde la Gruta de Massabielle, en el Santuario de Lourdes, en el que se intercede por el mundo entero.
Palabra de Vida 9/8/2026: «La barca iba sacudida por las olas» / Por P. Jesús Higueras
Camino Católico.- Espacio «Palabra de Vida» de 13 TV del 9 de agosto de 2026, domingo de la 19ª semana del Tiempo Ordinario, presentado por el padre Jesús Higueras en el que comenta el evangelio del día.
Evangelio: san Mateo 14, 22-33:
Después de que la gente se hubo saciado, Jesús apremió a sus discípulos a que subieran a la barca y se le adelantaran a la otra orilla, mientras él despedía a la gente.
Y, después de despedir a la gente, subió al monte a solas para orar. Llegada la noche, estaba allí solo.
Mientras tanto, la barca iba ya muy lejos de tierra, sacudida por las olas, porque el viento era contrario. A la cuarta vela de la noche se les acercó Jesús andando sobre el agua. Los discípulos, viéndole andar sobre el agua, se asustaron y gritaron de miedo, diciendo que era un fantasma.
Jesús les dijo en seguida:
«¡Ánimo, soy yo, no tengáis miedo!».
Pedro le contestó:
«Señor, si eres tú, mándame ir a ti andando sobre el agua».
Él le dijo:
«Ven».
Pedro bajó de la barca y echó a andar sobre el agua acercándose a Jesús; pero, al sentir la fuerza del viento, le entró miedo, empezó a hundirse y gritó:
«Señor, sálvame».
Enseguida Jesús extendió la mano, lo agarró y le dijo:
«¡Hombre de poca fe! ¿Por qué has dudado?».
En cuanto subieron a la barca, amainó el viento.
Los de la barca se postraron ante él, diciendo:
«Realmente eres Hijo de Dios».
Homilía del evangelio del domingo: Mantener los ojos fijos en Jesús sin dudar jamás de su poder para salvarnos; si apartamos de Él la mirada y la ponemos en los problemas, nos vencerá el miedo y nos hundiremos / Por P. José María Prats
* «Jesús se hace presente en medio de la tormenta y nos invita a confiar en Él: «¡Ánimo, soy yo, no tengáis miedo!». Pero no sólo nos visita y nos anima con sus palabras sino que, sobre todo, nos comunica la fuerza que necesitamos para poder superar las dificultades que estamos viviendo»
Domingo XIX del tiempo ordinario - A
1 Reyes 19, 9a.11-13a / Salmo 84 / Romanos 9, 1-5 / San Mateo 14, 22-33
P. José María Prats / Camino Católico.- El evangelio de hoy nos proporciona una enseñanza muy interesante sobre el sentido de las tormentas o crisis en nuestra vida y sobre cómo afrontarlas.
En primer lugar, nos enseña que estas tormentas tienen un sentido, están en los planes de Dios y tienen siempre como finalidad nuestro bien. Jesús sabía que aquella noche iba a desatarse una gran tormenta en el lago y, sin embargo, apremió a sus discípulos a subir a la barca y navegar hacia la otra orilla. ¿Por qué? Porque la tormenta era el instrumento del que se iba a valer para hacer comprender a sus discípulos que en verdad era el Hijo de Dios. La tormenta tiene, pues, un sentido. A menudo no somos capaces de comprender este sentido, pero debemos tener la certeza de que –como dice San Pablo– «Dios interviene en todas las cosas para bien de los que le aman».
Otra enseñanza de este pasaje que debería ser para nosotros una fuente extraordinaria de consuelo y de confianza en tiempos de tormenta es que, en estos momentos tan difíciles, Jesús intercede incesantemente por nosotros ante el Padre: mientras la barca estaba siendo sacudida por las olas, Él estaba en lo alto de un monte orando por sus discípulos. No es lo mismo afrontar una tormenta creyendo que estamos solos que hacerlo sabiendo que Jesús está intercediendo ante el Padre por nosotros.
Pero vemos también cómo la tormenta es el lugar privilegiado en el que recibimos la visita y el auxilio del Señor. Jesús se hizo presente en medio de aquellas olas que amenazaban con hundir la barca, y lo mismo vemos que ocurre en tantos otros pasajes de la Biblia donde los fieles pasan por momentos de gran dificultad. Pensemos, por ejemplo, en aquellos tres jóvenes que Nabucodonosor hizo arrojar al fuego por negarse a adorar su estatua; cuando el rey fue a ver lo que sucedía exclamó: «¿No arrojamos al fuego a estos tres hombres atados? ... ¿Pues cómo es que veo ahora cuatro hombres desatados que caminan en medio del fuego sin sufrir daño y el cuarto tiene aspecto de un Dios?» (Dn 3,24-25).
Jesús se hace presente en medio de la tormenta y nos invita a confiar en Él: «¡Ánimo, soy yo, no tengáis miedo!». Pero no sólo nos visita y nos anima con sus palabras sino que, sobre todo, nos comunica la fuerza que necesitamos para poder superar las dificultades que estamos viviendo.
Jesús caminando sobre el mar es una de las imágenes más bellas de la Escritura que nos habla de su poder y de su victoria. El mar y las olas simbolizan en la Biblia las fuerzas del mal que amenazan con hacer naufragar al hombre. Pues sobre estas olas camina Jesús, porque el Padre lo ha puesto todo bajo sus pies: «Me ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra» (Mt 28,18).
Y ante este espectáculo sobrecogedor vemos cómo Pedro exclama: «Señor, si eres tú, mándame ir hacia ti andando sobre el agua». ¿Qué es lo que está pidiendo Pedro a Jesús con esta súplica aparentemente tan caprichosa? Le está diciendo: “Señor, concédeme compartir tu victoria, haz que tu victoria sobre el mundo y sobre las fuerzas del mal sea también mi victoria”. Y Jesús le responde: «¡Ven!».
También nosotros, cuando estamos atrapados en la tormenta, recibimos la visita del Señor, que nos dice: “Ven, no tengas miedo; ven hacia mí andando sobre el agua”. Y a esta llamada hemos de responder –como Pedro– saltando de la barca y caminando hacia Jesús. Pero entonces, recordemos que sólo una cosa nos permitirá andar sobre el mar: mantener los ojos fijos en Jesús sin dudar jamás de su poder para salvarnos. Si apartamos de Él la mirada y la ponemos en la fuerza del viento, es decir, en la magnitud de los problemas que tenemos que afrontar, nos vencerá el miedo y nos hundiremos.
No nos dejemos acobardar por la altura de las olas; fijemos la mirada en Jesús y Él nos dará la fuerza necesaria para vencer. Y cuando finalmente llegue la calma y alcancemos la otra orilla del lago descubriremos que la tormenta no fue en vano, porque en ella se nos habrá revelado la suprema verdad: que Jesucristo es el Hijo de Dios y el Salvador de los hombres.
P. José María Prats
Evangelio:
Después de que la gente se hubo saciado, Jesús apremió a sus discípulos a que subieran a la barca y se le adelantaran a la otra orilla, mientras él despedía a la gente.
Y después de despedir a la gente subió al monte a solas para orar. Llegada la noche estaba allí solo.
Mientras tanto la barca iba ya muy lejos de tierra, sacudida por las olas, porque el viento era contrario. A la cuarta vela de la noche se les acercó Jesús andando sobre el mar. Los discípulos, viéndole andar sobre el agua, se asustaron y gritaron de miedo, diciendo que era un fantasma.
Jesús les dijo enseguida:
«Ánimo, soy yo, no tengáis miedo!».
Pedro le contestó:
«Señor, si eres tú, mándame ir a ti sobre el agua».
Él le dijo:
«Ven».
Pedro bajó de la barca y echó a andar sobre el agua acercándose a Jesús; pero, al sentir la fuerza del viento, le entró miedo, empezó a hundirse y gritó:
«Señor, sálvame».
Enseguida Jesús extendió la mano, lo agarró y le dijo:
«Hombre de poca fe! ¿Por qué has dudado?».
En cuanto subieron a la barca amainó el viento. Los de la barca se postraron ante él diciendo:
«Realmente eres Hijo de Dios».
San Mateo 14, 22-33
El Señor nunca abandona a quien lo invoca con fe, siempre extiende su mano para levantarnos; reza y confía / Por P. Carlos García Malo
sábado, 8 de agosto de 2026
San Juan María Vianney, el Santo Cura de Ars, y la Eucaristía / Película de Dibujos animados
Camino Católico.- San Juan María Vianney, el Santo Cura de Ars, y la Eucaristía, película de dibujos animados para niños de la serie “Mi familia católica” de EWTN .
Homilía del P. Carmelo Donoso y lecturas de la Misa de hoy, sábado, santo Domingo de Guzmán, 8-8-2026
8 de agosto de 2026.- (Camino Católico) Homilía del P. Carmelo Donoso y lecturas de la Santa Misa de hoy, sábado de la 18ª semana del Tiempo Ordinario, santo Domingo de Guzmán, presbítero, emitida por 13 TV desde la Basílica de la Concepción de Madrid.
Santa Misa de hoy, sábado, santo Domingo de Guzmán, 8-8-2026
8 de agosto de 2026.- (Camino Católico) Celebración de la Santa Misa de hoy, sábado de la 18ª semana del Tiempo Ordinario, santo Domingo de Guzmán, presbítero, presidida por el P. Carmelo Donoso, emitida por 13 TV desde la Basílica de la Concepción de Madrid.
Misterios Gozosos del Santo Rosario, desde el Santuario de Lourdes, 8-8-2026
8 de agosto de 2026.- (Camino Católico).- Rezo de los Misterios Gozosos del Santo Rosario correspondientes a hoy, sábado, desde la Gruta de Massabielle, en el Santuario de Lourdes, en el que se intercede por el mundo entero.
Palabra de Vida 8/8/2026: «Si tuvierais fe, nada os sería imposible» / Por P. Jesús Higueras
Camino Católico.- Espacio «Palabra de Vida» de 13 TV del 8 de agosto de 2026, sábado de la 18ª semana del Tiempo Ordinario, presentado por el padre Jesús Higueras en el que comenta el evangelio del día.
Evangelio: san Mateo 17, 14-20:
En aquel tiempo, se acercó a Jesús un hombre que, de rodillas le dijo:
«Señor, ten compasión de mi hijo que es lunático y sufre mucho: muchas veces se cae en el fuego o en el agua. Se lo he traído a tus discípulos, y no han sido capaces de curarlo».
Jesús contestó:
«¡Generación incrédula y perversa! ¿Hasta cuándo estaré con vosotros, ¿hasta cuándo tendré que soportaros? Traédmelo».
Jesús increpó al demonio y salió; en aquel momento se curó el niño.
Los discípulos se acercaron a Jesús y le preguntaron aparte:
«¿Y por qué no pudimos echarlo nosotros?».
Les contestó:
«Por vuestra poca fe. En verdad os digo que, si tuvierais fe como un grano de mostaza, le diríais a aquel monte: “Trasládate desde ahí hasta aquí”, y se trasladaría. Nada os sería imposible».
Misterios Gozosos del Santo Rosario en la Parroquia Asunción de Nuestra Señora, Torrelodones, 8-8-2026
8 de agosto de 2026.- (Camino Católico) Misterios Gozosos del Santo Rosario correspondientes a hoy, sábado, en la parroquia Asunción de Nuestra Señora, Torrelodones, emitido por 13 TV.
«Proclama mi alma la grandeza del Señor; se alegra mi espíritu en Dios, mi Salvador» / Por P. Carlos García Malo
viernes, 7 de agosto de 2026
Bradley Cooper, actor: «Comprendí que Dios está en todo, en cada pequeño detalle de nuestra existencia; rezar me mantiene centrado; pido la sabiduría para ser un buen hombre y padre y para no perder el camino»
Bradley Cooper en el Festival de Cine de Nueva York en 2025
* «La muerte de mi padre de cáncer de pulmón en 2011 cambió todo en mí. Te das cuenta de que la vida es corta y que lo único que realmente importa es cómo tratas a los demás y cómo vives tu fe»
Camino Católico.- “Comprendí que Dios está en todo, en cada pequeño detalle de nuestra existencia”, dice el actor Bradley Cooper refiriéndose al momento clave de su conversión en 2011 cuando su padre falleció de un cáncer de pulmón.
Muchos reconocen al actor Bradley Cooper por películas como “Ha nacido una estrella” (A Star Is Born, 2018), “El lado bueno de las cosas” (Silver Linings Playbook, 2012), “El francotirador” (American Sniper, 2014), “Maestro” (2023), o “La gran estafa americana” (American Hustle, 2013). Sin embargo, en medio de su trabajo en Hollywood, da testimonio de su fe católica pese a las crisis que ha vivido en su vida debiendo superar adicciones.
Bradley Cooper nació el 5 de enero de 1975 en Filadelfia, en el seno de una familia muy unida. Su madre, Gloria, trabajaba para una filial local de NBC. Su padre, Charles Cooper, era corredor de bolsa en Merrill Lynch. Bradley también tenía una hermana mayor, Holly.
Su familia era de profunda tradición católica y Cooper atribuye el cimiento de su vida espiritual a la influencia de su abuela materna, una devota mujer de origen italiano, y a sus padres. En diversas entrevistas sobre su infancia, el cineasta ha recordado el papel fundamental que jugaba la oración en el hogar:
“Soy católico. Rezo a diario. Crecí con mi abuela y éramos muy cercanos. La fe católica estaba muy presente en nuestra casa; la misa de los domingos y el rezo del Rosario eran parte natural de nuestra rutina. Me bautizaron. Siempre me encantó la solemnidad de la ceremonia. Mucho tenía que ver con el amor que sentía por mi padre y con verlo con su chaqueta de tweed en misa. Me encantaba cómo rezaba, así que rezaba como él. No por ninguna otra razón que no fuera porque quería ser como mi padre; quería ser como Charlie Cooper. Pero al hacerlo, a través del ritual, empecé a tener fe en Dios. ¿Soy una persona espiritual hoy en día? Sí. No sé cómo podría no serlo. Es como preguntar: ‘¿Respiras?’”.
Esas prácticas de la fe fueron un marco moral y un refugio interno al que acudir cuando su vida profesional amenazó con desmoronarse.
A los 29 años, en medio del ascenso vertiginoso de su carrera tras participar en la serie Alias, Cooper enfrentó una severa crisis personal ligada a la adicción al alcohol y a las drogas, agravada por la insatisfacción profesional y la baja autoestima. El punto de inflexión no llegó mediante un evento estelar, sino a través de una profunda toma de conciencia sobre el propósito de su vida y el valor de su salud espiritual.
"Estaba en una fiesta y me golpeé la cabeza contra el suelo de cemento a propósito, como diciendo: '¡Miren qué duro soy!'. Me levanté y la sangre me goteaba. " luego lo volví a hacer", recuerda Bradley.
La acrobacia llevó a Bradley al hospital, donde permaneció sentado con un calcetín de hielo en la cabeza mientras los médicos le cosían la herida. Fue entonces cuando, en lo más profundo de su ser, Bradley comprendió que su vida tenía un propósito mayor.
"Me di cuenta de que no iba a estar a la altura de mi potencial, y eso me asustó muchísimo. Pensé: 'Vaya, voy a arruinar mi vida; de verdad que la voy a arruinar'".
Bradley Cooper en 2018 durante el estreno de A Star Is Born en Toronto
Ese momento de lucidez fue una verdadera bendición. Bradley Cooper recibió la ayuda que necesitaba y dejó las drogas y el alcohol.
Mirando hacia atrás, el actor ha subrayado en reiteradas ocasiones cómo la gracia divina y el recuerdo de sus valores familiares le permitieron tomar la decisión de rehabilitarse antes de que fuera demasiado tarde: “Si hubiera continuado por ese camino, habría saboteado toda mi vida. Doy gracias a Dios por haber salido de allí a tiempo”.
Si la sobriedad fue el primer gran paso de reorientación, el fallecimiento de su padre, Charles Cooper, en 2011 a causa de un cáncer de pulmón, consolidó la profundidad teológica de su visión del mundo. Cooper acompañó a su padre en sus últimos meses y estuvo a su lado en el momento de su muerte, una experiencia que transformó radicalmente su percepción de la existencia, la mortalidad y la presencia de Dios en lo cotidiano.
Reflexionando sobre aquel evento que marcó un antes y un después en su madurez interior, Cooper ha afirmado: “Su muerte cambió todo en mí. Te das cuenta de que la vida es corta y que lo único que realmente importa es cómo tratas a los demás y cómo vives tu fe. Comprendí que Dios está en todo, en cada pequeño detalle de nuestra existencia”.
Esta vivencia no solo reordenó sus prioridades personales, sino también su acercamiento al arte, buscando proyectos de mayor profundidad humana y responsabilidad moral.
Cooper no duda en dar testimonio de su rutina espiritual en un entorno a menudo indiferente u hostil a las prácticas religiosas tradicionales. Mantiene la oración como el eje central de sus mañanas y noches, pidiendo la guía necesaria para ejercer sus roles como padre, artista y ser humano:
“Rezar me mantiene centrado. No pido cosas materiales o éxito, sino la sabiduría para ser un buen hombre, un buen padre y para no perder el camino”.
Homilía del P. José Aumente y lecturas de la Misa de hoy, viernes, santos Justo y Pastor, 7-8-2026
7 de agosto de 2026.- (Camino Católico) Homilía del P. José Aumente y lecturas de la Santa Misa de hoy, viernes de la 18ª semana del Tiempo Ordinario, santos Justo y Pastor, mártires, emitida por 13 TV desde la Basílica de la Concepción de Madrid.
Santa Misa de hoy, viernes, santos Justo y Pastor, 7-8-2026
7 de agosto de 2026.- (Camino Católico) Celebración de la Santa Misa de hoy, viernes de la 18ª semana del Tiempo Ordinario, santos Justo y Pastor, mártires, presidida por el P. José Aumente, emitida por 13 TV desde la Basílica de la Concepción de Madrid.
Misterios Dolorosos del Santo Rosario, desde el Santuario de Lourdes, 7-8-2026
7 de agosto de 2026.- (Camino Católico).- Rezo de los Misterios Dolorosos del Santo Rosario correspondientes a hoy, viernes, desde la Gruta de Massabielle, en el Santuario de Lourdes, en el que se intercede por el mundo entero.
Palabra de Vida 7/8/2026: «¿Qué podrá dar un hombre para recobrar su alma?» / Por P. Jesús Higueras
Camino Católico.- Espacio «Palabra de Vida» de 13 TV del 7 de agosto de 2026, viernes de la 18ª semana del Tiempo Ordinario, presentado por el padre Jesús Higueras en el que comenta el evangelio del día.
Evangelio: san Mateo 16, 24-28:
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Si alguno quiere venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo, tome su cruz y me siga.
Porque quien quiera salvar su vida, la perderá; pero el que la pierda por mí, la encontrará.
¿Pues de qué le servirá a un hombre ganar el mundo entero, si pierde su alma? ¿O qué podrá dar para recobrarla?
Porque el Hijo del hombre vendrá, con la gloria de su Padre, entre sus ángeles, y entonces pagará a cada uno según su conducta.
En verdad os digo que algunos de los aquí presentes no gustarán la muerte hasta que vean al Hijo del hombre en su reino».
Adoración Eucarística con el P. José Aumente en la Basílica de la Concepción de Madrid, 7-8-2026
7 de agosto de 2026.- (Camino Católico) Adoración al Santísimo Sacramento con el P. José Aumente, emitida por 13 TV desde la Basílica de la Concepción de Madrid.
«En verdad os digo que algunos de los aquí presentes no gustarán la muerte hasta que vean al Hijo del hombre en su Reino» / Por P. Carlos García Malo
jueves, 6 de agosto de 2026
Papa León XIV en homilía en Asís, 6-8-2026: «Fiarse de Dios es reencontrar, como Francisco y Clara, un mundo de hermanos y hermanas para querer, servir y abrazar; apuesten por la civilización del amor»
* «Hoy Europa y el mundo entero buscan en ustedes nuevos santos: ¡tengan la audacia de creer en la palabra del Evangelio, sean muy humanos con la libertad de Jesucristo, abracen la hermana pobreza! El título de su encuentro —Go!— es una misión, un envío por caminos, de los que no tenemos mapas, porque se abren escuchando al corazón, obedeciendo al Espíritu y siguiendo al Resucitado donde ha querido precedernos. Go! ¡Vayan! O mejor todavía: ¡vayamos! Let’s go! A los lugares marginales, donde la injusticia y la prepotencia de unos pocos niegan la dignidad y los sueños de muchos, de demasiados hijos e hijas de Dios»
Vídeo de la transmisión en directo de Vatican News, traducido al español, con la homilía del Papa León XIV
* «Allí donde la humanidad corre el peligro de perder su rostro, nosotros, los cristianos, alzamos los ojos hacia el Dios que se hizo carne, sabiendo que “el misterio del hombre sólo se esclarece en el misterio del Verbo encarnado”. En Jesucristo, esta magnífica humanidad encuentra el camino, la verdad y la vida, abriendo a cada uno de nosotros la vía para crecer hacia la plenitud»
6 de agosto de 2026.- (Camino Católico) En el Evangelio se puede encontrar un sentido y se puede vislumbrar un camino: es el que señala Jesús, en quien Dios se revela. León XIV tiene palabras claras para los 2.500 jóvenes reunidos hoy, 6 de agosto, en Asís con motivo del Go! Franciscan Youth Meeting 2026!, durante la misa que ha presidido en Santa María de los Ángeles. Cristo es el Maestro al que hay que seguir, junto al cual hay que avanzar hacia el futuro: “Fiarse de Dios es reencontrar, como Francisco y Clara, un mundo de hermanos y hermanas para querer y servir, no para explotar y dominar. No un mundo para defender, sino para abrazar. Apuesten, queridos jóvenes, por la civilización del amor”.
Y Asís es un lugar en el que «todo susurra que nuestra vida puede cambiar de forma, irradiar luz, reparar el mundo», señala el Papa, recordando que «aquí comenzó la transfiguración de Francisco, de Clara y luego de miles de otros jóvenes» al acoger el Evangelio «sin concesiones», y así «la vida de Jesús ha renacido en ellos».
En el día en que la Iglesia celebra la festividad de la Transfiguración del Señor, «un misterio de luz», «alegre, pero también lleno de interrogantes sobre el presente y el futuro», que el relato evangélico nos da a conocer mostrándonos también «el contraste entre la luz y la sombra, el silencio y las palabras, el asombro y la incomprensión», el Sumo Pontífice desarrolla su homilía partiendo precisamente de lo ocurrido en el Monte Tabor, donde, «en la transfiguración de Jesús», Dios mismo se reveló «en su gloria», señalando al Hijo e invitando «a escucharlo».
Y León XIV remarca que «la Iglesia existe para llevarnos a este dinamismo de escucha y de decisión, en el que comprender para quién vivir y cómo vivir. Es la comunidad en la que aprender a distinguir la voz de Dios, que nunca coincide simplemente con nuestras opiniones, y atrevernos a esa obediencia al Espíritu Santo que ha hecho audaces y creativos a todos aquellos que han aceptado seguir a Jesús». En el vídeo de Vatican News se visualiza y escucha la homilía del Papa, cuyo texto completo es el siguiente:
VISITA PASTORAL DEL SANTO PADRE LEÓN XIV
A SANTA MARÍA DE LOS ÁNGELES – ASÍS
SANTA MISA CON LOS JÓVENES PARTICIPANTES EN EL "GO! FRANCISAN YOUTH MEETING 2026"
HOMILÍA DEL SANTO PADRE LEÓN XIV
Basílica Papal de Santa María de los Ángeles en la Porciúncula (Asís)
Transfiguración del Señor - Jueves, 6 de agosto de 2026
Queridísimos hermanos y hermanas,
queridísimos jóvenes:
La fiesta de la Transfiguración, que estamos celebrando, es un misterio de luz que nos ayuda a profundizar nuestro encuentro, tan gozoso, pero también cargado de interrogantes sobre el presente y el futuro. En el relato evangélico encontramos el contraste entre luz y sombra, silencio y palabras, estupor e incomprensión. Estamos en Asís, una ciudad a la que vienen, desde hace siglos, muchos peregrinos —hoy también nosotros— porque aquí todo nos susurra que nuestra vida puede cambiar de forma, irradiar luz, reparar el mundo. Aquí comenzó la transfiguración de Francisco, de Clara y de otros miles de jóvenes: acogieron el Evangelio sin glosa —nosotros diríamos: sin descuentos— y la vida de Jesús ha recomenzado en ellos.
Hemos llegado aquí para comprender hacia dónde va la historia y hacia dónde estamos yendo nosotros. En el Evangelio vemos que se puede encontrar un sentido, se puede entrever un camino. Como Pedro, Santiago y Juan somos llevados un poco aparte y Jesús está con nosotros. Esto es lo que cuenta: su presencia. En la montaña, los apóstoles contemplan a Jesús que se orienta hacia su propio futuro. Sobre este punto había habido incomprensión entre ellos. Seis días antes, Pedro había reprochado al Maestro que hubiese hablado abiertamente de la cruz (cf. Mt 16, 21-26): él se esperaba la gloria para el Mesías, tal vez incluso para sí mismo, sin tomar en cuenta las resistencias y los riesgos, pero sobre todo sin preguntarse qué es la gloria. Ahora, en la transfiguración de Jesús, es Dios mismo quien se revela en su gloria, que tiene la apariencia de una nube que protege y envuelve. Señala al Hijo, invita a escucharlo. El camino de la vida se descubre siguiéndolo juntos. Su belleza tiene un nuevo aspecto, una intensidad sin precedentes, tanto que Pedro quisiera detener el tiempo y prolongar esa visión. Generosamente, se ofrece para construir tres tiendas, como si quisiera ver continuar la conversación entre Jesús, Moisés y Elías. Sin embargo, hace falta entrar en esa conversación. No se puede permanecer sólo como espectadores. Estamos llamados a leer las Escrituras con el Maestro, a interpretar nuestro tiempo y a tomar decisiones siguiendo su camino. Estamos aquí para vencer la resignación y el miedo, para disipar las dudas que también nos frenan a nosotros, como frenaron a los apóstoles. Jesús nos llama a dialogar con su historia, para escribir nuevas páginas de la historia.
Al escuchar que «su rostro empezó a brillar como el sol y su ropa se hizo blanca como la luz» (Mt 17,2) pensamos en la mañana de Pascua, cuando un ángel del Señor rodó la piedra que cerraba el sepulcro y trajo el anuncio de la resurrección. «Su aspecto era como el de un relámpago y su vestidura tan blanca como la nieve» (Mt 28,3). Es la luz de un nuevo día, hacia el que estamos orientados, mientras que en torno a nosotros, y a veces dentro de nosotros, hay todavía oscuridad. Vemos su aurora en los santos canonizados, como san Francisco y santa Clara, y en una miríada de hermanos y hermanas que responden al mal con el bien. ¡No estamos solos! En estos días lo han experimentado: se han encontrado y escuchado, pasando del ruido de voces que contrastan y se sobreponen al arte de la conversación. Hoy contemplamos a Jesús que se transfigura precisamente en la conversación con el Padre, con quienes le precedieron, Moisés y Elías, y con sus contemporáneos, los discípulos.
La Iglesia existe para introducirnos en este dinamismo de escucha y de decisión, en el cual comprendemos para quién vivir y cómo vivir. Es en la comunidad en donde aprendemos a distinguir la voz de Dios, que no coincide simplemente con nuestras opiniones, y a ser obedientes al Espíritu Santo, que hace audaces y creativos a todos aquellos que han aceptado seguir a Jesús: nosotros nos desfiguramos separándonos de Él y de los demás; nos transfiguramos, en cambio, en las relaciones que robustecen y llaman a la vida. La espiritualidad franciscana, en la que ustedes se han formado, está muy atenta a reparar las relaciones fundamentales con Dios y con todas sus criaturas: una armonía que hay que custodiar y cultivar, hoy más que nunca.
En este sentido, al comienzo de mi primera Encíclica, he sugerido que: «cada generación recibe como herencia la tarea de dar forma a su propio tiempo: hacer madurar la historia como un lugar donde se proteja la dignidad de cada persona, se promueva la justicia y se haga posible la fraternidad. Pero en cada época se cierne el riesgo de construir un mundo inhumano y más injusto. Allí donde la humanidad corre el peligro de perder su rostro, nosotros, los cristianos, alzamos los ojos hacia el Dios que se hizo carne, sabiendo que “el misterio del hombre sólo se esclarece en el misterio del Verbo encarnado”. En Jesucristo, esta magnífica humanidad encuentra el camino, la verdad y la vida, abriendo a cada uno de nosotros la vía para crecer hacia la plenitud» (Magnifica humanitas, 1).
Queridos amigos, la razón por la que san Francisco nos sigue atrayendo, ochocientos años después de su muerte, radica en la magnífica humanidad que lo llevó a abandonar los caminos ya trazados, para abrir uno nuevo, más coherente con el camino de Jesús. Incluso en una ciudad cristiana desde hacía siglos, como Asís, esto es algo revolucionario. «La elección de Clara resultó aún más impresionante: ¡una joven que quería ser como Francisco, que quería vivir, como mujer, libre como aquellos hermanos!» (Audiencia jubilar, 4 de octubre de 2025). Es la energía del cristianismo, la propia de sus comienzos y de sus múltiples reinicios.
Y bien, queridos jóvenes, hoy Europa y el mundo entero buscan en ustedes nuevos santos: ¡tengan la audacia de creer en la palabra del Evangelio, sean muy humanos con la libertad de Jesucristo, abracen la hermana pobreza! El título de su encuentro —Go!— es una misión, un envío por caminos, de los que no tenemos mapas, porque se abren escuchando al corazón, obedeciendo al Espíritu y siguiendo al Resucitado donde ha querido precedernos. Go! ¡Vayan! O mejor todavía: ¡vayamos! Let’s go! A los lugares marginales, donde la injusticia y la prepotencia de unos pocos niegan la dignidad y los sueños de muchos, de demasiados hijos e hijas de Dios. El Papa Francisco, inspirándose en el pobrecillo de Asís, nos ha puesto en guardia frente a la «tentación de ser cristianos manteniendo una prudente distancia de las llagas del Señor. Pero Jesús quiere que toquemos la miseria humana, que toquemos la carne sufriente de los demás. Espera que renunciemos a buscar esos cobertizos personales o comunitarios que nos permiten mantenernos a distancia del nudo de la tormenta humana» (Papa Francisco, Evangelii gaudium, 270).
Podemos incluso no ser comprendidos por los de nuestra propia casa, como le sucedió a san Francisco. Sin embargo, sustraerse a la cultura de la fuerza y abatir los muros que separan a los seres humanos entre sí, nunca es traicionar a la familia, a la ciudad, a la tradición, sino liberarlas de sus fantasmas, de enemigos inventados por miedo e ignorancia, de la violencia con la que se querría imponer el propio orden minúsculo sobre una realidad que nos desborda por completo. Fiarse de Dios es reencontrar, como Francisco y Clara, un mundo de hermanos y hermanas para querer y servir, no para explotar y dominar. No un mundo para defender, sino para abrazar.
Apuesten, queridos jóvenes, por la civilización del amor, de la cual han encontrado los brotes en tantos ejemplos de gratuidad, y que transfigura —a imagen de Cristo— a innumerables artífices de paz también hoy comprometidos con el servicio a la vida en los más trágicos escenarios de muerte. Unan las mejores energías de su magnífica humanidad —los estudios, las competencias, el trabajo, las amistades, el amor, la oración— actualizando de diversos modos la visión de Francisco. Imagino que conocen esta oración frecuentemente atribuida a él, un texto del pasado siglo:
¡Señor, haz de mí un instrumento de tu paz!
Que allí donde haya odio, ponga yo el amor;
donde haya ofensa, ponga yo el perdón;
donde haya discordia, ponga yo la unión;
donde haya error, ponga yo la verdad;
donde haya duda, ponga yo la fe;
donde haya desesperación, ponga yo la esperanza;
donde haya tinieblas, ponga yo la luz;
donde haya tristeza, ponga yo la alegría.
¡Aquí tenemos “hacia dónde” andar! Go! Pero también especialmente “cómo” andar:
¡Oh, Maestro!, que no busque yo tanto
ser consolado como consolar;
ser comprendido, como comprender;
ser amado, como amar.
Porque dando es como se recibe;
olvidando, como se encuentra;
perdonando, como se es perdonado;
muriendo, como se resucita a la vida eterna.
Queridos amigos: que estos días en Asís se impriman en su memoria y el retorno a casa, a diversos países de Europa a los que viajarán, sea como el descenso de Pedro, Santiago y Juan, del monte alto de la transfiguración. Un retorno reflexivo, abierto al futuro, comprometido con Jesucristo. Él se fía de ustedes, cuenta con ustedes, permanece siempre con ustedes.
PAPA LEÓN XIV


































