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martes, 3 de marzo de 2026

Maree Ataya: «llevaba una vida salvaje de sexo, drogas y rock hasta que dije: `Por favor, Dios, sácame de esta situación. Jesús, quiero entregarte mi vida’. Y tuve un encuentro increíble con Él»


* «Utilizo mi trabajo para evangelizar. Ha sido una verdadera oportunidad de compartir mi fe. Y eso es un regalo para mí, porque mi mayor deseo es ver a nuestros jóvenes encontrar el sentido de la vida. Estaré eternamente agradecida con Dios. Ha habido muchos giros, vueltas y muchos callejones aparentemente sin salida, pero por medio de la fe Dios cambia todo para su gloria y para nuestra bendición»

Camino Católico.-    Como una de las principales suministradoras de publicaciones y artículos católicos en Australia, la Mustard Seed Bookshop es toda una referencia en la archidiócesis de Sídney. Las presentaciones, envíos y clientes son atendidos desde cada mañana por Maree Ataya, una afable mujer nacida en los 70 y entregada por completo a la evangelización juvenil junto con su esposo, Atef. Lo que no todos saben es que Maree no siempre se presentó como la amable librera y hermana en la fe que hoy ven en ella.

Antes, su día a día también se desarrollaba en un local, pero en lugar de una librería diocesana era un pub reconocible por el estruendo de icónicas estrellas de la escena musical como los Midnight Oil o The Angels. Como relató recientemente a la archidiócesis, para ella "todo era sexo, drogas y rock". Y la fe vino a cambiarlo todo.

Un estilo de vida salvaje

Criada en las soleadas playas de Sídney en una familia católica como más pequeña de nueve hermanos, recuerda  que todos fueron criados en la fe, pero conforme pasó el tiempo, la piedad mutó en una precoz vida de excesos. "Nos criaron en la fe, pero a medida que crecimos, mis hermanos y hermanas mayores se volvieron totalmente salvajes", comenta.

Su hermano mayor, "como un padre" para ella, abrió el camino al volverse adicto a la heroína. Para cuando entró en la adolescencia, la familia al completo había abandonado la práctica religiosa. Aunque nunca abandonó por completo la Iglesia, el alcohol, el consumo de drogas ocasionales y "un estilo de vida bastante salvaje" se convirtieron en su nueva norma de vida. Maree "era una niña salvaje de los años 70".


Maree, en su etapa de `vida salvaje´

De jueves a domingo, el pub era su hogar. Pero cuando acababan las noches de exceso, "estar borracha o drogada" no era impedimento para entrar a la parroquia, en la misma calle que el bar. "Era sincera, estaba buscando y le pedía a Dios que me ayudara", comenta. En una de esas ocasiones, recuerda, "me acerqué a Él y le dije: `Por favor, Dios, sácame de esta situación´".

El encuentro con Jesús y la llamada a evangelizar

Poco después conoció "casualmente" a un joven que se preparaba para el sacerdocio y le invitó a un evento con miles de jóvenes católicos. Al ir, quedó impactada, viendo como "a algunas chicas les brillaba el rostro y había algo diferente en ellas".

Y entonces rezó de nuevo: "Jesús, quiero entregarte mi vida".

Lo siguiente que recuerda son las palabras de uno de los ponentes evangelizadores, como si fuese la respuesta que esperaba. "Todo lo que tienes que hacer es clamar a Dios para que te salve y te ayude".

Y así lo hizo, quedando completamente rendida a su redescubierta fe, empezando a ser consciente de que ese paso supondría "cambiar, dejar ir a mis amigos, mi estilo de vida y mi ego".

"Tuve un encuentro increíble con Dios. ¡Nadie me había dicho nunca que podía encontrarme con Él! Sentí una alegría increíble e inexplicable porque era como si me quisiera de todas formas, sin importar lo que pasara. Jesús cambió totalmente mi vida", menciona.

Cuando despertó al día siguiente, recuerda que "todo era más brillante" y lo veía todo "como si tuviera ojos nuevos", comparando su experiencia a la de una "luna de miel, como si me hubiese enamorado". Con la fuerza del converso, fue consciente de que "muchos jóvenes no sabían que Jesús quiere que le encontremos, empoderarnos y cambiarnos" y sintió un llamado a dedicar su vida a evangelizar.

Su nueva fe la llevó a unirse al incipiente Youth Mission Team, un vigoroso apostolado radicado en Australia próximo a cumplir 40 años de misión. Entonces eran los años 80, cuando también conoció a Atef Ataya, su actual esposo, con quien tuvo tres hijos y con el que siempre compartió su pasión por evangelizar.

“Como madre, fui parte de la comunidad escolar y solía invitar a la gente a los eventos que organizábamos. Dirigí un grupo de oración de mujeres en la parroquia y teníamos varios programas a los que también animaba a venir", menciona.


Maree, en el centro, con su marido Atef y sus hijos

Pasadas las décadas, su compromiso evangelizador persiste. Actualmente lo desarrolla desde la Mustard Seed Bookshop, una de las librerías católicas más relevantes del país adscrita a la archidiócesis de Sídney y regentada por su marido, donde se ofrecen recursos para profundizar en el discipulado de los católicos y la evangelización.

"Utilizo mi trabajo para evangelizar. Ha sido una verdadera oportunidad de compartir mi fe. Y eso es un regalo para mí, porque mi mayor deseo es ver a nuestros jóvenes encontrar el sentido de la vida. Me encanta trabajar aquí, sinceramente, siento que he encontrado mi lugar", detalla.

Concretamente dedica sus esfuerzos a los que, como lo fue ella, son considerados "niños salvajes" y espera que, "como Iglesia, abramos espacio para las personas que regresan a nuestra fe".

"Estaré eternamente agradecida con Dios. Ha habido muchos giros, vueltas y muchos callejones aparentemente sin salida, pero por medio de la fe Dios cambia todo para su gloria y para nuestra bendición", concluye.

Se puede escuchar su historia en inglés, en el siguiente vídeo: 

Agnes Holtz se dedicó en la universidad al tenis, las fiestas y a ser anticatólica: un vídeo sobre los milagros eucarísticos la convirtió y hoy es monja que evangeliza en el Bronx


 La hermana Agnes Holtz

Camino Católico.-  Agnes Holtz hizo del tenis el centro de su vida. En la universidad todo giraba en torno al deporte y las fiestas, hasta que una lesión en la rodilla le obligó a regresar a su casa, con la sensación de que todo le era arrebatado. Esta situación le permitió acercarse a Dios, pero rechazaba la Iglesia católica a causa de muchas ideas protestantes que la confundían. Pero las oraciones de sus padres y el impacto que produjo en ella ver un documental sobre milagros eucarísticos, hizo que empezase su viaje de vuelta a la Iglesia católica y descubrir que Dios la llamaba a una misión especial.

La llamada de Dios llevó Agnes Holtz a ser religiosa de las Hermanas Franciscanas de la Renovación, una nueva comunidad nacida del espíritu capuchino y centrada en una doble vertiente: la evangelización y la atención a los más necesitados. Esta monja vive actualmente en el convento que tienen en el Bronx de Nueva York, un lugar en el que puede cumplir perfectamente con esta misión. La hermana Agnes Holtz explica su testimonio de vocación y conversión en el programa «Cambio de Agujas» de H.M. Televisión, que se visualiza y escucha en el video superior.

Agnes estudió en una escuela y en un instituto que eran católico pero recuerda que aunque recibía los sacramentos “no tenía una relación con Jesús”. Paralelamente sobresalía jugando al tenis, gracias a lo cual recibió una beca para ir a la universidad.


La hermana Agnes Holtz cuando era pequeña en tres imágenes con su familia

Una experiencia de fe que no cuajó en su vida en ese momento


Mi felicidad no se fundamentaba en Dios. Intentaba llenar el vacío de mi corazón con muchas cosas y también con personas. Mientras tanto, el tenis se convirtió en una parte cada vez más importante en mi vida”, relata

En el instituto tuvo un primer “despertar en la fe” después de ir a un retiro con 16 años. “Nos dieron un tiempo de silencio y fue en ese momento de oración que sentí el amor del Padre. Lloré de agradecimiento”, rememora.

No obstante, de nuevo se empeñó en buscar la felicidad en el afecto de los amigos, el ambiente del instituto, las fiestas y el tenis, donde cada día sobresalía más. Y así fue como llegó a la universidad con la beca de deportes, “sin cimientos” de la fe. Así empezó a cuestionarse toda su vida: “¿Qué es la vida? ¿Por qué ir a la Iglesia? ¿Por qué ser buena?”. “Me metí en el ambiente de las fiestas de la universidad y en jugar al tenis. Eso es todo”, dice Agnes.


La hermana Agnes Holtz cuando jugaba al tenis en su época universitaria

Operación y oración en Semana Santa

Sufrió una grave lesión en el ligamento de su rodilla, situación que trastocó sus planes, y tuvo que volver a su casa y ser operada. Entonces, explica la hermana Agnes, “dejé el tenis, mis amigos, la fiesta y me preguntaba: ‘¿quién soy yo? ¿Quién eres Tú?’. Era la oración franciscana. Me operaron el Viernes Santo y el Jueves Santo estaba rezando esta oración frente al Señor”.

De esta manera comenzó a buscar a Jesús. Ingresó en un grupo de cristianos jóvenes a los que veía alegres. “Quería su alegría porque sabía de Jesús pero no lo conocía de verdad en mi corazón”, confidencia Agnes, y  añade: “Desafortunadamente necesité de otra conversión”.


La hermana Agnes Holtz en el convento del Bronx de las Hermanas Franciscanas de la Renovación

Cuestiona toda su fe y se vuelve anticatólica

 “Me recuperé de la lesión y volví a jugar al tenis. Pero me convertí no en la Iglesia Católica, no quería que se me identificara como católica. Dejé totalmente la Iglesia y cuestioné toda mi fe católica, al punto de volverme anticatólica”, explica la religiosa.

En esa época  de su vida quería encontrar todas las respuestas sobre la fe por ella misma a través de la Escritura. Pero le faltaba la Tradición. Agnes señala que “buscaba la verdad y al Señor pero no en los lugares correctos, y me volví cada vez más radical”, hasta el punto que se preparaba para ser misionera de un grupo cristiano no católico.

La poderosa oración de sus padres

La oración perseverante de sus padres fue la que la devolvió a la Iglesia Católica según reconoce Agnes. Durante un tiempo volvió a casa, pero ella se negaba a acompañar a sus padres a la iglesia.

A pesar de todo, sus padres no desistían y dejaban libros sobre su cama. “Leí el libro Roma, dulce hogar de Scott Hann y me ayudó a entender muchas cosas. Y también un vídeo El milagro de la Eucaristía, que fue lo que me trajo de vuelta”. Ver los milagros eucarísticos que contaban en el “vídeo más cutre que he visto” le hizo ver la grandiosidad de Dios.

Decidió volver a confesarse y a ir a misa todos días. “Era como una esponja”, afirma. Y así se fue dando “el despertar de mi vocación”. Sentía inquietud en ayudar a los demás y dejó el tenis a un lado para empezar a trabajar como enfermera, concretamente en un departamento de oncología pediátrica.


La hermana Agnes Holtz con otras hermanas de su convento del Bronx de las Hermanas Franciscanas de la Renovación

Quería casarse, pero una conversación con una monja abrió el camino a la llamada de Dios

Agnes no se planteaba la vocación religiosa y ella opina que era “porque no entendía qué era una hermana. Pensaba en el estereotipo de que entrabas al convento si no podías casarte. Yo quería casarme y tener hijos, y pensaba que las monjas no eran felices”.

Fue una conversación con una monja lo que cambió totalmente su perspectiva sobre la vida religiosa.  Esta chica era joven como ella y de su propio instituto por lo que la conocía. Y una vez que constató el amor que sentía por Dios, Agnes empezó a llorar y también a abrirse a esta posibilidad.

Y en una peregrinación mariana tras una novena de 54 días. “Fue entonces cuando experimenté al Señor llamándome a ser su Esposa”, afirma. Primero se resistió pero cuando al fin abrió la puerta “la paz y la alegría inundaron mi corazón”. Ya sólo faltaba buscar qué lugar concreto quería Dios para ella. Y tras visitar varios monasterios y conventos tuvo claro que sería franciscana de la renovación. “Simplemente lo supe: era ahí”. Y desde entonces está en el Bronx.

Mauricio Estrada estuvo en la cárcel por narcotráfico y ahora produce cacao de clase mundial: «En prisión conocí a Dios que me llamó a la libertad y pude cambiar mi vida obedeciendo lo que la Palabra de Dios dice»

Mauricio Estrada Príncipe estuvo en la cárcel por narcotráfico y ahora, “gracias a Dios”, produce cacao de clase mundial / Foto: Cortesía de Mauricio Estrada

* «Empecé a reconocer a Dios, a caminar y viví con él, fui bendecido en el penal y empecé a sobresalir, empecé a cambiar, mi comportamiento y comprendí que el hombre en drogas toda su vida vive con una maldición porque solamente se dedica a comercializar veneno»

Vídeo de EWTN en el que Mauricio Estrada Príncipe cuenta su testimonio de conversión en la cárcel

* «Yo le dije a Dios: yo no quiero estar en drogas. Yo quiero tener un trabajo digno para llevarles un pan a mis hijos y decirles que es fruto de un trabajo digno con el que Dios nos bendice. De esa manera abandoné las plantaciones de coca, todo lo ilícito»

 Camino Católico.-  “Hay un refrán que dice con el mazo dando y a Dios rogando, entonces yo creo que cuando un hombre trabaja, se esfuerza, allí está la mano de Dios”, afirma Mauricio Estrada Príncipe a  EWTN, hombre de 59 años que estuvo preso por narcotráfico y que ahora siembra, en la Amazonía de Perú, cacao aromático orgánico de clase mundial, que se exporta a Francia para hacer el mejor chocolate.

Mauricio, casado desde hace 22 años y padre de cuatro hijos, comparte su historia con EWTN Noticias: una vida marcada por la pobreza, algunas decisiones desafortunadas y el regreso a Dios que le permitió transformarlo todo.

Mauricio Estrada Príncipe con su esposa y dos de sus hijos / Foto: Cortesía de Mauricio Estrada

La pobreza y las malas decisiones

“Vengo de una familia muy pobre económicamente. A los 16 años asumí la responsabilidad de mi hogar. Tengo cinco hermanos y una hermana. Mi papá me enseñó a trabajar pero no me enseñó a soñar”, relata Mauricio Estrada.

“Empecé a buscar sustento y dejé de estudiar”, prosigue y recuerda que “en esos tiempos había oportunidad de sobresalir económicamente, por allá por el año 1980, donde el narcotráfico en la zona donde vivía comenzó a crecer: todo el mundo trabajaba en eso y yo también, pero no con el deseo de ser traficante o meterme en las drogas, sino para llevar un pan a mi hogar”.

Mauricio Estrada en su fundo en Ucayali / Foto: Cortesía de Mauricio Estrada

“Me involucré totalmente con el narcotráfico, sin haber aprendido ninguna cosa más, hasta que caí preso en la frontera, en Iquitos, involucrado con una banda de impacto”, confiesa Mauricio Estrada”.

El regreso a Dios

“Gracias a Dios, la prisión me separó de todo y allí aprendí a valorar la vida, las personas, el tiempo: aprendí a conocer a Dios, aprendí a ejercer mi fe” cuenta Estrada, quien había sido condenado a 25 años de cárcel, aunque pudo salir antes.

En la prisión, cuenta, él y otros reclusos comprendieron que eran “peligrosos, pero Dios nos llamó a la libertad y podemos cambiar nuestras vidas obedeciendo lo que la Palabra de Dios dice”.

Mauricio Estrada Príncipe con su hija / Foto: Cortesía de Mauricio Estrada

Allí, gracias al acompañamiento de algunos animadores que visitaban la cárcel y a algunos sacerdotes que iban ocasionalmente, “empecé a reconocer a Dios, a caminar y viví con él, fui bendecido en el penal y empecé a sobresalir, empecé a cambiar, mi comportamiento y comprendí que el hombre en drogas toda su vida vive con una maldición porque solamente se dedica a comercializar veneno”.

Mauricio Estrada salió de la cárcel a los 36 años, aún soltero, con la idea clara de formar un hogar, “ya preparado para ser esposo”. “Gracias a Dios he podido escalar de donde estaba”, agrega.

“Yo le dije a Dios: yo no quiero estar en drogas. Yo quiero tener un trabajo digno para llevarles un pan a mis hijos y decirles que es fruto de un trabajo digno con el que Dios nos bendice. De esa manera abandoné las plantaciones de coca, todo lo ilícito”.

Mauricio Estrada Príncipe junto a su esposa y dos de sus hijos / Foto: Cortesía de Mauricio Estrada

La alternativa del cacao aromático orgánico

El cacao aromático orgánico apareció en su vida allá por el año 2012, una actividad a la que dedica, según narra, el 80% de su tiempo de trabajo. El otro 20% lo invierte en la crianza de peces.

Mauricio admite que por ese entonces el cacao orgánico no se veía como una alternativa rentable, pero poco a poco él y otros empezaron a dedicarse a la siembra del fruto del que se obtiene el chocolate.

El local de la cooperativa Colpa de Loros en Ucayali / Foto: Cáritas del Perú

“Muchos se resistieron y algunos se siguen resistiendo y viven una vida caótica (…) Ahora casi el 90% de la selva de Ucayali somos cacaoteros”, precisa.

Mauricio Estrada, excocalero, padre de familia y productor de uno de los mejores cacaos del mundo, comparte con EWTN Noticias: “Hoy soy bendecido, mi fe siempre está viva. Tengo buenas ideas para seguir construyendo mi hogar, mis hijos y la sociedad también”. Por eso reza con frecuencia el Rosario en familia y “buscamos a Dios todos los días, por las mañanas”.

La cooperativa Colpa de Loros y Cáritas del Perú

Mauricio Estrada comparte que pudo ingresar luego como socio de la Cooperativa Colpa de Coros, que agrupa a unos 500 productores de cacao orgánico en Ucayali, quienes reciben capacitación y acompañamiento por parte de diversos agentes de Cáritas del Perú, en colaboración con la institución Food for the Poor (Comida para los pobres), que financia el proyecto.


Algunos productores de cacao aromático orgánico de la cooperativa Colpa de Loros / Foto: Cáritas del Perú.

Según señala su sitio web, Food for the Poor es una institución que no hace distinción de religiones o creencias. Se fundó en 1982 con la intención de responder al “deber moral” de “vestir y alimentar a los pobres (Mateo 25:40)” para “preservar la dignidad humana y cuidar de los necesitados”. Realiza diversos proyectos de ayuda y desarrollo en varios países de Latinoamérica como Haití, República Dominicana, Honduras, México, Colombia, Guatemala, El Salvador, Ecuador, Panamá y Perú.

Mauricio Estrada, que ahora es colaborador del consejo administrativo de la cooperativa, agradece la intensa labor de Cáritas del Perú para producir cacao que es “un alimento muy bueno y hay que prepararlo muy bien. Agradezco a la cooperativa y gracias a las ONGs que nos apoyan”, añade.

La labor de Cáritas del Perú

Jorge Gordillo Lázaro, coordinador del proyecto, explica a EWTN Noticias que el trabajo en Ucayali comenzó en 2022 con Food for the Poor y la cooperativa Colpa de Loros, que se formó en 2015 tras la invitación de la empresa chocolatera francesa Kaoka, que compra en su totalidad la producción del cacao aromático orgánico, que debe además cumplir altos estándares de calidad como la no utilización de fertilizantes sintéticos o químicos.

“Desde el año 2015 a la fecha solamente la cooperativa ha podido llegar a vender grano de cacao en un promedio de 500 a 600 toneladas, de las 1800 toneladas que requiere Kaoka. Sin embargo Kaoka sabe bien que en sus orígenes estos productores no han sido cacaoteros sino que son excocaleros, a quienes se les ha erradicado su cultivo de hoja de coca”, explica el coordinador.

Kaoka, señala su sitio web, es una empresa francesa productora de un chocolate de gran calidad, con 30 años de experiencia, comprometida con la protección del medio ambiente. Además del Perú, el cacao que utilizan se siembra en Ecuador, Sao Tomé y República Dominicana. En colaboración con los productores de cacao en estos años han logrado sembrar más de 750000 árboles.

La zona en la que están establecidos los 500 productores cacaoteros de Colpa de Loros se encuentra en el distrito de Nechuya, en la provincia de Padre Abad, región Ucayali, y en otros distritos de Padre Abad como Curimaná, San Alejandro, Von Humboldt y otros que pertenecen a la región de Puerto Inca, Huánuco.

Cooperativa Colpa de Loros: Plantas para ser sembradas / Foto: Cáritas del Perú.

La idea de la cooperativa y Cáritas del Perú es obtener entre 800 y 1.000 kilos por hectárea, algo que además contribuye económicamente para la vida de los productores, que comenzaron vendiendo el kilo de cacao a entre 18 y 20 soles (unos 5 dólares), y que ahora reciben entre 80 y 100 soles (entre 20 y 25 dólares) por kilo.

Cáritas del Perú también anima a los productores a trabajar de modo que se proteja el medio ambiente, como alienta constantemente el Papa Francisco para cuidar la casa común.

“Todos los productores de la cooperativa tienen como meta instalar unos 100 árboles anuales, que no sólo son madereros sino también árboles frutales y otras especies para la conservación del medio ambiente”, precisa Jorge Gordillo.

Cáritas acompaña el trabajo de los productores con seis técnicos de campo y con capacitaciones para mejorar sus cultivos constantemente. Además de los técnicos cuentan con la ayuda de ingenieros de la Universidad de Ucayali, la Universidad de Tingo María, y la Universidad Agraria, esta última en Lima.

El trabajo con el fruto del cacao / Foto: Cáritas del Perú

Esto, resalta Jorge Gordillo, permite “darles charlas y ver la realidad de otros lugares. Por eso en dos años hemos hecho alrededor de seis pasantías para que puedan ver y constatar que en algunas parcelas se ha llegado a producir hasta 3 mil kilos de cacao orgánico”.

“La cooperativa tiene 4 sellos orgánicos y todo grano que sale a Europa tiene garantizado su calidad y no tiene traza de químicos”, subraya y explica que por cada tonelada de grano de cacao aceptado, el comprador paga 240 dólares adicionales, que también sirven para la capacitación de los productores.

El futuro

El coordinador de este proyecto cuenta a EWTN Noticias que ahora tienen entre 60 y 70 pre-socios para la cooperativa, que deben pasar por una serie de filtros para poder sembrar y producir cacao orgánico.

“Para que ingrese un socio, sólo se acepta cuando se hace el análisis de suelo y se ha comprobado que su tierra y su producto puede dar esta calidad”, destaca. “Kaoka ha renovado su contrato por 10 años, hasta el 2034. Somos una cooperativa exclusiva para ellos”, subraya.


Un productor de cacao de la cooperativa Colpa de Loros / Foto: Cáritas del Perú

Jorge Gordillo resalta finalmente que “Cáritas es el brazo social de la Iglesia Católica para llevar alivio a los más necesitados y por eso trabajamos” en Ucayali. Los productores, continúa, aún tienen carencias pero “han mejorado su posición. Vemos que el cacao ha mejorado su precio. De aquí a algunos años vamos a estar contando otra historia de éxito de otros productores, excocaleros”.