«En ese momento noto que Dios está aquí, a mi lado, conmigo. Renuncio a explicar qué pasó. No fue una imaginación, ni una sensación, ni una certeza intelectual. ¿Escuché algo? No. ¿Vi algo? No. ¿Me dijo algo? No. Sencillamente, Él estaba allí. Su presencia no me inquietó; al contrario: me proporcionó una paz interior que ha guiado mi vida desde entonces»

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