* «Yo era consciente de que Cristo nos había salvado, que se había puesto en nuestro lugar para salvarnos de la muerte y era consciente del castigo que recibió Cristo por mí... Me dio un vuelco el corazón y una voz que me decía: ‘Y ahora que lo sabes, ¿qué vas a hacer?’. Se me paró el mundo, veía a Cristo en la cruz extendiéndome la mano haciéndome esta pregunta. Y en una décima de segundo pensé que no podía dejarle con la mano extendida. ‘Me acojo a tu mano y te seguiré’»
