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jueves, 18 de junio de 2026

Desirée López, tras preguntar al Papa León XIV ‘¿cómo puedo perdonar a mi padre?’: «Encontrarme con el Señor dio sentido a todo lo que viví; hoy no cambiaría nada, porque si lo hiciera no estaría donde estoy ahora»

Desirée López escucha la respuesta del Papa León XIV a sus preguntas

* «A día de hoy puedo afirmar que Dios ha estado siempre, en cada momento, incluso en aquellos en los que yo pensaba que no. Al final veo que todo lo que he pasado ha tenido un sentido en mi vida… La fe es lo más importante que tengo a día de hoy. Al final, es Dios quien me acompaña y me regala cada día, y ha sido gracias a la fe que he podido darle un sentido al dolor y al sufrimiento que hay en mi historia. La Iglesia también ha sido ese hogar al que siempre puedo volver y donde todo es acogido. La fe también me aporta esperanza, porque me ayuda a confiar en que todo tiene un sentido, aunque en ese momento no podamos verlo» 

Vídeo de la transmisión en directo de 13 TV del testimonio y las preguntas de Desirée López al Papa León XIV en el estadio olímpico ‘Lluis Companys’ de Montjuic en Barcelona, el 9 de junio de 2026

Camino Católico.- Desirée López tiene 20 años. Esta joven de Barcelona nació de una pareja donde hubo violencia machista. Su padre casi mata a su madre. Le contó en breve su historia al Papa en el Estadi Olímpic de Montjuïc, ante 40.000 personas. Su testimonio conmovió a León XIV. Después de aquel acto multitudinario ha transparentado en una entrevista en La Vanguardia que “encontrarme con el Señor dio sentido a todo lo que viví; hoy no cambiaría nada, porque si lo hiciera no estaría donde estoy ahora”.

Desirée relató su vivencia a León XVI así:

—Vengo de una familia de un barrio muy humilde de Barcelona. De pequeña mi padre intentó matar a mi madre, y se salvó porque se interpuso un chico que murió. Mi padre ingresó en la cárcel, y mi madre entró en el mundo de las drogas. A los diez años los servicios sociales se hicieron cargo de mí, y me llevaron al centro de menores de San José de la Montaña. Al principio fue duro, pues me había creado un muro para protegerme, donde no dejaba entrar a nadie. 

Pero poco a poco experimenté por primera vez el amor de familia, y mi corazón se fue abriendo. Allí me hablaron de Jesús, empecé a rezar y me bauticé. Pero en mi adolescencia me rebelé contra Dios muchas veces. Me invitaron a un retiro y allí por primera vez experimenté el amor de Dios. Pero han pasado unos meses, y aún me cuesta perdonar a mi padre. Y a veces levanto los ojos al cielo y le pregunto ¿dónde estabas cuando era una niña? Santo Padre, ¿cómo puedo perdonar a mi padre, que estuvo a punto de dejarme sin madre? ¿Cómo puedo reconciliarme de verdad con Dios?.


Desirée López emocionada en el momento previo de recibir un rosario y el abrazo del Papa León XIV

El perdón, un don de Dios

Días después de su intervención ante el Papa, la joven comparte:

—Creo que sí que he perdonado a mi padre. Al principio lo veía como una carga enorme. Incluso me sentía culpable por todo lo que había pasado. Pensaba: ‘Es mi padre y ha hecho mucho daño a mi madre’. Muchas veces me pregunté si era justo perdonarlo”. 

Respecto a la respuesta del Papa sobre el perdón, Desirée dice a ABC:

—Fue como si me estuviera hablando el Espíritu Santo. No sabía lo que me respondería, pero sus palabras me liberaron de una carga muy grande. Yo vivía el perdón como algo que debía conseguir sola. En cambio, él explicó que es un don que debemos pedir al Señor. Esto me dio mucha paz. Estaba bastante a la expectativa y súper abierta a la respuesta que él me diera. La frase que más se me quedó del Santo Padre fue que el perdón es un camino que dura toda la vida. Significa entender que no es algo inmediato. Que no se trata simplemente de perdonarlo y ya está. Es un proceso largo, un recorrido que se hace despacio, con la ayuda de Dios”.

En cuanto a porqué ha compartido su testimonio tan íntimo dice a Catalunya Cristiana:

—Me gustaría que sirviera para que la gente viera que las segundas oportunidades existen. Hoy parece que el perdón sea una palabra que se utiliza poco, pero yo creo que es muy importante. También quisiera transmitir que, aunque haya momentos en que todo parezca oscuro y sin salida, el Señor puede recuperarte desde allí si dejas el corazón abierto.

A las personas que pasan por situaciones como la mia quiero decirles que no pierdan la esperanza. Que, aunque su historia sea muy dura, existe una salida. Yo he podido experimentarlo y me gustaría que mi testimonio ayudara a otras personas a creer que también es posible para ellas”.


Desirée López se funde en una abrazo con León XIV

“Dios me acompaña y me regala cada día”

Desirée cuenta lo que es la fe para ella:

—La fe es lo más importante que tengo a día de hoy. Al final, es Dios quien me acompaña y me regala cada día, y ha sido gracias a la fe que he podido darle un sentido al dolor y al sufrimiento que hay en mi historia. La Iglesia también ha sido ese hogar al que siempre puedo volver y donde todo es acogido. La fe también me aporta esperanza, porque me ayuda a confiar en que todo tiene un sentido, aunque en ese momento no podamos verlo. Y, evidentemente, me aporta una compañía enorme y unas amigas que no merezco para nada.

Esa fe fue también la que la llevó ante Su Santidad y la que, con los años, le permitió acercarse a una de las palabras más difíciles de su vida: perdón. Fue una de las ideas centrales de la respuesta de León XIV. El Pontífice le recordó que perdonar no significa justificar el mal ni olvidar lo ocurrido, sino iniciar un camino que puede durar toda la vida. «Debemos aprender a mirar el perdón, poderosa medicina contra el mal que sana nuestras heridas interiores, como algo que forma parte de un proceso, de un camino», le dijo.

—Estoy totalmente de acuerdo con la respuesta del Santo Padre. El perdón, para mí, es un don que también sirve para uno mismo. Es liberar una carga del corazón. También me gustaría remarcar que el Santo Padre respondió que para perdonar no es necesario quedarse o seguir manteniendo relación con esa persona; esta fue una respuesta que me dio mucha paz también.


Desirée López después de la Vigilia de Oración con León XIV

“Dios ha estado siempre”

Llegados a este punto, la pregunta parece casi obligada. ¿Cómo se perdona algo así? Fue precisamente una de las preguntas que Desirèe dedicó también al Papa, sin rodeos: «¿Cómo puedo perdonar a mi padre, que estuvo a punto de dejarme sin madre? ¿Cómo puedo reconciliarme de verdad con Dios?».

La respuesta de León XIV, por supuesto, estuvo a la altura: «No podemos atribuir a Dios lo que ha sido confiado a nuestra responsabilidad», señaló el Pontífice, que advirtió de que tampoco se puede imaginar «que Dios desde lo alto responda a nuestras necesidades de modo automático o impida milagrosamente que el mal suceda». Dios, añadió, ha dotado al ser humano «de inteligencia y voluntad», le ha dado «una conciencia» y lo ha revestido «de dignidad y de libertad». Por eso, sostuvo, «si existe la violencia, si triunfa el egoísmo, si incluso el amor entre familiares se transforma en odio», es necesario dirigir las preguntas «a nosotros mismos, a las dinámicas de nuestra sociedad, a la cultura del individualismo, a la tentación de la violencia, y no a Dios».

Repasando las palabras del Santo Padre, Desirèe es casi incapaz de disimular la sonrisa. Su relación con sus padres ya no es para ella un tabú, aunque durante años fuera una de las partes más difíciles de ordenar de su propia historia.

—A día de hoy estoy viviendo con mi madre biológica, ya que está totalmente recuperada, y estoy súper contenta. Aprendo muchísimo de ella porque es una de las personas más fuertes que conozco. Con mi padre no mantengo ninguna relación, ya que se desvinculó de mí hace unos años.

La joven preguntó al Papa dónde estaba Dios cuando era niña y así asegura que ella vive la relación con el Señor:

—A día de hoy puedo afirmar que Dios ha estado siempre, en cada momento, incluso en aquellos en los que yo pensaba que no. Al final veo que todo lo que he pasado ha tenido un sentido en mi vida, y yo no estaría donde estoy ni sería quien soy hoy. Dentro de lo que cabe, me siento una afortunada de que Dios se haya servido de mi historia para poder dar luz y esperanza a personas que están pasando por algo similar o que sienten que no hay salida.

Su testimonio llegó ante León XIV gracias a su párroco:

—Me contactó el cura de mi parroquia, Sant Carles Borromeu, en el barrio de Gràcia de Barcelona, y me preguntó si me gustaría ser una de las personas que le hiciera una pregunta al Santo Padre. Lo primero que hice fue dudar por miedo y vergüenza, pero lo estuve pensando y rezando, y al final vi que era una oportunidad única y un regalo que no podía dejar pasar. esa parroquia no es la de mi barrio pero voy a ella porque allí tenemos un grupo de universitarios. Nos reunimos los jueves y vamos a misa cada domingo.

 Desirée López testimoniando y preguntando al Papa León XIV

Cuando tenía tres años sucedieron los hechos que contó al Papa 

Y habla de su vida dando más detalles de cómo vivió su sufrimiento:

—Nací en una familia formada por mi madre, mi padre, mi abuela materna y yo. Vivimos juntos hasta mis tres años. En el Paral·lel. Y entonces,  mi padre intentó matar a mi madre. Mi madre se salvó porque un chico se puso en medio. Metieron a mi padre en prisión. Además, coincidió que mi abuela murió por esas fechas. Mi madre se vio sola conmigo y acabó entrando en el mundo de las drogas… No presencié malos trastos de mi padre a mi madre. Tenía solo tres años, era muy pequeña. De esa etapa no recuerdo apenas nada. El maltrato era continuado. Lo que pasó aquel día fue simplemente el momento en que explotó todo.

Relata cómo sucedieron los hechos aquel día:

—Mi madre salía para ir a trabajar. Habían discutido. Yo me quedé en casa con mi abuela, como cada día. Mi padre salió detrás de ella con un cuchillo y la siguió y en una calle cercana intentó atacarla con el cuchillo. Empezaron a forcejear. Un chico lo vio, trató de detenerlo y el muchacho murió no sé si en la calle, o después, en el hospital. A mi madre no la hirió con el cuchillo, le dio golpes, puñetazos… Mi madre, tenía unos 30 años y ahora tiene 48. Más o menos como mi padre. Ella trabajaba limpiando casas y hoteles. Mi padre no trabajaba y no sé si lo había hecho antes. Alguna vez hizo de camarero.

Pese a ser pequeña, Desirée recuerda:

—Hubo un poco el movimiento de la policía en casa. Se llevaron a mi padre a prisión y nos quedamos mi madre, mi abuela y yo. Mi abuela ayudaba mucho y sostenía bastante a la familia. Mi abuela me quería muchísimo y yo también le guardo mucho cariño. Desde los tres hasta los seis viví con mi madre en esa situación. Casi no iba al colegio. Entonces nació mi hermano, de otra relación. El padre de mi hermano también acabó en prisión. Cuando tenía diez años fue cuando intervinieron los servicios sociales. Vieron que yo no iba al colegio y que las dos parejas de mi madre habían terminado en prisión.


Desirée López ha asumido que personar es un camino para toda la vida y un don de Dios como le dijo León XIV

Conoce a Dios en el centro de menores

A partir de aquel momento lo que sucedió fue esto:

—Antes de llevarnos a un centro intentaron buscar familiares que pudieran hacerse cargo. Por parte de mi madre no había nadie. Por parte de mi padre, sí. Primero fui con una tía, pero no podía hacerse cargo de mi y de mi hermanos. Luego con mi abuela paterna, pero era demasiado mayor. Después con otra tía y mis primos; estuve allí unos meses, pero tampoco era sostenible. Finalmente nos llevaron a un centro de menores a los dos juntos.

Tuve mucha suerte porque me tocó Sant Josep de la Muntanya. Era un centro maravilloso. Lo llevan monjas. No me quejo de nada. Pero sigue siendo un centro de menores. Hay niños que están muy mal, muchos conflictos. Y todos teníamos una carencia común: el amor de una familia. Porque por muy bueno que sea un centro, entran y salen educadores; no tienes a unos padres contigo. 

Allí empecé a conocer a Dios en Sant Josep de la Muntanya. Mi familia biológica no era creyente. Allí me explicaron quién era Dios. Allí me bauticé e hice la Primera Comunión. Recibí mucho apoyo. De hecho, mis padrinos de bautismo son dos educadores que tuve en el centro. Las monjas y los educadores me acogieron con mucho afecto. Me dieron el amor que necesitaba y que no había recibido nunca.

La joven sigue su relato:

—Estuve en el centro unos dos años más. Mi hermano, como solo tenía tres años, fue acogido por una familia de Vic. Al ser pequeño fue más fácil. Yo me quedé… Y empecé a ver a mi padre. Teníamos visitas supervisadas. Estaba en prisión y nos veíamos en  un espacio llamado EVIA. Es un lugar donde los menores tutelados pueden ver a sus familias biológicas. Hay una sala, con un trabajador social, juegas o hablas. No recordaba ni su cara. Me lo propusieron y acepté. Con mi madre nunca perdí el contacto; ella siempre me llamaba una vez por semana. Pero con mi padre pensé: ‘Es mi padre, tendré que verlo’. 

Las  visitas eran una vez al mes, como un trámite. Él no me había visto crecer. Para mí era un desconocido. Nunca me pidió perdón. Las visitas se prolongaron hasta segundo o tercero de ESO. No recuerdo si fue antes o después de la pandemia. Empezó a faltar a las visitas y, al final, dejó de venir sin dar ninguna explicación. Y desde ese momento nunca más lo he visto.

 Desirée López se emocionó varias veces ante el Papa León XIV

Acogida por la familia de su hermano y en la ESO el enfado con Dios

Volviendo a un momento anterior, Desirée cuenta cuando salió del centro de menores: 

—Cuando la familia que había acogido a mi hermano me acogió también a mí salí de Sant Josep de la Muntanya. Mi madre luchó mucho para conseguirlo. La separación de mi hermano yo la vivía muy mal. Yo hice de madre para él durante mucho tiempo. Los dos seguíamos viéndonos y la familia de acogida me preguntó si quería vivir con ellos. Dije que sí cuando tenía doce años. Esa familia tenía cuatro hijos. Me costó adaptarme. Yo había levantado un muro… La familia de acogida también era devota: vivían la fe en el día a día.

Y también rememora cuando se enfadó con Dios: 

—Renegué de Dios durante uno o dos años. En la ESO. Estaba enfadadísima. No entendía por qué me había pasado todo aquello. Si Dios era tan bueno, ¿dónde estaba? En unos campamentos. Allí empecé a reconciliarme. Luego hice un retiro que cambió completamente mi mirada.

No es casualidad que de una vida como la suya haya surgido la vocación de estudiar Derecho en la Universidad de Barcelona. No lo cuenta como un deseo cerrado desde niña, sino como una elección vinculada a lo que le ha tocado vivir y a toda la ayuda que ha recibido en el proceso.

—Estudio Derecho porque quiero hacer justicia y acompañar a todas las víctimas, igual que se hizo en mi caso. Sobre todo a las víctimas de violencia contra la mujer, para que en ese proceso tan duro puedan encontrar esperanza y sentir que no están solas. También me gustaría que, dentro del proceso judicial, hubiera espacio para el perdón, porque ayuda a sanar y a afrontar el proceso de una manera más llevadera para la propia víctima.

Fotos: Vatican Media

jueves, 11 de junio de 2026

Papa León XIV en homilía en Gran Canaria,11-6-2026: «Encendidos por la caridad del Sagrado Corazón de Jesús, seamos portadores de su misericordia y paz, para que en el mundo cesen las guerras y la humanidad sea reconciliada en el amor»

* «El Corazón de Jesús es humilde, y por eso no sienten sus latidos los “doctos”, los “sapientes”, es decir, aquellos que tienen la presunción de bastarse a sí mismos, de saberlo todo, de no necesitar ni a Dios ni a los demás. A estos, en efecto, aturdidos por los estruendos de un “yo” ampuloso, omnipresente y agitado, les falta el silencio necesario para escuchar en sí y en los hermanos el palpitar escondido del amor. ‘No pocas veces, la riqueza nos vuelve ciegos, hasta el punto de pensar que nuestra felicidad sólo puede realizarse si logramos prescindir de los demás’ (Dilexi te, 108). Jesús, en cambio, nos enseña lo contrario: para gustar la verdadera alegría de la vida, que reside en el amor, es necesario bajar de los pedestales de la arrogancia que divide, para encontrarnos en la humildad que nos hermana»

Vídeo de la transmisión en directo de Vatican News con la homilía del Papa León XIV 

* «El Evangelio nos invita a dejarnos atraer, traduciendo la medida infinita del amor de Dios en la generosidad con la que lo servimos, cada día, en los hermanos y en las hermanas que Él mismo pone en nuestro camino. Especialmente en aquellos más necesitados, indefensos, incapaces de devolver algo a cambio (cf. Lc 6,32-36). Precisamente como ocurre en esta isla, en la acogida, en el compartir, en el don desinteresado» 

 


11 de junio de 2026.- (Camino Católico) “Encendidos por la caridad del Sagrado Corazón de Jesús, seamos portadores de su misericordia y de su paz, para que en el mundo cesen las guerras y crezca a nuestro alrededor una nueva humanidad, reconciliada en el amor” ha dicho el Papa León XIV en la homilía en la santa misa de la víspera de la solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús, en el Estadio de Gran Canaria, en la ciudad de Las Palmas, ante cincuenta mil fieles.




“Pidamos al Señor que en este momento estén vivos en nosotros los mismos sentimientos de humanidad, misericordia y compasión del Corazón del Salvador”, exhorta, recordando que toda España está consagrada al Sagrado Corazón de Jesús.




El Pontífice ha reflexionado sobre la gratuidad del amor divino. Comentando la primera lectura, recordó que Dios eligió a Israel “no porque tuvieran privilegios, dotes o méritos particulares, sino por puro amor”. Y subraya: “Y seguirá amándolos siempre, aun cuando, por su corazón endurecido, no correspondan a sus sentimientos”. Ese amor, explica, es el fundamento de la vocación humana y no puede reducirse ni al sentimiento ni a la filantropía. “Esta es la caridad de Dios, en la que hunde sus raíces nuestra vocación al amor, que no está fundada en el cálculo, ni en el mero sentimiento, ni es reducible a simple filantropía, sino que invade todo nuestro ser: fuego para el alma, luz para la mente, impulso irresistible para la libertad, paz y al mismo tiempo tormento para el corazón, que late en sintonía con otros corazones, involucrando a toda la persona”, señaló el Papa.  Y destaca: “Amar es connatural al hombre, más aún, es condición de plenitud de su misma existencia”. En el vídeo de Vatican News se visualiza y escucha la homilía del Papa, cuyo texto completo es el siguiente:


VIAJE APOSTÓLICO DE SU SANTIDAD EL PAPA LEÓN XIV

A ESPAÑA


(6-12 DE JUNIO DE 2026)

SANTA MISA


HOMILÍA DEL SANTO PADRE


Estadio de Gran Canaria

Jueves, 11 de junio de 2026



Queridos hermanos y hermanas, después de una jornada rica de encuentros y de compartir, ahora celebrando con ustedes esta Eucaristía, quiero antes que nada dar gracias al Señor por tanto bien que se hace aquí cada día, confiándole el compromiso de todos y al mismo tiempo los sufrimientos de los que esta tierra es testigo. Les invito también a rezar juntos, en esta Santa Misa, por los hermanos y las hermanas que han perdido la vida en el mar.

Todo lo llevamos al Altar junto con el pan y el vino, mientras nos introducimos, con la Celebración vespertina de la Vigilia, en la Solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús, a quien toda España está consagrada. Pidamos al Señor que en este momento estén vivos en nosotros los mismos sentimientos de humanidad, misericordia y compasión del Corazón del Salvador.

Nos dejamos ayudar, en nuestra meditación, por las Lecturas que hemos escuchado.

En la primera, Dios recuerda a los israelitas la gratuidad con la que los amó. Los eligió no porque tuvieran privilegios, dotes o méritos particulares, sino por puro amor (cf. Dt 7,7-9), y seguirá amándolos siempre, aun cuando, por su corazón endurecido, no correspondan a sus sentimientos.

Esta es la caridad de Dios, en la que hunde sus raíces nuestra vocación al amor, que no está fundada en el cálculo, ni en el mero sentimiento, ni es reducible a simple filantropía, sino que invade todo nuestro ser: fuego para el alma, luz para la mente, impulso irresistible para la libertad, paz y al mismo tiempo tormento para el corazón, que late en sintonía con otros corazones, involucrando a toda la persona. Porque amar es connatural al hombre, más aún, es condición de plenitud de su misma existencia.

Así se nos muestra el amor en la humanidad del Salvador y en los movimientos de su Sacratísimo Corazón: inmutable y fiel aun frente a la incomprensión y al rechazo, al miedo, a la tristeza y a la resistencia humana (cf. Lc 22,39-46).

Y es en este rostro de Dios siempre “enamorado”, que anhela total y constantemente nuestro bien y nuestra felicidad plena, que nosotros reconocemos el camino de la vida, aprendiendo un nuevo modo de existir y de relacionarnos, un criterio diferente para evaluar las decisiones, un estilo renovado y estimulante de hacer comunión. A este respecto, el Papa Francisco, hablando de la caridad de Cristo, decía que «la mejor respuesta al amor de su Corazón es el amor a los hermanos» (Dilexit nos, 167) y agregaba: «no hay mayor gesto que podamos ofrecerle para devolver amor por amor» (ibíd.). “Devolver amor por amor”: este es el intercambio maravilloso, el «admirabile commercium» (cf. Primeras Vísperas de la Solemnidad de Santa María Madre de Dios, primera antífona), del que el Evangelio nos invita a dejarnos atraer, traduciendo la medida infinita del amor de Dios en la generosidad con la que lo servimos, cada día, en los hermanos y en las hermanas que Él mismo pone en nuestro camino. Especialmente en aquellos más necesitados, indefensos, incapaces de devolver algo a cambio (cf. Lc 6,32-36). Precisamente como ocurre en esta isla, en la acogida, en el compartir, en el don desinteresado.

La gratuidad del Corazón de Cristo, sin embargo, no se detiene en esto. Va más allá, comprometiéndose en ayudar a cada uno no sólo a sobrevivir, sino también a recuperar la confianza y retomar el camino, para crecer y florecer plenamente en su unicidad, por el bien de todos. A este propósito, el Papa Benedicto XVI escribía que la caridad «de la que Jesucristo se ha hecho testigo con su vida terrenal […] es la principal fuerza impulsora del auténtico desarrollo de cada persona y de toda la humanidad» (Caritas in veritate, 1).

En la segunda Lectura, san Juan nos ha recordado que «Dios envió al mundo a su Unigénito, para que vivamos por medio de él» (1 Jn 4,9). Sus palabras evocan las de Jesús, que dijo que había venido para que tuviéramos vida y vida en abundancia (cf. Jn 10,10), y que ordenó al paralítico sanado: «Levántate, coge la camilla y echa a andar» (Mc 2,9). En estas expresiones reconocemos la invitación a abrazar maternalmente al que sufre, pero al mismo tiempo a preparar y alentar al que está herido para que se levante y vuelva a ponerse en marcha, para una vida libre y digna.

Efectivamente, nuestra caridad no debe ser mero asistencialismo, sino integrar a las personas, para su plena realización —espiritual, intelectual y física— y su inserción digna y constructiva en la comunidad (cf. Fratelli tutti, 129). Sólo así nuestros encuentros, aun frente a acontecimientos difíciles y dolorosos, se convertirán en ocasión para esparcir semillas de esperanza en el camino de la humanidad hacia un futuro mejor.

Pero quisiera detenerme, a la luz de la Palabra de Dios que hemos escuchado, en una última característica del Corazón de Cristo: la humildad (cf. Mt 11,29). El Corazón de Jesús es humilde, y por eso no sienten sus latidos los “doctos”, los “sapientes”, es decir, aquellos que tienen la presunción de bastarse a sí mismos, de saberlo todo, de no necesitar ni a Dios ni a los demás. A estos, en efecto, aturdidos por los estruendos de un “yo” ampuloso, omnipresente y agitado, les falta el silencio necesario para escuchar en sí y en los hermanos el palpitar escondido del amor.

«No pocas veces, la riqueza nos vuelve ciegos, hasta el punto de pensar que nuestra felicidad sólo puede realizarse si logramos prescindir de los demás» (Dilexi te, 108). Jesús, en cambio, nos enseña lo contrario: para gustar la verdadera alegría de la vida, que reside en el amor, es necesario bajar de los pedestales de la arrogancia que divide, para encontrarnos en la humildad que nos hermana.

San Agustín decía: «donde está la caridad está la paz, y donde está la humildad, allí está la caridad» (Sobre la Primera Carta de San Juan a los Partos, Prólogo). Es así. Donde hay auténtica humildad hay amor, y donde hay amor hay paz, porque sólo en la humildad conocemos realmente quiénes somos y, por tanto, podemos amarnos, encontrarnos, entregarnos y perdonarnos en la verdad.

Queridos hermanos, hermanas, hoy adoramos el Sagrado Corazón de Jesús, un corazón que a menudo representamos coronado de espinas y encendido con una llama, según las visiones que tuvo santa Margarita María Alacoque. Recordemos que nosotros somos la presencia viva del Señor en el mundo (cf. Lumen gentium, 8). Por eso, mirémonos unos a otros, no sólo en esta jornada, sino siempre, con respeto y confianza, y renovemos, en esta conciencia, el compromiso de realizar en nosotros, en la caridad, lo que falta a los sufrimientos de Cristo, por el bien de la Iglesia (cf. Col 1,24). Encendidos por la caridad de su Corazón, seamos portadores de su misericordia y de su paz, para que en el mundo cesen las guerras y crezca a nuestro alrededor una nueva humanidad, reconciliada en el amor.


PAPA LEÓN XIV


Fotos: Vatican Media, 11-6-2026

miércoles, 10 de junio de 2026

Papa León XIV en homilía en la Sagrada Familia en Barcelona, 10-6-2026: «Mientras alzamos la mirada hacia Él, el Crucificado Resucitado, comprometámonos a levantar el rostro de quienes yacen en el polvo»

* «Como arquitecto ardiente de fe, el venerable Antoni Gaudí concibió estos espacios con el deseo de narrar los misterios de la vida del Señor: de este modo nos ha propuesto una peregrinación espiritual, que conduce al encuentro con Cristo nacido, muerto y resucitado por nosotros. Junto con Gaudí, de quien conmemoramos el centenario de su muerte, recordamos y damos las gracias esta tarde a todos los promotores y benefactores, a los artistas y a los trabajadores que cooperan en la construcción de una obra maestra arquitectónica» 

  

Vídeo de la transmisión en directo de Vatican News con la homilía del Papa León XIV 

* «Ante la amenaza del mal, el Señor está siempre con nosotros, siempre a nuestro favor. “Yo soy”: este es el Nombre Santísimo que Dios entregó a Moisés desde la zarza ardiente, revelando su inquebrantable fidelidad. Hecho hombre, Él se convierte para nosotros en el Emmanuel, fuente de gracia y perdón, de salvación y de vida nueva. Es por ello que, si no creemos en Jesucristo, permanecemos en el pecado y no sólo morimos nosotros, sino que provocamos la muerte del prójimo. Queridos hermanos, no podemos creer en Jesús y promover la guerra. No podemos creer en Jesús y matar al inocente incluso antes de que nazca. No podemos creer en Jesús y abandonar a quien sufre, a quien llora, a quien huye de la miseria» 

 


10 de junio de 2026.- (Camino Católico) “Mientras alzamos la mirada hacia Él, el Crucificado Resucitado, comprometámonos a levantar el rostro de quienes yacen en el polvo” ha dicho el Papa León XIV en la homilía que ha pronunciado este miércoles, 10 de junio, en la Santa Misa celebrada en la Basílica de la Sagrada Familia, Barcelona, tras cuya celebración el Pontífice ha bendecido la Torre de Jesucristo que la convierte en la Iglesia más alta del mundo con 172 metros.




El Santo Padre ha dicho que la Cruz de Cristo corona esta basílica. Las tres fachadas de la Sagrada Familia lo atestiguan: el Primero se hace el último por nosotros en la Natividad; con su sacrificio nos redime mediante la Pasión; su muerte nos da la vida eterna haciéndonos partícipes de la gloria divina.




“Al admirar la torre de Jesucristo, alzamos la mirada hacia Él, hacia Aquel que sólo nos revela la verdad de Dios y la verdad de nosotros mismos. Mirando a Cristo podemos ver el mundo con ojos renovados: la torre de la cruz se convierte entonces en estandarte de caridad, porque Dios nos ama así, transformando un instrumento de muerte en signo de esperanza. En la cruz de Jesús nuestra fe alcanza su culmen, como profesa la inscripción que se encuentra en la base de la aguja: ‘Tu solus Sanctus, Tu solus Dominus, tu solus Altissimus’. Esta cruz brilla de día, reflejando la luz del sol, y brilla de noche, iluminando la ciudad como un faro abierto al Mediterráneo”.



Como arquitecto ardiente de fe, el venerable Antoni Gaudí concibió estos espacios con el deseo de narrar los misterios de la vida del Señor: de este modo nos ha propuesto una peregrinación espiritual, que conduce al encuentro con Cristo nacido, muerto y resucitado por nosotros. En el vídeo de Vatican News se visualiza y escucha la homilía del Papa, cuyo texto completo es el siguiente:



VIAJE APOSTÓLICO DE SU SANTIDAD EL PAPA LEÓN XIV A ESPAÑA

(6-12 DE JUNIO DE 2026)


SANTA MISA


HOMILÍA DEL SANTO PADRE


Basílica de la Sagrada Família (Barcelona)

Miércoles, 10 de junio de 2026



[Español y català]

«Senyor, sobirà nostre, que n’és, de gloriós, el vostre nom per tota la terra!» (Sl 8,2.10). Con la alabanza de este salmo, tan lleno de alegría y asombro, os saludo a todos vosotros, queridos hermanos y hermanas. Expreso mi agradecimiento a Sus Majestades, doy las gracias al Cardenal Juan José Omella, Arzobispo de Barcelona, así como a los demás hermanos en el Episcopado y a todos los que se unen a nuestra oración: sacerdotes, diáconos, religiosos y religiosas. En esta tarde de fiesta para toda la ciudad de Barcelona, extiendo mi saludo agradecido a las autoridades públicas, así como a los miembros de otras comunidades cristianas y de otras religiones que participan en nuestra acción de gracias.

Avui la Basílica de la Sagrada Família ens acull en aquesta bella ciutat, obrint les seves portes com si fossin braços que conviden a cadascú en aquest altar a escoltar la Paraula de Déu. És un temple que ens constitueix en una família estimada pel Senyor, alimentada per la seva pròpia vida en l’Eucaristia. Així és com la ciutat comtal i tota Catalunya es reuneixen en aquest temple, signe també d’unitat i de  concòrdia, i aixequen la seva mirada per trobar-se amb el rostre de Déu Pare, resplendent en el seu Fill fet home, Jesucrist.

Tot donant gràcies al Senyor per la seva caritat vers nosaltres, el lloem per tot el que realitza en la nostra vida. Li donem gràcies en especial per aquesta extraordinària basílica, que el Papa Benet XVI va consagrar el 2010, recordant que és signe visible del Déu invisible, i que per la seva glòria s’alcen les torres (cf. Homilia per a la consagració, 7 de novembre 2010). En continuïtat amb la pregària del meu Predecessor, en uns moments beneiré la torre més alta, la de Jesucrist.

[Hoy la Basílica de la Sagrada Familia nos acoge en esta hermosa ciudad, abriendo sus puertas como si fueran sus brazos para invitar a cada uno a este altar, a escuchar la Palabra de Dios. Es un templo que nos constituye en una familia amada por el Señor, alimentada por su propia vida en la Eucaristía. Así es com la ciutat comtal y toda Cataluña se reúnen en este templo, signo también de unidad y de concordia, y alzan su mirada para encontrarse con el rostro de Dios Padre, resplandeciente en su Hijo hecho hombre, Jesucristo.

Mientras damos gracias al Señor por su caridad hacia nosotros, le alabamos por lo que obra en nuestra vida. Le damos gracias en particular por esta extraordinaria basílica, que el Papa Benedicto XVI consagró en 2010, recordando que es signo visible del Dios invisible, por cuya gloria se alzan sus torres (cf. Homilía para la consagración, 7 noviembre 2010). En continuidad con la oración de mi Predecesor, dentro de unos momentos bendeciré la torre más alta, la de Jesucristo.]

Esta iglesia es un único edificio, compuesto por muchas piedras. Una casa que crece con constancia a lo largo de los años, siguiendo un mismo proyecto. Todos nosotros somos las piedras vivas de esta obra, que tiene a Cristo como fundamento y culmen, principio y fin. Mucho más que un monumento, la Basílica de la Sagrada Familia sigue siendo hoy una obra en construcción, que nos recuerda cómo la vida cristiana es siempre un camino, porque se trata de un proyecto que Dios lleva a cabo.

No habitamos, pues, una obra inacabada, sino un templo aún en construcción. Su imperfección no es un defecto, porque da testimonio de un deseo; no significa una carencia, sino que expresa una promesa que queremos honrar con coherencia. Nuestra gratitud se convierte entonces en compromiso, al tiempo que cooperamos en el proyecto de Dios, es decir, en la construcción a la que Él mismo nos llama. Puesto que somos templo del Espíritu Santo (cf. 1 Co 6,16.19), esta obra coincide con nuestra vida, que Dios concibe como una obra maestra que debemos realizar juntos y nos llama a colaborar con Él (cf. 1 Co 3,9).

A este respecto, guardamos en nuestro corazón las palabras que el Señor dirigió al rey David: «¿Tú me vas a construir una casa para morada mía?» (2 Sam 7,5). Al contrario, «el Señor te anuncia que te va a edificar una casa» (v. 11). Con este anuncio, la Escritura nos enseña que no somos nosotros quienes damos un lugar a Dios, como si fuera un elemento de una serie o parte de un todo mayor que Él. Es Dios en cambio quien nos da un lugar, y el lugar que nos regala es su propio corazón: el lugar del Hijo, para nosotros que éramos extraños; el lugar del Amado, para nosotros que somos pecadores.

Esta voluntad suya se cumple a través de Jesús; podemos entonces comprender el sentido de lo que hemos escuchado en el Evangelio, cuando el Señor dice a los fariseos: «Si no creéis que “Yo soy”, moriréis en vuestros pecados» (Jn 8,24). Palabras fuertes, que no son en absoluto amenazas, ni un chantaje. Son una invitación a la salvación, es decir, un llamamiento a la libertad por parte de Cristo, que quiere para nosotros el bien definitivo, eterno. Ante la amenaza del mal, el Señor está siempre con nosotros, siempre a nuestro favor. “Yo soy”: este es el Nombre Santísimo que Dios entregó a Moisés desde la zarza ardiente, revelando su inquebrantable fidelidad. Hecho hombre, Él se convierte para nosotros en el Emmanuel, fuente de gracia y perdón, de salvación y de vida nueva. Es por ello que, si no creemos en Jesucristo, permanecemos en el pecado y no sólo morimos nosotros, sino que provocamos la muerte del prójimo. Queridos hermanos, no podemos creer en Jesús y promover la guerra. No podemos creer en Jesús y matar al inocente incluso antes de que nazca. No podemos creer en Jesús y abandonar a quien sufre, a quien llora, a quien huye de la miseria.

En aquesta nit, doncs, la Creu de Crist, que corona aquesta basílica, és la Creu dels últims, que es tornen els primers,  dels pecadors que es tornen sants, dels morts que ressusciten. Les tres façanes de la Sagrada Família en donen testimoni: el Primer es fa el darrer per a nosaltres en el Nadal; amb el seu sacrifici ens redimeix mitjançant la Passió; la seva mort ens dóna la vida eterna fent-nos partícips de la glòria divina. En admirar la torre de Jesucrist, alcem la mirada cap a Ell, cap a Aquell que ens revela la veritat de Déu i la veritat de nosaltres mateixos. Mirant Crist podem veure el món amb ulls renovats: la torre de la creu es converteix aleshores en un estàndard de caritat, perquè Déu ens estima així, transformant un instrument de mort en signe d’esperança. En la creu de Jesús la nostra fe aconsegueix el cim, com professa la inscripció que es troba en la base de l’agulla: “Tu solus Sanctus, Tu solus Dominus, tu solus Altíssimus”. Aquesta creu brilla de dia, reflectint la llum del sol i brilla de nit, il·luminant la ciutat com un far obert al Mediterrani.

[Esta noche recordemos, pues, que la Creu de Crist, que corona esta basílica, és la Creu dels últims que se vuelven los primeros, de los pecadores que se vuelven santos, de los muertos que resucitarán. Las tres fachadas de la Sagrada Familia lo atestiguan: el Primero se hace el último por nosotros en la Natividad; con su sacrificio nos redime mediante la Pasión; su muerte nos da la vida eterna haciéndonos partícipes de la gloria divina. Al admirar la torre de Jesucristo, alzamos la mirada hacia Él, hacia Aquel que sólo nos revela la verdad de Dios y la verdad de nosotros mismos. Mirando a Cristo podemos ver el mundo con ojos renovados: la torre de la cruz se convierte entonces en estandarte de caridad, porque Dios nos ama así, transformando un instrumento de muerte en signo de esperanza. En la cruz de Jesús nuestra fe alcanza su culmen, como profesa la inscripción que se encuentra en la base de la aguja: “Tu solus Sanctus, Tu solus Dominus, tu solus Altissimus”. Esta cruz brilla de día, reflejando la luz del sol, y brilla de noche, iluminando la ciudad como un faro abierto al Mediterráneo.]

Sí, la luz de Cristo brilla en las tinieblas, aunque las tinieblas no la hayan acogido (cf. Jn 1,5.11). Sin embargo, este rechazo no hace que falte el amor de Dios: «Cuando hayáis levantado al Hijo del hombre —dice el Señor— entonces sabréis que Yo Soy y que nada hago por mí mismo, sino que hablo como el Padre me ha enseñado» (Jn 8,28). Es necesario pasar por la pasión del Crucificado para ser iluminados por la gloria del Resucitado: desde siempre, en efecto, el Padre enseña a dar la vida y el Hijo, que la recibe de Él, la da a todos con el poder del Espíritu Santo. He aquí por qué precisamente la cruz es el signo luminoso de su amor.

És la fe que dóna forma a les pedres i sentit a l’edifici que habitem junts. En la nostra pregària descobrim, per tant, el vincle originari de les coses amb Déu, creador del cel i de la terra: Ell és l’artista que ha imprès el seu esplendor en el cosmos. Creat a la seva imatge, l’home respon a l’obra de Déu amb el seu propi enginy: així es com l’artista converteix el talent en lloança i la creativitat en testimoni del mateix Creador. Com arquitecte ardent de fe, el venerable Antoni Gaudi va concebre aquests espais amb el desig de narrar els misteris de la vida del Senyor: d’aquesta manera ens ha proposat un pelegrinatge espiritual, que condueix a la trobada amb Crist nascut, mort i ressuscitat per nosaltres. Juntament amb Gaudí, de qui commemorem el centenari de la seva mort, recordem i donem gràcies en aquesta tarda a tots els promotors i benefactors, als artistes i als treballadors que cooperen en la construcció d’una obra mestra arquitectònica, que és també una eloqüent catequesi feta de pedres, colors i llum. En la saviesa, l’Església renova així la Biblia pauperum de les antigues catedrals, que són elles mateixes missatges d’evangelització d’una gran riquesa. En aquest temps de la imatge, resulta encara més evident com l’art i la bellesa son eminents canals d’evangelització.

[Es precisamente la fe la que da forma a las piedras y sentido al edificio que habitamos juntos. En nuestra oración descubrimos, por tanto, el vínculo originario de las cosas con Dios, creador del cielo y de la tierra: Él es el artista que ha impreso su esplendor en el cosmos. Creado a su imagen, el hombre responde a la obra de Dios con su propio ingenio: así es como el artista convierte el talento en alabanza y la creatividad en testimonio del mismo Creador. Como arquitecto ardiente de fe, el venerable Antoni Gaudí concibió estos espacios con el deseo de narrar los misterios de la vida del Señor: de este modo nos ha propuesto una peregrinación espiritual, que conduce al encuentro con Cristo nacido, muerto y resucitado por nosotros. Junto con Gaudí, de quien conmemoramos el centenario de su muerte, recordamos y damos las gracias esta tarde a todos los promotores y benefactores, a los artistas y a los trabajadores que cooperan en la construcción de una obra maestra arquitectónica, que es también una elocuente catequesis hecha de piedras, colores y luz. En su sabiduría, la Iglesia renueva así la Biblia pauperum de las antiguas catedrales, que son en sí mismas mensajes de evangelización de gran riqueza. En este tiempo de la imagen, resulta aún más evidente cómo el arte y la belleza son eminentes canales de evangelización.]

Estimats germans i germanes, la belleza de este templo nos anima a aprender cada vez más de nuestro Maestro y Señor el arte de vivir según su Evangelio. Mientras alzamos la mirada hacia Él, el Crucificado Resucitado, comprometámonos a levantar el rostro de quienes yacen en el polvo (cf. 1 Sam 2,8). Y demostremos así que la Sagrada Familia es la iglesia más alta del mundo, no para destacar en clasificaciones mundanas, sino para guiar los pasos del pueblo de Dios que peregrina en España, con la cruz que ilumina el camino, como una lámpara encendida en la espera del regreso del Esposo.


PAPA LEÓN XIV








Fotos: Vatican Media, 10-6-2026