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domingo, 11 de octubre de 2026

Dos monjas y un fraile, los hermanos Clarke y todos dominicos: «La fe de toda la familia se profundizó y renovó; sólo Dios podía satisfacer el deseo de felicidad»

La hermana John Peter, el hermano Paul y la hermana Beatriz, todos ellos hermanos de sangre de la familia Clarke y además dominicos

* «Leí las Confesiones de San Agustín y eso cambió por completo mi perspectiva sobre lo que significa vivir la fe. Me di cuenta con sorpresa y alivio de que incluso los grandes santos luchan contra las tentaciones y el mal genio. Me di cuenta de que Dios es más grande y más cercano a mí de lo que podía imaginar. Me di cuenta de que Dios desea darnos felicidad. Anteriormente, había pensado en vivir la fe tratando de no equivocarme, tratar de seguir las reglas, tratar de superar mis fallos, tratar de ser buena»

Camino Católico.-  La Iglesia crece por atracción, por un testimonio de vida y de fe que provoca en el otro un deseo de pertenecer, de ser, de tener aquello que da la felicidad. Y lo mismo ocurre en muchas ocasiones con la vocación religiosa. Incluso en el seno de una misma familia.

Esto es lo que ha sucedido con la familia Clarke y la espiritualidad dominica. Tres hermanos han acabado en la orden, dos chicas como dominicas de Nashville, uno de los grandes fenómenos vocacionales en EEUU, y un varón como fraile. La familia Clarke son 8 hermanos. Todo fue en cadena y por esta atracción. 

Beatriz Clarke, la primera en ingresar como monja dominica, profesó sus votos perpetuos en julio de 2012

Beatriz fue la primera en ingresar al convento de las dominicas y relata que “justo antes de que comenzara mi tercer año de universidad, mi hermana pequeña John Peter de diecisiete años me preguntó si la llevaría a visitar la Casa Madre de Santa Cecilia en Nashville, Tennessee. Acepté; ella hizo los preparativos; y dos semanas después estábamos llegando a la entrada y nos recibió la Directora de Vocaciones. Aunque era mi hermana quien estaba interesada en la comunidad, y fue ella quien había hecho todos los preparativos para nuestra visita, la Directora de Vocaciones, la Maestra de Postulantes y la Maestra de Novicias aún estaban interesadas en mi discernimiento. Me hicieron lo que parecían preguntas comunes: ‘¿Cuánto tiempo llevas discerniendo?’, ‘¿Qué te atrae de la vida religiosa?’ y ‘¿por qué te gustan las dominicas?’. Pero deseaba que no me preguntaran nada”. 

“Mi hermana John Peter  era la persona interesada; Yo era la hermana mayor/chofer amable… pero sí, había estado discerniendo desde la Jornada Mundial de la Juventud en Toronto, y sí, la alegría trascendental de la vida religiosa me atraía, y sí, ciertamente sentía predilección por las dominicas por su amor al Oficio Divino y su celo por las almas… pero no, murmuraba para mis adentros. No. Esto no es para mí… al menos no todavía”, reconoce Beatriz.

“Llegué a Nashville considerándome abierta a una vocación religiosa, pero era una apertura muy limitada. Al reservarme el derecho a estar abierta, pero aún no, me cerraba a las gracias del momento presente, las únicas gracias que podían capacitarme para responder al deseo del Señor de la vocación que tanto anhelaba en el futuro. La alegría confiada que presenciaba en una hermana tras otra contrastaba gratamente con mi temor. Su vida de oración común hablaba del origen de su fortaleza, y su deseo de compartir el Evangelio, testificaban que habían encontrado al Señor. Pero su libertad era casi demasiado para mí. Para tener la libertad que ellas tenían, tendría que renunciar a las condiciones que había establecido para mi discipulado. Temerosa de adentrarme en aguas profundas, intenté minimizar la atracción que sentía por la alegría de las hermanas. Intenté adoptar una actitud escéptica hacia su alegría, pero sabía que era un don de Dios. Así pues, como no podía ignorarlas, intenté descartar la otra idea que rondaba por mi mente: la idea de que sus preguntas surgían porque veían algo que no era producto de mi propia planificación, preparación o bondad, sino un don gratuito de misericordia”, argumenta.

“Al darme cuenta de que el Señor deseaba una verdadera apertura de mi parte, me volví hacia Él. En los meses posteriores a mi visita a Nashville, dejé de lado mis ideas preconcebidas sobre mí misma, mis planes, mi ‘trayectoria vocacional’, y permití que Dios me mostrara lo que quería mostrarme, cuando quería mostrarlo. La noche de Halloween, mientras oraba en la Casa de Estudios Dominica, Él me mostró lo que siempre nos muestra: amor. Pero esa noche volví a ver cómo su amor exige una respuesta total. Supe que, para mí, una respuesta total era la vida consagrada. Los meses posteriores al Retiro Vocacional de enero continuaron impulsándome a abrirme por completo: me encontré lista para aceptar mi vocación en sus términos infinitamente más benevolentes de lo que jamás hubiera imaginado. Profesé mis  ”.


John Peter Clarke fue la segunda de sus hermanos en ingresar en las monjas dominicas y profesó sus votos perpetuos en julio de 2013

Tras ella siguió su hermana John Peter quien explica que “puedes correr, pero no puedes esconderte. Incluso de niña, cuando no estaba corriendo por el jardín o la sala, me sentía atraída por los libros sobre la Madre Teresa y los santos. Nuestra familia nos animaba más con el ejemplo que con las palabras. Durante las frecuentes mudanzas, me tomaba mi tiempo para empacar esos libros y hojearlos; esos libros forjaron en mí el deseo de hacer algo arduo y heroico en un país lejano. Quizás mudarnos a menudo me ayudó a identificarme con los misioneros, especialmente cuando la humedad en Jackson, Misisipi, parecía rivalizar con la que Francisco Javier enfrentó en las selvas de la India”.

Pero añade: “Sin embargo, durante mi adolescencia, esa vocación misionera disminuyó. Pensé en ser escritora, fotógrafa para National Geographic, abogada para inmigrantes o arqueóloga. Necesitaba una introspección profunda. A los dieciséis años, leí las Confesiones de San Agustín y eso cambió por completo mi perspectiva sobre lo que significa vivir la fe. Me di cuenta, con asombro y alivio, de que incluso los grandes santos luchan contra las tentaciones y el mal genio. Comprendí que Dios es más grande, más elevado y más cercano a mí de lo que jamás hubiera imaginado. Comprendí que Dios desea darnos felicidad, y felicidad eterna. Antes, pensaba que vivir la fe consistía en intentar no equivocarme, seguir las reglas, superar mis defectos, simplemente ser bueno. Con San Agustín, empecé a ver que amar a Dios es cuestión de una profunda amistad, de una profunda oración, de un profundo amor que conduce a la alegría. Salía por la noche, miraba las estrellas y simplemente caminaba por nuestras doce hectáreas, tratando de asimilar estas nuevas ideas”.

Además, “por esa misma época, mi familia se unió a una parroquia que tenía un joven sacerdote auxiliar. Su amor por el Señor me inspiró a empezar a ir a misa diaria y a la Adoración vespertina. ¡No recuerdo si les pregunté o siquiera les dije a mis padres adónde iba a las 10 de la noche! Conocí a unas religiosas durante mi penúltimo año de instituto; hasta entonces, no sé si me había dado cuenta de que había religiosas más jóvenes que la Madre Teresa. Me intrigaba, pero no tenía mucho interés en averiguar si esa era mi vocación”.

“Cuando en agosto de 2005 mi hermana Beatriz ingresó en las dominicas, yo me dirigía a Roma y Colonia para la Jornada Mundial de la Juventud 2005, y luego a la Universidad de Toronto en otoño”, dice

“En Roma, visitamos la iglesia dominica de Santa Sabina. Estaba rezando por mi hermana Beatriz en la celda de Santo Domingo, ya que no pude estar presente en su ingreso como religiosa, cuando de repente lo comprendí: «Aquí también hay algo para ti, muchacha». La Vigilia de la Jornada Mundial de la Juventud con el Papa Benedicto XVI confirmó que Dios me estaba atrayendo hacia Él y que solo Él podía satisfacer mi anhelo de felicidad”, asegura.

“Me llevó todo el semestre de otoño en la Universidad de Toronto darme cuenta de que quería ir a ver a las hermanas en Nashville, y no solo a ver a mi hermana. La idea de un compromiso de cinco días para el retiro vocacional en enero —el mismo retiro que mi hermana había hecho el año anterior— me asustaba bastante, pero respiré hondo y pregunté si podía ir, esperando que no me preguntaran por qué. No le había contado a nadie —ni a familiares ni a amigos— que siquiera estaba pensando en la vida religiosa. Estaba avanzando hacia algo y realmente no sabía adónde me dirigía”, relata.

“Una vez que llegué a la Casa Madre, la paz y la alegría que experimenté en la capilla me hicieron detenerme en seco y querer quedarme. Hablé con la Hermana Beatriz una tarde y ella me recordó la historia del joven rico; me preguntó: "¿Dónde puedes ser feliz?". Todo, desde las historias de los misioneros hasta Agustín, pasando por mi inquietud interior y la Jornada Mundial de la Juventud, confluyó. No sé si logré articular una respuesta antes de salir corriendo a buscar a la Directora de Vocaciones para preguntarle si podía solicitar el ingreso, para seguir a Cristo siguiendo los pasos de Santo Domingo. Profesé mis votos perpetuos en julio de 2013”, concluye.

Paul Clarke en su profesión simple como fraile dominico en la Fiesta de la Asunción de 2014

Y tras ellas llegó Paul, hermano pequeño de las dos, y ahora fraile dominico. “Con dos hermanas mayores que ya eran dominicas pensé que estadísticamente no debería ser dominico. La cuota familiar de vocaciones parecía estar llena. Así me liberé de la carga y la molestia de una vocación religiosa. Sin embargo, resulta que la providencia de Dios no se basa en análisis estadísticos. Y mucho mejor para mí”, explica la tercera de las vocaciones de los Clarke.

De este modo, el hermano Paul relata que “una vez que mis hermanas entraron a Santa Cecilia y mi familia comenzó a hacer viajes regulares para visitarlas en la Casa Madre en Nashville, la gracia de sus vocaciones comenzó a infiltrarse en nuestra familia. La fe de toda la familia se profundizó y renovó. En Nashville, tuvimos la oportunidad de conocer a una creciente variedad de hermanas y frailes dominicos que parecían haber aprovechado alguna fuente secreta de alegría y libertad. Nunca antes había conocido a personas tan extrañamente felices”.

Para él esos años fueron una dura lucha. “Durante esos años de la escuela secundaria y la universidad, mientras sentía un impulso hacia la vida religiosa, me resistí a la idea de que mi propia felicidad pudiera implicar tal sacrificio. Estaba resuelto a ser el dueño de mi propio destino, el capitán de mi alma, etc. Aún así, mientras trataba de ignorar la promesa de Cristo de que ‘quien pierda su vida, la salvará’, seguí fascinado por la paradójica libertad que vi en la vida dominica”, añade.

“Con la intención de saldar parte de mi deuda universitaria antes de solicitar ingreso a programas de posgrado en filosofía, me gradué de la Universidad de Santo Tomás en Saint Paul, Minnesota, y comencé a trabajar, primero en una constructora y luego en una editorial. A lo largo de ese año, muchas circunstancias de mi vida comenzaron a converger de manera alarmante en un solo punto: los dominicos. Mi deseo de estudiar y enseñar filosofía desapareció y luego resurgió repentinamente como un anhelo más fuerte y profundo de estudiar y predicar el Evangelio para la salvación de las almas. Tras conmoverme profundamente por algunos sermones sobre la carta de San Pablo a los Romanos, tres cosas se cristalizaron para mí: primero, necesitaba modelar mi vida no según mis propios caprichos y ambiciones, sino según la vida de Cristo; segundo, la Palabra de Dios es transformadora; y tercero, quería predicar la gracia y la libertad del Evangelio que habían transformado mi vida. Me llenó el deseo de ofrecer no solo una parte, sino la totalidad; solicitaría ingreso a los dominicos. Los votos de mis hermanos mayores habían sido un poderoso ejemplo de la alegría de una vida consagrada a Dios. Además, y lo que era más importante para mí, habían demostrado que una vida así es posible. Me di cuenta entonces de que no construimos nuestra felicidad, sino que la recibimos. La libertad no consiste en avanzar, sino en seguir adelante. Ingresé en la Orden en 2013 e hice la profesión simple en la Fiesta de la Asunción de 2014, concluye.

Publicado originariamente en Camino Católico en marzo de 2021.

jueves, 20 de julio de 2023

Fray Marcos, de Masterchef: «Mi interés es que el Evangelio, se ponga de moda»


 * «El Señor nos ha llamado más que a ser exitosos a ser plenos en lo que hacemos, tratando de tener una vida cohesionada, que cuesta muchísimo. Jesús estorbaba a sus coetáneos precisamente por la coherencia y cohesión de vida que había entre lo que pensaba, decía y hacía. Todos estamos llamados a pensar, decir y hacer aquello enfocado en un solo caminar… Yo oré muchísimo para entrar al programa y decía: ‘Señor, si eso va a poner en jaque mi vocación, que tanto me ha costado, no me uses. Pero si esto va a servir para que otros jóvenes digan que quieren ser frailes dominicos pues entonces si quiero entrar. Nada fue planificado. Ahora cuando repaso y me veo concluyo que verdaderamente me usó el Señor, igual que le pedí: ‘Ya sembré lo que tenía que sembrar’ y realmente me retiró”»

Testimonio de conversión, vocación de Fray Marcos J. García S. OP, de de Masterchef, en el programa ‘Ecclesia’ de 13 TV

A.L.M. / Camino Católico.-  Fray Marcos J. García S. OP es sacerdote dominico, venezolano, tiene 45 años y ha participado en la undécima edición del reality show culinario televisivo ‘Masterchef’. Desde muy joven sintió una llamada la vida religiosa y en 1995 ingresó en los Dominicos. Seguramente ha contribuido a su éxito en el programa televisivo que estudió comunicación social y es periodista. Su orden religiosa lo envió a España en 2020. Ha participado en el programa ‘Ecclesia’ de 13 TV en el que ha asegurado que si ha participado en ‘Masterchef’ es porque “mi interés es que el Evangelio, la Buena Nueva, se ponga de moda”.

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viernes, 12 de noviembre de 2021

El hermano Jack Mardesic, un franciscano que vivió la droga y evangeliza ahora por las calles de Bruselas: «Grité a Dios que me perdonase y viví la experiencia del amor del Padre»

 


* «Ese día hubo un vuelco en mi vida. Fui consciente de todo aquello que estaba haciendo, y en un momento todo cambió completamente. Hasta entonces había vivido una especie de cáncer, de muerte, de división.  Me sentí invadido del amor del Padre. Fue el momento más hermoso de mi vida y un impulso en mi interior me hizo ver que debía cambiar de vida radicalmente… Todo cambió 180º desde el momento en el que escuché la voz de Dios que me habló y me dijo: ‘Jack, quiero que seas religioso’. Lo dijo en inglés, porque Dios habla inglés y yo era australiano entonces. Yo iba conduciendo. Nunca en mi vida había pensado en ser religioso (hermano). Eso no formaba parte de mis planes, ni de mis sueños ni de mis deseos»

El vídeo-testimonio del hermano Jack Mardesic  de Découvrir Dieu 

Camino Católico.-  Si quieres conocer al hermano Jack Mardesic tienes que ir a Bruselas. Si es por la mañana, probablemente le hallarás en la capilla del convento de San Antonio, en el centro de la capital belga: «La vida de oración es el fundamento de mi existencia, es mi respiración. Sin la oración, no podría funcionar. Tengo una necesidad vital de Dios, de estar con Él». 

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sábado, 13 de agosto de 2016

Stefan vivía sin Dios, pero una caída de 50 metros desde un ala delta le hizo pensar y clamar: «Si existes, no quiero volver a vivir alejado de Ti”

«En ese momento noto que Dios está aquí, a mi lado, conmigo. Renuncio a explicar qué pasó. No fue una imaginación, ni una sensación, ni una certeza intelectual. ¿Escuché algo? No. ¿Vi algo? No. ¿Me dijo algo? No. Sencillamente, Él estaba allí. Su presencia no me inquietó; al contrario: me proporcionó una paz interior que ha guiado mi vida desde entonces»


martes, 17 de noviembre de 2015

La película «Francesco» de 1989 le llevó al convento: hoy, fray Alessandro vende miles de discos y financia así proyectos misioneros


* «Cantar para mí es responder a la llamada de Dios. Una misión que llevo adelante no para ser famoso, sino para hacer que sea famoso el amor del Señor. No me gusta la fama... Hay quien escuchándome siente paz, quien energía, quien encuentra de nuevo la fe. Es en este sentido que para mí se encarna la voluntad de Dios, pues cantar se convierte en un modo para evangelizar trayendo al mundo algo bello. Yo soy la voz, pero es el Señor quien actúa, es Él quien quiere transmitir algo»

miércoles, 21 de octubre de 2015

Daniele Maria Piras estaba enganchado a las drogas duras a los 16 años, Jesús le rescató y hoy es fraile franciscano

"Mi experiencia de muerte, así como el testimonio de mi madre y mi hermana, me llevó a pedir ayuda y comencé a invocar el nombre del Señor Jesús… Me tocó la catequesis de un padre franciscano, parecía como si yo le hubiese contado mi historia (...) explicaba como el mal, a través de lo atractivo del mundo, que presenta una felicidad aparente, busca destruir nuestro cuerpo que es el templo del Espíritu Santo, morada de Dios, lugar donde podemos hacer experiencia de Él"