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lunes, 3 de agosto de 2026

Carmina Santamaría que contó al Papa en Barcelona su intento de suicidio: «Abrazar a León XIV fue sentir que he hecho una cosa grave, pero el Señor me quiere igual y me perdona; Dios estuvo conmigo antes de ese paso desesperado»

Carmina Santamaría Tejada cuenta su testimonio de superación de la depresión dos meses después de haberlo compartido con el Papa León XIV en Barcelona

* «La mano de Dios estuvo conmigo antes, incluso antes de ese paso desesperado. Perseveré durante tanto tiempo... no solo gracias a una buena terapia, que me ayudó muchísimo. Estábamos saliendo de la pandemia de la COVID-19, y recuerdo ir a misa todas las tardes. Llevábamos mascarillas, y lloraba durante toda la misa porque ya no me quedaban fuerzas. Y aun así, antes de irme, decía: 'Señor, nos vemos mañana. Señor, volveré mañana; puedo aguantar un día más'. Y eso fue lo que hice cada día»

Video de Vatican News del testimonio de  Carmina Santamaría Tejada

Camino Católico.- A poco menos de dos meses de su testimonio ante León XIV, en el estadio de Barcelona, la joven Carmina Santamaría Tejada recuerda cómo salió de la oscuridad de la enfermedad que la llevó incluso a intentar suicidarse. «La cabeza empieza a jugarte malas pasadas, la sonrisa se convierte en un muro, llegas a pensar que vales menos que una piedra y te olvidas de ti misma». La ayuda, aunque tardía, llegó gracias a las terapias, a la música y a aquella cita diaria para asistir a Misa. Y enfatiza: «Abrazar a León XIV fue sentir que he hecho una cosa grave, pero el Señor me quiere igual y me perdona; Dios estuvo conmigo antes de ese paso desesperado».

Carmina Santamaría Tejada tiene un rostro radiante y una sonrisa sincera. Es profesora de español de treinta y cinco años. Encontró el valor para romper lo que ella llama un tabú: hablar de salud mental. Ha compartido con millones de personas su lucha contra la depresión, que, desde la adolescencia, le causó un sufrimiento inimaginable e incluso la llevó a un intento fallido de suicidio. El 9 de junio de este año, Carmina y otros jóvenes se reunieron en el Estadio Olímpico de Barcelona para un encuentro con el Papa, compartiendo sus esperanzas y preocupaciones.

El abrazo del Papa: un respiro y descanso  para el alma.

«Fue un abrazo verdaderamente cálido, un abrazo que me brindó consuelo. Como cuando estás cansado y de repente alguien te abraza y todo el peso desaparece: esa carga emocional, ese pesado equipaje que llevas… Abrazar al Papa fue como sentir que he hecho una cosa grave, pero el Señor me quiere igual, el Señor me perdona» Así recuerda Carmina a Vatican News, casi dos meses después, su sincera conversación con León XIV, la sensación de ser profundamente comprendida y la experiencia de la gracia: una presencia amorosa, paternal y muy tangible. «Fue un momento de respiro y descanso para el alma.»

Era el comienzo de la Cuaresma . Carmina trabajaba en la pastoral juvenil de Barcelona, ​​preparando canciones para el coro que dirige. El sacerdote a cargo de la pastoral se le acercó y le contó que acababa de presenciar un suicidio. Estaba profundamente afectado. «Hablamos y le conté mi historia personal, una parte de mi vida que él desconocía. Unos días después, me llamó y me pidió que compartiera mi experiencia con el Santo Padre durante su próxima visita. Me preguntó: "¿Te gustaría hacerle una pregunta al Papa?"»

Encuentros con Dios: una razón para vivir

Así, de una conversación casual surgió la oportunidad de sacar la oscuridad a la luz, la cual, gracias al tratamiento adecuado, finalmente se transformó de nuevo en luz: una luz interior y una luz para los demás. Carmina habla de la "segunda oportunidad" que recibió tras su fallido intento de suicidio. "La mano de Dios estuvo conmigo antes, incluso antes de ese paso desesperado. Perseveré durante tanto tiempo... no solo gracias a una buena terapia, que me ayudó muchísimo. Estábamos saliendo de la pandemia de la COVID-19, y recuerdo ir a misa todas las tardes. Llevábamos mascarillas, y lloraba durante toda la misa porque ya no me quedaban fuerzas. Y aun así, antes de irme, decía: 'Señor, nos vemos mañana. Señor, volveré mañana; puedo aguantar un día más'. Y eso fue lo que hice cada día".

Música y coro: un bálsamo para el alma

Carmina da clases de inglés y música. La música —cantar, componer, tocar la guitarra y el piano— siempre ha sido su vía de escape emocional, que también se convirtió en una forma de terapia. «Cuando me sentía mal, cuando estaba deprimida, me ayudaba mucho. Cogía la guitarra y empezaba a cantar. Cantaba himnos a la Virgen María, incluso canciones tristes, le cantaba al Señor. Y cuando terminaba, simplemente me sentía mucho más tranquila. Me ayudó muchísimo y me hizo sentir mucho mejor».

También lo expresó durante un evento especial, al día siguiente de reunirse con el Papa en el estadio. En la iglesia de Sant Augustin de Barcelona, ​​su coro, "Sent la Creu", ofreció el acompañamiento musical para el encuentro del Papa con trabajadores de obras de caridad en el barrio del Raval.

Carmina Santamaría Tejada, a la izquierda, es la directora del coro «Sent la Creu», que  ofreció el acompañamiento musical para el encuentro del Papa con trabajadores de obras de caridad en el barrio del Raval en la iglesia de San Agustín en Barcelona

Irradia seguridad en sí misma, compromiso y la capacidad de crear armonía, tanto en su interior como a su alrededor. Tiene la habilidad de transformar la cruz en liberación. De hecho, ya lo había hecho antes, cuando cargó la gran cruz de los jóvenes ante el Papa en el estadio. Una «carga» que se convierte en «gloria».

La pandemia y la fragilidad de la juventud

Carmina es la quinta de seis hermanos y habla con orgullo de su hermosa y numerosa familia. Originaria de Alicante, imparte clases en un colegio de Hospitalet y mantiene un vínculo muy fuerte con sus alumnos. Reconoce su vulnerabilidad. La adolescencia es, por naturaleza, una etapa de especial vulnerabilidad, y las redes sociales se están convirtiendo en una amenaza cada vez mayor para la salud mental de los jóvenes. Es ampliamente aceptado que la pandemia de COVID-19 marcó un punto de inflexión; hasta el día de hoy, muchos chicos y chicas siguen experimentando las consecuencias psicosomáticas de este periodo tan traumático.

Para Carmina, la pandemia también exacerbó problemas que ya existían. "Cuando era adolescente, sufrí depresión y nunca me curé del todo. Simplemente seguí adelante. Y entonces llegó la COVID. Estaba estudiando en la universidad mientras trabajaba casi a tiempo completo. El agotamiento, la creencia de que no valía nada, de que era una carga para los demás... La sensación de que solo me necesitaban cuando ayudaba a los demás. Como persona, no valía nada. Y ese sentimiento se hizo cada vez más fuerte."

Y añade: “No te das cuenta hasta que llegas a un punto de agotamiento total, tanto mental como físico. Es entonces cuando tu mente empieza a jugarte malas pasadas. Te dice que no vales nada, que tienes que hacer algo pero que no puedes hacerlo bien. Sigues trabajando, esforzándote al máximo, trabajando aún más duro, hasta que finalmente empiezas a pensar que vales menos que la piedra que tienes al lado. Y te olvidas de ti mismo”.

Una sonrisa se convierte en un muro

El olvido de uno mismo deja de ser un signo de sana humildad y se convierte en un deseo de borrar la propia existencia, de desaparecer, de apartarse del camino. «Es un error del que solo te das cuenta cuando ya has tocado fondo y te preguntas: "¿Y ahora qué?". Lo primero que pensé al despertar del intento de suicidio —convencida de que no volvería a despertar— fue: "¿Qué he hecho? Si quiero vivir, ¿cómo he podido llegar a este punto? Durante tantos años he luchado por seguir adelante, por salir de esto. ¿Cómo he podido acabar así?"»

Providencialmente, uno de sus hermanos, con quien mantiene una relación particularmente cercana, la animó a buscar ayuda profesional después de casi tres años de este doloroso proceso. «Pedí ayuda demasiado tarde», admite. Hoy ha recuperado la alegría de vivir y la disfruta plenamente. Muchos deseos la invaden, entre ellos formar una familia. Pero, sobre todo, su perspectiva y su conciencia han cambiado, incluyendo la comprensión de que el sufrimiento no debe «espiritualizarse» ni reducirse únicamente a la dimensión espiritual. Esta fue la respuesta que recibió de León XIV . «El Señor lo sabe», asegura Carmina. «El Señor camina con nosotros. Es todopoderoso». «Pero en esos momentos, uno no se da cuenta».

Carmina Santamaría Tejada haciendo camino 

Tabú adolescente: Siempre conectados, pero solos

"Hablar de estas cosas sigue siendo un gran tabú", señala. Lo ve a diario en la escuela, observando las máscaras que se ponen los jóvenes. "Estamos muy conectados, pero de una manera muy superficial. No desarrollamos relaciones profundas. Antes tenías tres amigos, pero esos eran vínculos realmente valiosos. Hoy tienes quinientos amigos, y tus relaciones son muy superficiales. No es que estas personas no sean valiosas, es la relación en sí la que es superficial. Así es como te engañas a ti mismo. Piensas: 'Tengo muchos amigos, hablo con mucha gente, así que no estoy solo'. Pero en realidad, estás solo. Porque cuando sufres, cuando tienes problemas, no sabes a quién contárselo. No sabes en quién confiar para que no se rían de ti, te juzguen o se lo cuenten a otra persona".

Por eso la gente no habla de ello. Se aíslan aún más. Y una sonrisa, aunque hermosa, también puede ser mortal. En mi caso, nadie a mi alrededor sabía que sufría de depresión. ¿Por qué? Porque siempre he vivido con una sonrisa. Siempre. Es como una barrera: la gente ve una sonrisa y deja de preocuparse. Y la mente tiene un poder enorme. Si no aprendes a controlarla, puede destruirte por completo.

¿Dónde ha quedado la empatía?

"Me preocupan mis alumnos. Esto me preocupa mucho porque veo mucho sufrimiento en ellos, mucho sufrimiento silencioso. Veo que no se abren, que están muy cerrados, que hay mucha pretensión: fingen que son geniales, que todo está bien, que son líderes... Por eso en la escuela intentamos que tomen conciencia de la importancia de tener un corazón sano, una mente sana y una vida sana. Sin embargo, veo que luchan con una enorme presión por ser bellos, perfectos, interesantes, siempre más a la moda. Y eso no ayuda en absoluto." Lo que realmente ayuda es no tener miedo de nuestra propia agitación interior. El Papa también nos lo recordó en su mensaje en vídeo dirigido recientemente a los jóvenes portugueses que participaron en el encuentro "Alégrense" en Lamego. Se trata de recuperar la conciencia de que somos seres humanos, no superhéroes. Así son los santos. Así es Cristo.

«Valores como la empatía y el respeto están desapareciendo, porque al final, solo importan mis intereses, mis preocupaciones, mi espacio... No compartimos, no hablamos, no entablamos un diálogo real, no hay un intercambio auténtico, no hay voluntad de ceder», afirma Carmina. León XIV nos recuerda que recuperar nuestra humanidad —incluso en sus dimensiones frágiles y vulnerables— nos capacitará para transformar el mundo para mejor. Carmina lo sabe hoy. Y a esto dedica su vida. Reproducimos a continuación el texto completo de la pregunta que Carmina hizo al Papa y la respuesta de León XIV:

Carmina Santamaría Tejada preguntando al Papa León XIV hace dos meses en Barcelona

VIAJE APOSTÓLICO DE SU SANTIDAD EL PAPA LEÓN XIV

A ESPAÑA

(6-12 DE JUNIO DE 2026)

VIGILIA DE ORACIÓN

RESPUESTAS DEL SANTO PADRE A LAS PREGUNTAS DE LOS JÓVENES

Estadio Olímpico “Lluís Companys”

Martes, 9 de junio de 2026

Santo Padre, en un mundo donde las cosas se gritan, hay aspectos de la vida que permanecen callados, con vergüenza; como la depresión, una enfermedad silenciosa que afecta a muchas personas, jóvenes y adultos, y que conlleva una oscuridad, aislamiento y un dolor inmensurable. A veces, este dolor es tan abrumador que la idea de desaparecer parece la única salida. Yo misma luché por salir de esta enfermedad, en silencio durante años, y una noche de viernes perdí la batalla e intenté quitarme la vida. Estoy aquí porque Dios me dio una segunda oportunidad, y le estaré eternamente agradecida, pero hay muchos otros que continúan enfrentándose a esta oscuridad. Por eso, le pregunto de todo corazón: ¿Dónde podemos ver a Dios cuando la oscuridad es absoluta y ya no podemos más? ¿Cómo podemos confiar en Dios, cuando parece que nada, ni uno mismo, vale la pena?

Ante todo, gracias por compartir hoy tu experiencia de sufrimiento. Me conmueve que puedas hablar de ella, que estés aquí entre nosotros y que hayas encontrado la fuerza de acoger esta segunda posibilidad que el Señor te ha dado. Te has levantado y has retomado el camino y este es un milagro maravilloso que vemos en muchos personajes del Evangelio: en contacto con Jesús, aun quien se siente perdido recobra confianza en la vida, sana la enfermedad y puede levantarse para volver a vivir.


En la teva pregunta, t’has referit en primer lloc a la “malaltia silenciosa” que és la depressió, i és important prendre consciència de com la salut mental es veu cada vegada més amenaçada en el context de societats que es consideren avançades. És un senyal de que hi ha quelcom profundament equivocat en una certa idea de creixement que sotmet a les persones a pressions i tensions que comprometen equilibris fonamentals. Per això es necessita un sistema sanitari que inclogui entre les seves prioritats aquest malestar invisible i generalitzat, que afecta també als joves.

Les teves paraules, tanmateix, ens han mostrat que el dolor posa a prova la fe i el sentit que li donem a la vida. Això és cert per a tothom, no solament per aquells que en algun moment travessen la prova de la malaltia.


[En tu pregunta, te has referido en primer lugar a la “enfermedad silenciosa” que es la depresión, y es importante tomar conciencia de cómo la salud mental se ve cada vez más amenazada en el contexto de sociedades que se consideran avanzadas. Es una señal de que hay algo profundamente erróneo en una cierta idea de crecimiento que somete a las personas a presiones, expectativas y tensiones que comprometen equilibrios fundamentales. Por eso se necesita un sistema sanitario que incluya entre sus prioridades este malestar invisible y generalizado, que afecta también a los jóvenes.


Tus palabras, sin embargo, también nos han mostrado que el dolor pone a prueba la fe y el sentido que le damos a la vida. Esto es cierto para todos, no sólo para quienes en algún momento atraviesan la prueba de la enfermedad.]


Mientras te escuchaba, pensé en esas horas de oscuridad, de angustia y de dolor que vivió Jesús cuando se acercaba la hora de su muerte. Los Evangelios, en los momentos de la última cena y de la oración en Getsemaní, subrayan que estaba cayendo la tarde, que estaba anocheciendo, así como poco antes de morir en la cruz nos dicen que “toda la tierra quedó en tinieblas”. Pero, en realidad, no se trata sólo de un sufrimiento personal; el Hijo de Dios está asumiendo en su propia carne toda la angustia, la soledad y el sufrimiento de la humanidad. En esas horas oscuras, muriendo en la cruz, Jesús comparte nuestro dolor y nos revela el rostro de un Dios compasivo, que carga con nuestras penas, que sufre con nosotros, llora nuestras lágrimas y permanece a nuestro lado con su presencia llena de amor y misericordia.


Pasar por esta experiencia es difícil, lo atestigua varias veces la Sagrada Escritura; hay momentos de oscuridad y de sufrimiento que nuestra sociedad hace callar, porque precisamente algunos modelos culturales nos quieren siempre vencedores y perfectos y, por eso, el límite, la fragilidad y el dolor deben ser eliminados, o confinados al silencio ensordecedor de la soledad o incluso de la vergüenza. Y, en estos momentos, podemos pensar instintivamente que también Dios nos haya abandonado. Pero la cruz de Jesús nos dice que Dios no nos abandona, que Él sigue crucificado con nosotros en el momento del dolor y de la soledad extrema, que Él recoge no sólo nuestras lágrimas, sino el grito de nuestro sufrimiento que otros no escuchan, un grito que Jesús hizo suyo en la cruz, diciendo “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?”.


Hay una catequesis sobre las últimas horas de Jesús, en la que Benedicto XVI dice que su sufrimiento se vuelve oración y grito, y que eso vale también para nosotros: frente a las situaciones más difíciles y dolorosas, cuando Dios parece ausente, debemos confiarle una vez más las cargas que llevamos en el corazón, incluso gritándole a Él, incluso protestando como Job, seguros de que de algún modo Él se hace presente y está cerca aun cuando aparentemente calla. Pero pienso que no podemos hacerlo solos. En las horas de dolor, al menos en cuanto sea posible, debemos abrirnos a alguien que nos ayude a expresar una oración sencilla, que nos acompañe con discreción sin la prisa de explicarnos ese dolor, que nos tome de la mano y nos haga salir de este grito.


Estas experiencias ofrecen un mensaje también a nosotros creyentes, a toda la Iglesia: no debemos espiritualizar el dolor, reconduciéndolo superficialmente a la “voluntad de Dios” o a algún misterioso proyecto suyo, porque esto corre el riesgo de minimizar ese sufrimiento, de silenciarlo, de herir a las personas. Dios no quiere el sufrimiento, lo lleva con nosotros y nos invita a confiar en Él de modo perseverante. Recordemos lo que decía el Papa Francisco: con Dios, la vida renace siempre.


Papa León XIV

jueves, 2 de julio de 2026

Desirée López, tras preguntar al Papa León XIV ‘¿cómo puedo perdonar a mi padre?’: «Encontrarme con el Señor dio sentido a todo lo que viví; hoy no cambiaría nada, porque si lo hiciera no estaría donde estoy ahora»

Desirée López escucha la respuesta del Papa León XIV a sus preguntas

* «A día de hoy puedo afirmar que Dios ha estado siempre, en cada momento, incluso en aquellos en los que yo pensaba que no. Al final veo que todo lo que he pasado ha tenido un sentido en mi vida… La fe es lo más importante que tengo a día de hoy. Al final, es Dios quien me acompaña y me regala cada día, y ha sido gracias a la fe que he podido darle un sentido al dolor y al sufrimiento que hay en mi historia. La Iglesia también ha sido ese hogar al que siempre puedo volver y donde todo es acogido. La fe también me aporta esperanza, porque me ayuda a confiar en que todo tiene un sentido, aunque en ese momento no podamos verlo» 

Vídeo de la transmisión en directo de 13 TV del testimonio y las preguntas de Desirée López al Papa León XIV en el estadio olímpico ‘Lluis Companys’ de Montjuic en Barcelona, el 9 de junio de 2026

Camino Católico.- Desirée López tiene 20 años. Esta joven de Barcelona nació de una pareja donde hubo violencia machista. Su padre casi mata a su madre. Le contó en breve su historia al Papa en el Estadi Olímpic de Montjuïc, ante 40.000 personas. Su testimonio conmovió a León XIV. Después de aquel acto multitudinario ha transparentado en una entrevista en La Vanguardia que “encontrarme con el Señor dio sentido a todo lo que viví; hoy no cambiaría nada, porque si lo hiciera no estaría donde estoy ahora”.

Desirée relató su vivencia a León XVI así:

—Vengo de una familia de un barrio muy humilde de Barcelona. De pequeña mi padre intentó matar a mi madre, y se salvó porque se interpuso un chico que murió. Mi padre ingresó en la cárcel, y mi madre entró en el mundo de las drogas. A los diez años los servicios sociales se hicieron cargo de mí, y me llevaron al centro de menores de San José de la Montaña. Al principio fue duro, pues me había creado un muro para protegerme, donde no dejaba entrar a nadie. 

Pero poco a poco experimenté por primera vez el amor de familia, y mi corazón se fue abriendo. Allí me hablaron de Jesús, empecé a rezar y me bauticé. Pero en mi adolescencia me rebelé contra Dios muchas veces. Me invitaron a un retiro y allí por primera vez experimenté el amor de Dios. Pero han pasado unos meses, y aún me cuesta perdonar a mi padre. Y a veces levanto los ojos al cielo y le pregunto ¿dónde estabas cuando era una niña? Santo Padre, ¿cómo puedo perdonar a mi padre, que estuvo a punto de dejarme sin madre? ¿Cómo puedo reconciliarme de verdad con Dios?.


Desirée López emocionada en el momento previo de recibir un rosario y el abrazo del Papa León XIV

El perdón, un don de Dios

Días después de su intervención ante el Papa, la joven comparte:

—Creo que sí que he perdonado a mi padre. Al principio lo veía como una carga enorme. Incluso me sentía culpable por todo lo que había pasado. Pensaba: ‘Es mi padre y ha hecho mucho daño a mi madre’. Muchas veces me pregunté si era justo perdonarlo”. 

Respecto a la respuesta del Papa sobre el perdón, Desirée dice a ABC:

—Fue como si me estuviera hablando el Espíritu Santo. No sabía lo que me respondería, pero sus palabras me liberaron de una carga muy grande. Yo vivía el perdón como algo que debía conseguir sola. En cambio, él explicó que es un don que debemos pedir al Señor. Esto me dio mucha paz. Estaba bastante a la expectativa y súper abierta a la respuesta que él me diera. La frase que más se me quedó del Santo Padre fue que el perdón es un camino que dura toda la vida. Significa entender que no es algo inmediato. Que no se trata simplemente de perdonarlo y ya está. Es un proceso largo, un recorrido que se hace despacio, con la ayuda de Dios”.

En cuanto a porqué ha compartido su testimonio tan íntimo dice a Catalunya Cristiana:

—Me gustaría que sirviera para que la gente viera que las segundas oportunidades existen. Hoy parece que el perdón sea una palabra que se utiliza poco, pero yo creo que es muy importante. También quisiera transmitir que, aunque haya momentos en que todo parezca oscuro y sin salida, el Señor puede recuperarte desde allí si dejas el corazón abierto.

A las personas que pasan por situaciones como la mia quiero decirles que no pierdan la esperanza. Que, aunque su historia sea muy dura, existe una salida. Yo he podido experimentarlo y me gustaría que mi testimonio ayudara a otras personas a creer que también es posible para ellas”.


Desirée López se funde en una abrazo con León XIV

“Dios me acompaña y me regala cada día”

Desirée cuenta lo que es la fe para ella:

—La fe es lo más importante que tengo a día de hoy. Al final, es Dios quien me acompaña y me regala cada día, y ha sido gracias a la fe que he podido darle un sentido al dolor y al sufrimiento que hay en mi historia. La Iglesia también ha sido ese hogar al que siempre puedo volver y donde todo es acogido. La fe también me aporta esperanza, porque me ayuda a confiar en que todo tiene un sentido, aunque en ese momento no podamos verlo. Y, evidentemente, me aporta una compañía enorme y unas amigas que no merezco para nada.

Esa fe fue también la que la llevó ante Su Santidad y la que, con los años, le permitió acercarse a una de las palabras más difíciles de su vida: perdón. Fue una de las ideas centrales de la respuesta de León XIV. El Pontífice le recordó que perdonar no significa justificar el mal ni olvidar lo ocurrido, sino iniciar un camino que puede durar toda la vida. «Debemos aprender a mirar el perdón, poderosa medicina contra el mal que sana nuestras heridas interiores, como algo que forma parte de un proceso, de un camino», le dijo.

—Estoy totalmente de acuerdo con la respuesta del Santo Padre. El perdón, para mí, es un don que también sirve para uno mismo. Es liberar una carga del corazón. También me gustaría remarcar que el Santo Padre respondió que para perdonar no es necesario quedarse o seguir manteniendo relación con esa persona; esta fue una respuesta que me dio mucha paz también.


Desirée López después de la Vigilia de Oración con León XIV

“Dios ha estado siempre”

Llegados a este punto, la pregunta parece casi obligada. ¿Cómo se perdona algo así? Fue precisamente una de las preguntas que Desirèe dedicó también al Papa, sin rodeos: «¿Cómo puedo perdonar a mi padre, que estuvo a punto de dejarme sin madre? ¿Cómo puedo reconciliarme de verdad con Dios?».

La respuesta de León XIV, por supuesto, estuvo a la altura: «No podemos atribuir a Dios lo que ha sido confiado a nuestra responsabilidad», señaló el Pontífice, que advirtió de que tampoco se puede imaginar «que Dios desde lo alto responda a nuestras necesidades de modo automático o impida milagrosamente que el mal suceda». Dios, añadió, ha dotado al ser humano «de inteligencia y voluntad», le ha dado «una conciencia» y lo ha revestido «de dignidad y de libertad». Por eso, sostuvo, «si existe la violencia, si triunfa el egoísmo, si incluso el amor entre familiares se transforma en odio», es necesario dirigir las preguntas «a nosotros mismos, a las dinámicas de nuestra sociedad, a la cultura del individualismo, a la tentación de la violencia, y no a Dios».

Repasando las palabras del Santo Padre, Desirèe es casi incapaz de disimular la sonrisa. Su relación con sus padres ya no es para ella un tabú, aunque durante años fuera una de las partes más difíciles de ordenar de su propia historia.

—A día de hoy estoy viviendo con mi madre biológica, ya que está totalmente recuperada, y estoy súper contenta. Aprendo muchísimo de ella porque es una de las personas más fuertes que conozco. Con mi padre no mantengo ninguna relación, ya que se desvinculó de mí hace unos años.

La joven preguntó al Papa dónde estaba Dios cuando era niña y así asegura que ella vive la relación con el Señor:

—A día de hoy puedo afirmar que Dios ha estado siempre, en cada momento, incluso en aquellos en los que yo pensaba que no. Al final veo que todo lo que he pasado ha tenido un sentido en mi vida, y yo no estaría donde estoy ni sería quien soy hoy. Dentro de lo que cabe, me siento una afortunada de que Dios se haya servido de mi historia para poder dar luz y esperanza a personas que están pasando por algo similar o que sienten que no hay salida.

Su testimonio llegó ante León XIV gracias a su párroco:

—Me contactó el cura de mi parroquia, Sant Carles Borromeu, en el barrio de Gràcia de Barcelona, y me preguntó si me gustaría ser una de las personas que le hiciera una pregunta al Santo Padre. Lo primero que hice fue dudar por miedo y vergüenza, pero lo estuve pensando y rezando, y al final vi que era una oportunidad única y un regalo que no podía dejar pasar. esa parroquia no es la de mi barrio pero voy a ella porque allí tenemos un grupo de universitarios. Nos reunimos los jueves y vamos a misa cada domingo.

 Desirée López testimoniando y preguntando al Papa León XIV

Cuando tenía tres años sucedieron los hechos que contó al Papa 

Y habla de su vida dando más detalles de cómo vivió su sufrimiento:

—Nací en una familia formada por mi madre, mi padre, mi abuela materna y yo. Vivimos juntos hasta mis tres años. En el Paral·lel. Y entonces,  mi padre intentó matar a mi madre. Mi madre se salvó porque un chico se puso en medio. Metieron a mi padre en prisión. Además, coincidió que mi abuela murió por esas fechas. Mi madre se vio sola conmigo y acabó entrando en el mundo de las drogas… No presencié malos trastos de mi padre a mi madre. Tenía solo tres años, era muy pequeña. De esa etapa no recuerdo apenas nada. El maltrato era continuado. Lo que pasó aquel día fue simplemente el momento en que explotó todo.

Relata cómo sucedieron los hechos aquel día:

—Mi madre salía para ir a trabajar. Habían discutido. Yo me quedé en casa con mi abuela, como cada día. Mi padre salió detrás de ella con un cuchillo y la siguió y en una calle cercana intentó atacarla con el cuchillo. Empezaron a forcejear. Un chico lo vio, trató de detenerlo y el muchacho murió no sé si en la calle, o después, en el hospital. A mi madre no la hirió con el cuchillo, le dio golpes, puñetazos… Mi madre, tenía unos 30 años y ahora tiene 48. Más o menos como mi padre. Ella trabajaba limpiando casas y hoteles. Mi padre no trabajaba y no sé si lo había hecho antes. Alguna vez hizo de camarero.

Pese a ser pequeña, Desirée recuerda:

—Hubo un poco el movimiento de la policía en casa. Se llevaron a mi padre a prisión y nos quedamos mi madre, mi abuela y yo. Mi abuela ayudaba mucho y sostenía bastante a la familia. Mi abuela me quería muchísimo y yo también le guardo mucho cariño. Desde los tres hasta los seis viví con mi madre en esa situación. Casi no iba al colegio. Entonces nació mi hermano, de otra relación. El padre de mi hermano también acabó en prisión. Cuando tenía diez años fue cuando intervinieron los servicios sociales. Vieron que yo no iba al colegio y que las dos parejas de mi madre habían terminado en prisión.


Desirée López ha asumido que personar es un camino para toda la vida y un don de Dios como le dijo León XIV

Conoce a Dios en el centro de menores

A partir de aquel momento lo que sucedió fue esto:

—Antes de llevarnos a un centro intentaron buscar familiares que pudieran hacerse cargo. Por parte de mi madre no había nadie. Por parte de mi padre, sí. Primero fui con una tía, pero no podía hacerse cargo de mi y de mi hermanos. Luego con mi abuela paterna, pero era demasiado mayor. Después con otra tía y mis primos; estuve allí unos meses, pero tampoco era sostenible. Finalmente nos llevaron a un centro de menores a los dos juntos.

Tuve mucha suerte porque me tocó Sant Josep de la Muntanya. Era un centro maravilloso. Lo llevan monjas. No me quejo de nada. Pero sigue siendo un centro de menores. Hay niños que están muy mal, muchos conflictos. Y todos teníamos una carencia común: el amor de una familia. Porque por muy bueno que sea un centro, entran y salen educadores; no tienes a unos padres contigo. 

Allí empecé a conocer a Dios en Sant Josep de la Muntanya. Mi familia biológica no era creyente. Allí me explicaron quién era Dios. Allí me bauticé e hice la Primera Comunión. Recibí mucho apoyo. De hecho, mis padrinos de bautismo son dos educadores que tuve en el centro. Las monjas y los educadores me acogieron con mucho afecto. Me dieron el amor que necesitaba y que no había recibido nunca.

La joven sigue su relato:

—Estuve en el centro unos dos años más. Mi hermano, como solo tenía tres años, fue acogido por una familia de Vic. Al ser pequeño fue más fácil. Yo me quedé… Y empecé a ver a mi padre. Teníamos visitas supervisadas. Estaba en prisión y nos veíamos en  un espacio llamado EVIA. Es un lugar donde los menores tutelados pueden ver a sus familias biológicas. Hay una sala, con un trabajador social, juegas o hablas. No recordaba ni su cara. Me lo propusieron y acepté. Con mi madre nunca perdí el contacto; ella siempre me llamaba una vez por semana. Pero con mi padre pensé: ‘Es mi padre, tendré que verlo’. 

Las  visitas eran una vez al mes, como un trámite. Él no me había visto crecer. Para mí era un desconocido. Nunca me pidió perdón. Las visitas se prolongaron hasta segundo o tercero de ESO. No recuerdo si fue antes o después de la pandemia. Empezó a faltar a las visitas y, al final, dejó de venir sin dar ninguna explicación. Y desde ese momento nunca más lo he visto.

 Desirée López se emocionó varias veces ante el Papa León XIV

Acogida por la familia de su hermano y en la ESO el enfado con Dios

Volviendo a un momento anterior, Desirée cuenta cuando salió del centro de menores: 

—Cuando la familia que había acogido a mi hermano me acogió también a mí salí de Sant Josep de la Muntanya. Mi madre luchó mucho para conseguirlo. La separación de mi hermano yo la vivía muy mal. Yo hice de madre para él durante mucho tiempo. Los dos seguíamos viéndonos y la familia de acogida me preguntó si quería vivir con ellos. Dije que sí cuando tenía doce años. Esa familia tenía cuatro hijos. Me costó adaptarme. Yo había levantado un muro… La familia de acogida también era devota: vivían la fe en el día a día.

Y también rememora cuando se enfadó con Dios: 

—Renegué de Dios durante uno o dos años. En la ESO. Estaba enfadadísima. No entendía por qué me había pasado todo aquello. Si Dios era tan bueno, ¿dónde estaba? En unos campamentos. Allí empecé a reconciliarme. Luego hice un retiro que cambió completamente mi mirada.

No es casualidad que de una vida como la suya haya surgido la vocación de estudiar Derecho en la Universidad de Barcelona. No lo cuenta como un deseo cerrado desde niña, sino como una elección vinculada a lo que le ha tocado vivir y a toda la ayuda que ha recibido en el proceso.

—Estudio Derecho porque quiero hacer justicia y acompañar a todas las víctimas, igual que se hizo en mi caso. Sobre todo a las víctimas de violencia contra la mujer, para que en ese proceso tan duro puedan encontrar esperanza y sentir que no están solas. También me gustaría que, dentro del proceso judicial, hubiera espacio para el perdón, porque ayuda a sanar y a afrontar el proceso de una manera más llevadera para la propia víctima.

Fotos: Vatican Media

jueves, 11 de junio de 2026

Papa León XIV en homilía en Gran Canaria,11-6-2026: «Encendidos por la caridad del Sagrado Corazón de Jesús, seamos portadores de su misericordia y paz, para que en el mundo cesen las guerras y la humanidad sea reconciliada en el amor»

* «El Corazón de Jesús es humilde, y por eso no sienten sus latidos los “doctos”, los “sapientes”, es decir, aquellos que tienen la presunción de bastarse a sí mismos, de saberlo todo, de no necesitar ni a Dios ni a los demás. A estos, en efecto, aturdidos por los estruendos de un “yo” ampuloso, omnipresente y agitado, les falta el silencio necesario para escuchar en sí y en los hermanos el palpitar escondido del amor. ‘No pocas veces, la riqueza nos vuelve ciegos, hasta el punto de pensar que nuestra felicidad sólo puede realizarse si logramos prescindir de los demás’ (Dilexi te, 108). Jesús, en cambio, nos enseña lo contrario: para gustar la verdadera alegría de la vida, que reside en el amor, es necesario bajar de los pedestales de la arrogancia que divide, para encontrarnos en la humildad que nos hermana»

Vídeo de la transmisión en directo de Vatican News con la homilía del Papa León XIV 

* «El Evangelio nos invita a dejarnos atraer, traduciendo la medida infinita del amor de Dios en la generosidad con la que lo servimos, cada día, en los hermanos y en las hermanas que Él mismo pone en nuestro camino. Especialmente en aquellos más necesitados, indefensos, incapaces de devolver algo a cambio (cf. Lc 6,32-36). Precisamente como ocurre en esta isla, en la acogida, en el compartir, en el don desinteresado» 

 


11 de junio de 2026.- (Camino Católico) “Encendidos por la caridad del Sagrado Corazón de Jesús, seamos portadores de su misericordia y de su paz, para que en el mundo cesen las guerras y crezca a nuestro alrededor una nueva humanidad, reconciliada en el amor” ha dicho el Papa León XIV en la homilía en la santa misa de la víspera de la solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús, en el Estadio de Gran Canaria, en la ciudad de Las Palmas, ante cincuenta mil fieles.




“Pidamos al Señor que en este momento estén vivos en nosotros los mismos sentimientos de humanidad, misericordia y compasión del Corazón del Salvador”, exhorta, recordando que toda España está consagrada al Sagrado Corazón de Jesús.




El Pontífice ha reflexionado sobre la gratuidad del amor divino. Comentando la primera lectura, recordó que Dios eligió a Israel “no porque tuvieran privilegios, dotes o méritos particulares, sino por puro amor”. Y subraya: “Y seguirá amándolos siempre, aun cuando, por su corazón endurecido, no correspondan a sus sentimientos”. Ese amor, explica, es el fundamento de la vocación humana y no puede reducirse ni al sentimiento ni a la filantropía. “Esta es la caridad de Dios, en la que hunde sus raíces nuestra vocación al amor, que no está fundada en el cálculo, ni en el mero sentimiento, ni es reducible a simple filantropía, sino que invade todo nuestro ser: fuego para el alma, luz para la mente, impulso irresistible para la libertad, paz y al mismo tiempo tormento para el corazón, que late en sintonía con otros corazones, involucrando a toda la persona”, señaló el Papa.  Y destaca: “Amar es connatural al hombre, más aún, es condición de plenitud de su misma existencia”. En el vídeo de Vatican News se visualiza y escucha la homilía del Papa, cuyo texto completo es el siguiente:


VIAJE APOSTÓLICO DE SU SANTIDAD EL PAPA LEÓN XIV

A ESPAÑA


(6-12 DE JUNIO DE 2026)

SANTA MISA


HOMILÍA DEL SANTO PADRE


Estadio de Gran Canaria

Jueves, 11 de junio de 2026



Queridos hermanos y hermanas, después de una jornada rica de encuentros y de compartir, ahora celebrando con ustedes esta Eucaristía, quiero antes que nada dar gracias al Señor por tanto bien que se hace aquí cada día, confiándole el compromiso de todos y al mismo tiempo los sufrimientos de los que esta tierra es testigo. Les invito también a rezar juntos, en esta Santa Misa, por los hermanos y las hermanas que han perdido la vida en el mar.

Todo lo llevamos al Altar junto con el pan y el vino, mientras nos introducimos, con la Celebración vespertina de la Vigilia, en la Solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús, a quien toda España está consagrada. Pidamos al Señor que en este momento estén vivos en nosotros los mismos sentimientos de humanidad, misericordia y compasión del Corazón del Salvador.

Nos dejamos ayudar, en nuestra meditación, por las Lecturas que hemos escuchado.

En la primera, Dios recuerda a los israelitas la gratuidad con la que los amó. Los eligió no porque tuvieran privilegios, dotes o méritos particulares, sino por puro amor (cf. Dt 7,7-9), y seguirá amándolos siempre, aun cuando, por su corazón endurecido, no correspondan a sus sentimientos.

Esta es la caridad de Dios, en la que hunde sus raíces nuestra vocación al amor, que no está fundada en el cálculo, ni en el mero sentimiento, ni es reducible a simple filantropía, sino que invade todo nuestro ser: fuego para el alma, luz para la mente, impulso irresistible para la libertad, paz y al mismo tiempo tormento para el corazón, que late en sintonía con otros corazones, involucrando a toda la persona. Porque amar es connatural al hombre, más aún, es condición de plenitud de su misma existencia.

Así se nos muestra el amor en la humanidad del Salvador y en los movimientos de su Sacratísimo Corazón: inmutable y fiel aun frente a la incomprensión y al rechazo, al miedo, a la tristeza y a la resistencia humana (cf. Lc 22,39-46).

Y es en este rostro de Dios siempre “enamorado”, que anhela total y constantemente nuestro bien y nuestra felicidad plena, que nosotros reconocemos el camino de la vida, aprendiendo un nuevo modo de existir y de relacionarnos, un criterio diferente para evaluar las decisiones, un estilo renovado y estimulante de hacer comunión. A este respecto, el Papa Francisco, hablando de la caridad de Cristo, decía que «la mejor respuesta al amor de su Corazón es el amor a los hermanos» (Dilexit nos, 167) y agregaba: «no hay mayor gesto que podamos ofrecerle para devolver amor por amor» (ibíd.). “Devolver amor por amor”: este es el intercambio maravilloso, el «admirabile commercium» (cf. Primeras Vísperas de la Solemnidad de Santa María Madre de Dios, primera antífona), del que el Evangelio nos invita a dejarnos atraer, traduciendo la medida infinita del amor de Dios en la generosidad con la que lo servimos, cada día, en los hermanos y en las hermanas que Él mismo pone en nuestro camino. Especialmente en aquellos más necesitados, indefensos, incapaces de devolver algo a cambio (cf. Lc 6,32-36). Precisamente como ocurre en esta isla, en la acogida, en el compartir, en el don desinteresado.

La gratuidad del Corazón de Cristo, sin embargo, no se detiene en esto. Va más allá, comprometiéndose en ayudar a cada uno no sólo a sobrevivir, sino también a recuperar la confianza y retomar el camino, para crecer y florecer plenamente en su unicidad, por el bien de todos. A este propósito, el Papa Benedicto XVI escribía que la caridad «de la que Jesucristo se ha hecho testigo con su vida terrenal […] es la principal fuerza impulsora del auténtico desarrollo de cada persona y de toda la humanidad» (Caritas in veritate, 1).

En la segunda Lectura, san Juan nos ha recordado que «Dios envió al mundo a su Unigénito, para que vivamos por medio de él» (1 Jn 4,9). Sus palabras evocan las de Jesús, que dijo que había venido para que tuviéramos vida y vida en abundancia (cf. Jn 10,10), y que ordenó al paralítico sanado: «Levántate, coge la camilla y echa a andar» (Mc 2,9). En estas expresiones reconocemos la invitación a abrazar maternalmente al que sufre, pero al mismo tiempo a preparar y alentar al que está herido para que se levante y vuelva a ponerse en marcha, para una vida libre y digna.

Efectivamente, nuestra caridad no debe ser mero asistencialismo, sino integrar a las personas, para su plena realización —espiritual, intelectual y física— y su inserción digna y constructiva en la comunidad (cf. Fratelli tutti, 129). Sólo así nuestros encuentros, aun frente a acontecimientos difíciles y dolorosos, se convertirán en ocasión para esparcir semillas de esperanza en el camino de la humanidad hacia un futuro mejor.

Pero quisiera detenerme, a la luz de la Palabra de Dios que hemos escuchado, en una última característica del Corazón de Cristo: la humildad (cf. Mt 11,29). El Corazón de Jesús es humilde, y por eso no sienten sus latidos los “doctos”, los “sapientes”, es decir, aquellos que tienen la presunción de bastarse a sí mismos, de saberlo todo, de no necesitar ni a Dios ni a los demás. A estos, en efecto, aturdidos por los estruendos de un “yo” ampuloso, omnipresente y agitado, les falta el silencio necesario para escuchar en sí y en los hermanos el palpitar escondido del amor.

«No pocas veces, la riqueza nos vuelve ciegos, hasta el punto de pensar que nuestra felicidad sólo puede realizarse si logramos prescindir de los demás» (Dilexi te, 108). Jesús, en cambio, nos enseña lo contrario: para gustar la verdadera alegría de la vida, que reside en el amor, es necesario bajar de los pedestales de la arrogancia que divide, para encontrarnos en la humildad que nos hermana.

San Agustín decía: «donde está la caridad está la paz, y donde está la humildad, allí está la caridad» (Sobre la Primera Carta de San Juan a los Partos, Prólogo). Es así. Donde hay auténtica humildad hay amor, y donde hay amor hay paz, porque sólo en la humildad conocemos realmente quiénes somos y, por tanto, podemos amarnos, encontrarnos, entregarnos y perdonarnos en la verdad.

Queridos hermanos, hermanas, hoy adoramos el Sagrado Corazón de Jesús, un corazón que a menudo representamos coronado de espinas y encendido con una llama, según las visiones que tuvo santa Margarita María Alacoque. Recordemos que nosotros somos la presencia viva del Señor en el mundo (cf. Lumen gentium, 8). Por eso, mirémonos unos a otros, no sólo en esta jornada, sino siempre, con respeto y confianza, y renovemos, en esta conciencia, el compromiso de realizar en nosotros, en la caridad, lo que falta a los sufrimientos de Cristo, por el bien de la Iglesia (cf. Col 1,24). Encendidos por la caridad de su Corazón, seamos portadores de su misericordia y de su paz, para que en el mundo cesen las guerras y crezca a nuestro alrededor una nueva humanidad, reconciliada en el amor.


PAPA LEÓN XIV


Fotos: Vatican Media, 11-6-2026